Los Tiempos del Virus – por Marie-Hélène Brousse – 2020-03-25

LOS TIEMPOS DEL VIRUS[1]

Por Marie-Hélène Brousse

2020-03-25


El mantener las sesiones mediante los diferentes medios que la modernidad pone a nuestra disposición, en este tiempo caótico del lazo social, trae materia sonora y significante a esta epidemia. Una analizante que hablaba de un sueño asocia un «vaciar el lugar» con el «Covi(d)», nombre dado en este sueño al coronavirus. Una colega habla de su ciudad, bella ahora que está vaciada de los turistas que habitualmente la invaden, convertida más tarde en algo «espectral». Otro colega constata que su ciudad, que se dice que «nunca duerme», ha caído en un sueño profundo en el que las ratas, antes confinadas en los túneles, caminan ahora libremente por los muelles. El confinamiento cambia de especie. Esto no es sin recordar la resurrección animal y vegetal de Chernóbil. Hombres y mujeres mueren, llevados por el virus, pero la vida continúa por sus caminos, darwinianos.

            En resumen, el virus ha entrado con fuerza no solo en los discursos, trastornando las modalidades del vínculo social, sino también en el inconsciente y en el ámbito del equívoco. Se puede caracterizarlo en el espacio por su extensión que supera todos los límites, extendido [é-ten-due][2] donde resuena el equívoco sonoro de la dimensión del temps [tiempo] que lo caracteriza también, responsable de la rapidez de su extensión.

¿Cómo acercar esa dimensión del tiempo con el psicoanálisis?

Releí el texto que Lacan escribió en 1945, “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada”[3]. Me pareció que, en estos tiempos de confinamiento, el apólogo de los tres prisioneros podía traer cierto esclarecimiento.

Sin embargo, no es sin perspectiva que siempre he considerado este artículo. De hecho, mi síntoma, “irse, partir”, estaba allí demasiado concernido y el término “prisionero” me causó un oscurecimiento duradero del juicio. Jacques-Alain Miller le consagró varios cursos de una precisión quirúrgica, pero así noté mi dificultad en dejarme enseñar por las articulaciones lógicas de este texto, confrontándome con el carácter imperativo de mi no quiero saber nada de ello. Sin duda necesitaba la fuerza de lo real, en conexión directa con el discurso, para llevarme a leerlo, sola y confinada, es decir, prisionera.

Primera paradoja aparente, sin embargo: los tres prisioneros del texto quieren salir. Ellos piensan que se puede salir. El virus invierte esto. Él es quien va a todas partes y si nosotros queremos vivir y que otros vivan, conviene precisamente no salir.

Imaginemos el tiempo lógico a partir de esta premisa: no quiero salir. El director de la prisión, como escribe Lacan, comunica a los tres prisioneros el siguiente aviso: “Por razones que no tengo por qué exponerles ahora, señores, debo poner en libertad a uno de ustedes. Para decidir a cuál, remito la suerte a una prueba a la que se someterán ustedes, si les parece.[4]” Pero, como Bartelby, el famoso personaje inventado por Melville, ellos le respondería en coro: “I would prefer no to“[Preferiría no hacerlo]. Fin del experimento.

Por supuesto, la lógica no hace buenas migas con Bartelby. Así que optemos por seguir a Lacan y, con él, el sofisma, significante con el que nombra lo que llama “la solución perfecta”. En el párrafo así titulado, aparecen en itálica dos expresiones “un cierto tiempo” y “algunos pasos“: aparición del tiempo y del desplazamiento corporal. Lacan luego distingue una “prueba natural” de esta experiencia, de su práctica “en las inocentes condiciones de la ficción”. El texto es un recorrido por consideraciones sobre aquella Época, que escribo aquí con mayúscula. Una reflexión ética y política de Lacan, relacionado con este período de la Segunda Guerra Mundial, de hecho, sirve como hilo conductor para su texto de principio a fin. Así, escribe:

“No ciertamente que vayamos a aconsejar que se haga la prueba al natural, aunque el progreso antinómico de nuestra época parece desde algún tiempo poner sus condiciones al alcance de un número cada vez mayor […] no nos contamos entre estos recientes filósofos para quienes la opresión de cuatro muros no es sino un favor más para el cogollo del fin de la libertad humana. Pero practicada en condiciones inocentes de ficción, la experiencia no decepcionará […] a aquellos que conservan algún gusto por el asombro.”[5]

Las últimas líneas del texto mencionan, como límite para toda asimilación “humana” -“tan precisamente como se hace pasar por asimilador de una barbarie” – “la determinación del “yo”[je]”[6]. En línea con Freud, Lacan rechaza la falsa antinomia entre civilización y barbarie apoyada por ciertas corrientes filosóficas y plantea su identidad. Por lo tanto, es gracias a esta ficción que el tiempo lógico que Lacan extrae la determinación del “yo”[je] por el acto. Es una lógica de razonamiento en tanto que acto.

No desarrollaré lo maravillada que quedé ante de este texto, entremezclando los hilos de una política de la época con los del psicoanálisis, si no es para señalar que, desde Freud, el psicoanálisis opone la colectividad, compuesta por un número definido de individuos, a la generalidad, una clase que contiene un número indefinido de individuos[7]. El dilema propuesto por el tiempo lógico, por lo tanto, se refiere a un número definido de individuos, como es siempre el caso en la teoría clínica analítica, a diferencia del pensamiento estadístico.

Vayamos a los “tres momentos de la evidencia[8] que esta ficción, una verdadera experiencia mental permite a Lacan distinguir: el instante de la mirada, tiempo para comprender y el momento para concluir. Señala desde el principio que pueden operar independientemente los unos de los otros o superponerse mutuamente, lo que no permitiría un enfoque cronológico.

¿Qué ocurre frente al virus?

Por lo tanto, no se trata de una sucesión cronológica que suaviza el tiempo como un continuum. El énfasis está en lo que Lacan llama una “discontinuidad tonal” o una “sucesión real”, cada momento pudiendo tener lugar o no, reabsorberse o no en el siguiente.

Digamos que, frente al virus, como han señalado los periódicos, casi no ha habido un instante de la mirada, incluso en China, donde todo comenzó. Las razones de esta ausencia son diversas y variadas. Sin embargo, podemos plantear que, frente a lo real, la extrañeza de los diferentes encuadres realizados por la realidad psíquica es tal que elimina, en numerosos sujetos, el instante de la mirada. No vemos venir nada. Estamos tragados por la ola antes de poder verla. Ni siquiera hubo lo que Lacan llama “subjetivación[…] aunque impersonal bajo la forma de “se sabe que…”.”[9] Digamos en lenguaje hablado: ni siquiera había una formulación del tipo “¿Qué es esta cosa?”. El instante de la mirada está ausente.

El tiempo para comprender viene entonces y hará aparecer lo que va a cristalizarse -la expresión es de Lacan- en diversas y variadas hipótesis. El tiempo para comprender permite reinterpretar el instante de la mirada que estuvo ausente, una mirada en retroacción, en anamorfosis. Renvía al cráneo que Lacan analiza en el cuadro de Holbein, “Los Embajadores”[10], y que aparece solo con un cierto ajuste de distancia de la mirada. La pulsión de muerte surge de la estupefacción que impidió el instante de la mirada. Entonces puede aparecer el verdadero factor desconocido del problema: lo que toca en sí al sujeto, en lo que le concierne y lo divide. La objetividad del tiempo para comprender permite que aparezcan los sujetos definidos “por su reciprocidad“. A falta de instante de la mirada, que Lacan designa como “apódosis[11] -término gramatical que designa un proposición principal, aquí faltante-, la duración del tiempo para comprender para plantear hipótesis se revela ser muy larga en la epidemia que estamos atravesando.

Esto se evidencia por la dificultad de tomar en serio las consignas, una dificultad que, aún hoy en día, perdura en el seno de las democracias. Esto también explica por qué la decisión de la contención fue tomada tardíamente. El tiempo para entender, de hecho, requiere una reconfiguración de los marcos extremadamente estrechos de la realidad psíquica. Estos permiten, en tiempos normales, a los cuerpos hablantes manejan su vida diaria con rutinas de automatismos adquiridos a partir de los discursos que los constituyen. Una vez que esta rutina es cancelada o agrietada, es el síntoma de cada uno quien toma la posta. En la medida en que no es dialectizable, sesga el tiempo para comprender.

