Conversación sobre «Introducción a la Psicosis Ordinaria» – por Jean-Claude Maleval – 2024/08/24

INTRODUCCIÓN A LA PSICOSIS ORDINARIA

Por Jean-Claude Maleval

2024-08-24


Tania Coelho dos Santos:

Bravo, Sr. Maleval. Espero que se vaya a publicar su conferencia en un número de ASEPhallus, nuestra revista de orientación lacaniana que estará completamente dedicada el tema de la psicosis ordinaria con contribuciones de nuestros colegas. Me gustaría publicar lo que usted ha presentado hoy porque es un resumen muy eficaz de cuatro puntos importantes del problema.

Antes de que la audiencia se organice, tal vez nos podría decir un poco más acerca de un tema que uno se pregunta a menudo: en qué se basa el crecimiento de los pedidos efectuados por sujetos psicóticos. Usted nos aportó algunas respuestas muy importantes, pero ¿cree usted que la flexibilización familiar, social, así como la discursividad edípica hayan favorizado la emergencia de individuos en una estructura psicótica ordinaria y extraordinaria? ¿Es posible?

Jean-Claude Maleval:

La pregunta de en qué se basa el crecimiento de pedidos efectuados por sujetos psicóticos, en qué se basa ese espectacular cambio que hace que una práctica inicialmente concebida para los neuróticos sea ahora puesta en marcha también tanto para neuróticos como para psicóticos… Es notable que las presentaciones de casos que se hacen en las Secciones Clínicas se hayan convertido en su mayoría en curas de sujetos psicóticos. ¿Por qué esto? Varios efectos acumulados pueden, sin duda, ser evocados: la evolución de la práctica psiquiátrica o la introducción del diagnóstico de psicosis ordinaria y las condiciones de la modernidad.

De entrada, un primer punto. En 1998, la introducción del diagnóstico de psicosis ordinaria o de la noción de psicosis ordinaria hizo posible un afinamiento de su localización, la cual se ha vuelto más frecuente y luego ha tenido un mayor conocimiento para la conducción de la cura de estos sujetos. Un segundo punto es la degradación de las condición de acogida de pacientes en las instituciones psiquiátricas, que es una reducción de medios, de formación y sobre todo una medicalización de los trastornos mentales, la disminución del personal, el estado administrativo tan numeroso, la presencia médica débil, la insuficiencia en al formación, la protocolización que se acompaña a menudo de la pérdida del sentido de un tratamiento, la fatiga del personal, todos esos elementos contribuyen a una degradación de la presencia de toma en cargo de los pacientes. Y los fenómenos que objetivan esta degradación más chocante es el retorno de un empleo generalizado en Francia de campos de aislamiento con prácticas de contención.

A menudo escuchamos: “Mi psiquiatra no tiene el tiempo de escucharme”. Esto es lo que confirman los psiquiatras de hospitales en análisis que se quejan de estar sometidos a prácticas gerenciales que les imponen consagrar un tiempo limitado a los pacientes.

Y también un cambio de sociedad. La sociedad jerárquica de antaño tenía sus rutinas, era reguladora, tenía una asignación de lugares, daba coordenadas sólidas. Hoy en día, el sujeto está en un mundo que no sabe ya qué tiene que hacer y va por doquier, las prohibiciones están en dificultades. Además, asistimos al ascenso al cenit del objeto a, como dice Lacan, lo que empuja al consumo sin límites y el hedonismo de las masas. Muchos de sujetos psicóticos ordinarios se presentan como extraviados, vacíos, inconsistentes, a duras penas apoyados por un prójimo. Cuando los ideales colectivos se imponían con fuerza, los sujetos psicóticos se adherían a ellos. La psicosis ordinaria era ahí, en mi opinión, una clínica invisible. Cuando los ideales colectivos se volvieron precarios, diversos, inciertos -para quienes no están estructurados bajo un modo edípico-, no ofrecen ya un modo de estabilización prêt-à-porter. Entonces, ciertas configuraciones del Otro -particularmente aquellas regidas por los discursos de la tradición o por fuertes ideologías- atenúan la emergencia de la psicosis ordinaria. Al contrario, cuando se revela que el Otro no existe, que los semblantes vacilan, las condiciones son propicias para hacerlo aparecer.

