AUTISMO: PERSPECTIVAS ACTUALES E HISTÓRICAS
Por Mauricio Beltrán
2026/05/20
Tomás Arellano:
Vamos a dar inicio a esta segunda clase. Bienvenidos y bienvenidas. Eh, mi nombre es Tomás Arellano y presentaré al resto de la coordinación del Hospital de Día Mafalda: Daniel Antonaccio, Julieta Fernández y Alejandra Pérez. Y también a nombre del resto del equipo, quiero volver a agradecerles a quienes se anotaron en este curso anual de posgrado que dictamos desde un hospital público y gratuito en la Argentina.
La vez anterior no fui lo suficientemente preciso y me hicieron saber que dejé por fuera lugares desde donde nos acompañan ustedes, las más de 2.500 personas anotadas. Entonces, ahora espero acercarme un poco más: Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, México, España y Estados Unidos.
También fui esquivo en las áreas de donde ustedes trabajan y buscan seguir formándose: psicología, musicoterapia, medicina, odontología, fonoaudiología, enfermería, docencia, psicopedagogía, terapia ocupacional, asistente social, psicomotricidad, acompañante terapéutico y trabajador social. A cada uno y una de ustedes les agradecemos enormemente.
Para aquellas personas que se incorporan recién al curso desde esta segunda clase o quienes nos miran en YouTube, Mafalda es un dispositivo de hospital de día dentro del Hospital General de Agudos Dr. Teodoro Álvarez del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Este dispositivo está destinado a la atención de niños y niñas de entre 3 y 10 años con diagnóstico de autismo y psicosis. Si hay entre ustedes residentes y concurrentes, quienes quieran hacer sus rotaciones con nosotros, no duden en escribirnos. Es a través de ustedes también que se mantiene más falda. Han rotado diferentes provincias y países.
Como hemos venido conversando, el marco teórico desde donde pensamos la clínica en Mafalda es el psicoanálisis. Sin embargo, estamos dentro de un hospital general, por lo que hemos de convivir con distintos discursos, los cuales no buscamos desacreditar, sino hallar puntos de encuentro, diálogos posibles que nos ayuden en el trabajo del padecimiento de estos niños y niñas, pese a que desde otras veredas busquen cercenar la incumbencia del psicoanálisis en las áreas de salud y educación.
Quiero volver con algunas cuestiones sobre la cursada. A quienes nos miran por Zoom o YouTube, no es necesario que dejen sus nombres para dar el presente. Se les enviará un mail con el formulario de asistencia una vez que termine cada clase y tendrán un plazo de 48 horas para responderlo. Hay cupo solo para 100 personas en el Zoom. Por consecuencia, el resto tendrá que seguirnos indefectiblemente desde YouTube. No hay otra prioridad más que el orden de llegada a la sala de espera. Pero no se preocupen porque desde cualquiera de las dos plataformas leeremos sus preguntas, inquietudes y se las haremos llegar a cada docente. La idea, como dije, es generar conversación.
Por otro lado, no tenemos community manager, somos las mismas personas que atendemos a los niños y a las niñas. Nos reunimos con sus familias, colegios, quienes organizamos todo este curso. Así es que les volvemos a pedir paciencia con las respuestas.
La clase anterior sobre diagnóstico diferencial permitió delimitar algunas cuestiones entre el campo de la psicosis y el autismo. Hoy tendremos una clase exclusivamente sobre autismo y más adelante otra sobre psicosis en la infancia. Así es que no se preocupen si quedan dudas o interrogantes, servirán de guía y de motor. Lo importante es que de a poco vamos delimitando el camino que buscamos transitar y desde dónde conceptualizamos el autismo. ¿Para qué? Se preguntarán ustedes. Pues como hemos venido diciendo, de ello dependen las intervenciones y el tratamiento. No es lo mismo entender el autismo como una enfermedad, como algo deficitario y que hay que reeducar a entenderlo como un funcionamiento subjetivo singular, una forma diferente de habitar el lenguaje y el mundo. Desde el psicoanálisis pensamos así el autismo. Hay un impacto del lenguaje sobre el viviente que queda siendo eco, resonando. De esta manera, el saber queda del lado del sujeto y también la coordenada para establecer el lazo sutil con él.
Por ello, la apuesta es trabajar desde las singularidades de los niños y niñas, desde las pequeñas diferencias en las iteraciones del sujeto y no desde protocolos estandarizados que se orientan por conexiones sinápticas y comportamientos conductuales previamente establecidos.
Hemos dicho que el trastorno del espectro autista psicopatologiza la infancia y que hay un crecimiento exponencial sobre el diagnóstico. Se ha ido perdiendo la especificidad del autismo. La cuestión espectral ha logrado que todo sea candidato para ingresar a la clasificación TEA. Además, hablamos del esmero de algunos en querer encontrar la causa unívoca del autismo. Por otro lado, de la importancia del trabajo con los padres a quienes Silvia Tendlarz llamó “nuestros aliados”, ya que no hay tratamiento posible sin ellos.
Podríamos pensar entonces si el psicoanálisis puede o no ofrecer un tipo de respuesta a esta clínica que coexista con los demás planteamientos y teorías. ¿De qué manera esa resonancia de las fuerzas de la civilización es lo que se juega o lo que está en función en la transferencia misma con el analista? Así podríamos dar cuenta también cómo el psicoanálisis se plantea a partir de una lógica subjetiva.
Hemos mencionado que existen discursos que buscan desacreditar al psicoanálisis por considerarlo obsoleto o no basado en evidencia. ¿Cómo sostener la ética de la singularidad en un mundo que exige protocolos estandarizados y resultados estadísticos?
Para esta segunda clase tenemos un invitado de la casa y cuando digo eso es porque lleva muchísimos años participando como supervisor del dispositivo y docente. Es para mí un honor presentar a Mauricio Beltrán, una de las personas que me introdujo en esta clínica y profesor a cargo desde el 2024 de la cátedra Clínica del autismo y de la psicosis en la infancia en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Mauricio Beltrán es licenciado en psicología de la Universidad de Buenos Aires, psicoanalista miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana, EOL, y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, AMP. Es docente y dicta clase en diferentes diplomaturas y cursos de posgrado sobre la temática. Supervisa en distintas instituciones del ámbito público y privado. Es autor del libro Acontecimiento del cuerpo, también en el autismo, y ha publicado en variadas revistas y congresos.
Sin más preámbulo, dejo con ustedes a Mauricio y su clase sobre “Autismo: perspectivas actuales e históricas.
Mauricio Beltrán:
¿Qué tal? Buenas tardes. Muchas gracias por la invitación al equipo Mafalda, a su directora Daniela Antonaccio y el equipo docente conformado por Alejandra Pérez, Julieta Fernández y Tomás Arellano y bueno, y al equipo todo. Además, quiero felicitarlos por el crecimiento sostenido de estos espacios de formación gratuita año a año. La verdad que es muy importante el revitalizar y revalorizar estos espacios que se brindan desde instituciones públicas. Y bueno, en la que pueden tener acceso de manera gratuita todos aquellos y todas aquellas interesadas en esta temática tan en boga en el siglo XXI, pero antes también.
