Diversidad de Conversaciones Sobre el Goce con Sujetos con Funcionamiento Psicótico – Por Jean-Claude Maleval – 2026/09/05

Diversidad de conversaciones sobre le goce con sujetos con funcionamiento psicótico

Por Jean-Claude Maleval

2026/09/02


Daniel Aksman:

Vamos a dar comienzo a la actividad especial de hoy. Tengan un buen día a todos. Buen día, acá en la Argentina. Buenas tardes allá a los colegas. Decirles, antes de comenzar, que esta actividad se enmarca en las actividades del Departamento de Estudios de Psiquiatría y Psicoanálisis del CICBA-ICdeBA, Instituto Clínico de Buenos Aires de la EOL. Esta actividad se desarrolla los segundos y cuartos lunes de cada mes. Si quieren inscribirse en las actividades del Departamento […]

Entonces, para ir al tema de hoy. Es un honor para mí y para todos nuestros colegas. Es un honor y una alegría contar por primera vez en el Departamento con Jean-Claude Maleval. Muchos de nosotros lo conocemos hace mucho, seguimos sus textos desde que publicó sobre Las locuras histéricas, venimos siguiendo sus trabajos. Realmente es un placer escucharlo y conversar con él hoy.

Para quienes no lo conocen, Jean-Claude Maleval es psicoanalista, practica el psicoanálisis en Francia, en París. ¿Cierto?

Jean-Claude Maleval:

Más bien en Rennes.

Daniel Aksman:

Conozco Rennes. Hermoso. Preciosa ciudad.

Es miembro de la ECF. Es profesor honorario de la Universidad Rennes de psicología clínica. Es autor de varias obras sobre las psicosis y el autismo, en particular La forclusión del Nombre-del-Padre. También escribió La lógica del delirio, La Diferencia autística, De la estructura autísticas y de los falsos autistas. Y decir que ejerce el psicoanálisis desde hace 51 años.

Entonces, presentado el profesor y colega, le paso la palabra.

Jean-Claude Maleval:

Entonces, les agradezco por esta invitación para hablar en Buenos Aires. También por haber hecho referencia a mi trabajo de 1981 sobre Las locuras histéricas. Es un trabajo que criticaré hoy mucho. Extendí demasiado la locura histérica en ese antiguo trabajo. Al contrario, el trabajo que presento hoy podría ser también una introducción a mi último libro que se llama Conversaciones sobre el goce con sujetos psicóticos ordinarios y extraordinarios.

Entonces, el título de mi intervención hoy es “Diversidad de las conversaciones sobre el goce con sujetos con funcionamiento psicótico”.

Lacan termina “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible sobre la psicosis” afirmando “utilizar la técnica que él instituyó, fuera de la experiencia a la que se aplica, es tan estúpido como dejar el alma en el remo cuando el navío está en la arena”[1]. Se puede deducir que los trabajos de los pioneros de la cura de psicóticos no le parecieron probatorios y anhelaba un centramiento diferente. Fue necesario esperar a los años 1980 para que imponga la noción de que la cura del psicótico podía intentarse, no mediante una interpretación del goce, sino por medio de una maniobra de transferencia para poder regularlo. Michel Silvestre condensa esta fórmula, esta maniobra de transferencia de la siguiente manera: “Si en la demanda inicial”, decía en 1984, “el psicótico espera del analista significantes capaces de organizar las perturbaciones de su mundo, en la segunda demanda, la que va a orientar la transferencia, el psicótico propone su goce al analista para que él establezca las reglas”.

Sin embargo, hoy en día es cada vez más frecuente escuchar que se promueva una promoción de la cura transestructural que ya no tendría que preocuparse por la estructura subjetiva. Este discurso transestructural se apoya en general en referencias múltiples, todas posteriores a la enseñanza de Lacan y mezclando forclusión generalizada, abordaje continuista y psicosis ordinaria. Su argumentación más sólida se apoya en la trasversalidad del sinthome. Este último encierra lo que el sujeto tiene en sí de más singular de manera que toda cura debería orientarse por éste. A nivel del sinthome, la distinción entre estructuras clínicas no tendría sentido. No hay otra clínica que la clínica de lo real, la que apuntaría al fuera-de-sentido y la puesta en evidencia del punto de retorno donde se produce una alianza entre el significante y el goce.

