Respuesta a una Pregunta de Didier Lauru – por Jacques-Alain Miller – 2021/05/29


Didier Lauru:

Usted subrayó varios puntos que voy a retomar y luego le plantearé quizá una pregunta. Y luego pasaré la palabra a Marielle, quien va a intervenir.

Usted habló a justo título del pasaje a la dimensión política. No es algo nuevo el de subrayar que los psicoanalistas estadounidenses han perdido la batalla con el DSM y con la introducción de la salida de la homosexualidad. ¿Es algo que se está renovando de cierta manera? ¿Vamos a perder la batalla los psicoanalistas? Como usted lo subrayó, nos pueden tildar de conservadores, reaccionarios, etc., ¿o tenemos una oportunidad de hacer valer nuestro punto de vista clínico y teórico?

Usted dijo cosas que me parecieron muy interesantes y, además, muy fuertes. Usted habló de la ‘fuerza del deseo de transición’. Eso me parece diferente de la convicción. Cuando decimos ‘convicción’ como algo que viene de la clínica psiquiátrica, pensamos enseguida en la cuestión del delirio. Ahora bien, cuando habla de la ‘fuerza del deseo de transición’ no es ya la misma cosa -me parece-. Luego, el sujeto de derecho es algo bastante amplio. Es paradojal que la gente llegue hasta un cambio de identidad para seguir siendo idéntica a sí misma. Es efectivamente la paradoja del sujeto de derecho. ¿Es verdaderamente una antipatía total del inconsciente -puedo decir- a esa ideología de los derechos del hombre? ¿O estamos verdaderamente en una democracia y debemos trabajar con ese cambio de hábitos, esos cambios de la cultura?

Hay un punto que usted no habló. Sin embargo, son muchas personas que -gracias a usted- se han puesto a leer a Éric Marty. Le agradezco por ello. Él dice cosas muy fuertes. ¿Los intelectuales -e incluso Lacan indirectamente- no han preparado el terreno para esta noción de género del trabajo de Butler precisamente? Y sobre eso, ¿podría decirnos algo? ¿Cree que hay un vaivén entre Francia y los Estados Unidos y ahora recogemos -de una cierta manera- lo que indirectamente nuestras grandes figuras del siglo XX “sembraron”? Es mi pregunta.

Jacques-Alain Miller:

Hay muchas preguntas. Tengo un papel y un lápiz y anoté sobre la marcha. Primeramente, lo de ‘perder la batalla’ como los psicoanalistas perdieron la batalla en los Estados Unidos. Cernamos las cosas. Los psicoanalistas. Hubo un debate interno al movimiento psicoanalítico donde la IPA –International Psychoanalytical Association, la madre de todos nosotros, si puedo decir- tenía la pretensión de reservarse el monopolio del número de psicoanalistas. Y entonces perseguían a las asociaciones psicoanalíticas que no estaban adheridas a la IPA delante de los tribunales para prohibirles llamarse psicoanalistas. Ahí perdieron la batalla. Eso fue una batalla interna al mundo psicoanalítico. Podemos felicitarnos que la IPA haya perdido esa batalla, que la llevó a los Estados Unidos y que no intentó traerla a Francia. Imagino que habrán reflexionado, que fueron prudentes.

Sobre la homosexualidad. Yo me regocijo del hecho que se haya cesado de considerar la homosexualidad como una patología. Considero, por mi parte, en mi utilización intelectual y teórica, que continúo refiriéndome al término perversión tal como fue entificado, construido por Freud. La tripartición neurosis, psicosis, perversión se mantiene para mí como algo fundamental. No le añado al campo de perversión una veta moral. Por ende, considero que es completamente una victoria -como se diría- de los derechos del hombre que la homosexualidad haya sido despatologizada y que eso haya abierto la vía al matrimonio homosexual. Nuestro amigo Jean-Pierre Banter -indiscutible lacaniano- se alió con el Vaticano y el rabino Bernheim contra el matrimonio homosexual, lo que me empujó a comprometer a los colegas de la Escuela de la Causa Freudiana a tomar partido a favor del matrimonio homosexual. Se marcó bien que nada en la teoría analítica, nada en la enseñanza no iría en el sentido de oponerse a ese deseo de matrimonio -que fue para mí sorprendente al comienzo-. Tengo tradiciones, pero admiré la libertad de los homosexuales en cuanto al matrimonio. Entonces, en un primer momento, no comprendí ese deseo de matrimonio. No era el único. En una emisión de televisión, estaba al lado de Pierre Bergès, quien tampoco suscribía al matrimonio de los homosexuales. Pero luego, oponerse a ello en nombre del psicoanálisis me parecía una impostura. Entonces, considero que es una batalla la cual no considero que el psicoanálisis la haya perdido. Pienso que ganamos en el hecho de que la homosexualidad no sea ya considerada como una patología.

La cuestión trans es otra cosa. Creo que la ideología de los líderes activistas trans es una ideología que es necesario que la combatamos. Es delicado porque, en efecto, las fuerzas reaccionarias, tradicionales en la sociedad se oponen a ello bastante y nosotros debemos encontrar una manera de hacer comprender nuestra posición en relación con esto -admitiendo la fuerza del deseo de transición-. Los trans, claramente, desean un mundo en el que las personas estén en un tránsito permanente de género. Podemos adoptar un género, cambiarlo; y entonces ellos ponen a los demás en una posición de ser conservadores que quieren un mundo inmóvil y fijo. Entonces, en muchos aspectos, ellos están de acuerdo, en sintonía, con corrientes muy presentes y poderosas en la civilización contemporánea. Pienso que no hay que dejarlas de lado.