No estoy seguro de que esto explique todas las razones de este crecimiento de pedidos, pero, en todo caso, contribuyen a ello. Es lo que podría responder ahora.

Tania Coelho dos Santos:

Sí. Si comprendí bien, usted nos presentó muy diversas causalidades posibles. Usted también nos ha aportado -lo que a mi modo de ver ha sido, efectivamente, esclarecedor- que tenemos dos modelos para orientarnos en la psicosis ordinaria: el joyceano y el milleriano. Eso es perfecto. Es muy preciso porque, en general, la gente mezcla el Seminario El sinthome y “Retorno sobre la psicosis ordinaria” de Jacques-Alain Miller y hacen algo muy confuso. Desde mi modo de ver, usted mostró muy claramente que el primero es estructural y discontinuista y el segundo es más bien fenomenológico y que no excluye la hipótesis continuista. ¿Usted cree que la tesis de la forclusión generalizada del Nombre-del-Padre -en la modernidad, en la posmodernidad- justifica la hipótesis continuista?

Jean-Claude Maleval:

Agradezco por esta pregunta porque es verdaderamente importante y hay que subrayarlo. Primero, no se dio cuenta, pero usted hizo un lapsus en su pregunta. Cuando usted formula esta pregunta de esta manera, usted dice: “si habría una forclusión generalizada del Nombre-del-Padre, todos los sujetos serían de una estructura psicótica”. Una forclusión generalizada tal del Nombre-del-Padre se juntaría con la tesis kleiniana de un núcleo psicótico presente en los sujetos, lo cual no es para nada el caso.

Es conveniente distinguir la forclusión del Nombre-del-Padre -que es una forclusión restringida que caracteriza la estructura de ciertos sujetos- y la forclusión generalizada -que no es la del Nombre-del-Padre, sino que es propia a todos los sujetos y que es una noción introducida por Jacques-Alain Miller en 1987. La forclusión generalizada no recae sobre el Nombre-del-Padre, sino sobre la ausencia de la referencia. No se escribe P0 -como lo hace Lacan en el esquema I-, más bien se escribe Ⱥ. La forclusión generalizada es lo que Lacan podía formular bajo la fórmula “no hay Otro del Otro”, es decir que no hay verdad última -es la razón por la cual la verdad no puede sino medio-decirse-. La forclusión generalizada implica que hay para todo sujeto -no solamente en las psicosis, sino en todos los casos- un sin-nombre, un indecible, que en la raíz misma del lenguaje hay un vacío.

Ahora bien, ciertamente “Todo el mundo es loco, es decir delirante” -indica Lacan-, pero hay que distinguir modalidades diferentes de delirio. El delirio común -aquel de toda aserción que enmascara el vacío de la referencia por una apuesta efectuada al Nombre-del-Padre apoyándose en el significante-amo- es de otra naturaleza que el delirio psicótico que busca llenar el vacío de la referencia generando una certeza delirante. Todo el mundo delira, pero los procesos que generan esos delirios no son idénticos. De Clérambault lo había subrayado desde muy temprano: “Admitimos”, escribe en 1924, “que los delirios, dicho de otra manera, las convicciones de sentimiento, se transmiten, pero no las psicosis, dicho de otra manera, los mecanismos genéticos de esos delirios.”

No existe una clínica de la forclusión generalizada, es decir del delirio común, generada por el hecho de que todo montaje de lenguaje está construido sobre un vacío. “El dicho primero”, subraya Jacques-Alain Miller, “es un artificio, es un producto del arte o un producto del acto. Es un actificio, si puedo decir”. Una verdad, entonces, ¿es un delirio? Si no está tomada en el lazo social. Y es lo que se verifica cada vez cuando se toca de cerca la creación de las religiones. Es necesario que esa creación se haga epidemia para que se olvide que es de estructura, un delirio.

forclusión restringida, aquella que recae sobre el Nombre-del-Padre, caracterizada en lo social -yo lo he indicado- por trastornos de lenguaje que testimonian de una ruptura de la cadena significante, así como fenómenos de labilidad de lo imaginario y de deslocalización del goce-. Como todo delirio psicótico en sí, éste posee ciertas características inherentes no a su temática, sino a su estructura. “Comienza”, subraya Lacan, “cuando la iniciativa viene de un Otro”. Mientras que el delirio crónico posee una evolución cuaternaria característica. En resumen, no es posible distinguir en tanto contenido el delirio psicótico del delirio común. A veces el delirio psicótico puede dar consistencia al delirio común, por ejemplo, las religiones.

