La Cuestión Trans en Psicoanálisis – por Catherine Millot – 2021/05/29

LA CUESTIÓN TRANS EN PSICOANÁLISIS

Por Catherine Millot

2021-05-29


Marielle David:

Jacques-Alain Miller me ha hecho el pedido de que sea Catherine Millot quien hable en primer lugar. Catherine, entonces, es su turno.

Catherine Millot:

Gracias, Marielle. ¿Sí? ¿Funciona ahí? ¿No me escuchan? ¿Me escuchan ahora?

Didier Laura:

Ahora escuchamos bien. Adelante.

Catherine Millot:

Buenos días. Gracias por su invitación. Jacques-Alain quiso asociarme a esta discusión acerca del transexualismo dado que tuve un interés -antiguo para mí hoy, ya que es una historia antigua acerca del transexualismo- y que efectivamente, curiosamente se ha actualizado, resituada en el fuego de la actualidad -diría- quizás a raíz del documental que vimos en la televisión, Petite fille, del que hablaba Marielle.

Digo que el transexualismo es para mí una historia antigua, pero al mismo tiempo, es mi trabajo que pude hacer en el ’82 acerca de este tema, y es algo histórico pues este trabajo nació de mi frecuentación de la presentación de enfermos de Lacan en Saint-Anne. En este entonces, Czermak quería que Lacan presente en varias sesiones a transexuales hombres en vías de transformación en mujer. Ese tiempo de las presentaciones de enfermos de Lacan fue particularmente apasionante y guardo recuerdos muy vivos. Esas presentaciones eran con un grupo de trabajo que sosteníamos en alternancia con las presentaciones de Lacan donde participaban Marcel Czermak, Solange Faladé, Jacques-Alain Miller, Laurence Bataille, Éric Porge, Éric Laurent y otras personas más. Tuve allí la oportunidad de participar. Eso se volvió un tema de discusión entre nosotros y teníamos un vivo interés por esta cuestión. Lo que a mí personalmente me atrapó fue la cuestión de saber -en fin, era la tesis de Czermak- si los transexuales eran psicóticos y yo me decía si aun así había verdaderamente que estar loco para querer volverse una mujer. Yo estaba picada por ese nivel de la pregunta -algo que puede parecer pueril, pero así fue-. Tenía ganas de ir a ver más de cerca cuál podría ser el diagnóstico que se podía hacer en relación con el tema de los transexuales.

Muy rápidamente, hubo para mí una continuación de esta temática. En una reunión de nuestro grupo de trabajo en alternancia con las presentaciones de Lacan, tuvo lugar en una clínica en un momento en el que Marcel Czermak estuvo hospitalizado por una cirugía de la rodilla. Ocurrió que en esa clínica se encontró con un amigo de su padre que era cirujano y que operaba a mujeres que querían volverse hombres. Evidentemente, enseguida me puse en contacto con ese cirujano y con una mujer -discúlpenme, hablo en términos biológicos, una mujer genética- que estaba ahí para hacerse operar y que había sufrido una operación extremadamente dolorosa porque quería orinar de pie y el cirujano en cuestión había tratado de responder a esa demanda. Así, esto le suponía operar para cambiar el trayecto de la uretra, en fin, cosas de ese estilo que son algo terribles. Debo decir que para mí que en ese entonces tenía una visión un poco fantasmática de esta temática del cambio de sexo, enseguida estuve brutalmente confrontada a la dimensión real y horrible -para mí- de la cirugía. Fue eso que hizo que no continúe trabajando con este tema porque en esa época aún no ejercía el psicoanálisis, pero a partir del momento en que comencé a recibir pacientes, todos Claude Dumezil quería enviarme un transexual y yo dije: “¡No!”. No quería en lo absoluto encontrarme confrontada a esa demanda de transformación quirúrgica de algo para mí era…mmh, bueno, no puedo decir que era transfóbica, sino castrofóbica o, en todo caso, fóbica de la castración quirúrgica.

Entonces, me encontré con este transexual operado por este hombre, este cirujano; ahora puedo decir su nombre. Este cirujano se llama Perelle. Es un apellido algo particular. Él lograba hacer rembolsar la operación de los transexuales. Para la Seguridad Social estaba el hecho de que costaba menos a La Sécu rembolsar una intervención antes que pagar un tratamiento múltiple de hospitalización psiquiátrica. No había para nada la impresión en las personas que vi que querían intervención psiquiátrica. En todo caso, finalmente, la Seguridad Social había aceptado rembolsar sus operaciones.

