El Analista y las Nuevas Sexualidades – por Marcus André Vieira – 2021-06-23

EL ANALISTA Y LAS NUEVAS SEXUALIDADES[1]

Por Marcus André Vieira

2021-06-23


Mónica Larrahondo: Buenas tardes a todos. Bienvenidos una vez más a este espacio de encuentro con la Escuela, siendo la NEL-Cali una sede de Escuela. Es para nosotros un privilegio contar con la presencia de Marcus André Vieira, psicoanalista, miembro de la AMP, miembro de la EBP y AE en el período 2012-2015. A Marcus, le doy, en nombre de la NEL-Cali, nuestro más sincero agradecimiento por estar con nosotros una vez más en esta tarde-noche. Se trata efectivamente de un nuevo encuentro pues Marcus ya había estado con nosotros de cuerpo presente en febrero de 2020 en nuestras segundas Jornadas de la NEL-Cali. Dichas jornadas fueron absolutamente inolvidables, no solo por haber sido el último encuentro presencial de psicoanálisis al que presencialmente asistí, sino por las resonancias clínicas y políticas que quedaron en relación con el Uno del goce. Retrospectivamente y sin haberlo premeditado, es curioso cómo se enlaza el eso se goza -tema de nuestras segundas Jornadas- con las nuevas sexualidades -debate clínico y político al que Jacques-Alain Miller nos ha invitado a trabajar a las 7 Escuelas que conforman la AMP.

La teoría de género es, sin duda, un fenómeno global. Lo vemos en los diarios, en las películas, en las series de televisión, en nuestra práctica e incluso en las manifestaciones sociales. Los teóricos de género y más recientemente los trans han aperturado un debate público al que Miller en su alocución del 2 de mayo de 2021 plantea la posibilidad de que el analista intervenga aportando una perspectiva analítica que puede llegar útil y saludable. El título de esta conferencia, Marcus la ha nombrado El analista y las nuevas sexualidades. Sin más preámbulo los dejo con un analista, Marcus, quien con su lectura nos aportará a este interesante programa de trabajo donde lo clínico y lo político se articulan como una banda de Möbius. Una vez Marcus haya finalizado su intervención, Patricia Alegría -asociada de la NEL-Cali intervendrá con preguntas argumentadas. Posteriormente abriremos espacio a la conversación siendo Jaime quien coordinará y moderará las preguntas. Le doy la palabra a Marcus. Gracias.

Marcus André Vieira: Hola a todos, buenas noches. Es un placer estar con vosotros hoy, amigos, colegas de la NEL y también otros. Padecemos un poco el estado de la cuestión. Eso es lo que voy a hacer: exponer las cuestiones que nos han puesto en estos tiempos. Teníamos una fecha previa para el encuentro y no se pudo hacer porque muchas cosas muy difíciles pasan en este momento, especialmente en Colombia, pero en Brasil también. Así que me doy también como tarea de no dejar de hablar de una articulación que tal vez se puede hacer entre nosotros, lo que estamos hablando hoy entre nosotros en términos de nuevas sexualidades, pero también de la economía política. No sé si lo lograré, pero intentaré.

Antes de empezar, decir que en febrero del 2020 no podíamos imaginar lo que iba a pasar. Estábamos cerrando las puertas de nuestras casas casi dos meses después. Muchas cosas pasaron. Recuerdo con cariño muy fuerte el tiempo de trabajo con ustedes así que volver es muy bueno.

Bueno. Vamos a ver. La primera cuestión es por qué nuevas sexualidades. Eso es lo que tenemos que poner como pregunta porque seguramente tenemos nuevos géneros. Hacer de género y sexualidad una misma cosa no sucede así automáticamente. Vamos a volver al tema de la nueva sexualidad, pero quisiera empezar partiendo de este punto que creo que es un consenso -estamos de acuerdo- en que hay una explosión de géneros como ha dicho Mónica. Es un tema general de la civilización y partimos de esa idea. Hay como 60 géneros a escoger en el Facebook -por ejemplo-; en Instagram las cosas van más rápido, son los pronombres los que se van a escoger, pero es una multitud de términos en posición de identidad y de género. La distinción entre la identidad y lo que llamamos orientación sexual es también casi un hecho. La gente dice: “Una cosa es la orientación, otra cosa es el deseo y otra cosa es la identidad”. Uno puede tener la identidad que quiera, pero la dirección de su elección de objeto se va a hacer en otro movimiento. Empiezan así las fracturas de las cosas que antes eran una.

