Discurso completo de la Clausura del X Congreso de la AMP*

Por Jacques-Alain Miller

Río de Janeiro, 28 de abril del 2016


Hace dos años estábamos en París y yo giré nuestra brújula, la brújula de la AMP, de manera tal que lo indica la última enseñanza de Lacan. He ahí lo que ha orientado el congreso que se termina en la hora que viene. Lo que me inspiró el título de este congreso es la frase, ya lo he dicho, que termina uno de los capítulos de Seminario XX. Esta frase es la siguiente: “El real es el misterio del cuerpo hablante”, es el misterio del inconsciente. En consecuencia, yo había sugerido como tema “El inconsciente y el cuerpo hablante”, pero creo que podemos constatar que el realce del cuerpo primó sobre el tema del inconsciente. La novedad, lo que apareció como tal, fue para nosotros tratar el cuerpo hablante. Y entonces, la presencia del término inconsciente pasó de hecho a segundo plano como tema en este congreso, salvo error de mi parte. Diré que estuvo bien que fuera así ya que eso nos ha hecho entrar con entusiasmo en la cuestión. Y es también lo que da ocasión de presentar algunas puntuaciones para aclarar la naturaleza de la última enseñanza de Lacan, su lugar en la trayectoria del conjunto y el uso que podemos hacer de él hoy. Entonces me detengo antes de proponer un nuevo título para Barcelona, lo podemos evocar al final de la intervención de Miquel Bassols y por el momento ninguna decisión ha sido tomada a ese asunto.

Bueno, entonces, he participado anteriormente en un coloquio que trataba las relaciones entre Lacan y las matemáticas. Era un coloquio en el cual no solo participaban psicoanalistas sino también matemáticos. Y mi contribución, yo la intitulé “Un sueño de Lacan”. ¿Cuál sueño? Yo traté como un sueño de Lacan su deseo de asociar el psicoanálisis no solamente a la lingüística estructural sino también a las matemáticas especialmente la lógica matemática. ¿Era el sueño solo de Lacan? No. Toda una generación, la generación estructuralista, maestros y alumnos, toda una generación creyó en el mismo sueño. Acuérdense, por ejemplo, de las esperanzas de alguien como Roland Barthes había puesto en la semiología estructuralista. (Se encienden las luces) ¡Ah, aparecieron ahora! Estaba ya en mi sueño propio. Ahora me levanto. Apaguen las luces, sean gentiles. Entonces, para centrar las cosas voy a dar una fórmula que resume lo que fue el sueño de Lacan. Es una fórmula que pasó desapercibida porque no figura sino en el texto situado en el dorso del libro “Los Escritos”. Y en ese texto, que fue el último que Lacan escribió para la edición de su libro, hay una frase que muestra que él creía haber demostrado que, yo le cito: “El inconsciente compete de lógica pura.” Pongamos atención a la traducción, será talvez más fácil de traducir si decimos que el inconsciente examinado mejor no está constituido sino por elementos de la pura lógica. El adjetivo “pura” está ahí para subrayar que, según Lacan, el Lacan de los Escritos, el inconsciente es solamente cuestión de lógica. Y esa lógica al final del volumen viene incluso a dominar a la lingüística. Las lógicas puras, es lo que explica que se hable del sujeto del inconsciente y no de LOM, es porque propiamente hablando, el sujeto del que habla Lacan, especialmente el que escribió como S barrada, con la letra S barrada $, ese sujeto no tiene cuerpo. Porque el cuerpo no compete de lógica pura. El sujeto tiene una dimensión ontológica, lo que quiere decir que no es una entidad, no tiene manifestación física determinada. Y en filosofía, se dirá que no pertenece a la dimensión de la óntica. No puedo esta tarde retomar la diferencia esencial en filosofía entre la ontología y la óntica, pero lo evoco. El sujeto tiene una dimensión ontológica precisamente porque no tiene una manifestación física. Y cuando una entidad tiene una manifestación física, compete de la óntica y no de la ontología. Es así porque el sujeto del inconsciente tiene una dimensión ontológica que la temática de la creencia puede introducirse aquí como lo hemos visto en la secuencia de las exposiciones de Graciela Brodsky y Georges Forbès.

