Frases que Marcan en el Autismo – por Jean-Robert Rabanel – 2024/05/28

FRASES QUE MARCAN REDUCIDAS, ESBOZADAS, ITERATIVAS EN EL AUTISMO

Por Jean-Robert Rabanel

2024-05-28


Lacan importó en el campo analítico la noción lingüística de holofrase no sin antes someterla a un tratamiento sincrónico. En este sentido, laholofrase puede considerarse como una de las operaciones básicas del significante, junto con la metáfora y la metonimia. Al contrario de estas dos operaciones articuladas por la cadena del significante, la holofrase resulta de otro estado del significante, no dialectizable, el significante-completamente-solo, aquel que no se abre a la sustitución significante.

Efectos de significación y efectos del goce

En tanto operación significante, la holofrase no puede ser comprendida sin esta distinción de dos estados del significante[1], es decir, sin tener en consideración la acción del significante tanto en lo simbólico, en cuanto tiene efectos de significación, como en lo real, en cuanto tiene efectos de goce.[2]

En efecto, a diferencia de la lingüística, el psicoanálisis considera que el significante está encarnado, es decir, que tiene efectos en lo real, en el cuerpo, en el goce.

Jacques-Alain Miller propone, con respecto al autismo, un «estatuto innato del ‘sujeto’»[3], lo que conduce a plantearse la cuestión de la salida del autismo de una manera más amplia que sólo para los niños autistas, como un paso obligatorio, para establecer un diálogo. A partir del S1 de lalengua, una elección se distingue por un modo de goce otro.

Escucharlo: una alteridad

Lacan interroga en 1977 la noción de Otro. Evoca entonces la barra que lo rompe: «El análisis propiamente hablando enuncia que el Otro no es más que esta duplicidad. Hay el Uno, pero no hay nada de Otro. El Uno, como he dicho, dialoga solo ya que recibe su propio mensaje en forma invertida.»[4]

Indica así que existe otro estatuto de interpretación que la adición de un S2, el objeto, el acto o la letra, que es el S1 repetido. Ya que el «escuchar» de la palabra, con el mensaje invertido, es suficiente para conferir una alteridad al soliloquio compatible con la inexistencia del Otro. Hablar solo, pero en presencia de un Otro dispuesto a escuchar, es lo que produce lo simbólico, lo simbólico donde no lo había.

Lacan subraya que escuchar es parte de la palabra y que el registro de la percepción auditiva, aquel del del aparato receptor, se distingue del escuchar. Interrogado en 1975 sobre un eventual déficit en el oído de las personas autistas, señaló: «No llegan a escuchar lo que tiene que decirles mientras los cuides. […] Pero al final, seguro que hay algo que decirles».[5]

El agujero: escritura del código

Robert tiene diez años cuando llegó a Nonette. Observé los trastornos de personalidad de este niño mudo y la madre me confió: «Se le cortó el hilo debajo de la lengua para hacerlo hablar. Le hicieron pruebas para ver si era sordo. Al final, los médicos dijeron que era retrasado mental». Frente a su hijo que constantemente emite pequeños gritos estridentes, esta madre tiene miedo de que no hable. Ella se siente abrumada por un sentimiento de culpa cuando se separa de él. Sin embargo, ella insiste en que Robert le está hablando con las manos, por lo que su discurso sobre su hijo evoluciona.

A raíz de este giro materno, Robert adquiere progresivamente un cierto valor y esto gracias a una actividad a la que se dedicó con discreta constancia: la pintura.

Robert siempre me ha marcado, en el sentido de no saber cómo tratar con él, porque él es el que lidera, si se lo sigue. Siempre tiene una manera de enviarme de vuelta a las cuerdas de una manera congelada con sus incesantes sacudidas, como una especie de tendedero que empieza a vibrar, un vibrato, una sonoridad pura, un sonido. Ahí se opera un franqueamiento marcado por la evanescencia del Otro. También tiene una forma de poner debajo de tu nariz lo que obstinadamente no ves, como esas manchas de colores en la piel que van y vienen discretamente.

Todavía estamos defendiendo al sujeto cuando una educadora viene a hablar de un suéter que Robert agujereó. Ella no sabe si tirarlo a la basura, cuando, sacado a la luz el suéter, emerge un valor de escritura: «Agujeros como números, código Morse, lenguaje codificado, perforaciones que hacen encaje, música», dice una participante en el encuentro.

Robert perfora esta envoltura corporal con un gesto furtivo que recuerda a la depilación. Este suéter es utilizado exclusivamente por Nonette; nunca lo lleva a la casa de su madre.

Con sus agujeros, el niño implementa una escritura cuyo código no conocemos, sin el Otro, un verdadero enigma del cuerpo hablante.


[1] Miller J.-A., Los signos del goce, Buenos Aires, Paidós, 1998, p. 358.

[2] Lacan, J., El Seminario, libro XIX, …o peor, Buenos Aires, Paidós, 2016, p. 135 y sigs.

[3] Miller J.-A., « S’il y a la psychanalyse, alors… », La Petite Girafe, n°25, junio 2007, p. 8.

[4] Lacan J., El Seminario, libro XXIV, « L’insu que sait de l’Une-bévue s’aile à mourre », lección del 10 de mayo de 1977. Inédito.

[5] Cfr. Lacan J., “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, Intervenciones y textos 2, Buenos Aires, Manantial, 2001, p. 134.

Deja un comentario