Y los trans no son más lo que eran en tiempo de Lacan, en el tiempo de la psiquiatría con los trastornos del transexualismo. Todavía tenemos a las personas trans que quieren pasar para el otro lado y hacerse un cambio en el cuerpo con una reasignación sexual para estar en el otro lado de un binarismo de hombre-mujer. Esos son los transexuales -digamos- “de base”, “históricos” porque trans hoy quiere decir mucho más. Quiere decir todos los que no están de acuerdo con la identidad que le ha dado el Otro. Muchos dicen que el trans es solo los que no están de acuerdo con su sexo, pero el sexo es también una identidad dada por el Otro. Así que la participación entre los cis y los trans: los cis como los que se sienten en adecuación y los trans como todos los que no se sienten en una adecuación entre género, orientación sexual y sexo biológico. Así que hay una generalización de los trans también, de lo que la palabra trans quiere vehicular.

Eso hace que tengamos muchas preguntas y Jacques-Alain Miller fue preciso para pensar que no solamente en términos de explosión de género, sino la cuestión que se plantea de un trans nos toca a nosotros -psicoanalistas, pero también a la civilización-. Así que tenemos que ver a qué estamos llamando trans, una persona trans, o mejor cuáles son las posiciones de las personas trans que van exactamente del lado en que hablan de una crisis; una crisis que no es solamente de la jerarquía de la tradición, pero por lo menos sea una crisis que pone varias de nuestras cosas en cuestión también. Por ejemplo, cuestiones que nos muestran los trans de que hasta qué punto se puede separar el goce del cuerpo de la identidad, del deseo; hasta qué punto se puede cambiar de modo de goce o hasta qué punto sabemos lo que queremos. Porque la dice fuerte del trans es que dice: “Yo sé lo que quiero hacer con mi cuerpo. Mi cuerpo, mis reglas”. Así que también hay la cuestión de la explosión de los géneros y la afirmación de un goce trans. Estas cuestiones van justo a la par con la idea de lo que Jacques-Alain Miller llamó del Undividualismo contemporáneo: “Yo, Uno, trans, Uno, sé lo que quiero con mi cuerpo”. Eso plantea una pregunta para nosotros evidente. Justamente todo nuestro va con la idea de que justamente no sabemos lo que queremos, o lo sabemos, pero no todo el tiempo. Así que está superposición entre una identidad, un modo de goce y un yo que habla, eso es muy característico de una posición que, por el momento, llamaremos trans y que pone inmediatamente en cuestión la propia idea de un sujeto analizante.

Bueno, no tengo respuestas. Quiero poner las cosas que pasan en nuestra comunidad. Y creo que todas estas cuestiones en las que la AMP se ubica en este tiempo es un debate enorme que estamos empezando. Lo que yo intento hacer es traer cómo esta cuestión se pone en mi clínica, en mi barrio, en las cosas que pasan en mi ciudad. Esto sucede en Brasil junto con la cuestión de la segregación del racismo. Los que mueren son los trans negros. Pero no sé si lo tengo desarrollado como para hablar de eso aquí.

Voy a intentar hacer una proposición para ustedes que es ordenar bajo tres ejes las cosas que pensé que podemos hacer con este título El analista y las nuevas sexualidades. La primera es lo que he hecho como introducción. Voy a desarrollar solo un poco más: ¿cuál es el debate? ¿Cuáles son las cuestiones? ¿Qué pasa? ¿Qué está en juego? Punto dos. El psicoanálisis en esta cuestión, ¿qué está en cuestión? También hablé un poquito de eso. Es sobre todo qué cambios o qué preguntas parecen aparecer en nuestro trabajo como analistas, nuestra clínica.