Entonces viene el momento de concluir

Concluir el tiempo para comprender implica pasar a una lógica asertiva. Lacan usa formulaciones coloquiales, ““para que no haya” (retraso que engendre el error)” o inclusive ““ante el temor de que” (el retraso engendre el error)”[12], para indicar lo que, del tiempo para comprender, permite, con el afecto de angustia que acompaña a este pasaje, plantear una aserción. Esta aserción hace pasar de lo colectivo a lo singular, al yo [je], resultado de esta aserción. Si bien Yo [Je] me pongo guantes, Yo [Je] pongo una distancia de un metro entre mí y el otro, etc.

Por lo tanto, es el momento concluyente asertivo el que pone en juego el yo [je] como efecto de su acto y ya no como simple obediencia deshabitada. Su condición es un acto del cual es el resultado.

Pero ahí radica una paradoja. Ya que la llegada de este “yo” [je] es -dependiendo del tiempo para concluir propiamente del Lacan de la época- rápidamente desubjetivado[13]. Un acto de palabra ha hecho emerger a un ser hablante allí donde estaba el sujeto. Pero es a partir de este “yo” [je] que se produce una desubjetivación, condición que una reciprocidad no resulte de un seguimiento gregario o de identificación con el Uno del tirano. En el caso del virus, agreguemos que ésta es la condición de una solidaridad de los unos-completamente-solos[14].

A modo de conclusión, vuelvo a las ocurrencias de algunas palabras recogidas de los analizantes, por teléfono, desde el inicio del encierro asumido como acto. Covi(d) o Covi(de)[15], la ciudad vacía que se ha vuelto “espectral”, el silencio y la ausencia son ambos equívocos de la vida y la muerte de los cuerpos hablantes, en los cuales, toda pulsión siendo pulsión de muerte, viene en oposición a lo que la vida tiene de real, la vida del virus, por ejemplo. También escucho un tema que me ocupa en este momento, el del vacío. La epidemia permite demostrar que el vacío es también un modo de goce. “¡Shhhh!”, como dijo un analista de la Escuela recientemente.


[1] Marie-Hélène Brousse. « Les temps du virus », in Lacan Quotidien, #876 del 25 de marzo del 2020. [En línea] :  https://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2020/03/LQ-876.pdf

Traducción por Patricio Moreno Parra.

[2] N.d.t.: la sílaba ten en el vocablo étendue en francés es homofónica al vocablo temps, que significa tiempo.

[3] J. Lacan. “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma.”, in Escritos, tomo 1. México: Siglo XXI, 2009, pp. 193-208.

[4] Ibíd., p. 193.

[5] Ibíd., p. 194-195.

[6] Ibíd., p. 208.

[7] Cfr. Ibíd., p. 206.

[8] Ibíd., p. 199.

[9] Ibíd., p. 200.

[10] Cfr. J. Lacan. El Seminario, libro XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 2014, p. 93 y sig.

[11] J. Lacan. “El tiempo lógico…”, op. cit., p. 200.

[12] Ibíd., p. 202.

[13] Ibíd., p. 203.

[14] N.d.t.: un-tout-seuls en el texto original.

[15] N.d.t.: vi(de) como “vacío”.

2 comentarios en “Los Tiempos del Virus – por Marie-Hélène Brousse – 2020-03-25

  1. marlene dice:

    me parecio interesante y acertada la interpretacion de MHB, tomando los tres tiempos de Lacan ,pero además “hay el UNO” de la subjetivacion ,del yo al modo de Freud. Finalmente como decia un sujeto hoy por televisión aca se nota quien asume las leyes” en relación hay una ley para todos sera como cada uno la acepte,más alla de eso… hay el sintoma de cada uno y sobretodo siempre al acecho la pulsion de muerte….esta en el modo en que cada uno haga des u pulsion de vida un invento ante este virus.

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