El Sujeto Autista y el Automatón de lo Escrito – por Éric Laurent – 2019-11-07

EL SUJETO AUTISTA Y EL AUTOMATON DE LO ESCRITO[1]

Por Éric Laurent

Universidad de Rennes 2, 2019-11-07


Para responder a la variedad de los temas que competen del espectro autista, hay la diversidad de lugares que los acogen, que son completamente atentos al baño de lenguaje en los que estos sujetos están sumergidos. La orientación de nuestro trabajo apunta a definir la posición de un terapeuta-partener atento a los múltiples aspectos que puede tomar el efecto mutativo de un encuentro nuevo con la lengua para estos sujetos. En esta perspectiva, en lugar de la búsqueda de un método ideal de acercamiento, se trata de presentar la variedad de resultados obtenidos en los contextos más variados, aun si todos presentan el trazo constante de sostener el esfuerzo de inscripción del sujeto en todas las dimensiones de la lengua, de la instancia de la letra y del tratamiento de los objetos fuera del cuerpo que son la mirada y la voz en la mayor variedad de contextos o de talleres posibles, al mismo tiempo manteniendo su aprendizaje.

La serie de máquinas en las que se han apoyado los sujetos autistas para construir su mundo es muy grande. Podemos tomar el aparato fotográfico del que se sirvió Garance para construir su relación al espacio que no se ve; el computador que le sirvió a Birger Sellin para su comunicación asistida; el logicial de reconocimiento Syri para Hugus; el juego Minecraft para muchos; al que prontamente viene a añadirse una adaptación de la red Google unida a un logicial de reconocimiento de caras y emociones afinado por un investigador de Standford que era al principio para su primo autista y que servía para el reconocimiento de emociones delante de su espejo. También, diversos robots neo-humanos o neo-animales que Myriam Chérel les presentó. Por lo tanto, no se trata de reducir a estos sujetos a niños-máquina y a creer que son computadoras puras. Estos sujetos tienen un cuerpo, y es ese cuerpo que se encuentra sumergido en un baño de lenguaje. Es el lenguaje que es la primera máquina a ser encontrada por esos cuerpos y en la que lo viviente debe encontrar cómo alojarse. Daniel Tammet situó muy bien con su cinestesia para decirnos que la experiencia con la que calcula, ninguna máquina de Turín podría experimentarla. Hay que interesarse en la utilización de estas máquinas como asistentes del sujeto sin por lo tanto reducir el sujeto-cuerpo a una máquina. Ya Jean-Claude Maleval, esta mañana, les presentó este punto de vista. Esto permite la consideración del encuentro del cuerpo con el lenguaje que deja huellas traumáticas para cada sujeto que nace al lenguaje, que hable o no, es eso que Lacan decía ser el verdadero traumatismo del nacimiento, y que toma para el sujeto autista valores particulares.

Abordando en esta perspectiva la variedad de usos que es posible hacer de los objetos numéricos para engrandecer el mundo del sujeto autista. Como aquella película, que parte de los testimonios de los esfuerzos de la familia de Ron Suskind para tratar el autismo de su hijo. Ron Suskind subrayaba la importancia de las máquinas para el desarrollo de nuevos usos del diálogo y de los dibujos de Disney. Y al principio, la única máquina que usaba –como lo vimos- era el magnetoscopio con sus cassettes -que ahora parecen “antidiluvios”, pero no hace tanto tiempo-. Era eso. Era el único instrumento para comenzar a hacer uso de la repetición para que su hijo Owen pueda apropiarse del diálogo para hacer de ello el punto de inicio de otras cosas.

Las máquinas ponen de relieve especialmente la multiplicidad de registros de lo que llamamos la letra, otro nombre de lo que funciona como Uno a través de lo que llamamos ‘hablar’, ‘leer’, ‘escribir’, ‘contar’, ‘representarse en una imagen’. Mencionemos allí también a Daniel Tamet, por supuesto, ya que su obra da testimonio de un amor particular de la materialidad de la letra a través de los números, los trazos, la escritura, las palabras, la vía poética. Sabe conmoverse a través de los efectos metafóricos que se acercan de manera inesperada a los dominios como Alan Khon es capaz de hacer de la metáfora el fundamento de las actividades matemáticas. Estos registros, estas facultades que son cantar, hablar, escribir, dibujar, escuchar música, se dan en la manera en que cada uno de las apropia a su manera y de manera heterogénea en tanto que escritura, cifra, fijación de la palabra, imagen discontinua o utilización de la música y de la melodía. Niños completamente mudos pueden escribir enormemente sobre muchas cosas –ciertas ilegibles, otras no-; otros niños no se sitúan ni del lado del hablar ni del lado de escribir, sino que cantan; otros más bien cuentan únicamente. Un sujeto puede así decir: “He olvidado todo. Solo sé que sé contar.”