Ahora bien, si el S1 está congelado en el autista, el sinthome, ¿no sería más bien algo a construir que a analizar? Y, sobre todo, ¿cómo hacer con el desabonamiento de lo inconsciente del sinthome psicótico? ¿Cómo interpretar el síntoma en la psicosis en una clínica que, en ocasiones, parece “hacer jugar el inconsciente a cielo abierto”[2]? Cómo depurar el sentido ligado a un síntoma cuando en la psicosis este nunca está “más claramente articulado en la estructura misma”[3]? ¿S puede dirigir la cura de la misma manera cuando el síntoma está recubierto por S2 que cuando el S1 es inmediatamente discernible? ¿Cómo hacer cuando es tan vacilante, flotante que el significante-amo no parece en función?

La enseñanza de Lacan da algunos índices de lo que se podría esperar de un trabajo con un psicótico: una identificación por la cual el sujeto ha asumido el deseo de la madre, una muleta imaginaria, identificaciones puramente conformistas, un apoyo en un partenaire, incluso un delirio enquistado compatible con el buen orden. Sin embargo, su elaboración más desarrollada respecto de la estabilización de un psicótico se refiere al ego de Joyce. Lacan considera que en Finnegans Wake, la escritura de éste último ha logrado poner en evidencia lo que se puede esperar al término de un análisis: significantes fuera-de-sentido desabonados del inconsciente que muestran el síntoma al desnudo. No hay necesidad alguna de un psicoanálisis, por lo tanto, para Joyce. Su escritura de S1 no inmersos en el Otro está consagrada principalmente a inmortalizar su nombre, a forjarse como artista, a escabelizar. Su arte suple su dominio fálico. Gracias a él ensambla su ego logrando darse un cuerpo que se sostiene de la escritura. El ego, la idea de sí mismo como cuerpo, es una noción que se opone a la de sujeto dividido. El ego es una formación imaginaria débil que enmascara las determinaciones que el parlêtre debe a lo simbólico y a lo real. Sin embargo, el ego de artista de Joyce toma tal consistencia que, a pesar de la falla, del atolladero de lo imaginario, surge de lo imaginaria resultando capaz de anudar sólidamente los elementos de su estructura subjetiva. Por intermedio de su ego, se instaura una suplencia que permite el advenimiento de un anudamiento no-borromeo de lo imaginario, lo simbólico y lo real.

La escritura de Joyce es excepcional, pero el ejemplo de su estabilización no lo es. Un empuje a la escritura y un empuje a la creación son de observación frecuente en los sujetos psicóticos. Las producciones escritas o artísticas no siempre están al servicio de recomponer el ego, pero la mayor parte de ellas vienen acompañadas de efectos de apaciguamiento. Joyce enseña, por querer hacerse un nombre, cómo logra por medio de su trabajo “hacer una compensación de la carencia paterna”. Una inmersión del sentido en una formación imaginaria producida por el sujeto mismo parece haber tenido una función de estabilización. Él supo arreglárselas con su sinthome.

No todos los sujetos psicóticos tienen esa capacidad. Hay quienes se presentan radicalmente sin brújula alguna, flotando en la existencia sin nada que los guíe. Jacques-Alain Miller propuso el término «enfermedades de la mentalidad» para designar algunos de ellos. Para ilustrarlos se apoya en una presentación de enfermos efectuada por Lacan de una paciente, la Srta. Brigitte, quien se presenta como “interina de sí misma”. Ella decía:

“Estoy a la búsqueda de un lugar en la sociedad. No tengo lugar. No soy ni una verdadera ni una falsa enferma. Me he identificado a distintas personas que no se parecen a mí. Me gustaría vivir como un vestido.”

