Discurso en la Clausura del X Congreso de la AMP

Por Miquel Bassols – Presidente de la AMP

Río de Janeiro, 28 de abril del 2016


Gracias a Guy Briole por esta intervención. Muchas gracias a Jacques-Alain Miller en nombre de la AMP por abrir una nueva perspectiva una vez más al final del congreso para marcar las líneas de trabajo que nos conducirán al próximo. A la hora de programar esta intervención J.-A. Miller nos invitó a Guy Briole y a mí a participar en esta secuencia final con dos intervenciones que son como dos escollos, dos notas a pie de página a una intervención que no conocíamos todavía, de modo que teníamos que puntuar…habíamos conversado un poco sobre los temas que íbamos a tratar y de las líneas de trabajo que ahora Jacques-Alain Miller ha desarrollado con sus puntuaciones, su preciso desarrollo en la enseñanza de Lacan. Mi nota a pie de página lleva el título: “De Río a Barcelona: la sustancia gozante.”

            Los tres últimos congresos de la AMP han seguido en efecto de la tríada de lo simbólico, lo real y lo imaginario, principio de la enseñanza de Jacques Lacan en la reformulación del concepto de inconsciente para su actualización en el siglo XXI. Jacques-Alain Miller, en su decisivo trabajo de elaboración de la última enseñanza de Lacan, ha desgajado para nosotros los puntos de referencia fundamentales para orientarnos en las consecuencias de esta enseñanza. El parlêtre, el ser del cuerpo hablante, anuncia sin duda una nueva época en la práctica del psicoanálisis. Jacques-Alain Miller lo indicaba así en su conferencia al finalizar el Congreso de París en 2014 en una frase que se ha recordado diversas veces:

“Analizar al parlêtre es lo que ya hacemos y tenemos pendiente saber decirlo. Hay pues ya un saber hacerlo, un saber-hacer con eso al modo del artista que sabe-hacer con su síntoma, pero nos falta ahora un saber-decirlo, un hacerlo-saber de un modo que sea de recibo para nuestro mundo contemporáneo”.

Siguiendo esta línea, Jacques-Alain Miller retomaba la referencia al dualismo cartesiano, sustancia pensante y sustancia extensa de un modo que enseguida me pareció que reformulaba de manera radical el inconsciente en el siglo XXI y que nos planeta consecuencias importantes en la práctica analítica a partir de la orientación lacaniana. Es una reformulación que afecta al estatuto mismo del inconsciente, como Jacques-Alain Miller ha subrayado ya, pero también afecta a las condiciones de la ciencia contemporánea y al mundo psi en general. Es un punto que él ha tratado en diversos momentos, veamos por ejemplo cómo lo comentaba en su curso “Sutilezas analíticas” en la página 272 de la edición de Paidós, al plantear una hipótesis necesaria a partir de Lacan, la hipótesis que podemos llamar “de la sustancia gozante”. Suponer una sustancia gozante en el ser que habla introduce una modificación de la substancia pensante, de la res cogitans.

“Correlativamente -sigue diciendo Jacques-Alain Miller ahí-, la sustancia gozante es una modificación conceptual de la sustancia extensa que reintroduce el cuerpo, la unidad del cuerpo vivo. Se trata de una sustancia corporal, se trata del cuerpo vivo considerado como sustancia y cuyo atributo principal sería el goce como afección de este cuerpo. El goce sería propiedad y afección del cuerpo vivo”.

Termino la cita.

Me parece que, efectivamente, encontramos aquí una reformulación radical, una subversión de hecho del famoso dualismo cartesiano introduciendo, por decirlo así, una res fruens, una res fruens si me permiten esta versión latina del término sustancia gozante, retomando la fruitio latina, que hace específico al cuerpo hablante del parlêtre, del ser que habla. Es la subversión, de hecho, incluida en la formula lacaniana que transforma el cogito cartesiano, “Pienso luego, se goza”, “Je pense donc, se jouit”. Es la variable que Lacan introduce al final de su enseñanza donde el “se goza” vendrá al lugar del “yo pienso”.

