Psicoanálisis, Institución e Instituciones – por Iván Sandoval Carrión – 2019-05-11

SEMINARIO PSICOANÁLISIS Y PSIQUIATRÍA

8ª JORNADA: PSICOANÁLISIS, INSTITUCIÓN  E INSTITUCIONES

Por Iván Sandoval Carrión

2019-05-11


Iván Sandoval: Había propuesto este tema: “Psicoanálisis, institución -en singular-, e instituciones -en plural” porque pensaba que es un tema de mucho interés para todos aquellos que se sienten concernidos por el psicoanálisis, en primer lugar, y luego por el trabajo clínico en las instituciones; no solamente las instituciones de la llamada “salud mental” sino eventualmente en otras instituciones en las cuales, de manera contingente, pudiera haber consultas o preguntas en relación con la clínica, como las instituciones educativas en general. Pensaba que éste sería un tema de mucho interés, sobre todo escuchando a las personas jóvenes que trabajan en instituciones, que han tenido una formación en psicología y que se han acercado a la enseñanza del psicoanálisis; y que anotan frecuentemente muchas dificultades y conflictos en su trabajo en las instituciones y en el lugar que podría tener el psicoanálisis dentro de las instituciones. Entonces, en función de eso que parece muy importante y que ya había salido en otras ocasiones en este seminario a través de preguntas o comentarios y sugerencias, he propuesto este tema.

Tengo una serie de notas, voy a ir leyendo y comentando mis notas. No es un escrito. Es una colección de notas que marcarán más bien una apertura para la intervención y participación de ustedes que es lo que finalmente contará para animar este encuentro.

Vamos a empezar con la etimología de institución o instituir. Es un término que viene del latín: está formado por el prefijo in y un verbo instituere, que quiere decir poner, colocar, construir, erigir, disponer. El prefijo in marca un dentro o hacia adentro. Entonces, desde un punto de vista etimológico, instituir quiere decir construir, organizar, disponer, fundar hacia adentro. Una etimología afín está ligada a otras palabras tales como constitución, destitución o prostitución. Constitución, igualmente disponer, construir conjuntamente con otros, disponer con otros. La constitución se trata de erigir, fundar junto con otros. Destitución, implica de-poner, con el prefijo de, sacar de ese lugar. Y prostitución implica, con el prefijo pro- una exhibición, un poner por delante, poner en venta. Entonces, estamos en esta etimología que nos dice fundar, construir hacia adentro.

¿Cuáles son los diferentes alcances de la noción o el concepto de institución? En primer lugar, tiene un alcance o una connotación simbólica fundamentalmente. La primera acepción de institución alude a ley, a norma universal; aquello que se establece como válido, como operatorio para una clase, para un grupo. Este es la primera acepción de institución.  Es una acepción simbólica, norma, ley, universal, aquello que funda algo. Por tanto, si se dice en psicoanálisis que la Ley -con mayúscula- es la ley de prohibición del incesto, esa es la primera institución para todos los seres hablantes. Como ya podemos anticipar, el psicoanálisis en sus fundamentos apunta al fundamento de nuestra condición de seres hablantes, seres en falta pasados por la prohibición del incesto, pasados por la castración simbólica.

De esta primera ley hay un pacto simbólico que establece un lazo social entre los seres hablantes se derivan las demás leyes. Entonces la ley de la prohibición del incesto funda el pacto entre los seres hablantes, el lazo social y establece aquellas instituciones fundamentales derivadas de esa institución: el matrimonio, la pareja, la familia, la filiación, la genealogía, la organización social, la organización política. Todas aquellas instituciones fundamentales se derivan de esa primera institución. A partir de esa primera institución en singular, tenemos las instituciones en plural. Así como decimos que hay la Cosa y las cosas; o el deseo y los deseos, que son los anhelos; el objeto y los objetos, de la misma manera decimos que la institución y las instituciones son todas aquellas asociaciones que se establecen entre los seres hablentes que apuntan a una cierta finalidad, a un cierto objetivo específico y propio para cada una de ellas. Así tenemos las empresas, las instituciones de salud, las instituciones educativas, las instituciones comerciales, los partidos y movimientos políticos, y todo lo cual que confluye en el Estado. El Estado como la institución que reúne y resume todas aquellas asociaciones que se han establecido a partir de finalidades u objetivos para un cierto grupo de personas.

