Respuesta a una Pregunta de Carole Dewambrechies-La Sagna – por Jacques-Alain Miller – 2022/02/05

Carole Dewambrechies-La Sagna:

Buen día, Jacques-Alain. Buen día, Christiane. He aquí la pregunta que preparé para Jacques-Alain Miller. Barbara Cassin dice en la página 432 de este libro que su intercambio con Lacan alrededor de la lengua griega “fue placentera, agradable y fuente de dicha”. Este volumen me pareció -que tiene un formato poco común- placentero, agradable y fuente de dicha. Este libro parece una interpretación, siendo el resultado de la presteza de aquel que lo concibió. En relación con eso, un gran agradecimiento a usted, Jacques-Alain, y a los que lo han ayudado en esta empresa. ¿Quiere decirnos una palabra de cómo usted fabricó -usted ya comenzó a hacerlo- este libro que tanto placer nos ha dado tenerlo en las manos?

Segunda pregunta. Usted publica en este volumen dos presentaciones de enfermos hechas por el Dr. Lacan en Saint-Anne, una de ellas de la Sra. Boyer. En la discusión que sigue a la presentación, Lacan no duda en hablar con los psicoanalistas que lo rodean, de parafrenia imaginativa y a interrogar la dificultad de pensar los límites de la enfermedad mental. En nuestra época de despatologización acelerada, ¿quiere decirnos cuál es su idea al sumergir a los lectores en esta clínica tan fina, tan detallada, tan actual. Esa es mi pregunta.

Jacques-Alain Miller:

Es optimista decir que es tan actual. Diría más bien que es inactual en el sentido de Nietzsche, es decir -como uno traduciría también- intempestiva. Se necesita un esfuerzo para aclimatarla a la actualidad. Estoy seguro de que estamos de acuerdo en eso y esa es la orientación de la tercera pregunta que escuchamos hace un momento de Pénélope Faith.

Entonces, básicamente hay dos preguntas. Usted ha sido la única en plantear dos preguntas muy disparejas. Muy bien, acojo eso sobre todo porque estoy muy halagado por la palabra que usted ha empleado, la de «presteza» para calificar mi acción en este asunto del libro. Estoy tan honrado de este término que me viene el recuerdo de lo que Lacan dice en un momento en su texto llamado “Televisión”: “La interpretación debe ser presta”[1]. Es la rapidez, la presteza, pero con un anudamiento me parece -que revisé en Le Robert-, un anudamiento de habilidad, de fineza, de astucia, de dirección que puede llegar hasta la estratagema. No hubo una estratagema ya que fue necesario que yo admita -no sé si se lo dije a Christiane Alberti, pero creo que sí- que comenzó por una distracción. No pensé absolutamente al principio del año en el cuadragésimo aniversario de la muerte de Lacan y cien vigésimo de su nacimiento. Nació en 1901. Estaba pensando en otra cosa y creo que lo que me recordó a mí mismo es sin duda el aniversario de Lacan el 13 de abril, pero no creo que haya pensado en publicar algo alrededor de eso hasta mayo. ¿Exagero?

Christiane Alberti:

Sí porque las tres piezas de las que hablaba cuando usted me las envío me dijo que serían para el volumen de aniversario.

Jacques-Alain Miller:

¿Y en qué fecha fue eso?

Christiane Alberti:

Fue mucho antes. Fue en marzo.

Jacques-Alain Miller:

