La Histeria: Fundadora del Psicoanálisis – por Iván Sandoval Carrión – 2018-10-13

SEMINARIO: PSICOANÁLISIS Y PSIQUIATRÍA

“La histeria: fundadora del psicoanálisis”

Instituto Psiquiátrico del Sagrado Corazón, 2018-10-13

Intervención por Iván Sandoval[1]


Quiero agradecer a los presentes. En la primera ocasión contamos con la participación de la doctora Mayra Nogales, psiquiatra, psicoterapeuta quien hizo una exposición de una investigación que ha hecho sobre el trastorno conversivo en el Hospital Eugenio Espejo. Entonces, ella planteó los resultados de la investigación y además pudimos ver algunos videos que ella había filmado, en el que se daba cuenta de algunos pacientes con síntomas conversivos. Pudimos ver en uno de esos momentos un paciente joven afectado por lo que comúnmente se ha llamado “ataque histérico” conocidos desde la antigüedad por médicos estudiado científicamente hasta cierto punto por Charcot. También pudimos ver otros pacientes con trastornos conversivos en la marcha, el movimiento y de ese tipo.

El día de hoy vamos a continuar con el tema de los “trastornos conversivos”, es decir con temas relativos a la histeria. Y también vamos a proponer algunas líneas fundamentales sobre la histeria como fundadora del psicoanálisis, a revisar ciertos conceptos, a revisar la historia de los orígenes del psicoanálisis. Y avanzaremos hacia algunas consideraciones de la histeria en la etapa de Freud y Lacan, más allá de los trastornos conversivos. ¿Cómo es su relación al Otro? ¿Cómo es su goce? ¿Cómo es su posición subjetiva? Incluso nos haremos algunas preguntas sobre la histeria acá en nuestra sociedad actual ecuatoriana. Voy a hacer una exposición en la cual propondré algunas ideas de Freud, de Lacan, de Melman, entre algunos autores, algunas inferencias mías o nuevas ideas que tal vez ya las dijeron antes. No voy a detenerme en cada momento para referir la autoría de cada una de ellas y después de eso daré paso a la participación del público.

            En primer lugar, se me había ocurrido proponer algo así como una consigna, como una consigna de inicio: “Volver a la histeria. Un retorno a la histeria”; así como Lacan planteaba un retorno a Freud, y a lo mejor podríamos plantearnos también un “retorno a Lacan”.  La histeria en los orígenes del psicoanálisis y su clínica. Pero no solamente eso, la está en los orígenes, los fundamentos hasta cierto punto de la medicina, de la práctica médica, desde los orígenes de la práctica médica hasta la actualidad, es decir desde hace aproximadamente 3000 o 4000 años. La histeria ha estado inserta en el corazón mismo de la práctica médica. Y vamos a ver por qué razón.  La histeria en la actualidad sigue incrustada en el seno de la práctica médica y eso trasciende las especialidades médicas, más allá de la psiquiatría o de la neurología. Esto se sostiene hasta hoy, inclusive si el significante “histeria” ha desaparecido del vocabulario de la medicina y particularmente del vocabulario de la psiquiatría, o, por lo menos ha desparecido oficialmente. Porque hoy ocurre lo mismo que ocurría en tiempos de Freud. En tiempos de Freud, la medicina de la tradición alemana no aceptaba la relación de la histeria con la sexualidad, o al menos no oficialmente, pero los médicos sí la admitían en los corrillos, en los pasillos: “Es la cosa sexual” decían cuando veían un ataque de histeria. Eso se sostiene aún ahora. Cuando era interno rotativo y médico residente, y en los turnos de “Urgencias” llegaba una paciente con un ataque histérico, las enfermeras mayores decían entre ellas: “Esto le va a pasar o se va a curar cuando se case y cuando tenga hijos”. Es decir que esa relación entre histeria, medicina y sexualidad está establecida desde la antigüedad, aunque extraoficialmente sea aceptada y oficialmente no se acepte.

