Política de la transferencia
Por Vicente Palomera
2026/09/18
Vicente Palomera:
Bueno, gracias por la invitación en esta ocasión para hablar de este libro que es, sin duda alguna, un acontecimiento, como ya se ha dicho, por varias razones. Primero, porque resume muy bien un periodo de la historia del psicoanálisis en lengua castellana en nuestro país, en España, donde surgió un momento determinado una coyuntura donde se precipitaron bastantes contradicciones que debían ser resueltas. El contexto y es lo que quisiera comentar más que hacer una ponencia, es lo que quisiera comentar con algunas cosas sobre la creación de la Escuela.
Es una oportunidad para recordar que Freud señalaba siempre que el psicoanálisis es fundamentalmente una experiencia exquisitamente colectiva. Se ha repetido y creo que Xavier Giner ha sido oportuno al recordar los dos términos: el lazo y el lugar. Este libro ilustra muy bien que lo que lo que va a fundar el lugar de la Escuela, la Escuela como lugar es secundario a algo primario que es el lazo: el lazo entre los analistas, el lazo que llamamos trabajo de transferencia.
Recordaré porque es algo que este libro me ha traído muchos recuerdos. Yo estaba en esa época compartiendo con otros colegas el trabajo de elaboración de una política de construcción de la Escuela del Campo freudiano en Barcelona, que terminó concluyó en una forma que acordamos todos que se llevaría Escuela Lacaniana de Psicoanálisis. El contexto de estos cuatro seminarios -en verdad son tres seminarios más una conversación clínica- el momento, digamos, donde se constituye esto. Es en el momento en que el encuentro internacional del año 1998 fue un punto de capitonado. Recordemos esto porque nuestra relación no solamente es una relación epistémica, sino que todo lo que hacíamos tenía que ver también con nuestras vidas. Hay que recordar que el encuentro internacional de 1998 fue un punto de capitonado de lo que ya se había producido en 1996 en Buenos Aires. Ya se había empezado a atisbar entonces, digamos así, las fuerzas centrífugas, llamémoslo así, que iban a ejercerse en Barcelona. Y la idea de la Escuela Una fue empezado empezando a germinar.
Digamos que estos estos seminarios de los que hablamos en esta ocasión conciernen también a este momento de construcción de lo que se llamará la Escuela Una, que iba a ser la manifestación en un momento de crisis, la manifestación de las fuerzas centrípetas que revelaran la otra cara de las Escuelas múltiples. Frente a lo centrífugo de lo que ocurría en 98, se movilizó todo eso que fue abocado, fue conducido a la creación de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis. La Escuela Una entonces llegó a dar nombre al hilo conductor de esta orientación, esta orientación común del psicoanálisis. En los años que transcurrieron o que transcurren los encuentros que se recogen en este libro, la idea de la Escuela toma forma, va tomando forma en la fundación de la Escuela. El renovado interés hacia la Escuela Una surgió pues de una crisis y una posterior excisión. Aquellos que en España deseaban seguir una orientación lacaniana reafirmaron los principios rectores que fundan la Escuela de Lacan. O sea, esta operación es el resultado de un trabajo que creo que se va a publicar -me lo dirán-. Lo anticipo ya porque creo que puedo decir. Se está preparando un volumen de todas los pasos, las reuniones institucionales que dieron lugar, después de la crisis del ‘98 a la fundación de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis. Creo que ya está preparándose.
Xavier Giner:
Sí, sí, sí, sí. Ya están en imprenta.
Vicente Palomera:
Son dos o tres volúmenes que completan en cierto modo lo que es este libro que tenemos hoy.
La ELP surge entonces como resultado del “Acto de fundación” de Lacan. Esto es algo que comprobamos. No es simplemente una asociación profesional. Tampoco es una sociedad de eruditos de psicoanálisis universitarios, tampoco es un sindicato para la defensa de sus miembros. La Escuela Lacaniana de Psicoanálisis forma parte entonces de la Escuela Una. Es la efectividad, digamos, del Uno de las diferentes Escuelas que comprobamos ahora en esta ocasión cuando nos encontramos la EOL, la NEL y la ELP hablando de este brillante, genial libro que es el resultado de una de una transferencia de trabajo, de ese lazo que era necesario construir para dar lugar a la Escuela, al lugar.