            Los diferentes objetos numéricos permiten poner de relieve la articulación de esos diferentes registros en su heterogeneidad y, al mismo tiempo, lo que tienen en común: la posibilidad de la repetición. Los teclados permiten sobreponerse a las dificultades de la motricidad fina, lo que supone una relación al cuerpo, a su imagen –particularmente eficaz de la que todos los sujetos no pueden beneficiarse del todo. En la conexión del sujeto autista al otro, sabemos bien el rol que Birger Sellin daba a las computadoras o el dispositivo de comunicación facilitada inventado por Rose Marie Roselette del cual Jean-Claude Maleval presentó en su libro El autista, su doble y sus objetos.

            También vimos cómo se servía de ellos Ron Suskind pero, en esa repetición, ¿se trata de un juego de roles o se trata de un modo de tratamiento de la voz del Otro? La pregunta se plantea desde los fenómenos de ecolalia de los cuales pudimos mostrar el lugar y la función activa mientras que durante mucho tiempo se los trató como un estricto fenómeno de repetición pasiva. La pregunta se plantea a partir de otros ejemplos de utilización de la voz como aquel de Owen; aquel de Tom, quien llega a una escuela especializada a los 7 años y no soporta la clase, juega solo repitiendo frases de dibujos animados. Son frases descontextualizadas, fuera de sentido que le atravesaban. Los padres se preocupaban al verlo obnubilado por dibujos animados y por esa repetición de frases y de canciones. Al contrario, la escuela que lo acogía -la escuela era Le Courtil-, le dio su lugar y el primer encuentro con Tom fue un estallido: abre cajas, lanza cosas por el suelo, rompe los anteojos de su terapeuta, enciende y apaga la luz y se queda fijado en un halógeno equipado con dos lentes. Uno la utiliza para mirar su reflejo –como espejo- y con el otro hace un micrófono –la voz. Canta y le pide al terapeuta cantar con él. En ese estallido de los circuitos de la voz y la mirada que no son puestos en forma por una imagen estable del cuerpo, Tom introduce poco a poco un ritmo. Entonces, golpea al radiador al mismo tiempo que hace todo eso, y todo su cuerpo se pone en movimiento. Él se lanza al suelo y se esconde bajo la mesa, moviendo su cuerpo con los que golpea los cubiertos, con una boca llena de aullidos. Utiliza frases como rituales, dice “Gracias, gracias. Chao” a los objetos que le sirvieron durante la hora de sesión; y “Gracias, gracias, Justine” a la terapeuta que le responde “Gracias, gracias, Tom”, y se dan un saludo de manos de manera muy ritualizada para separarse.

En el curso del desarrollo de las sesiones, ahí donde estaba el grito y la boca con aullidos, vienen primeramente pizcas de historias siempre llevadas a un halo catastrófico. Por ejemplo, grita: “¡Ahí vienen! ¡Apúrense! ¡Mamá! ¡Mamá!”. A lo que responden: “¿Puedo ayudarte Tom?”, “No, no. Sobre todo, no miren a ese arrinconado en el inmueble. Abran la ventana para que pueda entrar Rayo McQueen y los otros carros”. Poco a poco entonces se introducen oposiciones significantes en sus calamidades que lo invaden y las cosas toman un tinte de oposición como izquierda-derecha, día-noche, caliente-frío que son trabajadas en los talleres de aprendizaje. Poco a poco, Tom soporta estar en clase. Participa en taller de canto que desemboca en el fin de año en un espectáculo en la que seduce a la sala por su performance. Tiene una manera particular de incluirse en el lenguaje. Su manera de incluirse es primeramente la angustia de exclusión. Por ejemplo, se sitúa delante de su educador y le dice: “Estás despedido” y luego regresa a disculparse. Con una institutriz invierte los papeles preguntándole qué es lo que ella quiere cantar y ella le pide que cuente –como lo hace Tom con ella-. Y es así, distribuyendo roles, que llegará a incluirse en el sistema de aprendizaje de los números y de lo contable. Encontrando un enganchamiento en la voz y el cuerpo de la terapeuta, Tom pudo poner a distancia la explosión que lo amenazaba en el caos de los equívocos en los diferentes registros pulsionales de goce que poco a poco van a organizarse. El caso de Tom fue presentado por Justine Jounus en una jornada de trabajo que tuvo lugar en Bruselas en el 2015 y publicada en la revista Quarto # 111.