Así, acuérdense que desde el Seminario XI, consagrado a “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis[1], Lacan podía decir que la realidad del inconsciente era ética, es decir, subrayaba que ella competía de un “deber ser”, que la realidad del inconsciente no podía constatarse como aquella de una manifestación física. Así, esa dimensión ética la constatamos, cada vez que al principio de un análisis intentamos evaluarla en quien viene a pedirlo, si está bien presente la voluntad de no ser indiferente al fenómeno freudiano. Se puede efectivamente decir “No tengo nada que hacer, nada que esperar de contar mis sueños e intentar darles un sentido”, es completamente legítimo. Entonces, es necesario en un principio un sujeto que al contrario decida no ser indiferente al fenómeno freudiano. Yo considero que la fórmula de alguna fórmula concluyente de los Escritos, “El inconsciente compete de lógica pura”, gobierna la trayectoria de Lacan hasta su última enseñanza y ahí hay una cesura, no digo una ruptura ya que las transformaciones conceptuales de Lacan, cuando mueve sus aparejos, oscila sus aparejos, adjunta elementos, las transformaciones conceptuales de Lacan son siempre alisadas, se vuelven lisas, en continuo como deformaciones topológicas. La última enseñanza comienza cuando la fórmula que parece constitutiva del lacanismo “El inconsciente compete de lógica pura” es renegada, renunciada, abjurada. Es remplazada por otra que no es dicha como tal, pero que puedo hacer aparecer “El inconsciente compete del cuerpo hablante”. Lacan dota de un cuerpo al sujeto del inconsciente. Y es por eso que ya no se trata del sujeto del inconsciente, Lacan dice simplemente “LOM”[2], de aquella manera que lo dice Spinoza por ejemplo.

Es importante atrapar bien un punto. Es que primeramente LOM, a la diferencia del sujeto, tiene un cuerpo. Segundo que ese cuerpo es hablante, lo que figura en nuestro título de este congreso. ¡Pero no es el cuerpo que habla! Terceramente, no es el cuerpo que habla como su propia iniciativa. Es siempre LOM quien habla con su cuerpo. “Con” es una preposición amada de Lacan a la que da su sentido preciso, la instrumentación. LOM se sirve del cuerpo para hablar. Y entonces, la fórmula del cuerpo hablante no está hecha para abrir la puerta a la palabra del cuerpo, ella abre la puerta a LOM en tanto se sirve del cuerpo para hablar. Y que aquella era una dimensión en efecto de la cual Lacan no incluía en el inconsciente como lo vemos en Los Escritos. Hay así un topos lacaniano, una referencia que se repite a menudo en Lacan a un pasaje de Aristóteles en su De Anima, donde Aristóteles subraya, y Lacan lo aprueba, que no es el alma que piensa sino que LOM piensa con su alma. Así mismo, LOM habla con su cuerpo. El cuerpo es su instrumento para hablar. La palabra pasa por el cuerpo y en regreso afecta al cuerpo que es su emisor. ¿De qué manera la palabra afecta al cuerpo que es su emisor? Lo afecta bajo la forma de fenómenos de resonancia y eco. La resonancia, el eco de la palabra en el cuerpo son lo real. Lo real a la vez de lo que Freud llamaba inconsciente y pulsión. Es en ese sentido que el inconsciente y el cuerpo hablante son un solo y mismo real. Voy a redecirlo para que esa puntuación esencial no se nos escape. Hay equivalencia entre inconsciente y pulsión en tanto que esos dos términos tienen un origen común que es el efecto de la palabra en el cuerpo, los afectos somáticos de lalengua. Y entonces el inconsciente del que se trata ahora no es un inconsciente de lógica pura sino, si podemos decirlo, un inconsciente de puro goce. Es para designar ese nuevo inconsciente que Lacan forjó una palabra nueva, un neologismo que comienza a repetirse, el parlêtre. Es muy distinto del inconsciente freudiano que es de orden ontológico y ético, al contrario, el parlêtre es una entidad óntica ya que esa entidad tiene necesariamente un cuerpo. Pues no hay goce sin cuerpo. El concepto de parlêtre, es lo que propongo, reside en la equivalencia originaria inconsciente-pulsión. Se trata entonces de un inconsciente diferente del inconsciente freudiano y eso da a Lacan la ocasión de una profecía de que el parlêtre lacaniano reemplazará un día al inconsciente freudiano. No es una profecía del todo seria. Lacan sabía que los no-tradicionales tienen un poder de remanencia, de resistencia, al cual es difícil de poner fin. Pero indica ahí que franquea todos los límites asignados por Freud a lo que atañe al inconsciente ya que al nivel donde sitúa su medida, la diferencia de binarismo entre inconsciente y pulsión desparece.

Así, no podemos decir simplemente que la última enseñanza prolonga la trayectoria de Lacan. Marca un giro, un viraje que se acompaña de una crítica de toda la basta arquitectura de la conceptualización anterior. El viraje de Lacan llevó a otro más evidente que asombró la generación estructuralista, al menos francesa, estaba más extendida que eso, el viraje de Roland Barthes. Todo el mundo en París estaba estupefacto que aquel que se conocía como el promotor de una semiología metódica se haga el autor de un opúsculo llamado El placer del texto. Y todo el mundo descifró ahí un viraje sensacional en la dirección de un hedonismo que hasta entonces había sido más discreto. De hecho, por haber estado entre los jóvenes en la época de la generación estructuralista, puedo decir que Barthes había percibido el nuevo acento de Lacan puesto sobre el goce y que había sacado de ello sus consecuencias por su parte. Finalmente, el título del libro debería haber sido El goce del texto, pero si ese hubiera sido el título, habría puesto al día inmediatamente la influencia de Lacan en la cual Barthes había encontrado su inspiración.