Ahora bien, todo ello nos obliga a reformular también el propio estatuto del inconsciente freudiano y su relación con el cuerpo hablante. Les propongo seguir esta referencia, esta reformulación del inconsciente en una lectura paso a paso del segundo capítulo del Seminario Encore, Aún, que Jacques-Alain Miller tituló con la dedicatoria de Jacques Lacan a su amigo lingüista, “A Jakobson”, especialmente a partir del punto 3 en las páginas 24, 25 y 26 de la edición de Du Seuil. Es allí donde Lacan introduce el término, ya subrayado por Jacques-Alain Miller en aquel momento en las frases de exordio que puntúan el capítulo, de Sustancia gozante. Es un término que tiene todo su peso y que merece nuestra atención y un desarrollo. Veamos qué hilo nos tiende Lacan ahí para ello. Lo cito línea a línea: “Desde que uno sustantiva, es para suponer una sustancia, y de sustancias, Dios mío, hoy por hoy no las tenemos a montones. Tenemos la sustancia pensante y la sustancia extensa”. Termino la cita. Dos y no más, y en estas dos sustancias supuestas se sigue moviendo la ciencia y el pensamiento contemporáneo, ya sea para intentar reducir la una a la otra, la res cogitans a la res extensa, por ejemplo, y es la empresa destinada al fracaso del cientificismo actual; o bien para sostener su relación, una correlación entre la llamada “actividad psíquica” y el llamado “correlato neuronal” por ejemplo. Una correlación que no termina nunca de desentrañarse por la simple razón de que no existe. No hay, de hecho, correlato neuronal que pueda dar cuenta, por ejemplo, del fantasma de la consciencia como tampoco de las diversas versiones del fantasma de la relación sexual que los analistas escuchamos en cada caso. Las dos sustancias clásicas se proponen, sin embargo, como “complementarias”, el término es del propio Lacan un poco más adelante cuando dice: “La famosa sustancia extensa complemento de la otra”. Una sería complemento de la otra en una relación que ya estaría dada por supuesta pero que en realidad es el verdadero misterio que Descartes introduce para cerrarlo de inmediato en ese momento inaugural del nacimiento de la ciencia moderna. Este misterio es el inconsciente. Es el misterio de lo real del cuerpo que habla, ese misterio que retorna de hecho con Freud para fundar el discurso del psicoanalista.

Parece que Lacan, desde el axioma Y a d´l´Un, que traducimos por Hay lo Uno quisiera aquí introducir un ternario necesario para abordar este misterio que sigue como alma en pena sin resolverse. La dimensión sustancial, como la llama ahí, no tiene, sin embargo, otra sustancia que la dit-mension, la dichomensión o la dichomansión también, no tiene otro referente u otra morada que el lenguaje mismo, la función del lenguaje que vela por ella. Y sigue diciendo Lacan ahí:

“En primer lugar, de la sustancia pensante se puede decir, sin embargo, que nosotros la hemos modificado sensiblemente. Desde ese yo pienso que, al suponerse él mismo funda la existencia, hemos tenido que dar un paso, que es del inconsciente”.