A propósito del sujeto de derecho. Usted dice que estamos en favor de los derechos del hombre. Sí, estamos a favor. Estamos a favor del Estado de derecho. El Estado de derecho -que nuestra amiga Blandine Kriegel ha hecho mucho para popularizarlo en Francia- es una condición del psicoanálisis; igualmente la libertad de expresión. A propósito de esto, hay un libro reciente de Monique Canto-Sperber[1] absolutamente sobresaliente en los dédalos presentes en el debate acerca de la libertad de expresión -ciertamente estamos a favor-; pero si llegamos al punto en el que el sujeto de derecho domina todo aquello que es del sujeto, ahí debemos inscribirnos en falso, ya que el sujeto con el que tenemos que vérnoslas -el sujeto del inconsciente- no responde, no es del mismo registro y cada uno debe conocer su lugar. Tenemos ya algunos problemas con el discurso analítico y con su imposible; no lo vamos a mezclar con el discurso del amo y con su propio imposible, sino que cada uno en su terreno.

Entonces, usted habló del libro de Éric Marty. Para mí, muchas cosas comenzaron con el libro de Éric Marty. Es verdaderamente con la entrevista que tuve con Marty en la que tropezamos con la cuestión trans -en una entrevista que duró bastante tiempo- y eso suscitó en los amigos de la Escuela de la Causa Freudiana un interés apasionado. Esto hizo que realizáramos números de Lacan Cotidiano de 70 páginas, de 100 páginas de textos que llegaban sin cesar suscitados por este debate. Entonces, desde luego, lo que fue extraordinario del libro de Éric Marty es que demuestra que todo esto viene de Lacan. Butler finalmente ha reciclado las ideas de Lacan con pedazos de Foucault y escondiendo también lo que ella le debe a Deleuze.

¿Qué abrió la vía a la teoría de género? Es la proposición “no hay relación sexual”, que no haya una relación programada entre los dos sexos. Eso ya había abierto la vía a Deleuze y Guattari que dijeron que no hay dos sexos, sino mil pequeños sexos. La teoría del género LGBT etc., viene directamente de ahí, toma su fuente de ahí. Es la abundancia que viene del hecho de la no-relación y en este momento es la explosión, cuando todos llegan con su sexualidad. Es lo que encontré de extraordinario en el libro de Marty. Dice que la teoría de género está hoy en día presente en todas las democracias avanzadas y esto hace presión en los poderes públicos de todas estas democracias y que todo esto viene de nosotros -viene de Lacan-. Si tenemos consciencia de eso, eso da a Lacan una actualidad que no nos esforzamos en darle. Es un punto que escribí en algunos tweets para saludar el aniversario del nacimiento de Lacan -el 120simo aniversario el 13 de abril-. Lo escribí en tiempo real, entonces me puse a hablar de Judith Miller -su hija-, y después la comparé con Judith Butler -la llamé la hija espiritual de Lacan-. Es la hija espiritual de Lacan. De cierta manera, ella lo logró; yo no lo logré. Fui a Estados Unidos durante un cierto tiempo, quería interesar a los clínicos, algo absolutamente imposible porque no tenían acceso a ninguna de las referencias de Lacan -culturales, filosóficas, literarias-. Yo había interesado a los universitarios, pero a mí eso no me interesaba porque los universitarios me decían: “I use Lacan” para hablar de Shakespeare, “I use Lacan” para hablar…bueno, no quería dejar la clínica por la filosofía y en cierto momento tuve suficiente. Quería dedicarme a la América Latina y a los países latinos donde sabía que podía ayudar a crear instituciones analíticas. Y en ese vacío que dejé -entre otras cosas- apareció Judith Butler quien supo -tomando y torciendo a Lacan- hacer pasar algo -no sé cómo porque para mí ella es bastante confusa-. Tal vez lo logró porque nadie entendía de ella nada, logró hacer pasar algo -y la historia le rendirá homenaje por ello-. Dio recientemente una conferencia en Zoom -hace tres días- en París en diálogo con la famosa señora Horvilleur -que siempre está de acuerdo con todo el mundo-, también con Najat Vallaud-Belkacem. Decían que con el ministro habían hecho mucho para expandir las tesis de la teoría de género y Butler les dijo que ya no estaba interesada en la teoría de género, que lo estaba en otras cosas y que el género ya tenía 33 años y las cosas habían cambiado. Pero eso se mantendrá como su título de gloria y debo decir que, por primera vez, pude penetrar en algo de esa teoría gracias a Éric Marty y que pienso que le debemos mucho. Finalmente, pienso que ciertos miembros que han seguido a Butler vendrán a interesarse en esa fuente, que los llevará de nuevo a Lacan.

Didier Lauru:

Muchas gracias por esas precisiones, Jacques-Alain Miller. Es verdad que en el ’68 estaba prohibido prohibir. Ahora está prohibido interpretar y eso algo fuerte que nos ha dicho.

Jacques-Alain Miller:

Sí, todo está prohibido. Todo el mundo ha notado la inversión del liberalismo de mayo del ’68. El “prohibido prohibir” de mayo del ’68 se transformó en lo políticamente correcto que es, a pesar de todo, una voluntad de cerrar la boca -sino a todo el mundo- al menos a todos los que hablen mal. Esto es completamente extraño a la ideología de mayo del ’68. Lo mismo con el matrimonio homosexual, en mayo del ’68, todo el mundo se habría reído; nadie tenía esa idea. Todo el mundo tenía la idea que, al contrario, el matrimonio era una prisión del deseo. Entonces, hay que comprender cómo pudo invertirse. Es una historia que vivimos, y ahora debemos retroceder para ver cómo esto pudo invertirse. Sobre todo, no hay que hacer de ello una sátira -lo digo para mí mismo también porque hay cosas tan ridículas en la ideología woke de las cuales quisiéramos hacer sátira-, pero finalmente la sátira no explica nada. Es mucho más interesante comprender cómo ese fenómeno se produjo, a qué lógica responde. Por ejemplo, pienso que la toma creciente de los derechos sobre las actividades sociales explica mucho ese fenómeno. Sin duda que la toma de los derechos es creciente en la medida de la recesión que experimentan las tradiciones. Menos tradiciones, menos costumbres, menos maneras de hacer implícitas, más reglas, más juicios, más llamamientos a los derechos. Eso es ya una manera de abordar la cuestión.