Por otro lado, es posible identificar al sujeto psicótico apoyándose en la clínica elaborada de la forclusión restringida desarrollada en el Campo lacaniano. Que el sinthome constituya un círculo común entre neurosis y psicosis es el principal argumento invocado por lo sorprendente de una clínica continuista. Conduce a veces, en mi opinión, a amalgamas peligrosos para la dirección de la cura incitando a intricar forclusión generalizada y forclusión del Nombre-del-Padre, incluso delirio edípico y delirio psicótico. Si existe, en efecto, un círculo común del sinthome entre neurosis y psicosis, hay que precisar que es un freno clínico. Se sostiene en el S1 que cifra el goce del síntoma. Ahora bien, cuando se sitúa en nivel clínico, aparece que el S1 -que está en el principio del síntoma neurótico- no posee las mismas propiedades que aquel del síntoma psicótico. Lacan indica que el S1 en el síntoma psicótico “está desabonado del inconsciente”. Se trata de un S1-completamente-solo que no hace llamado al S2. El síntoma del psicótico no es interpretable. Al contrario, el síntoma neurótico está abonado al inconsciente: el S1 se conecta con S2, lo que produce efectos de metáfora interpretables.

Las consecuencias de esa distinción de estos dos tipos de síntoma son capitales para la conducción de la cura. Todo el mundo delira, pero el privativo de ser psicótico permanece a ciertos parlêtres, no a todos. La forclusión generalizada es válida para todo sujeto y no posee una clínica específica, no puede de ninguna manera fundar una clínica continuista.

La forclusión generalizada, insisto, designa la ausencia de verdad absoluta. Incluso las teorías científicas más sólidas se basan en hipótesis indemostrables, sus postulados. Una teoría que parecía tan insuperable como la de la relatividad general de Einstein, el cual se desprende del Big Bang inicial del universo, resulta desde el 2022 puesta en duda por el descubrimiento del telescopio espacial James Webb, el cual percibió muchas galaxias ya presentes antes del supuesto Big Bang.

Entonces, me detengo en esta pregunta porque es un punto importante y a menudo incomprendido y quería insistir en ello.

Tania Coelho:

Sí, por supuesto. De hecho, eso no fue verdaderamente un lapsus. Jugaba un poco con la tesis de Lacan según la cual los no-incautos erran, la forclusión generalizada del Nombre-del-Padre en ese sentido no quiere decir que esas personas sean psicóticas.

Jean-Claude Maleval:

Para nada en lo absoluto.

Tania Coelho dos Santos:

Era justo el punto que quería poner de relieve. Tenemos ya dos preguntas de la audiencia -si usted tiene un poco más de tiempo-. Primeramente, a propósito de Joyce quien reanudó lo simbólico y lo real por el empalme de su ego. ¿Podría aclararnos acerca de esa diferencia que Lacan hace entre ego y el yo?

Jean-Claude Maleval:

Es una pregunta difícil. Lacan define al ego como la idea de uno mismo como cuerpo, mientras que el yo es la zona de las identificaciones narcisistas, pero Freud ancla también al yo en una referencia a la imagen del cuerpo. El yo -afirma Freud- es antes que nada un yo corporal y no es solamente un ser de superficie, sino la proyección de una superficie. Es decir, que “el yo finalmente está derivado de las sensaciones corporalmente, principalmente aquellas que tienen su fuente en la superficie y puede ser considerado, así como una proyección mental de la superficie del cuerpo”. Esta es una cita de “El yo y el ello”.

Por otro lado, Lacan subraya que la raíz de lo imaginario se sitúa en un cuerpo que la mentalidad tiene que adorar. Eso está en El sinthome. Así, ¿Lacan diferencia el ego del yo? Parece acercarlos. En el Seminario El sinthome, dice: “Si al ego se lo llama narcisista, es porque, en cierto nivel, hay algo que sostiene el cuerpo como imagen.”[1] Jacques-Alain Miller considera que Lacan no distingue el ego del yo -en el #94 de La Cause du désir, página 20-.

