Observaciones Acerca de la Transferencia en las Psicosis – por Alain Vaissermann – 2000

OBSERVACIONES ACERCA DE LA TRANSFERENCIA

EN LAS PSICOSIS

Por Alain Vaissermann

2000


            Existen observaciones clínicas de lo que puede ser la transferencia espontánea en un psicótico: la actitud del presidente Schreber frente a frente con Flechsig nos da un ejemplo de ello. “La concepción que Lacan hereda de Freud, es que la transferencia con Flechsig de la relación con el padre es el factor que precipita a Schreber en la psicosis…” observa Jacques-Alain Miller en su intervención en las Jornadas de la Escuela Freudiana de París sobre las psicosis en 1979[1]. La dificultad es muy importante y justifica la desconfianza que tienen los trabajadores de la salud mental a propósito de este tema pues ellos no son imprudentes. Aunque el progreso de la oferta psicoanalítica haga este camino cada vez menos excepcional, raramente sucede que el psicótico se dirija explícitamente a otro para pedirle ayuda para resolver el problema al cual está confrontado, o veces lo hace de una manera muy particular más anclada en la certeza que en la duda. Los que encontramos en los hospitales psiquiátricos a menudo son llevados allí en contra de su agrado, luego de manifestaciones que nosotros podemos considerar sea como desprovistas de sentido, sea como un llamado. El paranoico está más inclinado a poner quejas que a quejarse de su condición que apuntaría a la parte que el podría tomar. Para él, no se trata del sujeto supuesto saber, el Otro sabe. El esquizofrénico intenta resolver su problema prescindiendo del Otro al que no considera que sus palabras le sean dirigidas. También, el establecimiento de la transferencia con los psicóticos pone en primer plano una estrategia que impone situar muy precisamente el eje sobre el cual conviene posicionarse y el lugar que hay que ocupar.

Algunas consideraciones teóricas…

            La transferencia es una operación por la cual lo que no puede primitivamente decirse viene a ponerse en palabras, hasta el punto de encontrar lo que se mantiene como indecible. Esa operación produce una división del Otro por le sujeto, división que se sigue hasta lo que se alcanza el residuo indivisible, sea el objeto a, como se lo puede leer en el Seminario La angustia.[2] Lacan sitúa esa operación en el Seminario La lógica del fantasma. En Reseñas de enseñanza[3], hace una descripción muy precisa que se la puede representar con un esquema, a partir de aquellos que Jacques-Alain Miller comentó el Curso 1,2,3,4.[4]

Este esquema toma su partida de la alternativa “o no pienso o no soy ” planteado desde 1964. De este punto de partida salen dos proposiciones que no son simétricas. Una, producto de una elección forzada del sujeto “lo opción menos peor[5] dice Lacan, es la elección del ser contra el pensamiento. Es la posición que tiende a ocupar todo sujeto como producto de la alienación, fuera de cualquier dirección hacia otro es una elección que prescinde del Otro, es aquí igualmente que conviene situar el pasaje al acto. La otra elección es aquella de la vía del inconsciente “un saber sin sujeto”. Es el lugar donde conviene inscribir al psicoanalizante (el psicoanalista se sitúa del lado del “no pienso” a partir del cual opera). El problema es que el psicótico tiene tendencia a situar a priori todo interlocutor, fuera o no psicoanalista, en ese lugar de saber, no del hecho de una apuesta sobre el inconsciente sino en consecuencia de su certeza que el saber está en el Otro.

            Hablar de psicoanálisis no puede hacerse sin la referencia al discurso del analista tal como lo produce Lacan.[6]

            Este esquema implica, en su parte superior, una dirección hacia el sujeto en tanto que sujeto barrado. Sabemos, desde la apertura de la Sección Clínica y gracias a la respuesta de Lacan a una pregunta de Jacques-Alain Miller, que estos significantes son válidos para el abordaje de las psicosis. La pregunta que se plantea para nosotros es aquel del estatuto del sujeto en la psicosis, entendiendo que existe al menos un punto para el cual su producción es problemática. La definición lacaniana del significante se enuncia así: “[…] un significante es lo que representa al sujeto para otro significante”[7]. Podemos sacar de ello que un sujeto es aquello que significante representa para otro significante. Además, hay en el psicótico un agujero en la cadena significante. Tan rápido como en este punto se presente un significante que no tenga correspondiente, a falta de haber sido el objeto de una aceptación primordial al nivel del juicio de atribución, éste, rechazado del orden simbólico, hace retorno en lo real. Es entonces que aparece la alucinación.