El primer eje es qué pasó. Para eso no hay mucha discusión. Propongo que hagamos un acuerdo bajo pocas cosas: que hay una crisis, que hay una explosión, que hay algo que hace que el real no es más lo que era. Éste era el título de nuestro Congreso en el 2014. Para este Congreso, Jacques-Alain Miller decía que teníamos un desorden en el real y explícitamente su lectura -en la que muchos van a estar de acuerdo- en que la naturaleza era el nombre de lo real y viceversa. Y que la pareja tecnociencia y capitalismo destruyeron idea o la hicieron mucho menos sólida. En términos de Miller, esta pareja ha hecho desaparecer la naturaleza como el lugar de lo real. El sol que viene todos los días eso es lo real; el hombre y la mujer, eso es lo real -que hoy va a estar bajo duda-. El sexo biológico hombre-mujer incluso se puede cambiar. Así que todo se cambia. Podemos preguntar qué lugar tiene el colonialismo en esta historia también. Mucho se habla de eso en Brasil, incluso de hablar de una descolonización del psicoanálisis. No sé si eso pasa en sus países, pero en Brasil sí. No voy a entrar en este debate. Solo qué podamos afirmar esa idea: ¿qué pasó? ¿Qué repercute de la ciencia y el capitalismo?

Dos ejemplos. Cuando tienes un GPS y que puede guiarte estando seguro en la ciudad sin conocer a nadie. Un chofer que trabajo hace 20 años conociendo la ciudad no hace diferencia que un tipo que llega con un GPS y conoce así toda la ciudad. Así que hay una perturbación completa del saber que se acumula en la experiencia.

Otro es la fecundación asistida. Es también la idea que hombre-mujer no son necesario. No es necesario que el hombre con un pene y una mujer con una vagina se hagan pareja para tener hijos. Son cosas que estaban escritas en la naturaleza de las cosas.

Así que la diferencia sexual y la diferencia de generaciones -el ejemplo del GPS muestra la diferencia de generaciones ya no es tan importante-. El respeto por el saber de alguien que vivió muchas experiencias se encuentra en el Google. También que la diferencia hombre-mujer no es tan necesaria que al menos las cosas teóricamente en el laboratorio. No es una práctica generalizada, pero la idea de que se puede hacerlo pone en crisis todo eso. Lo que está en crisis es el Padre que era exactamente lo que hacía, o digamos el Edipo, esta regulación entre las generaciones y la diferencia entre hombre-mujer. Todo eso se pone en crisis. Y la cuestión sobre todo es que los binarios que organiza el significante en nuestra vida, los binarios -pares opuestos- que desde Freud ya señalaba que trabajamos con esta estructura binaria -lo que llamamos rápidamente S1-S2-, que en la propia estructura simbólica ya no tenemos los mismos binarios o no se tiene ya la certidumbre de que algunos binarios están lo real. Hombre y mujer es un binario, así como día-noche. Día-noche es un binario bien sólido. Pero hay muchos binarios que están en crisis, crisis como binarios de lo real. Hombre-mujer no están ya en lo real. Las razas blanco-negro no están más en lo real. Me van a decir que hay un montón de gente que van a decir lo contrario, que toda la contrarrevolución conservadora de derecha o de ultraderecha o fascista que quiere imponer que todo eso es un delirio de una ideología globalista loca de la gente de izquierda. En Hungría, Brasil tenemos este discurso muy fuerte y también EEUU, pero podemos decir que es un discurso reaccionario porque algo pasó con ese punto del Padre que puso todo en crisis. ¿Por qué no tendríamos así un problema con el binario hombre-mujer? Porque exactamente este punto es el que las nuevas sexualidades quieren cambiar, cambiar en el sentido de que hay muchas otras posibilidades que solo el binario.