Bueno, la verdad que es estoy impresionado, gratamente impresionado por el crecimiento de Mafalda y por la convocatoria que tienen.
Venimos también de otro de otro evento en el que invitamos a participar a todos los interesados e interesadas en la temática del autismo, que fueron las VI Jornadas de la cátedra que está mi a mi cargo, la Cátedra clínica del autismo y la psicosis en la infancia. También con una convocatoria masiva. Así, es importante que desde los ámbitos públicos se sigan brindando estos espacios y que la gente responda también como viene respondiendo.
Bueno, decidí, ya que me tengo el honor, tengo el privilegio de trabajar una clase específicamente sobre el autismo, decidí brindar algunas perspectivas históricas que me parece que hacen a la comprensión de del autismo en la actualidad. Y bueno, Tomás algunas cuestiones ya fue desarrollando como la cuestión espectral del autismo que tengo trabajado en varios lugares, sobre las concepciones del autismo, cómo se lo pensaba inicialmente, cómo eso se fue modificando para llegar a una perspectiva bastante actual, pero muy sintética en relación con la propuesta del psicoanálisis de orientación lacaniana, no todo, sino los referentes que en mi caso me orientan, orientan mi práctica. Bueno, Silvia Elena Tendlarz, por supuesto, quien fue la fundadora de la cátedra que quedó a mi cargo, como bien dijo Tomás en el año 2024; Éric Laurent, Jean-Claude Maleval.
Así que voy a comenzar con una pequeña introducción, una introducción muy general en relación al concepto de autismo y luego voy a dividir mi presentación en tres apartados que son tres intuiciones. Me parece que hay una serie de intuiciones que van ordenando una historia del autismo. Así que voy a tratar de desarrollarlo a continuación.
Bueno, en la introducción lo que quería ubicar es cuestiones que ya la mayoría conocen, pero que no conviene olvidar. Por ejemplo, ¿de dónde viene el término autismo? Es un término que inicialmente ubica Eugène Bleuler como un síntoma, no como un cuadro, no como un síndrome. A principios del siglo XX ubica el autismo como un síntoma que se daba en determinado momento de la evolución de la esquizofrenia en los adultos. Lo caracteriza como una conducta de separación y aislamiento de la realidad. Es importante saber que Bleuler tenía una relación cercana con Freud, aunque no acordaba plenamente con la teorización de Freud, fundamentalmente lo que hace al a la teoría libidinal de Freud. Y autismo es la contracción de la palabra autoerotismo. Lo que hace Bleuler es que le saca el Eros. T con ello también le quita, le extrae al síntoma su componente libidinal porque la cuestión libidinal era un asunto incómodo para para su teorización.
En 1943, un psiquiatra austríaco radicado en Estados Unidos, en la ciudad de Baltimore, Leo Kanner, vuelve a tomar este término de inicios del siglo XX, el término autismo, pero no para describir un síntoma, sino un cuadro, un síndrome, lo llama él, el síndrome del autismo infantil precoz. Y un año después, en 1944, pero en la ciudad de Viena, otro psiquiatra llamado Hans Asperger se sirve del mismo término, autismo, para describir otro síndrome que llama psicopatía autística. Fíjense como el autismo es utilizado por dos psiquiatras, uno de un lado del océano Atlántico en Estados Unidos y el otro del otro lado. Bueno, utilizan el mismo el mismo término para ubicar dos síndromes diferentes.
En las jornadas del pasado sábado, tuve la posibilidad de situar alguno de los paradigmas actuales que circulan alrededor del autismo, el de los manuales diagnósticos y sus variaciones, el de las llamadas ciencias cognitivas, el de la neurodiversidad, el de la política mediática, el del capitalismo. El capitalismo también participa en el entendimiento del autismo y hace un uso específico del autismo. No, no lo voy a desarrollar porque tuvimos tan buena convocatoria que las jornadas se grabaron y en pocas semanas van a circular por el canal de YouTube de la facultad. Luego a los amigos de Mafalda les daremos, les compartiremos ese link para que todos puedan acceder a la a la jornada, a las mesas plenarias. Allí desarrollé cómo cada uno de estos paradigmas, el de los manuales diagnósticos, el de las ciencias cognitivas, el de la neurodiversidad, el de la política y el del capitalismo tienen una manera de interpretar, de leer, de ubicar, de tratar el autismo. Señalaba un sexto paradigma, que es un poco un paradigma que está en exclusión respecto de estos primeros cinco, que es el del psicoanálisis de orientación lacaniana. También señalé que el psicoanálisis, como bien decía Tomás, tiene mucho para decir sobre el autismo. Tiene cosas importantes para decir sobre el autismo. Se sustenta en aquello que Éric Laurent llamó “el largo periodo de la clínica”, el largo periodo de trabajo sostenido de una casuística amplísima, sostenida por una casuística apuntalada por el caso por caso, por la invención de cada sujeto, de cada niño, adolescente autista. Y eso se contrapone un poco, el largo periodo de la clínica, ese denodado trabajo, no solo de los psicoanalistas de orientación lacaniana, sino de los psicoanalistas todos de diferentes orientaciones. Nosotros en la cátedra trabajamos a Bruno Bettelheim, a Margaret Mahler, a Donald Meltzer, a Francis Tastin. Bueno, ese largo periodo de trabajo clínico, de pensar teóricamente, de articular intervenciones en relación con la práctica y a la teoría, se contrapone al corto tiempo, como decía Tomás, al corto tiempo de la época, de la política mediática que busca la causa, que impone cifras, protocolos, tratamientos milagrosos y objetos de todo tipo para el tratamiento de las personas autistas. Ahí hay un contrapunto. Nosotros tenemos una experiencia clínica de larga data y bueno, lo que aparecen ahora últimamente son los tratamientos que a veces son milagrosos, controversiales, las discusiones en relación con eso. Bueno, nosotros tenemos una, en este caso, una perspectiva bastante consolidada con el trabajo de la comunidad psicoanalítica toda con sus errores, con sus avances, con sus retrocesos, con sus reconfiguraciones, con sus reteorizaciones. Hay algo que se ha venido cocinando muy lentamente y que nos da un lugar, una posición de enunciación que hay que escuchar también.
Bueno, comienzo entonces con la primera intuición.