Entonces, después del tratamiento de la voz que permite poco a poco el organizar los intercambios y transformar poco a poco una elaboración que va a permitir luego un uso conversacional del lenguaje. Después del tratamiento de la voz, vengamos al tratamiento de la mirada del Otro por la restructuración del espacio de la visión, y en particular por la organización del pasaje de la representación de dos dimensiones a tres dimensiones. Este pasaje supone la circulación del sujeto en un espacio topológicamente deformable. El sujeto afecto por el encuentro con una lengua -sea hablada, escrita o numérica-, es sumergido en un espacio topológico que no es aquel de la geometría euclidiana, que no es aquel del espejo plano. Es un espacio que no se conecta fácilmente con el cuerpo. Los esfuerzos del sujeto para hacer esa conexión de estos espacios dan cuenta de su importancia. Podemos partir, una vez más, de Affinity Therapy ya que tenemos el pasaje de los dibujos animados que sitúan dos dimensiones. Y Owen, al principio, se pegaba contra pantalla de la televisión o de media vuelta dándole la espalda. La alteridad de la pantalla y de su cuerpo.

Otro ejemplo. Un chico con autismo, Jules, tenía una pasión para buscar en Google Earth y Google Maps para visualizar los lugares en donde había vivido, así como su domicilio actual. Hace también búsquedas acerca de las pantallas como tales. Pone en serie las pantallas de cristal-líquido, el tamaño de las pantallas táctiles, las imágenes de las pantallas rotas -que adora-, y luego hace investigaciones de las 3D: las impresoras 3D, las pantallas 3D, las tablets 3D, las películas 3D y dice “Me gusta mucho lo 3D porque no se ve el extremo”. Su interés por lo 3D es también por el 3: el carro Citroën C3, el triángulo, y a un profesor que le gusta mucho le dice: “Tú tienes cabeza de triángulo”. También hay los triángulos que se mueven, porque hasta la edad de 8 años no podía dejar su biberón. Ustedes saben que hay biberones que tienen forma de triángulo y los padres de familia conocen muy bien eso. Hay una preferencia de algunos niños que les gustan los biberones circulares y otros triangulares, por su fácil aprehensión. Entonces, el padre cuenta en la institución que el biberón triangular era su obsesión, que no lo quería dejar en ese momento. La búsqueda en la computadora se termina invariablemente casi con un puñetazo en la pantalla. “¡Boom! ¿Por qué no podemos romper el computador? ¿Está prohibido romperlo? ¿Es una pequeña o gran travesura?”. Para Gilles, la tentativa de incluir su cuerpo en la pantalla no es simplemente pegarse a ella, sino atravesarla. En efecto, lo quiere hacer con el puñetazo. Por eso hay que poner, evidentemente, atención el tener computadores especialmente resistentes. Pero el puñetazo final viene para incluirse en el campo visual de su óptica con su cuerpo.

Con esta búsqueda 3D, tampoco cesa de proponer en los talleres la construcción de cartones a los que bautiza sistemáticamente como “3D”. Y para cada creación, dibuja planos muy complicados que compila en un cuaderno. Dibuja meticulosamente modelos según diferentes perspectivas: de frente, por detrás, de vista lateral. Y construye camiones monstruos que choca con pequeños carritos. Y entonces, este “chocar” tiene todo su valor agresivo, obviamente. Pero no hay que olvidar que, si bien es un modo agresivo, es un aplanamiento. Es un cambio de 3D a 2D. Eso hace parte del aplanamiento de la representación del objeto y del cuerpo. Poco a poco, alarga su inventario de construcciones en 3D y ejemplo, en un momento dado, hace una serie de cuerpos que llama “cuerpos-vaca”. Eran cuerpos con manchas de impresión características del pelaje de las vacas -hay que decir que esto lo anima mucho en ese momento. Los padres de Gilles se dieron cuenta que él estaba muy agitado al final de la comida, y relacionaron eso con el consumo de productos lácteos, los que suprimieron de su alimentación, ya que esto le excitaba mucho. Por esto, él mismo, en la institución, pasa el tiempo yendo a las refrigeradoras y saca todos los TetraPack de leche y los bota al suelo y los hace explotar, etc. De ahí la necesidad del taller de “cuerpo-vaca”, porque mientras más hace cuerpos-vaca en 2D y 3D y los aplasta, menos va a buscar la leche y no es necesario acompañarlo en esa actividad -digámosla algo invasora, y que necesita luego muchos cuidados paliativos-.

