La madre lacaniana. La castración, el mordisco y el deseo insaciable.
Por Mirta Zbrun
2026/06/02
Epígrafe
Y tú, vete a casa, hija mía, y al menos obedece mis leyes por última vez. (Clytenestre, Racine, Iphigénie, cap. IV, 4).
Apertura
¿Hay una madre lacaniana? Propongo discutir los postulados que lo fundaron y que permiten la transformación de la madre del poder negativo en un elemento móvil, la única posibilidad de la aparición de lo femenino. Mi interés en la transmisión en mi seminario, Clínica de lo Real de la EBP Río de Janeiro, es demostrar que la madre es un tema central en el «Seminario 4» de Lacan, «La relación objeto» (1956-57)[1]; en él abordará la relación objetal, delimitando su alcance en teoría y en la clínica, proponiendo su teoría de la ausencia de objeto y en esta teoría encontramos los tres postulados de la madre que aquí llamo la madre lacaniana: la madre de la castración, la madre del mordisco y la madre del deseo insaciable. La teoría de la falta de objeto es seguida por el sesgo perverso del deseo, el objeto fetichista y la estructura de los mitos en la observación de la fobia del pequeño Hans[2].
Postulados.
«El agujero abierto de la cabeza de Medusa es una figura devoradora que el niño encuentra como una salida posible en su búsqueda de la satisfacción de la madre» (Lacan, Seminario 4, p.197)
Al reflexionar sobre la falta de objeto en la teoría psicoanalítica, propongo avanzar del sujeto a la madre como primer objeto de amor. En una aproximación a los valores de verdadero y falso, parto de una teoría de la madre en el psicoanálisis, que muestra las consecuencias clínicas, para todo sujeto, de la sexualidad femenina, en la medida en que cada sujeto es hijo de una madre.
1.1) De potencia negativa a elemento móvil
Algunas posibles preguntas: ¿qué hará el niño delante de esta madre? ¿Tendrá miedo de la mordida? ¿O intentará desmontarla, como hizo el pequeño Hans cuando intentó desmontar la bañera? Hans desmonta la bañera. Y este desensamblaje fue lo que le permitió salir de la fobia, desplazando a la madre del lugar de potencia negativa, inscribiéndola como un elemento móvil, dentro de la cadena simbólica. Este pasaje, que en la experiencia del análisis aparece como atravesamiento del fantasma, significa que, como objeto intercambiable, la madre es una mujer, un objeto posible de ser elegido, posible de ser amado, que uno puede ser curado de ella, con la presencia de un padre, … o peor.
1.2) Lo femenino y la falta
El sujeto tiene, a través de la castración, una relación de deseo con la falta: solo se desea lo que el otro no tiene, y esto se muestra en la alternancia lógica de k presencia-ausencia del falo, de la presencia-ausencia de la madre, como lo evidenció el juego de Fort-Da, descrito por Freud. Esta teoría de la madre lacaniana implica una primera tesis que consiste en afirmar que hay determinantes para cada sujeto respecto a la relación de la madre con su propia falta. Esto se verifica en la clínica, en las modalidades de tratar la ausencia de madre y el deseo como un décalage entre significante y significado, entre la enunciación y el enunciado. La teoría de la falta del objeto está relacionada con la castración de la madre; y será el núcleo de la concepción lacaniana del objeto a, donde, a los objetos parciales freudianos, añade la mirada, la voz y la nada. La falta está inscrita como (-j) y el niño puede velar esta falta; una teoría de la madre lacaniana que tiene consecuencias clínicas.
«Hay anterioridad de la castración materna, y la castración paterna es un sustituto suyo […] implica la posibilidad de la devoración y el mordisco » (Seminario Lacan 4, pp. 367&369)
En el esquema Z, Lacan localiza la relación imaginaria entre el yo y el otro, y su cruce a través del inconsciente, partiendo del Otro. Este esquema inscribe la relación del sujeto con este Otro maternal. En la experiencia del análisis, observamos cómo un sujeto es capaz de imaginar, eludir y engañar la relación del espejo, constitutiva de la etapa del espejo; un momento en el que el niño reconoce su propia imagen, modelada sobre una relación fundamental, la relación madre-hijo, con todo lo que tiene de problemático y constitutivo de la trilogía imaginaria: madre, falo e hijo. Por lo tanto, ¿qué objeto falta en esta relación de objeto defectuoso?
