Del Complejo de Castración al Concepto de Separación – por Hélène Deltombe – 2020-11-04

DEL COMPLEJO DE CASTRACIÓN AL CONCEPTO DE SEPARACIÓN

Por Hélène Deltombe

2020-11-04


Partamos de la concepción freudiana de una sola libido donde todo gira alrededor del falo, y por su reelaboración por J. Lacan en su primera enseñanza. Del lado chico, del mismo modo que el pequeño Hans, está anclada la convicción que “todos los seres animados tienen un falo” [1]. Y en un primer tiempo, “para gustarle a la madre […] basta y es suficiente con ser el falo”[2]. Y si de entrada, hay “una alternativa entre ser o no ser el falo. Ustedes perciben perfectamente que se ha de franquear un paso considerable para comprender la diferencia entre esa alternativa, y la que está en juego […] la de tener o no tener el pene. […] Entre las dos, está, no lo olvidemos, el complejo de castración”[3]. Así, para el chico hay tres tiempos de Edipo que J. Lacan detalla en su Seminario V, culminando en la identificación al padre que “se llama Ideal del yo[4]. Para la niña, la relación al falo es muy diferente: “Ella no ha de enfrentarse con esta identificación. […] Sabe dónde ha de ir a buscarlo, al padre, y se dirige hacia el que lo tiene”[5]. Es la doxa freudiana, si no es que ya se ha operado un desplazamiento del complejo de Edipo hacia el complejo de castración, por el lugar preponderante del significante en el tratamiento de la angustia.

Pero “el complejo de castración inconsciente” es cuestionado por Lacan ya que conlleva “una antinomia interna por la asunción del hombre (Mensch) de su sexo: ¿por qué no debe asumir sus atributos sino a través de una amenaza, incluso bajo el aspecto de una privación?”[6]. Además, subraya que los hechos clínicos “demuestran una relación del sujeto al falo que se establece independientemente de la diferencia anatómica de los sexos”[7]. Es el punto de partida de otra lógica de la sexuación que aquella del complejo de castración y de esas “secuelas que resultan en el complejo de castración en el inconsciente masculino, del Penisneid en el inconsciente de la mujer.”[8]

Cuando el pequeño Hans descubre que podría perder su pene, aquel que lo creía “enraizado”, le es necesario encontrar una solución a su angustia que suscita la eclosión de una fobia, o sea “el miedo a ser mordido en la calle por un caballo”[9]. Se observa en el caso de Hans que el tratamiento del síntoma bajo el ángulo del complejo de castración no aportó sino una solución parcial, lo que Hans en sí ha dejado entender por sus ataduras pulsionales. No obstante, su relación al objeto a no fue captada sino al margen, ya que su solución edipiana satisfizo a Freud: “Todo termina bien. El pequeño Edipo ha encontrado una solución más feliz que la prescrita por el destino. En lugar de eliminar a su padre, le concede la misma dicha que ansía para sí.”[10]

De golpe, pasó a segundo plano la dimensión del no-sentido de la fobia a partir de los equívocos de lalengua: “por causa del caballo, quiz cogí la tontería”[11]. En sus juegos, los niños gritaban: “Wägen dem pferd”, “carrozas de caballo”, y Hans escuchaba: “¡Es por causa del caballo!”, del hecho que la homofonía entre Wägen que significa “carros” y wegen que significa “a causa de”. Tal como lo subraya Lacan, “La hiancia de la situación de Hans está completamente vinculada a esta transferencia de peso gramatical.”[12]

Sin embargo, esa solución edipiana deja al padre y al hijo insatisfechos, tal como lo testimonia la carta enviada por el padre a Freud un mes después del final del tratamiento[13]. Ahí menciona que su hijo no está verdaderamente curado, y, entre otras cosas, que confunde aún los vocablos schiessen y scheissen, que significan “disparar con una pistola” y “cagar”[14]. Este equívoco indica el apoyo tomado por Hans en el objeto anal para expresar una agresividad inconsciente y para nutrir un fantasma que parece haber tenido sido más importante para él que la salida inconsciente destacada por Freud: “En Gmunden, […] me he arrodillado y entonces los niños no espiaban, y de pronto a la mañana temprano yo he dicho: ¡Busquen, niños, ayer he puesto un huevo! Y de pronto miraron y de pronto han visto un huevo y de allí salió un pequeño Hans”[15]. Después relata: “Siempre están mis hijos conmigo en la cama”[16]. La norma edípica no cuela ahí, el complejo de Edipo es “un sueño de Freud.”[17]

