El Género No Ex-siste – por Hélène Bonnaud – 2020-07-20

EL GÉNERO NO ES EX-SISTE

por Héléne Bonnaud

2020-07-20


Tener un cuerpo es particularmente ansiógeno en la adolescencia. De hecho, las transformaciones asociadas con la pubertad conllevan una verdadera conmoción en la imagen del cuerpo. El cuerpo se sexualiza –uno se convierte en un hombre o en mujer- y eso se nota. Lacan, en su conferencia sobre el síntoma en Ginebra en 1975, dijo que “el hombre es capturado por la imagen de su cuerpo. Este punto explica muchas cosas, y en primer lugar el privilegio que esta imagen tiene para él.”[1]

Este fenómeno se exacerba en el momento de la adolescencia cuando la imagen del cuerpo ya no se sostiene por la mirada amorosa de los padres. A los cambios en la imagen también corresponden cambios internos producidos por el empuje hormonal, que pueden conducir a fenómenos de preocupación, extrañeza, incluso angustia o, por el contrario, entusiasmo, alegría, victoria. Por lo tanto, el cuerpo es el lugar de estas transformaciones que tienen un impacto directo en el sujeto.

La sexualidad se inserta en este cuerpo. El adolescente se enfrenta entonces a la dimensión sexuada de lo que era de niño y que se marcó en modo binario, niña o niño. Esta determinación, que a menudo se imagina que es irreversible, adquiere entonces una nueva significación. Lo real del sexo confronta a cada uno a compaginarse con su sexo biológico, o bien a aceptarlo bajo ciertas condiciones de disfrute, o incluso a huir de su atribución y querer otro, o bien ninguno. Las identificaciones que circulaban desde la edad temprana son desgarradas, el goce masturbatorio se enciende y a veces provoca culpa y miedo de ser castigado por el Otro. Para Lacan, contrariamente a Freud, la anatomía no da la respuesta a la cuestión del sexo. Se trata de una elección del sujeto. Entre el lado hombre y el lado mujer, los sujetos tienen una elección, dice en Aún. Y más tarde lo dirá con más fuerza: “El ser sexual sólo se autoriza de sí mismo […] y algunos otros.”[2]

Un cuerpo se goza

Tener la elección de inscribirse del lado hombre o del lado mujer, señala que la anatomía no es determinante o al menos no lo suficiente para tener certitud en cuanto al sexo. De hecho, hay muchas maneras de situarse entre estas dos circunstancias. Hoy en día, esto da una gama mucho más amplia donde los nuevos significantes intentan nombrar cómo el goce viste el ser sexuado de algunos. La lucha de las personas trans para hacer reconocer el error que sienten en lo que concierne su sexo biológico da una idea de ello. También pienso en el género neutro que hace mucho hablar de él. Así, los adolescentes se confrontan a estos nuevos significantes y a nuevas formas de identidades sexuadas que los cuestionan, y a veces los confunden. Y estos nuevos significantes recubren los goces que evocan la noción de que “se goza de un cuerpo”[3],   según la fórmula de Lacan, a la que añade una condición: “No se goza sino corporeizándolo de manera significante.”[4] Esta condición indica que el cuerpo está afectado por la palabra, que incluso es un prisionero de los significantes que le dan su consistencia.

Esto sólo hace que los adolescentes sean más sensibles a los discursos tales como el del movimiento LGBT, que ofrece un lugar de reivindicación y de reconocimiento de toda singularidad que puede seducir y llamar a algunos a alojar ahí su incertidumbre subjetiva sobre su preferencia sexual, o su asignación de género. Estas preguntas a menudo molestas planteadas por los adolescentes, confrontados a los discursos que fundan otras elecciones distintas de las que corresponden a la identificación con el progenitor del mismo sexo, forman un real sexual múltiple y desconocido. Un real que los nuevos discursos quieren identificar y hacer posible, permisible, normal, y agreguemos, sensato.

El género, ¿una herejía?

La diferencia de los sexos no se establece a partir de la biología, sino que permanece como una elección del sujeto. Puede haber toda una gama de posibilidades que Lacan llamó “la noción de una pareja de color”[5] que afirma que “en el sexo, no hay nada más que el ser del color, lo que sugiere que puede haber una mujer color de hombre, u hombre color de mujer.”[6] El tinte no tiene sentido, dice Lacan, lo que abre todas las posibilidades. Pero a estas identificaciones recién propuestas en el discurso, hace eco del hecho de que la sexualidad siempre es traumática, y en esto, los comienzos de su implementación son de gran importancia para los seres que hablan. El adolescente debe afrontar este real del sexo, un momento particularmente determinante, a veces resolutivo, a veces, por el contrario, insoportable. Por lo tanto, me siento tentada a escribir que hoy en día, la cuestión del género es anticuada porque no hay género o más precisamente, el género, no ex-siste …


*Bonnaud, H., Le genre, ça n’existe pas. En línea : https://institut-enfant.fr/zappeur-jie6/le-genre-ca-nex-siste-pas/

Traducción por Patricio Moreno Parra.

[1] Lacan J., “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, in Intervenciones y textos 2. Buenos Aires: Manantial, 1988.

[2] Lacan. J., El Seminario, libro XXI, “Non-dupes errènt”. Lección del 9 de abril de 1974. Inédito.

[3] Lacan J., El Seminario, libro XX, Aún. Buenos Aires: Paidós, 2012.

[4] Ibíd, p. 32.

[5] Lacan J., El Seminario, libro XXIII, El Sinthome. Buenos Aires: 2012, p. 114.

[6] Ídem.

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