La Cuestión Trans en el Psicoanálisis y para los Psicoanalistas – por Jacques-Alain Miller -2021-05-29

LA CUESTIÓN TRANS EN EL PSICOANÁLISIS

Y PARA LOS PSICOANALISTAS[1]

Intervención de Jacques-Alain Miller

2021-05-29


Didier Lauru:

Muchas gracias, Catherine Millot. Fue verdaderamente muy esclarecedor e interesante lo que dijo. Propongo continuar y pasar la palabra a Jacques-Alain Miller. Si usted quiere, Jacques-Alain, tomar el relevo. Muchas gracias por su presencia y su participación.

Jacques-Alain Miller:

Sí. La cuestión trans parecía hasta hace poco algo latente para nosotros. No despertaba pasiones en el medio analítico. Creo que, si nos ceñimos a la bibliografía, la cuestión era algo pobre. Ahora bien, algo ha cambiado recientemente al punto de que pienso que esta cuestión ha tomado el giro de una crisis. Es un hecho que hoy en día ya no estamos en la situación que mencionaba Catherine, como ella la subrayaba; o se ponía el acento más bien en lo raro de este caso. Hoy en día, nos vemos con un verdadero hecho de sociedad y me referiré a las palabras que me parecen plenas de buen sentido y precisas de la Señora Colette Chiland -a quien no tengo la habitud de citar-, pero que es la autora de obras sobre el transexualismo que datan de hace 20 años, pero dice cosas que valen la pena ser repetidas. Reconoce que siempre hubo personas, hombres o mujeres, que recusaban su sexo de origen, pero que hay hechos nuevos. Nuevo es el término de transexualismo. Es también la proposición -dice ella- de los médicos de reasignar el sexo y es la manera en que nuestra cultura logra esa convicción. El transexualismo con reasignación hormono-quirúrgica del sexo es un fenómeno de nuestra cultura, ciertamente más desarrollado en los Estados Unidos. Y hoy hay fuerzas, medios, que tratan de importar los fenómenos estadounidenses acá. Ella ve como causalidad, como condición, el estado de las ciencias y las técnicas que han progresado; y también el lugar que el individuo tomó en nuestra sociedad. Entonces, implica una responsabilidad del individualismo democrático, es decir al hecho de que la tradición -dice ella- no rige ya los saberes ni las costumbres, y que el individuo ya no está sostenido en una red de convicciones y de reglas; en el campo la vida privada debe inventar sus reglas de conducta y una ética personal. De ello se sigue una reivindicación de derechos muy insistente y un aminoramiento del reconocimiento de sus deberes hacia los demás o hacia el colectivo. Ella dice: “Ya que lo que pido es técnicamente posible, ya que es mi placer, tengo el derecho de obtenerlo”. Allí, ella hace una referencia -que aún no he leído, pero que lo voy a hacer- al libro de Denis Salas, Sujet de chair et sujet de droit – la justice face au transsexualisme que salió en PUF en 1994.

Hoy en día la cuestión trans es más vasta que el transexualismo. Es verdaderamente el transgenerismo, si puedo decirlo. Hay la cara clínica de la cuestión. Diría que se la conoce. Hay la tesis según la cual el transexualismo compete propiamente de la psicosis. Es lo que Lacan deja escuchar de manera extremadamente rápida. Dice algunas palabras en lo que si hubiera sido la forclusión, se habría situado el equilibrio y la lógica de este caso. Lacan se refiere también al transexualismo a propósito del caso Schreber donde se evoca la práctica transexualista de Schreber que consiste en pensar siempre en algo acerca de lo femenino, en verse mujer, etc. Eso compete de lo que llamaríamos más bien el travestismo. Y ahí Lacan evoca -entre comillas- a la “perversión” en relación con eso.

Hay la teoría del self que hace del transexualismo más bien una patología narcisista, borderline con el debate que conocemos y desconocemos de Kohut y Kernberg. La señora Chiland pone un poco -parece- el acento en esa línea, en la que hace del transexualismo una enfermedad del narcisismo y evoca también la teoría según la cual se trataría de una defensa contra la psicosis. Todo el mundo se pone de acuerdo para subrayar la convicción transexual de que no quiere volverse hombre cuando se es mujer, o volverse mujer cuando se es hombre, sino que se tiene la convicción de ser hombre o de ser mujer.