Didier Lauru:

Sí. Hay muchas otras cosas que preguntarle sobre el constructivismo, etc. Hay en el chat muchas reacciones muy positivas en cuanto a la intervención de Catherine Millot y la suya. Había que decirlo.


*Intervención en la Jornada “La feminidad, lo fálico y la cuestión transexual” organizado por Espace Analytique. Presentación vía Zoom. 2021-05-29.

[1] Cfr. M. Canto-Sperber. Sauver la liberté d’expression. París: Éditions Albin Michel, 2021.

La Cuestión Trans en Psicoanálisis – por Catherine Millot – 2021/05/29

LA CUESTIÓN TRANS EN PSICOANÁLISIS

Por Catherine Millot

2021-05-29


Marielle David:

Jacques-Alain Miller me ha hecho el pedido de que sea Catherine Millot quien hable en primer lugar. Catherine, entonces, es su turno.

Catherine Millot:

Gracias, Marielle. ¿Sí? ¿Funciona ahí? ¿No me escuchan? ¿Me escuchan ahora?

Didier Laura:

Ahora escuchamos bien. Adelante.

Catherine Millot:

Buenos días. Gracias por su invitación. Jacques-Alain quiso asociarme a esta discusión acerca del transexualismo dado que tuve un interés -antiguo para mí hoy, ya que es una historia antigua acerca del transexualismo- y que efectivamente, curiosamente se ha actualizado, resituada en el fuego de la actualidad -diría- quizás a raíz del documental que vimos en la televisión, Petite fille, del que hablaba Marielle.

Digo que el transexualismo es para mí una historia antigua, pero al mismo tiempo, es mi trabajo que pude hacer en el ’82 acerca de este tema, y es algo histórico pues este trabajo nació de mi frecuentación de la presentación de enfermos de Lacan en Saint-Anne. En este entonces, Czermak quería que Lacan presente en varias sesiones a transexuales hombres en vías de transformación en mujer. Ese tiempo de las presentaciones de enfermos de Lacan fue particularmente apasionante y guardo recuerdos muy vivos. Esas presentaciones eran con un grupo de trabajo que sosteníamos en alternancia con las presentaciones de Lacan donde participaban Marcel Czermak, Solange Faladé, Jacques-Alain Miller, Laurence Bataille, Éric Porge, Éric Laurent y otras personas más. Tuve allí la oportunidad de participar. Eso se volvió un tema de discusión entre nosotros y teníamos un vivo interés por esta cuestión. Lo que a mí personalmente me atrapó fue la cuestión de saber -en fin, era la tesis de Czermak- si los transexuales eran psicóticos y yo me decía si aun así había verdaderamente que estar loco para querer volverse una mujer. Yo estaba picada por ese nivel de la pregunta -algo que puede parecer pueril, pero así fue-. Tenía ganas de ir a ver más de cerca cuál podría ser el diagnóstico que se podía hacer en relación con el tema de los transexuales.

Muy rápidamente, hubo para mí una continuación de esta temática. En una reunión de nuestro grupo de trabajo en alternancia con las presentaciones de Lacan, tuvo lugar en una clínica en un momento en el que Marcel Czermak estuvo hospitalizado por una cirugía de la rodilla. Ocurrió que en esa clínica se encontró con un amigo de su padre que era cirujano y que operaba a mujeres que querían volverse hombres. Evidentemente, enseguida me puse en contacto con ese cirujano y con una mujer -discúlpenme, hablo en términos biológicos, una mujer genética- que estaba ahí para hacerse operar y que había sufrido una operación extremadamente dolorosa porque quería orinar de pie y el cirujano en cuestión había tratado de responder a esa demanda. Así, esto le suponía operar para cambiar el trayecto de la uretra, en fin, cosas de ese estilo que son algo terribles. Debo decir que para mí que en ese entonces tenía una visión un poco fantasmática de esta temática del cambio de sexo, enseguida estuve brutalmente confrontada a la dimensión real y horrible -para mí- de la cirugía. Fue eso que hizo que no continúe trabajando con este tema porque en esa época aún no ejercía el psicoanálisis, pero a partir del momento en que comencé a recibir pacientes, todos Claude Dumezil quería enviarme un transexual y yo dije: “¡No!”. No quería en lo absoluto encontrarme confrontada a esa demanda de transformación quirúrgica de algo para mí era…mmh, bueno, no puedo decir que era transfóbica, sino castrofóbica o, en todo caso, fóbica de la castración quirúrgica.

Entonces, me encontré con este transexual operado por este hombre, este cirujano; ahora puedo decir su nombre. Este cirujano se llama Perelle. Es un apellido algo particular. Él lograba hacer rembolsar la operación de los transexuales. Para la Seguridad Social estaba el hecho de que costaba menos a La Sécu rembolsar una intervención antes que pagar un tratamiento múltiple de hospitalización psiquiátrica. No había para nada la impresión en las personas que vi que querían intervención psiquiátrica. En todo caso, finalmente, la Seguridad Social había aceptado rembolsar sus operaciones.

Entonces, la primera persona transexual con la que me encontré en esta clínica me contó que tenía un pequeño grupo de gente, de amigos, en resumen, de “trans” -entre comillas-, todos en el sentido de biológicamente una mujer transformándose en hombre. Entonces, frecuenté a este grupo durante quizá un año o dos. Nos encontrábamos en un restaurante, personas de las que aún me acuerdo hoy. Eran personas muy nítidas. También las vi durante unas entrevistas hechas en mi casa y me dijeron cosas interesantes. Por supuesto, siempre hay en el transexual eso de apegarse al discurso de siempre sentirse una mujer en un cuerpo de hombre, hombre en un cuerpo de mujer, es decir, algo que valide su posición de transexuales; pero cuando se habla con estas personas, todo eso se disuelve rápidamente. Se trata más bien de otra cosa.

