Homenaje al Dr. Pedro Oyervide Crespo – por Guillermo García Wong – 2004/11/11

HOMENAJE AL DOCTOR PEDRO OYERVIDE CRESPO

Por Guillermo García Wong

2004-11-11


Hay hombres que por su pensamiento y sus actos son grandes, gigantes, otros son pequeños y hasta los hallamos enanos y menesterosos.

Unos y otros, todos cesamos, finalizamos en algún momento, en el de concluir.  El frágil organismo paulatina o abruptamente se derrumba; nada más queda y nos disolvemos, desaparece esa ilusión de homogénea unicidad.

Lo que rebasa ese hecho límite, que impostergable nos espera en algún lugar, es la obra de cada cual.  No somos uno en sí mismo, sino por el lazo que nos une; cada cual por el Otro y gracias a ese lugar: los lazos son los discursos y la gran banda que conforman es el lenguaje.

Con el término de la biología cae la ilusoria identidad de la cual el Yo es el estandarte, no hay más allá para la precaria cosa que piensa y habla.  Eso nos acontecerá a todos, eso le aconteció el 8 de agosto a Pedro Oyervide Crespo.

Su recorrido por la vida, él hizo invenir a su palabra en obra, obra clínica, obra teórica, obra institucional, obra poética, en obra humana. 

Es que de la obra de este hombre se entiende estrictamente en referencia al campo del psicoanálisis como saber, lugar de práctica y espacio de ética que inventó Freud y fundamentó Lacan. 

El acto de su habla se realizó y extendió sus consecuencias en las funciones de analista, maestro, fundador institucional y, poeta, maître de la langue. Prueba de que es lícito y posible intentar estas distintas dimensiones del trabajo del lenguaje en psicoanálisis, es la labor de Pedro Oyervide: por sus frutos los conoceréis, solía citar.  Sus frutos se testimonian aquí, el mundo de la academia, el del diván, los carteles, la Escuela Freudiana del Ecuador y otras instituciones analíticas que divergieron de sus conceptos, los efectos sobre otros: allegados, hijos, familiares.  

Cosechas que no se circunscriben a la institución EFE y no siempre acordes a las posiciones argüidas por el Doctor Oyervide: algunas de sus proposiciones fueron oídas y leídas de manera divergente y opuesta a la suya, lo que generó la conformación de otras instituciones analíticas en tanto algunos colegas discreparon con determinados conceptos o planteamientos.    

Pedro Oyervide enrumbó sus fuerzas tanto hacia los caminos del saber como a los de la poesía. Hace unos años, afirmó que era un poeta que en sus ratos libres ejercía de psicoanalista; del valor de su verso también hay testigos, Filoteo Samaniego, Alfonso Barrera, la Alianza Francesa y muchos otros lo podemos afirmar.

Él no es más, su voz calló para siempre y solo el silencio eterno responderá desde el lugar en que se batió hasta el último por y para el Psicoanálisis. Una vida dedicada al psicoanálisis.  

Pasión por el saber, su dominio de la Metafísica, de los rincones de Platón y de Aristóteles, de las raíces de la cultura y de las raíces de la savia; de paseos por las matemáticas, incursiones a la Lógica, asaltos a la filosofía medieval, renacentista, de la época, moderna o contemporánea; vertiginosas carreras en los campos de la literatura o alusiones al feraz perfume de los huertos.  

Pedro Oyervide falleció, él cesó; no volveremos a ver sus delgados pasos y austeras maneras. Su obra lo rebasa. Él ya no es, aun así, sus palabras y actos resuenan allende su propia voz o su física presencia. Su obra ha estado en sus palabras, no en un flatus vocci cualquiera y común, sino en la palabra verosímil y justa, la que medio dice la verdad: con mucha frecuencia la entonaba amablemente, y no fue raro que también fustigase con la sonoridad del significante o con la implacable lógica de sus argumentos; ahí nos hallamos ante su letra.

Su letra tomó cuerpo en el flujo armónico de su refinada poesía; en algunas de sus estrofas, quizás en las más personales, se desbordan los más simples elementos de la cotidiana vida material –a mí, me evocan desde Whitman a Yourcenar, pasando por ciertas metáforas de la Tierra en que residió Neruda- aludidos por medio de las figuras más precisas y frescas, aludidos por medio del acertado recurso a la metonimia o a la sinécdoque.   

