Ciudad Vacía – por Marie-Hélène Brousse – 2020-04-04

CIUDAD VACÍA*

por Marie-Héléne Brousse

2020-04-04


Este segundo texto se propone como un repunte del anterior[1], constituyendo una especie de crónica de los tiempos del coronavirus que había concluido acerca del vacío.

Salí a las calles de la ciudad donde vivo para hacer algunas compras, con mi permiso de salida. Un sentimiento, que podría ser calificado como “extraño”, me agarró. Anteriormente había recibido un video de Venecia, vacía, ecos de Nueva York, parada. Y allí París está vacío. Todas las calles alrededor, vacías; asientos vacíos; las perspectivas, vacías. ¡Qué sensación tan extraña!

Una vez de vuelta a mi confinamiento, dejándome guiar por las palabras, releí Lo ominoso, “Das Unheimliche“, que hace parte de los textos un poco dejados de lado de Freud, porque se encuentra entre dos momentos de elaboración de la teoría analítica.

Una experiencia peligrosa

El vacío de la ciudad la vuelve unheimlich. Este término tiene, en francés, sólo una traducción infiel; su traducción en inglés por James Strachey, The Uncanny, no lo es menos. En resumen, Unheimlich es imposible de traducir. Tengamos en cuenta que lo imposible es, en esta forma, el primer rasgo que caracteriza a lo Unheimlich y observemos que también es uno de los nombres de lo real en Lacan.

Unheimlich viene en 1911 bajo la pluma de Freud en su correspondencia con Ferenczi, quien le cuenta una de sus experiencias de premonición. El nombre de un no-conocido surgió en él cuando no conocía ni a la persona ni a su nombre, Freud respondió que encontró esta historia “unheimlich schön“, pero, pensando en la mala dirección de Jung, agregó: “Es una experiencia peligrosa donde no quiero acompañarte”. Termina su carta con:

“Os saludo, ominoso.” Unos años más tarde, en 1919, poco antes de la muerte de su amada hija, Sophie, de la epidemia de gripe que se originó en 1918 en los Estados Unidos, escribió “Das Unheimlich” para la revista Imago. Coincidencia de Unheimlich en vista de la epidemia que nos pone a prueba.

Declinación de lo Unheimlich: una experiencia freudiana

Das Unheimlich” es un artículo curioso. Freud aborda allí esta noción en esa palabra propia de la lengua alemana por tres vías: a través de diccionarios, la historia del término en sí en el lenguaje, por la literatura, en el trabajo de E. T. Hoffmann, y finalmente por su propia experiencia clínica (autoanálisis) del fenómeno psíquico en juego, en particular en dos viñetas clínicas.[2]

La primera apoya el “factor de repetición involuntaria”. Muestra a Freud paseando por las calles de un pequeño pueblo italiano, apresurándose a salir de la calle donde estaba después de descubrir que era el barrio de los burdeles, pero regresando de nuevo a él, como si sin su conocimiento, en tres ocasiones. Llevado por su insabido hacia el sexo, es presa de la sensación de lo Unheimlich. El segundo, en una nota, relata su experiencia “completamente solo en un compartimiento de un coche para dormir”, viendo “a un caballero de cierta edad con bata, la gorra de viaje en su cabeza” entrando en su casa. “Pronto me di cuenta, aturdido”, escribe, “que el intruso era mi propia imagen reenviada de vuelta por el espejo de la puerta central”. El factor en juego aquí es el doble que perturba lo que Freud llama “la prueba de la realidad”. En estos dos experimentos, el punto común -que Freud no enfatiza- es este cambio de la llamada “realidad” delante del regreso de lo mismo, bajo cualquier avatar que se produzca. En ambos casos, la equivocación permite decir que él no se reconoce a sí mismo.

