HABLAR LA LENGUA DEL OTRO
Por Alejandro Reinoso
2023-09-30
Nieves Soria:
Ahora va a tomar la palabra Alejandro Reinoso. Es psicoanalista en Chile, miembro de la AMP, de la NELcf y de la ELP. Es AE 2018-2012, profesor titular de la Universidad Católica de Chile en las cátedras “Psicoanálisis y construcción del caso clínico”. Es supervisor de estudiantes en práctica profesional de grado y de maestría.
Tituló su intervención: “Hablar la lengua del Otro”[1].
Alejandro Reinoso:
Muchas gracias, Nieves. Gracias al bureau de la FAPOL por esta invitación. Espero que se logre escuchar. Tengo la voz un poco opaca.
Me alegra que éste sea un espacio de conversación y no un espacio de cátedra y que el énfasis esté puesto en los obstáculos que los mismos analistas o que el psicoanálisis -si pudiéramos generalizar- se disparen el pie en la universidad. Vamos a decirlo así.
“Hablar la lengua del Otro” es el inicio de una frase de Miller que sigue del siguiente modo: “Sí, pero para decir lo que el Otro no quiere escuchar”. “Hablar la lengua del Otro, sí, pero para decir lo que el Otro no quiere escuchar”. Es en ese orden y no al revés porque si los analistas vamos a la universidad para decir lo que el Otro no quiere escuchar sin hablar la lengua del Otro, estamos en un tremendo impasse. El impasse es o transferencia negativa -en el mejor de los casos- o rechazo. Es decir, ni siquiera transferencia.
“Hablar la lengua del Otro surgió como un sintagma” surgió como un sintagma precisamente en la FAPOL a propósito de los Observatorios para ver cómo el psicoanálisis se incluye en las instituciones y de ahí apareció una fórmula -que me parece enseñante-: ¿cómo el psicoanálisis hace que las instituciones vengan al psicoanálisis? Es decir, al revés.
Yo me preguntaba: ¿no quedó ahí la universidad como una institución, como una coordenada? Es cierto, la universidad tiene sus rasgos, pero me parece que de la universidad hay una gran dificultad para incluirnos en esa habla universitaria. En la universidad se habla: hablan los estudiantes, hablan los académicos, los directivos -por supuesto-; hablamos de ella nosotros en la Escuela. ¿Cómo hablamos de la universidad? Una cosa es cómo hablamos en la universidad y cómo hablamos de la universidad. Son preguntas para la conversación. Ayer, Ana Viganó me empujaba a responder las preguntas, pero -digamos- puedo hacer las preguntas: ¿hablamos bien de la universidad o hablamos mal? ¿No será que a veces la difamamos cuando hablamos en nuestro contexto? ¿La tratamos como una mujer, la difamamos? Ciertamente es un territorio en disputa de lugares, de transmisiones y, sin duda, de transferencias. Este es un punto crítico entre los académicos y al nivel de las plantillas curriculares, de cómo se distribuye el psicoanálisis con las otras orientaciones.
¿Podemos hablar psicoanalíticamente sin hablar el lacanés? A mí parece obvio que en las sesiones analíticas no hablamos en lacanés. ¿Es posible hablar en la universidad sin hablar el lacanés? Por supuesto que se requiere el saber expuesto -como decía Marcus-, pero otra cosa es que ese saber expuesto no se entienda o que quede al nivel del sentido y no como pensamos analíticamente -con un efecto de fuga de sentido-, es decir el agujero. Y no me refiero solamente a las cátedras, me refiero también a las investigaciones. Muchos analistas participamos en comisiones de la universidad con colegas que tienen otras orientaciones; hacemos funciones de extensión universitaria y en el caso de los profesores titulares, la función es el cogobierno de la universidad y, por lo tanto, son convocados a funciones críticas -donde, obviamente, no se habla el lacanés-. Hablamos la lengua del Otro como lo hacemos en el dispositivo analítico.