            La deformación del espacio le sirve también para orientarse en los equívocos del lenguaje. Durante todo el tiempo, estaba muy intrigado por el equívoco del vocablo “privado”, lo que quiere decir para él “guardarse para sí” o el “ser privado de algo”. Mediante esto, elabora durante este período donde se interroga enormemente haciendo listas y pregunta a todo quien que se encuentra: “¿Qué es estar privado? ¿Tú estás privado?”. Y al mismo tiempo, durante toda esa época, elabora un objeto, un hábitat particular: un helicóptero bicolor que tiene dos frentes, que él las pega juntas, y dice: “Lo vamos a llamar un helicóptero privado 3D”. entonces, vemos el logicial de Austin -que algunos de ustedes conocen. El escribió un muy buen libro cuyo título es ¿Cómo hacer cosas con palabras? How to do things with words?. Aquí, es lo contrario, se trata de hacer palabras, de darles un sentido privado, fabricando cosas. Es a partir de las cosas que fabricó que fabricó -él mismo- un uso conversacional de las palabras. Esta fábrica de cuerpos y de palabras incluye también imágenes de conexiones prestadas de los baratillos que son utilizados por los niños, y nos permiten comprender cómo los sujetos se pueden desplazar en el mundo de las palabras y las imágenes e interrogarse a partir de un uso privado de la lengua común.

Este modo de tratamiento de los circuitos de la mirada y la voz supone el encuentro del sujeto con autismo con una lalengua en el baño de lenguaje en el que está sumergido. Este encuentro es muy particular. Como Jean-Claude Maleval lo subrayó a través de trabajos muy precisos, este encuentro pasa poco por el balbuceo. Los estudios convergen para subrayar su escasez, así como de los modos de orientación social. La ausencia de balbuceos, la ausencia de equívocos lenguajeros encarnados está presente desde el principio. Y hay, al contrario, repetición de algunas palabras-cosa. De hecho, esto atestigua la presencia de un significante puro. El significante como tal, en efecto, es torpe. Se presenta solamente como puro ciframiento y cifra todo. Cifra todo de manera autoerótica. El balbuceo, en efecto, no es demanda al Otro. Este balbuceo autocentrado -más bien, el poco balbuceo que hay- se centra más bien en el goce solitario y a veces algunos autistas balbucean, pero cuando están solos. Este modo de surgimiento de la lengua no se dirige a alguien, sino que más bien deja huellas en el cuerpo, lo afecta. Este modo de afectación traduce la inscripción de la huella de goce sobre la superficie del cuerpo por el modo de repetición en sí. Si los niños autistas no se articulan a la función de la palabra, no obstante, no son insensibles a la instancia de la letra ya que sujetos que presentan un retraso en la adquisición de lenguaje hablado son perfectamente capaces de escribir. De manera muy ejemplar, Berger Sellin había escrito a otro autista: “Deseo, como tú, investir mi instrumento vocal en el lenguaje, pero tengo un cuerpo muy alejado del lenguaje”. Y eso lo escribió. La expresión brutal “investir mis instrumentos bucales” reenvía a un punto que Lacan detalle desde el inicio de su enseñanza: “El Otro y la voz no se articulan en ningún sensorium particular. Se articulan en el cuerpo como tal”, que retoma algo del seminario I, Lacan dice: “Hay otras vías más allá de la vocal para recibir el lenguaje. El lenguaje no es vocalización, por ejemplo, los sordos.” Ya había utilizado el ejemplo del lenguaje de los sordomudos en el seminario III al hablar de la voz:

“Es todavía más simple si pensamos en el sordomudo, quien es capaz de recibir un discurso a través de signos visuales realizados con los dedos, según el alfabeto sordomudo […]Lo que registra, saber, la sucesión de signos, su oposición sin la cual no hay sucesión, ¿podemos decir en sentido estricto que la ve?”[2]