Me venía otra analogía. Dos filósofos importantes del siglo XX tuvieron giros en sus últimas enseñanzas. En definitiva, hago un catálogo de los pensadores con sus giros. Martin Heidegger quien habla explícitamente du Kern, del giro de su pensamiento y Wittgenstein. Dejo al lado Heiddegger y digo una palabra sobre Wittgenstein. Wittgenstein desarrolló dos filosofías muy distintas. La primera hacía del logicismo de Bertrand Russell el principio de una concepción del mundo. Podríamos aquí adoptar la fórmula lacaniana diciendo que el mundo de la primera filosofía de Wittgenstein competía de la lógica pura tal como la concebía. Esa filosofía fue expuesta en el libro célebre Tractatus Logicus Philosoficus y podríamos decir que Los Escritos son un Tractatus Logicus Psycoanaliticus. Luego del Tractatus, Wittgenstein toma un giro en bucle. Critica y abandona el modelo de la lógica pura y muestra que lo que es lógica depende de la vida y de las costumbres de un grupo. Que lo que es lógico no es sino un juego de lenguaje. Entonces, antes del Tractatus, Wittgenstein cree en una lógica única. Ahora hay tantas lógicas como juegos de lenguaje y formas de vida. Y así, mutatis mutandis, la distancia es la misma en Lacan entre primeramente “como un lenguaje” y segundo, lalengua. En efecto, primeramente, que el inconsciente esté estructurado como un lenguaje implica que para todo lenguaje la estructura es la misma. Como un lenguaje es de hecho un universal de la estructura. Segundo, al contrario, la lengua es siempre particular, no consiste que en sus particularidades. En consecuencia, no hay universal de lengua. No hay todas las lenguas.

Ahora, tratemos de precisar lo que era el viraje lacaniano. La orientación inicial de Lacan consistió en fundar la herencia freudiana. Es por cierto lo que hacían los americanos por su lado, los ingleses y es por cierto lo que hacía la IPA. Fundaban a Freud entre primera y segunda tópica. Escogieron seguir la segunda tópica abandonando la primera. La operación de Lacan fue más compleja, pero es también una operación de división, que consiste en separar de manera muy neta la técnica, como se expresa en su Discurso de Roma, una separación muy neta entre la técnica de desciframiento del inconsciente y la teoría de las pulsiones. Es decir que Lacan buscaba una separación muy neta entre el inconsciente y las pulsiones. Lo dice con todas las letras, es la orientación de su primer movimiento esa primera separación. Y Lacan, lo que le interesaba elaborar era el desciframiento y en el fondo hacer la teoría de esa técnica cediendo a la lingüística. Y las pulsiones, la satisfacción pulsional, el goce, es muy conocido que hacía parte para Lacan del imaginario y que el simbólico no intervenía por la palabra sino para dominar y borrar.  Podemos fijarnos sobre el ejemplo canónico del Fort-Da donde se trata al principio para Lacan mostrar como el sujeto del significante domina el goce, se hace amo del goce. ¿Qué podemos decir del punto de vista de la última enseñanza? Que al contrario el Fort-Da nos muestra que al principio mismo de la cadena significante hay el goce. La pérdida entre Fort y Da cumple un efecto de sentido y permite efectuar una producción de goce. En el fondo, el Fort-Da nos muestra al niño accediendo al parlêtre, accediendo a su parlêtre de naturaleza. Entonces, he detallado en varios cursos los esfuerzos de Lacan para modelar la pulsión sobre la cadena significante y mostré por qué el principio del grafo de Lacan, del grafo del deseo era consistir en identificar la pulsión a una cadena significante superior en el grafo con su tesoro de significantes y su punto de capitón S(Ⱥ). Por cierto, es una escritura de la pulsión como si la pulsión no fuera sino una cadena significante y tuviera la misma estructura que la cadena significante. De hecho, la gran solución que Lacan encontró durante años fue el objeto pequeño a, de lo que Lacan hacía su invención mayor, ya que el objeto pequeño a era a la vez parte de la armadura del fantasma y esté en el corazón de la pulsión y tiene ciertas propiedades del significante. Tiene por ejemplo ésta, que se presenta por unidades, es contable, enumerarle y entonces es ya un goce, es un plus-de-goce que es ya un degradado del goce, que es ya un modelaje del goce sobre el modelo del significante. Es por eso que el giro no será cumplido en Lacan, sino cuando haga saltar esa protuberancia y lo vemos en el Seminario XX degradarla como un falso semblante.

Bueno, tengo aquí algo con qué completar esta exposición. Voy a dar primero el lugar a Guy Briole y retomaré luego a la final de la exposición de Miquel Bassols. Gracias.


*Traducido por Patricio Moreno Parra (Comentarios a pachuko84@hotmail.com)

 

[1] Cfr. Lacan, Jacques. El Seminario, libro XI, Los Cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós: Buenos Aires, 2013, p. 41

[2] LOM que es homófono con “L’homme”, el hombre.