Entonces, la primera persona transexual con la que me encontré en esta clínica me contó que tenía un pequeño grupo de gente, de amigos, en resumen, de “trans” -entre comillas-, todos en el sentido de biológicamente una mujer transformándose en hombre. Entonces, frecuenté a este grupo durante quizá un año o dos. Nos encontrábamos en un restaurante, personas de las que aún me acuerdo hoy. Eran personas muy nítidas. También las vi durante unas entrevistas hechas en mi casa y me dijeron cosas interesantes. Por supuesto, siempre hay en el transexual eso de apegarse al discurso de siempre sentirse una mujer en un cuerpo de hombre, hombre en un cuerpo de mujer, es decir, algo que valide su posición de transexuales; pero cuando se habla con estas personas, todo eso se disuelve rápidamente. Se trata más bien de otra cosa.

Paralelamente a ese encuentro con ese grupo de mujeres, trabajaba en la literatura psiquiátrica. Debo decir que Czermak -él tenía muchos documentos- me dio un número considerable de artículos sobre el tema. En el curso de esa investigación, no encontré a hombres que buscaban volverse mujeres. Llama la atención que la pregunta que me planteé inicialmente de hecho era con esas personas con las que me encontré, pero luego terminé con mujeres que querían volverse hombres. Hay una suerte de ironía allí.

Decía que había trabajado ese tema del transexualismo a partir de documentos entregados por Czermak, Czermak con quien al principio quise hacer un grupo de trabajo sobre eso, un seminario sobre eso. Primero me dio su acuerdo y después no vino a ninguna sesión. De hecho, Czermak tomó de mala manera que yo pueda cuestionar su tesis según la cual los transexuales eran todos psicóticos. Eso fue un punto de conflicto con él. Finalmente, seguí mis lecturas, tenía muchos intercambios epistolares. Entonces, me sorprende que hoy en día despierte poco el tema del transexualismo ya que ese tema era apasionante. Y luego descubrí, en lo que concierne al transexualismo en cuanto a un hombre biológicamente que buscaba volverse mujer -la famosa pregunta que era la mía inicialmente- un libro que era completamente apasionante, de un inglés que firmaba Ian Maurice -quien había escrito un texto autobiográfico-. En 1974, se hizo operar para un cambio de sexo para volverse mujer y publicó ese texto titulado L’énigme en inglés. Y él, originariamente hombre, puso en marcha toda una carrera muy brillante como periodista, como correspondal de guerra, alguien del que podemos decir que tenía todas las insignias deseables de la virilidad, que se casó, que tuvo 5 hijos y a la edad de 40 años quiso empezar una transformación para convertirse en mujer. Su obra es apasionante porque dice que desde su primera infancia, él se sentía muy mal en su cuerpo de hombre y que quería convertirse en mujer ya que para él la feminidad era un ideal que quería alcanzar, aunque en ese momento no le era posible -un ideal que está situado del lado de la mujer menopáusica-, es decir de la mujer que está liberada de las imposiciones de la procreación, liberada de la sexualidad. Dice cosas muy apasionantes. Para mí fue un acceso irremplazable al transexualismo hombre dirección mujer. Man to women, como se dice en inglés.

Lo que saqué de esa lectura y esas frecuentaciones a esas mujeres que querían volverse “hombres” -entre comillas- es su aspiración a la que querían tener acceso. No era tanto el de volverse mujeres o de volverse hombres, sino de escapar a su sexuación. Y es por eso que titulé mi libro Hors-sexe[1], porque lo que querían antes que nada era erradicar las marcas de la sexuación, sean los caracteres sexuales primarios -los órganos sexuales-, o los caracteres sexuales secundarios. Y todo lo que decían es que, si hubiera un tercer sexo, si hubiera una posibilidad de escapara a la sexuación binario -como se dice hoy-, sería allí en donde se situarían, en ese hors-sexe [fuera-de-sexo]. Para escapara a su propio sexo, se acomodan del otro lado y, finalmente, esa aspiración consiste en realizar una suerte de imagen ideal, como un recorte de un disfraz. El envoltorio del cuerpo es del orden de un disfraz que hay que recortar.

De las mujeres que vi, las que querían volverse hombres –a las que frecuentaba, si puedo decir, durante un año o dos-, era raro que ellas se comprometiesen en una fabricación de un tipo de sustituto del pene. Ellas se contentaban con hacerse quitar los senos y los ovarios de manera que su propio funcionamiento no venga a impedir la inclinación hormonal que les daba la apariencia de hombres que querían tener. Pero ciertamente es una cuestión de apariencia. Ellas se contentaban con la apariencia. Tenían el disfraz, se hacían crecer la barba, se hacían masculinizar rápidamente mediante hormonas. Para la mayoría eso era suficiente, salvo por aquella que quería orinar de pie. Ella se metió en algo complicado.