Paralelamente a ese encuentro con ese grupo de mujeres, trabajaba en la literatura psiquiátrica. Debo decir que Czermak -él tenía muchos documentos- me dio un número considerable de artículos sobre el tema. En el curso de esa investigación, no encontré a hombres que buscaban volverse mujeres. Llama la atención que la pregunta que me planteé inicialmente de hecho era con esas personas con las que me encontré, pero luego terminé con mujeres que querían volverse hombres. Hay una suerte de ironía allí.

Decía que había trabajado ese tema del transexualismo a partir de documentos entregados por Czermak, Czermak con quien al principio quise hacer un grupo de trabajo sobre eso, un seminario sobre eso. Primero me dio su acuerdo y después no vino a ninguna sesión. De hecho, Czermak tomó de mala manera que yo pueda cuestionar su tesis según la cual los transexuales eran todos psicóticos. Eso fue un punto de conflicto con él. Finalmente, seguí mis lecturas, tenía muchos intercambios epistolares. Entonces, me sorprende que hoy en día despierte poco el tema del transexualismo ya que ese tema era apasionante. Y luego descubrí, en lo que concierne al transexualismo en cuanto a un hombre biológicamente que buscaba volverse mujer -la famosa pregunta que era la mía inicialmente- un libro que era completamente apasionante, de un inglés que firmaba Ian Maurice -quien había escrito un texto autobiográfico-. En 1974, se hizo operar para un cambio de sexo para volverse mujer y publicó ese texto titulado L’énigme en inglés. Y él, originariamente hombre, puso en marcha toda una carrera muy brillante como periodista, como correspondal de guerra, alguien del que podemos decir que tenía todas las insignias deseables de la virilidad, que se casó, que tuvo 5 hijos y a la edad de 40 años quiso empezar una transformación para convertirse en mujer. Su obra es apasionante porque dice que desde su primera infancia, él se sentía muy mal en su cuerpo de hombre y que quería convertirse en mujer ya que para él la feminidad era un ideal que quería alcanzar, aunque en ese momento no le era posible -un ideal que está situado del lado de la mujer menopáusica-, es decir de la mujer que está liberada de las imposiciones de la procreación, liberada de la sexualidad. Dice cosas muy apasionantes. Para mí fue un acceso irremplazable al transexualismo hombre dirección mujer. Man to women, como se dice en inglés.

Lo que saqué de esa lectura y esas frecuentaciones a esas mujeres que querían volverse “hombres” -entre comillas- es su aspiración a la que querían tener acceso. No era tanto el de volverse mujeres o de volverse hombres, sino de escapar a su sexuación. Y es por eso que titulé mi libro Hors-sexe[1], porque lo que querían antes que nada era erradicar las marcas de la sexuación, sean los caracteres sexuales primarios -los órganos sexuales-, o los caracteres sexuales secundarios. Y todo lo que decían es que, si hubiera un tercer sexo, si hubiera una posibilidad de escapara a la sexuación binario -como se dice hoy-, sería allí en donde se situarían, en ese hors-sexe [fuera-de-sexo]. Para escapara a su propio sexo, se acomodan del otro lado y, finalmente, esa aspiración consiste en realizar una suerte de imagen ideal, como un recorte de un disfraz. El envoltorio del cuerpo es del orden de un disfraz que hay que recortar.

De las mujeres que vi, las que querían volverse hombres –a las que frecuentaba, si puedo decir, durante un año o dos-, era raro que ellas se comprometiesen en una fabricación de un tipo de sustituto del pene. Ellas se contentaban con hacerse quitar los senos y los ovarios de manera que su propio funcionamiento no venga a impedir la inclinación hormonal que les daba la apariencia de hombres que querían tener. Pero ciertamente es una cuestión de apariencia. Ellas se contentaban con la apariencia. Tenían el disfraz, se hacían crecer la barba, se hacían masculinizar rápidamente mediante hormonas. Para la mayoría eso era suficiente, salvo por aquella que quería orinar de pie. Ella se metió en algo complicado.

Lo que también decían esas transexuales era que, en relación con las mujeres, tenían a menudo un lazo con una mujer, una historia, una ligazón, a veces vivían con una mujer. Y lo que ellas decían que aspiraban era a menudo a ser el complemento de una mujer. Y eso lo encontré también en Ian Maurice en su libro titulado L’énigme, esa aspiración a ser el complemento de la mujer. Eso hace parte de las tesis que traté de desarrollar en Horsexe. Era la aspiración de ser el falo del uno en el otro caso. Hoy en día eso me parece de una pertinencia relativa porque ser el falo es una aspiración tan común. Lo que hace la diferencia en el transexual es esa fuerza de encarnarlo. Eso no parece verdaderamente ya muy operatorio, aunque esté claramente ligado a esa aspiración.

Entonces, en lo que concierne a la relación con esas mujeres a las que frecuentaba y que querían volverse hombres, la mayoría -casi todas- no querían que se les fabrique un pene, pero esperaban -porque eran absolutamente conscientes de los límites de la cirugía en ese dominio- y no les impedía soñar en el progreso futuro que haría que se pudiesen realizar verdaderos implantes de órgano. Había una que soñaba que eso fuera posible y pedirle, por ejemplo, a su hermano que cuando muriera le haga un don post mortem de su pene. Era algo medio raro…

Bueno, esas mujeres transexuales que querían volverse hombres, me parecía que en ciertos casos se podía acercarlas a una posición histérica en la medida en que a menudo las histéricas toman como recurso a la cirugía para transformar su envoltorio corporal, es algo de la cirugía estética, en particular. Algo bastante corriente.

