CORRUPCIÓN, ¿LAZO SOCIAL?[1]

Por Iván Sandoval Carrión

2020-07-21


Buenas noches con todos. Quisiera empezar aclarando que ésta no es una conferencia. Este es un espacio para compartir con ustedes algunas interrogaciones y ocurrencias que vengo formulándome desde hace algún tiempo en relación con este tema. Cuando hace dos o tres semanas, Virna Vinos me llamó a invitar para participar en este ciclo, yo inmediatamente le propuse este tema: la corrupción como ¿lazo social? Esto es en qué medida en nuestro medio, en nuestra cultura, la corrupción a veces “hace” como lazo social. Entonces, voy a compartir con ustedes estas ocurrencias. Bienvenidos todos y todas. Me da mucho gusto.

Me parece que el público es diverso porque reconozco algunos rostros y nombres de colegas que tienen ya un extenso recorrido en la formación y en la práctica clínica de psicoanálisis, una formación extensa, más que la mía. Y me parece que también ha habido personas jóvenes que se han sentido convocadas seguramente por este tema porque es un tema que nos concierne a todos. El tono de estas ideas y ocurrencias será más bien del estilo de una columna del periódico porque es el tono y el estilo que creo que mejor me salen en el cual me siento más cómodo. No creo que puedo hacerlo de otra manera. Lo he intentado, pero no me sale bien.

El día de ayer, apareció en la prensa y en la televisión la noticia de que se ha ratificado la sentencia para el expresidente Rafael Correa y toda una cantidad de personas, incluyendo vicepresidentes o exvicepresidentes, ministros, etc., etc., más o menos como si todo el gobierno anterior o una porción significativa del gobierno anterior hubiera sido finalmente condenada por corrupción, cohecho y peculado. Me pareció muy interesante la forma como la televisión mostró a través de diferentes esquemas con rostros, líneas y relaciones, la relación entre todos los participantes, todos los condenados; más o menos como una red, una organización criminal, lo cual es inédito en este país. Entonces, eso nos haría pensar que es algo nuevo, que aquí nunca antes ocurrió algo semejante. Y nos declaramos sorprendidos ante todo esto. Pero me parece que hay que poner ciertas acotaciones en torno a esta impresión, o a esta sensación que podemos tener.

Empecemos por lo más simple, la famosa etimología, que siempre ayuda o es un modo de introducirnos. Corrupción, del latín rupción, rupciones, rumpere el verbo que quiere decir ‘romper, quebrar, hacer pedazos’. Y esa partícula, el prefijo ‘co’ que implica en nuestra lengua, o en las lenguas romances en general, la idea de que hay una acción conjunta, concertada, para romper, para quebrar algo. Entonces, ¿de qué se trata la corrupción? La corrupción es una práctica que se ejecuta al interior de una institución o una organización que tiene sus propios fines, objetos, originales, legítimos y legales para romperlos y desviarlos hacia otros fines; fines o metas que son convenientes para los intereses de los corruptos y corruptores. Entonces, la corrupción transforma, deforma, cualquier asociación que se haya constituido originalmente para objetos acordes con la ley: educación, salud, vivienda, administración pública, etc. Instituciones que originalmente fueron constituidas como derivadas de un pacto simbólico, de un acuerdo simbólico conforme a la ley entre los participantes. Introducirse ahí para convertir aquello en otra cosa. Entonces, la corrupción implica una sustitución de ese pacto o acuerdo original, de ese acuerdo simbólico aprobado para los intereses comunes y desviado a otros fines y otros beneficios. La corrupción es una especie de variante del famoso “acuerdo entre privados”, del que se hablaba extensamente hace unos años en este país.

Esta primera aproximación a la idea de la corrupción y a la práctica de la corrupción desde su etimología nos pone en relación con esta idea del desvío o la desviación que Sigmund Freud introduce en 1905 en el primero de sus Tres ensayos sobre la teoría sexual[2], en el cual él habla de las llamadas aberraciones sexuales. En ese momento de la teoría y de la clínica freudiana, el autor se plantea la idea, o una primera idea, una primera conceptualización acerca de la perversión. Y en este momento, entonces, estamos aproximando la corrupción a la perversión. En ese ensayo sobre las aberraciones sexuales, Sigmund Freud habla de las desviaciones de la práctica sexual en cuanto a los objetos y en cuanto a las metas o fines. Y entonces, ésta es una primera idea respecto a la perversión que está vinculada a la práctica de la corrupción: la idea de la desviación de los fines, de las metas, de los objetos. Una desviación, planteaba Freud, con aquello que consideraba que era la meta y el objeto de la práctica sexual, del encuentro sexual entre dos sujetos adultos de distinto sexo que tenía como finalidad el coito; y en donde cualquier otro tipo de actividad solamente tenía lugar o sentido si era un preliminar. Pero si en lugar de ser un preliminar, se constituía en la meta final, entonces, constituía una perversión y así lo señalaba Freud.

