EL Lugar de la Mujer – por Christiane Alberti – 2021/11/13

EL LUGAR DE LA MUJER

Por Christiane Alberti

2021-11-13


Raquel Cors Ulloa:

Bueno. Buenos días. La Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano da un nuevo paso para enrumbarse, es decir, tomar un rumbo hacia la Gran Conversación Virtual Internacional de la AMP.

Desde la Habana hasta Santiago de Chile, los psicoanalistas de la orientación lacaniana en América Latina estamos trabajando -cada uno, cada una- los argumentos propuestos por la AMP que cada dos años reúne en un congreso a sus miembros y a todos a los que el psicoanálisis interesa. Su título “La mujer no existe” es una frase que Lacan pronunció en 1973 durante una sesión de su Seminario XX Aún. Este título que no encaja en el conjunto del todas es, por lo tanto, una orientación analítica para abrir nuevas vías femeninas de trabajo. Conversar sobre lo indecible que escapa al universal esposa, madre, hija -esa parte de lo femenino que no consigue encontrar lugar en el mundo- será la apuesta para esta actividad de hoy que cuenta con una importante presencia analítica.

Debo decir que la NEL está honrada con la presencia de Christiante Alberti que aceptó estar aquí hoy con nosotros hablando esta nuestra lengua. Christiane Alberti es psicoanalista en Toulouse, AME, miembro de la ECF y de la AMP. Es la directora de la Gran Conversación y actual vicepresidente de la AMP.

Para esta ocasión nos acompañan también dos psicoanalistas de nuestra Escuela: Carolina Puchet desde ciudad de México y María Victoria Clavijo que reside en Quito. Ambas colegas se suman a esta actividad para intervenir con una pregunta argumentada sobre el argumento de Christiane y con los otros colegas, argumentos que ustedes encontrarán disponibles en la página de la Gran Conversación 2022.

Desde el directorio de la NEL, junto a mis colegas, hemos propuesto un fragmento del argumento para despejar algunos hilos durante esta enrumbada conversación. En ese régimen de todos los hombres que no duda en calificar de proudhoniano el intento de asignarle un lugar -esposa, madre, hija- que está condenado al fracaso y no dejará nunca de suscitar la rebelión pues una parte de lo femenino no consigue encontrar su parte en el mundo, completamente insituable, y esto no se remonta a ayer.

Bien. Vamos a escuchar las tres intervenciones seguidas para luego abrir a la conversación con la colaboración de la traducción que desde ya agradezco a nuestro colega Mario Elkin.

Bienvenidas Christiane, Carolina, María Victoria. María Victoria, te escuchamos.

María Victoria Clavijo:

Buenos días a todos. Primero, muchas gracias, Raquel Cors -presidente de la NEL- por la invitación y a su directorio y su consejo.

Bueno, “Una parte de lo femenino no encuentra lugar en el mundo” es la provocación que se nos hace. Pero yo extraigo otro párrafo para comentar, pero que viene bien al hilo de esto de que lo femenino no encuentra su lugar. El párrafo en cuestión del argumento que propone Christiane Alberti es el siguiente -para situarlos-. Lo femenino no encuentra su lugar -de acuerdo-, pero “lo femenino ha insistido siempre. Aparece hoy como una cuestión de fondo que sobrepasa las teorías de género. Queriendo “deshacer la asignación de género” hasta negar el significante mujer […] tentativas recientes que buscan cómo reformar la lengua”, esfuerzo vano que conduciría entonces al silencio. “La vía de la letra sinsentido, preconizada por Lacan, aparece más fértil para abrir nuevas vías sobre la feminización.”

Ese es el parrafito que yo extraigo para formular alguna pequeña pregunta. Primero, lo femenino ha insistido siempre. Si lo femenino ha insistido siempre, entonces ¿es una insistencia que viene de lo real? Lo femenino insiste y las respuestas, es decir los semblantes puestos a disposición por el Otro no dejan tranquilo ese querer volver a insistir. No existe la respuesta que rellene la casilla de forma permanente pues vuelve a insistir. Cada época trae un menú de semblantes y también en sus formas de rechazo de lo femenino, pero aparejados nuevos modos de lo femenino de insistir.

Lacan dice que la sexualidad agujerea lo real, es una falla en el programa de acceso al Otro sexo, lo que da lugar a la única proposición universal, a saber, que no hay relación sexual. ¿Es entonces lo femenino una manera contemporánea de lo real de insistir?

