Una Demostración Deslumbrante – por J.-C. Maleval y Michel Grollier

UNA DEMOSTRACIÓN DESLUMBRANTE[1]

Por Jean-Claude Maleval y Michel Grollier

2019-04-12

Versión para descargar en PDF: https://drive.google.com/open?id=12hPdLowKEdLBxSt19fKrNzWVz1ROE8iF


Hay pocos equivalentes como el documento clínico presentado por Christine Bouyssou-Gaucher bajo el título Louange, l’enfant du placard[2]. Dos informes de casos comparables tuvieron anteriormente una repercusión considerable: aquel de Dibs, relatado por Virginia Axline[3], y aquel de Joey, el niño-máquina de Bettelheim[4]. Los tiempos han cambiado. Hoy la evidence based medicine no da ningún crédito a los estudios de caso. Actualmente será más difícil hacer escuchar las enseñanzas de la cura de Louange. Sin embargo, cuando el analista lo encuentra, se trata de un niño de tres años y medio que presenta una forma severa de autismo, seguramente más severa que aquella de Dibs y aun como la de Joey. Además, en favor de un trabajo que duró más de seis años, sus progresos fueron espectaculares. De ahí que las palabras de la cuarta cubierta no son exageradas: este documento clínico recogido por C. Bouyssou-Gaucher, que relata una cura conducida en un Centro médico-psicológico de la región parisina, constituye “una demostración deslumbrante de la eficacia del psicoanálisis” con un niño autista. En efecto, todo indica que el progreso de las adquisiciones escolares y sociales de Louange, integrado en un ULIS[5] durante la cura, fueron correlativas de los avances de aquel.

            La obra no convencerá a aquellos que afirman la singularidad de cada autista exigiendo estudios de casos cifrables y reproducibles para hacerse una opinión en cuanto al hacerse cargo de la forma más apropiada.

            Al contrario, constituye una herramienta mayor y innovadora para los practicantes que se comprometen en curas individuales de autistas. Comentando la relación de la Alta Autoridad de Salud sobre el autismo en 2012, el profesor Houzel subrayaba que bajo el término de “psicoanálisis del autismo”, “muchos abordajes diferentes, incluso opuestos, son propuestos”, de manera que hablar de “el psicoanálisis” desde esta óptica “no tienen ningún sentido hoy”[6]. Las referencias psicoanalíticas de C. Bouyssou-Gaucher son eclécticas: van de Winnicott a Lacan, pasando por Freud, Geneviève Haag, Pierre Delion, Henri Rey-Flaud y Frances Tustin. Sin embargo, su mayor orientación consiste en tener confianza en el deseo de cambio del niño.[7]

            Esto lo conduce espontáneamente a lo que todo niño autista induce: “respetar el objeto se escogió”[8]. Eso puede parecer anodino, incluso evidente; no obstante, muchos psicoanalistas no orientan la cura sobre ese respeto por el objeto. Aun si todos no siguen las recomendaciones de F. Tustin, todos las conocen: según ella, los objetos autísticos “se oponen a la vida y a la creatividad; conllevan en sí la destrucción y la desesperanza”[9]. Ella precisa que, siendo vividos como partes del cuerpo, “son sentidos como instantáneamente disponibles y no ayudan entonces al niño en su aprendizaje de la espera. Tampoco ayudan a soportar la tensión y a diferir la acción -lo que es esencial para las actividades simbólicas”[10]. El documento de C. Bouyssou-Gaucher se inscribe claramente como falso contra una aproximación así. Orientarse por un respeto al objeto la disuade de buscar interpretar las formaciones del inconsciente, pero también de proponer una experiencia simbiótica correctiva, de considerar la contratransferencia como una brújula mayor, de buscar reparar el desmantelamiento, de intentar tener acceso a vivencias arcaicas, etc. La conducción de la cura operada se sitúa al margen de la mayoría de aquellas clásicamente preconizadas.