La intuición de Kanner
El artículo que llevó a Kanner a ser mundialmente conocido se tituló “Trastornos autistas del contacto afectivo”. Así se llamó el texto de Kanner, el que publicó en 1943. Allí presentó el famoso estudio de 11 casos, de 11 niños con los que había trabajado en la clínica John Hopkins de Baltimore desde 1938. Es decir, el artículo es la conclusión de un trabajo de 5 años con estos niños. En estos niños, eran siete niños y cuatro niñas, ocho niños y tres niñas. Había niñas en el entre estos 11 casos, eran menos, pero había. En estos casos observaba dos síntomas persistentes y característicos cuya incidencia se observaba desde el inicio de la vida o desde la primera infancia. Sameness llamó el primero, que se traduce por fijación o fijeza, inmutabilidad, mismidad -decimos desde el psicoanálisis-, lo que luego se conoció y se conoce todavía como ese comportamiento restrictivo, estereotipado, repetitivo de muchos niños autistas.
El segundo síntoma lo llamó aloneness, que se tradujo como soledad o deseo de soledad, búsqueda de soledad, aislamiento, que prefiguró el cliché del niño ensimismado en un rincón con el que durante muchos años se alimentó el imaginario colectivo. Es decir, hoy todavía persiste ese imaginario, pero si hace un tiempo se pensaba en un niño autista, uno decía, «Ah, es el niño que está aislado, poniendo autitos en fila, haciendo movimientos estereotipados, balanceándose”. Hoy eso cambió bastante. Hoy aparecen personas que con el diagnóstico de autismo que no entran en ese cliché, en ese en ese cliché que se instauró en el imaginario colectivo.
El caso prínceps de Kanner, el caso inaugural y el más importante fue Donald Triplet, un niño de 5 años que conoció en 1938. Fíjense las características de Donald. Al año de vida podía tararear y cantar muchas melodías correctamente. Esto es llamativo, ¿no? Que un niño de dos de un año tararé y cante melodías correctamente. Antes de cumplir los 2 años tenía una memoria inusual para las caras y los nombres. Hay algo ahí de lo visual como una un rasgo de prevalencia. Su familia lo estimuló a aprender y recitar poemas cortos e incluso se aprendió el salmo 23 y 25 preguntas y respuestas del catecismo presbiteriano. Los padres observaron que no estaba aprendiendo a hacer preguntas ni a responderlas, a no ser que las preguntas y respuestas pertenecieran a rimas o cuestiones por el estilo, y a menudo no preguntaba más que con palabras aisladas. su pronunciación era clara. Llegó a interesarse por ilustraciones y muy pronto se había un número excesivo de láminas de una serie de enciclopedias Compton -Enciclopedias familiares que todos hemos tenido eh en algún momento cuando circulaban las enciclopedias-. Ahora ya no, porque tenemos aa Google y a Chat GPT. conocía los retratos de los presidentes y la mayoría de los retratos de sus antepasados y parientes por ambas ramas de la familia. Rápidamente aprendió el alfabeto entero. lo recitaba en orden y al revés y sabía contar hasta 100. Bueno, estas son cuestiones bastante extraordinarias en un niño que presentaba esto y también lo otro, es decir, ese aislamiento, esa soledad, ese rechazo al contacto, esa inmutabilidad, esa fijeza en sus comportamientos.
Donald compartía con los otros niños observado, por ejemplo, desde muy desde muy bebé, la dificultad que había manifestado, por ejemplo, sus padres para acomodarse en sus brazos. No se acomodaban bien, no terminaba de estar cómodo. Había como una especie de rechazo. También evitaba el contacto visual. Para estos niños, toda iniciativa que llegaba del exterior podía ser experimentada como una intrusión, dice Kaner. Cualquier iniciativa proveniente del exterior podía ser experimentada como una intrusión y eso incluía también cuestiones elementales como la alimentación y los cuidados corporales. O sea, el contacto que se pone en juego en esas acciones.
El padre de Donald refería sobre dificultades en la alimentación desde siempre. Le escribió en una oportunidad a Kanner porque se carteaban, se escribían cartas: “Nunca ha mostrado un apetito normal. Ver a los niños comiendo dulces o helados nunca le ha supuesto una tentación.”
Además, se observaban dificultades a nivel del lenguaje. Algunos niños no hablaban, otros utilizaban algunas palabras sueltas, otros hablaban de acuerdo con su voluntad. Eran comunes las ecolalias y los canturreos.
En el plano motriz se destacaban los movimientos corporales rígidos y estereotipados, balanceos, aleteos, movimientos con las manos. Este es más o menos el esqueleto, la estructura del autismo de Donald y del resto de los niños.
Como destacamos al comienzo con esa descripción de estas cuestiones extraordinarias que manejaba Donald a sus dos años, no todo es déficit para Kanner en el autismo. Los autistas, insistía, podían tener memorias prodigiosas, contar y hacer cálculos con gran rapidez desde muy pequeños, recordar nombres, captar imágenes de manera inmediata. Además, mantenían una relación tranquila con los objetos con los que se relacionaban y podían permanecer durante horas con ellos sin si nadie los molestaba. Kanner llega a decir: «Estos niños tienen más predilección por los objetos que por las personas.» Este es un dato que también anotamos los psicoanalistas para pensar una intervención no intrusiva. Estos niños tienen más predilección por los objetos que por las personas. Uno puede decir, el objeto se deja controlar, se deja maniobrar; la persona, bueno, no tanto, pero veremos.
Kanner se preocupa por saber qué fue de estos niños con los que trabajó 25 años después. Algunos no habían modificado su posición, algunos que no habían continuado con ningún tipo de tratamiento, estaban internados en asilos. De Donald supo que a los 25 años había finalizado sus estudios universitarios, era soltero, trabajaba como cajero en un banco, jugaba golf y había ganado algunos trofeos. Además, era secretario de una escuela dominical en una iglesia presbiteriana. Se sabía los salmos de muy pequeño, así que era medio que el destino cantado. Su autismo no le había impedido estudiar y tener una inserción social. Este ejemplo muestra bien cómo la diversidad de mundos y vidas que se vislumbran para todo sujeto están presentes más allá del diagnóstico y más en aquella época, porque en aquella época lo que se empezó a esbozar es la teoría del del destino trágico, del destino funesto para las personas, para los niños autistas. Recibir el diagnóstico de autismo en la década del 50, 60 era una tragedia porque se esperaba un destino de falta de autonomía, de institucionalización, de imposibilidad de acceso a cuestiones elementales.