Por otra parte, la histeria en tanto discurso, en tanto sus diferentes expresiones y manifestaciones está en el lazo social, en las diferentes manifestaciones de la sociedad y de la cultura. La reunión pasada, en aquellos videos que tuvimos la oportunidad de ver, veíamos una cierta dimensión del trastorno conversivo. El trastorno conversivo sobre todo como “signo” mas no como “síntoma”. En este punto una pequeña digresión derivada de la semiología médica. En la semiología médica se distingue al signo como la manifestación objetiva de una enfermedad, es decir aquello que puede ser registrado sensorialmente por el médico: lo que se ve, lo que se puede palpar, lo que se puede escuchar. Eso es un signo. La semiología médica define el síntoma como la manifestación subjetiva de la enfermedad, es decir, aquello de lo que tenemos noticia por la palabra de los pacientes. Sin embargo, esta diferencia convencional entre lo objetivo y lo subjetivo lleva habitualmente a poner en duda el carácter de lo subjetivo. Cuando uno va donde el médico y dice: “Me duele acá”, el médico le dice: “De 1 a 10, ¿cuánto le duele?”, y entonces uno le dice: “Nueve”. Y al día siguiente después del tratamiento, uno dice: “Siete, seis”. Es ese intento médico de cuantificar aquello que es del orden de lo subjetivo.

Entonces, en la clínica médica incluyendo la psiquiátrica y la neurológica, el trastorno conversivo, es decir, esa disfunción motriz, sensorial, sensitiva, tiene un valor de signo. Es aquello que se puede ver, palpar, y a veces de una manera bastante notoria. Freud, gracias a su formación como neurólogo, le da un viraje a esto. Porque, aun Charcot, estaba apegado a esa pretensión cientificista de darle al trastorno conversivo el estatuto neurológico. Freud tenía una sólida formación como neurólogo, como neuropatólogo, como investigador. Entonces Freud, al comienzo decide, por un momento, abordar el trastorno conversivo desde la perspectiva de la neurología clínica. Así en 1893, Freud escribe un texto pequeño pero fundamental: “Algunas consideraciones con miras a una distinción entre las parálisis motrices y las parálisis histéricas”[2]. Allí, Freud establece una distinción válida hasta hoy, tan válida que inclusive los textos actuales de psiquiatría conservan esta distinción de Freud. Freud dice: “En un trastorno motriz con fundamento orgánico – por ejemplo, una parálisis o una anestesia que tenga un fundamento orgánico-, esta parálisis o este trastorno va a seguir las reglas de la inervación periférica”. Es decir que, si tenemos la lesión de un nervio, no vamos a tener una anestesia “en guante” o una parálisis “en guante”; vamos a tener una anestesia o una parálisis de los dos dedos internos y, a lo mejor, del borde del dedo medio. Porque eso está en relación con el trayecto del nervio.  Freud se da cuenta de que el trastorno conversivo no sigue las leyes de la neuroanatomía, de la neurofisiología, sino que el trastorno conversivo se construye en relación con la manera o con la imagen que el sujeto ha construido de su cuerpo y de su funcionamiento. Ese es el antecedente para establecer una distinción fundamental entre cuerpo y organismo. El organismo como aquello de lo que se ocupa la medicina, la anatomía, la fisiología, la bioquímica, etc.; el cuerpo como la imagen, la representación que el sujeto se hace acerca de sí mismo, del funcionamiento, el tamaño y la función de los órganos, etc.

Entonces, Freud propone que el trastorno conversivo es un síntoma. Un síntoma que quiere decir…pero que no alcanza a decir. Todo ese proceso de la primera clínica freudiana de la histeria y de las neurosis en general consiste en hacer hablar a la histérica, escucharla y hacer hablar al síntoma. ¿Qué es lo que ese síntoma quiere decir? A través de esto, Freud le da un carácter distinto, propio del psicoanálisis a aquello de subjetivo. Lo subjetivo deja de ser eso que ambiguo, que es dudoso, que no es científico, que no es cuantificable, y pasa a ser más bien indicativo de la condición de sujeto, del sujeto del inconsciente, del sujeto del psicoanálisis, del sujeto sujetado al significante.

