DISRUPCIÓN DEL GOCE EN LAS LOCURAS BAJO TRANSFERENCIA [1]

Por Éric Laurent

Barcelona, 2 de abril del 2018


Escogí ese título para interrogar delante de ustedes el uso que podemos hacer de la transferencia, según las indicaciones que da Lacan, en lo que Jacques-Alain Miller llamó su última enseñanza, aquella que comienza con Aún (1972-1973) [2]. He retenido el término de locura ya que éste recibe un acento nuevo a partir del texto que comporta el decir provocador según el cual “todo el mundo es loco, es decir delirante”, texto que data de ese período [3]. Escogí también el término de disrupción, a la vez porque es el título bajo el cual, con Nouria Gründler, Dominique Laurent et François Ansermet, hemos sostenido una enseñanza este año en la ECF, y también porque es el término escogido por J.-A. Miller como sinónimo de la efracción que constituye el goce en la homeostasis del cuerpo, fundamento de la repetición del Uno: “En los casos en los cuales se tiene acceso por el análisis, su modo de entrada [aquel del goce] es siempre la efracción, es decir no la deducción, la intención o la evolución, sino la ruptura, la disrupción en relación con un orden anterior hecho de la rutina del discurso por el cual se sostienen las significaciones, o de la rutina que se le imagina al cuerpo animal” [4]. La disrupción está tomada ahí en una doble acepción. Es a la vez la efracción primera y también sus réplicas, que en ese momento no cesan de perturbar las diferentes homeostasis o estabilizaciones que el sujeto ha podido establecer como defensas contra la efracción repentina de un goce desconocido por él.

Retuve el término “locura”. Habría podido retener el término de delirio para englobar las psicosis ordinarias, las otras y su modo de tratamiento ya que, en su Seminario de 1976, Lacan incluyó al psicoanálisis en el delirio. “El psicoanálisis no es una ciencia […] Es un delirio -un delirio del cual se espera que se dimensione como una ciencia” [5]. La generalización del abordaje del sujeto por la forclusión generalizada se paga con un precio que J.-A. Miller puso en evidencia en su presentación del último Lacan. Ese precio es la cuasi desaparición del uso del término de transferencia en los textos de Lacan. Notemos ya que el abordaje de la transferencia en las psicosis, primero las extraordinarias, después las ordinarias, no ha cesado de hacernos preguntas, ya que el estatuto de la relación al Otro estaba allí especialmente cuestionado desde la caída final de la “Cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, que “introduce […] la concepción que hay que formarse de la maniobra, en este tratamiento, de la transferencia” [6], para no decir nada pues eso sería ir “más allá de Freud” [7].

El fin de la “Cuestión preliminar” se detiene sobre el punto donde el padre-Dios se borra delante del Dios pareja [partenaire] de goce, “después de que se abrió la quiebra del Nombre-del-Padre -es decir, del significante que en el Otro, en cuanto lugar del significante, es el significante del Otro en cuanto lugar de la ley” [8]. Lacan no dice la quiebra del Otro sino la quiebra del Nombre-del-Padre. Se revela entonces que, según la expresión de Schreber que se anticipaba a Georges Bataille, “Dios es una pu…” [9], es decir una pareja de goce. Esa actualización es una reducción que se convierte en la clave de la maniobra de la transferencia con una pareja de goce sin la garantía del Nombre-del-Padre. ¿No hay que situarla como preliminar a la gran reducción final de la última enseñanza de Lacan? Y ya, la primera reducción introduce a múltiples dificultades. Son aquellas dificultades que abordaron, en artículos recientes, reunidos en el excelente último número de la revista El psicoanálisis consagrado a “Lo que no se sabe de la transferencia”, Miquel Bassols y Vicente Palomera.

Vicente Palomera sitúa muy bien la cuestión de la transferencia en las psicosis. “Mientras que el trabajo de la transferencia supone un lazo libidinal con un Otro en posición de objeto, en el trabajo del delirio es el sujeto como tal que toma a su cargo, solitariamente, no el retorno de lo reprimido (como lo decimos para la neurosis) sino los retornos en lo real que lo agobian. Ya que no hay autoanálisis del neurótico, el delirio es un tipo de auto-elaboración. El problema es saber si ese trabajo puede insertarse en el discurso psicoanalítico y si es así, ¿cómo? ¿El acto psicoanalítico puede tener una incidencia sobre ese auto-tratamiento de lo real como en el trabajo de la transferencia?” [10].