Voy a una cita de esas mujeres que decía que quería acomodarse del lado hombre. Era alguien que no estaba aún operada ni hormonada. Decía: “Es un mal menor y que hay que zanjar”, ya que no podía ser una mujer. Era su mal menor. Y algunas -las que ya estaban operadas- se cuestionaban sobre su posición y decían que querían hablar más acerca de lo que les había conducido a ese procedimiento. Había una que decía, por ejemplo: “No quiero morir idiota”. Y luego, la que aún no estaba operada decía que ya no quería analizarse ya que “sino uno no hace nada”. Eso me condujo a pensar que tal vez que el psicoanálisis no era absolutamente una temáticapara esas personas. Y al mismo tiempo concluí que no era una vía de las más comunes. Y hoy en día he escuchado decir que algunos transexuales pueden cambiar de opinión en su transformación a raíz de entrevistas en el marco de una psicoterapia o incluso de análisis.

¿Qué es lo que puedo decir hoy en día de ese trabajo? En el primer capítulo de mi libro hice una revisión del estado de las cosas que me parece totalmente de actualidad -40 años después- y que la diferencia es simplemente en la explosión numérica de los casos. Hace un momento hablé de las histéricas. Pienso que del lado de las mujeres que buscan transformarse en hombres -pienso, por ejemplo, en los adolescentes- se podría hablar de una epidemia histérica en este momento. Es algo que hay que tener en cuenta que se manifiesta desde ese lado. Entonces, la explosión numérica de casos conlleva algo grave -según yo-, es el tratamiento que se propone a los llamados transexuales prepubertos, es decir una implantación hormonal que se les propone para bloquear la pubertad. Es la cuestión central en ese documental acerca de una pequeña transexual, Petite fille, en la cual la psiquiatra a la cual la familia había consultado decía que era una posibilidad a tener en cuenta para ese niño el bloqueo de la pubertad en un cierto tiempo. Pienso que es un verdadero debate. Me parce algo grave que se pueda, sin ver más lejos, incitar a niños -ya que hasta la edad de la adolescencia hay que hablar de niños- en esa transformación.

Entonces, ese estado de las cosas del cual hablo sigue igual. De mi manera de abordar las cosas, no estoy totalmente satisfecha por lo que me volví a leer recientemente y retomar ese trabajo por varios ángulos. Me voy a detener ahí.

Didier Lauru:

Muchas gracias, Catherine Millot. Es muy interesante porque usted tiene una verdadera experiencia en una época en la que se hablaba poco de esos temas, se los encontraba escasamente en la clínica. Probablemente hay muchas razones para ello. Ahora se lo encuentra de maneras más frecuentes. Y usted tiene razón, talvez hay que reactualizarse.

Usted ha dicho cosas muy fuertes. Usted hablo del cuerpo que debe ser como un “disfraz recortado”. Es una expresión totalmente interesante acerca de la apariencia. Usted habló también de “ser el complemento de una mujer”. Habló de “encarnar el falo”. También habló de “escapar a la sexuación”. Pienso que son ideas heurísticas que hay que seguir. No sé si nos quiere habla algo más acerca de estas ideas que ha formulado. Particularmente, pienso que la idea -como si hubiera un poco una idea algo negativa- si se trata de escapar, ¿se puede ver el lado positivo como una solución o, en todo caso, una tentativa de resolver un drama subjetivo, un conflicto grave? En mi experiencia clínica, he encontrado gente que manifestaban un sufrimiento importante y que no podían encontrar otras soluciones a ese sufrimiento más que hacer una transición. El vocablo que se usa es el vocablo de transición. Y hay grados diversos. Hay algunos que se detienen en el camino; hay otros que van hasta el final, hasta la asignación del estado civil con el cambio que eso implica.

Mi pregunta es si quiere eventualmente precisar un poco de general. En todo caso, muchas gracias por ese testimonio. Y luego, usted dijo algo a la pasada, de que los psicoanalistas en esa época no estaban muy bien armados para teorizar o alojar -incluso entre los más eminentes que tenían ciertamente algo de sesgos, en el orden clínico con algo de presupuestos, por no decir prejuicios-. Es una razón por la cual su exposición es particularmente interesante porque usted no se dejó intimar por eso y usted quiso escuchar a esa gente y sacar de allí las conclusiones suyas a partir de la clínica, lo que es lo esencial de nuestro trabajo.

¿Quisiera reprecisar algunas cosas?

Catherine Millot:

Claro, con gusto. En relación con el estado civil, no abordé el tema, pero lo he abordado en mi libro. Era una cosa en los años ’80 que se pudiera cambiar el estado civil sin ser operado. Encuentro que eso era razonable ya que eso atempera los ardores quirúrgicos. El pasar por el cambio de estado civil sin pasar por la mutilación que conlleva una operación quirúrgica.

En lo que concierne el sufrimiento psíquico y luego la solución en la que consistiría la transición -como dice, transición es el vocablo que se usa actualmente-, voy a hacer un orden de reserva, lo que puede impactar a algunos, pero esa transformación -yo utilizo el vocablo transformación- que es propuesta por la cirugía pienso que, en el límite, es del orden de la estafa. Si pensamos que un transexual puede obtener mediante la cirugía no solo una vagina -hablo de eso y no del útero-, incluso a ese nivel es de una estafa. Se fabrica algo que puede servir para la penetración, pero a condición, por ejemplo, que eso esa constantemente abierto todos los días con un espéculo. En lo que concierne a las mujeres que viene volverse hombres, ¿se les puede proponer algo que se parezca a un pene? Es algo que propiamente fuera una nada, que pueda efectivamente ahí también servir a la penetración. Se incita a la gente a una transformación que es una ilusión en lo que concierne el hecho de se quiera darles el sexo opuesto. Helo ahí que sé que voy a levantar protestas diciendo eso, pero es mi convicción ya que a muchas mujeres las he escuchado acerca de esto.

