El Otro que no existe y sus comités científicos – Por Éric Laurent – 2020-03-19

El Otro que no existe y sus comités científicos[1]

Por Éric Laurent

2020-03-19


La epidemia y sus comités

Lo sorprendente de esta epidemia mundial es que todos los gobiernos, dictaduras, democracias ilegales o no, populismos de todos los géneros tipo y especies, son llevados a tomar medidas drásticas de gestión de la población. ¿Cómo justificarlos? Los autócratas puros, efectivos o soñados, se apoyan solo en sí mismos. Bolsonaro hace armas de honor y Putin declara que Rusia está bajo control. Para otros, el recurso a los comités científicos que asesoran al gobierno se afirma como una necesidad en un ambiente incierto.

Si tomamos los casos inglés y francés, notemos que este mismo recurso citado da lugar a medidas muy diferentes. Un punto debe enfatizarse desde el principio: a pesar de aparentes divergencias masivas de estas medidas, ellas se basan en los mismos estudios. Es por ende es mucho más fácil constatar que, según Darwin, los epidemiólogos ingleses tienen un prestigio y una autoridad mundialmente reconocida. Una larga cadena de transmisión ha permitido a los biólogos evolutivos ingleses contribuir mayoritariamente a la “nueva síntesis” combinando la genética mendeliana y la selección natural darwiniana en un modelo matemático de la genética de las poblaciones. Desde Ronald Aylmer Fisher hasta Richard Dawkins y John Maynard Smith, Oxford y Cambridge produjeron un linaje impecable de biólogos y epidemiólogos evolucionistas. Volveremos sobre la eventual rareza de las opiniones sostenidas por estos académicos, porque ser biólogo es un trabajo arriesgado. Predispone a generalizaciones acerca de la especie que en ocasiones pueden parecer extrañas, y aun peligrosas.

Esta vez no es de Oxbridge que proviene la voz de la autoridad, sino del Imperial College de Londres. El 16 de marzo, el equipo de Neil Ferguson entregó, en tiempo récord, un informe y un modelo de diferentes escenarios posibles, tanto al gobierno inglés como al francés. Este informe fue retomado por el comité de diez expertos franceses como ejemplo, porque vino de tanto de una fuente prestigiosa como porque se atrevió a presentar perspectivas peligrosas.

La inmunidad colectiva y el acordeón de Ferguson

El equipo del Imperial College puso en números lo real de la epidemia a partir de de dos opciones y cinco acciones posibles para frenar el virus. “Estas dos opciones son calificadas de “mitigation” (mitigación) y “supression” (supresión/contención), jugando con cinco tipos de acción: aislamiento de casos confirmados en el hogar; poner en cuarentena a sus familias; distanciamiento social de las personas mayores de 70 años; distanciamiento extendido al conjunto de la población; cierre de escuelas y universidades».[2]

La primera opción, la mitigación, no tiene como objetivo detener el virus, sino que quiere controlarlo mediante acciones extraídas entre las cinco posibles, al menos, con el fin de obtener una inmunidad de la población lo más rápido posible, lo que lleva a una disminución del número de casos cuando se alcanza la protección colectiva grupal, “immunity herd” en inglés. El concepto es brutal en su idioma original: herd es el rebaño. Es el por qué las traducciones generalmente eufemizan el concepto. Hablar de inmunidad grupal o inmunidad colectiva es más humano.

“La segunda opción, la contención, tiene como objetivo garantizar que un individuo determinado transmita el virus a menos de una persona, lo que lleva a la extinción de la epidemia. Esta estrategia aplicada por China de manera autoritaria exige medidas más radicales que van hasta el confinamiento de toda la población. Pero después de cinco meses de un régimen así, la epidemia podría estallar en caso de interrupción de estas medidas.” En efecto, cual sea la solución elegida, lo que queda por obtener, nos guste o no, es el herd immunity de la población frente a un virus donde hay mucho que aprender.

Si se la deja infectar mucho o si se la contiene mucho no es una cuestión absoluta de principios, es una cuestión pragmática para el equipo del Imperial College. La base fundamental del cálculo debe ser el recurso a las camas de reanimación de los que disponen todos los sistemas de salud. El concepto de “cama” involucra tanto al objeto como al personal necesario para hacerla funcionar. Y se necesita mucha gente.

Por eso, en un primer momento, el 15 de marzo, Boris Johnson, flanqueado por su asesor científico al mando (Chief scientific advisor), Patrick Vallance, y su Chief medical officer, dijo: “No es posible evitar que todos contraigan el virus. Y tampoco deseable, porque la población debe adquirir una cierta inmunidad”.[3]

            La aplicación del concepto de herd community, que viene de la teoría de las vacunas, a una situación donde no la hay, ha causado gran impacto. P. Vallance es el antiguo jefe de la investigación y del desarrollo de GlaxoSmithKline. Su adhesión a la lógica del mercado es evidente. Y una declaración así, en el límite del laisser faire está ciertamente inspirada por el consejero de Brexit, Dominic Cummings. Así, las autoridades dejaron correr la semi-maratón de Bath, ya que, según su razonamiento, son gente joven y en forma, si se infectan, aumentarán la inmunidad y habrá pocos casos graves entre ellos.