¿Ah sí? Antes del aniversario de Lacan entonces.  Estaba distraído, pero no demasiado finalmente. Normalmente debía haberlo preparado para el año anterior. Entonces, quedaban en realidad es menos de seis meses hasta la publicación. Entonces, fue necesario hacer -como decía Baltasar Gracián- lectura de Lacan rápido y bien rápido; rápido y bien es incluso mejor que bueno. Así que para mí el centro que verdaderamente tenía muchas ganas de publicar primero fue mi entrevista con Gloria, Gloria quien fue el silencio encarnado, quien no hablaba del Dr. Lacan a pesar de las solicitudes de sus analizantes -a quienes conocía ya que les abría la puerta-. Ella fue a veces su confidente dado que a medida que envejecía, Lacan hacía sesiones cada vez más cortas. Así, cuando los analizantes no encontraban la oportunidad de recostarse completamente en su diván, a veces completaban la sesión de confidencias con Gloria. Pero ella no decía sus propias confidencias. Ella permanecía muda y tuve la idea -que creo que fue en 2009 por una razón muy específica que no diré- de que iba a pedirle el interrogarla frente a una grabadora y esa sería básicamente la única vez. Tuvimos una cena con Judith y el marido de Gloria. La llamé por teléfono y le dije si aceptaba que esa noche en la cena le grabe y responda preguntas acerca Lacan. Y fue la única vez que sucedió y es un retrato del Lacan auténtico de la 5 Rue de Lille.

Así que tengo que decir que el texto que está en Lacan Redivivus no es integral. Es lo que tenía ganas de publicar. Es algo que había guardado debajo del codo desde hace mucho porque parecía demasiado íntimo para ser entregado al público y ahí sentí que el tiempo de publicarlo había llegado. Gloria había fallecido, desgraciadamente, Judith, Abdoul -el marido de Gloria quien era el único sobreviviente de este equipo de cuatro-. Y quise entregarlo al público después de completar las confidencias de Jesús y Alicia acerca del Lacan de Guitrancourt, quien era un Lacan calmado, encantador, que no daba órdenes, que cuando venían sus hijas tenía ganas de cenar con ellas, las ayuda a instalarse en su pequeña casa, les invitaba a cenar, en fin…Era absolutamente encantador. Evidentemente, Jesús y Alicia también se criaron en ese fondo de silencio. Sin embargo cuando les llamé, Alicia me dijo enseguida: “De acuerdo”.

En cuanto a la familia, era una familia dividida ya que estaban los hijos del primer compromiso -Caroline Thibault Sybille- y luego Judith -la única hija del segundo compromiso, del matrimonio de Lacan y Sylvia Bataille. Hubo un vínculo entre Thibault y Judith. Thibault me confió recientemente que entre los 15 y 16 años estaba enamorada de su sobrina. Pero la familia estaba realmente separada en el momento de la sucesión de Lacan -como sucede a menudo- y esa sucesión duró diez años. También quise que este número marcase la reconciliación de la familia y los hijos de Caroline, Cyril y Fabrice aceptaron estar presentes en el número. Thibault quien ya se había reconciliado con Judith dio un texto muy conmovedor acerca de la relación con su padre. Cyril -que además de estar en el Consejo de Estado es un escritor que ya ha publicado textos literarios en Grasset- escribió un libro acerca de las visitas que Lacan hacía a sus nietos del lado de Caroline -ella ya fallecida-. Fabrice, que es un autor de obras de bulevar que han tenido mucho éxito -de la Escuela Normal-, él se conformó con dar una foto. Ahí fue un error de impresión. Debimos haberla puesto sobre papel estucado para que salga bien; la pusimos en papel ordinario y ella no tiene la brillantez. Ahí se representa a Caroline, su madre, el Dr. Lacan y el pequeño Fabrice a sus diez años.

En cuanto a mis hijos, realmente se aferraron a mucha discreción mientras conocían al Dr. Lacan, y tuvieron la oportunidad de verlo los fines de semana en Guitrancourt a partir de un cierto momento.

Entonces, paso las otras contribuciones y diría que es un Lacan inesperado en cuanto a la imagen del mito y que nos damos cuenta desde ya que su singularidad tiene raíces muy antiguas. Debo decir que los documentos que están ahí provienen en su mayoría de un solo lugar. En verdad no tenía tantos documentos y le dije a mi hija: “Vamos a Guitrancourt, pasamos el día ahí, buscamos papeles del Dr. Lacan que están ahí a granel”, ya que desde hace 40 años no quise acercarme y profanar ese depósito que me había dejado con la misión de hacer con él lo que yo quisiera.  Enseguida meto mis manos en una caja de cartón donde había piezas de textos que Lacan había guardado para sí.

