Cinco minutos[1]

Jacques-Alain Miller


¿Cinco minutos? He escrito cinco frases como me vinieron. Voy a intentar explicármelas.

  1. Se trata del porvenir del inconsciente

Sin duda se trata también del psicoanalista, pues éste hace parte del concepto del inconsciente, porque el síntoma no se descifra sino cuando él viene allí a agregarse convenientemente. Se sabe que el discurso analítico existe no sin efecto sobre el inconsciente. ¿A qué podemos reportar la mutación de la gran clínica histérica sino al hecho que de ahora en adelante hay psicoanalista? Freud lo constató, él mismo, al cabo de quince años de práctica: la presentación del síntoma había cambiado. De ahí, concluí rápidamente que el porvenir del inconsciente tiene su interés en nuestros trabajos. ¿Los analistas son los pastores del inconsciente? ¿No es verdad que de él tienen la guardia, si bien ésta no sea nada substancial? Si el inconsciente no se abre sino para cerrarse, ¿qué nos asegura la perennidad del acceso que Freud nos ha trazado?

  1. ¿Quiénes son los analistas?

Si esa frase me vino es, lo supongo, porque convenía recordar la polémica más fuerte que Lacan tuvo que sostener, él nunca negó el título de analista a sus adversarios. El analista no procede del ser, ni de la esencia, ni del hábito, sino del empleo que asume. Lacan lo escribe: “Analista en sentido pleno es aquel que sostiene el empleo de colocarse como tal”. Poco importa que el sujeto desconozca los resortes de su acto: la estructura piensa por él. Lo que ha tomado forma de rito en la Internacional, es matema en Lacan.

  1. De lo imposible de soportar a lo imposible de decir

Todo parte de la incidencia pathemática de lo real. Se encuentra que solamente el psicoanálisis capta ese “imposible de soportar” en un dispositivo de discurso, lo pone a trabajar y lo transforma en “imposible de decir, que es otro modo de real. Es por ahí que el psicoanálisis es de hecho irreductible a la cultura: hace allí un agujero. ¿Qué es lo que llamamos “la cultura” sino el Otro como mescolanza del significante? Al comienzo, los analistas estuvieron fascinados por lo que salía del hueco: el sentido, “ahí quieres, ¡en abundancia!”. Lacan ha llevado la experiencia a su condición pura, lo imposible de decir. Y es por ello que la idea se difundió, a partir de esa enseñanza, de la vanidad de toda enseñanza -porque lo imposible de decir, hay. De ahí el silencio (callarse sería la manera más digna de igualarse a lo imposible de decir) o el parloteo (hablar de lado, buscar su propia voz). Al contrario: la conquista del análisis, dice Lacan, es haber hecho matema de lo indecible.

  1. La enseñanza de Lacan es un trozo de real

¿La enseñanza de Lacan se impuso por la sugestión? ¿Su audiencia suponía la presencia, la prestancia de un Amo? Esa es la teoría de la señora Catherine Clément, por ejemplo. No es la mía. Esta enseñanza se impuso por su conformidad al discurso analítico. Esto ha incidido más allá del grupo lacaniano y esta enseñanza ya entró en lo simbólico en tanto que discurso común. Hemos padecido la pasión imaginaria que suscita. Pues bien, ella se ha convertido antes que nada en un trozo de real y no se cesará en un futuro de corromperla -de proceder a nuevos “retornos a Freud” para rodearla, superarla, reprimirla, tal vez para forcluirla. Pero nunca se podrá: la enseñanza de Lacan es ineliminable, de ahora en adelante, de la historia del psicoanálisis y no se podrá ahorrar trabajarla, atravesarla en todos los sentidos para arrancarle su sentido más allá de su significación. ¿Cómo Lacan procedió con Freud? Con la fórmula “no hay relación sexual”, dice él, yo resumo los enunciados de Freud sobre la sexualidad e intento decir crudamente la verdad que ahí se inscribe. Y bien, veamos si logramos decir la verdad que se inscribe en la enseñanza de Lacan.

  1. La disolución comenzó hace mucho

La disolución no data de hoy. Comenzó desde que la incidencia de Lacan se hizo sentir en el medio analítico. Su crítica recae sobre el didacta, sobre aquel que se arroga la enseñanza en intensión, el monopolio del saber-hacer un analista. Hay inquietud de la toma por el discurso universitario del discurso analítico y se cree reconocerlo ahí donde se enseña en un estrado o en una cátedra. Es un error. Hay un punto muy preciso de articulación entre el discurso analítico y el discurso universitario, un punto de articulación interno a la experiencia analítica y es el didacta. Ahí está presente la Universidad en el discurso analítico. El didacta es aquel que del saber supuesto al inconsciente hace de sujeto semblante saber. Esto es una perversión del sujeto supuesto saber. Y es ahí que me agarro al tema de la serie donde yo estoy inscrito: el pase viene al lugar del semblante de saber de los didactas.


[1] J.-A.Miller, « Cinq minutes », in La Cause Freudienne, Actes Du Forum, no 1. Paris : École de la Cause Freudienne, mars 1981.

Traducido por Patricio Moreno Parra (comentarios a pachuko84@hotmail.com)