Freud además señala algo que es muy importante. Freud proponía el hecho de que cierto tipo de prácticas sexuales que él incluía o enumeraba acá en este texto podían encontrarse no solamente en sujetos perversos sino también en sujetos neuróticos o psicóticos. Y entonces de ahí un principio freudiano. Freud pensaba que los perversos lo van a ser en todas sus relaciones, en todos sus vínculos y, por supuesto también, en sus encuentros sexuales. Esto implica a la perversión como extendida a los vínculos o prácticas sociales, políticas, colectivas, económicas. Entonces tenemos acá una primera aproximación a la idea de la corrupción en tanto perversión en relación con esta primera noción de Freud sobre la perversión.

Ahora bien, la corrupción requiere habitualmente esto: el acuerdo entre privados, un acuerdo previo, secreto, explícito entre los participantes; un acuerdo de palabra porque no hay escritos, no hay firmas. La idea de que haya un acuerdo de palabra, inmediatamente nos pone sobre la vía de cuestionar qué lugar tiene la palabra en la práctica de la perversión-corrupción. Seguramente un lugar diferente a aquel que tiene la palabra en la clínica psicoanalítica, en la teoría psicoanalítica, en esa relación entre el sujeto y el Otro para hacer reconocer allí su condición de sujeto, de sujeto del inconsciente, de sujeto del deseo. Acá, la palabra debe ser otra. Pero, en otros casos, la corrupción no es un acuerdo explícito, secreto, de palabra, sino que, más bien, funciona como un pacto tácito, contingente, sobreentendido, que tiene el carácter de una práctica cotidiana, común, ordinaria, extendida dentro de una sociedad, dentro de una colectividad, dentro de una comunidad.

Y entonces, me voy a referir al famoso tema de la llamada viveza criolla. Me parece que es importante y necesario que nos refiramos lo más extensamente que podamos a la famosa viveza criolla. ¿Por qué razón? Porque denostamos acerca de los corruptos que aparecen en la televisión, nos escandalizamos, pero tenemos habitualmente una posición condescendiente respecto a la viveza criolla, eso si no participamos también incluso de la viveza criolla. En el caso de la viveza criolla, los participantes que a veces están ligados de una manera casual, ocasional, contingente o habitualmente están ligados de esa manera, no van a tener beneficios equivalentes o claramente definidos como en el caso de la corrupción organizada. Algunos se van a beneficiar más, otros simplemente se van a contentar con mirar hacia un lado para evitarse problemas. Su beneficio es evitarse problemas. En el caso de la viveza criolla, ¿qué lugar tiene la palabra? ¿Qué es la palabra ahí? Si la viveza criolla es una práctica endémica, es decir, algo que habitualmente ocurre dentro de una sociedad o una comunidad como la ecuatoriana, ¿se puede hablar de un acuerdo social o de un lazo social? ¿La viveza criolla implica pacto social, acuerdo socia, lazo social? Porque ahí donde la corrupción es una práctica extendida y más o menos tolerada por la sociedad a través de la viveza criolla, ¿se puede pensar entonces que la viveza criolla haciendo lazo social es discurso? ¿Implica un discurso en tanto discurso sin palabras, como lo proponía Lacan en su Seminario El reverso del psicoanálisis[3]? Vamos a reflexionar un poco sobre esto.

En este momento presente, ahorita, de nuestra vida política, social y económica -digo nosotros, los ecuatorianos- santa voz a los cielos alzamos, voz de noble y simpar juramento de escándalo ante la corrupción. Cada día o cada semana un escándalo. Proclamamos que jamás hemos visto tanta corrupción como la que hoy soportamos resignadamente, cristianamente. Culpamos al gobierno anterior por este fenómeno que suponemos reciente y actual. Y no nos cuestionamos acerca de nuestra responsabilidad en aquello de lo que nos quejamos. En este sentido, nos parecemos a la histérica más famosa del psicoanálisis, la famosa Dora. Cuando en determinado momento de su análisis, después de haberse quejado amargamente de su mamá, de su papá, del Sr. K, de la Sra. K, Freud le dice: “¿Y qué tiene que ver usted en aquel desorden del que se queja? ¿Cuál es su responsabilidad? ¿Cuál es su participación?”. Entonces, si los ecuatorianos nos constituimos en coro, o más bien en un orfeón por la dimensión, el orfeón más grande del mundo, para lamentarnos de esta desgracia, ¿acaso con ello nos estamos inscribiendo en un discurso como el de la histérica para sostener una posición frente a la corrupción? Un discurso de palabras huecas e inútiles que usamos para no hacernos cargo de aquello que lamentamos sin sentirnos concernidos realmente por el asunto.

Estamos hablando de lazo social, estamos hablando de discurso, estamos hablando de aquellas categorías conceptuales que Lacan introduce en el Seminario llamado El reverso del psicoanálisis de 1969-1970. En ese Seminario, Lacan introduce el concepto de discurso en tanto estructura, en principio sin palabras. Esto es, no se trata de los contenidos, no se trata de los enunciados, se trata de lugares: 4 lugares que van a ser ocupados sucesivamente por 4 diferentes términos y que establecen las relaciones y regulan las relaciones dentro de una sociedad, de una comunidad, estableciendo lazos sociales. El discurso del amo, que es el discurso precedente, el primero; el discurso de la histérica; el discurso del analista y el discurso de la universidad. Es más fácil ponerlos en un cuadrado para aproximarnos a esta idea del reverso; la idea que Lacan proponía que el discurso del psicoanálisis está en el reverso del discurso del amo. Ello de por sí ya nos invita a pensar, a reflexionar acerca de alguna responsabilidad. Si se la quiere asumir, ¿qué podría tener o qué podríamos tener los psicoanalistas o el psicoanálisis en relación -no solamente con los cuadros clínicos, los problemas clínicos con los que los analizantes acuden y por los que nos demandan- sino, además, en relación con estos fenómenos de nuestra vida social, política, cultural, económica?