Lo que Lacan subraya particularmente en su Seminario El sinthome es que el ego de Joyce se constituye sin cuerpo, como lo indica el fenómeno elemental en el cual luego de una paliza tiene el sentimiento de estar a distancia de su cuerpo. El ego de Joyce es sin cuerpo y es empalmado por la escritura. Produce una creación escritural de una representación de sí, una suerte de construcción del cuerpo por la escritura y esto permite reanudar lo imaginario, operando así un anudamiento no-borromeo de los elementos de la estructura subjetiva.

Es algo complicado, pero parece que Lacan no distingue mucho el ego del yo. Pero ¿por qué habla de ego más que de yo? Eso no sabría decirles.

Tania Coelho:

Quisiera plantearle una pregunta que fue presentado por la audiencia. Douglas tenía una pregunta acerca de los fenómenos elementales de rechazo -ese sentimiento de rechazo-. ¿Usted cree que ese fenómeno elemental podría el principio de elaboraciones subjetivas de tipo identitarias, una cosa que podría llevar al sujeto a construir la idea de ser una víctima de alguien, de la justicia social, de adherirse a grupos que promueven ese tipo de ideas? Quería pensar qué piensa de este origen.

Jean-Claude Maleval:

Es un punto muy importante, efectivamente, este sentimiento de rechazo que se actualiza a menudo en la transferencia psicótica porque es la posición fundamental del sujeto psicótico en relación con el Otro. El Otro tiene tendencia a gozar de él cuando no se han puesto defensas por el sinthome o el fantasma. Cuando estas defensas son impotentes para protegerlo del goce del Otro, se sienten rechazados y tienen tendencias a identificarse al objeto desecho. En la forma más extrema, esto da la posición melancólica. Pero en formas que vemos a menudo en la psicosis ordinaria, el sujeto se identifica a la víctima. Es una manera de valorizar, a pesar de todo en tanto puede compartir esto, efectivamente, con algunos grupos que han sufrido el mismo problema. Entonces, es algo fundamental esta posición de rechazo que va a empujar al sujeto de una identificación al objeto a. Es fundamental en la transferencia del psicótico y se actualiza a veces en la cura.

Esto me evoca algo que me sorprendió en mi trabajo. Un sujeto psicótico no verdaderamente ordinaria que un día se lanzó a mis pies diciendo: “¡Mátame! ¡Mátame!”. Gozaba de mi en ese momento. Hay esa relación fundamental a un Otro gozador que sitúa al sujeto del lado del objeto desecho, lo que es capital en el funcionamiento psicótico.

Tania Coelho:

Sí. Es verdad si se toma en cuenta el fundamento melancólico de las psicosis, en general. Aparentemente, usted situó esto del lado de la no-extracción del objeto a y sus consecuencias de victimización y valorización en relación con el Otro.

Jean-Claude Maleval:

Ser víctima es al menos mejor que ser un desecho.

Tania Coelho:

Es ya una posición favorable. Hay otra pregunta de la audiencia que concierne a la proposición atribuida a Jacques-Alain Miller según el cual el Hombre de los Lobos sería un caso de psicosis ordinaria. ¿Qué piensa usted de esta proposición?

Jean-Claude Maleval:

Efectivamente, hace mucho tiempo sostuve que el Hombre de los Lobos no era psicótico. Ya no lo sostendría ahora ya. Creo que, en efecto, hay argumentos suficientemente sólidos para argumentar la psicosis ordinaria en el Hombre de los Lobos. Creo que el Hombre de los Lobos es un caso de psicosis ordinaria. El sentimiento de que la nariz sea vulnerada está del lado de una certeza que está del lado de los fenómenos elementales y cierto número de cosas me hicieron replantear el caso del Hombre de los Lobos y ya no sostendría hoy en día que es un neurótico, sino uno psicótico.

Tania Coelho:

Es muy importante esa pregunta. Una persona del equipo técnico para este evento pregunta algo que encontró en su libro acerca de El autista y su voz. Aparentemente, usted presenta una distinción entre autismo y psicosis que pasa por el hecho de que la alucinación verbal es algo que caracteriza a las psicosis y en ningún caso al autismo. Y también quiere saber acerca de la imagen indeleble en la psicosis ordinario y si ésta puede ser considerada un sustituto del fantasma fundamental en la neurosis. De hecho, son dos preguntas.