Miquel Bassols, en cuanto a él, desde el Congreso de la NLS en Dublín, en Julio del 2016, avanzaba que el efecto mayor de la introducción de la “psicosis ordinaria” -esa categoría inestable que desafiaba la categorización y que parecía sometida a la paradoja de Russell – no se ordenaba sino del encuentro con la contingencia de la transferencia. Bassols concluía su texto así: “Las psicosis ordinarias solo están clínicamente ordenadas si los fenómenos están precipitados, ordenados, según la lógica de la transferencia. No es sino ahí que las psicosis ordinarias se revelan ordenadas bajo transferencia” [11]. Esa perspectiva volvía a servirse de la psicosis ordinaria para reexaminar la cuestión de la transferencia en las psicosis en general. Allí también, el pasaje del régimen del patriarcado a la pareja goce [12], abre en suma una doble vía. Por un lado, la maniobra de la transferencia en las psicosis nos dice algo en el abordaje de la transferencia en la última enseñanza. Por otro lado, la última enseñanza nos permite ir más allá y deshacernos de ciertas dificultades que nos retenían en nuestro acto.

De la transferencia sin el Nombre-del-Padre a la transferencia sin el Otro

En su última enseñanza, Lacan va sin duda más allá de Freud, pero sin levantar directamente el velo sobre el manejo de la transferencia. Incluso va a revisarlo sobre el antiguo término de sugestión: “¿El psicoanálisis opera -ya que de vez en cuando opera- por un efecto de sugestión? Que el efecto de sugestión se sostenga supone que el lenguaje se sostiene en lo que se llama el hombre. No es por nada que manifesté anteriormente una cierta preferencia por un libro de Bentham que habla de la utilidad de las ficciones” [13]. Y J.-A. Miller da a esa aproximación todo su peso: “Pensar que la interpretación es un efecto de sugestión es, como dije, atrevido. Es atrevido porque pasa por encima de la transferencia. De hecho, la transferencia es la gran ausente de esta ultimísima enseñanza, por lo menos en los seminarios El Sinthome y de L’une-bévue” [14]. Sin embargo, Lacan nos deja, como lo señaló J.-A. Miller¸ indicaciones para “reinventar el psicoanálisis” con él, especialmente haciendo ese lazo entre sugestión y ficciones. Hay que partir de esto, que la perspectiva del Sinthome es aquella de los Unos separados, no articulados. “Hay aquí un a cada cual su sinthome radical […] que invita a captar a cada uno como un Uno absoluto, es decir, separado” [15]. “La transferencia […] esto lo recorta la perspectiva del ultimísimo Lacan. Es una perspectiva que va a contrapelo de la práctica del análisis” [16].

Pero ese a contrapelo, ¿no convendría especialmente a nuestro material de la práctica del psicoanálisis del lado de las locuras, ahí donde no podemos sostenernos del Nombre-del-Padre en la época del Sinthome y del serhablante? Esta manera de dejar la transferencia de lado, puesto que el sujeto ya no es abordado a partir del Otro, ¿no podría liberarnos? Ya que justamente “Lacan pasa por encima de la transferencia, porque […] la transferencia supone un Otro bien establecido y bien armado. Hay transferencia […] cuando ya se supuso el saber que significaría algo” [17]. Ahora bien, ese Otro bien armado es aquel que se desvanece en ese campo de la clínica que nos interesa. Aun así, el querer decir algo está ahí en duda. ¡Generalización, radicalización, y contrapelo! He ahí las perspectivas a partir de las cuales quisiera abordar nuestro tema.

En los Seminarios XXIII y XXIV, casi no hay nada sobre la transferencia, sino un pasaje preciso del Seminario del 10 de mayo de 1977 que quisiera comentar con las indicaciones del último curso de J.-A. Miller en su conjunto. De manera característica, en esa sesión del Seminario, Lacan parte de lo que no hay. De lo que está marcado por lo negativo, la transferencia negativa, para llegar de allí a la transferencia positiva, que no tiene existencia definida. Evoca el recurso a “eso se siente ahí”, como en el Seminario XXIII, para designar un real que escapa a poder escribirse como existencia. Se puede simplemente nombrarlo. El razonamiento debe ser seguido paso a paso. Se nombra algo negativamente, para señalar que no lo hay, ya que se siente que hay una existencia de la cual no se llega a atrapar la consistencia lógica.