En esta primera clínica freudiana, vemos también algo fundamental y por eso la consigna de “volver a la histeria”. Y es el hecho de que la histérica, hasta cierto punto, hace al psicoanálisis, hace a Freud. Si leemos los historiales clínicos de los “Estudios sobre la histeria”[3], vamos a encontrar diferentes pasajes en algunas de estas pacientes, en Emmy von N., o en Lucy, en la que la que la paciente le hace callar a Freud. Porque Freud, probablemente, en cada momento, está muy deseoso de tratar de entender o explicar o aliviar y entonces Emmy von N. le dice: “Cállese y escuche”. Freud decide hacerle caso y empieza a escuchar. En ese momento, Freud está intentando trabajar con la hipnosis en esta técnica derivada del método catártico descubierto por Breuer y entonces se encuentra con Lucy y con otras pacientes a las que no puede hipnotizar. Y entonces, decide hacer una pequeña maniobra, poner la mano sobre la frente, en algunos momentos, o sobre los ojos en otros momentos, e invitarles a decir lo primero que se le venga a la palabra. De esa manera, esas pacientes empiezan a decir cosas que al principio dicen cosas que al comienzo no parecen tener relación con el síntoma, con el trastorno, pero, poco a poco a medida que se siguen diciendo cosas, se van estableciendo estas relaciones. Es el momento de la clínica freudiana, alrededor de 1895, cuando Freud propone la teoría traumática de la histeria. Plantea la teoría del trauma de seducción a partir de la experiencia de algunas pacientes, una teoría que tiene poco tiempo de duración. Hacia 1897 más o menos, Freud renunciará a la teoría del trauma de la seducción, aquella que decía que la paciente histérica había sufrido una experiencia de seducción o abuso en su infancia a la que había reaccionado con desagrado y que había sido reprimida. Y entonces, en lugar del trauma de la seducción, Freud produce su teoría del inconsciente, con todos los conceptos fundamentales asociados, el complejo de Edipo y todos los conceptos que vienen posteriormente en la clínica y en la teoría del psicoanálisis. Y sobre todo, la teoría de la sexualidad infantil y su relación con el complejo de Edipo.

Esta idea de que la histérica, hasta cierto punto, hizo al psicoanalista, hizo a Freud es algo que nos lleva a preguntarnos sobre la actualidad de esta proposición. No solamente los médicos o los psiquiatras ya no hablan de la histeria o por lo menos no pronuncian esa palabra, sino que inclusive algunos analistas ya no hablan de la histeria y, sin embargo, están en los orígenes y fundamentos del psicoanálisis. Además, está en los fundamentos de la formación del psicoanálisis, en su propio análisis. En su propio análisis, el analista debe pasar, debe hacer un pasaje por el discurso de la histérica, y en su clínica hace un pasaje inevitablemente un pasaje por esa experiencia.

¿Cuál es la actualidad del trastorno conversivo? ¿Por qué esta pregunta? Porque en algunos espacios se oye decir que eso ya no hay, que eso ya no existe, que eso ya no se ve. En algunos casos decimos: “una histérica como las de Charcot”, o las de la primera clínica freudiana para referirnos a una paciente, a una histérica con un trastorno conversivo evidente, como una ceguera histérica, o una afasia histérica o una parálisis histérica. Entonces, ¿qué ha pasado con esos trastornos conversivos? Freud, hacia 1895, en el llamado “Manuscrito G”[4] propone el manuscrito cruciforme. Hace un esquema al que Melman[5] le da un valor topológico. ¿Qué es esto de la topología? La topología es una rama de las matemáticas, es lo que se llama la geometría de la banda elástica, la geometría de goma, la geometría de la plastilina. Es esa geometría que no se ocupa de la medida, ni de la cuantificación, sino de los espacios, de los lugares, de las estructuras, de los elementos que conforman y ocupan esos lugares y esos espacios y las relaciones que éstos guardan entre sí. La primera clínica freudiana le lleva a su autor a plantear ese esquema cruciforme del Manuscrito G[6]. Un esquema que hoy en día se consideraría obsoleto, o poco científico o nada científico pero que anticipa algunos conceptos posteriores del psicoanálisis.

