NOTA SOBRE EL PADRE

Por Jacques Lacan

1968-10-12


Siempre es asombroso ver en Freud el polimorfismo de lo que concierne esa relación al padre[1]. Todo el mundo parece decir que el mito de Edipo se da por hecho; yo, pido evidencias.

Allí, la neurosis demoníaca es muy importante. La posesión en el siglo XVII tiene que comprenderse en un cierto contexto que concierne al padre que toca las estructuras más profundas. Pero la pregunta que nos plantea es saber dónde está ahora esa cosa.

Creo que, en nuestra época, la huella, la cicatriz de la evaporación del padre, es lo que podríamos poner bajo la rúbrica y el título general de la segregación.

Nosotros creemos que el universalismo, la comunicación de nuestra civilización homogeniza las relaciones entre los hombres. Yo pienso que, al contrario, lo que caracteriza a nuestro siglo, y no podemos no darnos cuenta de ello, es una segregación ramificada, reforzada, que se recorta en todos los niveles, que no hace sino multiplicar las barreras.

Es lo que da cuenta de la esterilidad sorprendente de todo lo que puede suceder en un campo; creo que es allí donde hay que ver el nervio de la cuestión que se ha enfatizado.


[1] Intervención sobre la exposición de la Sra. de Certeau, “Lo que Freud hace de la historia. Nota a propósito de Una neurosis demoníaca en el siglo XVII”, en el Congreso de Strasbourg, el 12 de octubre del 1968, publicada en Lettres de l´École freudienne 1969, No 7, p. 84.

Traducido por Patricio Moreno Parra