            Aun si no utiliza el concepto de borde, concebido en el campo lacaniano como la mayor defensa del autista, C. Bouyssou-Gaucher saca partido espontáneamente de los recursos de aquel a lo larga de la cura. Es apoyándose sobre los objetos -constata ella- que Louange logro continuar su camino hacia el Otro.[11]

            Para llegar ahí, para hacer posible el enganche del autista en la cura, primeramente, fue necesario que el analista adopte un posicionamiento no intrusivo. Cuando ella encuentra a Louange, aparece angustiado particularmente por la presencia del Otro, tanto cuando se acuesta en el suelo como cuando corre sin dirección. No parecía susceptible a ninguna palabra, no hablaba y toda tentativa para limitar su desencadenamiento provocaba bramidos muy agudos. El analista sabe así hacerse dócil para el niño, no imponiendo sus presupuestos, pero respetando la actividad principal espontánea del niño: organizar minuciosamente filas cerradas de pequeños autos. Con mucha frecuencia, esas actividades de clasificación apaciguan un poco la angustia, creando una coherencia local que instaura un orden dominado en el caos del mundo, de manera que se trata de acogerlos para que una cura pueda entablarse.

            El encuentro se hace primeramente en ocasión de una canción infantil que Louange parece esbozar el tono, al mismo tiempo que tiene la nariz en sus autos, y que el analista se pone a tararear. Así obtiene una mirada furtiva, rápidamente desviada. En lo que sigue, ella escucha decir, sin que le sea dirigido un: “¡Canta!”. El canto se vuelve entonces el vector del lazo que se instaura entre ellos, aun sin en el comienzo de la cura, es portador de mensajes cuyo sentido no tiene importancia. Respetando la expectativa de inmutabilidad de Louange y dirigiéndose a él de manera indirecta por el intermedio de canciones infantiles, C. Bouyssou-Gaucher logra a captar su interés y a sobrellevar el evitamiento inicial de la transferencia propia de los autistas.

            Ella constata que el encuentro del niño con el analista rápidamente lo desborda. El esbozo de un instante compartido suscita en él una intensa excitación que lo conduce a embestir al otro, a huir de la oficina, a llorar, etc. Después de algunos meses de cura, cuando entrevé que el analista puede volverse un partenaire, para protegerse de esa presencia atrayente e inquietante, Louange inventa un dispositivo ingenioso. Un día abre la puerta de un armario que se encuentra en la oficina y se refugia en su interior. Utiliza frecuentemente en lo que sigue ese medio para sustraerse de la presencia del Otro. Poco a poco, gracias a esa protección, acepta lo que angustia más al niño autista, es decir, entrar en el intercambio. Crea un mundo bajo control a partir del cual puede buscar encontrar el Otro. La puerta del armario hace posible el esbozo de intercambios verbales. Al mismo tiempo, los pequeños autos se convierten en un objeto de mediación entre el interior y el exterior de la oficina, cuando entra él y su analista. Éste último tolera que Louange lleve regularmente consigo un pequeño auto del CMP, lo que permite al niño respetar de mejor manera el final de las sesiones. Muchos analistas se opondrían a esto, en nombre de la importancia del encuadre para algunos o de un tratamiento de la pérdida para otros, desconociendo así la función de protección de los objetos autísticos. C. Bouyssou-Gaucher lo toma no teniendo en cuenta sino la inmutabilidad.

            Ella acepta pacientemente que Louange repita las secuencias que organiza con el gran armario, luego con el pequeño armario, lo que le da la posibilidad de dominar y de tratar la excitación suscitada por la presencia del otro. “Mi inmutabilidad -escribe- hace de mí un Otro regulado, lo que permite en retorno a Louange el regularse conmigo, de organizarse para vivir nuestros momentos de encuentro, lo que se convierte en experiencias que puede progresivamente integrar, en la medida en la que no se encuentra desbordado”[12]. Ella constata no poder introducir más que micro-diferencias en los escenarios repetitivos, a falta de que Louange exija volver a comenzar todo.

            Continuando el uso de los armarios, inventa circuitos cada vez más ricos y complejos para sus pequeños autos, en los cuales se insertan poco a poco semáforos de circulación, casas y personajes. Su circuito se enriquece y se convierte poco a poco en una mini-ciudad con un comisariato, una estación de bomberos, un Centro Médico Psicológico, etc. Crea así en el caos del mundo coherencias locales seguras, que funcionan como mediaciones con la realidad exterior.