Segunda frase de este parrafito que escogí. “Queriendo “deshacer la asignación de género” hasta negar el significante mujer”. La tentativa de deshacerse de la designación de género hasta el extremo de negar el significante mujer no se sería un índice de la idea de la última enseñanza de Lacan que sostiene de forma radical que nada permite unir significante con significado deslizándose hasta el colmo de lo imposible al decir que hablar es incluso a una estafa. Este silencio pretendido claramente emparentado con la inhibición debido a este imperativo de mantenerse en el lenguaje políticamente correcto, ¿cómo contrastarlo con un decir que provenga de una relación a la palabra distinta, como un modo particular de hacer con lo imposible? ¿Es la experiencia analítica el único medio? Para los psicoanalistas, es nuestro campo el que posibilitaría hoy una palabra libre de exigencia de las formas de (08m59) actual, pero ¿cómo enunciar el principio femenino sin caer en un nuevo eterno femenino contemporáneo? Para Lacan, el silencio es el del goce, no de la mujer, sino el goce como tal. Hacerse cargo de ese mutismo para producir un decir verdadero sobre eso es un imperativo del discurso analítico y del analizante.

Tercera frase. “La vía de la letra sin sentido preconizada por Lacan aparece más fértil para abrir nuevas perspectivas sobre la feminización”. El camino señalado en esta frase, el de la letra sin sentido y consecuentemente el del sinthome es un camino menos seguro, menos evidente, menos decible, quizás un camino menos iluminado por los brillos enceguecedores mortíferos del yo. Pero es el nuestro, el del psicoanálisis. Se trata no de un camino, sino que uno se trifurca, que es trenza, que anuda, que sostiene, que es lo real mismo. Sorprende, pero también causa gracia escuchar a Freud en su Conferencia 33 La feminidad cuando confundido, desorientado por lo que se le escapa a él mismo sobre la feminidad, lanza la siguiente perla:

“La vergüenza, considerada una cualidad femenina la atribuimos al propósito originario de ocultar el defecto de sus genitales. Se cree que las mujeres han brindado escasas contribuciones a los descubrimientos de la historia cultural. Pero son tal vez las inventoras de una técnica, la del trenzado y del tejido. Una suerte de imitación del vello púbico que encubre los genitales.”[1]

Si es este mito utilizable hoy en día por nosotros, lo es para elevarlo a otra función que la de ocultar las vergüenzas, sino la que permite captar de lo que estamos hechos: un cuerpo afectado de palabras que en su íntima juntura misteriosa atrapa un real. La trenza, estructura base y antecedente del nudo borromeo que inventa Lacan, es lo que -dicho por él mismo en El atolondradicho– “hace salir a la luz la distinción de lo simbólico, lo imaginario y lo real. Esto para que la identificación con la mitad hombre y la mitad mujer, donde acabo de evocar que el asunto del yo domina, no fuese confundida con las relaciones entre ellos”[2]. Nada más lejos que una trenza para juntar, más bien se trata de un nudo que permite captar que para hombres y mujeres, el sexo como tal es ese vacío central que permite que la puntada que cada uno pueda dar con su hetero extraiga un poco de goce vivificante.

Gracias.

Raquel Cors Ulloa:

Gracias a ti, María Victoria. Adelante, Carolina, por favor.

Carolina Puchet:

Gracias. Agradezco también al directorio por la invitación y paso a dar lectura a una pregunta argumentada del que hice un pequeño texto. Titulé esta pequeña intervención Esposa, madre, hija…¿qué lugar hoy en día para una mujer en México?

Con la caída del padre de su orden simbólico, las posibilidades del lugar de la mujer en la sociedad se cuestionaron, pero no por ello han cambiado del todo. Es verdad que ya no estamos en el tiempo del estructuralismo de Lévis-Strauss, no obstante, hay mujeres que siguen siendo consideradas objetos de intercambio, ya no entre aquellos linajes, sino en los linajes de los carteles. Algunas mujeres siguen encontrando en la decisión de casarse o ser madres una respuesta posible a la feminidad. En América Latina, el embarazo adolescente tiene la segunda tasa más alta del mundo. En México ocupa el primer lugar entre los países de la OSD.