Ese obstáculo se hace mayor en esta época cuando el Uno universitario es un reflejo de la época. Es decir, hay ciertos discursos -no en toda la universidad, pero en algunos ambientes de la universidad- que tienen un aire de restauración neopositivista, es decir de reordenamiento curricular, de segregación de todo aquello que no esté en los discursos y en la lengua de las ciencias, en sus métodos y en sus formas de validación. Este tipo de restauración actual tiene la lengua -como dice Miller- que se escribe en inglés. Allí el S1 fundamental es la evidencia, pero no es solamente la evidencia, es “la evidencia dice”, “la evidencia dice que”. Esto tiene una estructura, sin duda, religiosa: “el evangelio dice”, “la evidencia dice”. Este punto que ya no es la ciencia, sino que es el delirio cientificista -que es otra cosa- elimina la duda cartesiana, por lo tanto, ahí, la pregunta por la verdad del sujeto queda eclipsada; desaparece la hipótesis del método científico y es una confirmación sobre otra confirmación. Eso es, en definitiva, una defensa frente a lo real, lo que nos trae nuevamente una pregunta: ¿qué hacer con ella? ¿Quién o quiénes la encarnan? ¿Y cuáles son las maniobras acotadas, discretas, por supuesto, no universales de maniobrar con ello?
Cuando la universidad intenta hacer que todo funcione…sabemos que ese es un imposible por estructura. Está lleno de impasses la universidad: tensiones, conflictos, problemas que el discurso del amo quiere aplacar, quiere dominar. Ahí se requiere la escucha y, por supuesto, es conveniente dar un lugar a esas preguntas a través de una conversación o, simplemente, hacer hablar a los otros sujetos. Cuando hacemos hablar al científico, ¿con qué nos encontramos? Con la angustia del científico. El científico se angustia. A propósito de la película Oppenheimer, es la angustia del científico contemporáneo, el agrónomo, el ingeniero forestal, etc.
Otro de nuestros obstáculos es que pensamos que la transmisión es a través del S2. El S2, es decir, el mismo discurso universitario -para incluirnos en la universidad- es un callejón sin salida para el lugar del psicoanálisis en ésta. No estamos diciendo que debemos eliminar el saber expuesto, pero que tengamos en consideración los límites del saber expuesto, así como también las trampas y el embrujo del lacanés entre los estudiantes. A muchos estudiantes les produce un rechazo visceral y otros quedan embrujados con nuestra lengua que es como el flautista de Hamelin. El psicoanálisis en su discurso es un hetero y, por tanto, más que universitario es multiversitario. ¿Por qué? Porque acoge y da lugar a las contingencias que tienen lugar en la universidad: alumnos con certificados médicos, alumnos con crisis de pánico, que presentan depresiones, que no logran llegar al examen, que se paralizan…son todas contingencias que no requieren protocolos o, más bien, hay que servirse de él a nuestro modo.
Una última cosita. Para hablar y habitar la lengua del Otro se requieren espacios de conversación, se requiere tiempo, se requiere habitar el espacio universitario como el que hay en las universidades, cafeterías donde uno conversa con el colega neurólogo, con el otro que es el amigo TCC -que tengo algunos-, con el jungiano que anda con sus arquetipos, en fin, el espacio de conversación donde aparece algún nexo. Y creo que hay una pista que la planteó alguna vez Miquel Bassols en una presentación que se llamaba “La institución de la transferencia – ¿cómo hacer transferencia con otros en la universidad”. Una última anécdota. Colegas muy cientificistas que cuando aparece algún conflicto o algún problema o síntoma en familia no les preguntan a los TCC para tratar a sus parientes.
Gracias.
[1] Reinoso A., Hablar la lengua del Otro, intervención en la Conversación Federativa de RUA-FAPOL “Ciencia y verdad en el siglo XXI: El imperio Neuro y las TCC”. 2023-09-30. Inédito.

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