A PROPÓSITO DE “LA PSICOSIS ORDINARIA” DE D. AVDELIDI
Por Jean-Claude Maleval
2016-06-05
La psicosis ordinaria es una entidad clínica reciente. Todavía no ha cumplido los veinte años. Además, su estatuto es original: Dossia Avdelidi, en su libro La psychose ordinaire, La forclusion du Nom-du-Père dans le dernier enseignement de Lacan, que acaba de ser publicado por las Presses Universitaires de Rennes, subraya con razón que no constituye un concepto real porque este término, como J.-A. Miller, su inventor, no tiene una «definición rígida».[1] Sería bastante inútil tratar de distinguirla de la psicosis desencadenada: los límites entre las dos son a menudo inciertos. Solo se deben a grados de intensidad de los signos clínicos. Las indicaciones dadas por Lacan sobre Joyce, su falta de porte fálico, su tendencia al desprendimiento del cuerpo, sus epifanías, su deseo de ser artista para evitar la resignación paterna, su escritura puesta al servicio de una recuperación del yo, constituyen importantes aportaciones a la clínica de la psicosis ordinaria.
D. Avdelidi señala que los conceptos de forclusión generalizada y psicosis ordinaria, introducidos por J.-A. Miller, parecen borrar un poco la diferencia tajante entre neurosis y psicosis. La primera formalización lacaniana es discontinuista y categórica; mientras que la segunda es borromea, continuista, elástica. Sin embargo, Advdelidi no cae en la trampa frecuentemente encontrada de oponerse radicalmente a estos dos enfoques. Demuestra muy bien que la clínica borromea es continuista sólo en ciertos aspectos. La continuidad en cuestión no es la que sugiere posibles transiciones de la neurosis a la psicosis y viceversa. Sólo hay continuidad sobre la base de la forclusión generalizada, que es común a todo parlêtre.
Se pueden distinguir tres posiciones subjetivas diferenciadas según la naturaleza del anudamiento de los elementos estructurales. El anudado borromeo resulta ser específico de la neurosis. El anudado no borromeo provocado por el reacoplamiento del yo de Joyce proporciona un modelo importante para la aprehensión de la psicosis ordinaria; mientras que la independencia de los elementos de la cadena caracteriza para Lacan ciertas psicosis desencadenadas.
Sin embargo, una tesis continuista radical es a veces sostenida. Se apoya en la importancia dada al sinthome en la última enseñanza para considerar que éste, al poner en primer plano el modo de goce en su singularidad, al eliminarlo de las categorías, borraría «los límites del síntoma y de la fantasma, de la neurosis y de la psicosis». En 1997, durante la conversación de Arcachon, J.-A. Miller considera que hay indudablemente «una gradación dentro del gran capítulo de la psicosis», pero rechaza cualquier gradación entre neurosis y psicosis. Pone el acento en la existencia de un punto de capitón tanto en uno como en el otro. En el caso de la neurosis, «el punto de capitón es el Nombre-del-Padre; en el otro, dice J.-A. Miller es algo diferente que el Nombre-del-Padre. Es menos una continuidad que una homología, si puedo decirlo a grandes rasgos usando un término matemático. Sin embargo, podemos ver que la estructura de la capitonado no-NP es más compleja que la primera. Lacan trató de representárnoslo por el nudo. Como resultado, el capitonado NP a veces aparece como una simplificación del otro, un caso particular. En este sentido, podemos hablar de la neurosis como un subconjunto de la psicosis, con fines mayormente irónicos. Esto es lo que llevó a Lacan a decir: «todo el mundo delira».[2]
De esta generalización del delirio, algunos pasan a veces a una generalización de la psicosis, que borra toda distinción clínica, en favor de la singularidad del caso, con el fin de promover un enfoque continuista radical. Sin embargo, hay que subrayar que existe una clínica de la forclusión restringida, la del Nombre-del-Padre, mientras que no existe una clínica de la forclusión generalizada, que no se basa sino en la existencia misma del parlêtre. Todo parlêtre según Lacan es delirante, por la ausencia de garantía de lo que enuncia; pero todo parlêtre no es psicótico. La noción misma de psicosis ordinaria es indisociable de una clínica discontinuista, ya que cada uno está de acuerdo en considerar que se basa esencialmente en los signos discretos de la forclusión del Nombre-del-Padre. Cortarla de la forclusión restringida sería vaciarla de su sustancia.
D. Avdelidi constata que la especificidad de la psicosis ordinaria es difícil de comprender. ¿Es la presencia de fenómenos elementales lo que la caracteriza? Si nos referimos a una acepción restringida del fenómeno elemental, considerando que manifiesta el estado original del sujeto a lalengua, entonces no podemos aprehender la psicosis ordinaria a partir del fenómeno elemental. Al contrario, si nos damos una definición amplia de este último, es decir, todo lo que manifiesta un defecto en el anudamiento borromeo, entonces la presencia de fenómenos elementales es una condición necesaria para identificar la psicosis ordinaria. «Para demostrar que el Nombre-del-Padre no es otra cosa que este nudo», indica Lacan, «no hay otro modo de hacerlo que suponer que los círculos se han desatado».[3]
Si en la neurosis tenemos un anudamiento sólido y estable, en cambio, la psicosis ordinaria se caracteriza por testimoniar otras modalidades de anudamiento: o bien es original y no borromeo (producido por un sinthome o por una sobreidentificación), o bien es precaria y movediza (funcionamiento como si, alternancia de compensaciones y descompensaciones, etc.) o bien tiende a deshacerse (errancia, empobrecimiento, etc.). Esto nos lleva a subrayar una vez más que la psicosis ordinaria no es una categoría clínica homogénea, su campo no puede definirse con precisión, pero difiere de la exuberante clínica de la psicosis extraordinaria.
*Maleval J.-C., À propos de «La psychose ordinaire» de D. Avdelidi – L’HEBDO-BLOG
[1] Miller J.-A., « Effet retour sur la psychose ordinaire », Quarto. Revista de psicoanálisis publicada en Bruselas, #94-95, 2009, p. 41.
[2] Miller J.-A., « La conversation d’Arcachon », op. cit., p. 257.
[3] Lacan J., El Seminario, libro XXII, R.S.I., lección del 11 de marzo de 1975. Inédito.

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