El transexualismo entonces ha sido absorbido en el registro cambiante del transgenerismo de la cuestión trans y lo que observamos -me parece- hoy día en Francia desde hace algunos meses y no antes es que la cuestión trans pasó al nivel político. Diría que el hecho nuevo -y no creo que ningún psicoanalista va a ser indiferente en el avenir- es la entrada de la política en la clínica. Los clínicos solos entre sí es algo que se terminó y, sin duda, para siempre. No es totalmente nuevo. Conocimos eso a propósito de la homosexualidad cuando los homosexuales se levantaron -especialmente en EE.UU.- contra el concepto clínico de perversión. Y cuando reclamaron que la homosexualidad ya no fuese considerada como una patología. Y sabemos que salieron victoriosos a nivel del DSM. Y es eso lo que abrió la vía al debate sobre el matrimonio homosexual que fue un debate plenamente político. Y hoy en día la cuestión -después de esa victoria política de los homosexuales- se desplaza a los trans. Los conocemos en nuestros consultorios, en las instituciones, los vemos uno por uno, los encontramos sufriendo, frágiles, a veces suicidas; las cuestiones de los médicos que podrían intervenir, de los cirujanos; se sabe que pueden ser llevados, si continúan en su transformación, a tomar hormonas durante toda su vida, las del sexo opuesto; a veces hay operaciones quirúrgicas; son seres que van a estar bajo vigilancia médica durante toda su vida. He ahí la “población” -entre comillas- a la cual tenemos que vérnosla como terapeutas. Y este cuadro contrasta completamente con el estilo de reivindicación de los activistas trans. Ellos dicen: “No es una patología. Solo es una patología por causa de ustedes ya que ustedes hacen de ello una patología”; dicen: “Es un life style, es una elección de vida que debe ser reconocida como tal”. Y encuentro sorprendente el contraste entre la miseria de los seres con los que tratamos en el consultorio y luego esas reivindicaciones tan destructivas e imperiosas que son aquellas de -¿cómo llamarlos?- los activistas, de los jefes del movimiento trans. Y es esta marcha del movimiento trans que comenzamos a conocer. De ahí entonces el famoso Preciado.

Ayer, había en el sitio del Nouvel Observateur una editorial de una entrevista a Preciado hecho por un periodista enamorado que encontraba que sus palabras eran de una belleza impactante, una poesía admirable, hecha de novedades, propia para rebatir todas las ideas recibidas. Y entonces se vehicula un retrato idealizado de lo trans que encuentra adeptos en una parte muy importante de los medios. Hace un día tuvimos en Le monde del fin de semana una doble página que presentaba el caso de un niño que se declaraba trans y se daban como ejemplo el de los cuidados admirables de la familia inmediatamente que se plegó a su dicho y la escuela que debía seguir, y la perspectiva que moviliza todos los recursos para satisfacer el dicho de un niño de 4 años. Y se presenta esto bajo el estilo arlequín: una historia en agua de rosas. Entonces, esas reivindicaciones trans encuentran relevos extremadamente importantes y abrasadores en los medios. Doy el ejemplo de Le Monde. Pasa lo mismo en el Nouvel Observateur. También es la misma cosa en el Telerama. Es la misma cosa en France Inter, etc. Hay visiblemente una enorme machine de propaganda que se ha puesto en marcha y que no ha terminado de dar resultados. Entonces se nos presenta un retrato idealizado del trans con la ambición, como si lo trans fuera el avenir de la humanidad, si puedo decir. Es interesante ver por qué vías eso procede. Finalmente, lo trans aparece como por excelencia como lo humano libre, el self-made man o la self-made woman. El trans se augura como siendo el género humano -como en la Internacional- y eso se vuelve el resorte de utopías extraordinarias con la voluntad que impone una preferencia por lo trans, una suerte de transición permanente -hubo la revolución permanente- ya que del género hay la idea también de que uno puede cambiar de género y que se puede adoptar un género durante un día, luego el día después cambiarlo. Creo que de entrada debemos admitir -antes de reírnos o antes de indignarnos- el hecho de la fuerza del deseo de transición. Y el punto de quedarse con el cuerpo que se le ha sido asignado al nacer aparece absolutamente como una amenaza y lo que es verdaderamente cool es cambiarlo.