Lacan dice: “Todo lo que dice no tiene peso. No hay ninguna articulación en lo que ella dice”. La única indicación dada por Lacan para trabajar con ella es: “Ella quiere valorizarse, que se la valorice si se puede”. Esta indicación de Lacan orienta más hacia el sostén de alguna identificación imaginaria que a la búsqueda del punto de retorno entre significante y real. Miller constata que para ella no hay significante amo: “No es más que un espejo colgado en todas partes, pero sin nada que lo sostenga. Pura mentalidad desenfrenada”. Brigitte fue observada y atendida en un hospital psiquiátrico. El analista podía recibir en su consultorio a pacientes en quienes la función del significante-amo no opera.

Un sujeto en la “nebulosa” recibido por Hervé Castanet alcanzaría para para establecer que no es así. De entrada, él le confió: “No sé lo que espero. Es muy molesto”. Aparece muy rápidamente que su pensamiento angustiante carece de anclaje. Dice:

“Me debato con alguna cosa. No sé qué es, no sé con qué. En el momento de hablar, ya no estoy seguro de nada. No sé lo que me pasa. Me esfuerzo por decir algo. Pienso y viene la contra. Eso me da vuelta a la cabeza. Lo que digo no tiene sustento. Entonces, ¿para qué decirlo? Mi pensamiento es rechazado incluso antes de aparecer. Cuando hablo es una mescolanza.”

Durante una cura de 7 años, a pesar de los cambios de táctica del analista, todo fue sin efecto. La nebulosa no se levantó jamás.

En estos sujetos fuera-de-discurso para quienes la palabra carece de fundamento, en estos sujetos para quienes domina el significante no-articulado, ¿cómo plantearse la conducción de la cura hacia la depuración de aquello que ordena el sentido dado que su falta de funcionamiento es precisamente uno de los elementos principales de la queja? “Para que el sujeto vomite significante-amos”, señala Miller, “primero tiene que haber sido marcado por él”.

Identificar la estructura subjetiva -sea neurótica, autística o psicótica- no es establecer un diagnóstico pues eso no implica ninguna suposición sobre la causalidad de los trastornos, no determina tratamiento farmacológico y no incide en el pronóstico. En cambio, esta identificación de la estructura constituye un dato fundamental para la conducción de la cura psicoanalítica. Ciertos psicoanalistas pasan por alto esta identificación -la de la diferencia de estructura- tomando un enfoque transestructural o una clínica continuista, lo que incita a confiar en la histerización del sujeto y que se orienta en toda circunstancia en un desciframiento del inconsciente. Este no parece operante en lo que concierte a sujetos de funcionamiento psicótico ni tampoco, por cierto, por los estructurados en forma autística.

Muchos analistas constatan que, con sujetos psicóticos ordinarios o extraordinarios, ellos son incitados a intervenir bajo el modo de la conversación. En una de sus entrevistas con Aimée, Lacan confiesa haber mantenido intercambios sin hilo, de manera desordenada. En lo sucesivo de su enseñanza, en particular en sus últimos años, centrada sobre una axiomática del goce, permitió precisar las modalidades de esta conversación, incitando a orientarla esencialmente hacia la búsqueda de regular el goce del sujeto y preservarlo de su convicción de estar enfrentado al goce amenazante del Otro.