La Escuela Lacaniana de Psicoanálisis forma parte de la Escuela Una y es, digámoslo así, es la efectividad del Uno de las diferentes Escuelas. Esta Escuela Una es la más-Una Escuela y hoy se encarna también en esta en este encuentro que tenemos nosotros. Si bien se ubica en el mismo lugar que la AMP, lo ocupa bajo la forma Escuela. La Escuela Una mantiene, en definitiva, el hilo conductor que orienta el esfuerzo del Campo freudiano desde su fundación.
Entonces, el contexto me parece que es realmente muy importante recordarlo porque está presente en lo que es la elaboración y el resultado de este trabajo que toma forma de este libro.
He elegido de lo que se iba diciendo algunos puntos. Ricardo Seldes ha evocado que lo que organiza nuestra actividad, nuestra acción es la pregunta sobre qué es un analista, qué es el deseo del analista y en definitiva este deseo del analista, ¿cómo puede permitir la llegada de un analizante al final de su análisis? Es decir, a sostener el discurso analítico, al deseo de Escuela. O sea, que hay varios pasos que debemos tener en cuenta.
Rocío Cid habló del optimismo y del humor. Este libro que ustedes tienen en sus manos, este libro es fundamentalmente un libro que resuma humor, el humor de Jacques-Alain Miller. Es la enseñanza de Jacques-Alain Miller en el recorrido de estas reuniones, de estos encuentros y estos seminarios. Está muy presente. Es de una capacidad para levantar el ánimo en un momento determinado para para movilizar las transferencias, que es impactante.
El trabajador decidido. No sé lo que es, pero lo que sí puedo decir es que hubo mucho trabajo, que pusimos un gran esfuerzo, nuestro cuerpo en la creación de esta obra que se llama Escuela Lacaniana y que está vinculado al amor, al amor del que hablaba Gorostiza. Hace falta el amor, que el sujeto supuesto saber no se sostiene de una manera sólida, sino es por el amor, el amor de transferencia. Para que ese sujeto supuesto saber no sea un “sujeto supuesto saber líquido”, como decía él, se necesitaba que alguien ejerciera de esta función de más-Uno. Y esta función fue la enseñanza de Jacques-Alain Miller.
Hay un conjunto, para los que no lo hayan leído este libro, de reflexiones, de observaciones clínicas absolutamente actuales. Yo elegí para esta ocasión, a modo de aperitivo, invitar a algunos puntos que aparecen exactamente. Son varias perlas las que recogí. Hay muchas, pero hay algunas que me parece que vale la pena recordar. Por ejemplo, cuando se habla de la autoestima, dice Jacques-Alain Miller una observación interesantísima:
“Lo que subyace”, es una demanda en la actualidad muy frecuente, es la falta de autoestima, “a la cuestión de la autoestima es la noción de Agalma. Es decir, que en la autoestima referida a un ideal está en juego la causa del deseo. Un sujeto puede entrar en análisis del lado de la agalma o de la palea, es decir, del desecho. He visto el caso de una señora que venía al análisis porque el problema que tenía era que todos los hombres se enamoraban de ella y esos homenajes le traían problemas. Esta esta señora ponía en evidencia que también se puede ir al análisis por un exceso de agalma, pero lo más frecuente en la actualidad es que el sujeto vaya al análisis por estar por su estatuto de sicut palea. Y en este caso, el riesgo es que toda palabra que le venga del analista, toda palabra interpretativa apunte al sujeto como objeto de deshecho. A veces esto se encuentra de una manera muy pura, por lo cual el analista se encuentra reducido casi a no poder decir nada, dado que toda palabra puede ser interpretada por el paciente como una referencia a su estatuto de desecho. Otras veces uno se encuentra en supervisiones con analistas que vienen porque no pueden decir ni una palabra, lo cual lo sume en una cierta desesperación, porque el hecho mismo de callar también es considerado por el paciente como una prueba de desprecio.”