Recordemos que Sigmund Freud y Jacques Lacan no se ocuparon solamente de la clínica, por supuesto que se ocuparon y muy extensamente de la clínica durante décadas, pero no fueron indiferentes a aquellos fenómenos sociales y políticos de sus épocas: guerras, revoluciones, convulsiones sociales. ¿Por qué? Porque los sujetos están insertos en un lazo social y en relación con Otro, no solamente con un semejante, sino con un gran Otro. Entonces, Lacan no mencionó otros discursos. Posteriormente mencionó el discurso del capitalismo y en algún momento Charles Melman[4] mencionó el discurso de la perversión del cual hablaremos después de un momento. Entonces, el discurso del amo tiene una cierta precedencia en el establecimiento del lazo social. Este discurso del amo tiene a su vez subdiscursos o variaciones derivadas de las cuales Lacan se ocupó; principalmente del discurso de los filósofos, el discurso de los científicos, a los cuales hoy en día podríamos añadir el discurso de los médicos y otros más.

Ahora bien, volviendo al tema de la viveza criolla. ¿Cuál es nuestra posición? Folklórica, costumbrista. La asumimos como un rasgo de ingenio, como una picardía. Vemos con qué frecuencia en las comedias de la televisión, en los cachos, en los chistes, en la vida cotidiana, la viveza criolla es celebrada con humor, bordeando en algunos casos la hazaña. La viveza criolla no es universal, como sí lo es la perversión y la corrupción. La perversión en tanto condición clínica está en todo el mundo. Es universal. Y la corrupción en tanto perversión lo es, hasta en el Japón, en Corea del Sur, en Alemania, en Suecia, etc., etc. La viveza criolla no. La viveza criolla es nuestra. La viveza criolla es una modalidad muy particular de la corrupción que está ligada a la historia de nuestros pueblos, atravesados por la colonización y el mestizaje, empezando por el mismo nombre ‘viveza criolla’, una experiencia muy particular, la de la colonización y el mestizaje. Entonces, es factible hablar de viveza criolla en nuestros pueblos de Sudamérica, o es más propio. Quizá puede darse…no sé, ignoro si es posible en el África, pero en todo caso acá, y en algunos países más que en otros. En Argentina, la figura del porteño vivo. Cuando yo era chico había un personaje muy conocido de las tiras cómicas, el famoso ‘Avivato’, que era representante de la famosa viveza criolla porteña, bonaerense. Entonces, hablamos de viveza criolla acá. Difícilmente vamos a poder hablar de viveza criolla en el Japón o en Corea del Sur, en Finlandia, en Suecia.

Volvamos brevemente a la etimología. Criollo, del portugués criul, el cual a su vez viene del latín que tiene que ver con ‘criar, criatura, crianza’. Un término muy propio de acá. Tiene varios sentidos, en el diccionario lo vamos a encontrar, pero fundamentalmente se refiere a los descendientes de europeos nacidos en estas tierras desde hace 5 siglos que fueron colonias de estos europeos. Entonces el término es exclusivo de acá. Puede tomar diferentes formas de lenguaje, desde el sur de los Estados Unidos, desde Luisiana, pasando por el Caribe hasta Sudamérica. Entonces, el hablar de una viveza criolla implica una posición y una conducta que generan una práctica, la misma que sería una consecuencia, una consecuencia supuesta de esta historia, algo así como un legado o como un ‘relicto’ para usar esta palabrita con los que los traductores de Freud designan esa especie de herencia o legado; y una reacción de los sujetos frente a esa condición del legado que se manifiesta a través de estos actos, actos celebrados y compartidos como rasgos de ingenio, por un lado, y como rasgos de revancha, de reivindicación, de restitución supuesta de algo que ha sido quitado. Esto implica que en general que en las comedias que vemos en la televisión -estoy pensando en una vieja estampa de Ernesto Albán que vi cuando era chico: “Ecuador, país de turismo”, en donde el Omoto Albán era el vivo o el pícaro quiteño y Zarzocita hacía del gringo tonto-. Entonces, es esta conducta o esta práctica en relación, en primer lugar, con los extranjeros, con los supuestos ‘gringos tontos’, en donde la viveza criolla es la puesta en acto perverso de un intento de restitución y revancha por la vía de ese aprovechamiento.