Sin embargo, la mayoría de sus poemas –al menos los que conocemos- llevan el rasgo confeso de un Borges, quizás también otros no mencionados por el propio autor como las raíces de un Góngora o la maestría de un Darío: allí, la satisfacción del ritmo y de las sombras que el significante proyecta en el llamado paradigma -es mi impresión al leer un soneto tan bien logrado como la Pantera.  

Algunos de su poemas -en los que Borges retorna junto a san Juan de La Cruz, para refutarlo-, llevan el sello de la profunda reflexión del humano en su circunstancia; ello, inclusive ante la inminencia de su muerte: de la genealogía de Sócrates o Epicuro, y más recientemente, de Freud, Pedro Oyervide pertenece a aquellos humanos que no pidieron cuartel, murieron haciendo lo que habían escogido.  Por esto, dichos poemas son filosofía cantada en lírica: maestría de la lengua, maestría del pensamiento; otra faceta de la ética del bien decir.  Estos poemas me evocan reminiscencias que atraviesan épocas y mares: desde las remotas analectas de Chuang Chou, hasta las contemporáneas preocupaciones de un Heidegger.  

Para Pedro Oyervide, que no fue pintor o escultor, la poesía fue su vía regia para tallar su sección áurea, el número de oro se cifró con él bajo la forma de verso.

He aquí que aparece la otra faceta de su letra; la teoría fue la que le tomó más tiempo.  Su obra escrita es numerosísima y está desperdigada en decenas de artículos y traducciones que delinean el derrotero de su viaje por el mundo del psicoanálisis y del inconsciente.  

En sus últimos textos, urgido posiblemente por la brevedad del tiempo, su estilo se tornó directo, económico, extremadamente preciso y contundente.  Sus dos últimos escritos son “Clínica Analítica” e “Invariantes de la cura psicoanalítica”, en los que trae la novedad de la estructura trabajada sobre la propia teoría y práctica del psicoanálisis.  

Las “Invariantes” es la ponencia que, luego de discutida, fue presentada por EFE en el III Congreso Mundial de Convergencia en Río de Janeiro.  En ambos textos destaca la estructura hipotética y contingente tanto del inconsciente, del sujeto, como de la propia teoría analítica, sistemas o subsistemas abiertos e incompletos movidos cada cual por efecto de un vacío creador; falta signada por el cuantificador existencial modificado de “no toda la verdad se puede decir”, una negación que establece una forma del funcionamiento mental y lingüístico humano.   

Esta prosa se desafía permanentemente a sí misma y a otros textos del propio doctor Oyervide, los pone a prueba, se sistematiza y constriñe hasta alcanzar altísimas y claras densidades epistemológicas.   

Paralelamente, su obrar también incursionó de manera esencial en las instituciones, agrupaciones humanas que desbordan la simple aglomeración –el grupo es la mentira, cuentan que dijo el doctor Oyervide al abrir su primera clase en Filosofía- y que se remiten a la construcción al cobijo de la Ley del lenguaje que está más allá de las voluntades.  Prueba y fruto vivo es la Escuela Freudiana del Ecuador y la propia existencia de otras instituciones, que bajo diferentes estilos y con otros también trabajan el psicoanálisis en nuestro país.

En su siempre cuidadosa labor, Pedro Oyervide, mostró el encadenamiento borromeo de tres eslabones que se hallan inextricablemente enlazados: la ética –la posición de sujeto ante la verdad-, la teoría –el saber- y la técnica –el saber hacer.  

Su riguroso ejercicio como clínico tuvo el correlato tanto en la filosa lógica de sus discursos y sus textos acerca del saber del psicoanálisis, de la ciencia y de la filosofía, como en la dirección institucional que ejerció en EFE en la que alternaba diestra y adecuadamente la intervención directa y frontal con los momentos de alejamiento que nos obligaron a que los otros miembros de esta Escuela la hagamos sostenerse y crecer.

He ahí la materialización del nudo borromeo en el que se conjugan la ética, la teoría y la técnica desde y por el psicoanálisis.  Su ejercicio como analista, maestro y fundador institucional son el ejemplo y síntesis de este aserto: no solo probó con el trabajo de toda una vida que es posible combinar estas funciones, probó que en circunstancias como las suyas y en el entorno tal y como él lo halló, la decisión de desempeñarlas era de necesidad lógica y no un mero arbitrio personal. 