Tomás Arellano decía en la mesa plenaria de la que participó en el en la jornada de autismo, que hoy recibir el diagnóstico de autismo puede llegar a ser cool en algún punto o es preferible antes que el diagnóstico de psicosis. La psicosis es algo que está mal visto mientras que el autismo hoy si bien -esto, por supuesto, el paradigma que maneje cada uno- es problemático, algunas personas destacan, reivindican su condición autista. No es lo que sucede en general con los psicóticos. Hay un trabajo o hay una especie de degradación de la psicosis y de empoderamiento o de vanaglorización del autismo. Nosotros no manejamos ninguna de esas dos perspectivas. Yo decía, por ejemplo, también en la mesa que nuestra cátedra se llama “Clínica del autismo y de la psicosis en la infancia”. Y muchos comentarios que llegan, cuando hacemos circular alguna jornada, algún evento, los comentarios son: “Siguen hablando de autismo y psicosis. ¿Qué manera? Eso es seguir estigmatizando a los autistas”. Y yo digo siempre: “A muchos no les preocupa desestigmatizar al autismo a costa de estigmatizar a los psicóticos. Nosotros, como quedará establecido en este curso, valoramos tanto la invención autista como la invención psicótica y no pensamos que sean posiciones subjetivas desde el lado deficitario, sino desde el lado de la producción subjetiva y con eso trabajamos.”
Del otro lado del Atlántico, les decía en la introducción, en la ciudad de Viena, en el año 44, Hans Asperger presentaba un trabajo, una monografía en el que daba cuenta de la observación de más de 200 niños, dice él. 200 contra 11, aunque Kanner vio muchos más del 38 al 43, pero presentó 11. No. Eran niños que presentaban también un síndrome muy particular, se mostraban reacios y torpes en el contacto social, en la vinculación social, pero en general tenían una inteligencia aguda y altamente capacitada. Lo llamó, como les decía, psicopatía autística. Asperger no conocía el trabajo de Kanner. Durante muchos años se sostuvo que Kanner tampoco conoció los trabajos de Asperger. En la bibliografía que le pasé a Tomás, hay un artículo que escribí hace un tiempo, no fue un descubrimiento mío, sino de las lecturas que fui realizando al respecto, en donde señalaba que había una afirmación verdadera y otra afirmación falsa en esa en eso que circulaba. Efectivamente, es cierto que Asperger no conocía los trabajos de Kanner. Es falso que Kanner no conociera los trabajos de Asperger. Kanner conocía los trabajos de Asperger porque él alojó, alojó, recibió en Estados Unidos y les dio trabajo a George Frankl y Anni Weiss, que eran dos colaboradores muy cercanos a Asperger, eran del riñón de Asperger. Y ellos fueron con la idea de Aspergen en relación con el autismo, el comportamiento autístico, la psicopatía autística. Entonces, indefectiblemente Kanner conoció el trabajo de Asperger porque recibió a estos dos colegas de Asperger con los que Asperger ya venía trabajando desde la década del 30. Luego emigraron y comenzaron a trabajar, estuvieron trabajando un tiempo con Kanner. Y bueno, y seguramente que habrán aportado los conocimientos de Asperger. De hecho, George Frankl trabajó con Donald, que fue el primer caso; y con Elian C., que era otra de las niñas de los 11 casos de Asperger. Bueno, esto no me voy a detener porque está bien desarrollado, ampliamente desarrollado en el artículo que le pasé a Tomás.
El autismo infantil precoz que describía Kanner era un cuadro que se presentaba desde el nacimiento o antes de los dos o tres años. En cambio, los niños descriptos por Asperger manifestaban sus síntomas de manera más tardía. A diferencia de los niños de Kanner, tenían un dominio mayor del lenguaje y podían dirigirse a su interlocutor, aunque a veces pasaban por pedantes irrespetuosos. En el curso de los años se los veía insertos en actividades sociales, en trabajos, en elecciones de profesiones más bien abstractas, pero siempre guardaban un poco de ingenuidad y alteración del lazo. Asperger es quien introduce tempranamente la concepción espectral del autismo, a diferencia de la concepción monolítica y cerrada de Kanner. Es decir, Asperger también lo trabajó, tenía una concepción espectral del autismo, un amplio espectro, mientras lo de Kanner era bien cerrado, soledad, deseo de soledad, fijeza o inmutabilidad. Por ejemplo, Asperger afirmaba en esta monografía:
“El abanico de niños engloba todos los niveles de capacidad. Desde el genio original pasando por el excéntrico extraño que vive en su propio mundo, hasta el individuo con retraso mental más grave y con menos capacidad de contacto que se comporta como un autómata. Las personas autistas se diferencian entre sí no solo por el grado de alteración del contacto y de capacidad intelectual, sino también por su personalidad e intereses especiales que acostumbran a hacer los más variopintos y originales.”
Ahí tenemos el plano del espectro ampliado que ya manejaba Asperger en 1944. Como muchos sabrán, el modelo espectral del autismo recién logra imponerse en la quinta versión de los manuales diagnósticos y estadísticos de enfermedades mentales de Estados Unidos, los DSM, que se publica en el año 2013, el año que se funda Mafalda y que se funda la cátedra clínica del autismo y la psicosis en la infancia. Hasta esa versión, el autismo que prevaleciera era el descripto por Kanner y el síndrome de Asperge era una categoría separada de este. Hasta el DSM-IV estaba: trastorno generalizado del desarrollo y categorías trastorno autista, trastorno de Asperger, desintegrativo infantil, síndrome de Rett, TGD no especificado.
La presentación espectral del autismo en el DSM-5 absorbe al síndrome de Asperger. De hecho, un barullo bárbaro en España con una agrupación de Asperger antes de que salga el DSM-5 que decían: «Nosotros no somos autistas, nosotros somos Asperger.» Bueno, quedó absorbido el Asperger y el autismo comenzó a comprenderse en relación a una gradación leve, moderado, grave en relación con los tipos de apoyo que se requieran en cada caso. Entonces el Asperger desaparece, pero el espectro que ya estaba pensado por Asperger toma relevancia y se convierte en el trastorno del espectro autista o como se dice hoy “condición” del espectro autista. También hubo un corrimiento respecto de ese, no aparece así en el DSM5, pero hoy se habla en la mayoría de los lugares de la condición del espectro autista y no del trastorno del espectro autista.
En la actualidad, el espectro es motivo de debate en todos los ámbitos. Incluso la propia Uta Frith, precursora del espectro, del concepto junto con Lorna Wing, que fue otra de las precursoras del del espectro, ha planteado recientemente que el espectro se ha ampliado demasiado y el autismo corre el riesgo de perder especificidad.
Desde el campo, el psicoanálisis lo ha planteado a su manera Jacques-Alain Miller sugiriendo si no habría que separar el autismo descrito por Kanner del autismo descrito por Asperger. Esto lo plantea Miller en el prefacio al libro Jean-Claude Maleval, La Diferencia autística. Dice: «Tenemos que seguir pensando que es el mismo autismo, el de Kanner y el de Asperger. ¿No convendrá separar el de Kanner del de Asperger?”. Bueno, en el campo de la neurociencia, una de los principales referentes, Uta Frith se está preguntando lo mismo. Miller se lo preguntó antes, lo sugirió antes para ser honestos con lo sucedido.