¿Pero qué pasa cuando no hay gringos tontos? Aunque los gringos son a veces vivos, como lo vamos a ver después de un momento. La viveza criolla entonces, más cotidianamente, es un ejercicio contra el propio Estado, contra las leyes, contra los agentes de las leyes, contra las instituciones del Estado, contra los ricos, contra cualquier otro a quien se le pone en ese lugar. Entonces, cinco siglos después, todas esas instituciones y lugares que son del propio Estado son ubicadas en ese lugar, en ese lugar de la potencia extraña, ajena, que pretende imponer orden, leyes y que sostiene un poder. Decimos nosotros: “El Estado somos todos”. Eso es verdad, en rigor eso es correcto. “El Estado somos todos”, y eso está muy bien para que lo digamos y para que lo enseñemos. Pero esa declaración que es verdadera no ha calado, no se ha encarnado en nosotros. Y habría que preguntarse por qué no se ha encarnado en los ciudadanos. La idea que yo me he planteado desde hace algún tiempo es que eso tiene que ver con los problemas irresueltos que tenemos con nuestro mestizaje, un mestizaje no asumido. No hemos asumido nuestro mestizaje para hacer producir. Más bien nos hemos quedado en esa condición intermedia, ni chicha ni limonada. En semanas anteriores han ocurrido otros acontecimientos de esos que circulan en los memes y en las redes sociales. Yo no estoy inscrito en ninguna red social, pero a través del WhatsApp me llegan noticias de aquellas que circulan. Me voy a referir a esos dos acontecimientos que, aparentemente, son banales. Y me detengo aquí porque creo que tenemos un problema. Banalizamos este tipo de cosas. Las convertimos en una serie de memes que circulan durante 3 días y después desaparecen, y no nos detenemos a reflexionar sobre la importancia y la significación que tienen. El primero de ellos, hace exactamente un mes, una señora académica, importante del Consejo Ecuatoriano de la Educación Superior, una doctora laureada y muy titulada que tiene además un doctorado en “multiculturalidad” -fíjense bien-, en una reunión en Guayaquil respecto a los problemas que hay en la Universidad Estatal de Guayaquil, no se da cuenta de que tiene el micrófono abierto, y se refiere a otro participante, o a algo que ha hecho otro participante como ‘cholo’. Le dice a no sé quién: “Fíjate qué cholo ese que ha puesto esa cosa…”, y entonces le advierten, la cosa se divulga, el defensor del pueblo le castiga. Le manda un castigo que equivale más o menos a escribir 100 veces en el pizarrón cualquier cosa, una cosa absolutamente banal. Un escándalo de tres días y nos olvidamos del asunto.

Y luego aparece, la semana anterior, esta cosa tan divertida de ‘la veci’, la vecina. Me imagino que como ustedes están más en esos circuitos de las redes sociales, están perfectamente enterados. Entonces, una señora va a la tienda del barrio, igual que el de aquí de la tienda de la esquina de mi barrio, la recibe con: “Vecina, buenas noches. ¿Qué desea?”. La señora se indigna, protesta, le dice: “¿Qué le pasa? No me diga ‘vecina’. Esa es una palabra que solo usan los indios. Usted tiene que decirme ‘señora’, y yo le digo ‘señor’. Pero eso de ‘vecino’, ‘vecina’, eso es cosa de indios”. Entonces, se pone a pelear y como el señor de atrás le pide que se apure, la señora se vuelve groserísima y lo insulta de arriba para abajo, exhibiendo toda su cultura blanco-mestiza.

Hacía este paréntesis porque tenemos acá dos expresiones tan interesantes y curiosas de esa dificultad que tenemos con nuestro mestizaje, con esa indigestión que tenemos con nuestro mestizaje, que tiene que ver con las relaciones, con los significantes que se expresan de ésta y otras maneras. Entonces, ¿qué mestizaje? La viveza criolla, entonces, compartida, festejada y solapada colectivamente no es un discurso, funciona como si lo fuera, al margen de las palabras. Hace lazo social de manera contingente, puntual. Y esto es algo que aprendemos tempranamente. No sé si aprendemos en la casa o en la familia, pero desde el momento en que ingresamos en la escolaridad, incorporamos ciertos códigos que tienen que ver con la viveza criolla. Me voy a referir a uno que aprendí a hace poco más de 60 años: “El que se encuentra se lleva”. Es un principio fundamental. Los objetos “perdidos” no tienen dueño, no tienen propietario. El que se encuentra se lleva. Eso aprendí yo tempranamente. Podemos mencionar otro tipo de principios, pero menciono éste como ejemplo y además porque tiene que ver con otra cosa.