Igualmente, en su primer seminario, gracias a San Agustín, Lacan había cortado el lazo entre el sensorium de la voz y el intercambio de signos, ahí cuestiona el tema de la percepción propiamente hablando, de lo que se percibe y también la repetición, que está en juego en la sucesión de los signos presentados más allá del sensorium concernido. “Lo que se percibe más allá de todo sensorium es la oposición”, dice la primera enseñanza de Lacan. Podríamos completarla con el último Lacan, diciendo que se trata de la repetición como tal. Y de ahí, Laurent Montaron, un investigador canadiense que detesta el psicoanálisis pero que dice cosas muy serias sobre el tema del autista, dice: “Mientras que puede estar muy atrasado con el lenguaje oral, el sujeto autista puede estar muy avanzado para el código escrito”. En definitiva, este investigador comparte el punto de vista de orientación lacaniana, “el lenguaje no está hecho para comunicar” -dice Lacan.

“El lenguaje inscrito de experiencias de goce repetitivas, las huellas del impacto del lenguaje en el cuerpo pueden estar conectadas a lo fonético o no. Y el hecho de que no esté conectado a la fonética, no obstante, están inscritos en el cuerpo en lugares extraños que definen una topología particular de la voz. La voz puede estar en el interior del cuerpo, vivida también como un exterior, un fuera-del-cuerpo imaginariamente localizada en un órgano externo, una voz artificial, un instrumento musical, micrófono, títere, doble, objetos diversos que pueden ser convocados para ese fin”.

El rechazo del uso de la lengua común hablada y la relación privilegiada al escrito se acompañan de la existencia de un lenguaje privado, elucubración de saber escrito sobre la lengua común, perfecta para comunicar. Valerie Gay-Courajoud se interesó especialmente en las producciones de su hijo Théo, quien a los 3 años y medio inventó una lengua neológica que su entorno logró comprender. Sus prójimos se pusieron a hablarle con esta lengua. Pero, cuenta su madre: “Rechazó que utilizáramos su lenguaje, debíamos continuar hablándole como siempre, pero él respondía con su lenguaje reinventado”. Su lenguaje trata de pasar por encima de los equívocos de la lengua común. Es una tentativa de asignar designaciones de manera lo más unívoca posible. De ahí, el ejemplo de la lengua inventada por Daniel Tammet responde a la misma voluntad de extracción de un lenguaje unívoco a partir del impacto de la lengua en el cuerpo. En la primera infancia, él adopta el lenguaje de los números, pero también creó una lengua en sí. Su lenguaje de números, como tiene una percepción cinestésica de cada uno de estos, los números se le aparecen como u montón de formas, colores, olores, texturas y cada elemento de los números desemboca en un lenguaje por una combinación inédita de formas e invenciones que hacen del número un objeto complejo equívoco, desde el punto de vista de su referencia. Como en el caso del número 1, dice: “Un blanco brillante y resplandeciente, como alguien que dirige el haz de una antorcha directamente en mis ojos”. Vemos el 1 que está ligado a esta intrusión de la lámpara que busca los ojos y apunta hacia ellos.

            Esta lengua privada está cargada de un goce excepcional y le procura emociones intensas. “Esta dimensión estética de mi cinestesia tiene un mal lado entre un frisón de excitación y de placer y, por otra parte, todo lo que me pone mal”. No son con exactitud afectos, pero ciertamente acontecimientos de cuerpo que se producen. En su otra lengua privada, el Mänti, encontramos la misma intención de eliminar el equívoco, lo que llamaba “el discordante de la lengua común” para encontrar un referente preciso. Y lo dice: “El Mänti me permitió encontrar palabras para expresar mis vivencias particulares. A veces, cuando sentía una emoción particularmente fuerte, o cuando tenía la experiencia de algo extremadamente bello, un nuevo vocablo se formaba espontáneamente en mí, y yo no sabía exactamente de dónde podía venir”. Es muy importante, la no-localización del lugar del Otro, de ahí la necesidad de una búsqueda de localización. “No sabía de dónde podía venir. Al contrario, a menudo me parecía que la lengua de mis camaradas era repugnante y discordante”. Esta operación original de nominación se revelaba para Daniel Tammet tan eficaz como lo quería obtener los anteojos Google para ayudar al sujeto autista para nombrar emociones, pero sin el logicial y las etiquetas de la emoción. Revela que el etiquetamiento involuntario es hecho por la máquina fundamental que está en nosotros y que es el lenguaje, que no sabemos de dónde viene”. Esa lengua privada se revela como algo exacto. Tammet dice: “Continué soñando con el día en el que hablaré una lengua completamente mía y que ésta expresará exactamente algo de mí mismo”.