Había particularmente lo que se encuentra en la página 147 y que para mí es absolutamente irresistible, es decir el aprecio del director del Colegio Stanislas -siempre ha sido un establecimiento religioso-, el director del Colegio Stanislas que hace sus observaciones sobre el Lacan a sus 17 años. Y lo escribe y Lacan conservó eso. Encuentro eso irresistible. Escribe: “Jacques es inteligente, pero bizarro. Su trabajo es así irregular. Nos quejamos de su diplomacia de pasar al lado del reglamento”. No se puede haber resumido mejor básicamente lo que fue la vida del Dr. Lacan. En efecto, él dio la vuelta a todos los reglamentos de IPA -Asociación Internacional de Psicoanálisis- fundada por Freud. Y tuvo su propia práctica del psicoanálisis. No desistió de ella. De hecho, así le parecía a la mayor parte de sus contemporáneos, incluidos a sus familiares como alguien que no era como los otros, algo raro -si se quiere- y vemos que su personalidad ya se formó en a los 17 años. Básicamente, dijo de Gide que su personalidad se deformó a los 25 años precisamente; aquí tenemos la sensación de que su personalidad se formó a los 17 años.

Por tanto, yo diría que aún más es que su posición realmente es la opuesta a la de sabiduría tradicional, por ejemplo, la estoica. Por ejemplo, se encuentra en Séneca la idea de que el sabio debe acordar su fachada a aquella del pueblo, es decir que debe hacer como el común de los mortales al mismo tiempo que se distingue de ellos en su fuero interior. Pero por prudencia se hace en Esparta lo que se hace en Esparta.  Está en el “Epistuale morales au Lucilium”. No daría más referencias de ello. Siempre digo que Lacan era todo lo contrario, es decir que se distinguía del pueblo por su fachada y por su pensamiento paradojal mientras que en su lado privado -de cierta manera- era como todo el mundo, excepto que era más amable, más atento que el promedio de la gente. Está al revés de la sabiduría estoica. Bueno, eso es para divertirse.

Lo que ha sido muy inesperado para mí también ha sido las cartas de Lévi-Strauss. Yo sabía que eran amigos, por supuesto, sabía que iba a cenar con Lacan. Lévi-Strauss estando presente se hacía su cocina aparte porque tenía requisitos muy específicos sobre lo que podía comer. Entonces, sabía que eran amigos, incluso cuando Lacan buscaba una casa de campo para comprar y recorría las lejanías de Île-de-France, a menudo Lévi- Strauss estaba con él en los años ’50. Pero cuando vi a Lévi-Strauss era alguien austero, que hablaba poco, que tenía un aire muy privado y me sorprendió ver en estas cartas la profundidad de la afección que tenía por Lacan.

Christiane Alberti:

La admiración…

Jacques-Alain Miller:

Conocía de su admiración ya que dijo que nunca había conocido a nadie que supiera tanto como el Dr. Lacan. Eso me dejó estupefacto porque conocía a Dumézil, y Georges Dumézil era una fuente de saber, por ende, estaba en un altar. Pero lo más importante de lo que me llamó la atención es la afección más que la admiración, la afección de Lévi-Strauss quien no me daba la impresión de ser mu afectuoso.

Para terminar con la historia del volumen, su primera pregunta, diría que ahí suscité la realización de un volumen en español porque en la lengua española Lacan está muy presente en América Latina así como en España y, por ende, suscité un libro que apareció bajo el nombre de Lacan hispano y que tiene una originalidad -libro que hice en compañía de la editora, Alejandra Glaze, quien trabaja magníficamente y quien lanzó en tiempo récord este libro- y que tiene como característica que ahí no se comenta a Lacan como en Lacan Redivivus, pero se pidió a los autores de lengua española que utilicen los conceptos, los matemas de Lacan para hablar de grandes personajes hispanos ya sean de escritores, de pintores o de músicos para revestir los conceptos de Lacan en el tratamiento de los autores. Es un volumen que me gusta mucho, que es distinto de Lacan Redivivus y que circula en el mundo hispano.