Este ha sido un tiempo muy prolífico para la circulación de los memes, las noticias, los videos y todo lo demás. No nos ha quedado otra que comunicarnos de esa manera y repartir ese tipo de información. Hace varias semanas estaba circulando un video de un discurso de algún funcionario mexicano -creo que era mexicano- que hablaba frente a un público que lo aplaudía acerca de lo que ocurre en el Japón, y ponía al Japón como un ejemplo de la lucha contra la corrupción, en relación con esto de “El que se encuentra, se lleva”. Decía que, en el Japón, más bien, el principio es: “Si no es tuyo, debe ser de alguien”, de algún otro. Entonces, en el Japón, como en otros países, funciona de un modo y bastante eficiente la oficina o el departamento de los objetos perdidos, a donde la gente puede ir con alguna confianza y con frecuencia recuperar sus lentes o sus teléfonos celulares o cualquier cosa que hayan perdido. No siempre, pero con alguna frecuencia. Y había otro video, éste fue de la semana pasada, un ciudadano esmeraldeño reportaba desde un lago suizo, sorprendido, decía: “Qué raro, aquí en Suiza, hay unos kiosquitos donde hay quesos, hay jugos, hay yogurt, hay bebidas, hay cervezas, hay sánduches y no hay nadie cobrando. Las cosas están con su precio. Y entonces, la gente llega, toma lo que quiere y pone el dinero en una cajita.” Y entonces, este video circuló en un chat que tenemos con unos compañeros del colegio y todos sorprendidos. Y claro, el comentario generalizado era: “Acá, imposible. Si eso pusieran en Esmeraldas, o en la playa en general, en 30 minutos desaparecería todo y después aparecerían gentes o personas con mochilas revendiendo todo eso”. Los objetos perdidos, el objeto perdido. Me voy a referir nuevamente a esto en un minuto porque acá el asunto del objeto perdido es un hallazgo, la fantasía del hallazgo del objeto perdido es aquello que remite a la falta. Pero ¿qué tiene que ver el tema del objeto perdido con la corrupción y la viveza criolla? Tiene que ver con la relación de los funcionarios con el Estado. El objeto perdido, en esta lógica, no tiene dueño. Y eso tiene que ver con la plata del Estado. Si el Estado somos todos, la plata del Estado es de todos. Pero resulta que la plata del Estado no tiene dueño. Entonces, “el que se encuentra se lleva”, se la encuentra. ¿Cuál es el delito más común del que se habla todo el tiempo acá en las noticias? El peculado. El uso indebido o inadecuado de los fondos del Estado para provecho personal. De eso se trata en las noticias actuales. Esa estructura delictiva, de ese crimen organizado.

¿Por qué tenemos tanta condescendencia con la viveza criolla? ¿Por qué no considerarla perversión? Pura y llana perversión o, por lo menos, un rasgo perverso. ¿Por qué digo “por lo menos”? Porque Lacan habla del rasgo perverso en la lógica modal en tanto necesario o contingente. El rasgo perverso en tanto necesario en la clínica de la perversión propiamente dicha, de los verdaderos perversos. Ya desde Freud sabemos que el perverso tiene que serlo, como decía Freud, para no ser psicótico u homosexual, decía en diferentes pasajes. La desmentida de la que Freud hablará finalmente hacia 1927, es un mecanismo fundamental para sostenerse frente a la psicosis o a la homosexualidad. Pero Lacan habla también, en esto de la lógica modal, del rasgo perverso en tanto contingente. Con esto estamos en la lógica modal: lo necesario, arriba a la izquierda; y lo contingente, abajo a la derecha, manteniendo esta relación de contradicción. Uno de los dos se impone sobre el otro. No pueden ser ambos verdaderos. Lacan relacionaba el rasgo perverso en tanto contingente y ahí un artículo muy interesante de François Leguil respecto a este tema con la clínica de la neurosis, con la condición del fantasma, con el hecho de que, si los neuróticos no son o no somos perversos, eventualmente, podemos participar en un acto perverso ocasional, de manera contingente bajo diferentes condiciones o asociaciones. Entonces, el rasgo perverso, la viveza criolla, el mestizaje no asumido, nuestros propios mitos -el mito del paraíso perdido que nos viene de nuestra tradición judeocristiana, el objeto perdido, el pecado original, todos aquellos mitos que tienen que ver con nuestra educación, con nuestra cultura-.

Los aprendemos rápidamente, la vertiente judeocristiana de la religión y la vertiente histórica de la colonia, de la conquista del continente por parte de los españoles o de los europeos en general. En cuanto a esta vertiente segunda, conocemos todos estos principios: ama quilla, ama llulla, ama shua -no ser ocioso, no mentir, no robar. Se nos ha dicho que eran o han sido los principios fundamentales de nuestros pueblos ancestrales antes de la llegada de los españoles. Esto nos ha llevado de unos años a esta parte a pintarnos una imagen, hasta cierto punto, mítica; una representación a posteriori idealizada de los pueblos ancestrales precolombinos como sociedades ideales, justas, laboriosas, honestas, donde obviamente no había la viveza criolla. Una visión, una pintura, a medio camino entre el paraíso perdido, el objeto perdido y la realidad actual. Culpamos a los españoles por nuestros defectos colectivos. ¿Con qué frecuencia decimos que todo lo que tenemos de malo lo tenemos por culpa de los españoles? Incluyendo la viveza criolla. Y entonces en estos chats se oye que ojalá hubiéramos sido conquistados por los alemanes, por los suecos, otra cosa sería.

