Ironía vs Inmutabilidad – Por Guy Poblome – 2026/05/24

Ironía vs. inmutabilidad

Por Guy Poblome

2026/05/24


La ironía es la forma cómica que toma el saber que el Otro no conoce, implica el deterioro del sujeto supuesto saber. Esto evoca la fórmula que Virginio Baio insistió tanto en la clínica del autismo: «saber no saber». La clínica irónica nos permite agarrar el resorte de esto[1]. La ironía no es del Otro, como el humor, es del sujeto y va en contra del Otro. Ella dice que el vínculo social es una estafa, que el Otro no existe.

Se necesita un largo análisis para que el neurótico vaya más allá del semblante, para tocar ese punto donde no hay verdad, sino solo verdades, para tener acceso a S(Ⱥ), significante de la falta en el Otro que es la marca de su incompletitud.

Por esta razón, Jacques-Alain Miller sostiene que «o bien nuestra clínica será irónica, […] o nuestra clínica solo será una recuperación de la clínica psiquiátrica.»[2] Saber no saber es reservar todo lo que creemos saber para encontrarnos con una singularidad, algo incomparable.

Por tanto, el analista puede acudir a la escuela del sujeto esquizofrénico cuya posición se caracteriza por la ironía. Este último apunta a la dimensión obscena del goce del Otro del que es el objeto, es un tratamiento del Otro que invade el sujeto incluso en su cuerpo, y como tal, puede proporcionarle satisfacción.

Si el esquizofrénico puede apuntar al otro, a los iguales, más allá de eso, apunta al Otro del lenguaje, porque para él «todo lo simbólico es real».[3] Son las palabras que le impactan sin mediación y lo gozan. Por tanto, la ironía esquizofrénica apunta al lenguaje.

El sujeto autista, en cambio, no es irónico. Lo que la caracteriza, al contrario, es la inmutabilidad. Quiere vivir en un mundo estático en el que no tolera ningún cambio. Quiere que las cosas se repitan, con el deseo de introducir reglas en el caos del mundo.

La inmutabilidad sería la otra cara de la ironía. El sujeto autista no intenta deconstruir al Otro, no denuncia su arbitrariedad, sino que está apegado al signo, a la repetición de lo mismo, a las reglas, para evitar cualquier equivocidad en el lenguaje.

¿Puede esta antagonía entre ironía e inmutabilidad constituir un elemento convincente de diagnóstico diferencial? Aunque la ironía trata principalmente del lenguaje, ¿puede ser un modo de tratamiento en un niño mudo —pienso en Oscar— que presenta un tratamiento autista del objeto y la inmutabilidad en ciertas secuencias de la vida diaria? A continuación, nos enfrentamos a su pantomima, que debe leerse.

Oscar solicita la presencia del otro más allá de su necesidad instrumental de obtener un objeto. Saca a relucir, especialmente con sus acciones, la mirada enfadada o la voz fuerte del Otro, atrapada por una hilaridad jubilosa. Lejos de buscar un Otro regulado e inmutable, hace que un Otro que goza consista, para tratarlo con una ironía cuya ferocidad es igual a la intensidad de lo que logra llevar al escenario.

El Otro con el que lidian el esquizofrénico y el autista no es lo mismo. En el esquizofrénico, la mirada y la voz se desapegan y regresan en forma de intención; su presencia y ausencia son problemáticas y deben tratarse. En el autista, no están desprendidos y por tanto no regresan, el Otro no tiene intención dirigida al sujeto. Esto asigna a quien intenta ser su partenaire a un lugar diferente.


*Poblome G., Ironie Vs Immuabilité – L’HEBDO-BLOG

[1] Cf. Miller J.-A., «Clinique ironique», La Cause freudienne, nº 23, febrero de 1993, pp. 7-13.

[2] Ibíd., p. 8.

[3] Lacan J., “Respuesta al comentario de Jean Hyppolite sobre la Verneinung de Freud”, Escritos, tomo 1, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2018, p. 373.

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