Presentación para el libro «La diferencia de los sexos no existe en el inconsciente» de Miquel Bassols – por Ana Viganó – 2021/07/17

Muchísimas gracias. Buenos días y buenas tardes, según corresponda a un lado u otro del océano, arriba, abajo del continente, en fin, en este espacio tan particular en el que nos encontramos. En primer lugar, quiero agradecer, por supuesto, a Miquel Bassols por la invitación a participar en este evento, en la presentación de su libro.

Voy a decir algunas cosas. Sabía que iba a hablar primero así que tiene un poco el espíritu de apertura esto que quiero compartir: cuatro puntos que van a ordenar de algún modo lo que quiero decirles.

El primer punto lo llamé “Libros aún”.

Sabemos que este libro se inscribe en medio del oleaje particular que ha tomado para nuestra comunidad desde hace algún tiempo la conversación sobre lo que se dio en llamar, de la mano de Jacques-Alain Miller, “Año trans” y que tiene muchas aristas a considerar. También sabemos que su escritura corresponde a un hito muy puntual de esta coyuntura que acaba explicarnos Alejandra, la exposición que hizo Paul Preciado de su texto Yo soy el monstruo que os habla – informe para una academia de psicoanalistas en las Jornadas de la ECF en 2019, jornadas en las que el propio Bassols iba a ser el interlocutor, pero por razones contingentes no pudo estar presente en esa cita.

Como no fue solo una alocución, sino que muy prontamente el propio Preciado con algunos ajustes hizo de su texto un libro publicado, Bassols nos cuenta que recoge el hilo de aquella conversación que no pudo producirse porque justamente el libro de Preciado justamente –cito a Bassols-: “Se nos aparece ahora como un signo de la subjetividad de nuestra época”. Tendremos que tomarnos en serio esto a la hora de leerlo. Bassols sintetiza este signo en principio extrayendo lo que diré es una especie de tríada como esqueleto: 1. La reivindicación de una condición; 2. El llamado a la revolución; 3. La búsqueda de una salida. Tres niveles efectivamente diferentes de abordar la cuestión sobre los que me parece necesario estar atentos.

Bassols leyendo esto entrega también un libro. Y esto no es un detalle menor cuando en el texto de Preciado nos enteramos de que en su momento máximo sufrimiento subjetivo donde, si no encontraba una salida, no podría vivir –así lo dice- recuerda que fueron los libros los que le dieron las pistas de una vida posible. Cito ahora a Preciado:

“No debo la fuerza que me permitió sobrevivir ni a la psicología ni a la psiquiatría, sino todo lo contrario. La debo a los libros que fueron para mí como guías en la travesía del desierto del fanatismo de la diferencia sexual.”

Más adelante dice: “Conseguí sobrevivir y lo que era aún más importante, conseguí imaginar una salida”. También dirá Preciado, en otro momento de su texto, que en este proceso de transición al fin no ha logrado lo que se había propuesto.

¿Leerá Preciado a Bassols como Bassols lo leyó? Me animaría decir a que recíprocamente seguro que no. De alguna otra manera, tal vez no lo sepamos nunca, pero este libro es un mensaje en una botella que también va a ese mar; un objeto libro preciado para el propio Preciado, y un objeto libro preciado para Bassols fueron entregados a la cultura, vestidos de manera distinta para este baile en medio del oleaje de fuerzas variadas y por momentos muy intensas que ambos tienen a su modo, con formas, fines y estilos muy diferentes, pero que convergen en un debate que, si lo habitamos, nos permite salir del ruido mediático y obtener, tal vez, una nueva vuelta por venir.

2. Dos axiomas lacanianos. ¿Una salida?

Bassols lo plantea muy rápidamente. La cuestión es ¿qué salida?, ¿desde dónde y hacia dónde?, precisando la impropiedad de las acusaciones que son muchas –injustificadas las más de las veces en el propio desarrollo y algunas muy subidas de tono, ustedes lo saben, creo, las acusaciones de Preciado-, decía: “Precisando la impropiedad de las acusaciones con la justeza de argumentos precisos y referidos, el trabajo más rico del libro se sitúa para mí en el esfuerzo de ir despejando la mucha paja del poco trigo con destreza”. Bassols logra identificar entonces algunos trigos fecundos y es honesto –tomo este significante porque después Bassols lo toma de Preciado en algún punto- con ellos, los interpreta -no a Preciado, a los argumentos-, y provoca con ello -no a Preciado, aunque a veces un poquito tal vez-, sino más bien a todos aquellos que estamos interesados en este signo de subjetividad de nuestra época. Por ejemplo, al “Psicoanalistas, haced un esfuerzo más para salir de la jaula patriarcal” proferido por Preciado, Bassols responde con la declinación de la imago paterna, el más allá del complejo de Edipo, etc. Por supuesto magistralmente.