Una tercera acepción de la institución tiene que ver con esto que llamamos la institucionalización, es decir, el establecimiento por el hábito o por la costumbre de una cierta regla o código que no necesariamente está establecido en la ley, las leyes, o en la constitución, o en la constitución del Estado. Estas institucionalizaciones ligadas a hábitos y costumbres implican la relación con un ethos, es decir apuntan a una ética. Pero curiosamente, podríamos preguntarnos si la mafia, la cosa nostra, son instituciones. O qué queremos decir cuando hablamos de corrupción institucionalizada en el Ecuador, en el Estado o en el gobierno x. Esto estaría en contra de la primera acepción de la institución en singular que la vincula con la ley. ¿Cómo es posible una institución como la cosa nostra que aparentemente está fuera de la ley? A menos que tenga su propia ley y su posición propia y específica frente a ley que nos concierne a todos. Es algo que podríamos discutir.

Dentro del tema de las instituciones -en plural-, merece una mención especial lo que los sociólogos llaman las instituciones totales. Voy a leer un pequeño párrafo de Erving Goffman, sociólogo canadiense que desarrolló sus investigaciones y su trabajo durante los años ’50 y ’60 del siglo XX. Goffman es famoso y conocido por sus investigaciones sobre las instituciones totales. No sé si fue él quien acuñó ese término. Uno de los libros más famosos e importantes de Goffman -no sé si ustedes lo conocen- es uno de los que se llama Internados. Goffman se pasó un año trabajando como empleado de limpieza en uno de los hospitales psiquiátricos más grandes de EEUU a finales de los años ’50. El propósito de Goffman era investigar la organización social de los hospitales psiquiátricos. Porque tenía la hipótesis que luego comprobó que los hospitales psiquiátricos son algo mucho más complejo que una institución de salud. Entonces, Goffman descubrió cómo los pacientes se organizan dentro de la institución. Estructuran y organizan sus propios códigos, sus propias leyes, sus propios acuerdos. Lo mismo ocurre con el personal de los hospitales psiquiátricos. Cuando ustedes entraron a esta sala en la mañana de hoy, en la pared frontal ante la puerta vieron seguramente un corazón con una cantidad de fotografías. ¿Saben quiénes son? Las empleadas del hospital. Ayer hubo acá un agasajo por el día de la madre y entonces pusieron las fotografías de todas las madres que son empleadas de este hospital ahí al frente. Claro, podríamos preguntarnos: ¿Y las fotos de las pacientes? Porque debe haber pacientes que son madres también.

Entonces, Goffman describió todo esto, investigó todo esto. Cómo se organizan en grupos, cómo hay jerarquías dentro de los pacientes, dentro de los empleados, cómo el personal de salud ignora esos códigos. El personal de salud, el director, los médicos psiquiatras desconocen todas esas cosas. Solamente las auxiliares de enfermería o las enfermeras -que son las que están más cerca de los pacientes de modo cotidiano- pueden a veces conocer y descifrar algunas de esas cosas. Yo constaté esto cuando era médico residente del servicio de psiquiatría del Hospital Andrade Marín. Resulta que se generaban situaciones ahí entre los pacientes. Los pacientes se enamoraban, se peleaban,  había triángulos amorosos, había acuerdos, había pactos, había dramas, y los médicos tratantes no tenían la menor idea. Los únicos que sabíamos algo éramos las auxiliares de enfermería porque las pacientes les contaban sus dramas y los médicos residentes porque hacíamos guardia, nos quedábamos ahí 24 horas cada tercer o cuarto día. Entonces resultaba inevitable registras todas esas cosas.

Entonces, Goffman propone esta noción de las instituciones totales principalmente en relación con los hospitales psiquiátricos y con las cárceles. Goffman dice:

Una institución total es un lugar de residencia y trabajo donde un gran número de individuos en igual situación, aislados de la sociedad por un período apreciable de tiempo, comparten en su encierro una rutina diaria administrada formalmente.[1]

Entonces, hay una administración formal en la institución total. Y hay todos estos códigos que se institucionalizan por debajo. El libro de Goffman publicado originalmente en 1961 se suma a otros libros y textos que aparecen más o menos por la misa época. Habrán escuchado la Historia de la locura en la época clásica, la famosa tesis de doctorado de Michel Foucault, de la misma época; o esa conferencia subversiva de Thomas Szasz de 1960, El mito de la enfermedad mental. Es decir, al principio de los ’60 hay investigaciones, hay pensamiento, y hay toda una interrogación de las instituciones totales y entre ellas el hospital psiquiátrico. Ese es el punto de partida de lo que se llamó la “Antipsiquiatría”, este movimiento de cuestionamiento, movimiento que desapareció en los años ’70 pero que ha tenido consecuencias, consecuencias en estas políticas que ya se aplican en otros lugares y que acá se está intentando sostener y aplicar las políticas de la desinstitucionalización. Entonces, frente a la institución, frente a la institución psiquiatría, se plantea la desinstitucionalización o la destitución de la institución psiquiátrica.