La lucha entre los sexos hoy en día se está jugando en dos terrenos -me refiero a México-. Por un lado, las mujeres hoy luchan por la igualdad de una forma contestaria y diría que aguerrida. Exigen abandonar ese lugar de objeto que parecía su destino por nacer con cierto órgano sexual. Salen a las calles para que las escuchen, las vean. Quieren poder decidir sobre su cuerpo, sobre ser o no madre. Quieren salir a las calles sin ser asesinadas. En México, cada día son asesinadas 10 mujeres. Por otra parte, estamos viviendo en la época de lo trans donde el borramiento de la diferencia entre los sexos está teniendo consecuencias terribles, sobre todo en las infancias. Se está empujando a los menores a transicionar, a hacerlos responsables sobre cambios absolutamente radicales en sus cuerpos sin darles la oportunidad para explorar imaginariamente -si se quiere- con el cuerpo que habitan. Hombres y mujeres no somos iguales y eso está desde el vamos. Nacemos con un órgano u otro. Al mismo tiempo todos, de alguna manera, estamos sometidos al orden simbólico. En otras palabras, tenemos el “no todos iguales”, pero todos parlêtres ante un real que nos habita.

Mis preguntas: ¿cómo hacer algo frente a lo que no cambia, al menos de lo real del cuerpo? ¿Cómo pensar otros lugares posibles para las mujeres sabiendo que los femenino nos habita?

Gracias.

Raquel Cors Ulloa:

Gracias a ti, Carolina.

Bien. Querida Christiane, bienvenida nuevamente a la NEL. Te escuchamos en español.

Christiane Alberti:

Muchas gracias, Raquel. El lugar de la mujer.

Quiero ante todo agradecer a Raquel Cors por su invitación, pero también y sobre todo la contribución que la NEL aporta a la preparación de la Gran Conversación. Aprecio especialmente la acogida que se me brinda hoy ya que se trata no únicamente de una acogida amistosa, cordial, sino de acogida intelectual, epistémica puesto que dos colegas han trabajado conmigo sobre uno de los ejes del argumento que he redactado para la Gran Conversación. Y me alegro de poder intercambiar con ellas sobre este tema.

Les propongo entonces dos apartados en mi trabajo. Primero, situar el contexto en el que Lacan sitúa el conflicto, la rebelión de lo femenino para con el discurso. Segundo, intentar extraer de ello algunas cuestiones clínicas que la Gran Conversación podría colocar en el orden del día: rebelión, conflictos. En un pasaje del Seminario II, Lacan inicia su partida con un acto que tome en serio la cuestión del matrimonio. Pierre-Joseph Proudhon da su estatuto verdadero y auténtico a lo que sostiene la fidelidad entre los partenaires amorosos.

“¿A qué se aferra? A nada más que la palabra dada, pero al mismo tiempo es una palabra dada a la ligera y de la que sabemos por adelantado que es imposible de mantener”, dice Lacan.

Si dejamos de lado la ilusión romántica del amor, ¿cómo explicar lo que sostiene este compromiso humano? Solo se puede explicar por el pacto simbólico. El amor dado al esposo no concierne al marido como individuo concreto, incluso idealizado, sino a un ser más allá. El amor es un don de la mujer a todos los hombres. Todos los es una función universal. El hombre universal, así como la mujer universal encarnados en el partenaire de la pareja humana. Hay que distinguir entonces el pacto simbólico de la relación imaginaria entre dos partenaires. Entre los dos hay conflicto, tensión siempre, pero ¿por qué? Para entenderlo, hay que volver a las estructuras del parentesco tal y como Lévi-Strauss lo puso en evidencia. Hay intercambio del objeto original, la palabra, y hay intercambio de las mujeres; “no entre los hombres, […] sino entre los linajes androcéntricos. El orden simbólico es androcéntrico. Es un hecho”[3], dice Lacan. Es a partir de ahí que Lacan lee la posición disimétrica de la mujer en el vínculo amoroso y en el vínculo conyugal en particular. Por lo tanto, el orden simbólico somete, trasciende a la mujer y esta posición es insoportable. Lo que es insoportable es estar en una relación de segundo grado en este orden. Se trata del hombre más concreto o del hombre más trascendente, pero como sucede raramente que el hombre esté a la altura de Dios, podemos captar que ella se encuentra confrontada en la relación imaginaria. En la época de los amos, ella tiene el recurso de la reivindicación. No son objetos, no son esclavas. “Cuando no hay amos, se nos lleva de regreso al estatuto del rival. La rivalidad más dura entre hombres y mujeres se manifiesta y esto no viene de ayer. Por ejemplo, los envenenamientos de maridos en la Antigua Roma. ¿Amos/esclavos o rivalidad misma en la estructura?