“[…] tengo que deslizarme -es así que está jodido- entre la transferencia que se llama, no sé por qué, negativa y […] Aún no se sabe lo que es la transferencia positiva. He intentado definirla bajo el nombre de “sujeto supuesto saber” [18].

Es ese nivel de la hipótesis con la cual Lacan quiere romper. El efecto de la hipótesis, de la ficción, es de transferir al analista el lugar de la causa de producción del saber en análisis. La transferencia es reducida así a su lógica atributiva. El analista no debe olvidar que no es su ser lo que es el resorte de la operación psicoanalítica. Lacan encuentra ahí su vena combativa contra aquellos psicoanalistas de la IPA que sostenían que el analista opera con lo que es: “Lo que importa […] no es tanto lo que el analista dice o hace sino lo que él es”. Llegando a una proposición loca: “En Francia, el doctrinario del ser […] ha ido derecho a esta solución: el ser del psicoanalista es innato” [19].

Lacan barrió ese espesor del ser del psicoanalista valorizando, en su enseñanza clásica, que el analista ocupa el lugar de una suposición o de una atribución.

“¿Quién es supuesto saber? Es el analista. Es una atribución, como ya lo indica el término de supuesto. Una atribución, no es sino una palabra. Hay un sujeto, algo que está por encima, quien es supuesto saber. Saber es entonces su atributo. Solo hay un problema, es que es imposible darle el atributo de saber a cualquiera” [20].

La oposición entre juicio de atribución y juicio de existencia en Freud es una oposición sobre la cual Lacan se apoyó de diversas maneras en el curso de su enseñanza. Aquí, la referencia al juicio de atribución viene a subrayar antes que nada que no se trata de un juicio de existencia.

“Aquel que sabe, en el análisis, es el analizante. Lo que desarrolla, es que él sabe, con la salvedad que es un otro -¿pero hay otro?- que sigue lo que tiene que decir, es decir lo que sabe. Esa noción de Otro, la escribí en un cierto grafo con una barra que lo rompe” [21].

La calificación del analista como aquel que sigue lo que el analizante tiene que decir, concuerda con la descripción de la posición del analista como testigo o secretario de la elaboración que lleva el sujeto psicótico, después de la quiebra [fracaso] del Nombre-del-Padre. Pero hay que oír más allá, la ruptura del analista con su anclaje en la suposición. No está en la posición del sujeto supuesto saber, está en el lugar de aquel que sigue. Hay allí un equívoco entre el “yo soy”, primera persona del indicativo del verbo ser, y el “él sigue”, tercera persona del indicativo del verbo seguir [22].

¿Cuál es entonces el estatuto del Otro roto que se deduce? Hay entonces que subrayar la originalidad del término de “roto”, que viene en el lugar de “barrado”, que Lacan utilizaba hasta allí. Por ese desplazamiento, él acentúa el hecho que se trata de una cuestión de existencia, de lo que puede ser afirmado o negado a partir de ese juicio. “Pero, ¿romper es negar? El análisis, propiamente hablando, enuncia que el Otro no es sino esa duplicidad. Hay lo Uno, pero no hay nada de Otro” [23]. La formulación es radical y sutil “nada de Otro”.

La barra concernía la enseñanza clásica, la ruptura ocurre ahora entre el Ser y lo que hay. Lacan prosigue subrayando que la barra perdida recae sobre el Uno de manera extraña. Para ello hay que separar el Uno y el diálogo. El Uno puede dialogar completamente solo. “El Uno, lo he dicho, dialoga completamente solo, ya que recibe su propio mensaje bajo una forma invertida. Es él aquel que sabe, y no el supuesto saber” [24]. Encontramos ahí la auto-elaboración que Vicente Palomera evocaba en el centro del trabajo del delirio, pero Lacan destaca que esa auto-elaboración está fundada desde siempre sobre la fórmula general de la comunicación. Cada uno recibe su mensaje bajo una forma invertida. Nuestra formulación fundamental de la interpretación “No te lo hago decir…” es así generalizada. Ya no hay más necesidad de la ficción del yo [Je] en lugar del supuesto extraer el saber del lugar del analizante. El analizante sabe y basta con que se dirija al Otro que no existe para que se produzca el efecto de retorno.