Lo que se pierde con el espectro es la intuición de Kanner, definida en el título de su trabajo: lo afectado en el autismo es el contacto afectivo. El autista no rechaza al otro, sino aquello que constituye la base del contacto: la palabra, la mirada, los signos de su presencia. Jean-Claude Maleval lo teoriza diciendo que el autista rechaza toda dependencia del otro, la dependencia afectiva porque vemos que los autistas -si uno se borra, si borra esos signos, la voz, la mirada- lo usa uno medio como si fuese una extensión de sí mismo, de modo instrumental -si uno trata esos signos, los borra-. Éric Laurent lo indica a su manera, dice que el autista se goza sin hacer el circuito pulsional que pase por el Otro. Ahí tenemos dos teorizaciones de dos autores eh bien lacanianos, de dos autores bien actuales, en donde la pista es la misma.
Para Lacan, la afectación primera es la afectación que proviene de lalengua: “Lalengua nos afecta ante todo por todo lo que comporta como efecto, efectos que son afectos”, dice en el Seminario 20.
Efectivamente, ese baño lenguajero que nos recibe produce efectos sobre ¿dónde? Sobre el cuerpo. A mi modo de ver, esos efectos se traducen en el recorte, en la delimitación de zonas erógenas, de zonas de empalme, de bordes que delimitan un cuerpo erógeno que permite justamente -en la delimitación de esos bordes- sustraer goce y ordenar una dinámica libidinal apoyada en el Otro.
Fin de la primera intuición.
Yo voy a necesitar un minutito porque estoy solo en mi casa y está llorando la perrita y si no le abro la puerta me va a hacer pis en un minutito.
Daniela Antonaccio:
Dale, dale.
Fabiana Ramírez:
Hola. Hago un comentario. Soy Fabiana Ramírez, fonoaudióloga.
Sí, estoy medio como que poco perdida con un montón de conceptos y demás. Justo, Mauricio habló de cosas que dejó para leer. Porque por ahí, obviamente, mi formación no es muy psicoanalítica, así que por ahí me todo y más todo esto que dijo último de Lacan y el lenguaje me pareció espectacular porque soy fonoaudióloga, pero bueno, como que quedé un poco perdida. Y me gustaría ampliar un poco esto por ahí desde la lectura y por ahí, bueno, como justo Mauricio nombró que que dejaba eh sugerencias para leer, me gustaría retomar.
Daniela Antonaccio:
Nosotros vamos a retomar, vamos a mandar la bibliografía con la asistencia, siempre la mandamos, así que después de cada clase se les va a mandar y tengan en cuenta que este es un curso de todo el año, así que lo que va empezando a desarrollar Mauricio que desarrolló Silvia la vez pasada se va a ir retomando clase tras clase y se va a ir amplificando.
Mauricio Beltrán:
Bueno, igual Fabiana todavía no llegamos a la mejor parte, que es lo que a vos te interesa: la relación de Lacan y el lenguaje en relación con el autismo, que es exactamente la segunda intuición.
La intuición de Lacan
La intuición de Lacan radicó en ubicar algo que se reitera en lo que nosotros leemos como coordenadas para pensar una propuesta de Lacan en relación con el autismo, que es la cuestión del lenguaje.
La referencia que yo cité del Seminario 20 es lalengua. Lalengua no es el lenguaje, pero deviene de las vueltas que le da Lacan al lenguaje, al significante y al más allá del significante que es el goce. Es decir, lalengua es un concepto que deriva del trabajo que Lacan va haciendo, los diferentes postulados para comprender el lenguaje, el lugar del Otro, la relación del lenguaje en la constitución subjetiva. Estrictamente, lalengua no es el lenguaje, pero cuando Lacan hable de autismo, entre muchas comillas, la presencia del lenguaje, la relación al lenguaje está ahí dando vueltas.
Yo digo que cuando Lacan hable y pongo comillas, porque Lacan estrictamente habla de autismo una sola vez, que es una en una conferencia que da en 1975, que es la “Conferencia de Ginebra sobre el síntoma”. Habla allí no por motus propio, sino porque alguien le pregunta, un descolocado, un trasnochado que hay allí. Lacan va a hablar de la feminidad, del síntoma, de la mujer y el tipo le pregunta sobre el autismo. Bueno, Lacan dice ahí cuatro o cinco frases muy contundentes sobre las que se han escrito cientos de libros.
Y después lo que encontramos nosotros en la cátedra, el trabajo que hemos realizado con Silvia Tendlarz y el resto de los colegas que estuvimos al comienzo en para pensar esa cátedra en el 2013, son como referencias tangenciales que Lacan introduce, no sobre el autismo, sino sobre casos que nosotros vemos de autismo. Por ejemplo, el caso Dick de Melanie Klein. Es un caso que nosotros pensamos, Silvia decía, hay que pensarlo como un caso de autismo en sentido amplio. ¿Por qué en sentido amplio? Porque nosotros el diagnóstico deviene de la transferencia, pero nosotros pensamos que Dick tiene la presentación de un niño autista. Bueno, Lacan da una serie de precisiones sobre Dick en el Seminario 1, capítulo 6 y 7. Y la otra referencia es una referencia de un discurso que da Lacan en un discurso de clausura a la jornada sobre infancia alienada organizada por Maude Mannoni en 1967. Es un artículo que se consigue con el nombre “Alocución sobre la psicosis en el niño”. Está en el libro Otros escritos. Y allí también Lacan no habla de autismo, pero habla de un caso que presenta un colega egipcio, Sami Ali, un psicoanalista llamado Sami Ali, que presenta el caso Martín, que es un niño de 5 años. Y bueno, Lacan hace un comentario respecto de ese caso.
En las tres cuestiones, lo que aparece es que hay algo que está afectado, que está trastocado, que está detenido en relación con el lenguaje, en las tres presentaciones que hace la de dos casos y en la conferencia de Ginebra en donde no habla de un caso. Por ejemplo, Dick está en el artículo de Melanie Klein, “La importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo” de 1929. Está desarrollado ampliamente. Yo solo diré que Dick que era un niño de 4 años, que no se interesaba por los objetos, que no prestaba especial atención a Melanie Klein. Ella se sentía que Dick la trataba como si fuese un mueble del consultorio. No se angustiaba cuando su niñera se retiraba del consultorio. Es decir, la niñera llegaba con Dick, le decía: “Melanie, te lo dejo. Chao.» Y el pibe se quedaba ahí, no decía, no miraba nada, empezaba a dar vuelta en círculo. Bien, esto un niño que tiene algún registro del otro, de la de la pérdida, del que se retira, nada, se angustia un poquito, dice: «Vuelve en cinco”, algo dice, un gesto, una mirada. A Dick lo dejaban ahí y se quedaba con Melanie y Klein, a quien no conocía. Además, en Dick faltaba toda adaptación a la realidad, no le interesaban los objetos, pero algunos muy específicos sí, los trenes, abrir y cerrar puertas y los picaportes. Con esta con estos poquitos objetos, Lacan decía que constituía un imaginario muy estrecho, muy chiquito.