Didier Lauru:

Usted también abordó la cuestión de los niños, los niños prepúberes. Pienso que ese es un tema extremadamente difícil que plantea toda una serie de preguntas donde hay una serie de polémicas. Se trata de la decisión o de toda incitación en la transformación o la transición en la edad prepúber. ¿Piensa que sería necesaria una legislación -como lo fue en Inglaterra a partir de los 16 años- en todo lo que puede ser del orden de lo irreversible o lo casi irreversible?

Catherine Millot:

No me metería en eso. He tomado mucha distancia con ese tema. No estoy al tanto para saber si se puede hacer de tal manera. En eso no sé nada. Diría que tal vez.

Lo que decía a propósito de los niños transexuales. Stoller decía que era importante poderlos detectar porque se podía con ellos entablar un trabajo analítico en los cuales cambiaban de esa posición. Consideraba eso como posible. Stoller fundó la sex gender clinic, alguien que tenía una experiencia enorme con niños transexuales. Decía a propósito que encontraba muy pocos casos de esto en la experiencia y que estadísticamente era muy raro. Fue eso lo que conduce a interrogarse acerca del hecho que se haya vuelto hoy en día mucho menos escaso estadísticamente hoy en día. ¿En qué esto se basa? Tengo una respuesta en esto. Pienso que la oferta crea la demanda. Y ¿qué es la oferta? Son los endocrinólogos, son los cirujanos. Hay dentro de la cirugía estética una dimensión de comercio. Ahí soy un poco brutal. Pero diré que es por razones como aquella por la que no quise volver a trabajar en ese dominio. Había algo que repelía definitivamente.

Didier Lauru:

Bien, muchas gracias, Catherine Millot. Fue verdaderamente muy esclarecedor e interesante lo que dijo. 

Les propongo continuar y pasar la palabra a Jacques-Alain Miller.


*Intervención en la Jornada «La feminidad, lo fálico y la cuestión transexual en psicoanálisis» organizado por Espace Analytique.

[1] C. Millot. Exsexo. Ensayo sobre el transexualismo. Buenos Aires: Ediciones Paradiso, 1984.

Las Psicosis en la Infancia – por Silvia Elena Tendlarz – 2021/05/27

LAS PSICOSIS EN LA INFANCIA[1]

Por Silvia Elena Tendlarz

2021-05-27


Bueno, muchas gracias, Jessica [Millet González] por esta presentación y también por la invitación. Quiero agradecer a Commünitas por esta invitación a través de Jessica, quien fue quien me contactó. Los tengo muy presente por mi viaje a Costa Rica y los volcanes de Costa Rica, la comida exquisita de Costa Rica. Lamento no estar personalmente para compartir este momento con ustedes. Me ha dejado un sabor grato el viaje y el tiempo de trabajo con la asociación psicoanalítica en Costa Rica y mi viaje en el 2016.

El título de esta conferencia es “Las psicosis en la infancia”. Surgió un malentendido cuando charlábamos con Jessica. Autismo sí, autismo no, psicosis sí, psicosis no. Entonces, ayer hablando con ella llegamos a las psicosis en la infancia y no el autismo. Me pareció que este malentendido -bienvenido sea- es un malentendido que perdura dentro de la salud mental, en la comunidad psicoanalítica, donde -de acuerdo con muchos psicoanalistas y distintas orientaciones- se confunde el autismo con las psicosis.

El primer libro que mencionó Jessica -de 1996- ¿De qué sufren los niños?, yo planteo allí al autismo como una forma extrema de esquizofrenia infantil -siguiendo un poco el espíritu de la época-. Pero el pensamiento del autismo evolucionó. Por eso un nuevo libro era importante que lo publicara en el 2016. Es decir que son casi 20 años después donde publico Clínica del autismo y de las psicosis en la infancia. El punto de partida es que el autismo no es una psicosis. Entonces, este malentendido da cuenta de que es algo que perdura. Hay cien años de historia, casi un siglo de lo que es el trabajo dentro de la comunidad psicoanalítica y psiquiátrica sobre el autismo. Fue todo un trabajo de separación del autismo de las psicosis. Los primeros que separaron eso fueron los manuales psiquiátricos donde, por un lado, ponían el TDG -trastorno generalizado del desarrollo- y lo separaban del grupo de las esquizofrenias. Pero la mala noticia es que el concepto de psicosis desapareció. En los manuales psiquiátricos ya no se habla más de psicosis en la infancia. Solo perdura el concepto de esquizofrenia en el diagnóstico siempre que esté relacionada con alucinaciones. Entonces si hay alucinaciones se piensa que es una esquizofrenia. Ya no se habla de psicosis y el resto queda dentro lo que el manual llama trastorno del espectro autista.

Entonces estos manuales generaron más confusión. Por aclarar, generalmente confunden más porque el gran diagnóstico que psicopatologiza a la infancia en este momento es el TEA con sus grados de grave, moderado y leve. Entonces, la mayoría de los niños llegan con diagnóstico de TEA -trastorno del espectro autista-. Pero el trastorno del espectro autista se ha vuelto una gran bolsa de gatos por la cual llegan niños autistas, niños psicóticos y niños neuróticos -con inhibiciones. O sea que la pandemia hizo que los tratamientos se vuelvan virtuales y eso hace que reciba consultas desde distintas partes del mundo. Algo que antes parecía totalmente descabellado ahora es totalmente usual porque incluso si uno vive a tres cuadras el tratamiento se vuelve virtual. Recibo consultas de distintos lugares y me doy cuenta de que muchos niños que consultan con sus diagnósticos de autismo son niños neuróticos. Por ahí tienen dificultades del lenguaje o dificultades en el lazo y están diagnosticados como autistas, con un autismo leve. O sea, el grado del TEA leve es una gran bolsa que reúne distintas dificultades. Efectivamente hay trastornos del habla, del lenguaje, porque esto se hace sobre todo en la pequeña infancia. No tenemos mucho tiempo para trabajar hoy, pero son temas importantes.