“A mí”, dice la Miller, “me ha sucedido esto en un análisis donde llegué a sentir que no podía moverme, que cualquier gesto que hiciera era persecutorio porque el sujeto había recuperado ese estatuto de deshecho que había tenido en su historia. Y este efecto analítico hacía que toda palabra apuntara a eso. Esto me permitió entender esa función de atracción, de imantación que tenía el objeto como deshecho para este sujeto. Asistimos aquí al nacimiento de una paranoia artificial, paranoia desarrollada en el análisis.”
Esta es una perla. Vemos ahí constantemente observaciones de su propia práctica y de los obstáculos que podemos encontrar en la transferencia.
Hay un momento determinado donde Jacques-Alain Miller donde levanta el discurso al nivel del, podemos decir así, chiste porque dice “la vedette y la ameba”. No sé si lo habéis leído, pero es muy divertido cuando dice que la definición de Lacan de la personalidad, decir que la personalidad es la paranoia, es lo que encontramos en el en el paranoico. El paranoico dice es un VIP, una very important person.
Lacan introduce el concepto de pulsión de muerte en la estructura del yo y, sin embargo, no se priva de decir que la paranoia es la cosa más útil de la vida humana, lo más importante para su desarrollo, porque si no tuviéramos algo de paranoicos, no tendríamos yo y nos encontraríamos un poco como la ameba. Después hace un desarrollo muy divertido sobre qué es una ameba, que pasaría que si la ameba es anónima. Dice Jacques-Alain: “No creo que la ameba esté muy segura de ella misma respecto de otra ameba y parece muy difícil concebir que haya conflictos y ambiciones entre las amebas”. Aquí la sala estaba riendo y aplaudiendo este estilo de introducirnos de una manera, digamos, amable a los conceptos psicoanalíticos. “Las amebas no se equivocan nunca porque tienen una relación directa con lo real y como no se equivocan no pueden escribir ni ni leer novelas. Aunque se comuniquen cosas, seguramente esta comunicación excluye la mentira. Quizás la humanidad haya empezado así con la primera mentira de una ameba.” La sala estaba partiéndose de risa. “Se me ocurre que este podría ser el tema de un cuento fantástico: ¿Cómo se le ocurrió mentir a una ameba para ser una ameba distinta, una ameba vedette?”
Bien, otra perla. En un momento determinado de una de las observaciones clínicas de Amanda Goya me presenta un caso, hay un comentario de Miller, imperdible. Alguien pregunta, «¿Me parece que en este caso hay una demanda de hacer existir una creencia?». Responde Miller: “Eso es normal. Cada uno hace existir una creencia. La diferencia es que en este caso el sujeto solo pertenece a una secta”, en el caso de un paciente que pertenecía a una secta, “y a lo mejor la salud es pertenecer a varias. En la perspectiva radical y un poco irónica del último Lacan, podemos decir que lo que nos protege a los neuróticos es convertir la invasión de esta sola voz en varias voces.”
Es para trabajar esta cita.
Hablando de Lakant, y terminaré con esta perla, hay un momento determinado en que este seminario de Miller tuvo sus dificultades porque hubo que cambiar de sala, habíamos elegido la sala, el Aula magna, pero antes habíamos elegido el Paraninfo, que es una sala enorme donde no se escuchaba bien. Hubo que cambiar los micrófonos, desplazarnos, etcétera. Pero lo más interesante es como en un momento determinado Jacques-Alain Miller hace un descubrimiento. Es decir, en ese seminario Jacques-Alain Miller señala que la frase que se encuentra en la Crítica de la razón práctica de Kant, hay cuatro palabras. Lo habéis leído algunos, pero quienes no lo han leído, me estoy dirigiendo a aquellos que puedan agarrar el libro y empezar a leerlo con interés y con ganas. Hay cuatro palabras: sic volo, sic jubeo. “Así lo quiero, así lo ordeno”. Ahí el imperativo categórico toma la palabra para decir: “Esta es la legislación, así lo quiero, así lo ordeno”. Cuatro palabras en latín sin referencia alguna. Bueno, Jacques-Alain Miller movilizó todo lo que pudo para conseguir obtener distintas versiones de la Crítica de la razón práctica para extraer de dónde viene esta fórmula:
“Desde mis tiempos de estudiante en Vincennes, no sabía si era una fórmula o de dónde había sacado Kant estas cuatro palabras. Creía que era una fórmula jurídica de la Roma antigua. Pues no, no viene de lo jurídico. Estas palabras, sic volo, sic jubeo, “Así lo quiero, así lo ordeno”, que son como la expresión misma de la gloria del imperativo categórico, provienen del escritor satírico romano Juvenal. Esto lo encontré hace tres días.”