El libro es una clase compacta y magistral de psicoanálisis, pero promete algo también muy prometedor para nuestra reflexión. Dice:

“Sí. Un esfuerzo más desencallar al sujeto de nuestro tiempo de los significantes amos que lo aprisionan en el sentido de los síntomas. De acuerdo en este punto, pero hay que ver todavía el cómo y sobre todo hay que ver este cómo hacerlo sin enjaularlo de nuevo con otro imperativo”.

Es crucial porque Preciado, es cierto, habla desde una jaula que cree mejor, pero no solo eso –que bien podría ser una solución singular muy genuina para él mismo, para algunos otros también-. Es una solución que pretende algo que podría leerse como cierto imperativo. Dice Preciado:

“Les hablo hoy desde la jaula escogida y rediseñada del hombre trans o, para ser más exactos, de cuerpo vivo, de género no-binario, una jaula política que es en todo caso que la de los hombres y de las mujeres porque al menos reconoce su estatuto de jaula”.

Bassols recuerda: “El psicoanálisis sabe desde hace tiempo que el patriarcado ha perdido su estrellato, pero también sabe que lo que viene después no es necesariamente mejor y que esperarlo es una creencia religiosa como cualquier otra”. El planteo tiene una relevancia enorme. Salir de la jaula del significante amo sin que otro amo venga a ocupar el lugar vacante; salir de la jaula sin entrar en otra jaula que podría ser aún peor. ¿Es posible? ¿Cómo? ¿Qué propone el psicoanálisis?

Como el autor ya nos cuenta un poco el final en el título –sabemos quién es el asesino-, no hay mucho spoiler en lo que voy a decir. Uno de los hilos rectores es que, para el psicoanálisis, el régimen de la diferencia sexual como tal no está escrito en el inconsciente. Sí hay una serie de binarios conocidos, no infinito, pero múltiples: pasivo/activo, presente/ausente, mirar/ser mirado, etc. Pero algo que asegure que la diferencia entre un ser hombre y un ser mujer está inscrita como tal en el inconsciente –dice-: “Nada de nada, ni en Freud, ni en Lacan”. Para la formalización de los binarios, el axioma “el inconsciente está estructurado como un lenguaje” supone la ley de hierro y de yerro tributarias del lenguaje mismo como sistema de diferencias; maquinaria cuya marcha marcha sola con dos consecuencias inexorables y también cruciales: los efectos de segregación por la dificultad intrínseca al sistema para situar la singularidad y el efecto error, el error común a todo ser humano que habita el lenguaje. Error –como recordaba Alejandra hace un momentito- del que el verdadero transexual –si pudiera decirse tal cosa- querría liberarse.

Para lo que tiene inscripción binaria en el inconsciente, otro axioma se impone en la enseñanza de Lacan: “No hay relación sexual”. El inconsciente se comporta como si hubiera un solo sexo y todo el problema es saber cuál es. Al no existir la escritura binaria de la diferencia de los sexos, ninguna relación es posible entre ellos. Cada arreglo, entonces, yerra o está destinado a errar en este “espacio”, dice, “siempre trans porque es inenjaulable”. Para la identidad sexual de cada ser humano tomado uno por uno, fuera de cualquier saco, no hay barrotes de hierro suficientes para domar la jaula.

Entonces, de un lado, jaula inexorable -aunque sea posible mejorarla y hacerla una poquito tal vez más vivible-, del otro, no alcanzan los garrotes, no hay jaula. ¿Qué hay? ¿Ofrece esa no-jaula de lo femenino una salida? ¿De qué modo? ¿Se trata de un lado y otro del que se pueda ir y volver como ciertamente es en algunos momentos la apuesta de Preciado?

Aquí los voy a invitar a leer el libro. No obstante, me permite pasar al punto 3 que llamé “Saber producir lo nuevo.”

Bassols me interrumpiría y argumentaría, pero no lo hace porque es muy elegante, enseguida porque esto último que acabo de decir está mal. ¿Por qué eso que llamamos lo femenino se trataría de una no-jaula? No es con la negación que puede encontrarse la salida de un sistema binario. Tampoco añadir elementos descriptivos anula el binario fundamental. Vuelve a Preciado y lo llama ‘honesto’ –anticipaba hace un ratito- en este punto. Cito primero a Preciado: “No es fácil inventar una nueva lengua, acuñar los términos de una nueva gramática. Se trata de una tarea ingente y colectiva”. Siguiendo este hilo, Bassols plantea:

“Si en algún lugar podemos sentirnos acompañados por Preciado es en este intento. Con las palabras de la tribu, crear un nuevo lenguaje, un nuevo vínculo entre los seres humanos fuera de toda segregación. Es el hilo con el que el psicoanálisis teje su discurso no solo en la privacidad de su experiencia individual, sino también en lo colectivo.”