Bueno, ahora tomemos -después de todas las distracciones, de esas confidencias que hago a su pedido- el tema serio, el del Lacan clínico. Hay que recordar lo que es la presentación, primeramente, para el público que seguía esto. Consistía en que un practicante -que podía ser del hospital o del exterior- dialoga en público con un paciente y enseguida hace un comentario frente al público -que reúne a otros practicantes, enfermeras y algunos invitados- hace algunos comentarios clínicos y esto es un método de enseñanza. Yo no tenía una formación clínica, tenía una formación en filosofía, y aprendí los conceptos básicos de la clínica clásica que completé con abundantes lecturas, por supuesto, pero aprendí los conceptos básicos en la presentación de los pacientes de Lacan que se hacían en Sainte-Anne cada quince días y que hacía regularmente -yo no faltaba a ninguna reunión- frente a unas 50 personas y eran en un estilo completamente diferente de sus seminarios. En sus seminarios su presencia ocupaba todo el espacio y allí, en cambio, teníamos a un Lacan modesto, muy atento al otro y quien daba una lección de escucha de orden psicoanalítico.

Usted señala el comentario que hizo la presentación de la señora Boyer, tal como se le llamaba -era un apodo, un nombre de convención que no era el suyo propio-; el comentario que me dio de esta presentación tuvo para mí una importancia muy grande y es un pivote de los textos que escribí que se llama “Enseñanzas de presentación de enfermos” donde dije lo que había aprendido. Y a partir de estas pocas palabras del comentario de Lacan, elaboré toda una teoría de la enfermedad mental sobre la cual voy a pasar, pero básicamente él hacía de lo que llamaba la parafrenia imaginativa la enfermedad mental por excelencia; entiéndase que lo mental habla por sí mismo y para él era una enfermedad -si puedo decir-. Lo mental en sí mismo como flotante, como resbaladizo y de orden imaginario. De ahí la palabra «imaginativa», que no es una invención de Lacan. La parafrenia imaginativa es una categoría de Kraepelin. Si no sé si la tomó antes de que Kahlbaum o no, pero la he leido en Kraepelin. Y entonces habla de parafrenia imaginativa. Es justamente porque esta enfermedad sería la esencia misma de lo mental -que esta enfermedad mental estaría condenada a lo imaginario, que siempre se está deslizando- que el sujeto debe engancharse a lo simbólico, al significante, para fijar un orden y una coherencia. Y luego, lo real -la tercera categoría de Lacan- en su definición es invariable, opaco y que se diferencia a la vez de lo simbólico y de lo imaginario -para ir rápido-.

Entonces, para Lacan, básicamente lo que escucha en la señora Boyer, lo que resalta es un estado préclínico -si puedo decir- y como lo dice con mucha precisión: “Sería tranquilizador si se tratara de una enfermedad mental típica”. «´Típico» tiene todo su valor ya que precisamente la clínica se define a sí misma al distinguir los tipos, por lo que sería muy tranquilizador si estuviéramos lidiando con una enfermedad típica, es decir, que se cristalizaría. Y como él dice, nadie ha logrado cristalizar la enfermedad de la señora Boyer. Tuvo que lidiar con personajes importantes con los que se identificaba, pero nunca se detuvo en una identificación. Ella siguió deslizándose en todas partes. Por lo tanto, no hay estrictamente hablando ningún tipo de síntoma, que son siempre tipos de significantes-amos, es decir, de lo que hace que se mantengan unidos lo mental de un sujeto.

