Stephen Hawking, desde la relatividad del tiempo hasta su variabilidad
Por Marco Mauas
2026/04/23
Stephen Hawking, el prolífico astrofísico inglés, logró reconciliar, de alguna manera, la teoría de la relatividad y la teoría cuántica, mostrando que los agujeros negros existen no solo en el universo infinito, sino también a la escala infinitamente pequeña de la materia subatómica, donde, según Einstein, Dios no juega a los dados.
A los 21 años, en 1963, le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica (ELA), con una esperanza de vida de dos años. Hawking falleció en 2018, cincuenta y cinco años después, paralizado en su silla de ruedas, comunicándose a través de un ordenador y un sintetizador de voz. Esta supervivencia absolutamente excepcional ha intrigado a algunos especialistas en la enfermedad, sin que puedan explicarla.
En su libro Agujeros Negros y Universos Bebés[1], explora los límites del determinismo y la posibilidad de predecir el futuro. Es importante recordar que su primer libro de divulgación científica, Una breve historia del tiempo, vendió más de diez millones de ejemplares y permaneció en la lista de los más vendidos del New York Times durante más de cincuenta semanas.
Nos dice que es imposible predecir el comportamiento humano desde el cerebro. Hawking no necesitaba inteligencia artificial para atreverse a decir eso. Por un lado, el cerebro contiene 1026 partículas —cien millones de mil millones de billones— lo que hace imposible resolver las ecuaciones que predicen el comportamiento. Por otro lado, si intentamos deducir el comportamiento humano a partir de leyes científicas, explica, caemos en la paradoja lógica de los sistemas autorreferenciales: si un evento puede ser predicho por leyes fundamentales, entonces el simple acto de predecirlo puede cambiar su resultado.
Por tanto, es difícil no mencionar la esperanza de vida que se le había anunciado en el momento del diagnóstico. Al desafiar esta predicción, de hecho, a costa de una vida pasada con una máquina —lo que no le impidió casarse dos veces y tener tres hijos—, casi parece encarnar al propio sujeto de la ciencia, en la unión imposible entre saber y verdad.
Condenado por la medicina, sin embargo, sobrevive y basa su investigación donde Einstein no creía, donde, a pesar de todo, Dios juega a los dados: en el orden cuántico, donde «el quantum de acción nos remite, por un tope más corto que el que se hubiera esperado de la física, al efecto de acto que se produce como desecho de una simbolización correcta»[2]. sobre la base del principio de incertidumbre.
*Mauas M., Stephen Hawking, de la relativité du temps à sa varité – NLS Congress 2026
[1] Hawking S., Trous noirs et bébé univers, París, Odile Jacob, 1994.
[2] Lacan J., “Radiofonía”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2021, p. 446.
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