El Saber Inconsciente y el Tiempo – por Éric Laurent – 1994-02-01

EL SABER INCONSCIENTE Y EL TIEMPO

Por Éric Laurent

1994-02-01


¿Las matemáticas conocen el tiempo? [*] Si se le cree a un filósofo de las matemáticas contemporáneas, Gerald James Whitrow, su esfuerzo ha sido el de reducir el tiempo a series continuas de instantes sin duración, isomorfos con el continuum de los números reales. El número de instantes en una duración finita es por lo tanto infinito y sólo se lo conocerá por convención. La medida no se hace por naturaleza, sino por la norma.

Tomó mucho tiempo para que se llegue a una medida estable. Esta emocionante historia se ha confundido durante mucho tiempo con aquella del amo. Finalmente se emancipó de ella con Christian Huygens, y ahora nos estamos acostumbrando a considerar la medida del tiempo a la par con la del espacio. Sin embargo, la medida en sí no agota los recursos del objeto tiempo. El tiempo necesario para las demostraciones se impone como un factor decisivo en la medida en que el de computadoras ya no es sólo de aplicación, sino que se desliza igualmente en la demostración de las evidencias. Más allá del debate sobre la verdadera consistencia de las pruebas asistidas por tiempo de cálculo de la computadora, el efecto producido por este desvío acentúa el hecho de que el tiempo importa cada vez más. No cesa de presionar. ¿El nuevo órgano calculador ha tocado el pathos del tiempo? ¿Los principales reproches hacia Cronos, ya sea la demanda del momento de más o el momento de menos, se ven afectadas? ¿El paso del tiempo angustia de antemano?

El psicoanálisis no se fía de la incidencia del tiempo a nivel de la angustia existencial. Como en otras partes de su investigación, capta su objeto en la incidencia sobre la diferencia de los sexos, hasta el punto en que hace síntoma. Antes de considerar el tiempo en su relación con la angustia, lo considera allí donde se inscribe como un lenguaje y se da como una inscripción. Es el núcleo histérico de la neurosis, y también el núcleo obsesivo, en ningún otro lugar es más claro que en este punto donde la conciencia quiere controlar la vida. Fue con la neurosis obsesiva del hombre de las ratas que Freud, en 1908, dio a conocer al mundo la importancia de la aversión a los relojes: “También aquí es harto nítido lo mucho que los enfermos ponen de sí para esquivar una certidumbre y poder aferrarse a una duda,”” y hasta en algunos esa tendencia encuentra viva expresión en su aversión a. . . los relojes, que por lo menos certifican las marcas del tiempo”.[1] También da a conocer en este texto la poderosa atracción de problemas insolubles y la importancia del factor de tiempo en este sentido: “Esos temas son, sobre todo: la filiación paterna, la duración de la vida, la vida después de la muerte, y la memoria, a la que solemos prestar creencia sin poseer la menor garantía de su confiabilidad. De la incertidumbre de la memoria se sirve la neurosis obsesiva profusamente para la formación de síntoma.”[2]

Freud extendió así la afirmación de La interpretación de los sueños según la cual el inconsciente no conoce el tiempo[3]. Hubo un malentendido de esta tesis. Si el inconsciente, en tanto memoria, no conoce el tiempo, es en el sentido de que no conoce la medida. Por lo tanto, es compatible con el tiempo inmemorial del mito. No obstante, no está condenado a lo informe e indescriptible. Vamos a referirnos al espacio que, cuando no se lo aborda mediante la medida, puede serlo por su deformación alrededor de los agujeros que definen su topología. La tesis freudiana acerca del tiempo y el inconsciente permitieron a Lacan separar el estatus lógico de estas cadenas de memoria. El agujero -introducido en la medida del tiempo por el hecho de que no hay el buen momento para lo sexual- libera la función del sujeto que lo toma en cuenta para albergarse ahí, en la retroacción. La única medida que conoce el inconsciente es la del falo, que no da ninguna identidad sexual, sino que permite el cálculo de una identificación.