En cuento a la vertiente judeocristiana, el mito del Génesis, el pecado original, la pérdida del paraíso, nos quedamos ahí, en el mito. Cuando yo entré a la escuela, en el año 1959, y empecé a escuchar cosas de este tipo y aprendí todas esas cosas, el primer día mi primera clase de catecismo. Y entonces, teníamos un librito de catecismo donde se nos enseñaba preguntas y respuestas de memoria. Había que aprenderse de memoria todo eso. Y nunca me voy a olvidar de la primera pregunta y respuesta: ¿para qué hizo Dios al hombre? Para amar a Dios sobre todas las cosas. Como que ese fue un principio determinante de la formación cristiana de esos tiempos y de esos momentos. El profesor que nos daba catecismo era un religioso que nos hablaba de todos estos mitos. Y él tenía una expresión que les comentaba el otro día a los colegas de la maestría. Cuando algún niño no sabía algo, no podía las tablas de multiplicar, alzaba las manos así, miraba al cielo y decía: “Adán, Adán, ¿qué has hecho?”. Entonces, esa visión o esa perspectiva judeocristiana del lamento y de la queja ignora que el mito da cuenta de nuestra constitución como sujetos de la ley, sujetos del inconsciente, sujetos de la falta, sujetos del significante, sujetos sexuados. Gracias a Adán y Eva. Entonces, no asumimos la falta como condición propia de los seres hablantes. Nos relacionamos con los objetos perdidos por la vía del hallazgo, no por esta ilusión del reencuentro con el semblante, con eso que está ahí para recordarnos y ratificarnos en nuestra propia falta. Y entonces, ¿de qué estamos hablando acá en tanto sujetos? ¿Qué sujeto y qué sujeto de la palabra en el mestizaje?

Cuando Lacan habla del esquema L, la relación del sujeto con el Otro, el inconsciente está estructurado como un lenguaje, todos los esquemas, estamos hablando de principios universales. Pero ¿acaso todo eso tiene alguna particularidad acá con nuestros significantes? ¿Qué significa acá ‘ser de palabra’? ¿Cuál es el valor de la palabra acá en nuestra sociedad? La palabra, eso que pone al sujeto en relación con el Otro, que le devuelve su calidad de sujeto, lo confirma en su condición de sujeto y lo pone en la vía de la pregunta por su deseo. La estructura subjetiva.

Frente a esto, la viveza criolla como una forma compartida de no asumir todo esto y particularmente la falta porque encarnamos al Otro en la institución, en el Estado, en el S.R.I., en el Otro explotador, extranjero, aunque sea propio, al cual hay que sacarle provecho de alguna manera. Pero a veces la viveza criolla se da la vuelta. Y estoy pensando en un asunto actual que merece una seria reflexión de todos los ecuatorianos para que no se quede en el escándalo como todo esto. Es esto que yo llamo “el asunto Jordi Cruyff”. Vamos a decir que a lo mejor nosotros estamos ocupado en cosas importantes y el asunto del fútbol no nos concierne. Nos concierne en la medida en el que el fútbol es quizás un síntoma colectivo de los ecuatorianos, con todos nuestros problemas incluyendo la corrupción y la viveza criolla. No sé si ustedes están enterados, pero en el mes de enero se presenta al nuevo entrenador de la selección, Jordi Cruyff, que se lo contrata por ser el hijo de Johan. Un montón de plata, pasan seis meses, el señor desaparece. Se embolsa $900.000 y nada. ¿Cómo así? ¿Por qué? Ahí nos quejamos. Nos vio la cara. ¿Y qué pasa cuando vemos la cara nosotros?

Esto nos lleva al asunto de la viveza criolla frente a la ley. En este punto, les voy a recomendar algo. Me voy a permitir compartir con ustedes algo que yo recomiendo calurosamente. No es necesario que lo vean o lo escuchen -mejor dicho- todo el tiempo, pero hace unos meses descubrí que, en una emisora de Quito, todavía se pasan los audios originales, cubanos, de La tremenda corte, esa comedia radial que se grabó en Cuba entre 1942 y 1961. Después, en los años ’60 se la llevó a México y se la adaptó a la televisión. Es interesante el cómo La tremenda corte se sigue pasando en no sé cuantas emisoras de todos los países de América Latina de habla hispana. ¿Por qué? Resulta que esto tiene que ver más o menos con lo que estamos diciendo. A comienzos de los años ’40, un escritor español, afincado en Cuba, Cástor Vispo, se unió con dos actores y organizó este programa: La tremenda corte, con los personajes conocidos: Tres Patines, el tremendo Juez, Nananina y Rudesindo. ¿Por qué le gusta tanto a la gente? ¿Por qué seguimos oyendo esto 60 o 70 años después? Porque tiene que ver con la viveza criolla, porque tiene que ver con la ley, porque tiene que ver con el significante, porque tiene que ver con la falta, porque tiene que ver con el sentido, el sinsentido. Si uno se pone a escuchar, uno se va a dar cuenta de que, aunque los episodios son variados, más o menos se desarrollan alrededor de algo fundamental, el supuesto malentendido a través de un juego de palabras que dizque sufre Tres Patines sobre aquello que se le dice o sobre ciertas expresiones que escucha; que las escucha de otra manera, o a las que le confiere un sentido completamente diferente. Hay un malentendido, hay un cambio de sentido del cual el personaje se aprovecha. Y entonces a la final, el tremendo Juez restituye el sentido, pone la cosa en su sentido correcto. Restituye el sentido supuestamente correcto. El corrupto, el perverso, el vivo criollo, ante la ley, ante el aparato de justicia. ¿Por qué seguimos escuchando esto? ¿Por qué nos causa gracia? ¿Por qué nos sigue causando gracia las comedias que tienen que ver con la viveza criolla? El otro día -ya no me acuerdo si era con la maestría o no sé dónde-, alguien decía: “Cuando vemos esas comedias de las estafas, cuando vemos esos engaños (Recomiendo una que se llama Nueve reinas, en su versión argentina), cuando vemos ese tipo de cosas, ¿por qué nos identificamos con los estafadores?”. ¿Es que ahí está en juego nuestro rasgo perverso contingente? Igual que en esa participación ocasional que tenemos en la viveza criolla.