2.1) La dialéctica de la frustración
Entenderemos cómo se construirá la madre lacaniana presentando las tres faltas de objeto: castración, frustración y privación, refiriéndose a los tres objetos: el objeto imaginario, el objeto real y el objeto simbólico. La frustración ocupa el verdadero centro de la relación madre-hija (bebé), un lugar muy particular en el movimiento que va de lo Simbólico a lo Real, porque frustra, ya no es el objeto primitivo que el niño espera encontrar de nuevo. La madre es el agente de la frustración infantil, observada en la presencia-ausencia de la madre, que da yque frustra, lo que Freud descubre en un niño de seis meses.
2.2) Lo femenino y la frustración del amor
En la obra de Stendhal, «Sobre el amor», encontramos la práctica del Bundling, la acogida al huésped. Nos preguntamos: ¿la madre lacaniana realiza esta práctica? ¿Qué contradicciones impiden que la madre reciba a su huésped, al niño? Porque hay algo de amor que no puede articularse con el discurso y, en este sentido, Stendhal, en «Sobre el amor», aporta el Bundling al describir las relaciones amorosas y sus costumbres en Alemania y Suiza en el siglo pasado, cuyo relato Lacan aprovecha para pensar en la práctica analítica como Bundling. Es decir, el arte de moverse en el lugar del analista que acoge a su huésped, un objeto externo cuya relación no se manifestará sin la relación pulsional primitiva. ¿No encontramos en este lugar la cercanía del analista con la madre lacaniana?
2.3) Objeto femenino suspendido
Lacan avanza en este Seminario 4, de la madre a la mujer y de esta última a la sexualidad femenina, para alcanzar su esencia, sus divagaciones, apoyado por la lectura del caso freudiano de la joven homosexual, que se convierte en un objeto que cae ante la mirada del padre. Objeto femenino suspendido, que presenta el carácter homosexual del deseo en la sexualidad femenina y muestra las etapas del camino por el que pasa y las marcas de su destino[3]. No obstante, el sesgo perverso del deseo se deduce del caso freudiano de la «Joven Homosexual», con énfasis en el significante Niederkommt, que cae a ojosdel padre.
3) Tercer postulado: la madre del mordisco
«No es lo mismo morder vorazmente a la madre, aprehensión de su significación natural […] o desatornillar a la madre, desmontarla» (Seminario 4, p. 407)
El carácter imaginario de la sexualidad femenina se basa en las relaciones entre la madre imaginaria, el hijo real, el pene imaginario y el padre simbólico, donde la satisfacción de la necesidad no resuelve la demanda de amor. La frustración del amor maternal deja a lo femenino anclado en la demanda infinita de amor y su deseo como un deseo de estar insatisfecha, porque la madre se presenta como completa, asumiendo así un aspecto de madre devoradora.
3.1) La madre en el análisis de mitos
En el caso del «pequeño Hans» vemos cómo el caballo, objeto de su fobia, produce miedo porque puede morder, caer. Su miedo se sitúa frente a este vacío llamado angustia: teme ser devorado por su madre, de la que se convierte en presa fácil. En la fobia de Hans encontramos los elementos del Seminario 2 «El yo en la teoría de Freud y en la técnica del psicoanálisis» (1954-55), especialmente en la lección » La carta robada». Aquí vemos el juego de {+ – +} y el {impar-par} de la cadena de letras {alfa, beta, gamma y delta} que producen la «cadena», o la distribución, en tres veces. Leer a la madre del «pequeño Hans» como una madre lacaniana significa anticiparse al mordisco y entender la necesidad de su castración. La resolución operada por Hans hace referencia a la castración de la madre que se manifiesta en la fantasía del bombero: todo sucede como si, al asumir la castración de la madre, la fobia terminara, mostrando lo que ocultaba. El problema consistía en hacer una captura fálica de la relación con la madre, en su demanda de amor, una captura castrada de la pareja parental. Este pasaje fue posible gracias al progreso de lo imaginario a lo simbólico y por la organización de lo imaginario en mito.
