EL AMO DEL MAÑANA
Por Sarah Camous-Marquis
2025/12/12
Los graves ataques al psicoanálisis pusieron en marcha a muchos colegas, tanto en nuestro campo como en otros lugares. Para nuestra Escuela, escucho el mensaje de Jacques-Alain Miller del 6 de diciembre como una invitación: que no perdamos el rumbo. Abordemos, de forma un poco diferente, la cuestión planteada por Philippe de Georges sobre el amo del mañana. Como dice Lacan, es desde hoy que comanda – y ahora avanza menos oculto. No estoy seguro de que esté hecho de la misma madera que Trump, Putin y otros. El amo del mañana es algorítmico. No conoce ninguna duda. No teme presentar verdades que no tienen nada que ver con el rigor científico. Jacques-Alain Miller, siguiendo los pasos de Lacan, nos advirtió hace mucho tiempo: estamos bajo el dominio del S1 reducido a su forma más absurda, la cifra 1[1]. Este nuevo amo transforma a cuidadores, profesores, educadores en técnicos, protegidos o aplastados, según la situación, por protocolos estandarizados o el discurso neurológico. Nos enfrentamos a los efectos de esto cada día, desde las instituciones hasta nuestros consultorios. El Proyecto de Ley nº 385, destinado a integrar centros especializados en el Código de Salud Pública, es una extensión de esto. Esta nueva versión del amo hace sujetos responsables, sin duda, pero de una manera bastante diferente a la que Freud y Lacan nos enseñaron. Más bien, se trata ahí de una cuestión de autodeterminación, lo que les deja aún más extraviados respecto a su goce que, por tanto, retorno.
El nuevo amo no se muestra afectado ni por la presencia encarnada ni por el vínculo -el técnico es anónimo y sustituible. Si Lacan revisa su copia sobre los poderes de lo simbólico y de la palabra, el hecho es que lo abyecto que yace en cada parlêtre —y por el que debe hacerse responsable— presupone que puede dirigirse a otro que deba convertirse en partenaire, en instrumento, para que se pueda extraer saber de él. Esto es lo que permite la orientación analítica cuando la cura del practicante ha limpiado suficientemente el furor sanandi. Mantener el enfoque de su orientación, su formación, en contra de la disolución en el discurso actual es crucial para la Escuela. Pero nuestras prácticas en las instituciones, junto con otras que a veces saben tan poco sobre psicoanálisis, me parecen de naturaleza diferente. Ahí trabajamos a minima para que pacientes, estudiantes, etc., no estén solos ante lo real con lo que se chocan. Lo importante es que aún puede haber algunos que no rehúyen el encuentro, que se hagan responsables, es decir, que se comprometan con la palabra, que investiguen con los pacientes y permitan la invención. Y esto va, me parece, más allá del psicoanálisis.
¿No es entonces necesario sujetar dos hilos con una sola mano? Uno requiere que mantengamos la vanguardia de la orientación analítica, el otro que aún pueda existir, más allá de la «rara y exigente práctica» de los analistas, partenaires que no son máquinas.
Respuesta
Estimada colega,
No le conozco. Solo le conozco por este mensaje que me envía. ¿Qué puedo decir? La verdad. Me mueve. Su estilo, su tono, su relevancia. Muestra lo que esta Escuela podría ser y lo que aún no es, un lugar donde se intercambiarían palabras, reflexivas, incluso donde se confrontarían las tesis, en una conversación académica, sobria y límpida, tanto como se pueda, y enseñante. Llevo tanto tiempo pidiendo esto…
Utopía, sin duda. Un fantasma, pero que indica una dirección. El propio Lacan, en el momento en que creó la Escuela Freudiana, la imaginaba comparable a las Escuelas Filosóficas de la Antigüedad.
Siempre espero que sea imitada en la Escuela de la Causa Freudiana. ¿Puedo contribuir a esto? Reflexiono en ello.
Con toda mi atención,
JAM
[1] Miller J.-A., «L’ère de l’homme sans qualités», La Cause freudienne, nº 57, 2004, p. 75.
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