Vaciamiento de sí
Por Omaïra Meseguer
2026/09/17
Una mujer abandonada puede perder todo gusto por la vida. ¿Sería entonces desencadenar un «odio celoso»[1] una forma de preservar el poder erótico de lo que, según ella, en un encuentro la había revitalizado?
Un desastre exaltado
En La Ocupación, Annie Ernaux despliega la forma en que, precisamente, se encuentra «ocupada» por la presencia de otra mujer: «En raros momentos de respiro […] cuando pensaba en otra cosa, de repente la imagen de esta mujer cruzaba por mí.»[2] Lacan señala que «los celos, en su esencia, representan no una rivalidad vital sino una identificación mental.»[3] Annie E. está obsesionada con la mujer que le roba un hombre que ya no desea. ¿Es esto una paradoja? En absoluto. Para escapar de la pesadez de la conyugalidad, ha preferido las alegrías de una relación esporádica. ¿No es esta una forma de tenerlo todo, tanto al hombre como a la «libertad»[4]?
Pero un día este hombre le dice que ha conocido a una mujer con la que piensa mudarse. Las reglas cambian. La palabra que viene a la mente de la pluma de Annie E. para describir lo que le está ocurriendo es la de «desastre»: un colapso inesperado y poderoso – «está en la cama de otra mujer»[5]. Debe encontrar a este Otro, golpearla, insultarla y -¿por qué no?- matarla. Durante este periodo, se siente capaz de cualquier cosa. La búsqueda de la identidad de esta mujer roza la exaltación. ¡Qué energía despliega! ¡Qué «salvajismo»[6]!
Unos celos vivos
Annie E. acaba encontrando algunos datos de contacto de esta mujer: su edad, un número de distrito y una universidad. Los números entonces adquieren «una extraña materialidad»[7], escribe. En su «película interior»[8], cuanto más cuenta, menos cuenta, sin duda es la perdedora; «los celos sexuales requieren que el sujeto sepa contar»[9], señala Lacan. «Los celosgoce»[10] la animan, pero también la vacian, como se vacía un fruto de la pulpa. “Este vaciamento de sí que son los celos, que transforman cualquier diferencia con el otro en inferioridad, no solo fue mi cuerpo, mi rostro, lo que se devaluó, sino también mis actividades, todo mi ser»[11], dice. Un/vacia/miento/de/sí: esta es una definición de devastación. Para A. Ernaux, escribir esta historia en su diario es una forma de «dar materialidad a esta obsesión», no sin temer «dejar escapar algo esencial. Escribiendo, en resumen, concluye, como una envidia de lo real».[12]
*Meseguer O., Évidement de soi – J56
[1] Lacan J., El Seminario, libro XX, Aún, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2016, p. 120.
[2] Ernaux A., L’Occupation, París, Gallimard, 2022, p. 14 y 20.
[3] Lacan J., “Los complejos familiares en la formación del individuo”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2021, p. 47.
[4] Ernaux A., L’Occupation, op. cit., p. 13.
[5] Ídem., p. 13 y 12.
[6] Ibid., p. 34.
[7] Ibid., p. 16.
[8] Ibid., p. 21.
[9] Lacan J., El Seminario, libro IX, «La identificación», conferencia del 20 de junio de 1962, inédita.
[10]Lacan J., El Seminario, libro XX, Aún, op. cit., p. 121.
[11] Ernaux A., L’Occupation, op. cit., p. 52.
[12] Ibid., p. 42
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