Entrevista a Éric Laurent – por Ana Lydia Santiago – 2019/04/06

ENTREVISTA A ÉRIC LAURENT 4[1]

Por Ana Lydia Santiago

2019-04-06


“Yo te mato”: la cólera en el lenguaje performativo y como algo que no funciona.

La expresión de Lacan de que “la cólera ocurre cuando las clavijas no entran en los agujeritos” está un poco descolocada en tiempo -en relación en lo que decía a Lydia-. Es una expresión aristotélica. Es preciso que haya el sentimiento de una injusticia. Algo que no es justo. La clavija simbólica no entra en el agujero real. Algo de lo simbólico no funcionó y, por ende, hay una suerte de erección del sujeto con un sentimiento de injustica queriendo vengarse de esa injusticia. Lo que hace que pueda haber una cólera y una «santa cólera». Es una expresión en las lenguas latinas. Existe en español. Puede que exista en portugués. La santa cólera reenvía a la cólera de los dioses. Los dioses conocen la cólera, especialmente los dioses de los judíos, en toda su dimensión y su fuerza. Por eso, ellos pueden castigar. Hubo injusticia cuando el hombre se comportó de manera indigna y, por eso, Dios puede castigar. Hay en eso una punición.

Los filósofos a menudo dicen menos que los teólogos sobre lo que es la función y la justificación de la cólera. Un dios, por ejemplo, no odio forzosamente a los hombres, sino que puede estar muy colérico contra ellos. Igualmente, la cólera no se restringe forzosamente a ese punto de odio. La cólera puede apuntar al otro, pero no hasta la destrucción. Cólera y odio, si queremos abordar la violencia desde un punto de vista clínico -es decir, separador de las diferencias y no un gran magma indiferenciado-, ciertamente es importante diferenciar cólera de odio. Es por eso que es una muy buena idea haber separado en este titulo de ENAPOL “Odio, cólera, indignación” e intentar articularlos en vez de mezclarlos uno encima del otro. La cólera -con las dos referencias que se dan: injusticia y venganza contra esa injusticia, deseo de restablecimiento de un orden simbólico donde finalmente las pequeñas clavijas entrarían en los pequeños agujeros- es esa creencia.

Por otro lado, la cólera es un afecto central en la política contemporánea. Hay un filósofo y político, Sloterdijk, quien hace unos años hizo un libro interesante sobre la cólera como el gran afecto, el único afecto político, más que la pulsión de muerte. Él quería remplazar el odio por la cólera, el Thumos de preferencia al Eros y su contrario Thánatos. Y él quería diferenciarlo de la pulsión de muerte. Para nosotros, la cólera se distingue del odio. Y es todo un tema. ¿Acaso un líder populista como Trump -según la expresión de Christian Salmon- es el banco central de toda cólera o es banco central de todo odio? Sin duda los dos a la vez a condición de diferenciarlos. Sabemos que el apoyo de los blancos en los Estados Unidos fue central. Se habla de eso en los estudios políticos americanos de la White men rage, esa rabia con una dimensión de cólera impotente que, finalmente, no encuentra salida  sino en la adicción a los opiáceos -tan característica de un modo de tratamiento imposible de esa cólera que se usa sobre un imposible-. Pero gana al ser diferenciada del odio.


[1] Traducción de la entrevista a Éric Laurent. [En línea]: (61) “Eu te mato”: a cólera na linguagem performática e como algo que não funciona. – YouTube. Último acceso: 2022-08-25.

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