            Pero muy rápidamente, las cifras se vuelven implacables. Para la inmunidad, es necesario que 60% de la población sea infectada, es decir 40 millones de británicos. Como actualmente 5% de los casos son considerados como graves, eso quiere decir 2 millones de casos graves, en un lapso de tiempo probablemente bastante corto, lo que hay que relacionar con un número de camas de reanimación similar a aquel de Francia, en función de la movilización, entre 5000 y 7000 camas.

            El jefe de redacción de la más prestigiosa revista médica del mundo, The Lancet, twitteó: “Matt Hancock [ministro de salud] y Boris Johnson afirman que siguen la ciencia. Pero eso no es verdad […] El gobierno juega a la ruleta con el público”[4]. Los llamados neo-churchilleanos de Boris Johnson para preparar a la población para perder seres amados obviamente no han tranquilizado a nadie.

             Más razonablemente y menos neoliberalmente, el equipo de Ferguson ha indicado un camino, que sin embargo es asombroso por las restricciones que impondrá y por la reinvención en todos los modos de proceder. La única forma razonable sería hacer períodos alternos de contención completa y períodos de disminución de restricción en correlación con el número de camas de reanimación ocupadas en los hospitales. Cuando la contención completa haya liberado suficientes camas, será necesario aflojar las restricciones para que otra parte de la población se infecte, hasta que se alcance la inmunidad de grupo suficiente En los modelos de Ferguson, se requerirían restricciones máximas entre un tercio y la mitad del tiempo, durante 18 meses, hasta que se pueda administrar una vacuna y sea masivamente distribuida. “Estas conclusiones alarmantes hacen eco del trabajo del laboratorio Inserm-Sorbonne de la Universidad Epix-Lab dirigido por Vittoria Colizza (Inserm, Sorbonne-Université), que muestra la eficacia y los límites del cierre de escuelas y del desarrollo del teletrabajo”[5]. Llevará mucho tiempo. Básicamente, nadie dice lo contrario. Viviremos de acuerdo con las limitaciones, hasta que llegue la vacuna.

Los números y lo imposible de soportar

Durante la primera sesión del curso de Jacques-Alain Miller titulado “El Otro que no existe y sus comités de ética” -curso en el que participé -, fue llevado a articular un cierto impase del discurso de la ciencia que ya no podía calmar las ansiedades del sujeto de la civilización contemporánea, inmerso en el sentimiento de que todo es semblante. Este sujeto es confrontado al Otro “en su ruina”[6]. En nuestra civilización, sabemos “explícitamente, implícitamente, al ignorarlo, inconscientemente, pero [sabemos] que el Otro no es más que un semblante”[7]. El término semblante se toma aquí en su sentido más amplio. Incluye cálculo.

Vivimos en el imperio de los semblantes[8]. Con estas palabras, Lacan volvió a poner bajos sus pies el ensayo de Roland Barthes, L’Empire des signes [El Imperio de los signos]. Fue una oportunidad para destacar cuán similar Japón le parecía a Europa, eminentemente insertado en la civilización de la ciencia “la única comunicación que tuve allí […], es también la única que allí, como en cualquier otro lado, puede ser comunicación, por no ser diálogo: a saber, la comunicación científica”[9]. El imperio de los semblantes no es solo uno de los nombres de Japón, es uno de los nombres de nuestra civilización que se revela.

Es a partir de la inexistencia del Otro que garantizaría el real de la ciencia que surge otro real para el sujeto que vive en el lenguaje. Es aquel de la angustia, de la esperanza, del amor, del odio, de la locura y de la debilidad mental. Todos estos afectos y pasiones estarán allí a la orden del día para nuestra confrontación con el virus; ellos acompañan como una sombra las “evidencias” científicas. Como J.-A. Miller señaló muy bien: “La inexistencia del Otro no es antinómica de lo real, sino correlativa. […] Es […] lo real propio del inconsciente, o por lo menos de ese real que, según Lacan, el inconsciente testimonia, […] lo real cuando éste se revela en la clínica como lo imposible de soportar.”[10]

Lo imposible de soportar, son también estas elecciones insolubles que intentan pasar por encima de los comités de ética, porque ya ha habido y habrá problemas éticos importantes, ya sea a nivel de medicina como tal o a nivel personal. A nivel médico, un experto simplemente dice: “Lo que difiere hoy es que renunciaremos a la reanimación de personas que, en la práctica corriente, podrían haberse beneficiado del tratamiento y haber sobrevivido. La falta de recursos disponibles determina las elecciones, y no los criterios médicos habitualmente en vigor.”[11]

          A nivel personal, la manera en la que todos pueden interpretar las instrucciones terriblemente restrictivas que les son dadas introduce una variable de importancia en cualquier cálculo global. El impacto de las medidas tomadas en las democracias europeas puede ser suficiente, “pero eso depende mucho del comportamiento de la gente y de la manera cómo aplicarán estas consignas […] En un estado que no es totalitario, se trata de una cuestión de ética personal. Eso puede hacer que el modelo mienta de una forma u otra”[12]. Sin duda, en razón de estas incertidumbres éticas -que pasarán a primer plano en un segundo momento-, es a los comités científicos que los gobiernos europeos han recurrido.