Termino la cita. En efecto, la res cogitans ha sido modificada por el psicoanálisis, subvertida por el inconsciente freudiano. Ya no es el sujeto quien piensa. El sujeto no es el que piensa o incluso el sujeto no es lo que piensa, con todos los equívocos que puedan encontrarse. Hay un saber sin sujeto, ese es el descubrimiento del inconsciente. Y el sujeto es solo aquel a quien invitamos en el dispositivo analítico a decir lo que sea, a hacerlo aparecer en su decir, aunque le parezcan tonterías. “Es con esas tonterías -dice Lacan- cómo vamos a hacer el análisis, para entrar en el nuevo sujeto que es el del inconsciente”, un sujeto que solo convocamos en la medida en que no quiere ya pensar lo que dice. El ser que habla lo hace, así como una res non cogitans, por decirlo así, una cosa que puede incluso querer pensarse a sí misma pero que en realidad no piensa, no puede pensar lo que dice. Imposible decir y pensar a la vez, se suele decir así, “lo dice en broma en un lugar, pero es porque lo piensa en serio en otro”. Solo por este sesgo surge un decir, un decir que es nuevo, que no siempre llega a ex-sistir al dicho, que solo lo hace por sorpresa, sin esperarlo, sin pensarlo. “Y es por ello que -sigue diciendo Lacan- en el análisis de cualquiera por tonto que sea, cierto real puede alcanzarse”. Es por ahí que lo real del inconsciente, podemos decir, puede dejar de no escribirse de manera siempre contingente, retomando la indicación que Guy Briole también ha subrayado. En este punto podemos decir que Lacan propone desembarazarse de la famosa sustancia pensante como del fantasma de la consciencia que recorre todo el mundo psi y la ciencia contemporánea misma, porque es un fantasma que se complementa siempre con su inefable pareja: la sustancia extensa en la que cree sostenerse. Veamos entonces qué puede decir Lacan de la otra sustancia en juego en el dualismo cartesiano.

“De la famosa substancia extensa -dice-, complemento de la otra, uno no se desembaraza, uno no se deshace tan fácilmente tampoco porque esa res extensa es el espacio moderno. Substancia -dice Lacan- de puro espacio, así como se dice puro espíritu”,

¨pura mente¨ podríamos decir nosotros en castellano. “No se puede decir que esto sea prometedor”, termina diciendo Lacan. La famosa sustancia extensa no tiene así nada de un dato empírico u objetivo, no más ni menos, de hecho, que el puro espacio como un a priori en el que nos representamos el mundo y a nosotros mismos con él, y siempre con las coordenadas simbólicas de cada momento y lugar. Vivimos hoy, es cierto, sumergidos en el espacio de la ciencia moderna, ese espacio fundado en un interior-exterior que tiene, sin embargo, fronteras cada vez más frágiles. De hecho, este espacio extenso es finalmente una sugestión inducida por el cuerpo propio, por el cuerpo imaginario, por el cuerpo del estadio del espejo y sus dimensiones de res extensa. Freud lo supo ver ya muy bien al decir, recuerden su texto de 1923 “El yo y el ello” que el yo es una extensión de la superficie corporal, pura mente, por decirlo así. De modo que la res extensa en la que quiere sostenerse la res cogitans supuestamente complementaria no es nada más que una extensión de la superficie corporal del yo, fundada en el espejismo de un interior-exterior que divide ese espacio en partes. Y es por ello que Lacan dice de inmediato que este “puro espacio se funda en la noción de parte -dice-, a condición de añadir lo siguiente, que esas partes son externas todas para todas, cada una para todas las otras, cada una es externa para todas las otras, partes extra partes”, según la clásica expresión latina. Es decir, que cada parte que podemos delimitar en la supuesta res extensa es siempre externa, exterior, a cada parte delimitada en esta operación imaginaria. Señalemos aquí por ejemplo las paradojas en las que se empantana el neurocentrismo de nuestros días cuando no puede llegar a delimitar de manera certera en qué parte reside finalmente tal o cual función mental, o hasta donde se extiende incluso el propio cerebro como órgano en el sistema nervioso, o incluso también más allá de ese sistema cuando no puede delimitarse tan fácilmente en el propio cuerpo hasta el punto de llegar a sostener, en un salto que tiene todo su sentido, que sus funciones pueden llegar a residir incluso fuera del cuerpo mismo, como afirman incluso algunos neurocientíficos actuales. En efecto, no aprendemos nosotros que hay un goce fuera-del-cuerpo que modifica de manera substancial el goce del propio cuerpo, la función misma de extensión le debe aquí todo su valor a la dimensión imaginaria del yo corporal y a lo que hay de éxtimo en él.