Pero esto no puede operar sino a condición de dar a ese saber su alcance de singularidad radical. No se puede saber aquello de lo que se trata antes que ese saber venga a ser recibido bajo su forma invertida. Esta lógica acompaña la suspensión radical de toda relación de comunidad entre el analizante y el analista. Es una consecuencia de la suspensión del todos que dejaba subsistir bajo la suposición, el fantasma de un trazo común entre el analizante y el analista. Victoria Horne-Reinoso, en un texto publicado en la Revista de la ECF, subrayó la importancia de la condición previa de “todas las mujeres son locas… pero no locas del todo” para pasar a la separación de los Unos que sostienen la afirmación de “Todo el mundo delira” [25].

“Avancé también esto, que se enuncia del universal, pero para negarlo -dije no hay todos. Es en eso que las mujeres son más hombres que el hombre. Ellas son no-todas, lo he dicho. Esos todos no tienen ningún rasgo común. Ellos tienen sin embargo esto, que es el sólo rasgo común -el rasgo que llamé unario. Él se contenta del Uno. Hay lo Uno. Lo repetí hace poco para decir que hay lo Uno, y nada de Otro” [26].

Transferencia y sentimiento: la Une bévue y el hacer Verdadero

Lacan concluye su reformulación de la transferencia sobre un punto clave. La articulación entre la “transferencia negativa” y el odio que había abordado hasta aquí como pasión del ser, como la pasión que apunta por excelencia el ser del Otro. El Otro no existe, pero la pasión odiosa [haineuse] existe. Justamente porque no se detiene en los atributos del Otro, apunta hacia lo real. Apunta hacia algo más profundo, que es del orden del odio del prójimo. Durante nuestro último Fórum de Roma sobre Lo Extranjero, yo recordaba la función del odio, subrayada por J.-A. Miller: “En el odio al Otro […] es seguro que hay algo más que la agresividad. Hay una consistencia de esta agresividad que merece el nombre de odio y que apunta a lo real en el Otro […] ¿qué hace que este Otro sea Otro para que se lo pueda odiar en su ser? Pues bien, es el odio al goce del Otro. Esta es incluso la fórmula más general que puede darse de este racismo moderno tal como lo verificamos. Se odia especialmente la manera particular en que el Otro goza” [27]. El odio está del lado de lo real, y aun cuando el Otro no existe, el odio es primero en relación al amor. Es un punto de rechazo, de expulsión del Otro que remonta a la Ausstossung, a la expulsión primordial que sitúa el sujeto frente al Otro. Es lo que Lacan había despejado de la lectura de la Verneinung de Freud desde la fase clásica de su enseñanza. “Pues así es como hay que comprender […] la Ausstossung aus dem Ich, la expulsión fuera del sujeto. Es esta última la que constituye lo real en cuanto que es el dominio de lo que subsiste fuera de la simbolización” [28]. Es sobre este fondo que hay que leer la introducción por Lacan, en contrapunto de la separación de los Unos, del lugar del sentimiento que incluye en su nueva definición el odio y el amor. “Hay lo Uno, y eso quiere decir que hay a pesar de todo un sentimiento, ese sentimiento que llamé, según las unaridades, el soporte de lo que debo reconocer, el odio, en tanto que ese odio es pariente del amor […]” [29]. Ese odioenamoración es la consecuencia de la separación con el goce de los otros Unos. Constaba en Roma el hecho de que “Saber eso, saber sobre las aporías del amor y del goce en las cercanías del prójimo no nos condena ni al cinismo, ni a la inmovilidad o a la constatación de la presencia irreductible del odio del mal” [30]. Aquí también, saber que hay odioenamoración no condena al inmovilismo de miedo de desencadenar el odio.