Esto se confirma cuando su padre le pregunta: “Cuando estás sentado en la bacenilla y ha venido un Lumpf , ¿has pensado que tenías un hijo?”: “Sí”, responde Hans, riendo[18]. No solamente “en Hans, las funciones excrementicias están cargadas de placer”[19], pero sobre todo responde a la pregunta: “¿De dónde vienen los niños?”, trazando “la teoría de nacimiento por el intestino” que Freud había notado como la segunda teoría sexual infantil. Ahí esta su goce, ahí esta su solución. Es entusiasta, pide que se le escriba al Profesor: “Esta mañana, he ido con todos mis hijos al inodoro. Primero, hecho Lumpf y pipí y ellos han mirado. Luego los senté en el inodoro y ellos han hecho pipí y Lumpf y yo les he limpiado el trasero con papel. ¿Sabes por qué? Porque me gusta tanto tanto tener hijos”[20]. Y para él, podemos suponer, en relación con la tercera teoría sexual infantil, que “la comunidad [para tener un hijo] proporcionada por las funciones de la micción o de la defecación”[21]. Entonces, a él le gustaba “mirar a su madre hacer pipí o Lumpf, [y para él] “los bebés son Lumpf.[22]

Todo niño está en una relación prevalente con los objetos de goce ligados a las zonas erógenas, la singularidad de la sexuación en Hans se apoya en el vivo interés acordado al objeto anal. En consecuencia, para tratar el goce en exceso, si el complejo de castración es siempre útil, la relación del sujeto al objeto a es fundamental y se juega bajo el modo de la separación. Es lo que Hans enuncia, pero no puede tratar en su cura.

Lacan se esmera en distinguir en su Seminario X, La angustia las cinco modalidades según las cuales se juega la vida sexual del niño, en relación con los objetos pulsionales que propone llamar objetos a, se que se inserte, luego caiga en la relación del sujeto al Otro.

En la relación con el objeto oral, el niño manifiesta su “necesidad del Otro”. Al nivel “del objeto anal, tienen la demanda en el Otro”[23]. El falo, el pivote de lo sexual en el ser humano, se manifiesta en lo real, “¿Qué es eso?”[24]. “En el piso escópico, que es precisamente el del fantasma, nos enfrentamos a la potencia en el Otro, que es el espejismo de todo deseo humano”[25]. Al nivel de la voz, “ahí es donde debe emerger, en una forma pura, el deseo en el Otro.”[26]

Así como J.-A. Miller nos permite leer “El Seminario de La angustia logra a la vez la disyunción del Edipo y de la castración, la generalización de la castración bajo las especies de la separación”[27] que a la vez “destituye la castración de su función final, el falo de su primado, y al mismo tiempo abre al catálogo de los objetos a minúscula.”[28]


* H. Deltombe. Du complexe de castration au concept de séparation. [En línea] : https://institut-enfant.fr/zappeur-jie6/du-complexe-de-castration-au-concept-de-separation/?fbclid=IwAR0otv9ZrO83OTex-OFVuIWv2nst6U31V4P4hA3YHQrjlkSPHlCwuHcVFW8

Traducción por Patricio Moreno Parra.

[1] J. Lacan. El Seminario, libro X, La angustia. Buenos Aires: Paidós, 2016, p. 89.

[2] J. Lacan. El Seminario, libro V, Las formaciones del inconsciente. Buenos Aires: Paidós, 2016, p. 198.

[3] Ibíd., p. 192.

[4] Ibíd., p. 200.

[5] Ibíd., p. 201.

[6] J. Lacan. “La significación del falo”, in Escritos 2. México: Siglo XXI, 2009, p. 653.

[7] Ibíd., p. 654.

[8] Ibíd., p. 653.

[9] S. Freud. “Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans), in Obras completas, t. X. Buenos Aires: Amorrortu, 2013, p. 24.

[10] Ibíd., p. 80.

[11] Ibid., p. 50.

[12] J. Lacan. El Seminario, libro IV, La relación de objeto. Buenos Aires: Paidós. 2016, p. 317.

[13] S. Freud. “Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans), op. cit.

[14] Ibid., p. 82.

[15] S. Freud. “Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans), op. cit., p. 72.

[16] Ibid., p. 77.

[17] J. Lacan. El Seminario, libro XVII, El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 2016, p. 124.

[18] S. Freud. “Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans), op. cit., p. 79.

[19] Ibíd., p.107.

[20] Idíd., p. 81.

[21] S. Freud. “Tres ensayos acerca de la teoría sexual”, in Obras completas, t. VII. Buenos Aires: Amorrortu, 2003, 178.

[22] S. Freud. “Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans), op. cit., p. 58.

[23] J. Lacan. El Seminario, libro X, La angustia. Buenos Aires: Paidós, 2016, p. 314.

[24] J. Lacan. “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, in Intervenciones y textos 2. Buenos Aires: Manantial, 1988.

[25] J. Lacan. El Seminario, libro X, La angustia, op. cit., p. 315.

[26] Ídem.

[27] J.-A. Miller. La angustia. Introducción a la lectura del Seminario X de Jacques Lacan.  Madrid: Gredos, 2013.

[28] Ídem.

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