Es el llamado “Esquema sexual”, así lo llamó Freud. En la parte izquierda y derecha tenemos una ϕ, que quiere decir “Psíquico”, o el espacio psíquico. Fíjense en la importancia que Freud le daba a lo psíquico, este carácter de espacio y de lugar. En la parte inferior izquierda y derecha, Freud escribía “Soma”. Esa línea horizontal es la línea del borde Psico-Soma. Freud lo proponía como una frontera, como un borde. La noción de “borde” es muy importante en la topología, y en la topología psicoanalítica actual. Y esa línea vertical era la línea que Freud llamaba “la frontera del yo”. Del lado izquierdo, los dos cuadrantes del lado izquierdo, lo interno y los dos cuadrantes del lado derecho, lo exterior. Podríamos empezar a leer este esquema desde el lado derecho. En la parte superior, tenemos el “objeto”. El objeto que está afuera y al mismo tiempo en el espacio psíquico. Esto es interesante porque en esta primera aproximación a la noción del objeto, Freud le da un estatuto a la vez psíquico y somático. Es decir, por un lado, la noción del objeto en esta primera clínica freudiana es una construcción subjetiva. Por eso es importante el “retorno a Freud” de Lacan. Debajo, en el lado derecho, tenemos lo que Freud llamaba “el objeto en posición favorable”, el objeto disponible, afuera de la frontera del yo. Es interesante esta relación porque Freud escribía el vector de arriba hacia abajo: del objeto psíquico al objeto físico, por llamarlo de alguna manera, en esa posición favorable. De esa conexión, surge un estímulo que se dirige hacia el cuadrante inferior izquierdo. El órgano, el órgano germinal, la corteza, la espina y los órganos periféricos, eso pensaba Freud en ese momento. Es decir, hay una activación de esas estructuras anatómicas, de esas estructuras del organismo. Recordemos que Freud era un neurólogo y además era un científico, tenía esa pretensión científica propia de la tradición alemana del siglo XIX. Y a partir de ahí, de ese estímulo, Freud escribe algunos términos, en esos vectores que se dirigen hacia arriba, hacia el cuadrante superior izquierdo, tales como “tensión sexual” o “voluptuosidad”. Es decir, pasan a investir determinado grupo psíquico y de vuelta hacia el objeto, conformando una circulación.

Freud propone este esquema en relación con la melancolía en primera instancia. Pero Melman actualiza el valor topológico de este esquema en relación con la histeria, en esta pregunta por esta relación entre lo psíquico y lo somático, que es un desafío para la ciencia, que es un desafío para lo que hoy se llama la “filosofía de la mente” y que plantea una cantidad de debates dentro del psicoanálisis y del psicoanálisis hacia otras disciplinas. Entonces, valdría la pena trabajar ese esquema y relacionarlo con los conceptos anteriores. En todo esto, y derivado de este esquema, en relación con la histeria vemos que en las histéricas hay una relación fundamental con su cuerpo. Subrayo esto de “las” histéricas. Habitualmente hablamos de “las” histéricas y “los” obsesivos, lo cual no quiere decir que no hay histeria masculina, por supuesto que sí la hay, pero la histeria masculina tiene una relación muy particular con la feminidad, de lo cual algo vamos a decir posteriormente.

¿Qué pasa con esta relación de las histéricas con su cuerpo? Aquí es donde la clínica o la refundación del psicoanálisis a partir de Lacan establece un avance o una reformulación de esta primera clínica freudiana, en la cual, o en el mismo Freud, ya se dio en los años posteriores de su obra una reformulación de su propia clínica. ¿A partir de qué? A partir del complejo de Edipo, el complejo de castración y la introducción de la noción y posteriormente concepto del falo en la obra freudiana. ¿Qué tiene que ver todo esto de la diferencia sexual anatomía, el falo, el complejo de castración con la histeria? Con la introducción de la noción del falo en la obra de Freud en tanto aquel órgano que no es el órgano de la micción ni de la copulación, sino el órgano de la diferencia, se plantea el complejo de castración como el complejo nuclear del Edipo y de las neurosis en general. Antes de producirse esta diferencia sexuada entre masculino y femenino, hay una diferencia previa entre fálico y castrado. La posición fálica, aquella que se siente en posesión de ese órgano; la posición castrada, aquella que se siente privada de ese órgano. A partir de esta diferencia, los complejos de Edipo y castración van a tener diferentes destinos en los hombres y en las mujeres ya en la obra de Freud.