            En la neurosis, un significante S2 encuentra su correspondiente, retroactivamente, en un significante S1 antecedente y produce un sujeto, conforme a lo que Lacan describe del punto de capitón.[8]

            En la psicosis, la ausencia de significante antecedente tiene por efecto una designación del sujeto que permanece enigmática y que parece venir del lugar del Otro: A. A falta de poder ser simbolizado, el significante permanece entonces lastrado de su peso de real.

Un objeto de goce

            Así el psicótico se encuentra en una posición de objeto del goce del Otro. Un Otro completo que parece deber absorberlo enteramente, entonces el psicótico busca defenderse, en una posición de excepción y frente a frente de quien no parece protegerse.

            Hay que observar igualmente que, en la psicosis, el significante funciona al límite e intenta representarse a sí mismo, lo que es imposible. En efecto, Lacan dice claramente que lo que es rechazado en lo simbólico reaparece en lo real y no otra cosa. Lo que es rechazado es un significante, debemos deducir entonces que es ese mismo significante que reaparece en lo real, de manera que sería necesario borrar el punto de capitón para esquematizarlo así:

Notemos de paso que esta observación y esta escritura son susceptibles de dar cuenta del hecho de que la pregunta del psicótico está siempre en el presente. Para él, en lo que concierne este punto fundamental, no hay pasado ni futuro, de ahí su dificultad particular en proyectarse en el futuro o en utilizar los elementos de su historia. Indica igualmente en qué una interpretación no operaría en él efectos comparables a lo que se podría esperar en el campo de la neurosis.

            El psicótico no puede utilizar el mecanismo del cual dispone el neurótico, en el cual la prevalencia de un significante en el Otro será retomada en términos de falta, descompletando así a ese Otro absoluto e introduciendo entre éste y el sujeto una dialéctica que permita la construcción de un fantasma del cual una de las funciones es hacer barrera al goce del Otro[9]. Sin embargo, se observa que clínicamente el psicótico intenta delimitar ese goce, sobre todo dando sentido y significación al retorno en lo real al cual está confrontado y atribuyendo este retorno en lo real, la voz, por ejemplo, a un persecutor designado. Entonces va a emprender una construcción imaginaria, el delirio, que apunta a dar cuenta de los fenómenos de los cuales es objeto.[10] Así, esta tentativa tomará la forma de un repliegue sobre sí, de una elaboración lenguajera hermética, o de una acción dirigida hacia un cuerpo a vez soporte directo de una voluntad de goce insostenible.

Un sujeto supuesto…

            ¿Entonces qué lugar puede tomar el analista? Es un lugar que toma su principio en una posición de no saber sobre la pregunta que se plantea al psicótico. Esta posición no es fingida ya que, de hecho, no sabemos nada a priori de lo que hace la relación singular de un sujeto al Otro. El analista debe intentar aprender interrogando a este sujeto sobre lo que le sucede. De este modo, se produce un acto inaugural que pasaría desapercibido si no lo subrayamos: supone un sujeto en el psicótico.