Tres partes y un recorrido: de Unheimlich a Entfremd

Freud cita primeramente in extenso los diferentes sentidos enumerados de heimlich en el diccionario de la lengua alemana de D. Sanders (1860). Heimlich se refiere a lo que es familiar, como parte de la casa o familia, doméstico (en el sentido de un animal doméstico), querido, íntimo, atractivo, alegre, sereno, y también a lo que está oculto, disimulado. Freud señala que, entre todos estos “matices de significados”, la palabra heimlich “muestra también uno en que coincide con su opuesto”[3] -anotación contra la que algunos lingüistas de renombre, como Emile Benvéniste, se han rebelado. Concluye al final de esta primera parte que heimlich evoluciona hacia unheimlich, hasta la coincidencia, el recubrimiento de las dos nociones.

La segunda parte, basada en un estudio de los cuentos de E. Hoffmann, plantea la tesis freudiana[4]. Lo Unheimlich es el regreso de la angustia de la castración edípica reprimida. Por lo tanto, este “particular matiz de lo terrorífico”[5] apunta al retorno de lo reprimido. “Ahora hacen falta unos pocos complementos, pues con el animismo, la magia y el ensalmo, la omnipotencia de los pensamientos, el nexo con la muerte, la repetición no deliberada y el complejo de la castración, hemos agotado prácticamente la gama de factores que vuelven ominoso lo angustiante”[6]. A esta reducción de lo ominoso a la teoría de edipiana, añade, sin embargo, que ocurre “con frecuencia y facilidad, cuando se borra el límite entre la fantasía y la realidad”[7].

En su tercera parte y última parte, busca precisar este punto distinguiendo diferentes modalidades de lo que él llama realidad: “realidad material”, “realidad psíquica”, “realidad común”, “realidad literaria o ficticia”. En resumen, asistimos a la explosión del término “realidad”. Es el rescate del dogma freudiano de la verdad, el llamado complejo de Edipo, en tanto que implica en el sujeto Freud, un insuperable del padre. De hecho, en su carta a Romain Rolland, Freud en 1936[8], a la edad de 80 años, regresa por primera vez a la experiencia que había hecho mucho antes en la Acrópolis. Analiza que, en este momento en que está dando un paso más allá del padre, es invadido por un sentimiento extraño, que él no lo llama Unheimlich, sino “Entfremdungsgefühl“, una especie de despersonalización que le vino entonces y que formula así: “lo que veo ahí no es efectivamente real”[9]. Entfremd viene en lugar de Unheimlich cuando uno pasa más allá del padre.

Con Lacan, en ese más-allá

Hemos comprendido que, en esta experiencia de la ciudad vacía, se trata de lo real. ¿Qué dice Lacan?

En el Seminario sobre La Angustia[10], por supuesto, hay algunas referencias esenciales a lo ominoso. Jacques-Alain Miller, quien estableció el texto, tituló el Capítulo III “Del Cosmos al Unheimlichkeit” y el Capítulo IV “Más allá de la angustia de la castración”. J.-A. Miller traza el camino con este último título. Se trata de un más-allá. La angustia es el afecto que no engaña, que discierne el surgimiento, en el mundo de la realidad, disperso, pero escondidos entre los objetos de la vida cotidiana, los objetos que la provocan[11]. Ocultan tanto la imagen del cuerpo como los significantes, i(a) tanto como A. Uno de los resortes de lo Umheimlich es entonces la función -φ. La escena del mundo, desierta de los cuerpos parlantes que lo animan, está vacía de objetos como el ruido y el furor de la palabra, tanto de vocablos como de sonidos. Silencio de la pulsión. Sin embargo, permanecemos en un campo donde lo imaginario, simbólico y real permanecen anudados. Todavía está habitada. Lacan da una notable reducción en su fórmula: “Como es sabido, el hombre habita y, si no sabe dónde, no tiene por ello menos hábito”.[12]