O sea, vemos ahí realmente lo epistémico. Es algo que se va desplegando, está en movimiento, está encarnado en el mismo acto de enunciación de Jacques-Alain Miller.
“Lo encontré hace tres días y lo encontré justo antes de salir de París y por eso le pedí a Judith en Barcelona que me comprara una edición en castellano de las Sátiras de Juvenal para ver de dónde sacó Kant estas cuatro palabras en latín. Pues bien, vienen de la sátira número seis. Esta sátira es la más larga de toda la de Juvenal. Hemos de representarnos a nuestro Kant, visibilicemos a Kant leyendo a Juvenal, encontrando esto y diciendo, «Es eso.» O suponer que en el momento en que se formula su imperativo categórico, eso le vuelve a él. ¿Y cuál es la trama de la sexta sátira de Juvenal? Es el de saber si un hombre se debe casar o no. Toda la sátira de 700 versos está dedicada a demostrar que jamás hay que casarse, que eso es algo que produce un dolor terrible. Es la demostración, caso por caso, de que no hay que casarse nunca con una mujer. Es la sátira por excelencia de la ética del soltero.”
Kant era soltero, ¿no? El divino soltero.
“En la demostración cuando acuden esta fórmula, que Kant transforma un poco, no hay ambigüedad. En el Opus postulum cita de nuevo este verso y más extensamente lo que me ha permitido encontrar la referencia. En realidad”, dice Miller, “en latín dice oc volo, oc jubeo, “. Quiero esto, ordeno esto”. ¿Y en qué momento aparecen? Cuando está refiriéndose a los perjuicios que una mujer casada puede hacer a un hombre. Ahí se describe, por decirlo así, al tirano femenino. Es el tirano femenino que dice: «Quiero esto.» ¿Y qué quiere? En este punto es cuando la cuando Kant encontró la voz del deber.”
O sea, Miller encuentra el momento donde Kant encuentra la frase adecuada para formular el imperativo categórico.
“La mujer en el momento, dirigiéndose al marido le dice: -«Ordena crucificar a este esclavo”. Esto es como la cruz de la experiencia. Y entonces el marido responde: “-¿A este esclavo? ¿Por qué? ¿Por qué crimen merece tal suplicio? ¿Qué testigos hay? ¿Quién lo ha delatado? Oye, si se trata de la vida de un hombre, no hay reflexión que resulte excesiva.” Es decir, que este hombre habla como tal, habla tal como se supondría él mismo, el mismo Kant hablaría, recordando que hay que realizar un juicio razonable. Pero no es así. Al contrario, Kant se reconoce en la palabra de la mujer. Reconoce la voz del deber tiránico en la voz de de la mujer. -“Loco”, dice la señora, “¿De manera que un esclavo es un hombre?, le dice ella. -“No ha hecho nada”. –“De acuerdo, pero lo quiero y lo ordeno. Sirva como razón mi voluntad”.
Y termina Miller:
“Y es en este momento que con toda certeza que Kant encuentra la voz del deber.”
Podemos leer muchos tratados sobre la Crítica de la razón práctica, elaboraciones sesudas, eruditas, pero esto es otra cosa. Esto es el psicoanálisis. Es poder captar la enunciación de donde proviene un mandato superyoico que domina la ética de Kant. Recordemos lo que hace Lacan cuando comenta este texto en “Kant con Sade”.
Bueno, ahora te paso la palabra, pero solamente decir que está lleno, para los que no han leído este libro, está lleno de indicaciones muy útiles para para pensar la propia práctica, la supervisión, lo que es el deseo del analista.
Bienvenido entonces este libro para todos porque es una manera de seguir avanzando.
*Intervención online para la presentación del libro «Política de la transferencia». Inédito.

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