Lacan da un lugar, a partir de lo real del odio a una otra dimensión. Ella se impone del escollo. Ya que el “hablar solo” del Uno no está exento de esa dimensión, muy al contrario. El rasgo de lo Unario conlleva el rasgo de la Une-bévue. “No hay nada más difícil de captar que ese rasgo de la une-bévue, el cual traduzco como lo Unbewust, que quiere decir en alemán inconsciente. Pero traducido por la Une-bévue, eso quiere decir otra cosa -un escollo, una trastrabillada, un deslizamiento de palabra a palabra” [31]. Detengámonos un instante en esta nueva versión del escollo aislada por J.-A. Miller. “En su Seminario Los cuatro conceptos, [Lacan] define el inconsciente mediante el escollo, es decir mediante la une-bévue. Pero en su Seminario 24, tiene un significado totalmente distinto. Allí el escollo o el deslizamiento de palabra a palabra como fenómeno se ubican en un tiempo anterior a aquel en el que puede aparecer el inconsciente. El inconsciente solo aparece en la une-bévue en la medida en que se agrega una finalidad significante, en la medida en que se agrega una significación” [32].

Y es allí donde se desliza una nueva versión de la transferencia positiva. Es una transformación mediante agregado de sentimiento, una transformación mediante agregado de significación que permite un nuevo uso de la pareja de goce para sobrellevar los escollos de la Une-bévue del sujeto confrontado a lalengua y su inestabilidad, sus deslizamientos permanentes. “Lacan le da un nombre a esta transformación mediante agregado de significación. La llama bajo el nombre de hacer verdadero: ‘El psicoanálisis -dice- es lo que hace verdadero […] El inconsciente viene después, porque se agrega sentido: “Se agrega un toque de sentido, pero sigue siendo un semblante” [33].

El semblante queda entonces sometido a un régimen distinto de la Verdad. El semblante, sometido al “hacer verdadero” permite al sujeto restablecer una homeostasis, a pesar de los escollos, a pesar de la inestabilidad fundamental de lalengua¸ a pesar de la homofonía primordial [34]. Hace falta entonces el apoyo del analista, más allá de la función del testigo, del sostén, del secretario. Es aquel que hace verdadero el escollo. “Que por supuesto el analizante produce el analista, es algo de lo que no cabe duda. Es por esta razón que me interrogo sobre qué se trata ese estatuto de analista, a quién dejo ese lugar de hacer verdadero, de semblante […]” [35].

Lo que era, en el tiempo de la “Cuestión preliminar” presentado como el horizonte de un tratamiento posible de la psicosis, una estabilización de la metáfora delirante gracias a una ficción no-edipiana es ahora generalizado bajo la forma de una homeostasis regida por el principio de placer como defensa contra la disrupción de goce. Pero Lacan introduce allí una nueva dimensión considerando que la homeostasis del principio de placer es sinónimo de reposo y de sueño. J.-A. Miller dio una transcripción de esta versión del psicoanálisis que constata el Otro roto y restablece un lugar del analista como semblante, entendido en el sentido de un hacer nuevo: el hacer verdadero. Ese hacer verdadero se opone al registro de hacer ser contemporáneo del Otro que incluye el significante de la Ley [36]. “Se percibe entonces en qué consistiría el psicoanálisis. Consistiría en traer hacia el principio del placer mediante el efecto de sugestión. […] La sugestión es el efecto natural del significante. Lo entiendo de esta manera porque Lacan dice “hay contaminación del discurso por el sueño” […] ¿Qué describe Lacan como uso de lo que se llama, de lo que se llamaba, la interpretación? Curiosamente, vuelve a traer ahí el principio de placer, y le reconoce un lugar en el Uno” [37].

Al final del recorrido, la sugestión es llevada a su fundamento primero: el impacto del significante sobre el cuerpo, que permite un cierto tratamiento de la disrupción del goce, su modulación hacia una homeostasis gracias a la auto-elaboración de una ficción no estándar. Es allí la importancia de la definición que Lacan da del fin de análisis en las conferencias americanas de 1975. “Un análisis no debe ser llevado muy lejos. Cuando el analizante piensa que está contento de vivir, es suficiente” [38]. Hay que entender bien que esa felicidad de vivir, esa satisfacción, es una satisfacción del Uno. Ella se sitúa al contrario de la satisfacción articulada del Otro, aquella que indicaba Lacan en “Función y campo…” donde “la cuestión de la terminación del análisis es la del momento en que la satisfacción del sujeto encuentra cómo realizarse en la satisfacción de cada uno, es decir, de todos aquellos con los que se asocia en la realización de una obra humana” [39]. J.-A. Miller comentando ese pasaje en su último curso lo encuentra “perplexificante” [40]. “No se percibe exactamente que aquellos que se asocian en una obra humana, sea una escuela o un partido, brillen por la contabilidad de su satisfacción, se percibe más bien que ellos entran en conflicto” [41]. Sin embargo, Lacan deja su lugar, en contrapunto a la ficción auto-reguladora, y de la satisfacción del Uno, a un nuevo planteamiento de la interpretación. Aquel que funciona al contrario del uso común de la ficción, como un despertar.