Entonces, ese es un costado. Uno podría imaginar que eso es algo marginal, pero es un hecho que los poderes públicos son extremadamente permeables a la ideología trans. Son permeables en todas las democracias avanzadas. ¿Y cómo explicarlo? Yo investigo cómo los poderes públicos son hasta tal punto impermeables y creo que eso se explica en que en el fondo en la ideología trans hay esto: que el ser humano es antes que nada un sujeto de derecho. ¿Qué es un sujeto de derecho? Es un sujeto idéntico a sí mismo. Es un sujeto que responde a la ecuación yo = yo [moi = moi]. Y es necesario que sea tal para que pueda comprometerse. Un sujeto de derecho es un sujeto que debe poder comprometerse una vez -por ejemplo- que firma un documento, ¡está hecho! Uno no se ocupa de saber cuál era su estado emocional en el momento en que firmó, después que firmó es un hecho de pleno ejercicio. Y el sujeto de derecho es un sujeto que sabe lo que dice y que sabe lo que hace. ¡Sin hipótesis! Es la hipótesis fundadora. Y así responde de sus actos y de sus dichos. No pude encontrar mi ejemplar del segundo tratado de John Locke acerca del cual hice mi tesis de filosofía. Hay un capítulo donde se habla de la identidad personal como el campo de la experiencia de la percepción donde se constituye un sujeto de identidad personal y es aquel que puede responder acerca de lo que hace. Entonces, se puede definir así el sujeto de derecho -discúlpenme- de manera muy sumaria para ver que es la antítesis del sujeto de lo inconsciente. El sujeto del inconsciente es por hipótesis aquel que no sabe lo que dice y que es interpretado. En el movimiento trans, en efecto, hay que escuchar al parlêtre, hay que escuchar a la gente, hay que escuchar a los niños. Yo diría que esa valorización de la escucha viene del psicoanálisis. Pero al mismo tiempo, está prohibido interpretar. Si el niño de cuatro años dice: “Quiero ser una niña”, y si ustedes dicen: “Bueno, lo dice ahora, ¿será que lo dice más tarde? ¿Qué es lo que entiende por niña?”, etc., ustedes están out porque osaron poner en duda lo que dijo. Es como una infracción a sus derechos humanos. Y entonces, uno es reaccionario, de extrema derecha, uno quiere dominar, etc. Entonces, prohibido el interpretar. Y entonces, esa escisión entre la escucha y la interpretación que está prohibida -yo diría- es mortal para el psicoanálisis. Si eso pasa en la doxa, si eso pasa en la opinión, si eso gana en las altas esferas del poder político y en los medios, nosotros estamos K.O. Creo que es verdaderamente un tema vital para nosotros.

Es lo que vimos en efecto en el documental que usted citó, Catherine, que también citó Marielle David. Es verdaderamente el testimonio de una ofensiva trans de gran envergadura que tiene relevos poderosos en los medios y que ha suscitado inmediatamente -debo decir- la oposición de este observatorio que ha creado nuestra colega Céline Masson, que creo que es miembro de Espace Analytique. Leí su texto gracias a la lista de Patrick Landman a la que estoy suscrito e inmediatamente percibí su apuesta que era la despertarnos y mostrarnos en qué dirección iban las cosas a partir de ahora. No podemos esconder el hecho que eso va en el sentido de tendencias muy profundas en nuestra civilización. En el fondo, la voluntad trans del derecho a cambiar de cuerpo es coherente con el habeas corpus. ¿Quién tiene tu cuerpo? Y a partir del momento en que se tiene un cuerpo como una propiedad, uno puede disponer de él, uno dispone de su uso. Eso va en ese sentido. Indiscutible. “Tengo la propiedad de mí mismo”. Y toda construcción social…Ahí habría que regresar a ello. Es una corriente tan importante como la de la construcción social. Eso comenzó por un tratado estadounidense acerca de la construcción social aparecido en el ’66 -olvidé el nombre de los autores-, construcción social que hace que los datos naturales sean considerados como una ilusión. Y se tiene un sujeto que no tiene ninguna coordenada natural, que ha anulado los datos naturales. Y ahí hay cosas muy interesantes en el libro de Castel, La metamorfosis[2], que también tiene más de 20 años y que releí para la ocasión de esta intervención.

