Dos Preguntas a Éric Laurent – 2024/03/10

DOS PREGUNTAS A ÉRIC LAURENT

Acerca de la Práctica de Presentación de Enfermos

2024-03-10


En la época de la evaluación generalizada y de la gobernanza tecnocrática de los lugares de cuidados con el impacto que estos conllevan en el deseo de los profesionales, ¿cuál es, en su opinión, la importancia para los equipos psiquiátricos de la práctica de las presentaciones de enfermos? ¿Ha habido algún momento significativo en su larga experiencia en este sentido?

Antes de involucrarme yo mismo en ella, seguí las presentaciones de Lacan, luego las hice en Sainte-Anne y en el Hospital Bégin, a veces en Val-de-Grâce con Jacques-Alain Miller. Cuando se reabrió la posibilidad de presentaciones después del confinamiento, a petición de un servicio, tuvimos la oportunidad, con Jean-Daniel Matet, de montar una presentación donde antes no existía. A raíz de esta práctica, que era nueva en este servicio, se renovó la transferencia anterior que tenían al psicoanálisis.

A continuación, se trata de tener especialmente en cuenta los efectos de la presentación en la retroalimentación. Para ello, se trata de asociar al mayor número posible de personas en el servicio, incitarles a hacer preguntas, animarles a reaccionar, para tener una idea de este efecto de retroalimentación.

El efecto fundamental de retroalimentación de una presentación está en los análisis que podemos escuchar: hacer una presentación y hacer que un analizante atestigüe el efecto que ha producido en él. Esto sucede más a nivel de los participantes en la Sección Clínica, lo que también es muy interesante.

Volviendo a los equipos, en la tradición de lo que hizo Lacan, les pido a los médicos -internos, médicos de hospitales- que se ocupan de estos temas que me hablen primero de ellos. ¿Cómo los presentan? ¿Por qué se les ocurrió proponer a tal o cual sujeto al uso de este dispositivo clínico? La forma en que hablan de ello significa lo que esperan de ello y, al mismo tiempo, lo que piensan sobre la presentación y el posible efecto que puede producir.

Ahí se mide expectativas, deseos, anhelos y aprensiones también, que debemos tener en cuenta, tanto en la forma en que realizamos la entrevista con el sujeto psicótico como en la discusión que le sigue. Porque todo lo que se diga tendrá un efecto que hay que anticipar. Hay un partenaire-auditorio que está diferenciado: los equipos y participantes tomados en la transferencia a la Sección Clínica; los que asisten desde hace mucho tiempo y los que son nuevos. Todo forma parte de la dirección de la presentación.

¿Cree usted que hay algo en el dispositivo en sí que produce un efecto vivificante? ¿Es el saber que se desprende del «no entender», el saber alegre, que sería la causa de ello?

Hay otra dimensión en su pregunta: aquel del interés de dirigirse a un sujeto. En el marco de las presentaciones, se trata de sujetos hospitalizados por motivos muy graves, en los que a menudo se pone en juego el peligro de vida. Por lo general, en la presentación, el momento más agudo está a distancia. Pero, para un sujeto melancólico para el que el riesgo de suicidio está presente, para un sujeto paranoico para el que el paso al acto está quizás presente, para un sujeto erotómano, esquizofrénico, esquizo-paranoide… Utilizo categorías clínicas porque el sujeto suele ser aprehendido primeramente por quienes lo tratan desde una categoría clínica -el saber que se espera de él es, por así decirlo, relativo a la categoría clínica que representa. Ahora bien, debemos tener en cuenta la enseñanza de Lacan, quien nos recuerda que un sujeto de una categoría clínica no sirve para otra.[1]

Si es útil a cierto nivel saber algo sobre la melancolía en general, la parafrenia en general, la erotomanía en general -ya que existen tipos clínicos-, lo que importa es la distancia que se toma del tipo clínico: cómo cada sujeto hace objeción a entrar en una categoría; esta es la objeción del caso. Esta es una cuestión destacada por J.-A. Miller en su texto «Lecciones de la presentación de enfermos»[2] y en textos más recientes. Esta orientación está presente en los primeros textos psiquiátricos de Lacan. Tenemos la suerte de contar con la reciente reedición de los Primeros escritos[3] de Lacan -que corresponden a su transición de la psiquiatría al psicoanálisis. Podemos ver que lo que le interesa al joven Lacan es lo que hace obstáculo en un caso, es decir, la particularidad del caso, lo que hace que no encaje del todo en la categoría. Ciertamente, podemos decir que pertenece a una categoría, pero si lo examinamos detenidamente, si lo buscamos, vemos que hay algo que no encaja en la categoría. Es esta particularidad la hace enseñanza de ese caso. De alguna manera, está el tipo clínico y está el sujeto que se interpone en el camino de ser reducido al tipo clínico, formateado al tipo clínico.