Lacan da tres referencias, da tres aportes fundamentales para seguir pensando el autismo en la actualidad. De Dick dice que está enteramente en lo indiferenciado. ¿Qué significa? Que no hay diferencias, que todo es lo mismo: la botella de agua, el celular, la compu, Melanie Klein, el sillón, las pelotas, salvo los trenes, los picaportes, abrir y cerrar puertas. Entonces ahí podemos ubicar que hay algo a lo que el niño vuelve una y otra vez. Este es el orden fijo que señalaba Leo Kanner, sameness, la mismidad, la repetición. En ese mundo de lo indiferenciado, el niño trata como de orientarse a partir de coordenadas que son siempre las mismas.
Enteramente en lo indiferenciado, detenido a nivel de la palabra, dice Lacan. Este niño se encuentra detenido a nivel de la palabra. Lacan dice: «Está en el lenguaje, pero aquello que moviliza el lenguaje, la palabra -donde tiene que hacerse agente de una demanda, de una enunciación, de un pedido, tiene que hacer uso del lenguaje- está detenido”. Y eso conlleva el hecho de que no pronuncie ningún llamado. El llamado supone dos lugares, el lugar del del emisor y el lugar del receptor, del sujeto y del Otro. Para haber un llamado tiene que haber un otro a quien dirigirme. Pero si estoy en el indiferenciado, ¿a quién me dirijo? Si Melanie Klein es un mueble, ¿qué le pido? Se entiende como esta esta tríada que ubica Lacan respecto de Dick tiene completa vigencia porque nos topamos todo el tiempo con niños que están en lo indiferenciado, que no hablan o que o que hablan para sí mismos, es decir, no en un llamado al otro, sino en una especie de autoerotismo de la palabra, que hablan y se escuchan ellos mismos o que hacen un juego, una jerga que está por fuera del campo del entendimiento del otro.
Bien, que Dick se encuentra enteramente lo indiferenciado supone que no ha asimilado el orden simbólico que introduce el lenguaje. Es llamativo porque se trata de un niño de 4 años que no tiene el menor registro de los objetos y las personas, salvo aquellas que resulten significativas. Ha constituido un espacio ordenado según criterio propio que no responde a las coordenadas establecidas por el otro. El otro dice qué objeto vale más, cuál menos, pero esta coordenada la tiene borrada. Él determina qué vale más, cómo ordena su estadía, el Otro está borrado. El orden simbólico no se transmite con argumentos, se instila progresivamente, determina lugares y funciones que se incorporan en la medida en que el sujeto participa de ese mundo simbólico. Es decir, si nosotros estaríamos en un aula, en un aula y como solíamos estar en Mafalda cuando iba allí por el 2014-2015, nos da una aulita chiquitita donde estábamos todos en lo indiferenciado, estamos todos apretaditos, pero si fuésemos un aula con claras distinciones y llegar un señor de afuera que no entiende nada de autismo y no entiende nada de psicosis y nada, pero ve la disposición del aula y tiene que hacer una consulta se dirigiría a mí y diría: “Profe, ¿usted sabe dónde es la sala de no sé qué?”. Ya la disposición del del aula determina lugares. Si el tipo entra y no sabe a quién dirigirse, uno dice: “Este, ¿de dónde salió?». Puede preguntarle un alumno, pero ya la disposición del aula determina que hay lugares, que no hay que explicarlo, que eso está dado.
Esto no significa que Dick esté por fuera de lo simbólico. Este registro está presente, aunque más no sea en un sentido elemental. Se manifiesta, por ejemplo, en el juego de oposiciones de las que participa. Efectivamente, ahí como a muchos niños autistas les interesa abrir y cerrar puertas. Es una especie de imposición de las alternancias de lo simbólicos de las que los niños autistas muchas veces no pueden sustraerse o que ejercitan a voluntad: abrir, cerrar, entrar, salir, encender, apagar, muchas más. Como si a partir de esas alternancias intentaran establecer un orden propio, específico, repetitivo en el terreno de lo indiferenciado.
Este es el rasgo que Kanner llamaba sameness, inmutabilidad o mismidad, la búsqueda de un orden fijo que se repita y que otorgue cierto grado de control al autista. Pero también pueden ser numeraciones, seriaciones de objetos y todas aquellas operaciones que favorezcan al armado de un espacio topológico singular, dice Laurent. ¿Por qué “topológico singular”? ¿Por qué la referencia a la topología? Porque es un espacio que no está constituido por la métrica de la que participamos nosotros. No es un espacio que está caracterizado por el imaginario que tenemos nosotros en relación con el espacio. Por eso es hay que ser cauteloso cuando alguien dice, una maestra: “El nene este siempre está fuera”. Está fuera para ella que maneja la relación adentro-afuera. Tal vez el niño está dentro o es parte del grupo estando en la puerta o permaneciendo afuera porque su topología del espacio o la constitución de su espacio está armada de otra manera. Laurent da el ejemplo del niño que tiene una un avión en la mano, escucha un avión que surca el cielo y se agita y se angustia porque dice: «Es como si el ruido que escuchara del cielo lo tuviera pegado a la mano por tener un avión pegado en la mano. No hay una distancia, no hay una profundidad, hay una especie ahí de espacio en continuidad”. Nosotros en la cátedra trabajamos esto mucho a partir de diferentes casos como el caso Timy de Donald Meltzer en donde se ve esta continuidad, este pegamiento de los espacios. Muchas veces el niño con su cuerpo, con sus repeticiones arma un espacio de que es difícil que participe uno, porque uno no entiende la coordenada, no entiende la geografía de ese espacio, como el niño autista tampoco entiende la geografía de nuestro espacio y por eso uno tiene que manejar esto. A veces está hablando otra lengua cuando le dice: “Entra adentro”, valga la redundancia, que esté adentro. ¿Qué es adentro? Bien.
También se trata de un modo de funcionamiento de lo simbólico que no le permite al niño autista separar la palabra de la cosa. Y eso afecta también la potencial, el carácter representacional, la potencia representacional que tiene el lenguaje. Yo con yo puedo hacer de esta lapicera una espada, puedo hacer un cohete espacial. El niño autista está lejos el de eso. El niño autista con la lapicera se frota las manos porque tiene una relación un poco más primaria, tiene que armarse un cuerpo con ese objeto. Después llegará oportunamente y en el mejor de los casos jugar al cohete espacial.