Esta semana, un grupo de personas y profesionales ligadas a la facultad de Psicología de la UCE en relación con el MSP, convocó a una Jornadas que tuvo lugar en la facultad de Psicología de la UCE con la finalidad de relanzar un Plan Nacional de Salud Mental. Hay un plan que fue lanzado hace 3 o 4 años aproximadamente. Quizás algunos de nosotros conocemos a las personas que participaron en la creación de este plan. ¿Por qué hoy se habla de un relanzamiento? Porque en general, el Plan Nacional de Salud Mental, tal como fue propuesto no ha sido puesto en práctica salvo en detalles muy pequeños. Entonces, se sigue hablando de la desinstitucionalización.

Ahora bien, si estamos hablando de institución y estamos hablando de ley, constitución y todos esos términos y categorías fundantes del Estado y de las instituciones, algo tenemos que decir de las nociones o conceptos de autoridad, de poder y de saber. Autoridad es un término o concepto que ha sido trabajado por muchos filósofos. Hay un texto muy importante de Kojève sobre la autoridad, sobre lo que hace autoridad. En primera instancia, volviendo a la etimología, podríamos tener una primera impresión de que autoridad viene de auto, es decir, de sí mismo, de la voluntad de sí mismo o de su decisión. Pues no. Autoridad viene de auctor, otro latinajo que quiere decir padre, tutor, preceptor, como aquel que representa la ley. Él no es la ley ni la hace, no es la encarnación de la ley. Simplemente lleva la investidura de aquello que lo precede, que es la ley, el orden jurídico, el orden simbólico. Cumple simplemente una función de representación. Representa la ley. Puede representarla por varias vías: elección, elección popular, por designación, por delegación a dedo (porque el presidente lo nombra), por delegación (porque el presidente o porque el jefe le encarga) esa función. Porque la autoridad implica una función. O finalmente puede representar por asunción, es decir porque decide asumir esa representación de la ley. En los EE. UU. hay esto que llaman un arresto ciudadano. Es decir, alguien está causando un gran disturbio público, está infringiendo la ley y entonces aparece uno o varios ciudadanos que lo someten y lo entregan a la policía. Eso se llama un arresto ciudadano. Acá eso ocurre de vez en cuando.

En mi barrio hay dos chats. Uno es un chat que está conectado directamente con la policía, el retén de policía. Y hay otro chat que es para intereses comunitarios. Yo he estado suscrito al chat de intereses comunitarios durante varios meses hasta que esta semana me salí de este chat porque se convierte en un espacio para peleas así de vecindario. Me he quedado solamente con el chat de la policía. Hace una semana en mi barrio hubo un arresto ciudadano. Unos dos sujetos en un carro sin placas estaban ahí interceptando a la gente. Alguien se dio cuenta, salieron, les corcharon. Salió un montón de gente, les pegaron una paliza, llamaron a la policía. Y entonces mostraron la foto en el chat de estos jóvenes arrestados, sangrando y todo eso. Dos ladrones, dos delincuentes.

Entonces, autoridad puede funcionar también por actos. Lo cual nos lleva a la pregunta, cuando un presidente constitucional asume los plenos poderes -es decir, se proclama dictador-, ¿eso es autoridad? Es pertinente entonces distinguir la autoridad y del poder. En condiciones ideales debería bastar la autoridad, es decir, el hecho de que una vigilante de tránsito jovencita, mestiza le detenga a una señora pituca que va en un Mercedes porque infringió una regla y le ponga una multa y eso debería ser suficiente. Pero lo que vemos que acá es que, cada vez con más frecuencia, los señores y las señoras de las camionetas y de los Mercedes arrastran dos cuadras a los vigilantes de tránsito. Entonces, ahí es donde interviene el poder y la fuerza. Como la autoridad no es suficiente, no solamente en este país sino en todos los países, se trata finalmente del poder. Y el poder está ligado al orden político. El poder tiene que ver con la organización política. ¿Cuál es el lema de la banda presidencial en el Ecuador? No es mi autoridad en la constitución. Es mi poder en la constitución. El poder entonces es poder del Estado y de todos los poderes derivados.

