Estar a la Altura del Acontecimiento Imprevisto – por Flávia Cêra – 2024/08/12

ESTAR A LA ALTURA DEL ACONTECIMIENTO IMPREVISTO

Por Flávia Cêra

2024-08-12


Un análisis tiene su rutina en las sesiones, su parte semántica que hace una serie de la que no podemos prescindir. Son los eventos predichos, dice Miller. En un análisis, sin embargo, incluimos lo real, y por eso esperamos sus imprevistos, su porción a-semántica, sus acontecimientos que inscriben un antes y un después, que marcan la pulsación de un tiempo con la presencia de un dicho que toca el cuerpo. Al fin y al cabo, el decir, en psicoanálisis, tiene que ver con el tiempo[1] y «no hay más acontecimiento que decir».[2]

¿En qué tiempo se realiza el análisis ya que, como decía Freud, el inconsciente es atemporal? ¿Cómo operar para que no trabajemos en la dimensión de la eternidad simbólica? Lo esencial, comenta Miller, «es establecer una conexión entre la intemporalidad del inconsciente, es decir, entre su pasado definitivo, su inscripción para siempre, y el presente del analizante, operando así un retorno del habla a la escritura».[3] En este sentido, el inconsciente es una lectura abierta, un devenir. Se produce en la medida en que se lee, la repetición inconsciente y es ella misma intempestiva cuando irrumpe en su función de interpretación. Por lo tanto, es importante variar el tiempo, el uso del corte para producir un sujeto y extraer un plus-de-goce.[4] El paso de la repetición inconsciente a la interpretación inconsciente tiene lugar en la inclusión del tiempo y en la escritura de un compás. Por un lado, una barra en S, ya que la determinación superyoica está suspendida, y una barra en A cuando la indeterminación encuentra la certeza del acto, del salto, y aísla un significante, encontrando un núcleo ininterpretable, cuando S1 ya no corresponde a S2 (S1//S2).[5] Una hipótesis: ¿estar a la altura del imprevisto requiere que el analista esté a la altura de la interpretación del inconsciente?[6]

Cuando uno está determinado por el discurso del amo, cuando «una marca distinta tiene el poder de absorber al sujeto»[7], haciéndolo coincidir sin descanso, el discurso analítico retoma, a través del decir, la indeterminación del sujeto, crea un margen en relación con el significante que lo absorbe, teniendo en cuenta la dimensión «opaca a la intención de decir»[8] necesaria para que «pueda existir allí un decir que se diga sin que uno sepa quién lo dice», como decía Lacan[9]. Esta relación singular con la palabra y el discurso cambia la relación con el decir de quienes atraviesan una experiencia analítica y se centra en el cuerpo y el vínculo. En otras palabras, la política del psicoanálisis, la de hacer existir el inconsciente, pretende una mutación del sujeto, una mutación del modo de goce. Hacer del inconsciente un acontecimiento es el trabajo del analista. ¿Cómo hacerlo?

La experiencia analítica, a partir de su discurso, recoge, en los dichos, la gramática singular de cada uno, las formas con que el cuerpo fue tomado por el discurso, para ser leído. Es importante, en este sentido, preguntarse ¿cuál es la relación con el decir hoy?[10] ¿Cómo se cuenta un evento o una historia? ¿Cómo están los impasses en relación con la interpretación analítica? Podemos aventurar que existe una tendencia, que ha sido amplificada por las múltiples plataformas de redes sociales, a hacer coincidir una identidad entre ellas con lo que se dice y se dice sin equívocos, lo que presupone una precisión de significado. Pero la comunicación pretendida pronto se encuentra con el malentendido que encuentra un destino vertiginoso de esclarecimientos, sellos y cancelaciones, prevaleciendo un incuestionable de lo dicho (como hecho). Cuando algo perturba la realidad performativa del Ser, no es raro que el cuerpo se vea afectado por la angustia, lo que le afecta es el odio. Este es uno de los desafíos políticos de nuestro tiempo, que introduce también una dimensión temporal que es la de la urgencia. En este sentido, las relaciones entre cuerpo y tiempo se producen en las disrupciones del goce que se producen en el encuentro con lo real. ¿Lo que sucede en el cuerpo está fuera del discurso o aprisionado por él? ¿Cómo distinguir estos puntos y qué orientan el trabajo en la clínica? Lacan dio la pista de que el analista está a la par de la urgencia. ¿Cómo instalar un tiempo en el que el refrán tenga un lugar para que uno pueda rodear los refranes (le tour du dits)?[11]