Yo quisiera introducir algunos lineamientos para poder separar el autismo de la psicosis. En la infancia, la psicosis existe. Era como un concepto caído de la clínica. Los clásicos hablaban más bien de debilidad mental, pero no hablaban de una psicosis en la infancia. O sea que fue todo un trabajo la construcción de darle una cierta existencia a que hay niños psicóticos. La psicosis en la infancia se manifiesta de distintas maneras. Como es una clínica del desencadenamiento, de la ruptura, hay un hilo, una cierta continuidad y de pronto se produce un corte, un momento fecundo por el cual algo se desencadena. Es lo que se llama el desencadenamiento de las psicosis. Eso puede ocurrir en la adultez o en la infancia. Entonces, en la adultez o en la adolescencia, uno se pregunta: “¿Qué pasó antes?”. O sea que la estructura de la psicosis es la misma, pero se puede decir que hubo una serie de compensaciones por las cuales no hubo un desencadenamiento. En el momento en que se desencadena las psicosis, hay algo que varía. Ya no es lo mismo. Y hay que producir un trabajo de compensación, una cierta estabilización delirante una vez que se produce el desencadenamiento. En los adultos, cuando tenemos entrevistas con adultos psicóticos, vemos que en la infancia aparecen fenómenos sueltos, como piezas sueltas, que demuestran la emergencia del fenómeno elemental, pero sin un franco desencadenamiento de las psicosis. Entonces, por eso pasan desapercibidos.

Por ejemplo, un paciente que cuando la psicosis dice que él es un iluminado, cuenta que a los 13 años ve una lucecita al lado izquierdo de la cara. Si no fuera un fenómeno que queda suelto de sentido, hubiera dicho: “Me molesta la luz”, la apaga, como estaba en un ómnibus baja la ventanilla y se acabó. Pero él lo percibió como algo diferente, extraño, sin sentido. Solo podía decir: “Hay una luz”, y queda suelto. El niño de 13 años no fue a contarle la experiencia en la que de golpe apareció una lucecita al lado izquierdo. Eso queda en silencio. Entonces, estos fenómenos pueden ser relatados por el adulto o no. Pero no es que no exista. Pueden existir fenómenos elementales en la infancia. Cuando se desencadena la psicosis dice: «Soy iluminado”. O sea que ese fenómeno que aparece suelto le da una significación personal. O sea que la luz lo ilumina y él es un iluminado y hace todo un delirio místico durante un tiempo hasta desencadenar en una paranoia. Pero lo importante es que esto da pruebas de que hay fenómenos sueltos que pueden aparecer vía el adulto.

Pero también tenemos niños en los que hay francos desencadenamientos. Como una nena en el momento en que el padre la reta tiene 6 años y la manda a su cuarto. Entonces escucha una voz que le dice que el papá es malo. Esa es una alucinación auditiva en una nena de 6 años. Por supuesto esto va a continuar con una serie de cosas. Pero tenemos desencadenamiento de las psicosis en la infancia.

O una niña que primera comienza a tener la idea de que un maestro malo quiere quemar la escuela y uno dice que es la imaginación de los niños que linda un poco con la fabulación, hasta que aparece una voz que le habla y le dice que la maestra es mala y que después le va comentando, le dice que haga cosas, etc. O sea que aparece la emergencia, a los 6 años, en el momento de que tiene que confrontarse a ir a la escuela, algo de sus recursos simbólicos no funcionan y se desencadena la psicosis.

También aparece rasgaduras simbólicas. O sea que pueden aparece como elementos sutiles que son muchas veces difíciles de diagnosticar y por el cual uno puede no hacer un diagnóstico positivo de neurosis, pero tampoco de psicosis. Y quedan como casos raros. Puede haber fenómenos de una paranoia atenuada. Son niños que todo el tiempo están un poco reivindicando, pero sin un franco desencadenamiento. Y hay algo de su estabilización imaginaria que se mantiene, pero con ciertos rasgos que puede pensar en las psicosis. De hecho, esto no lo decimos del lado de los lacanianos. Ya Víctor Tausk en 1919 cuando escribe su trabajo sobre el aparato de influencia en las psicosis, decía que algunos niños pueden presentar falta de plasticidad, capricho, repliegue sobre sí mismo, fantasías disimuladas y también una violencia sin motivo y sin razón. Hay algo interesante en estos actos de maldad que aparecen en algunos niños que no tienen ninguna razón de ser. O sea que esto es algo que Melanie Klein también hablaba. Hablaba de niños traviesos, inquietos, desconcentrados. Hay algo que está desorganizado y aparecen fenómenos sin sentido. El acto de maldad es importante porque es algo que me han presentado, por ejemplo, cuando fui una vez a hablar en México, en Distrito Federal, el caso de un grupo de niños que había asesinado a otro niño, un pasaje al acto hetero-agresivo que puede haber en las psicosis. De la razón decían que un niño estaba practicando para ser sicario, sin culpa, sin ninguna implicación subjetiva. Era un niño que ya se la pasaba matando perros sin razón. Habíamos visto en otros casos que se habían presentado estos actos de maldad sin razón. Un niño que había botado a su gato por el inodoro y la madre va y lo salva a último momento, pero ¿por qué? No pueden dar ninguna razón. Son fenómenos sin sentido. Y estas conductas hetero-agresivas aparecen en las psicosis como aparece el pasaje al acto homicida también en un psicótico. O sea que esto está del lado de las psicosis.