3.2) La gramática del fantasma
¿Cómo acontece la construcción del velo del fantasma en lo femenino? En mi práctica clínica, encontré señales de lo que significa la falta de objeto en larelación con la madre, es decir, las incidencias del problema decastración relacionado con la madre. Reviso la clínica masculina, el paciente dice: «Empiezo a entender lo femenino porque en el análisis pude entender algo sobre mi madre, pero aún no todo… sobre mi madre.» Sin embargo, hay un cambio en la elección del objeto cuando el paciente reconoce que la nueva elección tiene las condiciones de amor que buscaba, y ya no las condiciones de la madre, porque el sujeto del deseo, que sin duda es siempre nómada, está en el fantasma vinculado a un punto fijo del que deriva. Sin embargo, el velo del fantasma oculta un recuerdo encubridor, interpretación freudiana de la pintura de Leonardo Da Vinci: el amor a la madre (María) y su duplicación en la segunda madre (Santa Ana), permite la revelación de lo velado y facilita el paso de lo imaginario a lo simbólico, y se muestra lo femenino de Leonardo, como dice Freud.
4) Lo femenino en el parlêtre y su demanda infinita de amor: intercambios de amor con la madre
«Lo único que me duele de morir es que no sea de amor» (fragmento de “El amor en tiempos de cólera», de Gabriel García Márquez)
Sin embargo, podemos pensar que lo femenino está anclado en la insatisfacción primitiva que surge de la frustración maternal y su consecuencia: la demanda infinita de amor del sujeto femenino. Sin embargo, como el niño entra en el juego de los intercambios amorosos con la madre en un intento de reemplazar la ausencia del falo, este se convierte en un sustituto insuficiente[4]. Entonces, ¿qué verificar en la clínica? ¿Qué deberíamos preguntar? ¿Qué datos clínicos deberían ser tomados en consideración? Pensemos, por ejemplo, en no sentirse amado por la madre, como en la primera viñeta, o en las condiciones del goce de la madre, en el segundo fragmento, como datos de interés, y que pueden ser de este orden. Sin embargo, la salida a través de la dupla materna, es decir, el desdoblamiento de la madre en otra figura femenina, debe tenerse en cuenta con frecuencia.
La frustración de la madre como mujer se sostiene con una repetición significante que puede ser el paradigma de toda repetición. El falo, un significante privilegiado en el registro imaginario de la presencia-ausencia de la madre, está representado para el niño. Es la conclusión a la que llega el niño cuando acepta que no lo tiene todo, cuando explaya la frustración materna. En mayor o menor medida, cada sujeto realizará la metáfora paterna con los elementos femeninos de su historia. En Televisión, leemosque «la Madre sigue contaminando a la mujer para la cría de hombre; el resto se sigue de ahí.». De la misma manera, el niño encontrará la sexualidad femenina porque de lo que trata es del objeto del deseo que, al ser una imagen negativa, opera como simbólico.
5) Lo femenino como tal: la madre primer objeto de amor
Hamlet, prisionero de su deseo, será el paradigma de la modalidad femenina de gozar, goce de L/a Mujer, goce más allá del falo, goce suplementario, goce de los místicos, porque el amor hace semblante de ser. En lo femenino, goce y amor entrelazados solo pueden entenderse a través de la teoría de los discursos basada en la existencia del significante, hasta el punto de que Lacan dice que L/a Mujer es un significante para el Hombre. Hemos avanzado desde el campo del narcisismo y la teoría sexual infantil hasta establecer una teoría de la falta de objeto, pensando en el deseo del niño en relación con el deseo de la madre-mujer mediante la introducción del complejo de castración y la sexualidad infantil referidos a la madre.[5] En el encierro del deseo de su madre, Hamlet logra salir de su recinto cuando se encuentra de nuevo con Ofelia; en ese momento recupera su propio deseo y esto le permite enfrentarse al goce de la madre. El deseo por la madre es el deseo de satisfacer el deseo de la madre, pero él se enfrenta al goce de la madre. Esto es fundamental en el psicoanálisis, porque se puede ir más allá de Edipo: lo que importa es el deseo del sujeto, y ya no la rivalidad con el padre.
6) Último punto: El goce de la madre-mujer.