Luego paso un cierto de cosas para evocar en efecto la despatologización, la que consiste en referirse a un estado de sujeto en que todos somos iguales. Todos tendríamos nuestro estado fundamental y preclínico y nos distinguiríamos según los modos en que se fija la enfermedad mental. Ésta se puede fijar [se fixer] en psicosis, se puede fijar en neurosis, se puede fijar en perversión -como se decía antiguamente-. Pero fundamentalmente “todos iguales” frente a la debilidad mental -si puedo decir-. Y después de eso va a decir -pienso haber podido captar eso, por eso di todo su valor a una palabra que Lacan dijo una vez en una charla y muchos podrían haberla pasado por alto; por el contrario, consideré que estaba en la línea principal de su enseñanza- que “Todo el mundo es loco”, “Todo el mundo delira”. Es la misma inspiración y en efecto es la despatologización lacaniana, es decir una cierta renuncia a la clínica; o considerar que más que renunciar a la clínica hay que considerar que hay este estado primario del sujeto.

Entonces, ¿qué es el clínico? El clínico es aquel que tiene experiencia con enfermedades mentales y tipos de síntomas, e incluso la experiencia de lo que Lacan reconoció como parafrenia. Entonces, esto permite a los clínicos con su experiencia -el hecho de haber visto muchos casos durante mucho tiempo- anticipar de lo que se trata a partir de algunos rasgos. Es cómo podemos hacer «controles» -como se los llama en psicoanálisis-: hay un aprendiz que viene a explicar un caso y, a partir de algunos rasgos, se le permite avanzar porque uno llega a anticipar algo a partir de esos rasgos. Y es así como creo que hay que leer las presentaciones de Lacan. Se ve que en cierto momento que él plantea preguntas para verificar si tales síntomas están presentes en lo que está empezando a cernir como parafrenia. Parafrenia es un término que creo que ya no empleamos, que está realmente fuera de uso. Consulté a Kraepelin y en la prisa en la que estaba lo encontré en una traducción inglesa de “La locura maniacodepresiva y la paranoia” -que no es un libro muy largo de Kraepelin, que tiene casi 250 páginas-. Ahí hay una página sobre la parafrenia, no más, y que no es tan informativa, pero considera que “muchos casos del delirio de la imaginación o retrospectiva que para los franceses se toman al mismo tiempo que el delirio de interpretación pertenecen sin duda a la parafrenia confabulante”. Entonces, ahí se traduce el término francés y considera que lo que se trata generalmente como “una debilidad psíquica, una falta de juicio, una apatía emocional la mayor parte del tiempo es en realidad una parafrenia”. Bueno, no está muy desarrollado. Puede que en otros libros de Kraepelin esté más desarrollado, pero no creo. Ya había buscado en aquella época pues había anotado ya el diagnóstico de Lacan.

Entonces, ¿qué es la parafrenia? Hay estudios recientes que no he leído del todo, pero finalmente es una esquizofrenia light. No es una paranoia. Hay un delirio paranoide. Se ven sus elementos figurar en la presentación de enfermos. Hay una desconfianza; hay elementos de persecución que aparecen, que no están desarrollados. No hay trastornos cognitivos, es decir que no se encuentra disociación y no se encuentra deterioro cognitivo -estrictamente hablando-. Es simplemente un deslizamiento. No hay nada que se fije. No se encuentra la diferencia de lo verdadero y de lo falso. No sabe lo que dice profundamente y no podemos llegar realmente a saber lo que dice. No es coherente. Sus respuestas son impredecibles.

En cuanto a las confabulaciones, se dice a menudo que son abundantes en la parafrenia. Aquí más bien son pobres, peor se reconoce discretamente temas de influencia, de persecución, de grandezas -porque hay un tinte megalómano- y vemos que, en las preguntas de Lacan, él verifica la presencia o no de estos elementos. Lo hacía de manera muy dulce, de manera muy gentil, muy discretamente, pero era un interrogatorio muy metódico que no aparecía como tal, pero era así. Entonces aparte de eso, no hay muchas parafrenias en el mundo. La paranoia está muy presente. La parafrenia es un número reducido de casos cuyo diagnóstico data de la gran clínica clásica que Lacan conocía perfectamente y que lo volvió tan apasionado. Durante ese periodo, yo dejé de lado a Descartes, Kant y Hegel para leer la clínica clásica. Entonces, pasemos el hecho de distinguir la parafrenia imaginativa y la parafrenia fantástica -fantástica es cuando la megalomanía está en primer plano-. No es el caso aquí. Aquí dice imaginativa.