Ahora bien, ¿cómo se conecta esto con la histeria? Aquí voy a repetir una pregunta fundamental que se plantea Charles Melman. Melman dice: La histérica se hace una pregunta, las mujeres en general se hacen una pregunta que tiene un valor especial en las histéricas, ¿dónde, en qué lugar de su cuerpo, está ese órgano que otorga su valor a las mujeres? Porque supuestamente, en los varones, es el falo imaginario, es decir el pene. Pero ¿cuál será el homólogo del pene en las mujeres? No hay un órgano que tenga supuestamente la misma equivalencia. ¿Estará en el útero, estará en la vagina, en los ovarios? ¿Dónde estará? ¿Cuál es ese órgano equivalente? ¿Estará en todo el cuerpo? ¿Será todo el cuerpo? ¿Cualquier órgano del cuerpo? ¿Eso que se desplaza de órgano en órgano como pensaban los egipcios hace 3000 años a propósito del ataque histérico? La hipótesis del útero migratorio. Entonces, ésta es una pregunta sin respuesta o por lo menos sin una respuesta científica. Esto nos conduce a esta relación antigua, casi estructural entre la histeria, las histéricas, los médicos, y la medicina. La histérica cree que el médico sabe acerca cuerpo. Él sabe del organismo, pero no sabe del cuerpo y no sabe de su cuerpo[7]. Entonces, la producción del síntoma conversivo solo al final y en raros casos llega a la consulta del psicoanalista, en primera instancia se dirige al médico a través de diferentes problemas o dolores que parecerían ser orgánicos. La histérica acude al médico con su pregunta: “¿Qué es esto que tengo? ¿Qué me pasa? ¿Por qué? ¿Cómo se llama esta enfermedad?”, etc. Y el médico responde o intenta responder con conocimiento, con conocimiento supuestamente científico. Le pone un diagnóstico, un diagnóstico médico, un diagnóstico neurológico-psiquiátrico que en ocasiones parecería bastar a la histeria y a la histérica. Escuchamos hoy en día personas que vienen a nuestra consulta derivadas por médicos, por colegas psiquiatras. Dicen: “Vengo porque tengo una depresión bipolar tipo II y un déficit de serotonina”. Vienen con ese significante que las representa, que es la respuesta del conocimiento médico. Pero, por algún motivo, los antidepresivos no son suficientes. Pero la pregunta insiste y la histérica se sostiene en la insistencia de su pregunta, y en la insatisfacción con las respuestas porque esas respuestas derivadas del conocimiento no le sirven. Entonces, se plantea esta disyunción entre ‘saber’ y ‘conocimiento’. No es un asunto de conocimiento, de información, de ciencia; es un asunto de saber, y es un asunto de saber en tanto saber del inconsciente. Finalmente, Freud se dio cuenta de que las histéricas sabían. En ellas estaba el saber acerca de la génesis, del origen, de la dinámica, del funcionamiento de su síntoma y de su trastorno conversivo.

Aunque estamos hablando de una primera clínica freudiana, de una clínica freudiana atravesada por el más allá del principio de placer, por la compulsión de repetición, en donde las curas ya no eran tan exitosas, lo fundamental de todo esto persiste hasta la actualidad. Entonces, desde esa perspectiva, podemos hablar de los viejos síntomas conversivos, de los nuevos síntomas conversivos, incluso de los síntomas conversivos culturales, propios, nuestros. Los viejos síntomas conversivos y disociativos en la semiología clásica que yo estudié en los años ‘70, todavía se hablaba de histeria, y se hablaba de histeria de conversión e histeria de disociación. La histeria de conversión estaba definida por la producción de síntomas conversivos, síntomas del cuerpo que no tenían fundamento orgánico. La histeria disociativa o el síntoma disociativo se refería a los trastornos de conciencia, incluyendo los de memoria. A la cabeza de todos ellos el clásico ataque histérico.

¿Qué actualidad tiene todo eso? Quizás hoy en día es menos frecuente y están ligados, definidos o restringidos a ciertos lugares o espacios. Cuando yo hice el internado rotativo, en la residencia en hospitales públicos, vi solamente en una ocasión el caso de una afasia histérica que se curó con narcoanálisis, instantáneamente. El psiquiatra, el profesor que tenía una experiencia en esa época, la curó con narcoanálisis. Previamente, ya había sido investigado, estudiado por los neurólogos, le habían hecho la tomografía axial computarizada, que en ese momento era el último descubrimiento, habían descartado toda causalidad orgánica y entonces y entonces era una afasia histérica. Le inyectó pentotal sódico y lo sacó hablando. Fue espectacular. En esos hospitales en los turnos de “Emergencias”, sobre todo los viernes y los sábados en la noche, recibíamos pacientes. Siempre eran mujeres con ataques histéricos. Las enfermeras murmuraban aquello que ya mencioné hace un momento y el tratamiento era diverso de acuerdo con los recursos que tenía el hospital. ¿Por qué menciono todo esto? Por un aforismo fundamental de Melman. Melman dice: “La forma de tratar la histeria es índice de una cultura”. Entonces, en el Hospital Pablo Arturo Suárez se les inyectaba suero destilado, solución fisiológica en el abdomen y automáticamente pasaba el ataque histérico. Una inyección subdérmica de suero destilado o periumbilical alrededor del abdomen es extremadamente dolorosa. Se curaban en ese momento. En el Andrade Marín, que tenía más recursos, era una inyección de 5 mg de Diazepam intramuscular. Pero finalmente era lo mismo. Los cuadros clínicos eran parecidos. Los antecedentes eran muy parecidos en muchos casos: eran mujeres jóvenes que habían tenido una discusión, frecuentemente una discusión amorosa; llegaban traídas por su pareja, la pareja un hombre joven que intentaba explicar: “Yo no le hice nada”. Entonces sabíamos de qué se trataba. Quizás hoy en día los clásicos ataques histéricos ya no se ven tanto, o siguen limitados a zonas rurales. Cuando yo hice la rural, vi en dos ocasiones. Y quizás en otros ámbitos hospitalarios, quizás en el Hospital Metropolitano, tal vez ya no se ven tanto los ataques histéricos o los trastornos conversivos; quizás los nuevos trastornos conversivos toman otras formas en la actualidad en relación con el desarrollo económico, con ciertos lugares y con las modas, por ejemplo la adicción a la cirugía estética o los llamados “trastornos de la conducta alimentaria”, o la adicción a los gimnasios, o esto que se escucha hace 20 ó 30 años, el panic attack. Es importante cómo se lo dice en inglés, el ataque de pánico. La persona de pronto siente un dolor precordial, cree que se va a morir, cree que le va a dar un infarto, que va a enloquecer, con una inmensa angustia y es conducida al hospital. Ya no tiene esas convulsiones a lo Charcot, pero está igualmente angustiada.