Se desprende de ahí que lo femenino consigue alojarse a partir de las funciones definidas por la familia: hermana, hija, madre; designaciones que le proporcionan un lugar, una visibilidad, un ser de discurso. En tanto que sujeto, las mujeres están definidas por esta universalidad. Lo femenino está entonces recubierto por la madre que estraga lo femenino, como dice Marie-Hélène Brousse, y el marido convertido en niño, dice Lacan. El inconsciente, con misma estructura del discurso del amo, de la mujer, solo conoce a la madre. Cuando la significación del matrimonio es desgastada -como en nuestras sociedades- comprendemos por qué la guerra de los sexos causa furor. En ella la rivalidad es más radical y tiende a la separación entre los sexos. La dominación masculina es aún más insoportable y el principio femenino consigue rebelarse con una luz más cruda. No es su sitio.

Lacan identificó entonces muy pronto la posición femenina como la de un lugar vacío. Lo femenino está estructuralmente desplazado. No está en su sitio en relación con este Todos los hombres. Lo que caracteriza es su inconsistencia real que impide que se asigne lo femenino a un lugar. No hay sociedad que no haya buscado siempre alojar a las mujeres por fuera de los espacios de la ciudad. Hay, en efecto, una alteridad profunda que caracteriza a lo femenino. Lacan completó el mito de Tótem y tabú sacando consecuencias lógicas. Si el padre está muerto, no hay ya todas las mujeres. No hay universal femenino. La mujer no puede ser La mujer -con L mayúscula-. Las mujeres no pueden constituir un todo, pero también cada mujer no está ella misma unificada. Jacques-Alain Miller dice: “El lugar de este goce femenino si no está fuera del cuerpo, sino en el cuerpo, no forma sin embargo una unidad”. Esto manifiesta que, en el goce, el mismo goce femenino se ve Otrificado. No-toda, no una. Ella goza de una ausencia sin sentido. Su goce es el de una ausencia. El hombre como partenaire amoroso se apresura muy a menudo a querer habitar con su presencia esta ausencia, pero esto falla inevitablemente. Dado que ella espera más bien de él que le permita presentar su propio goce de ella que no se puede situar. No estoy ahí entre centro y ausencia. Ella está entre el centro de la función fálica en la que ella participa y esa ausencia en el centro de sí misma a falta de un significante que la representaría. Es en la relación con este irrepresentable, con esta falta de significante que una mujer puede experimentar un goce que se sustrae del goce fálico limitado. Absencia[4]ya que ninguna palabra puede decirlo. No da ningún sentido a la vida, ni ningún ser. De ahí un goce-ausencia en el corazón de ella misma pero que la convierte en Otra para ella misma. Es por lo que, dado el caso, puede romper completamente con el falo. Todas las mujeres están locas únicamente en parte.

Esperamos entonces de la Gran Conversación que nos dé el material clínico de este goce-ausencia. Podremos, entonces, declinar la posición de aquella que ocupa su lugar, pero que sueña el sueño tomando el relevo del capricho femenino, por ejemplo, del bouvarismo, Madame Bovary. Querer estar en el lugar del otro, envidia, celos o llamado al cuerpo de otra mujer -posición histérica-, otra en mi lugar, trastorno del sentimiento de la vida -como Lol V. Stein-, la posición femenina como síntoma de otro cuerpo, etc. Entonces, que llegue ya la Gran Conversación.

Muchas gracias.

Raquel Cors Ulloa:

¡Bravo! Merci, Christiane. Gracias, María Victoria, Carolina.


*Intervenciones del encuentro de la NEL rumbo a la Gran Conversación Virtual Internacional AMP 2022 “La mujer no existe” bajo el título “Esposa, madre, hija…Una parte de lo femenino no consigue encontrar su lugar en el mundo”. Vía Zoom. 2021-11-13.

[1] S. Freud. “Conferencia 33. La feminidad”, in Obras completas, tomo XXII. Buenos Aires: Amorrortu, 2003, pp. 122-123.

[2] J. Lacan. “El atolondradicho”, in Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 481.

[3] J. Lacan. El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. Buenos Aires: Paidós, 2017, p. 321.

[4] N.d.t.: en traducción de ab-sens, lo que remite a la ausencia de sentido.


Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

Blog en la articulación Freud-Lacan

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