ENTREVISTA A ÉRIC LAURENT 2[1]
Por Ana Lydia Santiago
2019-04-06
Ana Lydia Santiago:
¿La proximidad del cuerpo del Otro puede ser caracterizada como lo más concreto que hay en el odio?
Eric Laurent:
La manera como el cuerpo se articula con el odio es justamente aquella manera en que el cuerpo se articula con el goce. Decir que el goce se inscribe en el cuerpo es decir también que el goce permanece fuera del cuerpo. Estar en el cuerpo implica justamente marcar que éste se torna una superficie de inscripción de la escritura del goce, superficie de inscripción del trauma.
Y con sus dos modalidades destacadas en el pequeño libro de Jacques-Alain Miller recientemente publicado en el que retoma su conferencia en El Salvador, El hueso de un análisis, subraya bien que ese fuera-de-cuerpo es distinto en lo que concierne a los dos sexos. Por el lado hombre, está localizado en el órgano fálico fuera-de-cuerpo; lado mujer, se sitúa en el cuerpo, pero ilimitado -un cuerpo que no hace envoltura narcisista, Otro cuerpo.
Entonces, esta pregunta de la corporización del goce con su topología éxtima en relación con el cuerpo define lo que el avance amenazador del goce del Otro cuando se aproxima demasiado. Rechazo y, al mismo tiempo, posición atópica relativamente en relación con los objetos del cuerpo. No podemos transformar los objetos de goce del Otro en los propios. Ciertamente hay procesos de mezcla. Por ejemplo, uno puede apropiarse de ciertos modos de goce del Otro y siempre con la idea -aun si logramos tomar algunos objetos del Otro- que el Otro goza de manera diferente. Del punto de vista clínico, es muy interesante aprender la diferencia del modo de goce, por ejemplo, del travesti y el transexual. El travesti hombre, quien utiliza el fetiche femenino conversando su pene, intenta hacer de su pene un fetiche. Pero utiliza los instrumentos del goce de las mujeres -sus instrumentos de fetichismo- con el sentimiento de que las mujeres gozan de una manera diferente. El transexual, a su vez, no se fetichiza necesariamente. Ciertamente, hoy hay modelos transexuales que, al contrario, gozan del fetiche femenino. Pero por su uso, por su operación sobre el órgano propiamente dicho, el transexual intenta tocar el goce del Otro propiamente dicho, busca aproximarse a ésta por ese proceso de transformación continua. Y se ve cómo cada uno hace un uso de ellos de manera diferente, de lo que piensan que es el instrumento de goce del Otro sin hacer realmente uso de ellos. Son tan extraños uno al otro como la comunidad de travestis y la comunidad de transexuales.
Del punto de vista clínico, se podría retomar ese punto. Cuando Lacan dice, por ejemplo, que del lado obsesivo no hay nada más extranjero del uno al otro que dos sujetos obsesivos. Dice, por ejemplo, las guerras de las religiones. Es interesante porque él observa que la religión compete en parte de la neurosis obsesiva, pero que tiene otra dimensión diferente que compete más de un dios real, algo más delirante. En todo caso, también podemos observar la misma cosa en la manera en que el sujeto histérico no hace comunidad. El sujeto histérico puede querer hacer existir a la mujer universal. Sin embargo, el odio del otro siempre está presente y con la sospecha de que es la Otra mujer la que goza más.
Entonces, el odio -tanto inicial como residual- es un instrumento clínico potente para captar los límites de la identificación, de un tratamiento significante del odio.
[1] Traducción de la entrevista a Éric Laurent. [En línea]: (55) ENAPOL VIDEO 02 V4 PT – YouTube. Último acceso: 2022-08-25.
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