Verdad, medio-decir, mito
Por Kostas Tsampouras
2026/06/08
En Lacan, habría una doble articulación de la cuestión de la verdad.
A nivel discursivo, esto no tendría nada que ver con el sentido o la significación. Sería, en principio, solo un lugar de discurso, como ilustra la matriz en la que se encuentran los cuatro discursos del Seminario XVII, lo que bastaría para descartar la idea de una verdad que pudiera abarcar todo el campo: en tanto que verdad del agente, sufre de cierta impotencia para alcanzar el lugar de la producción.
A nivel apofántico, Lacan, en el curso de su enseñanza, asoció la verdad a una serie de atributos para definir mejor su función: ficción, medio-decir, verdad variable, verdad mentirosa. Aquí hay que evitar algunos malentendidos: el hecho de que la verdad tenga la estructura de la ficción no autoriza en absoluto la asimilación de la primera a la segunda, a menos que confundamos hecho y estructura. Así, el hecho de que solo se pueda medio-decir la verdad no significa una reconstrucción de ella, sino más bien una rectificación estructural, si al menos, según Lacan, es solo «suponer de lo que lo real hace función en el saber».[1] Entonces convierte su impotencia en el velo, y por tanto en el índice de un imposible. Es en esta insistente referencia a lo imposible, incluso a lo real, donde la verdad tomará la pulsión libidinal que presidirá la sucesión de sus permutaciones. Si esta variación aparentemente la hace destacar como mentirosa, es su ser hablante lo que está en juego, más que cualquier identificación con la mentira: «Yo, la verdad, hablo».
El mito no se añade a estas determinaciones de verdad, sino que indica su propia forma – el mito, como lo analiza Lévi-Strauss en su artículo «La estructura de los mitos».[2] Lacan enfatiza: «Obviamente verán ahí enunciar lo mismo que lo que les digo, es decir, que la verdad no se soporta sino de un medio-decir.»[3] Ahora bien, el mito no es un medio-decir entre otros; constituye el modelo prínceps: «El medio decir es la ley interna de toda clase de enunciación de la verdad, y lo que mejor encarna esto es el mito».[4] Si, entonces, la verdad tiene la estructura de la ficción, es porque está estructurada como un mito. Y el mito, según Lévi-Strauss, es solo la respuesta a un imposible: «el objetivo del mito es proporcionar un modelo lógico para resolver una contradicción (una tarea inalcanzable, cuando la contradicción es real)».[5] Este imposible constituye el resorte que anima la variación razonada de la verdad que, por su repetición transpuesta, manifiesta para un sujeto la estructura que responde a él, en sus diferentes formas de fracaso: fantasma, síntoma, formaciones del inconsciente.
*Tsampouras K., Verdad, Decir a medias, mito – Congreso NLS 2026
[1] Lacan J., “Radiofonía”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2021, p. 466.
[2] Lévi-Strauss C., Anthropologie structurale, París, Plon, 1958, pp. 227–255.
[3] Lacan J., El Seminario, libro XVII, El reverso del psicoanálisis, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 115.
[4] Ibid., p. 116.
[5] Lévi-Strauss C., Anthropologie structurale, op. cit., p. 254.
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