Epiménides con Lacan
Por Paulina Tanterl
2026/04/16
Los recientes avances en la política de salud en Francia han puesto de manifiesto la urgencia de un discurso que no esté consagrado a lo absoluto. El llamado a la ciencia moviliza a quienes afirman ofrecer al hombre una verdad última. Los ministros y los «expertos en salud» invocan una verdad basada en cifras, estadísticas e indicadores de desempeño. Sin embargo, seguir tal lógica es rechazar la ambivalencia constitutiva del sujeto humano y, por tanto, el modo de funcionamiento del inconsciente. Jacques Lacan aborda esta ambivalencia irreductible a través de la paradoja de Epiménides.[1]
Lacan demuestra que cualquier afirmación sobre la verdad o la falsedad se socava a sí misma, en la medida en que el sujeto que habla necesariamente está involucrado en lo que dice. La proposición «miento» es así lógicamente indecidible; suspende la propia posibilidad de una verdad última y garantizada. La paradoja desaparece tan pronto como la afirmación se lee como una proposición existencial negativa y no como la afirmación de una verdad absoluta: no existe ningún cretense que no pueda mentir. Epiménides señala así, irónicamente, la bancarrota del universal.[2]
En Seminario X, Lacan sitúa la estructura de la ficción como si estivese en el mismo origen de la verdad. La afirmación «Miento«[3] se vuelve admisible en la medida en que lo que miente es deseo. Cuando el deseo se articula así, involucra al sujeto en una forma de destitución lógica[4]. En el Seminario XI, Lacan describe el análisis como un lugar donde la angustia del sujeto por despistar o engañar al analista compete de la transferencia. Freud toma esta posibilidad muy en serio y no la considera un obstáculo para la verdad, sino como una dimensión constitutiva del funcionamiento del inconsciente. En este sentido, Lacan pregunta: «¿dónde está ese famoso inconsciente que iba a hacernos acceder a lo más verdadero, a una verdad, ironizan, divina? «[5].
Los sueños también pueden engañar, más aún porque se producen para el Otro en un análisis. El inconsciente puede así operar en un registro de engaño sin contradecir la verdad. Es precisamente así como se hace posible —y esta es la esencia misma de la paradoja y del inconsciente— decir: «Miento».
La verdad no existe a pesar de las paradojas, las ficciones y el deseo, sino a través de ellas. El psicoanálisis nos recuerda así que la subjetividad humana y la libertad de expresión son irreductibles, una posición que responde a la demanda de la verdad última de los números reafirmando la primacía de la experiencia singular.
*Tanterl P., Épiménide avec Lacan – NLS Congress 2026
[2] Cf. Lacan J., El Seminario, libro IX, «La Identificación», conferencia del 15 de noviembre de 1961, inédita.
[3] Lacan J., El Seminario, libro X, La angustia, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2016, p. 143.
[4] Ibíd.
[5] Lacan, J., El Seminario, libro XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2005, p. 45.
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