Por eso, Lacan es consecuente cuando señala que Dick está detenido a nivel de la palabra, como si hubiese quedado a las puertas del lenguaje. “Detenido a nivel de la palabra” no significa que no hable, sino que cuando hable no suponga la existencia del Otro como referencia. Es decir, habla al foro, como dicen los españoles, y de allí que pueda justificarse que no pronuncie ningún llamado, porque yo siempre hincho con lo mismo, pero como el público se renueva, hincho con la etimología de “palabra”. Palabra viene de parábola. La parábola en matemática supone el recorte de dos puntos en el espacio. Yo armo una parábola en relación con un punto A que conecto con un punto B, pero si el terreno es indiferenciado, no hay ni punto A ni punto B. A lo sumo están los puntos que el niño se puede constituir a partir de su propio cuerpo. Pero ya el resto de los puntos va a estar muy muy muy confundido. Entonces, palabra, para que haya palabra tiene que haber la posibilidad de una parábola, un dirigirse hacia. Si el otro está borrado, si Melanie Klein es un mueble, yo al donde sé, a lo sumo a veces le hablo a la planta que tengo al costado porque dicen que está bueno hablarle a las plantas, pero no le hablo a la silla, no le hablo a los objetos. No dibujo parábolas hacia los objetos porque allí no hay nadie.
Bueno, en lo indiferenciado no existe una discriminación de lugares que marquen una direccionalidad. Laurent dice medio así en broma irónicamente, el autismo es el trastorno del dirigirse. La direccionalidad está afectada.
Segunda referencia, les dije, octubre del 67, las jornadas de Mannoni. Lacan allí interviene sobre un caso de Sami Alí. Sami Alí, un niño autista que no habla, dice, «Está en lo preverbal», dice a partir de la intervención accederá lo verbal. Lacan dice: “Yo le pregunto a quien quiera que haya oído la comunicación, que pongo en cuestión, si un niño que se tapa los oídos” porque el niño no hablaba y se tapaba los oídos, “¿ante qué? Ante algo que está hablando. ¿No está caso en lo postverbal puesto que se protege el verbo?”. Es decir, no hay preverbal para Lacan. El niño se tapa los oídos porque está en el lenguaje, porque escucha lalengua. Esta es una es intuición de Lacan que dice que, aunque el niño autista no hable, está en el lenguaje. Incluso el lenguaje lo parasita, eh lo escucha, no puede separarse de ese ruido. Y esto es lo que va a decir después Éric Laurent: “El niño autista se protege del ruido de lalengua”. Es un tipo de carácter alucinatorio que difiere, por ejemplo, la alucinación en la psicosis y donde no me voy a detener porque seguro que ya lo explicó excelentemente bien Silvia Tendlarz.
Tercera referencia: la conferencia de Ginebra en el 75. Lacan dice allí: “Como el nombre lo indica, los autistas se escuchan a ellos mismos”. Ahí nuevamente se desdibuja la direccionalidad al otro. No escuchan al otro, se escuchan ellos mismos. “Escuchan muchas cosas. Esto desemboca normalmente la alucinación. Todos los autistas no escuchan voces, pero articulan muchas cosas y se trata justamente de saber dónde escucharon lo que articulan”. Esta me parece la frase más potente de Lacan: se trata de saber dónde escucharon lo que articulan. Esto significa que uno tiene que mostrarse interesado por aquello que el niño dice porque por algo lo articula.
En el Seminario 10, Lacan decía, «La oreja es un aparato resonador, pero no resuena con cualquier cosa, sino con aquello con lo que comparte frecuencia”. Lo que a veces sucede es que el niño autista no escucha porque lo que uno dice no resuena, como bien decía que hacía apelaba la resonancia Tomás al comienzo, no resuena con aquello que lo estimula. Pero yo les aseguro que, si uno hace resonar algo que lo que lo estimula el niño, el movimiento es diferente.
Me viene así a la cabeza un caso de un niño que tenía como una negativa para interactuar y un paciente mío y se dormía en el en el en el diván y armaba un soliloquio que decía, «Es hora de despertar, no sé qué.» Y yo no sabía medio qué hacer ahí porque hablaba solo. Entonces yo decía, «Ah, bueno, va a sonar el despertador» Y entonces yo hacía un ruido: talán. “Ah, no va a sonar la campana” porque él decía esto es hora de despertar. “Ya sonó la campana para ir a la escuela”. Algo así el soliloquio de él. Me dejaba fuera a mí. Entonces yo hacía: “Talán, talán, talán, talán”. Y él, upa, eso le estimuló escuchar el talán, talán. Y después al rato se acostaba de vuelta y decía, «Ya es hora de despertar. Ahora suena una campana diferente” y yo decía, «Telén, telén, telén, telén.» Y entonces la próxima él vuelve a hacer el mismo coso, pero me dice, «Cuando suene la campana que suene con i”. Ya soy parte de ese soliloquio. Entonces dice, «Tilín, tilín, tilín, tilín.» Bueno, todavía eso es parte, o sea, esto pasó el año pasado cuando lo conocí todavía. Él dice: “Que suene la campana con o”. Hacemos: “alán talán, telen telen, tilín, tilín, tolón, tolón, tulún, tulún” y sus variaciones porque después la dibujamos. Pero ahí yo ya soy parte de ese soliloquio. Y tenemos ahí una especie de juego. Con eso él me dejaba fuera y ahora yo soy parte. Ya, indefectiblemente ese soliloquio lo remite a mi persona. Antes lo que lo cortaba del otro, porque el otro ahí decía: “Acá, yo qué hago, ni pincho, ni corto”. Ahora ese soliloquio remite a mí y él me convoca.
Bueno, me queda poquito tiempo porque quiero escuchar alguna preguntilla, pero voy a pasar directamente a Lacan. Dice muchas cosas más en la conferencia de Ginebra, pero bueno, no me voy a detener en las frases esas que dice Lacan, que son muy interesantes, pero pueden ir a leer la conferencia.
La tercera intuición, que me parece la más importante, que es la intuición del autista.
Intuición de Kaner, intuición de Lacan, intuición del autista
La intuición del autista pasa por un saber hacer con lalengua, porque indefectiblemente, digamos, el impacto de la lengua, como decía Tomás bien al comienzo, eso es indefectiblemente, eso indefectiblemente sucede a cada ser hablante y cada uno se las arregla como puede. Bueno, el autista tiene un saber hacer con esa lengua que es diferente al del psicótico, que es diferente al del neurótico. Esa intuición va por el lado de la invención, tiene que inventar. El Otro nos dice cómo no nos facilita, no tenemos que inventar, nos dice para qué sirven las cosas, cómo se come, cuándo se hace caca, qué cosa vale más, qué cosa vale menos, qué cosa es importante… Y si uno cree en el Otro, bueno, allá listo, no hay que inventar nada. Como el autista tiene esa esa dificultad en relación a lo que del Otro hace signo, la mirada, la voz, la palabra, tiene que inventar algo que ya no pasa tanto por el Otro. Éric Laurent lo dice en la página 79 de La batalla del autismo:
“La invención es el único remedio para el sujeto autista y debe incluir cada vez el resto aquello que permanece en el límite de su relación con el Otro, sus objetos, sus estereotipas, sus dobles. Incluir el resto parece todo un desafío, en tanto los restos son los que quedan por fuera de la relación al Otro.”