El líder del movimiento transgénero quiere que no sea un estado patológico, como los homosexuales en antaño lo decían para la homosexualidad. Querrían hacer beneficiarse al transgénero e incluso hacer del transgénero el síntoma del psicoanálisis en sí, del psicoanálisis que estaría enfermo de la diferencia sexual, que estaría enfermo del Nombre-del-Padre, que estaría enfermo del patriarcado y que de ese hecho proyecta su propia enfermedad sobre los trans. En efecto, a partir del momento en que el trans tiene la convicción tranquila de ser de otro sexo que aquel de su cuerpo, toda la cuestión es la de ese reconocimiento por el otro. ¿De qué está enfermo? Antes que nada, de no ser reconocido por el otro por el sexo del cual tiene la convicción que es. Entonces, rehusándole ese reconocimiento ya que es una patología, es el hecho que uno rehúse ese reconocimiento que hace de ello una patología.

Entonces, no voy a terminar esta exposición sin evocar la figura de Preciado, el cual se nos hizo presente ayer en el sitio web del Observatoire bajo el título Jacques Lacan c’est pas Angela Davis![3] Soy sensible al hecho de que cite a Lacan. Es con lo que tiene que ver. Preciado, de un lado como filósofo, no es muy fuerte. Como filósofo recicla los argumentos que eran los de Deleuze, Guattari, Foucault en su periodo antipsicoanálisis post-’68. Eso no fue demasiado lejos cuando esos grandes hombres propusieron esos argumentos. Un medio siglo después estos son tomados por Preciado. No hay que decir que eso me inquiete. Es más interesante el interesarse en Preciado en sí que nació con un cuerpo de mujer y como lo dice, él quiso dejar de ser una mujer sin volverse un hombre como los otros. Y su solución fue la testosterona. Se atiborra de testosterona. Y no es mujer, no es hombre, es verdaderamente -para tomar el título de Catherine- un fuera-de-sexo, fuera-de-sexo borracho de testosterona. Y entonces produce extraordinarias fascinaciones mediáticas. Promueve un nuevo libro sobre Edipo trans y resplandece. Debo decir que la población de periodistas está allí completamente alborotada, completamente excitada por esta solución. Me da pena que hayamos visto la muerte de un camarada de la Escuela Normal, Jacques Bouveresse, quien ponía por los suelos a muchas cosas, ponía por los suelos a los periodistas. Debo decir que nos hace falta.

Bueno, habrá que vivir con esto. Creo que esto solo se va a acentuar. Pienso que progresivamente con la lentitud habitual las asociaciones analíticas, los analistas van -¿cómo decirlo?- a ponerse en movimiento y va a darse cuenta de la naturaleza del combate que se presenta, y que es un combate por el psicoanálisis y por -¿cómo decirlo?- el derecho a interpretar.

Voilà!


[1] Intervención en la Jornada “La feminidad, lo fálico y la cuestión transexual” organizado por Espace Analytique. Presentación vía Zoom. 2021-05-29.

[2] R. Castel. La metamorfosis de la cuestión social. Crónica de un asalariado. Buenos Aires: Editorial Paidós, 1999.

[3] Paul B. Preciado, un grand coup féministe dans la psychanalyse (1/3) : « Jacques Lacan, c’est pas Angela Davis ! » (nouvelobs.com)

Publicado por Patricio Moreno Parra

Psicoanalista Practicante en Quito, Ecuador. Université Paris 7 Diderot: Doctorante en Investigación en Psicopatología y Psicoanálisis. Université Paris 8 Vincennes-Saint Denis: Máster en Psicoanálisis opción Investigación. Université Paris 8 Vincennes-Saint Denis: Máster en Psicoanálisis. Universidad Católica del Ecuador: Diploma de Psicólogo Clínico.

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