Y algo que yo me vengo planteando hace un año, más o menos, a raíz del trabajo clínico en relación con dos analizantes que están trabajando. Este problema médico que no estaba descrito cuando yo estudié medicina, que en mis textos de medicina de los años ’70 y ’80 no aparece. Y que recién se describe desde hace aproximadamente 20 años, la fibromialgia. La fibromialgia es un problema médico en aumento. Lo tratan los internistas, los neurólogos y sobre todo los reumatólogos. Está definido como una enfermedad. El dolor es verdadero, no se lo está imaginando. Se acompaña de insomnio, depresión, trastornos del carácter, pero lo fundamental es el dolor localizado en las articulaciones, en los tendones. Hay una cosa curiosa. La Asociación Americana de Medicina Interna ha definido los puntos dolorosos “oficiales” de la fibromialgia. Creo que son 11 ó 13. Entonces, el examen médico implica hacer una palpación de estos puntos. Son distintos lugares. Cuando yo leí esto, me pareció llamativo el hecho de que no hay una relación lógica, en el sentido de neurofisiológica, entre estos puntos dolorosos. Un punto doloroso acá en donde hay un dolor exquisito -esto de ‘exquisito’ es vocabulario médico, no quiere decir ‘rico’ sino ‘intenso’, un dolor acuciante-; no hay una lógica de relación. Sin embargo, en el examen médico se encuentran de estos pacientes se encuentran estos puntos dolorosos. ¿Cómo se trata la fibromialgia? Con antiinflamatorios, por supuesto, y con antidepresivos. Es interesante el hecho de que las casas farmacéuticas recomienden, los médicos lo asumen, tratamiento con antidepresivos de la generación anterior, los antidepresivos que ya no se usan se han vuelto a usar en relación con la fibromialgia. Ahora, no vamos a desmentir el hecho de que hay un dolor, hay un estado afectivo, etc., etc., pero, así como la histeria o el trastorno conversivo, es un diagnóstico de exclusión, es decir hay que excluir todas las otras posibilidades para arribar finalmente al diagnóstico de trastorno conversivo, de la misma manera, los textos de Neurología actuales dicen que la fibromialgia es un diagnóstico de exclusión. Los exámenes de laboratorio no revelan nada. Los exámenes de imagen no revelan nada, o los datos son muy inciertos. Entonces, cuando ya se ha descartado enfermedades de colágeno, de artritis reumatoide, etc., finalmente se sabe si es este diagnóstico de fibromialgia. Yo me planteo la pregunta para investigar, para seguir trabajando, por esta interrogación por la relación entre la fibromialgia y la histeria.