De esta práctica se desprende una constatación: la diversidad en la conducción de las curas de sujetos con funcionamiento psicótico. Estas curas carecen de la brújula presente en la de los neuróticos que lleva a desentrañar, más allá de las identificaciones, los significantes del síntoma fundamental que fijan el goce del sujeto y tienden a convertirlo. La interpretación contribuye al desciframiento del síntoma. La conversación sobre el goce tiene otros objetivos, son múltiples, cambiantes y requieren una adaptación al modo del funcionamiento del sujeto. No obstante, en la diversidad de estas conversaciones aparece posible distinguir dos orientaciones principales producidas por los analizantes con funcionamiento psicótico. Una consiste en moderar el goce de los fenómenos elementales, dotándolos de sentido, lo que puede llevar a forjar un mito construido conjuntamente que, a veces, adopta la forma de un delirio enquistado. La otra se esfuerza por contener el goce en exceso, ya sea mediante el apoyo estabilizador en un partenaire o en una identificación imaginaria, o a través de una producción que genere una suplencia mediante una obra escrita, artística, profesional o de otro tipo.

Posicionarse como amo aplastante, depositario de un saber totalizante sobre el sujeto es propicio para suscitar una erotomanía de transferencia en ocasión de la cual el paciente se percibe como un sujeto sometido a la maldad de un Otro gozador. Diversos pasajes al acto pueden resultar de ello, poniendo en peligro la consecución del trabajo. ¿Cómo evitar que el psicótico se enfrente de forma inmediata al goce tanto en la cura como en su funcionamiento? Para lograrlo, la mayoría de analistas lacanianos buscan sostenerse no en una posición de semblante de objeto a, lo cual puede inducir un silencio sentido como inquietante, incluso como amenazante, sino en una posición de semejante con el fin de entablar una conversación. “Nosotros tratamos de establecer las condiciones de la conversación con el psicótico”, indica Jacques-Alain Miller, “y nos ofrecemos para que él se sirva de nosotros”. Ménard señala: “Mantener una conversación de apariencia banal, evitando todo lo que pudiera funcionar como una interpretación”. Éric Laurent constata: “Para definir los tratamientos de la psicosis, es fundamental una especie de conversación sobre el goce”. Éric Laurent precisa: “Es importante sostener una empresa de traducción constante de lo que excede la significación”. Esta implica una actividad bastante importante por parte de quien ocupa el lugar de garante de la traducción posible. A partir de ahí la conversación se orienta más hacia una búsqueda de capitonado que a un desciframiento de los síntomas.

La conversación sobre el goce, cuando es dirigida por un analista, debe tener en cuenta ciertos principios. En particular, se debe operar una maniobra de transferencia para que el analizante no encarne un objeto sometido a influencias amenazantes. Evitar las interpretaciones ambiguas que hacen resonar el cristal de lalengua, no proponer el diván sino con prudencia puede contribuir a ello. La localización de la coyuntura desencadenante o de las situaciones que desestabilizan al sujeto es de una importancia fundamental. Se trata, además, de actuar para atemperar el goce excesivo asociado a menudo a los fenómenos elementales. La cesión de goce producida por las restricciones de la cura y por los decires del sujeto no siempre son suficiente para ello.

En un pasaje poco citado hoy en día de “De una cuestión preliminar”, Lacan señala a los daños graves o efectos catastróficos de ciertas intervenciones relacionadas con la interpretación de una homosexualidad latente en el sujeto psicótico[4]. Se muestra muy tajante, muy afirmativo en este punto que considera cierto y que ha observado constantemente. Viniendo de un clínico de su calibre, tales indicaciones merecen ser tomadas en serio.

Sin duda, Lacan no ignoraba una viñeta clínica relatada por Ferenczi, en 1914, que atestigua de manera clara y original los efectos devastadores que puede tener en un sujeto psicótico una interpretación que dé consistencia a fantasmas homosexuales. Ferenczi accedió a la demanda de un joven de inteligencia superior, megalómano y perseguido. Aunque era despreciado por sus colegas, cumplía puntualmente con sus responsabilidades profesionales. Ferenczi apreciaba sus poemas hasta tal punto que había intentado llamar la atención de personalidades eminentes sobre ellos -los poemas-, por lo que el otro habría mostrado agradecimiento. Luego de esto, acudía a hablarle más o menos una vez por mes durante varios años para contarle sus penas como a un confesor. Se marchaba aliviado, por lo general. Su escaso deseo sexual iba de la mano de convicciones erotomaníacas. Ferenczi no buscaba en lo absoluto emprender con él un análisis clásico que, en su opinión, no ofrecía ninguna perspectiva para este caso. Lo que sucedió después lo confirmó.