La enseñanza de Lacan presenta las modalidades de articulación de la memoria inconsciente y el ritmo temporal del sujeto: agujeros de memoria, defectos de medición, persistencia perturbadora, olvidos calamitosos, olvido del olvido. Todas estas deficiencias y fallas son los materiales de una lógica del tiempo en el psicoanálisis. Ella primero discerne su sofisma en “El tiempo lógico y la aserción de la certeza anticipada”[4], pero más tarde encuentra sus fórmulas en la lógica de la alienación y la de la separación[5], finalmente percibe su topología con el título de un Seminario que acerca las dos dimensiones subjetivas del espacio y el tiempo: “La topología y el tiempo.”[6]

La clínica del tiempo en el psicoanálisis, su cristalización allí donde hace síntoma, se devela a la vez bajo la forma más particular de la inscripción significante y bajo paradigmas recurrentes según las estructuras clínicas. Esta patología encuentra logros maravillosos en la neurosis obsesiva. No debemos olvidar sin embargo la hora de la verdad del deseo que esgrime el reloj del sujeto histérico. El fóbico previene tanto al uno como al otro mediante evasiones precisas. El síntoma actúa como prueba porque nos presenta paradigmas que son al mismo tiempo constantes y ajenos entre sí. Nada dice que el obsesivo y la histérica tengan el mismo tiempo: las guerras de religión entre obsesivos y los enfrentamientos entre adulaciones histéricas también están ahí para manifestar los límites de la intersubjetividad. En cuanto a los enigmas del tiempo vivido en la psicosis, desplazan seriamente las evidencias intuitivas: lo indefinido del tiempo parafrénico responde a la fragmentación indefinida del tiempo esquizofrénico, y testifica las consecuencias del movimiento del rechazo de la significación. El pasar de un tema al otro del maníaco y sus incesantes cortes responden a la inercia sin falla de la melancolía.

El tiempo, si se actualiza de acuerdo con diferentes formas clínicas, también se diversifica según tipos que son trans-clínicos. El tiempo del péndulo de C. Huygens no es el del flechazo amoroso a primera vista, y la fenomenología del tiempo no es ni su lógica ni su topología. Depende del psicoanálisis presentar las diferentes modalidades en la propia cura, y así manifestar el tipo de temporalidad de un ser, el inconsciente, que no conoce el tiempo.  También depende de él mostrar cómo el sujeto puede entonces liberarse de los impases que lo encadenan en trampas extrañas que los viajeros del tiempo de la ficción pueden revelarnos.


*Este texto es un extracto de una publicación en La Cause freudienne, No 26, febrero 1994.

Traducido por Patricio Moreno Parra.

[1] S. Freud. “A propósito de un caso de neurosis obsesiva”, in Obras completas, tomo X. Buenos Aires: Amorrotu, 2012, p. 181.

[2] Ibíd., p. 182.

[3] “Y aun es una particularidad destacada de los procesos inconscientes el permanecer indestructibles. En el inconsciente, a nada puede ponerse fin, nada es pasado ni está olvidado” (S. Freud. “La interpretación de los sueños”, in Obras completas, tomo V. Buenos Aires: Amorrortu, 2012, p. 569). Cfr “Los procesos del sistema Ice son atemporales, es decir, no están ordenados con arreglo al tiempo, no se modifican por el trascurso de este ni, en general, tienen relación alguna con él.” (S. Freud. “Lo inconsciente”, in Obras completas, tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu, 2012, p. 184).

[4] J. Lacan. “El tiempo lógico y la aserción de certeza anticipada”, in Escritos, tomo 1. México: Siglo XXI, 2018.

[5] Cfr. J. Lacan. El Seminario, libro XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 2018.

[6] J. Lacan. El Seminario, libro XXVI, La topología y el tiempo. París: Éditions de l’Association Lacanienne Internationale, 2000.

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