Tenemos acá una clínica propia, muy antigua, muy arraigada y nuestros propios trastornos conversivos, algunos de los cuales constan en el CIE-10. El CIE-10, la Clasificación Internacional de los Trastornos Mentales, tiene un apéndice al final que se llama ‘Trastornos culturales’, en donde se da cuenta de ciertos trastornos rarísimos que se dan en algunos lugares del planeta: en Indonesia, en la China, en el Japón, en África, los esquimales, etc. Y entonces, para toda la región andina y hasta México se habla de algo que en otras partes se llama “la colerina”, y aquí llamamos “el colerín”. La semana pasada lo volví a escuchar. No lo había escuchado en muchos años, lo volví a escuchar en la consulta. Una señora descubre que su esposo le es infiel y le da un ataque de colerín grave. Es importante la etimología del colerín. El colerín se caracteriza por ira, angustia, enojo, un ataque de rabia, mucha angustia, y habitualmente se acompaña de trastornos gastrointestinales, una diarrea tenaz. Entonces, el colerín o la colerina viene, desde hace siglos, de esa relación entre el colerín y el cólera. La infección del cólera. Y, por otra parte, la cólera como enojo, sobre todo la cólera como enojo. Hemos escuchado hablar de todo esto. Entonces, una persona que a ‘Emergencias’ del Hospital Eugenio Espejo va con colerín. Pero si va al Metropolitano no va a decir que tiene colerín, va a decir que tiene ‘gastroenteritis’. Fíjense como muchas veces los trastornos conversivos están atravesados por esas variables socioeconómicas, culturales, y finalmente lenguajeras.

Otro que es un clásico nuestro muy importante y todavía vigente es el famoso “desate de nervios”, que todavía se escucha asimismo en ciertos espacios. Viene a ser un episodio de angustia, de mucha preocupación, en algunos casos análogo a lo que los textos actuales de Psiquiatría describen como un ataque de pánico, como un panic attack. Es muy rico este término. Es esta idea imaginaria, esta representación de que los nervios están atados, están contenidos, están en su lugar y en determinado momento se desatan.

Ese apéndice del CIE-10 también describe “el espanto”, el espanto como una categoría que se encuentra en los países de habla andina hasta México. Pero hay una particularidad. En nuestro medio el espanto está limitado a los niños. No se habla del espanto en los adultos. En otros países, en otras culturas de habla hispana, en otros medios de habla hispana, el espanto también puede acometer a los adultos. Alguna vez nos hemos preguntado. La famosa “alferecía”, ¿qué tiene que ver con la histeria? Los médicos, los pediatras le dan un término significante más fino: espasmo del sollozo, apnea del sollozo. Nosotros la llamamos alferecía. ¿Cómo interpretaban las abuelas la causa de la alferecía y el tratamiento? “Guagua mimado, no le hagan caso”, porque los padres se angustian mucho. Efectivamente, el niño deja de respirar, sufre apneas durante unos segundos, etc., “No le hagan caso. Déjenlo ahí”. Me pregunto, ¿hay alferecías adultas?

¿Qué permanece de todo esto a través de los años, a través de las diferentes sociedades y culturas? Esta particular relación de las histéricas y los histéricos con el cuerpo femenino a través de esta pregunta fundamental: ¿Cuál es el órgano o dónde está el órgano que otorga su valor análogo al valor fálico en las mujeres? ¿Tal o cual? ¿Todo el cuerpo? Lo cual concluye en este aforismo, en este principio lacaniano: “No hay relación sexual”. Por supuesto que hay coito. Pero ¿qué quiere decir “No hay relación sexual”? Quiere decir que no hay las medias naranjas, no hay la complementariedad, no hay esta relación de equivalencia entre los hombres y las mujeres, a partir del hecho de que hay un solo significante para ambos sexos, el falo simbólico. Tenerlo o no tenerlo. Entonces, es esta relación mediada por un solo significante que marca dos posiciones distintas, masculina y femenina. Es lo que quiere decir “No hay relación sexual”.

Entonces, ¿qué pasa en el caso de la histeria y de las histéricas? Allí tendríamos que distinguir entre la histeria como discurso vs la histeria clínica, la neurosis, que es una distinción fundamental. ¿Qué pasa con la histeria en tanto cuadro clínico con esa producción sintomática? Ocurre que, como dice Melman, la histérica hace “como si” asumiera la privación, la castración simbólica. Hace un “como si”. Instaura a alguien, un hombre, en el lugar del amo y lo sostiene en ese lugar para que le provea, pero al mismo tiempo ella sabe de la inconsistencia del amo, ella sabe que el amo está en falta. Entonces, se establece una relación ambivalente. Por un lado, de demanda, idealización, demanda entendida como demanda amorosa, demanda de restitución de esa privación, y al mismo tiempo insatisfacción. Insatisfacción en todo lo que le amo puede darle, insatisfacción con sus respuestas. El médico en tanto amo es depuesto de ese lugar. El amo es depuesto y entonces se dirigirá a buscar otro amo. ¿Cómo se traduce esto? Esto se traduce en la producción del síntoma: trastorno conversivo, trastorno disociativo, etc.