El falo está articulado con el punto del poder del Padre. La significación fálica va con el Nombre-del-Padre como decimos. La creencia que hay un hombre y hay una mujer -y solo eso y nada más-, y que eso es necesario desde la naturaleza para hacer la vida, es eso que es el falo simbólico -no el falo imaginario, no la insignia del poder-, sino la creencia que hay al menos uno que detiene todo el poder; o imaginariamente que tiene su falo erecto todo el tiempo, 24 horas del día. Eso es el falo, la creencia de que alguien es alguien de excepción y el falo sostiene la creencia en el Padre y, al mismo tiempo, es la premisa que hace la diferencia hombre-mujer como una diferencia real para los que lo creen.

Y para nosotros, ¿cuál es el problema de todo esto? Lacan nos enseñó a leer una formalización de Freud que nos permite dejar de lado las figuraciones imaginarias de toda esa multiplicidad de posibilidades que no es solo la binaria; todo eso en función del no-universalismo de la premisa fálica, todo eso nos perturbaría tanto porque tenemos una formalización: las fórmulas de la sexuación. Nos hacen decir que hay un goce fuera de lo que se puede decir y hay el goce del decir, un goce fálico y Otro goce -o femenino, o goce opaco si queremos-. Pero al mismo tiempo habría un goce del habla, ordenado en el discurso del amo y todo el resto. Podemos mantener esa idea pero las cosas nos hacen preguntar hasta qué punto cuando hablamos de goce fálicos tenemos dos puntos: lo que se dice que es antipatriarcal, contra el Nombre-del-Padre, que hace del falo solo un dildo para que todos podamos utilizarlo, que el falo no tiene importancia. Una posición sería decir que todo eso es falso, que no es verdad, porque todo eso es fálico y el goce femenino sigue ahí. El problema es que los trans creen que están destruyendo el Nombre-del-Padre, pero están sosteniendo el Nombre-del-Padre. Pero se puede preguntar también hasta que punto este goce que es múltiple, hasta que punto ese goce que va más allá del falo y produce esta explosión de multiplicación de géneros y cómo nuestro trabajo va a cambiar con eso. Esa es la cuestión a la que no tenemos respuesta, pero que sí quería plantearla.

Y para dar una idea de hasta dónde esto puede ser real, es más difícil trabajar con la idea de que hay una matriz fantasmática y que trabaja con un objeto que no está y un sujeto que no está; un sujeto y un objeto articulado por el fantasma. Todo esto supone al Padre, supone al falo -es un debate-, pero creo que el fantasma está siempre articulado a la idea de la neurosis -hasta qué punto la neurosis es una matriz para el punto de mira de un análisis-. Cuando un trans llega un trans y dice: “No tengo un fantasma, no tengo nada. Solo tengo la decisión, una certidumbre”, que está apoyada por un discurso, tenemos mucha dificultad de encontrar el fantasma y trabajar con él. Solo para decir entonces que hay una pregunta planteada sobre nuestra clínica.

Las fórmulas de la sexuación son nuestra brújula. ¿De qué manera vamos a tratar la cuestión trans desde estas fórmulas? Hay una manera un poco -digamos- arrogante que es decir: “No hay cambio. Todo está más o menos igual. Hay los que están con sus fantasmas del lado del falo y tienen que ir a encontrarse con su goce femenino, tanto para hombres, mujeres y también para los trans”. Así que tenemos una brújula para todo ser hablante. Otra posición que intento poner la idea en debate es que también hasta qué punto nuestra clínica no cambia con esta explosión del tema del trans. No es sencillo decir que eso es bastante.