            Después de cuatro años, C. Bouyssou-Gaucher constata que Louange franqueó una etapa: “parece a partir de ahora en medida de reconocerse en esas pequeñas figuras humanoides, al punto de utilizarlas como dobles miniaturas”[13]. El mayor tema del escenario es entonces una historia de amor pasional vivida entre una figura materna, que se muestra por turnos cariñosa o brutal, y un Louange-bis, que lleva el nombre de su hermano, Evangile. “La escena -escribe C. Bouyssou-Gaucher- lo confronta manifiestamente a un lugar de viviente que le era hasta entonces extranjero, al menos indescifrable, y le interesa a grado máximo. Pero la irrupción de excitación entre la madre y el niño es tal que para aprender algo de ello, es necesario que él se aleje de ello, ahí la entrada en escena de Evangile”[14]. Lounage proyecta, en el mundo de los dobles figurines, los miedos a los cuales se afronta.

            Un salto más es franqueado cuando el circuito se vuelve gráfico. Louange desarrolla entonces escenarios cada vez más sofisticados a los que da un interés apasionado. El analista constata que la historia se desarrolla en sí como muda por una necesidad. La lógica que preside a los escenarios del niño se vuelve de manera remarcada estable: Louange mantiene el control, utiliza el analista como elemento clave de un aparato cada vez más complejo, lo que atenúa la extrañeza del Otro y le permite acercarse, bajo pequeños personajes, al mundo de sus afectos.[15]

Bouyssou-Gaucher tiene confianza en el proceso iniciado por el niño. Ella observa que sus capacidades de expresión verbal se desarrollan de manera remarcable, no luego de un aprendizaje, sino por un efecto indirecto de instauración del lazo particularizado entre Louange y ella mismo. En los últimos años de la cura, los escenarios se insertan en cómics que producen “un encapsulamiento en el escrito del goce del cuerpo y de la voz contenida en la escena del juego”[16]. La introducción del escrito se debe a una iniciativa del analista, quien fue aceptada por Louange. Ella fue tomada respetando lo que la clínica aísla como una regla fundamental: los cambios no deben aparecer sino como dosis homeopáticas y siempre solicitando el acuerdo del niño. En efecto, en tanto no interpreta el material aportado en las sesiones y en tanto que acompaña su paciente, su rol no se limita a ser aquel de un catalizador: ella interviene también para intentar temperar el goce del niño o para buscar canalizarlo hacia vías de descarga menos explosivas. Para hacerlo, favoriza, por ejemplo, la inserción de límites en los escenarios de Louange: “Cada nueva fuente de excitaciones -constata- no puede concebirse más que acompañada de su propio límite. La aparición de caballos conllevó aquella de las barreras, la extensión de los circuitos de autos, aquella de los semáforos, el desarrollo de la diada madre-niño, aquella del tercero”[17]. Además, el analista se sirve de la receptividad de Louange a las máximas generales enunciadas por una voz neutra -de la cual Asperger notaba ya para los autistas la fuerza coercitiva[18]. En esas condiciones, después de haberse asegurado por el intermediario de la repetición que domina bien la cantidad y la calidad de las excitaciones que se anudan a una escena, Louange puede entonces aceptar el abrir las compuertas del desorden, con el fin de extender un poco su dominio con una coherencia local y aquella de los afectos que de ahí se desprenden. Su repetición controlada de las secuencias le permite prepararse a vivirlas con menos inquietud en la vida cotidiana.

            Hoy, con 12 años de edad, tres años después de la detención de la cura, él ha integrado al colegio una clase especializada para niños autistas. Tiene amigos, hace parte del club de atletismo, y de música en el conservatorio.

            No sabríamos dar cuenta en pocas líneas de la riqueza del documento de C. Bouyssou-Gaucher, hay que leerlo en su detalle ya que pulula en indicaciones técnicas e intuiciones innovadoras. Constituye una contribución mayor a todo trabajo con autistas.