He escrito ahí los cuatro discursos de Lacan[8].

Ahí arriba a la izquierda el discurso del amo, abajo a la izquierda el discurso universitario, arriba a la derecha el discurso de la histérica, y abajo a la derecha el discurso del analista.  Esos cuatro términos que rotan en sentido horario. Y esas relaciones diagonales de revés: el discurso del analista en las antípodas, o en el envés del discurso del amo; y el discurso de la histérica en el envés del discurso de la universidad. Esto va a tener muchas implicaciones en lo que tiene que ver con la histeria en su relación con lo social, unido a lo anterior, a esta particularidad, insatisfacción con el amo y, por otro lado, esta forma muy particular de preservar su deseo como deseo insatisfecho. Ahora bien, hemos hablado del síntoma en tanto clínico, en esa connotación clínica clásica, conversiva, pero Lacan nos introduce, a través del Más allá del principio del placer[9], a través del planteamiento de los cuatro discursos, de su concepción topológica y estructural, de la topología de los nudos, en otra dimensión del síntoma: el síntoma como hecho de estructura, como aquello que anuda, que sostiene. Entonces, quizás cuando hablamos de la histeria en tanto clínica y en tanto trastorno conversivo, hablamos de cierto tipo de síntomas que sostienen de alguna manera, vs otro tipo de síntomas que sostienen, pero a lo mejor, de otra manera. Por ejemplo, la elección de pareja. El hombre estrago de la mujer, y la mujer síntoma del hombre. La mujer como aquello que sostiene, anuda a los hombres. Y los hombres como eso que tiene que ver con el padecimiento de las mujeres.  Allí es donde volvemos a esto que dice Melman, esta posición del “como si”, “como si” se aceptara la castración simbólica, es una posición sufrida. Encarna un discurso del sufrimiento, del padecimiento. Ayer en el grupo de los viernes[10], hablábamos de estas cosas. Este discurso de “los hombres son terribles, son crueles, son malos, son decepcionantes, etc.” y el sufrimiento de las mujeres. Esta aceptación “como si” de la castración simbólica en esta posición de sacrificio como una protesta larvada, como una protesta tenaz.

Entonces, ¿habrá otras maneras de hacer síntoma? ¿Por ejemplo, elegir tal o cual carrera, elegir una actividad? Debe haber otros síntomas que no sean un ataque histérico, o una afasia histérica. De ahí, Melman plantea esta pregunta: ¿se puede salir del síntoma? Y si el síntoma conversivo, cardinal dentro de la histeria invita a Melman a decir que: “La forma de tratar a la histeria es índice de una cultura”, dejo planteada la pregunta: ¿cómo se trata? ¿Cómo tratamos a las histéricas en nuestra cultura, en nuestro medio, en el Ecuador? ¿Qué hacemos acá? Bueno, voy a dejarlo ahí.


[1] Iván Sandoval es médico, psiquiatra, psicoanalista, AE de la Asociación Lacaniana Internacional, miembro de la Escuela a..b..c..dario Freud↔Lacan y coordinador del Seminario “Psicoanálisis y Psiquiatría”.

[2] Freud, Sigmund. “Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas”, in Obras Completas, tomo I. Buenos Aires: Amorrortu, 1992, pp. 191-210.

[3] Freud, Sigmund. “Estudios sobre la histeria”, in Obras completas, tomo II. Buenos Aires: Amorrortu, 2002.

[4] Freud, Sigmund. “Manuscrito G”, in Obras completas, tomo I. Buenos Aires: Amorrortu, 1992, pp. 239-245.

[5] Charles Melman es un psicoanalista miembro de la Asociación Lacaniana Internacional, antiguo alumno de Jacques Lacan.

[6] Cfr. Freud, Sigmund. “Manuscrito G”, in Obras Completas, tomo I. Buenos Aires: Amorrortu, 2014.

[7] Del cuerpo en la histérica.

[8] Cfr. Lacan, Jacques. El Seminario, libro XVII, El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 2012.

[9] Cfr. Freud, Sigmund. “Más allá del principio del placer”, in Obras Completas, tomo XVIII. Buenos Aires: Amorrortu, 2012.

[10] Grupo de lectura “Para una topológica del psicoanálisis” de la Escuela a..b..c..dario Freud↔Lacan que mantiene reuniones de trabajo cada viernes.

Publicado por Psicoanálisis Lacaniano

@pachuko84

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