¿Cómo salir entonces de este embrollo en el que vive y nada el sujeto de nuestro tiempo con todos sus síntomas? O mejor, ¿cómo entrar en él armado con algo más consistente que el supuesto dualismo cartesiano? Decimos “supuesto” también porque Descartes mismo enunciaba de hecho un trinitarismo, tres sustancias estaban en juego para él: res cogitans, res extensa y res infinita, y queda siempre en el aire la consistencia o la inconsistencia de esta tercera res infinita, divina o no, que daría paradójicamente su última consistencia a las otras dos. Pues bien, es aquí donde Lacan da un salto que puede parecer inusitado pero que es consecuencia del giro fundamental de su enseñanza al introducir la noción de goce, de cuerpo hablante y su pareja significante con su axioma Y a d´l´Un, Hay lo Uno. Lacan propone entonces una nueva suposición, no menos supuesta que las anteriores pero que las altera de un modo radical. Es una suposición que proviene de la propia experiencia analítica, fundada como saben, en la del sujeto supuesto saber, y propone entonces Lacan, “sopesar el gozar de un cuerpo” según la expresión en Encore.

“Sopesar el gozar de un cuerpo, del cuerpo simbolizado por el lugar del Otro y que comporta -sigue diciendo-, tal vez algo de una naturaleza que nos hace establecer otra forma de substancia, la substancia gozante.”

He ahí la palabreja. Lacan no le da a esta sustancia gozante otra condición que la de una suposición, es cierto, pero es una suposición en la que reposa la propia experiencia analítica en el mismo grado que reposa sobre el sujeto supuesto saber del inconsciente. “¿No es eso -sigue preguntando- lo que supone propiamente la experiencia psicoanalítica?”, la suposición de que hay un goce del cuerpo, con todo el equívoco del genitivo en la expresión, que hay goce en el cuerpo propio pero que también hay un goce del cuerpo del Otro, ya sea de que yo goce del cuerpo del Otro o que el Otro goce en su cuerpo. Tenemos de nuevo aquí la paradoja partes extra partes. En todo caso, es solo por esta vía, la vía del goce que la experiencia psicoanalítica puede establecer que hay la substancia del cuerpo a condición de que se defina solamente por el hecho de que “se goza”. Es la única propiedad que podemos adscribir a un cuerpo viviente, lo único que puede especificar lo viviente de un cuerpo para diferenciarlo de otros, el hecho de que ese cuerpo “se goza”. Sin duda es por esta única vía, de la sustancia gozante, que podría aclararse hoy lo que la biología ha dejado para siempre en la sombra de su objeto con la pregunta, que siempre recuerdo de Erwin Schrodinger: “¿Qué es la vida?”. No hay finalmente otra señal de vida que la que nos hace suponer un goce del Otro ya sea en el propio cuerpo o en lo más extraño que imaginamos como mundo extraterrestre a veces. La cuestión de lo vivo se resuelve en la suposición siguiente: “Eso goza”, mejor dicho, incluso, “Eso se goza”, lo que implica por otra parte la pulsión de muerte en esa vida. Pero, sigo citando ahora el pasaje de Lacan, “eso solo se goza por corporificarlo de manera significante”. Solo puede suponerse pues ese “se goza” gracias al lenguaje, gracias a lalengua (escrito todo junto) cuyas resonancias afectan al cuerpo, lo que es un modo muy distinto de plantear la cuestión que, a partir de la res extensa, modo que quedará siempre empantanado en las paradojas de lo interior y lo exterior, del partes extra partes de la sustancia extensa. Para mostrar esta paradoja, Lacan, en lugar de evocar la ciencia moderna, evoca en este punto a Sade. Sade,

“esa suerte de kantiano -como lo llama ahí-, para quien solo se puede gozar de una parte del cuerpo del Otro por la simple razón que nadie ha visto nunca a un cuerpo enrollarse completamente alrededor del cuerpo del Otro hasta incluirlo y fagocitarlo”.