¿Qué nos enseñan en cívica? Cuando yo tenía clases de cívica había tres poderes del Estado. Ahora se habla de 5 poderes. ¿Cuál es el cuarto? El quinto es este consejo de participación ciudadana y control social. ¿Cuál es el cuarto? Se dice que el cuarto poder del Estado es el poder mediático. El poder de los medios. No sé si ustedes han visto a las redes sociales y han visto que en este momento se le arrastra a la Janet Hinostroza. Dicen que hace una semana era una heroína porque era una periodista ética, una periodista verídica, veraz, objetiva, contextualizada, etc. Y decían que es una heroína porque se peleó con Correa y éste la insultó públicamente. Hoy dicen que es una decepción, una vendida, es lo peor de lo peor. ¿Saben por qué?

Dennis Logroño: Porque se fue a Chad a entrevistar a María Fernanda Espinosa por este juicio que ella tiene con el Estado.

Iván Sandoval: Exactamente. Porque la señora María Fernanda Espinosa que fue canciller del Ecuador y que ahora está en las Naciones Unidas le invitó a Chad y a otros países africanos donde está haciendo una gira, por estos países que son los más pobres del planeta. Y entonces Janet Hinostroza aceptó la invitación supuestamente con todos los gastos pagados supuestamente para cubrir esa gira y para entrevistarla. Entonces, frente a eso, algunos medios digitales le han puesto en la picota, y como ocurre en las redes sociales, las opiniones virales llueven.

Entonces, el poder mediático, el ejecutivo, el legislativo, el judicial, el mediático y, supuestamente, el poder ciudadano -el quinto poder. El poder es poder hacer, poder ejecutar, efectuar, disponer acciones, ordenar acciones en consecuencia con los objetivos. Un poder hacer que supuestamente se sostiene en un saber-hacer, en una técnica, en un techné, en un conocimiento. De allí surge esta idea de la meritocracia que está presente en nuestro discurso. El que los funcionarios designados para tal cargo y provistos de un determinado poder deberían saber de aquello, cosa que no necesariamente se cumple. El poder puede apelar a la fuerza, de un modo habitual, frecuente, o contingente, ocasional. ¿Para qué? Para cumplir las funciones o, relacionado con la autoridad, para sostener la ley.

Así es como decíamos que la autoridad vinculada a la institución está en el orden eminentemente simbólico. El poder está en el orden eminentemente imaginario. La majestad del poder es eminentemente imaginaria. Y vinculada supuestamente al saber, como tener conocimiento, de aquello que es la función encomendada. Conocimiento relacionado con una técnica, una disciplina, una práctica, en relación con un objeto. Entonces vemos cómo desde el punto de vista general hay una interrelación entre todos estos términos y categorías: institución, constitución, autoridad, poder, saber y fuerza.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver el psicoanálisis con todo esto? Ya adelantamos al comienzo que el psicoanálisis desde Freud en su institución -por Freud, con Freud- está ligado a la primera institución: a la Ley, ley universal de prohibición del incesto. Establece el orden simbólico. Entonces, el complejo de Edipo no es meramente un drama familiar. Es un proceso de institución. El complejo de Edipo nos instituye, nos inscribe en la ley en tanto sujetos en falta, sujetos de la castración simbólica, sujetos de la Ley y de las leyes.