Voy a decir algo más respecto a la viveza criolla frente a la ley y a la corrupción frente a la ley. Y voy a referirme a lo que se llama la lógica deóntica, la lógica jurídica, la lógica de la ley. La lógica deóntica fue introducida por un autor, Von Wright, en 1951 para la practica jurídica y nos concierne en lo que tiene que ver con el psicoanálisis y en lo que tiene que ver con todo esto. Igualmente podemos escribir o inscribir estos cuatro términos de la lógica deóntica en un cuadrado. Creo que conocemos el cuadrado de la lógica modal, un cuadradito: arriba a la izquierda lo necesario, arriba a la derecha lo imposible, abajo a la izquierda lo posible y abajo a la derecha lo contingente.

Entonces, entre las dos de arriba, entre lo necesario y lo imposible, relaciones de contrariedad; abajo, lo posible y lo contingente, relaciones de subcontrariedad. Entre las dos de la izquierda y las dos de la derecha, relaciones de derivación. Y de forma cruzada, es decir, entre lo necesario y lo contingente, relaciones de contradicción. No pueden coexistir las dos. Una de las dos es verdadera y la otra es falsa. No pueden ser ambas verdaderas. En estos mismos lugares vamos a escribir los cuatro términos de la lógica deóntica. Arriba a la izquierda, lo obligatorio; arriba a la izquierda, lo prohibido; abajo a la izquierda, lo permitido; y abajo a la derecha, lo facultativo. Es interesante el hecho de que Von Wright, cuando planteó la lógica deóntica, describió o estudió primero los tres términos y solo después en estudios posteriores, en otros escritos posteriores añadió lo facultativo.

Vamos a decir algo muy breve de estos términos en relación con todo este asunto de la corrupción, la perversión, la viveza criolla. Lo obligatorio en relación con lo necesario, lo que debe ser y lo que debe obedecerse. Lo prohibido en el mismo lugar de lo imposible, lo que está terminantemente prohíbo por la ley: la ley de prohibición del incesto, de la cual se derivan todas las leyes. Abajo a la izquierda, lo permitido, aquello que se deriva de lo obligatorio, lo que se permite; y abajo a la derecha, lo facultativo, es decir aquello que se puede o no realizar en función del deseo o la conveniencia del sujeto. Si habíamos dicho hace un momento que de manera cruzada hay una relación de contradicción, hay una contradicción importante que concierne este tema entre lo obligatorio y lo facultativo. O es obligatorio o es facultativo, pero no las dos cosas. Hay una relación de exclusión. Hay una disyunción exclusiva entre las dos. ¿Qué implica la corrupción o qué implica sobre todo la viveza criolla de esta manera costumbrista? Convertir lo obligatorio o tratar lo obligatorio como si fuera facultativo. Esto es: uno puede cruzarse el semáforo en rojo si no viene carro y si no hay chapa, como el instante o situación más banal de esa lógica. Convertir lo obligatorio en facultativo, convertir la ley en facultativa. Entonces, la viveza criolla, desde el punto de vista de la ley, se sostiene en la lógica de lo facultativo, contradiciendo lo obligatorio.

En segundo lugar, la viveza criolla apela a la figura de la recusación, pervierte la recusación. La recusación es una figura legal, legítima. Consiste en que, dentro de un juicio, dentro de un proceso, una de las dos partes puede plantear que los testigos de la otra parte o el fiscal, o el juez están comprometidos o tienen conflictos de intereses, o están parcializados y por tanto, no están habilitados de manera correcta en ese juicio. Es la recusación, una figura absolutamente legítima. ¿Qué es lo que pasa acá? Acá sostenemos, avalamos, legitimamos nuestra propia recusación, la recusación sistemática de los representantes de la ley en donde convertimos la recusación en un pariente de la Verleugnung, de la desmentida, de ese mecanismo propio de la perversión del que habla Freud en ese artículo fundamental que se llama Fetichismo[5]. Una recusación sistemática que puede estar sostenida en argumentos variados, políticos, activistas, y en nuestra cultura (popular) que tiene que ver con el mestizaje. Es decir, en argumentos racistas. Si vemos las noticias, no hay semana en la que no se informe de ataques, agresiones a policías, vigilantes de tránsito, guardias de seguridad. El año pasado un famoso episodio en la que un señor pretendió entrar a un condominio ahí en Guayaquil, no se lo permitieron. Y regresó con sus hijos y propinó una paliza a los guardias de seguridad. Esa frase, así, que es tan nuestra: “¿Vos no sabes quién soy yo? ¿No sabes con quién te estás metiendo? ¿Quién eres vos para decirme a mí lo que tengo que hacer?”. La recusación sistemática de los representantes de la ley. Porque hecha la ley, hecha la trampa. Sabemos eso. Y estamos en relación con la corrupción y la perversión, contemplamos permanentemente -digo ‘contemplamos’ porque es una contemplación pasiva; ojalá por lo menos fuera filosófica- del uso del aparato de justicia al servicio de la perversión-corrupción.