Por otro lado, es una elucubración de saber muy particular. Dice, por ejemplo: “Trato de inventar un Mänti de palabras que establezcan otros lazos entre las cosas. Por ejemplo, Jamad’am y Jem’fumi que es un insecto que muere, etc.” En su última conferencia en Rennes en el 2018, Daniel Tammet declaró que ya no tenía necesidad de pasar por su lengua inventada. Ahora se había vuelto escritor y había forjado su lengua propia en sus libros. En este sentido, lejos de ser una barrera autística para la comunicación -como algunos dicen-, el lenguaje privado hace, más bien, de borde transitorio hasta que pierde su especificidad. Karim Nazer, otro sujeto Asperge, da cuenta de la facilidad que tiene de aprender lenguas que tienen reputación de ser difíciles por el hecho de que en éstas, en las que hay tantas reglas y estructuras, se elimina el equívoco -que plantea problema a los autistas. Entonces, mientras más complicada, es mejor. Y añade: “Un sentido, un vocablo, sería lo ideal”.

Podemos oponer a la construcción de un lenguaje privado, el surgimiento de vocalizaciones involuntarias como aquel que le sucedía a Temple Grandin, en ocasión de un accidente de automóvil en su primera infancia cuando era muda. “Mamá trató de maniobrar el volante -recuerda ella-. Fue demasiado tarde. Escuché crujir el metal, sentí el choque violento, grité: ‘Glass, glass!’ [¡Vidrio, vidrio!] mientras los cristales rotos caían por todo lado. No tenía para nada miedo. Fue muy apasionante.” Entonces, en el momento de una amenaza así tan grande, aunque era totalmente muda, surge una vocalización que designa el vidrio que se triza. El espejo rompiéndose. Entonces, “el efecto fue que pronunciara ciertas palabras, como lo había hecho para el vocablo Glass muy claramente. Eso se producía en momentos de gran tensión como el accidente de vehículos. Cuando el estrés llegaba a romper la barrera que habitualmente me impedía hablar.” La originalidad de esta emoción es -ella lo dice-: el estrés -lo dice-, pero sin ningún sentimiento de miedo. La palabra que surge tiene relación con el espejo que se rompe tiene todo su interés en esta experiencia de -hay que decirlo- jubilación, de jubilación estresada, pero de jubilación frente al espejo que se rompe. Hay también la primera frase pronunciada por Birger Sellin: “¡Dame mi pelota!” dirigida a su padre para que le devuelva una de sus propiedades.

Todo esto hace parte de las jaculaciones como lo decía Lacan en su última enseñanza: “Un más allá de la palabra que pone de relieve la importancia del grito, sea éste aquel del maestro zen o aquel de la jaculación mística para designar los efectos conmovedores obtenidos por la poesía”. Entonces, en estos diferentes campos, desde el balbuceo hasta la vocalización irruptora, pasando por la invención de un lenguaje privado, esta distribución atestigua de una subjetivad autística que se produce en la construcción de un lenguaje privado como testimonio, por excelencia, de la construcción de un borde entre el sujeto y el Otro con el que tiene que vérselas. Este fenómeno original da testimonio del baño de la lengua en la que el sujeto es sumergido en todas sus variedades. Y por ello, es a partir de ahí que va a darse, no de esa comunicación no-comunicativa, sino la producción de una manera autoerótica de un enganche al Otro; es a partir de ahí que se hacen los circuitos que el sujeto compondrá. La cura de Louange, “el niño del placard” -comentada por Jean-Claude Maleval y Michel Grollier- dan testimonio de ello de manera remarcable. Por otras vías, por la vía de la creación, la obra de Tammet es una obra ahora conocida por todos, de cómo a partir de la construcción de una lengua particular, largamente elaborada por un proceso que lo hizo sensible, llegó a comunicarse con todos y nos comunicaba lo que siempre escapará a la máquina y al test de Turing.


[1] Intervención pronunciada en la Universidad de Rennes 2 durante el Coloquio “Autismo: Numérico y Robótico – ¿Qué partener privilegiado en el siglo XXI?”. La intervención tuvo lugar el 07 de noviembre del 2019.

Video en línea: https://www.lairedu.fr/media/video/conference/le-sujet-autistique-et-lautomaton-de-lecrit/

[2] J. Lacan. El Seminario, libro III, Las psicosis. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 197.

Traducción por Patricio Moreno Parra.

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