Nosotros vemos que los niños autistas se interesan por cosas que otros niños no se interesan. Un niño se come el caramelo, lo tira a la basura del papel; el niño autista va en en muchos casos, agarra el papelito y empieza a hacer así con el resto, con lo que cayó del otro, con que lo que el otro desecha, se pone a moverlo. Observamos como muchos niños se sirven de elementos, objetos o pedazos de objetos que otros niños dejarían de lado rápidamente: papelitos, trozo de tela, pedazo de muñeco, objetos, elementos que parecen el resto de otros, cabezas de muñeca, muñecas sin piernas, osos sin ojos, qué sé yo, cachivaches.
También observamos esa invención particular en el uso que hacen de esos objetos restos. Le aplican algún golpeteo, hacen movimientos muy particulares y reiterativos. Generalmente se privilegia alguna zona o área del cuerpo en esa dinámica. Mueven el objeto frente a los ojos, lo presionan con la mano o balancean sosteniendo el objeto de una manera muy particular. Estoy haciendo un resumen muy arbitrario y aleatorio de estas conductas porque justamente lo que subyace la idea de invención supone el aporte de algo nuevo, de algo original. No es imitación, es original. Es algo es como dicen de autor. La invención no imita algo ya existente. El niño autista inventa un uso particular de los objetos resto que porta y en ese sentido hay tantas invenciones como niños autistas que se vinculan con objetos.
La invención supone entonces tres aspectos: hacer de un objeto resto un objeto estimulante, otorgarle un uso específico por fuera del uso corriente que pueda tener. Y, por último, involucrar una zona del cuerpo en esa dinámica. Esta para mí es la tríada en la que se constituye la invención autista: hacer de un objeto resto un objeto estimulante, otorgarle un uso específico -esto en vez de escribir, hacer esto con la lapicera- por fuera del uso que pueda tener y, por último, involucrar una zona del cuerpo en esa dinámica.
Decía que el autista tiene un saber-hacer que pasa por la invención y que para Laurent pasa también la respuesta al impacto de lalengua -del que nos hablaba Tomás al inicio- pasa por el encapsulamiento. Es una defensa el encapsulamiento, el caparazón autista. La primera en describirlo fue Francis Tustin en la década del 70, pero Laurent introduce una variable contundente, importante para nosotros que trabajamos con esos restos. Tustin presentaba un caparazón cerrado, rígido; para Laurent, el caparazón es de otra índole y conceptualmente le permite, por ejemplo, trabajar la relación al goce y a la pulsión, que era algo que Tustin no tenía en cuenta. Por supuesto, ella barajaba otra teorización que es muy válida. Se trata de un caparazón en que el autista se goza, como les decía, sin hacer un circuito que pase por el Otro. Esto supone la no-cesión de los objetos pulsionales al campo del Otro. Los objetos pulsionales son el objeto oral, el objeto anal, la mirada y lo voz. Y ahí ya vemos como ese espectro de objetos pulsionales, de los objetos que se recortan en el circuito que pasa por el Otro está alterado en el autismo porque efectivamente no comen cualquier cosa o comen cualquier cosa -tristemente-, no se desprenden de los desperdicios, de la caca, el pis de cualquier manera. Retienen, acenh en donde quieren, se embadurnan y con la mirada y la voz lo mismo. No hablan, hablan como loros, no miran, miran de costado. Hay algo ahí de ese circuito… Cuando pasa por el Otro, el otro dice, «¿Me miras a la cara cuando te hablo? ¿Por qué no me miras a la cara? ¿Qué me estás ocultando?» Y uno mira la cara.
Como decía Tomás, Lacan insiste con que el lenguaje introduce la falta en el espacio subjetivo del ser hablante, que se delimita como una pérdida, una pérdida de goce. El encapsulamiento autista es un modo de defensa frente a esa pérdida. Es una pérdida que en realidad se vivencia como un agujero, un agujero que retorna, que inquieta a los niños autistas. Laurent habla de intolerancia al agujero. Por ahí van y tapan todos los agujeros o tiran muchas cosas a los agujeros o tiran papelitos por la ventana o se angustian cuando ven la puerta. Hay algo ahí que se les presenta de manera muy inquietante. Intolerancia a los agujeros, dice Laurent. Pero para irnos más allá de Laurent, por ejemplo, la misma Frances Tustin hablaba de la vivencia de un agujero negro del que le hablaban muchos pacientes autistas. Donna Williams, una mujer diagnosticada con autismo en la adultez, daba testimonio sobre el sentimiento de una gran nada negra que corría el riesgo de engullirla. Hay algo de esa falta, de ese agujero que se presenta de manera completamente desorganizada, inquietante.
La otra variable que introduce Laurent con respecto al caparazón de la que hablaba Tustin es que este neoborde es flexible, es permeable la intervención cuidadosa de un partenaire respetuoso por la invención autista. Y, en este sentido, puede desplazarse. Laurent señala que hace falta cierto tiempo para que algo se enganche al neoborde y este comience a aflojarse. No es cualquier algo. En la transferencia, ese algo tiene relación con la presencia del analista y con aquellos objetos que el niño empieza a vincular con su presencia. Empiezan como a tomar determinadas cosas: nuestro celular, nuestro lápiz, nuestras hojas, nuestra lapicera, nuestros juguetes. Hay algo que se empieza a ordenar en relación al cuerpo del otro.
Uy, qué manera de ver preguntas. Ya debería terminar.
Con esta perspectiva se formaliza una clínica del circuito. En estos circuitos se amalgaman objetos, acciones, formas de hacer. Laurent dice que este circuito, el principio de producción de este circuito es la iteración, la repetición. Genera en la misma repetición un efecto de localización de goce. O sea, hay algo en ese circuito que el niño repite una y otra vez por la vía de la iteración que localiza, que ordena algo de eso que el niño no ha podido ceder al campo del Otro. Algo de la mirada, algo de la voz, algo del objeto oral y algo del objeto anal se ordena en ese circuito.
Bien, en los autistas se observa ese trabajo incansable de construcción, de circuitos, de cadenas heterogéneas de objetos a partir de los cuales intentan estabilizar una relación con el cuerpo inicialmente a solas con su invención, transferencia de por medio con el otro que participa de ese circuito. La versatilidad del analista o practicante pasa por atender especialmente ese equilibrio inestable que Laurent llamó neoborde para introducir una variable al caparazón autístico del que hablaba Frances Tustin.
Bueno, me detengo aquí. Tenía un poquito más, pero la verdad que veo que hay tantas preguntas que sería mejor darles lugar a las preguntas.
Tomás Arellano:
Gracias, Mauricio.
*Beltrán M., «Autismo: perspectivas actuales e históricas». Disponible en: CLASE 2 – Mauricio Beltrán – Autismo: perspectivas actuales e históricas
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