La interpretación como jaculación

En el Seminario XXII, el 11 de enero de 1975, Lacan se interroga sobre la nueva formulación que hay dar al efecto de sentido que da la interpretación, a partir del momento en que las tres consistencias R, S, I son homogéneas. Ahí comienza a separar la palabra y la interpretación, como separa la interpretación del rol de la transferencia. La interpretación hace presente un más allá de la palabra: “La interpretación analítica […] actúa de una manera que va mucho más lejos que la palabra. La palabra es un objeto de elaboración para el analizante, pero qué hay de los efectos de lo que dice el analista -ya que él dice. No es por nada el formular que la transferencia juega ahí un rol, pero no esclarece nada. Se trataría de explicar cómo la interpretación actúa, y no implica necesariamente una enunciación” [42]. Para dar cuenta la eficacia de la interpretación, viene a formular la existencia de un efecto de sentido real. “El efecto de sentido exigible del discurso analítico no es imaginario. Tampoco es simbólico. Es necesario que sea real. De lo que me ocupo este año, es de pensar cuál puede ser lo real de un efecto de sentido” [43]. Esta interpretación no es del orden de una traducción mediante agregado de un significante dos en relación con un significante Uno. Es la interpretación que no apunta hacia la concatenación o la producción de una cadena significante. Ella toma acto de la nueva finalidad del ajuste del nudo alrededor del acontecimiento de cuerpo y de la inscripción que puede calificarse (a) en un uso renovado. “Lo que decimos con el nudo borromeo ya va contra la imagen de la concatenación. El discurso del cual se trata no hace cadena […] De ahí que la pregunta de saber si el efecto de sentido en su real se debe al empleo de las palabras o bien a su jaculación. […] Se creía que eran las palabras que actuaban. Mientras que si nos tomamos la molestia de aislar la categoría del significante, vemos bien que la jaculación guarda un sentido aislable” [44].

La elección de jaculación opuesta a la palabra nos interroga. Hay que notar que en francés el sustantivo “jaculation” y el adjetivo “jaculatoire” provienen de discursos distintos, humanista y religioso [45]. El nuevo uso que Lacan quiere dar a la jaculación no es ni humanista, ni religioso. Viene de su uso lacaniano propio. Ya calificó el texto poético de “jaculación”, para Píndaro [46]. Puede también hablar de jaculaciones místicas, a propósito de Angelus Silesius [47]. O aún más, hace del Poordjeli de Serge Leclaire “una jaculación secreta, una fórmula jubilatoria, una onomatopeya” [48], como hace del “Fort-Da” una jaculación. Pero es en el Seminario sobre “El objeto del psicoanálisis” en el que da el sentido más general a esta jaculación, retomando así las primeras frases del primer Seminario sobre la acción del maestro Zen: “[…] cada uno sabe que un ejercicio Zen, tiene alguna relación, aunque no sepamos bien lo que quiere decir, con la realización subjetiva de un vacío. Y no forzamos nada admitiendo que para cualquiera, el contemplador promedio, verá esa figura, se dirá que hay algo como un tipo de momento cumbre que debe tener relación con el vacío mental que se trata de obtener y que sería obtenido, ese momento singular, bruscamente después de la espera que se realiza a veces por una palabra, una frase, una jaculación, incluso una grosería, un pito catalán, una patada en el culo. Es muy cierto que esos tipos de disparates o payasadas no tienen sentido sino con respecto a una larga preparación subjetiva […]” [49]. Notamos así, de manera crucial el lazo de la producción del vacío subjetivo y de la jaculación.

Entonces, la jaculación incluye el valor del ardor, o del entusiasmo, pero es para designar un uso del significante como despertador, en el sentido de producir el vacío de significación. Lo que es llamado “jaculación” en el Seminario XXII, como aquello que designa un efecto de sentido real, deviene en el Seminario XXIV el significante nuevo. “Cuando reclama un significante nuevo, se trata en realidad de un significante que podría tener uso distinto […] un significante que sería nuevo, no simplemente para que haya un significante suplementario, sino porque en vez de estar contaminado por el sueño, este significante nuevo desencadenaría un despertar” [50]. Este despertar está conectado a la producción de un efecto de sentido real como producción de un vacío subjetivo. Concuerda bien con el acento de la última enseñanza sobre el agujero y no sobre la cadena.