Nuestro futuro de opresiones digitales

El confinamiento dio lugar a manifestaciones originales de solidaridad y a modos de proceder que subrayan el sentimiento renovado de hacer parte de una comunidad que no es solamente aquella de manada biológica, sino que inventa formas de hacer sociedad en conjunto, como los italianos que cantan en coro desde sus balcones o aplauden al personal de salud. En España, la irónica desviación irónica del pase derecho que permite pasear a los perros también testimonia la búsqueda de una buena forma de vivir en conjunto las restricciones insoportables que les caen encima.

          Pero estas limitaciones, ciertamente basadas en la ciencia, no alivian la angustia de cada uno acerca de lo que nos espera. Y debemos prepararnos para poder discutir juntos los méritos de los dispositivos intrusivos que se implementarán hasta el desarrollo de la vacuna, único y verdadero problema.

          En Dinamarca, el 12 de marzo, los diputados adoptaron una ley de excepción que permite a las autoridades el utilizar la coacción para examinar, tratar o aislar a una persona contaminada. La coacción más fuerte y más sutil a la vez será el uso de aplicaciones de seguimiento individual para regular las restricciones en su graduación y en su aplicación. Desde el 17 de marzo, basándose en los ejemplos de Israel y Singapur, el editor en jefe de MIT Technology Review predijo nuestro nuevo futuro digital: “En ultima instancia, sin embargo, pronostico que restauraremos nuestra capacidad de socializar en seguridad mediante el desarrollo de formas más sofisticadas de identificar quién está en riesgo de enfermedad y quién no la presenta, y podremos tomar medidas –legales- contra los que están en riesgo. Vemos las premisas de esto en las medidas que algunos países están tomando hoy en día. Israel va a utilizar los datos de ubicación de los teléfonos inteligentes que sus servicios de seguridad utilizan en la lucha antiterrorista para rastrear exactamente quién ha estado en contacto con portadores conocidos del virus. Singapur hace lo mismo y publica datos precisos sobre cada caso, dando nombres precisos.”[13]

          Mientras hacemos todo lo posible para ayudar a los hospitales y al personal de salud para enfrentar los imperativos de salud pública que los abruma, también será necesario, uno por uno, contribuir a dilucidar cómo las prácticas de restricciones colectivas a las que damos consentimiento deben ser elaboradas para hacerlas soportables. No solamente top-bottom [de arriba hacia abajo], sino también bottom-up [de abajo hacia arriba], mostrando buenos modales para responder a ellas. Eso supone una transparencia de los datos de salud y las políticas que se están desarrollando, más allá de los formidables esfuerzos de claridad del informe Ferguson.

………………………………………….

[1] É. Laurent. « L’Autre qui n’existe pas et ses comités scientifiques », in Lacan Quotidien, No 874. [En línea] : https://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2020/03/LQ-874.pdf. Último acceso: 19 de marzo del 2020. Traducción por Patricio Moreno Parra.

[2] Morin H., Benkimoun P. & Hecketsweiler C., «Covid-19: les scénarios décisifs de modélisateurs britanniques» / «Coronavirus: des modélisations montrent que l’endiguement du virus prendra plusieurs mois », Le Monde, 17 de marzo del 2020. Disponible aquí.

[3] Ducourtreux C., «“L’immunité collective”: stratégie risquée du Royaume-Uni pour lutter contre le coronavirus», Le Monde, 15 de marzo del 2020. Disponible aquí.

[4] Horton R., citado por ibíd.. Disponible aquí.

[5] Morin H., Benkimoun P. & Hecketsweiler C., «Coronavirus : des modélisations montrent que l’endiguement du virus prendra plusieurs mois », op. cit. & « Expected impact of school closure and telework to mitigate COVID-19 epidemic in France». Disponible aquí.

[6] J.-A. Miller. El Otro que no existe y sus comités de ética. Buenos Aires: Paidós, 2005, p. 10.

[7] Ibíd., p. 11.

[8] J. Lacan. “Lituratierra” (1971), in Otros Escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 28.

[9] Ibíd., pp. 13 y 15.

[10] Ibíd., p. 13.

[11]Hirsch E. (profesor de ética médica en la Universidad Paris-Saclay), «Covid-19: des choix éthiques redoutables attendent les équipes médicales », en el website de Figaro, 17 de marzo del 2020. Disponible aquí.

[12]Cauchemez S. (epidemiologista del Instituto Pasteur y creador de modelos en AP-HP), citado por Hecketsweiler C. & Pietralunga C., «Virus : les simulations alarmantes pour la France », Le Monde, 17 de marzo del 2020. Disponible aquí.

[13]Lichfield G., « We’re not going back to normal », MIT Technology Review, 17 de marzo del 2020. Disponible aquí.

2 comentarios en “El Otro que no existe y sus comités científicos – Por Éric Laurent – 2020-03-19

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