En 1968, en el Seminario sobre el acto analítico, Lacan ya lo presentaba como un dicho que apunta a una transformación, a una subversión, a una mutación en el sujeto que toca su posición en relación con la pulsión, ese eco del dicho en el cuerpo. El acto analítico está guiado, pues, por un dicho que participa de la escritura del goce. Por ello, el tiempo de la sesión no será cronológico, sino libidinal, que pone en juego el cuerpo y el lenguaje, teniendo en cuenta la contingencia, el tiempo del instante para modificar el campo de lo posible. Actuar y cortar, en una sesión, así como sus relaciones con el tiempo, se presentan como la presencia de un decir atento a lo imprevisto, a los «escándalos de la enunciación», a las formaciones del inconsciente, un decir donde vibra la vida. Un acontecimiento imprevisto que el analista capta porque aparece algo más que el encarcelamiento mortificante y es importante hacer que esto se insinúe en el síntoma[12], que resuena en el cuerpo en la apuesta de que, en la fulguración de ese instante, se escribe algo que no deja de escribirse.

¿Cómo puede cada analista estar a la altura de un imprevisto? O también, ¿cómo podría hacer que el inconsciente existiera? ¿Qué usos de los lapsus, de los cortes, de qué gestión del tiempo permitieron que algo de lo imprevisto ganara la dimensión de decir como acontecimiento? Nuestra invitación es a formalizar y transmitir estos instantes fugaces, lo que nos enseñan estos espacios de lapsos y sus usos.


*Flávia Cêra es psicoanalista de la EBP/AMP.

**Cêra F., Estar à altura do acontecimento imprevisto – Seção Sul (ebp.org.br)

[1] Cfr. el argumento de la V Jornada de la EBP-Sur escrito por Nohemí Brown & Miller J.-A., El ultimísimo Lacan, Buenos Aires, Paidós, 2014, p. 262.

[2] Lacan J., El Seminario, libro XXI, Les non-dupes errent, lección del 15 de enero de 1974. Inédito.

[3] Cfr. Miller J.-A., La erótica del tiempo, Buenos Aires, Tres Haches, 2014.

[4] Cfr. Miller, J.-A., Los usos del lapso, Buenos Aires, Paidós, 2010 & Bassols M., Tiempo y goce & Bassols M., Lógica de la sesión corta.

[5] Miller, J.-A., Los usos del lapso, especialmente o capítulo XI “El acontecimiento imprevisto”.

[6] Ídem. Cfr. Laurent É.,“A interpretação: da escuta ao escrito”,Correio: Revista da Escola Brasileira de Psicanálise. São Paulo: EBP, n. 87, abril de 2022.

[7] Miller, J.-A., Los usos del lapso, p. 185.

[8] Miller, J.-A., “O nosso sujeito suposto saber”, Opção Lacaniana, n. 47. São Paulo: Eólia, pp. 11-14.

[9] Lacan J., “La equivocación del sujeto supuesto saber”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2021, pp. 354-355.

[10] Un texto interesante para trabajar este punto es de Clotilde Leguil, La Palabra como Poder vs El Poder de la Palabra – por Clotilde Leguil – 2023/10/09 – PSICOANÁLISIS LACANIANO (psicoanalisislacaniano.com)

[11] Lacan J., “El atolondradicho”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2021. “Tours du dits” es homófono a “L’étourdit”.

[12] Miller J.-A., “El inconsciente y el cuero hablante”, Scilicet: El cuerpo hablante, París, Collection Huymans, 2015.

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