Así, en su última enseñanza, Lacan dibuja, en sentido propio, con el nudo una modalidad de tratamiento de la disrupción del goce por la Une-bévue. Reformula para ello los términos clásicos de los instrumentos de la operación psicoanalítica: el inconsciente, la transferencia, la interpretación, para proponer nuevos: el serhablante, el acto, la jaculación sometida a la lógica del HayloUno, jaculación central en todas las consecuencias que ha hecho entender J.-A. Miller. Ese conjunto de revisiones define el cuadro teórico de una práctica de la clínica de las locuras bajo transferencia y del tratamiento de la disrupción de goce que se produce, particularmente congruente al problema en el Otro que supone la aproximación de ese campo. La lectura justa de los trabajos de nuestro Congreso supone ese horizonte de la última enseñanza, aunque leer Lacan “en bloque” [51] es siempre más provechoso. Nos es necesario un bloque orientado ya que, si no, nos quedaremos occidentalizados [52] por el último viraje de Lacan tan propicio a la práctica contemporánea del psicoanálisis.


Traducción del francés: Patricio Moreno Parra

Establecimiento del texto: Luis Iriarte

[1] Laurent, Éric, Disruption de la jouissance dans les folies sous transfert, in, Hebdo-Blog. Internet: http://www.hebdo-blog.fr/disruption-de-jouissance-folies-transfert/ Último acceso: 30 abril del 2018.

[2] Intervención en el XI Congreso de la AMP en Barcelona “Las psicosis ordinarias y las otras, bajo transferencia”, abril 2018.

[3] Lacan, J., “Lacan pour Vincennes !”, Ornicar ? n°17-18,1979, París, Navarin, p. 278.

[4] Miller, J.-A., La orientación lacaniana, El ser y el Uno, Enseñanza pronunciada en el marco del Departamento de Psicoanálisis de la Universidad París VIII, Clase del 23 de marzo del 2011, Inédito.

[5] Lacan, J., El Seminario, libro XXIV, L’insu que sait de l’une bévue s’aile à mourre, Texto establecido por J.-A. Miller, Clase del 11 de enero de 1977, Ornicar ? n° 14, Paris, Navarin, p.8.

[6] Lacan, J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, Escritos, Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2010, p. 557.

[7] Ibíd.

[8] Ibíd.

[9] Lacan, J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, Escritos, Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2010, p. 556.

[10] Palomera, V., “Transferencia y posición del analista en las psicosis. Entrevista”, El psicoanálisis n°32, Barcelona, Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, abril 2018, p. 76.

[11] Bassols, M., “Las psicosis ordenadas bajo transferencia”, El psicoanálisis n°32, Barcelona, Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, abril 2018, p. 42.

[12] Laurent, D., L’ordinaire de la jouissance, fondement de la nouvelle clinique du délire », La Cause du désir, n°98, París, Navarin, 2018, p.27.

[13] Lacan, J., El Seminario, libro XXIV, L’insu que sait de l’une bévue s’aile à mourre, Texto establecido por J.-A. Miller, Clase del 17 de mayo de 1977, Ornicar ? n°17-18, París, Navarin, 1979, p. 20.

[14] Miller, J.-A., “Inconsciente y Sinthome”, El ultimísimo Lacan, Buenos Aires: Paidós, 2013, p. 144.

[15] Ibíd., p. 141.

[16] Ibíd., p. 139.

[17] Ibíd., p. 144.

[18] Lacan J., El Seminario, libro XXIV, L’insu que sait de l’une bévue s’aile à mourre, Texto establecido por J.-A. Miller, Clase del 17 de mayo de 1977, Ornicar? n°17-18, París, Navarin, 1979, p. 17

[19] Lacan, J., “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Escritos, Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2010, p. 564. Y la nota [22] p. 615.

[20] Lacan J., El Seminario, libro XXIV, L’insu que sait de l’une bévue s’aile à mourre, Texto establecido por J.-A. Miller, Clase del 17 de mayo de 1977, Ornicar ?n°17-18, París, Navarin, 1979, p. 18

[21] Ibíd.