Jean-Claude Maleval:

Efectivamente, sostengo con la casi totalidad de especialistas en el autismo que no hay alucinación verbal en el autismo. Lacan tiene esta expresión a propósito de Dick, él dice que es amo del lenguaje. Creo que hay que entender esta expresión de que es “amo del lenguaje” como el hecho de que el lenguaje no le viene de una exterioridad, que no hay automatismo mental en el autismo. Entonces, efectivamente, una de las diferenciaciones de la clínica del autismo y aquella de la psicosis es la ausencia de alucinaciones verbales. Evidentemente, hay fenómenos oníricos que parecen a alucinaciones verbales. Hay esto en Tammet, pero es completamente del orden de un onirismo diurno. Eso no tiene nada que ver con la cadena significante desconectada y es muy poco habitual en los autistas, pero hay algunas alucinaciones oníricas que pueden parecerse a alucinaciones verbales. Son muy poco frecuentes. Es una diferencia entre autismo y psicosis. En el libro La Diferencia autística, en el primer capítulo se desarrollan algunas diferencias entre autismo y psicosis. No están solamente las alucinaciones, hay otras como la ausencia de un delirio constituido.

La segunda pregunta de si las imágenes indelebles son el equivalente de un fantasma fundamental para le psicótico, eso tiene afinidades, pero es diferente, aun así. La afinidad es que eso orienta la existencia del sujeto como un fantasma fundamental y la diferencia es que es completamente consciente. El fantasma fundamental del neurótico se lo pone en evidencia con todo un análisis como necesario, mientras que el sujeto psicótico que presenta imágenes indelebles se los aporta y habla de ellas en todas las sesiones. Su goce está captado por ellas. Y la gran diferencia es que es un fantasma consciente que no está reprimido en el psicótico mientras que está reprimido en el neurótico.

Tania Coelho dos Santos:

Sí. Es muy esclarecedor eso. Usted dijo que la psicosis ordinaria presenta dos modos de funcionamiento subjetivo: ni delirante, ni discordante, ni alucinante. Para orientarnos en esa clínica, primero hay que aprender a distinguir bien los fenómenos elementales de los signos discretos -si entendí bien-. Usted dijo algo que me hizo pensar: “Los signos discretos son reveladores de un anudamiento restaurado del tipo no-edípico. Yo quisiera saber más acerca de cómo se producen, qué mecanismos permiten que ocurra la función del Nombre-del-Padre. Es interesante eso.

Jean-Claude Maleval:

En efecto, yo propongo distinguir los signos discretos de la psicosis ordinario de los fenómenos elementales de la psicosis. Los fenómenos elementales revelan un fracaso del anudamiento de la estructura subjetiva. Consisten en -ya lo dije- trastornos del lenguaje, manifestaciones de deslocalización del goce, una afección al sentimiento de identidad, etc., mientras que los signos discretos testimonian de una tentativa más o menos logradas de restaurar un anudamiento de lo real, lo imaginario y lo simbólico y del sinthome.

Una de las diferencias clínicas mayores entre los fenómenos elementales y los signos discretos reside en el hecho de que el sujeto se queja o se asombra de los fenómenos elementales mientras que los signos discretos son completamente asumidos -van en el sentido de su funcionamiento-.

La acogida de los fenómenos elementales fue iniciada por la psiquiatría clásica, de manera tal que la mayoría permanece discernible por la psiquiatría moderna. Por su lado, los signos discretos -que fueron despejados por la clínica psicoanalítica- implican la hipótesis de un trabajo subjetivo inventivo y son casi del todo ignorados por la psiquiatría. El único signo discreto despejado por la psiquiatría es la sobreidentificación, pero esto no fue posible sino en la espera en la que la psiquiatría se nutrió de la fenomenología y todavía con la hipótesis que un saber podía ser acogido en la palabra del enfermo. Los posibles signos discretos -se los digo- son los siguientes: funcionamiento como si, adopción de un rol de impostor, mimetización con un semejante, escritura al servicio de un ego deficiente, la mutación transexual, ciertos fantasmas que orientan al sujeto en la existencia, etc.

