Vida de escritura y filmación, con Almodóvar
Por Emmanuelle Chaminand Edelstein
2026/10/22
Raúl, cineasta en crisis, no ha escrito un guion ni hecho cine en cinco años. Perdiendo inspiración, sin aliento, sobrevive solo gracias a lo que ha creado en el pasado. Es en una elaborada mise en abyme y a través de imágenes y planos entrelazados, donde Almodóvar saca a relucir en Autofiction, su último filme, los punzantes de lo que un autor encuentra en el vacío de palabras e imágenes para contar y filmar una historia.
Escribiendo los tormentos del otro
Lo que saca a Raúl de su letargo es el hecho de escribir mientras atrapa los tormentos de quienes le rodean. Cuenta la historia de otra guionista, Elsa, que ha perdido a su madre y sufre migrañas, un alter ego. La vemos evolucionar junto a Beau (Bonifacio), un compañero atento, cuyo encuentro tiene lugar bajo auspicios muy carnales. Elsa tiene dos amigos a los que lucha por salvar de sí mismos, en contra de su voluntad. Desearles lo mejor se combina con un control férreo sobre su propio deseo. Fracasa, pero Elsa acaba extrayendo de ello el contenido de su guion.
Las historias se superponen, y es a través de este sutil juego de secuencias entrelazadas que se trata con precisión la cuestión de la creación. Vemos a Raúl escribiendo a Elsa, con planos que se detienen cuando la propia vida del autor le alcanza. Es impactante.
Raúl y Elsa se alimentan de las tragedias de sus seres queridos para satisfacer su deseo de escribir y compensar el vacío de sus vidas. Santi, que ama a Raúl, se encuentra en el personaje de Beau, que ama a Elsa. «¿Qué será de este personaje?» pregunta Santi. Se oye la petición de amor. Raúl la esquiva y decide: «Tengo que escribirla para averiguarlo.» Almodóvar indica en una entrevista con Cahiers du cinémaque es la única respuesta posible cuando escribes.[1]
En-vid(i)a
Es en la fuente de la palpitación de la sensación de vida en el Otro, donde Elsa-Raúl-Almodóvar extraen sus propios sentimientos de los vivos, en modo de posesión/despojo del Otro, de lo que vive y siente para alimentarse de ello. Esto ocurre con un objetivo muy singular, el de la escritura cinematográfica: una carta destinada a ser transpuesta en una imagen. La agente de Raúl, Monicá, interpreta a su amiga de forma incisiva y contundente, señalando tanto su vanidad como su egocentrismo. Raúl acaba solo, pero su guion le hace volver a ser emocionante y vivo.
[1] Cf. Almodóvar P., «Fureur et mystère», entrevista, Cahiers du cinéma, n°831, mayo de 2026, p. 22.
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