Unas pocas palabritas en cuanto a la corrupción en cuanto discurso. No hay un discurso específico de la corrupción. El año pasado cuando vino acá Jean-Paul Beaumont[6] a dar su Seminario a los de la maestría, yo le hice la pregunta por algo que, al parecer, hace algunos años, Melman había planteado como un discurso o el discurso de la perversión. Sabemos que el mismo Lacan habla del discurso del capitalismo, invirtiendo arriba-abajo los dos términos de la izquierda. Y al parecer, Melman, hace décadas había planteado el discurso de la perversión como el discurso del amo invirtiendo arriba-abajo los dos términos de la derecha, de modo que el amo establece una relación con el otro para convertirlo en desecho y extraer un saber sobre el goce o afirmar un saber gozar. Beaumont dijo que sí, que Melman lo había planteado en algún momento, pero después no volvió a mencionarlo, no ha habido un seguimiento de ese tema del discurso de la perversión. En definitiva, la corrupción hace lazo social, destruye el lazo social, pervierte el lazo social. No hay un discurso de él. ¿Qué relación con el discurso del amo? ¿Qué relación con el discurso de la histérica?

Sabemos que el discurso del amo, básicamente, establece lazo social a través de una asimetría de lugares, con una diferencia. En ese sentido, Lacan decía que todos somos pequeños amo, amitos, señoritos, petit maître. Y Lacan señala algo que también me pareció interesante en ese Seminario en relación con la burocracia; la burocracia como algo que inequívocamente funciona dentro de la lógica del discurso del amo en relación con el saber. El amo sabe, el amo sabe todo. La burocracia sabe cómo funcionan las cosas y el perverso se las sabe todas. Es decir, del sabelotodo al que se las sabe todas. En el discurso del amo, y ¿por qué no?, en el discurso universitario también.

Y esto me lleva a un párrafo final, impertinente. Si había planteado en el primer párrafo que la perversión, corrupción implica el desvío de aquello que sería los fines, las metas propias, de la institución, de la organización o de la práctica, ¿qué tendría que ver la corrupción con la institución o las instituciones psicoanalíticas? ¿Acaso la institución o las instituciones psicoanalíticas están exentas de la posibilidad de la corrupción? Una pregunta impertinente porque nos resulta fácil pensar que: “¡No! ¡Por favor! ¡De ninguna manera!”. Pero ¿por qué no pensar en esto? Después de todo, el psicoanálisis, la asociación psicoanalítica, cualquiera sea su nombre, tiene sus fines y sus propósitos establecidos: la clínica, la formación, la transmisión, la enseñanza, la producción. ¿Por dónde podría venir la corrupción? Se me ocurre como una idea por esta suplantación de aquellos fines que le son propios por otros que tienen que ver con la infatuación del saber, con la canallada. De ahí se me ocurren dos palabritas que me gustan mucho porque me suenan, creo que tienen resonancias: los petimetres y las marisabidillas. El petimetre, este galicismo, que en esta acepción inicial tiene que ver con el señorito preocupado por la moda, preocupado por la etiqueta, pero que tiene que ver también con el saber. El petimetre del saber. Y la marisabidilla, una apócope de María y sabidilla, la presumidilla del saber. ¿En qué medida eso aleja a las instituciones psicoanalítica de sus verdaderos fines y propósitos?

Bueno, gracias.


*Iván Sandoval Carrión es médico psiquiatra, psicoanalista, miembro de a..b..c..dario Freud↔Lacan, miembro de la Asociación Lacaniana Internacional y columnista de El Universo.

[1] I. Sandoval Carrión. Corrupción, ¿lazo social? Intervención por Zoom y transmisión por Facebook el 21 de julio de 2020.

Transcripción por Patricio Moreno Parra

[2] S. Freud. “Tres ensayos sobre la teoría sexual” [1905], in Obras completas, tomo XXI. Buenos Aires: Amorrortu, 2001, pp. 141-152.

[3] J. Lacan. El Seminario, libro XVII, El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 2012.

[4] Charles Melman es psicoanalista A.M.A. de la Asociación Lacaniana Internacional, antiguo alumno de Jacques Lacan.

[5] S. Freud. “Fetichismo”[1927], in Obras completas, tomo XXI. Buenos Aires: Amorrortu, 2001, pp. 141-152.

[6] Psicoanalista A.M.A. de la Asociación Lacaniana Internacional. Actualmente, está a cargo de la presidencia de esta asociación.