Su primera gran valía al respecto fue su coraje para no huir ante el desafío de ser el único analista afincado en esos años en Ecuador, de realizar docencia en medios universitarios y externos al alma mater en los que no se conocía seriamente el psicoanálisis y el de hallarse ante la ausencia de instituciones analíticas y, es más, ante la imposibilidad momentánea de constituirlas, pues no había sujetos para que las edifiquen.

Al inicio, durante varios años, se tuvo que batir como el único analista en el medio, pero él mismo recalcaba que esta soledad no equivalía a que estuviese solo; había otros, otros analistas en otros lugares y países, pero en contacto e intercambio, y también porque había otros que optamos por el transitar por el mismo camino que él eligió, el del psicoanálisis; inclusive a algunos el correr de sus formaciones del inconsciente los ha llevado a autorizarse para funcionar en el lugar del analista.

La preparación conceptual y la formación de analistas fueron labores que Pedro Oyervide supo encauzar y poner por delante como condiciones necesarias para el establecimiento de una institución psicoanalítica.   

Una escuela de psicoanálisis no solo se constituye de analistas, pero no lo hace sin ellos o ellas.  Un analista no nace por decreto ni por titulación o garantías de escuelas o universidades.  Un analista se autoriza solamente de su propio análisis y requiere del indispensable soporte y acicate intelectual de la universidad, de la academia; la institución psicoanalítica aporta mucho de la condición suficiente para el cumplimiento de este propósito, para ello implementa grupos de estudio, carteles, espacios clínicos, seminarios y cualquier otra herramienta que sirva a tal fin.  

El doctor Oyervide tuvo el valor, la sapiencia, la paciencia y, a veces, el soplo de la impaciencia, para construir todo el andamiaje descrito.  Cuando él regresó a Ecuador, aquí se aludía a Freud, se desconocía a Lacan y, lo cierto, es que no existía el psicoanálisis.  El psicoanálisis hoy, en nuestro país, es en gran parte, efecto de su obra.  Alguien interrogaba una vez, y ¿qué ha aportado Pedro Oyervide al psicoanálisis?  He aquí la respuesta.

Lo descrito es el valor de la función que Pedro Oyervide cumplió en relación con el psicoanálisis: fundador de EFE, no solo sino con otros en el après-coup del acto instituyente; como maestro del seminario y de todos los cursos y espacios que abrió; de creador en el campo de la teoría y la poesía; de analista.  En todos ellos, hizo valer la ética del bien decir, actos que son formas de hacer que opere la función paterna: poner la negación para que dé frutos, hacerla creadora.  

Por ello es por lo que el doctor intervenía con la palabra justa, el medio preciso para provocar un cortocircuito en el pensamiento de su interlocutor –vieja mayéutica socrática con la que se reinventa el psicoanálisis-; palabra, a veces sutil, a veces irónica o dura y áspera, siempre impactante y hasta desconcertante, siempre precisa: a gusto de sus interlocutores en muchas oportunidades y a disgusto en otras. 

Hay hijos, trabajos, instituciones, ensayos, poemas, que testimonian el denodado y vital esfuerzo de Pedro Oyervide.

En particular hay vidas, hijos, cónyuges, trabajos, analizantes, gente e instituciones, obras que hacen patente su deseo de analista, de hacer que el psicoanálisis perdure más allá de él mismo, y no de cualquier manera. 

Estos es lo que Pedro Oyervide describió como una vida para el psicoanálisis, sus analizantes, -inclusive nuestros hijos- sus alumnos, quienes hacemos EFE lo podemos atestiguar.   

Estos y tantos otros son sus frutos; por sus frutos los conoceréis y por sus frutos lo conocimos.

Hay hombres grandes por su vida, su palabra, sus actos y su obra; de la estirpe de Freud, de Lacan y tantos otros, Pedro Oyervide Crespo ha sido analista, una prueba de ello es nuestra palabra.  El deseo de que haya análisis se mantiene gracias a su labor, a la Ética ante su deseo, a la sabiduría que alcanzó; ahora nos corresponde a cada uno decidir qué hacer con ello y construir en consecuencia.

Pasión por el saber, amor a la verdad –a esa que medio es; hacer valer la verdad del decir, y, por ende, el deseo de analista, hacer perdurar al psicoanálisis; por todo ello, Pedro Oyervide Crespo o el valor de la función. 

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