Quisiera dar un ejemplo para esto que no es exactamente clínico. No sé si conocen a los güevedoces. Yo los conocí por un documental de la BBC de Londres en 2015. Es de los niños de la República Dominica, de un sitio muy alejado, de una isla y que estaban todos juntos con muchas generaciones. Así que las mutaciones genéticas se pasaban, se multiplicaban entre todos. Pero también se describe eso en Pakistán y en otros lugares del mundo. Las niñas solo tenían un pene a los 12 años, no todos. Pero había niños que nacían con pene y niñas. De estas niñas, una buena cantidad solo desarrollaba el pene a los 12 años. Hasta los 12 eran todas niñas con órganos sexuales femeninos en apariencia. Ven que es extraño. Lo que pasó es que descubrieron una enzima que es necesaria en el tiempo del feto y hay otra a los 12 años cuando empieza la adolescencia. Había una mutación en la que mucha gente nacía sin esta enzima, que solo a los 12 los chicos con esta nueva aparición se volvían chicos. Si pensamos esto en relación con el discurso del Otro del ambiente, si el Otro de la civilización promueve mutaciones que tienen éxito adaptativo -como dice Darwin-, un discurso del Otro que dice que solo hay hombres y mujeres va a hacer que estos niños se van a volver masculinos. Pero, si el discurso del Otro generalizado se vuelve en: “Tenemos múltiples sexos. Eso está bien”, los chicos intersexo -que tienen mutaciones como esa- van a desarrollarse por un éxito adaptativo, van a tener más hijos que otros -digamos, heterosexuales clásicos-. Eso para darles una idea de que, si se cambia al Otro, se cambian los cuerpos en lo real. Así que podríamos tener una civilización con gente con variadas morfologías corporales dadas las mutaciones que son posibles cuando la selección que el Otro simbólico hace se cambia. ¿Eso es muy loco? Pero quisiera dar eso como idea para que reflexionemos los cambios en los discursos que estamos viviendo en el Zeitgeist, que hacen cambios genéticos -eso es la teoría darwiniana-, en ejemplos como éste. Se puede pensar que uno de los argumentos más fuertes de los reaccionarios es el decir que en todas las civilizaciones siempre hombres y mujeres -eso es un hecho biológico-, pero lo que dicen los trans es que siempre fue del blanco al negro con muchos matices de gris. Era el simbólico de la civilización que hacía el corte de “Acá están unos. Acá están otros”. Siempre hubo seres hermafroditas, seres intersexo, pero ellos eran cortados por las cirugías, pero antes de eso era la cirugía simbólica que dice que solo se puede tener dos. Si empezamos a tener la idea que lo múltiple es mejor que el 2, tal vez vamos a tener más y más hermafroditas y más intersexos. Si eso no va a cambiar nuestra práctica, no sé lo que puede cambiarla. Tal vez nadie dio ese paso, pero quería dar como ejemplo de lo que estamos viviendo.

Bueno, para concluir ¿y la clínica? Creo que el problema para nosotros no es padre, Edipo, neurosis, hombres y mujeres, el problema es la idea que va junto con esta destrucción de la pirámide paterna, esta multitud de sexos posibles -eso tal vez pase, tal vez no- y tendremos problemas entre esa explosión entre goce fálico y Otro goce. El problema no es eso. Es que junto a esta multiplicación -que es otra forma de hablar de la cuestión trans- va la idea de que uno es dueño de sí mismo. Creo que esto es el problema para nuestra clínica y para nuestro lugar en la civilización. Hay una posición del discurso trans que es neoliberal -digamos eso-, o que va mucho junto con la idea de que “Yos soy idéntico a mi cuerpo. Yo soy emprendedor de mí mismo, sin resto”. No digo que los sujetos que vamos a ver en la clínica son así, sino que este discurso es un problema para nosotros: “Yo soy idéntico a mí mismo”. Los trans son exactamente los que dicen: “No estoy de acuerdo con lo que el Otro dijo que yo soy”, pero lo que está en la posición enunciativa es: “No estoy de acuerdo con lo que el Otro dice porque yo sé lo que soy más que el Otro”. Es el yo que pasa a estar en primer plano. Esa es una cuestión también del capitalismo conectada con la sexualidad. Es la idea de que “Yo puedo hacer lo quiera con mi vida, tengo derecho a cambiarme a lo que quiera”. Eso es muy contrario a lo que es el análisis en el que el sujeto nace en el Otro: “Primero soy en el Otro y después soy yo”. Es eso lo que aprendimos con Lacan desde el principio.