            Y esa es una condición necesaria para apunta hacia un abordaje posible de la psicosis a partir del psicoanálisis. Éste, al mismo tiempo, se diferencia de todas las terapéuticas, calificadas o no de psicoterapias, que como lo precisa Lacan en Televisión colaboran con el discurso del amo[11], tratando al psicótico como un objeto, incluso haciéndolo un discapacitado. El psicoanalista, en sí, toma parte del sujeto y al mismo tiempo va en dirección terapéutica, en la medida en que contribuye así a los esfuerzos que este último despliega para luchar contra eso que le viene del Otro. La transferencia va a establecerse entonces de una manera particular, el psicoanalista encontrándose del lado del psicótico, opuesto, como él al Otro. Dos formas de acogimiento pueden presentarse entonces. La primera es encontrarse en una posición de semejante, idéntico al psicótico, llevado poco a poco a una posición simétrica, dejando desarrollarse la lógica mortal de lo imaginario. Las trampas de la identificación en espejo nos conducen ineluctablemente a un confrontamiento que no puede terminar sino con una colisión destructiva en el plano infranqueable del espejo. Lacan da un ejemplo de este efecto mecánico gracias al modelo cibernético en su Seminario La identificación.[12] La segunda forma de acogida, es caer en la posición de persecutor, identificado al Otro del saber. Para eso se necesita poco, tal es el camino del psicótico: ir a hacia un saber que no tendría de su palabra es suficiente para que se instale la preocupación y la desconfianza, con el peligro como corolario. El encargarse de los psicóticos es, para un psicoanalista, una escuela de rigor totalmente destacable y estos se revelan, desde este punto de vista, como enseñantes que invitan a no comprender demasiado rápido en virtud de lo que sería un saber preliminar.

Un ensayo de rigor

Estas dos formas de acoger son también las balizas que limitan el campo en el cual el psicoanálisis debe sostenerse. Así podrá esperar a contribuir la instalación mediante su partener de una construcción que apunte a limitar los efectos de la omnipotencia del Otro. Estará advertido de limitar sus intervenciones hacia lo que pueda hacer barrera al goce del Otro. La interpretación que podría llamar a un significante reprimido no tendría otra consecuencia que la de hacer surgir un significante inquietante, desconectado de la problemática del interesado, amenazante, en la medida que éste no podrá renunciar al hilo de su historia. Regresar, con el paciente, al punto de desencadenamiento de la psicosis es uno de los medios de situarse en la posición correcta. El retorno al evento primero donde, para él, todo basculó, la formulación de las preguntas que se le vinieron, o su construcción durante la cura le permitirán a veces revisar su sistema delirante. Entonces, entra en una búsqueda en la cual sabe mostrarse particularmente asiduo en tanto el valor de ello le es capital. Vemos esto en la presentación de enfermos que practicamos en el cuadro de la Sección Clínica del Departamento de Psicoanálisis. Lejos de interrogar al enfermo, objeto de la clínica, para hacer salir los signos de una enfermedad para que la vea el público, práctica reglada por el discurso de la Universidad, como era el caso en la psiquiatría clásica al igual que en otras prácticas médicas, más bien interrogamos a un sujeto sobre lo que, según él, le sucede; así más bien nos encuadramos de mejor manera en la primera línea del discurso del analista. Las reflexiones de los pacientes a menudo son elocuentes. A las preguntas que les planteamos, reaccionan a menudo diciendo: “Eso es justamente lo que me pregunto…” o incluso “Es eso lo que yo no sé…” donde verificamos que situamos bien el eje de provocar decir lo que inicialmente era indecible.


*A. Vaisserman. « Remarques sur le transfert dans la psychose », in L’essai – Revue clinique annuelle. París: Publicación del Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII, 2000, pp. 37-43.

Traducción por Patricio Moreno Parra.

[1] J.-A Miller. “Suplemento topológico a De una cuestión preliminar…”, in Matemas, tomo I. Buenos Aires: Manantial, 2014.

[2] J. Lacan. El Seminario, libro X, La angustia. Buenos Aires: Paidós, 2012.

[3] J. Lacan. El Seminario, libro XIV, La lógica del fantasma. Inédito.

[4] J.-A. Miller. 1, 2, 3, 4. Curso del 24 de abril de 1985. Inédito.

[5] J. Lacan. El Seminario, libro XIV, La lógica del fantasma. Inédito.

[6] J. Lacan. El Seminario, libro XVII, El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós. 2012.

[7] J. Lacan. “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”, in Escritos, tomo 2. México: Siglo XXI, 2012.

[8] J. Lacan. El Seminario, libro III, Las psicosis. Buenos Aires: Paidós, 2012.

[9] J. Lacan. “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”, in Escritos, tomo 2. México: Siglo XXI, 2012.

[10] A. Vaisserman. « Voix de retour », La lettre mensuelle, No 67, ECF, París.

[11] J. Lacan. “Televisión”, in Otros escritos. Buenos Aires: Paidos, 2012.

[12] J. Lacan. El Seminario, libro IX, La identificación. Inédito.

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