Fue en el duodécimo año de estas conversaciones mensuales, en las que el médico se limitaba en escuchar al visitante -sin ponerlo en el diván, sin pedirle asociación libre y sin interpretar- cuándo se produjo el colapso del paciente. Indignado por unos supuestos acosos, se lanzó a agredir a su jefe de servicio. Sin embargo, por esa época, había comenzado a mostrar un interés creciente por la literatura analítica hasta el punto de que había caído en sus manos un artículo de Ferenczi argumentando la tesis freudiana sobre la relación entre paranoia y homosexual. La idea de que él mismo fuera paranoico y homosexual le pareció al principio cómica, pero, poco a poco, fue adoptando esa interpretación. Ferenczi señala:

“Hasta entonces, había sufrido de una manía persecutoria, pero ahora comprendía por una especie de iluminación que, en el fondo, era -hablando con propiedad- un homosexual. Al día siguiente estuvo muy angustiado, atormentado por insoportables fantasmas homosexuales. Unos días más tarde, tenía alucinaciones, hablaba solo, hacía escándalos. Luego, entró en un estado catatónico en el que permaneció varias semanas. Tuvo que ser atendido en una clínica psiquiátrica.”

En consecuencia, hay que constatar que una actitud de no-intervención mantenida durante más de diez años había evitado la psicosis desencadenada. Pero fue suficiente la lectura de un artículo escrito por el analista para que el sujeto estuviera desequilibrado de forma duradera. Esta lectura dio lugar a una interpretación. Sugirió al sujeto que era capaz de haber traspasado el límite heterosexual del goce, lo que muy pronto lo atormentó y probablemente provocó comentarios burlones atribuidos a sus compañeros. Todo permite suponer que fue llevado a armar un escándalo para defenderse de estas acusaciones. La interpretación inesperada actuó en el sentido de una apertura hacia un goce desenfrenado, aunque se esperaba que se mantuviera contenida.

Sin embargo, ¿por qué el sujeto psicótico se vería tan amenazado por una interpretación de un fantasma homosexual sabiendo que algunos de ellos tienen una práctica asumida de la homosexualidad? Conviene, sin duda, aprehender la indicación de Lacan en un marco más amplio, pero también restringirla. No es solo la interpretación de la homosexualidad lo que resulta desestabilizador para algunos, sino, en un sentido más amplio, las interpretaciones que se viven como una autorización para un goce excesivo. Pueden referirse a la homosexualidad, pero también a fantasías incestuosas, pedófilas, zoófilas, homicidas, etc.

Cuando el temor a cruzar uno de esos límites atormenta a un sujeto psicótico y cuando percibe en las palabras del analista una posible confirmación a tal modo de goce -algo que, a veces, suscita la simple invitación a interrogarlo-, pues bien, se observa de manera corriente que estos pueden efectos catastróficos entre los que se destacan con mayor frecuencia el de avivar una erotomanía de transferencia que puede llegar incluso a provocar la interrupción de la cura.

Para seguir leyendo, ingrese al blog.


*Maleval J.-C., “Diversidad de las conversaciones con sujetos con funcionamiento psicótico”, intervención vía Zoom para el Departamento Psicoanálisis y Psiquiatría. 2026/09/05. Inédito. Disponible en: Facebook (Esta versión corrige errores en la traducción sucesiva de Alejandra Loray)

[1] Lacan J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, Escritos, tomo 2, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2018, p. 557.

[2] Lacan J., El Seminario, libro III, Las psicosis, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2017, p. 89.

[3] Lacan J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, Escritos, tomo 2, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2018, p. 514.

[4] Lacan J., “De una cuestión preliminar…”, op. cit., p. 522.

Deja un comentario