            La cura de Louange presenta varios puntos comunes con aquella de Dibs: ambas están centradas sobre objetos y dirigidas por terapeutas que permiten que el niño “sea el guía”[19]. En una como en la otra, la transferencia no es analizada, el material no es interpretado, y sin embargo la cura de Louange no se reduce a una terapia de juego. Se trata de una auténtica cura psicoanalítica, ya que el analista no se limita a dejarse guiar por el niño: interviene para temperar y canalizar el goce en exceso, y ella practica un dulce forcejeo[20] para infundir como dosis homeopáticas de cambio en lo inmutable. La obra de C. Bouyssou-Gaucher aporta la brillante demostración de un apoyo necesario mayor sobre el borde para conducir la cura analítica de un autista. Su función protectora, reguladora y mediatriz se afirma y permite al sujeto construirse cuando se favoriza el despliegue de sus tres encarnaciones: el objeto autista, el doble y el interés específico.[21]

            La fuerza concluyente del trabajo de C. Bouyssou-Gaucher no apunta a las cifras, sino a la evolución clínica que relata. “Aquellos que han ayudado a la éclosión de una personalidad, a la liberación de una inteligencia congelada, a la aparición de relaciones humanas, de sentimientos positivos, de placer de vivir cuando no había ninguna personalidad, ninguna apariencia de inteligencia, nada más que un aislamiento desconfiado o desesperado, una angustia, un pánico y una violencia homicida, aquellos están más convencidos de la eficacia de los métodos terapéuticos […] que lo que estarían por estudios estadísticos”[22]. Aun si esta constatación de Bettelheim no es compartida hoy, está en el principio de la resistencia de los clínicos a las recomendaciones de buenas prácticas demasiado exclusivamente comportamentalistas -resistencia del cual cada plan autismo hace referencia para deplorarlo.

            La cura de Louange es una objeción suplementaria a las preconizaciones de la Alta Autoridad de Salud abusivamente reducidas a aproximaciones comportamentales y coercitivas.


[1] Traducción del texto aparecido en Lacan Quotidien, #821. [En línea] https://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2019/04/LQ-831.pdf. Último acceso: 2019-04-15.

Traducción por Patricio Moreno Parra.

[2] Bouyssou-Gaucher C., Louange, l’enfant du placard. Psychothérapie analytique d’un enfant autiste, Penta, 2019.

[3] Axline V., Dibs. Développement de la personnalité grâce à la thérapie par le jeu, Flammarion, 1967.

[4]  Bettelheim B., La forteresse vide, Gallimard, 1967, pp. 301-418.

[5] Unidad localizada de inclusión escolar.

[6] Cfr. Haute Autorité de Santé. (HAS) Agence nationale de l’évaluation et de la qualité des établissements et services sociaux et médico-sociaux (Anesm), « Autisme et autres troubles envahissants du développement ; interventions éducatives et thérapeutiques coordonnées chez l’enfant et l’adolescent ». Comentarios relativos a la reportaje final, marzo 2012, p. 14.

[7]  Cf. Bouyssou-Gaucher C., Louange, l’enfant du placard. op. cit., p. 169.

[8]  Ibid., p. 107.

[9] Tustin F., Les états autistiques chez l’enfant, Seuil, Paris, 1986, p. 90.

[10] Tustin F., Autisme et protection, Seuil, Paris, 1992, p. 137.

[11] Bouyssou-Gaucher C., Louange, l’enfant du placard, op.cit. p. 124.

[12] Ibid., p. 52.

[13] Ibid., p. 116.

[14] Ibid., p. 161.

[15] Cf. ibid., p. 141.

[16] Ibid., p. 175.

[17] Ibid., p. 154.

[18] Asperger H., Les psychopathes autistiques pendant l’enfance, Synthélabo, Le Plessis-Robinson, 1998, p. 70.

[19]  Axline V., Dibs, op. cit., p. 47.

[20]  Según el término que le debemos a Antonio Di Ciaccia.

[21] Cf. Maleval J.-C., L’autiste et sa voix, Seuil, 2009.

[22] Bettelheim B., Evadés de la vie. Quatre thérapies d’enfants affectivement perturbés, Fleurus, Paris, 1986, p. 29.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s