El discurso de la histérica: un abrirse paso
Por Aurélia Verbecq
2026/09/27
Lacan, en 1977, preguntó: «¿Qué reemplaza los síntomas histéricos de otrora? ¿No se ha trasladado la histeria al ámbito social?»[1]
Para comprender la lógica de las mutaciones de la economía sintomática, Lacan formalizó los cuatro discursos «como una estructura necesaria que excede en mucho a la palabra.»[2] Ofrece así una lectura de cómo un sujeto queda atrapado en el lenguaje y la palabra, con sus efectos de verdad, y aún más la forma en que el goce choca con el cuerpo y se infiltra entre líneas.
Lacan hace que la estructura discursiva del histérico sea «la primera de las cuales muestra de alguna manera el punto de partida»[3], haciendo eco de quienes permitieron que Freud inventara el psicoanálisis. La histérica freudiana se traduce a sí mismo como una figura de una verdad a buscar. Pero entre el saber y el goce hay una brecha que nada puede suturar. A este impase, la histérica responde postulando el goce al infinito, como absoluto. Ahora bien, el goce absoluto no puede alcanzarse y, para la histérica, los goces relativos son solo migajas.[4]
Abrir una vía/voz
En la esfera social, los discursos del amo y del histérico existen como modos de relación. Para que el discurso del analista tome forma, debe despejarse lo histérico. Así, el discurso del histérico se convierte en el eslabón de la cadena que pasa del discurso del amo al del analista, su inversa.
Jacques-Alain Miller aclara este estatus de mediador: «En este sentido, la persona histérica es una mediación, quiero decir que allana el camino para el análisis […] Lo que la mediación histérica enfatiza es la identificación […] como el saber de uno mismo.”[5]
El abrirse camino – Bahnung –, un término derivado de la neurología, se introduce en el Proyecto de Freud: hay transmisión de una neurona a otra por un camino ya trazado, favoreciendo pasajes futuros ya que implica menos resistencia. J. A. Miller enfatiza que lo que hace que la histeria sea mediación y engendre para el psicoanálisis es la «dehiscencia de la identificación».[6]
S1, la base de la identificación, funciona como un significante-amo con el que el sujeto se identifica. Sin embargo, lo histérico no está unido a este S1, «no es intrasubjetivo», continúa J.-A. Miller. Disociado de este significante-amo, no se reconoce en él, pero no deja de codearse con él cuestionando al amo. Le pide que responda a su pregunta ¿Qué soy como ser?, destinado a contrarrestar su sentimiento de impostura. La respuesta siempre la deja insatisfecha.
Nuestra modernidad muestra una mutación de formas sintomáticas. Esto es un efecto de los discursos, y Lacan cuestiona el papel que el propio discurso analítico ha podido desempeñar en este desplazamiento de la histeria hacia el campo social. La histérica, al poner al Otro a trabajar, continuará abriendo, a través de sus síntomas, nuevos caminos en el campo social.
*Verbecq A., Le discours de l’hystérique : un frayage – L’HEBDO-BLOG
[1] Lacan J., «Propos sur l’hystérie», Conferencia en Bruselas del 26 de febrero de 1977, Quarto, n.º 2, 1981, p. 5.
[2] Lacan J., El Seminario, libro XVII, El reverso del psicoanálisis, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 10.
[3] Ibíd., p. 12.
[4] Cf. Lacan J., El Seminario, libro XVI, De un Otro al otro, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2008.
[5] Miller J.-A., Del síntoma al fantasma y retorno, Buenos Aires, Paidós, 2018, conferencia del 23 de febrero de 1983.
[6] Ídem.
Deja un comentario