Su pregunta era: ¿por qué el sujeto de estructura psicótica hace la elección de orientarse hacia la adopción de un signo discreto en vez de tal otro o hacia la construcción de un delirio? No sabría responder sino por la insondable decisión del ser. Se puede constatar que un sujeto puede tener sucesivamente a varios de esos mecanismos. Entonces, ahí -repito- no podría precisar por qué un sujeto va a aprehender tal o cual signo discreto en vez de hacer un delirio.

Tania Coelho dos Santos:

Me preguntaba si los signos discretos serían todos de tipo imaginario. En ese sentido, no competerían del Edipo. Es a nivel estructural que se debería plantear la pregunta sobre la diferencia de los mecanismos, si pasan por lo imaginario o no.

Jean-Claude Maleval:

¿Todos los signos discretos son de orden imaginario? No lo creo. La escritura de Joyce, al contrario, es algo que viene a contribuir y llenar el déficit de lo imaginario en Joyce. Entonces, todos los signos discretos no son del orden de lo imaginario. Tienen que ver con una estructuración no-edípica pues si el anudamiento no es borromeo es que el Nombre-del-Padre no está en su lugar ya que Lacan transcribe la forclusión del Nombre-del-Padre en la teoría de los nudos por el hecho de que el anudamiento no es borromeo. Entonces, en ese sentido podemos hablar de anudamiento no-edípico.

Tania Coelho dos Santos:

Sí. En ese sentido, en el nudo borromeo se posa la estructura de la función del Nombre-del-Padre.

Hay personas en la audiencia que se preguntan qué piensa usted de la clínica de la psicosis ordinaria, si usted cree que los CPCT, el psicoanálisis aplicado, todos los dispositivos clínicos nuevos que se inventan son capaces de acoger la psicosis ordinaria.

Jean-Claude Maleval:

Estos dispositivos clínicos nuevos es la institución que es nueva, pero no es la práctica que la sostiene. Los analistas trabajan con los sujetos que encuentran en esas instituciones de una manera que me parece fundamentalmente diferente de lo que hacen en un consultorio particular. Es, sin duda, la demanda que no es la misma. La demanda de sujetos psicóticos es mucho más frecuente en esas instituciones, pero la manera de responder no es obligatoriamente diferente.

Dicho esto, ha habido debates en el seno de la Escuela -que he evocado-. Hay partidarios de la dirección de la cura que son continuista y también partidarios por una clínica discontinuista para quienes la cura no se conduce de la misma manera. Hay un debate en la Escuela acerca de este punto.

Tania Coelho dos Santos:

Muy bien. Es necesario que esclarezca que la pregunta que le planteé en nombre de Flâvia Nora, de hecho, ella recogió la pregunta de la audiencia y la formuló como síntesis porque hay muchas preguntas que se repiten y recaen sobre el mismo tema más o menos. Gracias, Flâvia por el trabajo de organización general. A Douglas que también planteó la pregunta sobre el identitarismo. Hay muchas personas en la sala que son colegas de la EBP. Me gustaría agredecerles a mis colegas quienes han dado un gran apoyo para este evento y también a mis colegas de la Asociación Universitaria de Investigación en Psicopatología quienes fueron los primeros en formular esta invitación. Mis colegas quieren contar con su presencia en nuestro Congreso que va a darse en una semana. El tema que usted trabaja toca justamente la civilización y la salud mental en este momento de la civilización.

Quisiera agradecer a Catarina Campos por su traducción simultánea. Ella ha sido perfecta.

Jean-Claude Maleval:

Sí, le agradezco mucho también porque no es fácil la traducción simultánea.

Tania Coelho dos Santos:

Sí, pero ella había preparado el texto antes y así aportó mucho a la audiencia. Estoy muy contenta. Y en cuanto a su conferencia hay una serie de agradecimientos, de elogios. Espero verdaderamente que las personas tengan acceso a sus obras más recientes sobre la psicosis ordinaria, la Conversación psicoanalítica y las Coordenadas para la psicosis ordinaria que tienen un valor fantástico.

Muchas gracias, Sr. Jean-Claude. Hasta pronto, espero.

Jean-Claude Maleval:

Yo le agradezco. Hasta pronto.


*Conversación luego de la intervención «Introducción a la psicosis ordinaria». Inédito.

[1] Lacan J., El Seminario, libro XXIII, El sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2015, p. 147.

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