Cuando se trata de la sustancia gozante del cuerpo, no hay modo de reducir el goce del Otro a una totalidad partes extra partes; no hay otro goce que el de una parte del cuerpo y esa parte no puede distinguirse, en todo caso, de otra parte como exterior a ella para hacer de ella una totalidad. Lo que nos conduce a la necesidad del no-todo, del no-todo de la sustancia gozante del cuerpo. La expresión “gozar de un cuerpo” tendrá siempre esta ambigüedad del significante, que gozar del cuerpo del Otro es siempre gozar de una parte suya y que esa parte suya es también la parte del propio cuerpo del que el Otro goza. “No soy sino la mano con la que tú palpas”, esto escribe el poeta siguiendo la experiencia más elemental del goce del cuerpo del Otro. Es éste, en efecto, “un nivel elemental” -como dice Lacan- para abordar la tercera substancia que es la sustancia gozante, verdadera novedad, entonces, de la experiencia analítica.

Rebobinemos entonces desde el punto de partida a partir de este comentario del texto lacaniano que hemos hecho. Después del ternario de lo simbólico del lenguaje que fue motivo del Congreso de Buenos Aires en 2012; lo real del Uno, París 2014 y lo imaginario del cuerpo hablante, Río de Janeiro 2016, ¿a qué nos vemos conducidos? Nos vemos conducidos a considerar el cuerpo hablante afectado por una nueva sustancia, esa sustancia gozante que modifica el tradicional dualismo cartesiano, en el que se funda la ciencia moderna, lo quiera o no y el mundo psi con ella, para convertirlo desde la orientación lacaniana en una nueva tríada de suposiciones substanciales: sustancia pensante, ya modificada por el psicoanálisis, por el inconsciente freudiano; sustancia extensa, el espacio como tal fundado sobre la noción de parte, partes extra partes, y la tercera, sustancia gozante, res fruens, novedad de la última enseñanza de Lacan subrayada por J.-A. Miller en su conferencia del Congreso de París 2014. Por esta vía podríamos también releer y reformular aquella “Pareja-Síntoma” que fue tema del Primer Congreso de la AMP en Barcelona del año 1998, tema que les recuerdo, iba con un subtítulo completo, “El partenaire-síntoma, ¿cómo se anudan, se sostienen y desanudan las parejas contemporáneas?”. Y podemos releerlo a partir de una nueva tríada: la del inconsciente, la del cuerpo y el sinthome. Es la tríada que Lacan introdujo en su intervención en el Congreso de Roma de 1974, intervención titulada “La Tercera”. Se trata, en efecto, para nosotros de abordar esta tercera sustancia con todas las consecuencias clínicas que se deducen de la experiencia analítica. ¿Cómo abordarlas sino por la dimensión del acto?, evocada también por Guy Briole, siempre distinta de la dimensión propia del inconsciente, digamos, para seguir el hilo que Guy nos tiende en la intervención que hemos escuchado, retomando la distinción de J.-A. Miller del Donc lógico y el Donc analítico, del Pues lógico y el Pues analítico, digamos que es la consideración de esta sustancia gozante la que permite a Lacan el famoso Donc del cogito cartesiano, el Je pense donc je suis, con su fórmula Je pense donc se jouit e introduce esta tercera sustancia necesariamente; y que es también por esta vía que el análisis del parlêtre de hoy nos conduce necesariamente a la dimensión del acto como distinta a la de la interpretación. Si el inconsciente hace pareja con la interpretación, el goce hace pareja con el acto. Dicho de otra manera, no hay introducción al acto sino es a través de la suposición de una sustancia gozante en el cuerpo del ser viviente. Y el acto analítico, especialmente en su dimensión de corte y de suspensión del sentido en la cadena significante es el mejor que, talvez, puede articular estas dos parejas: inconsciente e interpretación, goce y acto, en los cuatro términos en los que se juega el futuro del psicoanálisis.

Gracias.