Pero a veces este nudo flaquea. Nos enfrentamos a lo que Roland Barthes llama un “efecto real”, un Uberdeutlichkeit, una claridad demasiado fuerte según el término que Freud utiliza a propósito del sueño de Signorelli. Pero corrijamos este punto de inmediato. No se trata del sueño. Se trata del dormir cuando, precisamente, no se ve perturbado por el sueño. Eso duerme, de verdad, incluso en Nueva York. Es así como lo inconsciente es lo que está confinado. Cuando ya no está correlacionado con -φ, al signo del deseo del Otro, el vacío hace “señal de lo real”[13], expresión que introduce J.-A. Miller en un texto sobre la angustia. Para retomar el apólogo de Lacan sobre el encuentro con la mantis religiosa, ya no hay ninguna mantis religiosa.

El efecto del surgimiento de lo real, donde estaba la realidad, indica lo súbito de un franqueamiento que se captura precisamente en este efecto que es lo Unheimlich. El sujeto es desalojado, de su modo de goce pulsional, y el Otro ha desaparecido. Lo Unheimlich da paso a Entfremd.

Palabras de analizantes

Todo esto es muy teórico, me podrían decir. Tienen razón. Momento de una palabra de un analizante. Confinado con su familia, él relata un extraño y repentino afecto que se apoderó de él durante “un reabastecimiento en un supermercado. Nuestro carrito de compras, vacío al principio, estaba lleno de vituallas. Entonces me agarró una extraña impresión. Cuanto más se llenaba mi carrito de compras, más vacío me sentía. Cuando esta impresión menguó después de expresarla en su peculiaridad, pude entonces nombrarme a mí mismo en ese momento de vacío vinculándolo a una tensión entre la necesidad e incluso el deber de alimentar a la familia, a mis seres queridos y a este montón de productos de consumo, que en ese momento me parecían indecentes. Una tensión entre el intestino y el vacío había sido encarnada en mi cuerpo”. En este sujeto, la oralidad es uno de los modos predominantes de goce, llevando la marca del habla materna en la infancia – tenía que terminar los platos servidos en la mesa familiar. No tenía acceso al vacío, pero sobre él estaba la responsabilidad de vaciar el objeto oral.

Planteemos que este confinamiento produce en los cuerpos parlantes que somos un acceso al vaciamiento de goce pulsional que traza el camino de nuestro hábitat, como dice Lacan, donde habitamos, aunque no sepamos dónde, y al cual no estamos menos habituados. Sigue, en el súbito de un momento, un encuentro con lo real, un franqueamiento más-allá del signo que constituye, para cada uno, la angustia. Más allá de la angustia, surge lo real. Es el vacío donde estaba la pulsión.


*Artículo publicado en Lacan Quotidien #878.

[1] M.-H. Brousse.  El tiempo del virus. [En línea] https://psicoanalisislacaniano.com/2020/03/25/tiempo-virus-mhbrousse-20200325/.

[2] S. Freud. “Lo ominoso”, in Obras Completas, tomo XVII. Buenos Aires: Amorrortu, 2004, pp. 215-252.

[3] Ibid., p. 224.

[4] Ibid., p. 230 y sig.

[5] Ibid., p. 221.

[6] Ibid., p. 242.

[7] Ibid., p. 245

[8] S. Freud. “Carta a Romain Rollan (Una perturbación en el recuerdo en la Acrópolis), in Obras Completas, tomo XXII. Buenos Aires: Amorrortu, 2002, pp. 213-222.

[9] Ibid., p. 218.

[10] J. Lacan. El Seminario, libro X, La angustia. Buenos Aires: Paidós, 2014.

[11] Sobre este punto se leerá un pasaje fundamental del Seminario, libro X, La angustia. Buenos Aires: Amorrortu, 2014, pp. 116-122.

[12] J. Lacan. “Televisión”, in Otros Escritos. Buenos Aires: Paidós, 2021, p. 564.

[13] J.-A. Miller. “Introducción a la lectura del Seminario La angustia de Jacques Lacan. IV – más acá del deseo”, La Causa Freudiana, #59, 2005.

Traducción por Patricio Moreno Parra

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