¿Qué tiene que ver el psicoanálisis con todo lo anterior? Cuando a partir de Freud y sobre todo con Lacan, en relación con los conceptos fundamentales, empezando con el inconsciente, el psicoanálisis se instituye como una práctica del no-saber. Una práctica del no-saber porque de eso se trata. En ese sentido es interesante esa diferencia, esa dialéctica entre, por ejemplo, psicoanálisis y la medicina, o el psicoanálisis y la psiquiatría. La psiquiatría no es una ciencia, la psicología tampoco lo es, el psicoanálisis tampoco -por supuesto. Y entonces la primera vez que dije que la psiquiatría no es una ciencia, lo dije hace varios años en un curso de postgrado de psiquiatría, se enojaron. Se enojaron los jóvenes colegas porque pensaban que la psiquiatría es una ciencia. No es una ciencia. Es un arte, es una práctica, es una clínica que, entre otras cosas, apela al saber, apela al conocimiento. Se sostiene en informaciones. Pero la clínica psiquiátrica, la clínica médica tiene que ver netamente con el saber. Si uno es médico de emergencias, o cirujano tiene que saber. Tiene que saber datos de exámenes, tiene que saber dosis, tiene que saber medicamentos, tiene que saber técnicas. Tiene que saber. No puede ponerse como el psicoanalista en esa posición de no-saber. El inconsciente es un saber no sabido, un no saber, o un no querer saber del inconsciente. Un médico tiene que saber y poner en acto su saber. De igual manera un psiquiatra. Debe saber. Si hay un paciente agitado, ello implica un gran riesgo para la vida y la integridad física del paciente, hay que saber lo que se hace en esas circunstancias. Entonces, si hay que sedarlo, hay que saber cómo, de qué manera, qué medicamentos, qué dosis. Hay que saber. Y si, en última instancia hay que aplicar electroshocks, terapia electroconvulsiva -satanizada fuera del ámbito psiquiátrico- hay que saber cómo hacerlo también. Hay medicaciones muy precisas, muy específicas y hay una técnica para eso. Hay que hacerlo en una sala especial, con un cierto equipo, aplicar un cierto voltaje, etc., etc.

Y entonces, ¿qué pasa con el saber del analista? Si el inconsciente es saber insabido y se supone que los pacientes, los neuróticos no quieren saber o no queremos saber. Hay varias acepciones o varias indicaciones, o varias vías en relación con esto del saber del psicoanalista. Puede entenderse como un saber como conocimientos. Entonces, por ejemplo, ¿cuál es el discurso del psicoanalista? Ahí está:

Hay un saber de cómo se escribe, saber dibujar un nudo borromeo, saber definir los conceptos, es decir hay un saber en términos de conocimientos, transmisible, enseñable que marca una dirección hacia la universidad, hacia el discurso de la universidad. Este tema del saber del analista en términos de conocimientos nos lleva ya un poco para empezar a introducirnos en el tema muy complicado de la relación del psicoanálisis y las instituciones del saber. ¿Cómo entra el psicoanálisis en la universidad, o en la institución de salud, o en la medicina, en el hospital psiquiátrico? La relación del psicoanálisis con la ciencia o con las ciencias, o la relación del psicoanálisis con las neurociencias, o con las matemáticas, etc. ¿Será que hay que apelar a esos saberes, a esos conocimientos -calificados como científicos- para sostener la validez del psicoanálisis? Gran pregunta.

Una segunda acepción es la que tiene que ver -ya hemos dicho- con el saber del inconsciente. Desde Freud sabemos que el inconsciente sabe. El inconsciente habla y eso está vinculado al saber del analista. Los pacientes imaginan ese saber y nos lo atribuyen. Vienen y nos dicen: “Pero usted ha de saber lo que a mí me está pasando”. Nos atribuyen un saber: “Usted sí sabe”. Después de la primera o segunda sesión, al despedirse dicen: “¿Estoy bien o estoy mal? ¿Esto que a mí me pasa es normal o anormal?”, o “¿Usted ha tenido otros casos como el mío?”.  A todos podríamos decirles: “Nunca, jamás he tenido como usted.”

risas

Un saber en tanto ocupar ese lugar para sostener la función: a ­­a $. Como dice Lacan en 1956: “¿Qué es el psicoanálisis? El psicoanálisis es eso que se espera de un psicoanalista”. Una definición aparentemente tautológica, pero en realidad compleja porque apunta al sostenimiento de esa función.