Lo que también decían esas transexuales era que, en relación con las mujeres, tenían a menudo un lazo con una mujer, una historia, una ligazón, a veces vivían con una mujer. Y lo que ellas decían que aspiraban era a menudo a ser el complemento de una mujer. Y eso lo encontré también en Ian Maurice en su libro titulado L’énigme, esa aspiración a ser el complemento de la mujer. Eso hace parte de las tesis que traté de desarrollar en Horsexe. Era la aspiración de ser el falo del uno en el otro caso. Hoy en día eso me parece de una pertinencia relativa porque ser el falo es una aspiración tan común. Lo que hace la diferencia en el transexual es esa fuerza de encarnarlo. Eso no parece verdaderamente ya muy operatorio, aunque esté claramente ligado a esa aspiración.

Entonces, en lo que concierne a la relación con esas mujeres a las que frecuentaba y que querían volverse hombres, la mayoría -casi todas- no querían que se les fabrique un pene, pero esperaban -porque eran absolutamente conscientes de los límites de la cirugía en ese dominio- y no les impedía soñar en el progreso futuro que haría que se pudiesen realizar verdaderos implantes de órgano. Había una que soñaba que eso fuera posible y pedirle, por ejemplo, a su hermano que cuando muriera le haga un don post mortem de su pene. Era algo medio raro…

Bueno, esas mujeres transexuales que querían volverse hombres, me parecía que en ciertos casos se podía acercarlas a una posición histérica en la medida en que a menudo las histéricas toman como recurso a la cirugía para transformar su envoltorio corporal, es algo de la cirugía estética, en particular. Algo bastante corriente.

Voy a una cita de esas mujeres que decía que quería acomodarse del lado hombre. Era alguien que no estaba aún operada ni hormonada. Decía: “Es un mal menor y que hay que zanjar”, ya que no podía ser una mujer. Era su mal menor. Y algunas -las que ya estaban operadas- se cuestionaban sobre su posición y decían que querían hablar más acerca de lo que les había conducido a ese procedimiento. Había una que decía, por ejemplo: “No quiero morir idiota”. Y luego, la que aún no estaba operada decía que ya no quería analizarse ya que “sino uno no hace nada”. Eso me condujo a pensar que tal vez que el psicoanálisis no era absolutamente una temáticapara esas personas. Y al mismo tiempo concluí que no era una vía de las más comunes. Y hoy en día he escuchado decir que algunos transexuales pueden cambiar de opinión en su transformación a raíz de entrevistas en el marco de una psicoterapia o incluso de análisis.

¿Qué es lo que puedo decir hoy en día de ese trabajo? En el primer capítulo de mi libro hice una revisión del estado de las cosas que me parece totalmente de actualidad -40 años después- y que la diferencia es simplemente en la explosión numérica de los casos. Hace un momento hablé de las histéricas. Pienso que del lado de las mujeres que buscan transformarse en hombres -pienso, por ejemplo, en los adolescentes- se podría hablar de una epidemia histérica en este momento. Es algo que hay que tener en cuenta que se manifiesta desde ese lado. Entonces, la explosión numérica de casos conlleva algo grave -según yo-, es el tratamiento que se propone a los llamados transexuales prepubertos, es decir una implantación hormonal que se les propone para bloquear la pubertad. Es la cuestión central en ese documental acerca de una pequeña transexual, Petite fille, en la cual la psiquiatra a la cual la familia había consultado decía que era una posibilidad a tener en cuenta para ese niño el bloqueo de la pubertad en un cierto tiempo. Pienso que es un verdadero debate. Me parce algo grave que se pueda, sin ver más lejos, incitar a niños -ya que hasta la edad de la adolescencia hay que hablar de niños- en esa transformación.

Entonces, ese estado de las cosas del cual hablo sigue igual. De mi manera de abordar las cosas, no estoy totalmente satisfecha por lo que me volví a leer recientemente y retomar ese trabajo por varios ángulos. Me voy a detener ahí.

Didier Lauru:

Muchas gracias, Catherine Millot. Es muy interesante porque usted tiene una verdadera experiencia en una época en la que se hablaba poco de esos temas, se los encontraba escasamente en la clínica. Probablemente hay muchas razones para ello. Ahora se lo encuentra de maneras más frecuentes. Y usted tiene razón, talvez hay que reactualizarse.

Usted ha dicho cosas muy fuertes. Usted hablo del cuerpo que debe ser como un “disfraz recortado”. Es una expresión totalmente interesante acerca de la apariencia. Usted habló también de “ser el complemento de una mujer”. Habló de “encarnar el falo”. También habló de “escapar a la sexuación”. Pienso que son ideas heurísticas que hay que seguir. No sé si nos quiere habla algo más acerca de estas ideas que ha formulado. Particularmente, pienso que la idea -como si hubiera un poco una idea algo negativa- si se trata de escapar, ¿se puede ver el lado positivo como una solución o, en todo caso, una tentativa de resolver un drama subjetivo, un conflicto grave? En mi experiencia clínica, he encontrado gente que manifestaban un sufrimiento importante y que no podían encontrar otras soluciones a ese sufrimiento más que hacer una transición. El vocablo que se usa es el vocablo de transición. Y hay grados diversos. Hay algunos que se detienen en el camino; hay otros que van hasta el final, hasta la asignación del estado civil con el cambio que eso implica.