Bueno, Lacan, inclusive por sus adversarios era reconocido como un clínico eminente. Fue formado por de Clérambault y tenía un gran conocimiento de la clínica clásica del siglo XIX. Por ejemplo, hizo su tesis sobre “La psicosis paranoica en su relación con la personalidad”. La «personalidad» es aquí de inspiración de Jaspers, de quien eran los últimos escritos en esto en aquella época. Lacan se inspiró en él sin decirlo. Tuve que recomponer la cosa para decir que es jaspersiano. Es por lo que Lacan no tenía ganas de republicarla.

Hoy, evidentemente, la gran clínica psiquiátrica no es de actualidad ya que lo que es de actualidad es la despatologización. Y ahora lo tomamos así, es que los enfermos toman la palabra. Todos los enfermos toman la palabra. Han sido invitados a eso. Hay todo un discurso de Estado que es para que tomen la palabra. Se les ha metido en la cabeza eso y finalmente toman la palabra para reivindicarse, entre ellos los escuchadores de voces. Mi hermano, Gérard Miller, hizo un documental sobre los sindicatos de escuchadores de voces. Esto era absolutamente impensable en la época de Lacan. Es realmente un fenómeno muy reciente y en el que absolutamente quieren ser reconocidos como normales y que, básicamente lo que se llamaba enfermedad, es su estilo de vida, su life style. Los homosexuales han ganado que en los Estados Unidos no se considere más a la homosexualidad como un trastorno o una enfermedad. Realmente el momento de haber hecho eso debía ser hace mucho, pero finalmente lo han obtenido de manera política. Los perversos han obtenido que ya no se hable de perversiones. Ahora son las personas trans que absolutamente quieren que la transición no solo sea normal, sino que sea el avenir del ser humano cuando se escucha a los líderes trans hablar. Entonces, es un efecto de democracia, es decir, que los derechos humanos ganan por encima de la clínica.

¿Podemos deplorar eso? Digamos que es el efecto del Estado de Derecho cuando el sujeto es de entrada jurídico. Entonces, se tendría el deber de ignorar la clínica. Clinicizar los casos sería antidemocrático y, por lo tanto, tan pronto como se comienza a hacer clínica uno sería un supremacista clínico dominante. Entonces, básicamente, incluso si estamos de acuerdo en lo que la despatologización representa de progresista, eso no impide -en mi opinión- lo necesario de conocer la clínica. Es la condición para conocer sus propios límites y para poder ultrapasar el punto de vista clínico.

Es lo mismo con lo que Lacan sorprendió a todo el mundo. Había un congreso sobre transmisión y allí él había cerrado ese congreso diciendo: “No hay transmisión del psicoanálisis. Cada uno debe reinventar el psicoanálisis”. Fue un escándalo. Pensé precisamente por el contrario que él no dice «inventar el psicoanálisis» -porque ya se lo ha hecho-, sino que dice «reinventar el psicoanálisis». Para reinventar el psicoanálisis hay que conocer los autores clásicos del psicoanálisis. Es la condición para reinventar. Por ejemplo, cuando se dice que Manet reinventó la pintura -o Picasso- fue porque fueron grandes conocedores de la historia de la pintura. Y, de la misma manera, yo aplicaría eso a la clínica: despatologizar a condición de conocer a fondo la clínica clásica. He ahí mi veredicto.

Espero poder haber respondido a Carole.

Carole Dewambrechies-La Sagna:

Gracias. Fue formidable.


[1] J. Lacan. “Televisión”, in Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 571.

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