Esto nos lleva a hablar de la institución psicoanalítica -en singular- y las instituciones psicoanalíticas -en plural. Para vincularlo con lo anterior podríamos decir que la primera institución psicoanalítica es la clínica, la clínica establecida por Freud, la clínica que sostenemos en el trabajo y que se reanima, se reinventa, se relanza cada día con cada analizante. Pero hay que tener cuidado con esto porque cualquier decir entonces que él está en esta primera institución porque hace una clínica. Entonces, por eso es necesario hablar de las instituciones psicoanalíticas. La clínica es la primera institución psicoanalítica y fue la establecida por Freud al comienzos del siglo XX. Él se reunía los miércoles con un grupo de personas que no eran solamente médicos ni psiquiatras. Entre ellos había literatos, escritores, filósofos, músicos para escucharlo, para trabajar con él, para oír sus enseñanzas y para llevarle también poco a poco sus presentaciones clínicas. Se establece en primera instancia entonces este grupo o sociedad de los miércoles. Pero este círculo o sociedad de los miércoles finalmente da lugar en 1910 a la International Psychoanalytical Association, la I.P.A., que al comienzo no se llamaba así en inglés. Obviamente al comienzo se llamaba en alemán, funcionaba en la casa de Freud, hablaban todos alemán y entonces era la Internationale Psychoanalytisch Vereinigung, I.P.F.. Se fundó en 1910. En 1936, cambia de nombre o mejor dicho de lengua. Deja de llamarse en alemán y pasa a llamarse en inglés. ¿Por qué cambia de lengua la I.P.A.? Porque en la década de 1930, la mayoría de los psicoanalistas alemanes, austríacos, húngaros migran a los EE. UU. y a Gran Bretaña por el ascenso de Hitler al poder. Entonces, este cambio de denominación está ligado al nazismo y al hecho de que la mayoría eran judíos. No todos, pero muchos de ellos eran judíos. Este cambio de la I.P.V. a la I.P.A. marca, hasta cierto punto, un giro en el destino del psicoanálisis. Por un lado, en Gran Bretaña se consolida la llamada Escuela Inglesa con Melanie Klein. Y, por otro lado, en los EE.UU. aparece el grupo de New York con la psicología del yo. Y el curso que toma el psicoanálisis y la I.P.A. en EE. UU., Lacan le dedicará alusiones críticas en sus escritos, como un psicoanálisis de adaptación a los valores de Norteamérica. En ese contexto, aparece Jacques Lacan. Jacques Lacan era miembro de la I.P.A., era miembro de la filial de la I.P.A. en Francia porque la I.P.A. se extiende a muchos países y funda filiales en varios países. En los años ’40 aparecen las primeras filiales en Sudamérica en Brasil, en Argentina y en el Uruguay. Entonces, Jacques Lacan era asociado a la Sociedad Psicoanalítica de París, afiliada a la I.P.A., pero empieza a tener problemas por su enseñanza y su clínica. Y entonces, en 1953, Lacan y otros más se abren y fundan la Sociedad Francesa de Psicoanálisis y piden su afiliación a la I.P.A. Durante 3 años se pasan intentando conseguir el reconocimiento de la I.P.A, y finalmente Lacan y los suyos desisten y en 1964, Lacan disuelve la S.P.F. y funda la Escuela Freudiana de París en la cual sostendrá el resto de su enseñanza hasta él mismo la disuelve en 1980.

¿Por qué y para qué una institución psicoanalítica? Primero por consecuencia, por aquello que instituye el psicoanálisis: la falta, la castración simbólica, en consecuencia, con eso. En segundo lugar, como dicen algunos, para no delirar. Este es un trabajo duro, pero alguien tiene que hacerlo -como diría Bruce Willis- con otros porque el sostenimiento del trabajo en solitario expone al psicoanalista a los desvaríos de todo tipo, a los acting-outs, a los pasajes al acto, a los delirios, a los problemas. En tercer lugar, para la enseñanza, transmisión y formación. Si habíamos dicho que las instituciones tienen funciones y objetivos, pues de eso se trata: la enseñanza, la transmisión y formación. Y en ese aspecto debemos hacer una distinción entre una institución psicoanalítica y una maestría en psicoanálisis o un doctorado en psicoanálisis. Una maestría o un doctorado tiene muchísimo valor, pero por razones de discurso y estructura se inscriben en discurso universitario, en el discurso del saber. En cambio, las instituciones psicoanalíticas apuntan a otro lugar, a otro discurso, al discurso del analista.

Entonces, como efecto de todo esto, tenemos las instituciones psicoanalíticas en plural que en un siglo se han multiplicado enormemente. Hay un libro de Elisabeth Roudinesco, a la cual muchos le critican por su estilo, porque supuestamente banaliza cosas importantes, pero es un libro que vale la pena leer. Nunca me acuerdo bien el título, pero se llama algo así como “El loco, el charlatán y el terapeuta”. Algo así. ¿Alguien lo conoce? Entonces es un texto en el que Roudinesco hace una historia breve -porque otra historia más larga está en otro libro, en dos volúmenes La batalla de los cien años– pero en este libro hace una recopilación del tema del psicoanálisis y del tema de las psicoterapias en general. Entonces, en la parte final ella expone un listado hasta el año 1990 de todas las escuelas, tendencias, escuelas de psicoterapias y las distintas corrientes dentro del psicoanálisis y son un montón. ¿Por qué esta multiplicación de las instituciones psicoanalíticas? Porque son instituciones no exentas de todo aquello que se deriva del poder, desde el mismo Freud. Muchas veces le exigimos a Freud una santidad ideal. Esperamos que a Freud nunca le hubiera caído mal ningún colega ni ningún discípulo. No es así. A algunos los excluyó, otros eran sus favoritos, después se peleó con ellos, después se hizo de a buenas y así sucesivamente. Algunos no lo soportaron, se fueron tirando la puerta -como Adler o como Jung.