La presentación tiene un efecto, como usted dice, «vivificante». Me gusta este término porque devuelve a la vida nuestro saber. Partiendo de la objeción a la categoría general, el examen de la particularidad presupone tener un diálogo preciso con el sujeto que estamos interrogando, sacando a relucir algo de su inconsciente, aun si está a cielo abierto. Esto es lo que da, o incluso vuelve a dar vida a un saber que estaría, si no osificado, ya dado ahí, reducido a ser nada más que saber transmitido -como las palabras, según Mallarmé, transmitidas como fichas en las que se borra el valor[4]. Aquí, por el contrario, hay un nuevo valor que está dado a la vez a la objeción que es el sujeto como a la ampliación del tipo clínico. Es una relación dialéctica que nos recuerda la utilidad del trabajo de la clínica clásica antes de la clínica de los medicamentos, antes de la clínica contemporánea que es una clínica estadística, antes de la clínica digital que es más reciente. La clínica de la mirada construyó la psiquiatría clásica y hasta la década de 1930, cuando Lacan pasó de ella, produjo invenciones clínicas como la paranoia sensorial, la paranoia de autopunición, etc.

Todo este saber tiene un interés, no para ser venerado como un saber muerto, una especie de cosa, como cuando se visita un museo (aunque visitar un museo puede ser muy vivificante cuando uno comenta bien las pinturas, cuando uno hace algo vivo con ellas), sino para situar mejor la forma en que los casos,  los sujetos de hoy hacen objeción a este saber de una manera renovada, por su comprensión del discurso contemporáneo y por el factor cultural -ya que siempre hay un factor cultural en el síntoma. El factor singular, individual, el factor cultural, la actualización de los discursos permiten volver a dar vida a nuestro saber -un saber que proviene de la interlocución con el sujeto.

Podemos cuestionar a la vez el tipo clínico, la particularidad que le hace objeción, la forma en que estos sujetos se sitúan en el discurso contemporáneo, la manera en que se les cuida, se les acompaña y se les permite atravesar por etapas agudas. Es también una gran enseñanza, tanto para los equipos como para los participantes de la Sección Clínica, cuando logramos dar una profundidad de tiempo, a hacer aparecer lo que es una vida, un destino, la inscripción de un sujeto en su propia historia. Como señala el historiador François Hartog, nuestro mundo contemporáneo está atrapado en el presentismo de la civilización de la ciencia[5]. Se olvida la dimensión que puede tener lo que estaba tomado sobre la existencia de una vida -aquello por lo que nuestros contemporáneos sienten nostalgia, con el gusto por las biografías que hacen aparecer este borramiento del cortoplacismo, del presentismo.

La presentación es también una oportunidad para volver a dar una dimensión que nos permita ver cuan útil es tener sistemas de cuidados, hasta qué punto el hecho de tenerlos a disposición, de poder contar con el apoyo de ellos, puede permitir que un sujeto, a lo largo de su vida, según los diferentes avatares que experimentarán sus sufrimientos, atraviese en un momento dado por estados terribles en un momento dado y salir de ellos. Ciertamente, transformado, pero logrando salir de ellos.

Hacer apreciar a los participantes de la presentación que cuando ellos también tengan que acompañar a sujetos durante mucho tiempo en sus vidas – como psicoanalistas o psicoterapeutas (en general, no son psiquiatras) – habrá momentos agudos.  Y bien, que vean que estos momentos agudos se atraviesan y que eso será un momento en una vida.

Se trata de hacer apreciar esta dimensión, volver a dar sentido a una historia, aquella de un sujeto, preservando al mismo tiempo la categoría de fuera-de-sentido. Se trata de restablecer la dimensión del trayecto –ya que ese es el sentido original de la palabra sentido–, de devolverle a ella la dignidad de un trayecto.


* Campos A., Deux questions à Éric Laurent – L’HEBDO-BLOG. Último acceso: 2024-03-11.

[1] Lacan J., “Introducción a la edición alemana de un primer volumen de los Escritos”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2021, p. 583-584: “Por donde indico que aquello que responde a la misma estructura no tiene forzosamente el mismo sentido. […] Los sujetos de un tipo no tienen pues utilidad para los otros del mismo tipo.”

[2] Miller J.-A., « Enseignements de la présentation de malades », Ornicar ?, n°10, julio 1977, pp. 13-24.

[3] Lacan J., Primeros escritos, París, Ediciones du Seuil, 2023.

[4] Lacan J., “Subversión del deseo y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”, Escritos, tomo 2, Buenos Aires, Siglo XXI, 2009, p. 762: “si la sesión misma no se instituyese como una ruptura en un falso discurso, digamos, en lo que el discurso realiza al vaciarse como palabra, al no ser ya sino la moneda de cuño desgastado de que habla Mallarmé, que la gente se pasa de mano en mano “en silencio”.”

[5] Cf. Hartog F., Régimes d’historicité. Présentisme et expériences du temps, París, Seuil, 2003.

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