SIGNOS MINIMALISTAS SINGULARES

Por Laura Valcarce

Presentación durante el XI Congreso de la AMP en Barcelona,

el 02 de abril del 2018


El título de esta plenaria compuesto por sus sintagmas “Signos discretos” y “Deseo del analista” concentra el título del Congreso: “Las psicosis ordinarias y las otras, bajo transferencia”. El deseo del analista orientado a alcanzar la máxima singularidad crea disposiciones de posibilidad para la lectura de los signos discretos que se hacen presentes en el decir de un ser hablante.

Las psicosis ordinarias y las otras

          Si bien al principio del siglo XX, Freud criticaba el psicoanálisis para el tratamiento de la psicosis, no dejó de interesarse en ella produciendo desarrollos teóricos que marcaron el camino. El encuentro con las Memorias de Schreber y el intercambio con los psiquiatras de la Escuela Suiza, en el marco de la introducción del narcisismo en el psicoanálisis y el esfuerzo por hacer la teoría de la libido aplicada a la demencia precoz de Breuer, da cuenta de la interrogación freudiana por las psicosis dejándose enseñar por ella.

          Lacan, en su retorno a Freud, y reconociendo a de Clérambault como maestro, marca las coordenadas de no retroceder antes las psicosis. Veinte años más tarde, la apertura de la sección clínica nos recuerda que la psicosis es aquello ante lo cual el analista en ningún caso debe retroceder, como afirma en la conversación de una cuestión preliminar. Más allá de las elaboraciones teóricas a lo largo de su enseñanza, su posición por Aimée en los años ’30 y la dimensión que le daba a su discurso no difería de lo que había hecho después con los pacientes que entrevistaba en la presentación de enfermos en los años ’70. Dejarse enseñar por lo que las psicosis enseñan.

          Hoy, en esta época, ¿cómo abordamos las psicosis? La clínica continuista de tonalidades cromáticas apuesta a la localización de modos singulares de arreglárselas con el goce. La triple externalidad que desarrolla Miller en su texto “Efecto retorno sobre las psicosis ordinarias” permite orientarse en la búsqueda de los pequeños índices que nos dan las pistas del desorden en la “juntura más íntima del sentimiento de la vida”. Signos discretos de la construcción que camufla en sus colores en el discurso común de la época resultando inadvertidos para el Otro social. Pequeños índices elevados a la dignidad de signos discretos cuando vemos allí una tonalidad especial. Nuestra clínica, sostenida por el deseo del analista, exige dar cuenta de lo que nuestra práctica tiene de azarosa y por lo que abiertos a la contingencia nos dejamos enseñar.

Signos singulares y signos discretos

          R., hijo ilegítimo de un padre poderoso, viene a hablarme a partir de haber experimentado en el trabajo un ataque de pánico y una leve sensación de molestia localizada en el lado derecho de su cabeza. En su actividad laboral vinculada al uso de la voz, no deja de tomar fotografías intentando captar con la cámara diversas escenas de su vida profesional. La creciente oferta del mercado y la rapidez en la aparición de modelos de alta definición lo conducen a un empuje desenfrenado por adquirir la última cámara fotográfica, auricular y micrófono último modelo que le permitirían captar una imagen o escuchar un sonido en su máxima perfección.

          Cámaras que le posibilitan, como dice él: “Una visión más amplia”, y lo confronta frente a una proliferación de imágenes que hace circular en las redes sociales y que le producen una sensación de vacío y malestar, perdiendo la concentración en la actividad que realiza ante el exceso de ventanas abiertas. Multiplicación de la mirada ante la no-extracción del objeto a, intento de realizar la voz y la mirada en la infinitud de micrófonos y cámaras que lo enfrentan a la infinitización. El uso de anteojos, debido a la falta de nitidez para leer, fue experimentado por R. con una sutil sensación de extrañeza con respecto de su cuerpo, manifestando que en esos momentos se sentía un poco raro, “como un astronauta”. La elección de los anteojos con un aumento mayor al que necesitaba, con el propósito de ver más, daba cuenta del desajuste que se hacía presente. El avance de la tecnología consolida la idea de que podría verlo todo y en esa búsqueda ilimitada se incrementan sus deudas para adquirir los productos que le depararían esa buscada satisfacción.

          El deseo del analista permite una lectura que no se dirige al discurso común, sino que apunta a captar la singularidad de esos signos discretos que pasan desapercibidos y se amalgaman al empuje del consumo que propicia el mercado. Una intervención posibilita cierta detención. “No se trata de alteración, las cosas tienen su medida”. Para que el orden, significante que otorgaba una regulación, cada cosa debía tener su tamaño. La perspectiva del orden y la operación de reducción acotaron algunos excesos localizando la emergencia del micro-desorden.

          Una tarde ocurre una contingencia del ingreso de la pequeña mascota del analista en la sesión. Conmovido por el llanto del pequeño cachorro que se escuchaba, se produce un efecto de identificación ante la presencia del animal que saltaba en ese momento delante de él. Interesándose en sus características y sus hábitos manifiesta su especial gusto por esa raza.

          La siguiente sesión me cuenta acerca de un documental sobre el minimalismo que lo dejó impactado. Relata la escena que inicia el video dando cuenta de la compra desenfrenada de la sociedad actual, la voracidad y de una multitud de personas que se abalanzan sobre una multitud de productos tecnológicos en cuanto el local comienza a abrir sus puertas. Los empujones por ingresar más rápido dan cuenta de cierta locura e impide que lo ayude puntualmente con ese límite.

Mi interés en el minimalismo

          La presencia del pequeño animal y el comentario sobre el video marcan las coordenadas para la elección del significante “minimalista” que retoma la orientación del orden que incluye el goce. Compras minimalistas que comienzan a reducirse a un objeto.

Minimalista en la lengua de la transferencia

          En la apertura de la sección clínica, Lacan afirma: “En el diccionario hay un cierto número de palabras, pero que no alcanzan a dar cuenta del uso de la lengua”. No se trata de sentido ni de significación. Si bien “minimalista” evoca lo esencial, eliminando lo superfluo, como podría indicar una de las acepciones de la lengua española, el significante “minimalista” porta la malla del encuentro con lo contingente anudando lo vivo de una satisfacción. Una contingencia bajo transferencia que permite localizar una satisfacción que lo enlaza la Otro. A partir de allí, en cada sesión, hay un comentario sobre la pequeña mascota que tenía su lugar. R. me enseña sobre su singular tratamiento del goce con los signos y las soluciones discretas en las que leemos la marca de lo ordinario. Un tiempo después, agradecido por el trabajo realizado, manifiesta su interés en finalizar el tratamiento. En la última sesión, me trae un regalo: una chalina cuyo delicado estampado pone de relevancia la tonalidad cromática del diseño.