Entonces, por un lado, las instituciones psicoanalíticas no son ajenas a las problemáticas del poder y, por lo tanto, a los problemas políticos. ¿De qué se tratan las divisiones, los sismas? Se tratan en muchos casos de problemas políticos. A veces hay veces de los conceptos, pero eso no excluye los problemas políticos, los problemas del poder. Por otra parte, está el asunto de las transferencias y los estilos. Muchas de estas escisiones y multiplicaciones tienen que ver con los estilos y las transferencias como a algunos nos consta.

Por otra parte, está el hecho que ignoramos o pretendemos ignorar de que una institución psicoanalítica se inscribe en la polis, en la ciudad, en su clínica y eso es inevitable. Sin embargo, todos esos problemas y esos conflictos no constituyen argumento para recusar a las instituciones psicoanalíticas. A veces, se escucha a colegas que dicen: “Nada que ver porque institución quiere decir “problemas”, “conflictos”, nada que ver. Yo mejor solito en mi consultorio y me libro de todos estos problemas”, sosteniéndose en un idealismo ingenuo y peligroso. Lo que no impide que cuando viene un colega de París o de la A.L.I. asistan a su seminario y luego se regresen a la solitud de su consultorio.

Yo estoy a favor de las instituciones psicoanalíticas, de la mía -por supuesto- y de las demás y de todas aquellas que se sostienen en los objetivos, en la función, en el lugar. ¿Por qué? Porque eso nos somete a la falta. Nos pone en falta. Si estoy solito en mi consultorio pues puedo decir lo que me dé la gana y trabajar como quiera y creerme el gran psicoanalista. Pero ese trabajo con los otros nos expone, y pone en evidencia nuestra condición de sujetos. Por eso estoy a favor de las instituciones psicoanalíticas.

Ahora qué pasa con el psicoanálisis en las instituciones. Y allí subrayo esta preposición: en las instituciones. No de las instituciones, no para las instituciones sino en las instituciones. ¿Qué lugar para el psicoanálisis en las instituciones? Ahí voy a recoger una expresión que le escuché por primera vez a una profesora de la PUCE, seguramente profesora de algunos de ustedes, Elsa Andrade. Ella tenía muchas expresiones originales y decía que el único lugar del psicoanálisis en la universidad -porque en ese momento se trataba de la universidad- es al sesgo. Es esta expresión de algo que viene de afuera o desde otro lugar. Y al sesgo es una expresión que puede implicar la idea de un corte, aquello que viene de afuera y puede hacer un corte, ubicándose en el borde. Mientras pensaba esto, pensaba en una expresión del Lacan -que ayer la releíamos en el grupo de los viernes con Patricio- esta noción de la exclusión interna. Un término paradójico. Estando dentro y al mismo tiempo no forma parte de, exclusión interna, extimidad, neologismo propuesto por Lacan en relación con sus conceptos: el sujeto, el objeto y el inconsciente. Esto implica que el psicoanálisis en la universidad es una presencia incómoda. Es una presencia incómoda que interroga, una presencia que habría que asimilar por la vía del saber, para quitarle ese filo y esa posición. Entonces, para aprobar esta maestría en la que participan algunos de ustedes, Isabel Durango, Virna Pinos, Carlos Tipán y compañía se pasaron dos años trabajando, reuniéndose dos o tres veces por semana con la finalidad de proponer un programa que pueda ser aprobado por la Universidad y por las autoridades universitarias nacionales. Un programa que conceda, que otorgue una concesión al discurso del saber. Es decir, ajustarse a los parámetros para las maestrías, tomar exámenes, cumplir una cantidad de requisitos, etc. Los profesores de pregrado deben presentar un sílabo de acuerdo con ciertos parámetros, tomar exámenes, puede ser recusados si no han puesto la rúbrica.