[22] Nota del traductor: « Je suis » y « il suit ». Allí « suis » y « suit » son homófonos.

[23] Ibíd.

[24] Ibíd.

[25] Horne-Reinoso, V., « Point de folie à l’ère du parlêtre », La Cause du désir, n°98, París, Navarin, 2018, p. 68.

[26] Ibíd.

[27] Miller, J.-A., “Racismo”, Extimidad, Buenos Aires: Paidós, 2010, p. 53.

[28] Lacan, J., “Respuesta al comentario de Jean Hyppolite”, Escritos, Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2010, p. 369.

[29] Lacan J., El Seminario, libro XXIV, L’insu que sait de l’une bévue s’aile à mourre, texto establecido por J.-A. Miller, Clase del 10 de mayo de 1977, Ornicar?, n°17-18, París, Navarin, 1979, p. 18.

[30] Laurent, E., «Lo extranjero éxtimo, I », Lacan Quotidien, n°770, 22 de marzo del 2018. Disponible en: http://www.eol.org.ar/biblioteca/lacancotidiano/LC-cero-770.pdf

[31] Lacan, J., El Seminario, libro XXIV, L’insu que sait de l’une bévue s’aile à mourre, Texto establecido por J.-A. Miller, Clase del 10 de mayo de 1977, Ornicar?, n°17-18, París, Navarin, 1979, p. 18.

[32] Miller, J.-A., “Inconsciente y Sinthome”, El ultimísimo Lacan, Buenos Aires: Paidós, 2013, p. 142.

[33] Ibíd.

[34] Milner, J.-C., “Back and forth from Letter to Homophony », Problemi International, vol. 1, no 1, Society for Theoretical Psychoanalysis.

[35] Lacan, J., El Seminario, libro XXIV, L’insu que sait de l’une bévue s’aile à mourre, Texto establecido por J.-A. Miller, Clase del 10 de mayo de 1977, Ornicar?, n°17-18, París, Navarin, 1979, p. 18.

[36] Miller, J.-A., La orientación lacaniana, El Ser y el Uno, Enseñanza pronunciada en el marco del Departamento de Psicoanálisis de la Universidad París VIII, Clase del 14 de marzo del 2011, Inédito.

[37] Miller, J.-A., “Inconsciente y Sinthome”, El ultimísimo Lacan, Buenos Aires: Paidós, 2013, pp. 144-145.

[38] Lacan, J., « Conférences et entretiens dans des universités nord-américaines », Yale University, Kanzer Seminar, 24 de noviembre de 1975, Scilicet, 6/7, París, Seuil, 1976, p. 15.

[39] Lacan, J., “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, Escritos, Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2010, p. 308.

[40] Nota del traductor: Perplexifiant en el artículo en francés.

[41] Miller, J.-A., La orientación lacaniana, El Ser y el Uno, Enseñanza pronunciada en el marco del Departamento de psicoanálisis de la Universidad de París VIII, Clase del 6 de abril del 2011, Inédito.

[42] Lacan, J., El Seminario, libro XXII, R.S.I., Clase del 11 de febrero de 1975, Texto establecido por J.-A. Miller, Ornicar?, no4, pp. 95-96.

[43] Ibíd.

[44] Ibíd., pp. 96-97.

[45] Diccionario histórico de la lengua francesa, Le Robert.

[46] Lacan, J., El Seminario, libro 8¸ La transferencia, Buenos Aires: Paidós, 2008, p. 413.

[47] Lacan, J., El Seminario, libro XIII, El objeto del psicoanálisis (1965-1966), Clase del 1ero de diciembre de 1965, inédito.

[48] Lacan, J., El Seminario, libro XII, Problemas cruciales para el psicoanálisis (1964-1965), Clase del 27 de febrero de 1965, inédito.

[49] Lacan, J., El Seminario, libro XIII, El objeto del psicoanálisis (1965-1966), Op. cit.

[50] Miller, J.-A., “Inconsciente y Sinthome”, El ultimísimo Lacan, Buenos Aires: Paidós, 2013, p. 145.

[51] Como lo subraya el tan interesante trabajo colectivo coordinado por Leonardo Gorostiza, Lacan en Bloque, Grama Ediciones, 2017.

[52] Nota del traductor: Condensación entre occidental y accidente.