Los chatbots nunca serán el futuro de la psicología
Por Éric Morin
2026/09/13
Ante la crisis que atravesamos en el ámbito de la salud mental y los problemas que plantea en la organización de los cuidados, nos pareció importante interesarnos por la obra colectiva «Psiquiatría y psicología del futuro», que pretende exponer «los innovadores métodos diagnósticos y terapéuticos que harán que la psiquiatría y la psicología del mañana sean presentes», una obra aclamada en la web de la Fundación FondaMental.
Así, para ayudar con el diagnóstico y la terapia, Yann Auxéméry, uno de los autores del libro, se apoya en la psicolingüística y en la búsqueda de lingomarcadores. Escribe: «Las inteligencias artificiales intentan ahora crear un psybot a medida para cada situación clínica que se adapte constantemente a lo que entiende sobre el estado psicológico del paciente y su relación terapéutica, lo que nos lleva a describir una forma de intersubjetividad híbrida.»[1]
Sin embargo, al cuestionar una IA, el autor descubre que «toda IA permanece, por el momento, esencialmente replicativa del conocimiento existente […] sorprendentemente, ignora cualquier interés por el lenguaje». De hecho, si la IA tiene acceso a teorías del lenguaje, permanece impermeable a su material jubiloso, es decir, al placer experimentado en el acto de hablar. Incapaz de afrontar este aspecto, no lo enfrenta y no encuentra «interés»[2] en él, según este autor.
Sin duda es útil, para comprender los límites de este enfoque, partir de la experiencia de niños muy pequeños. ¿Qué nos enseñan? Que la aparición del lenguaje pasa primero por el cuerpo. Freud, en «Proyecto de una psicología científica»[3], habla de la prematuridad de un cuerpo atravesado por tensiones, de ahí los gritos que otro puede interpretar como un llamado. Otro punto importante es el lenguaje juguetón descrito por Freud de la siguiente manera: «A la edad en que el niño aprende a manejar el vocabulario de su lengua materna, siente un placer manifiesto al convertir este material en un experimento lúdico«. Por tanto, el lenguaje no es comunicación, es ante todo un placer jubiloso, un juego, a través del gorjeo y el balbuceo. El niño «entrama las palabras sin atenerse a la condición del sentido, a fin de alcanzar con ellas el efecto placentero del ritmo o de la rima «.[4] Esto resuena en el cuerpo. El placer de lalengua que atraviesa el cuerpo es una especificidad humana.
Este «placer [al niño] se le prohíbe poco a poco hacer, hasta que las únicas combinaciones autorizadas de palabras que le quedan son aquellas que tienen significado.» Freud nos dice que hay rastros de este goce en las formaciones del inconsciente y: «en el ulterior desarrollo […] halla contento en ese estímulo de lo prohibido por la razón. Se vale del juego para sustraerse de la presión de la razón crítica.» [5] Freud nos muestra así la utilidad de las six seven, esas palabras absurdas que los niños usan para interrumpir lo que les satura de sentido.
Tensión, júbilo, esto es lo que hace única la lengua de cada persona, a pesar de la apariencia de un sentido compartido por todos. Es un material muy particular, muy diferente del que usan los chatbots. Yan le Cun, «uno de los hombres clave en la invención de la inteligencia artificial», reconoce esto: «el principio en el que se basan es pura y simplemente intentar predecir la continuación de un texto […]. Por supuesto, hay mucho conocimiento humano presente en Internet, pero es muy superficial y no incluye, por ejemplo, el conocimiento del mundo físico, del mundo real. Así que estos sistemas, en cierto modo, tienen mucho menos conocimiento del mundo real… que tu gato».[6]
El encuentro con Martin, un niño que asiste a ULISS, arroja luz sobre los efectos de una práctica basada en la relación singular que un sujeto tiene con el lenguaje. Martin no puede acceder al aprendizaje, no consiente entrar en la demanda. Su profesor y su AESH, gracias a los intercambios con el psicólogo, identifican entonces un ritual. Cada llegada a clase comienza con un pasaje frente al ordenador y acceso al motor de búsqueda y al traductor. Martin manipula palabras en diferentes idiomas, se jacta del material. Esta tontería es su preámbulo para consentir entrar en el sentido demandado. Al acoger el trabajo que realiza sobre el tema del lenguaje, su profesor y su AESH se convierten en partenaires en sus descubrimientos y le permiten gradualmente aceptar pasar por otro para entrar en el aprendizaje.
Esta viñeta da testimonio de lo que un chatbot nunca podrá comprender en el propio asunto de la lalengua[7], es decir, una lengua viva que echa raíces en el cuerpo. Solo un practicante humano, atravesado por esta lengua viva, puede captar su riqueza y utilizarla en su práctica.
*Morin É., «Los robots conversacionales nunca serán el futuro de la psicología», https://www.psychologuesfreudiens.org/post/les-robots-conversationnels-ne-seront-jamais-l-avenir-de-la-psychologie
[1] Auxéméry Y., Mallet J., s/dir., Psychiatrie et psychologie du futur, París, Ellipse, 2005, p. 547.
[2] Ibid., p. 551.
[3] Cfr. Freud S., “Proyecto de psicología” (1950 [1895]), Obras completas, tomo I, Buenos Aires, Amorrortu, 2003.
[4] Freud S., “El chiste y su relación con lo inconsciente” (1905), Obras completas, tomo VIII, Buenos Aires, Amorrortu, 2003, p. 120.
[5] Ibíd., p. 121.
[6] «La IA amplifica la inteligencia humana como la máquina amplifica la fuerza», Yann le Cun, entrevista por Léa Salamé, 12 de abril de 2023, France Inter, disponible en internet.
[7] Neologismo inventado por J. Lacan: » esta lalengua que escribo en una sola palabra, como saben, para designar lo que es el asunto de cada quien, lalengua llamada, y no en balde, materna»., in Lacan J., El Seminario, libro XX, Aún, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2016, p. 166.
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