Entonces, para estar en la universidad, para estar en el hospital, para estar en la institución educativa, para estar en la sociedad, ¿hay que aceptar -acaso, pregunto- las normas de este discurso, discurso del saber, discurso universitario, discurso del amo? Es por eso por lo que es una presencia incómoda, una presencia persecutoria, una presencia que promueve la circulación de la palabra en relación con el deseo del sujeto y el inconsciente. ¿Por qué las presentaciones clínicas con pacientes psicóticos crónicos que viven en el hospital? ¿Qué sentido tiene? ¿Por qué sostener un servicio de psicología en un hospital psiquiátrico, en una sala de pacientes psicóticos crónicos? Porque finalmente de manera explícita muchos agradecen y reconocen el valor de la palabra y la escucha ya que la mayoría de las veces nadie los escucha, nadie los oye ¿Por qué nadie los escucha? Porque están locos. Entonces, este lugar es un lugar no sin conflicto, no sin dificultad. Frente el conflicto y la dificultad, puede ser más cómodo para los psicoanalistas no estar en ninguna institución, quedarse solamente en los consultorios y las instituciones psicoanalíticas. Y me parece que eso ha sido un problema en nuestro medio, como lo vengo diciendo como hace 10 o 15 años: el hecho de que nuestras instituciones psicoanalíticas no han tenido un lugar consistente dentro de las instituciones, dentro del hospital. Puede ser muy cómodo trabajar en lo que se llama la intensión, es decir hacia adentro, y no en la extensión para no exponerse a este tipo de cosas. Es más, puede argumentarse que salir a la sociedad, dar una entrevista en la radio, escribir en una revista de suplemento del domingo nos expone a la banalización del psicoanálisis. Hemos sostenido acá el horror a la banalización del psicoanálisis como un gran argumento para no salir, para quedarnos encerrarnos. O de no,  podemos ir en dirección contraria, entrar agresivamente pateando la puerta para reformar las instituciones. Hace algunos años, cuando yo era profesor de pregrado en la PUCE, esto yo lo conté alguna vez y creyeron que era un chiste -lamentablemente no- y voy a decir. Un colega psiquiatra se acercó y me dijo: “Oye, ¿qué les pasa a tus alumnos de la PUCE? Vinieron a hacer prácticas en mi hospital, a hacer sus pasantías y de entrada ellos dijeron que no trabajan si no les damos un consultorio con diván”. ¿Eso es el psicoanálisis? ¿Eso es el psicoanálisis en la institución? Y entonces, claro, lo que mi colega decía -con justa razón- es: “¿Qué se creen? ¿Se creen psicoanalistas?”. No se trata de reformar la institución. Se trata de estar en la institución, ocupando un lugar consecuente con el discurso con el discurso, con la función. Seguramente no vamos a poder hacer dos o tres sesiones por semana con diván -nada que ver. Pero se promueve la circulación de la palabra de otra manera y eso es muy interesante e importante en las instituciones médicas, por ejemplo, porque el discurso o el método médicos inevitablemente debe enajenar, expropiar, borrar la palabra de los pacientes, del sujeto, inevitablemente tiende a hacerlo. Entonces, cuando uno es interno y escribe una historia clínica, uno escribe: “El paciente refiere que tiene un dolor desde hace 6 horas como consecuencia de ingesta grasa. Presenta dolor tipo cólico en el hipocondrio derecho que se irradia al torso y que se acompaña de náusea, vómito difuso y deposiciones diarreicas. Paciente refiere”. Mentira, el paciente no dijo eso. El paciente dijo: “Verá, ayer era cumpleaños de mi suegra. Entonces, fuimos a comprar un hornado en Sangolquí. Nos pegamos el hornado con cerveza, pero parece que algo estaba malo. Y entonces a eso de las 7 de la noche me agarró un cólico aquí en el vaso y una arcada seca…”. Eso sí dijo el paciente. Por supuesto, no se escribe eso,  pero vamos a dar lugar a la palabra del sujeto, sino también del personal de salud. El otro día en clases decíamos que -y esto ya lo descubrió Goffman hace 60 años- el personal de la institución está tan internado como los pacientes. Tienen tanta dificultad para salir como los pacientes.

Entonces, no son recetas ni fórmulas sino más bien una notas para abrir esta conversación, este intercambio.


[1] Erving Goffman. Internados. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2001, p. 13.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

@pachuko84

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