Entrevista a Éric Laurent – por Ana Lydia Santiago – 2019/04/06

ENTREVISTA A ÉRIC LAURENT 5[1]

Por Ana Lydia Santiago

2019-04-06


En la indignación, ¿la parte de real es más simbólica, más sublimadora?

En efecto, me parece que hay una tentativa de hacerlo de la indignación, el cual aparece como un sentimiento más abstracto. Uno tiene una colera hacia alguien. La indignación es más como un sentimiento experimentado como un valor delante de una suerte de espera de otro valor. La indignación es algo más impersonal. La situación de cólera se encuentra en una relación imaginaria tensa con otro. En efecto, hay siempre una parte de real, pero más sublimado, más simbólico.

Es por eso que un politólogo quiso hacer de la indignación un motor, un afecto político mayor, ofreciendo como mandato un: “¡Indígnense!”. Se trata de Stéphane Hessel, en un pequeño libro, Indígnese, escrito cuando ya era un hombre muy viejo. Ese hombre, sobreviviente de la guerra, escribió esa obra mucho más tarde como legado para la juventud. En España, sus ideas dieron origen al movimiento “Los indignados”. Vemos a “Los indignados” resonar con los movimientos del tipo Occupy Wall Street, movimientos de indignación contra los super lucros de los bancos, contra el hecho de que la crisis financiera de 2006 en los EE. UU. no dio ninguna punición en los banqueros; mientras que los individuos particulares podían ser perseguidos, desalojados de sus casas, etc. Pero ningún banquero fue perseguido y esa impunidad generó en cierto momento un sentimiento de indignación. Se dio también en Inglaterra, pero diferente de los Estados Unidos. Hubo ese mismo movimiento contra la impunidad insensata delante de las consecuencias dramáticas advenidas de los actos causados. Y esos movimientos traen un alivio.

Pero el momento de la indignación es el momento del grito, un grito delante ese Otro malo que se manifiesta y es un grito de impotencia. Y luego llega la duda de: “¿qué hacer?”. Y es por eso por lo que hay una transformación. Primero estaban “Los indignados” y luego eso se transformó en “¡Podemos!”. La cuestión es: “¿qué hacer?”. “Sí, sí, ¡podemos!”. La indignación hace lazo. Es el lazo por el grito. Es un lazo por el sentimiento de ser rechazado por el Otro. Esa indignación es también un momento de estasis, una suspensión de movimientos. Es por eso por lo que combina bien con las ocupaciones de plazas. Es decir que es un lugar localizado, es una turbación [émoi] -conforme dice Lacan- con una negativización del movimiento. La cólera puede llevar al movimiento. La indignación es más del orden de la turbación.

Y merece ser distinguida en los afectos políticos. Hay afectos que son del nivel del sujeto uno por uno como en un nivel grupal. Las experiencias políticas nos muestran de qué modo, bajo el efecto de indignación, se da un lazo social. Entonces, esas experiencias políticas nos permiten comprender cómo, de manera diferente a la serie amor-odio-ignorancia, la serie odio-cólera-indignación se apodera como afecto -en el sentido de Spinoza- del grupo, se apodera del cuerpo social como tal y se manifiesta en esas diferenciaciones precisas.


[1] Traducción de la entrevista a Éric Laurent. [En línea]: (61) ENAPOL VIDEO 05 V3 PT – YouTube. Último acceso: 2022-08-25.

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