Eso es un problema, pero no es todo el problema. Tal vez haya caminos. Yo quisiera proponerles para el debate lo que llamaría el axioma Agrado. No sé si voy muy lejos, pero voy a proponerlo así. Agrado es un personaje de Todo sobre mi madre de Almodóvar. Creo que muchos de vosotros lo han visto. Es una película genial. La mujer no puede, por unas circunstancias de la historia, hacer la representación de teatro y la secretaría -que es un trans, que es Agrado- hace un monólogo en el teatro para decir: “Las actrices no pudieron venir, pero les propongo mi vida, mi historia. Si quieren se quedan. Si no, les vamos a dar el dinero de vuelta”. Y mucha gente se queda. Y va a contar cómo hizo su cuerpo, no exactamente mujer, siempre hablando de dinero. Primero dice: “Yo soy muy auténtica”, auténtica en el sentido de que dice las cosas claramente. Poco a poco va mostrando cómo se cambió todo su cuerpo hasta que se volvió un ser auténtico. Eso es lo que digo del axioma Agrado. Fue agregando una serie de características y pagando por eso: silicona, cirugías. Y dice: “Uno es más auténtico mientras más se parece a lo que ha soñado para sí”. Es ese el axioma que quisiera debatir un poco con ustedes. Me parece que ese axioma habla mucho de esta posición trans con las dos vertientes: una vertiente que es “Yo soy dueño de mí”; y otra vertiente que es “Yo me hago”. Las dos importantes, pero esa de “Yo soy dueño de mí, sin resto” no va con nosotros. Pero la otra, ésta de Agrado, puede ser de análisis. Lo explico un poco mejor. “Yo soy auténtico mientras más me parezco con lo que he soñado”, soñado aquí no es sueño, es “deseado para sí”. Se puede decir que uno es más auténtico cuando está más cerca de su deseo y también de las operaciones que van a hacer que su deseo pase a estar en la realidad. Las dos cosas están en esta frase. “Toda la idea de que hago de mí y lo que quiero no me la pueda tapar nada: mi familia, la tradición, lo que el Otro dijo que yo era, la biología, lo que pasa con el sexo en mi cuerpo. Puedo cambiar todo eso”. Esto es un poco el emprendedurismo, el matrimonio entre la ciencia y el capital haciendo que no haya más la idea de la naturaleza original del cuerpo y que el resto sean cambios artificiales -como si tuviéramos el sexo de fábrico y el sexo posterior-. Lo que va a decir Agrado es que somos más auténticos cuando más cambiamos en relación con lo que queremos. No es “Somos más auténticos mientras más vamos al yo original”. Eso era el fantasma neurótico. Un análisis se hace deshaciendo las creencias para llegar al goce. Descubrimos en el análisis que no hay un yo original, pero atravesamos así el fantasma. La cuestión trans nos coloca en la gente cuyo punto de partida es no-neurótico, es “Yo soy más auténtico en tanto más hago las cosas con mi cuerpo para ser lo que quiero”. Eso es peligroso. Es como si nuestra brújula no estuviese más, pero al mismo tiempo se puede decir que en esta frase, en este axioma está también a idea de que todo es un arreglo; todo es fabricación, mutación, bricolaje. Y que no es necesario con esta frase que se piense que alguien tiene que estar en el comando, que alguien tiene que ser transparente y saber lo que quiere. Los trans no precisan ser transparentes a sí mismos. Así que quiero proponerles que en todo el discurso trans hay algo de lo psicótico que es: “Yo sé lo que soy, nada va a cambiar”; el otro es “Yo soy el arreglo que yo hago con que pueda hacer y con lo que quiera hacer”. Esto está más del lado de Agrado. Y eso para mí, si un tipo llega así, creo que hay análisis posible, con fantasma o no -vamos a ver-. Pero el otro es nuestro problema y está del lado del capital y del neoliberalismo.

Bueno no voy a hablar más que eso. Hablé demasiado y con muchas ideas. Muchas gracias.


[1] M. A. Vieira. El analista y las nuevas sexualidades. Presentación para la NEL-Cali vía Zoom. 2021-06-23.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

@pachuko84

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