Aquí articulamos a la madre a lo femenino como un no-todo sometido a la función fálica. Y lo femenino tiene sus raíces en el deseo-a-madre-mujer, que nos ha permitido introducir y cuestionar cuestiones fundamentales sobre la función de la madre lacaniana relativas a lo femenino, iluminar el lugar del niño en el insaciable deseo del Otro materno, y mostrar cómo la madre simbólica le dará al niño objetos reales, mientras que la madre real le dará objetos simbólicos, constituyendo así la posibilidad del amor. Sin embargo, la cuestión sería apropiada de saber siel goce femenino es siempre relativa a las condiciones del amor; esta cuestión nos lleva a discusiones sobre el empoderamiento de La Mujer en la libertad de sus elecciones, más allá de su semblante, porque las condiciones del amor y las condiciones de goce no son equivalentes. La devastación puede definirse, precisamente, como la marca de la presencia del goce en el amor. Las mujeres que aman demasiado, por ejemplo, siempre quedan devastadas por ese «demasiado» que les regresa, … Así, lo femenino busca el amor, una salida al estrago materno que se muestra en la represión de los modos de goce en las mujeres. Es precisamente esta exigencia amorosa la que Lacan describe como la condición erotómana del amor por parte de la mujer, en disonancia con la condición fetichista del amor por parte del hombre. Por lo tanto, si en el sujeto masculino encontramos la división entre el objeto de la pulsión y el objeto del amor, en el sujeto femenino la erotomanía femenina busca unificar el amor y el goce, tomando el deseo fetichista como signo de amor, imponiendo las condiciones del amor. Finalmente, si la libido es masculina, el goce es femenino, goce nunca recíproco entre seres hablantes, y el amor ocurre en la reciprocidad, hacer recíproco lo que no es ni nunca será.
Epílogo
El poeta Jorge Luis Borges se había casado con Elsa Astete y, en lugar de pasar la noche de bodas con su esposa, eligió dormir en casa de su madre. El poeta fue atormentado por la actitud controladora de su madre a los sesenta y nueve años. Su poema «El amenazado» termina con la frase: «Me duele una mujer en todo el cuerpo.».
[1] Lacan J., El Seminario, libro IV, La relación de objeto, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2013.
[2] Y como conclusión, aún un mapa de Viena desde 1905, donde es posible reconocer la calle donde vivió Hans, las vías del tren y el recorrido de los vagones.
[3] Si seguimos los textos de Freud, especialmente desde 1923 en adelante, fecha del artículo «La organización genital infantil», vemos la ascensión fálica como la etapa final del primer periodo del desarrollo infantil, donde poseer o no el falo es el elemento diferencial primordial. Karen Hoeney, Melanie Klein, Anna Freud y M. Winnicott son autores que Lacan trajo en sus comentarios sobre «la perversión del deseo, su dialéctica de insatisfacción», abordados por él inspirados por la joven homosexual —referidos a la constitución del fantasma fundamental en el texto freudiano “Pegan a un niño”.
[4] Fracasa, un fracaso que recorre el camino desde la alegría de mirarse al espejo hasta la depresión de su imposibilidad. Pero es aquí donde la función imaginaria del falo establece la llegada de un sujeto, a través de la metáfora paterna, la intrusión necesaria de un Otro entre madre y falo. De casos clínicos freudianos como «El pequeño Hans» o «El análisis de un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci».
[5] No existe deseo maternal sin la función del «Nombre-del-Padre», pero el propio concepto de madre incluye el objeto imaginario, el niño y el falo, como mostrará Lacan en el libro del Seminario 6: El deseo y su interpretación (1958-59).
Referencias
FREUD, S. Gesammelte Werke, S. Fischer, Frankfurt am Main. «Tres ensayos sobre teoría sexual». S. Band, (1905).
LACAN, J. El Seminario, libro 4. La relación de objeto (1956-57). Río de Janeiro: JZE. (1995).
________. El Seminario Libro 6: deseo y su interpretación (1958-59). Río de Janeiro: JZE. 2016.
________. El Seminario, Libro 8: La Transferencia (1962-63). Río de Janeiro: JZE. 1992.
________. Televisión. Río de Janeiro: JZE. 1993 (p. 55-56).
________. La juventud de Gide o la carta y el deseo. En: Escritos (1998) JZE. p.749.
MILLER, J.-A. Seminario sobre «La lógica de la cura«. BH/MG, septiembre de 1993.
___________. Opción lacaniana online nueva serie Año 1 • Número 2 • Julio 2010 • ISSN 2177-2673 El amor entre la repetición y la invención Jacques-Alain Miller
___________. Opción Lacaniana online nueva serie Año 1 • Número 2 • Julio 2010 • ISSN 2177-2673 Una conversación sobre el amor Jacques-Alain Miller
___________. Opción Lacaniana en línea nueva serie Año 1 • Número 2 • Julio 2010 • ISSN 2177-2673 Del amor a la muerte Jacques-Alain Miller
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