Mi pregunta es si quiere eventualmente precisar un poco de general. En todo caso, muchas gracias por ese testimonio. Y luego, usted dijo algo a la pasada, de que los psicoanalistas en esa época no estaban muy bien armados para teorizar o alojar -incluso entre los más eminentes que tenían ciertamente algo de sesgos, en el orden clínico con algo de presupuestos, por no decir prejuicios-. Es una razón por la cual su exposición es particularmente interesante porque usted no se dejó intimar por eso y usted quiso escuchar a esa gente y sacar de allí las conclusiones suyas a partir de la clínica, lo que es lo esencial de nuestro trabajo.

¿Quisiera reprecisar algunas cosas?

Catherine Millot:

Claro, con gusto. En relación con el estado civil, no abordé el tema, pero lo he abordado en mi libro. Era una cosa en los años ’80 que se pudiera cambiar el estado civil sin ser operado. Encuentro que eso era razonable ya que eso atempera los ardores quirúrgicos. El pasar por el cambio de estado civil sin pasar por la mutilación que conlleva una operación quirúrgica.

En lo que concierne el sufrimiento psíquico y luego la solución en la que consistiría la transición -como dice, transición es el vocablo que se usa actualmente-, voy a hacer un orden de reserva, lo que puede impactar a algunos, pero esa transformación -yo utilizo el vocablo transformación- que es propuesta por la cirugía pienso que, en el límite, es del orden de la estafa. Si pensamos que un transexual puede obtener mediante la cirugía no solo una vagina -hablo de eso y no del útero-, incluso a ese nivel es de una estafa. Se fabrica algo que puede servir para la penetración, pero a condición, por ejemplo, que eso esa constantemente abierto todos los días con un espéculo. En lo que concierne a las mujeres que viene volverse hombres, ¿se les puede proponer algo que se parezca a un pene? Es algo que propiamente fuera una nada, que pueda efectivamente ahí también servir a la penetración. Se incita a la gente a una transformación que es una ilusión en lo que concierne el hecho de se quiera darles el sexo opuesto. Helo ahí que sé que voy a levantar protestas diciendo eso, pero es mi convicción ya que a muchas mujeres las he escuchado acerca de esto.

Didier Lauru:

Usted también abordó la cuestión de los niños, los niños prepúberes. Pienso que ese es un tema extremadamente difícil que plantea toda una serie de preguntas donde hay una serie de polémicas. Se trata de la decisión o de toda incitación en la transformación o la transición en la edad prepúber. ¿Piensa que sería necesaria una legislación -como lo fue en Inglaterra a partir de los 16 años- en todo lo que puede ser del orden de lo irreversible o lo casi irreversible?

Catherine Millot:

No me metería en eso. He tomado mucha distancia con ese tema. No estoy al tanto para saber si se puede hacer de tal manera. En eso no sé nada. Diría que tal vez.

Lo que decía a propósito de los niños transexuales. Stoller decía que era importante poderlos detectar porque se podía con ellos entablar un trabajo analítico en los cuales cambiaban de esa posición. Consideraba eso como posible. Stoller fundó la sex gender clinic, alguien que tenía una experiencia enorme con niños transexuales. Decía a propósito que encontraba muy pocos casos de esto en la experiencia y que estadísticamente era muy raro. Fue eso lo que conduce a interrogarse acerca del hecho que se haya vuelto hoy en día mucho menos escaso estadísticamente hoy en día. ¿En qué esto se basa? Tengo una respuesta en esto. Pienso que la oferta crea la demanda. Y ¿qué es la oferta? Son los endocrinólogos, son los cirujanos. Hay dentro de la cirugía estética una dimensión de comercio. Ahí soy un poco brutal. Pero diré que es por razones como aquella por la que no quise volver a trabajar en ese dominio. Había algo que repelía definitivamente.

Didier Lauru:

Bien, muchas gracias, Catherine Millot. Fue verdaderamente muy esclarecedor e interesante lo que dijo. 

Les propongo continuar y pasar la palabra a Jacques-Alain Miller.


*Intervención en la Jornada «La feminidad, lo fálico y la cuestión transexual en psicoanálisis» organizado por Espace Analytique.

[1] C. Millot. Exsexo. Ensayo sobre el transexualismo. Buenos Aires: Ediciones Paradiso, 1984.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

Blog en la articulación Freud-Lacan

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