El ser hombre y el ser mujer no pueden definirse por su diferencia entre ellos, como dos significantes del lenguaje y no por ninguna esencia definida por sí misma. El sexo biológico tampoco dice nada ni aporta esencias sobre esta diferencia. Bassols y Preciado lo saben y lo dicen. Punto de acuerdo mínimo sobre el cual, no obstante, se apoya el cúmulo de desacuerdos posteriores paradójicamente. Cabe aquí recordar la ya muy difundida cita que debo a Patricia Moraga haberla visto por primera vez antes de tener el libro, pero que ha circulado muchísimo en las redes, sobre la conversación:

“El malentendido es también la ley de toda conversación posible. Cuando dos están muy de acuerdo no hay conversación, solo consenso sostenido en acuerdos tácitos. Y la conversación”, dice Bassols, “cuando es analítica pone siempre en cuestión los acuerdos tácitos.”

Entonces Bassols, bajita la mano –como diríamos aquí en México- tira su bombita a nosotros. “¿Podremos tener este tipo de conversación que produzca algo nuevo con Preciado, con los que ubicamos como otros discursos, con la cultura, incluso con los que nos creemos nosotros en la comunidad analítica?”

Último punto: “Un atento contemporáneo del sujeto.”

Hace más de 20 años, el propio Bassols escribía, bajo el título “Carta abierta a los medios de comunicación”, una serie de cuestiones que fueron publicadas luego como “El psicoanálisis explicado a los medios de comunicación” en medio de un vuelo mediático sobre la práctica y el porvenir del psicoanálisis. “La posición del “ladran, luego cabalgamos” no autorizará nunca el silencio como respuesta”, escribía en la nota previa. El espíritu se mantiene en este libro, que no es una carta abierta, pero que me llevó a pensar más de una vez mientras lo leía: ¿a quién habla? Me preguntaba también -¿por qué no?- no solo a quién dirigía el libro, sino desde dónde.

Conocí personalmente a Miquel en su primera visita a México en la que, entre otras tantas cosas, presentamos su estupendo libro Tu yo no es tuyo, que me dedicó de un solo que seguramente marcó mi forma de leerlo a partir de allí. “A quien conocía antes de conocerla, este libro que no es del todo mío”. Bassols escribe sabiendo correrse del “todo mío” de aquello que produce, mucho mejor aún, del “todo yo” que habla. No encontraremos en la que se lea algo así como “Yo soy el psicoanalista que os habla” y esto –que podría dar risa- es de una posición atesorable y enseñante. Pero que hablar, ¿habla? Habla. A Preciado, a los que se interesan en este debate, a los psicoanalistas, a sus colegas lacanianos, a sus lectores, a los que saben menos y les explica en pie de página qué es la metonimia; a los que saben más y les explica en un par de páginas lo central de “Lituratierra”. “No soy nada de lo que ustedes piensan que soy. Ni yo mismo sé lo que soy”, dice el propio Preciado en su libro. Y Bassols, al vuelo o al ras –porque es también una nota de pie de página- nos subraya la contundencia del título de preciado dándole un giro a lo Rambaud –sutil y brillante-: “Más que yo soy el monstruo, se trata de yo es el monstruo. El monstruo como el infierno no son los otros. El monstruo es el yo de siempre, el que se muestra con las plumas nacaradas del narcisismo”.

Bassols puede hablar la lengua del otro sin renunciar a aquello que quiere transmitir, aquello difícil que el otro no quiere o no puede escuchar, pero sin infatuación; un logro inestimable en nuestro baile de tintas y de Zooms. Y lo hace con su pluma que, no por poco nacarada, es menos bella. Bassols ha escrito mucho sobre el objeto y la letra, pero hay que decir, los invito a seguirlo en sus textos que Bassols con su objeto, puesto a su servicio y eso lee, o mejor aún, se ofrece a la lectura para nosotros y probablemente para él mismo. En una pluma que insiste, que percute, que es musical, que es poética, que es literaria y sobre todo analítica, que sabe bailar sin perder la elegancia ni el rigor. Ni tu yo es tuyo, ni ella era ella, ni él era él, ni esta presentación es seguro que sea una presentación –aunque lo intentamos-. “No hay que perder la cabeza por ello”, dice. Es una apuesta que como el psicoanálisis mismo lo hace, como haciendo uso de un resorte amoroso en juego. Lo que sí es seguro es que tu libro, Miquel, es –una vez más- tu modo claro, preciso y fulgurante de abrir espacios de conversación, como el atento contemporáneo que eres.

Gracias por eso.

Alejandra Glaze:

Muchas gracias.


*Presentación del libro «La diferencia sexual no existe en el inconsciente» de Miquel Bassols organizada por Grama Ediciones. [En línea]: https://www.facebook.com/gramaediciones2017/videos/793339541320107

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

Blog en la articulación Freud-Lacan

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