A veces, algunos fenómenos que aparecen como piezas sueltas se olvidan. Incluso puede haber fenómenos elementales o fenómenos psicóticos que después el paciente olvida. Me encontré con un caso en el que el niño tenía una alucinación claramente en la consulta -no doy detalles porque es un lugar público- donde tenía una alucinación auditiva muy marcada y estuvimos un año trabajando sobre eso y se compensó. Como es una clínica de apertura y de cierre, así como se abre también se puede compensar. Entonces, lo traen años después y solo recordaban el niño y también la madre de los actos de violencia, pero no se acordaban de la voz y lo traen por otra razón. El fenómeno alucinatorio ya no apareció más. Estaba más del lado de una psicosis ordinaria.

Me llamó mucho la atención. Hice todo un trabajo en el Departamento de Autismo y Psicosis en la Infancia para ver qué me decían mis colegas, si habían tenido una experiencia de este estilo. No es usual trabajar sobre esto. Vimos que niños que hacen una segunda consulta muchas veces se olvidan del fenómeno psicótico. Y es como si los psicoanalistas somos testigos de algo que uno podría quedar en una división subjetiva: “¿Soné todo el tratamiento o no?”. Es como si produjera, una vez que ha habido una compensación, un olvido del fenómeno psicótico y las cosas después aparecen de otra manera. O sea que un nuevo desencadenamiento puede quebrarse en el mismo punto -como un vaso que queda desquebrajado y se quiebra en el mismo lugar-, o puede aparecer de otra manera si eso produce una suerte de compensación. O sea que me pareció interesante esto y todo lo que uno puede reflexionar sobre todas las formas de presentación de las psicosis en la infancia. Puede ser un niño francamente psicótico -con delirios, alucinaciones y demás-, o puede ser algo más atenuado -que haya logrado compensarse-, pero donde no hay un franco contenido delirante. Este niño tenía una alucinación, pero no deliraba. No hubo un franco desencadenamiento. Era como un elemento que mostraba su diagnóstico.

Y también hay fenómenos en la infancia que se presentan como extrañas certezas. ¿De dónde sacó esa idea? Esas extrañas certezas que podemos encontrar en la infancia me hace recordar los trabajos de Vince Banger sobre las excentricidades. El lo sitúa como esto que queda por fuera del sentido. Pueden ser fenómenos de perplejidad, como este niño que aparece una luz y queda perplejo. No puede decir nada absolutamente. Es interesante para pensar por qué no se desencadenan todos los fenómenos de compensación imaginaria o el como si que hace que el mundo se sostenga sin un franco desencadenamiento. Y después, también que reflexionar qué pasa cuando se produce algún tipo de vacilación imaginaria por el cual eso que se sostenía durante un tiempo no se sostiene más y cae. Y aparece francamente las psicosis.

También hay niños que hacen un desencadenamiento psicótico y no logran compensarse. O sea también existen niños que persisten con ideaciones, fabulaciones y delirios. La compensación se dificulta o a veces se atenúa el fenómeno delirante. Es un trabajo que hay que hacer siempre bajo trasferencia. En definitiva, lo que hay que saber es que, en definitiva, un sujeto no es una suma de datos ni para las psicosis ni para el autismo. Realmente hace falta encontrarse con los padres, hay que encontrarse con el niño y es un diagnóstico bajo trasferencia en el que uno puede hacer un diagnóstico diferencial.

El mayor problema clínico que se presenta son los niños muy pequeños. En los niños muy pequeños es cuando se plantea el fenómeno diferencial entre autismo y psicosis en la infancia. ¿Por qué? Primera cuestión, el autismo se inicia siempre en la pequeña infancia. Antes se hablaba de niños entre 4 o 5 años porque no se escuchó hablar de autismo. En cambio, es ahora el diagnóstico que psicopatologiza la infancia. Es muy habitual oír hablar de autismo. Entonces, si hace muchos años llegaban derivados de las escuelas -cuando los niños se escolarizaban a los 5 años-, ahora ya llegan por los pediatras. Los pediatras, pasando por neurólogos o no, a partir del año y medio, recibimos consultas sobre diagnósticos diferenciales de autismo. O sea que no hay un autismo que se inicie a los 10 años ni a los 50. Se inicia en la pequeña infancia. Sí hay casos en que el diagnóstico de autismo se lo recibe muchos años después porque en la infancia se los diagnosticó como psicosis y después hay un diagnóstico de autismo que no estaba dado en su momento. Uno piensa en Donna Williams. Donna Williams se la tomaba como una psicosis y a los 25 años fue diagnosticada de autismo, dentro del cuadro de Asperger, o Daniel Tammet -si tomamos los testimonios de autistas de alto nivel-.

Ahora los diagnósticos los hacemos de forma muy precoz. Cuando llegan niños muy desorganizados, muy desordenados y por ahí no tienen lazo con otro, y no tienen uso del lenguaje, muchas veces los analistas, los psicólogos, los terapeutas -o quienes los reciban- tienen la dificultad para hacer un diagnóstico diferencial: si son autistas o si son psicóticos. Para el autismo hay 2 rasgos diferenciales importantes que hablaba Kanner -quien fue quien introdujo en 1953 el diagnóstico de autismo infantil precoz- que era la soledad y el aislamiento y las conductas repetitivas. Entonces, si un niño aparece con trastornos del lenguaje y cortado el lazo, inmediatamente se piensa que es un niño autista; y sobre todo, si es un niño que está muy desorganizado y disperso, las respuestas pueden ser con tanta dificultad como un niño que tiene autismo. O sea que un niño psicótico y uno autista van a contestar los dos mal porque están desconectados, porque no pueden concentrarse en las respuestas, porque están desinteresados. Eso hace que el diagnóstico de autismo crezca. Pero hay que saber que hay que poder diferenciarlo. Si no se puede hacer de entrada, no hay que hacer un diagnóstico de autismo por descarte, sino que hay que poder hacer un diagnóstico positivo de autismo o de psicosis, o incluso de neurosis. Yo he tenido muchos niños neuróticos en tratamiento finalmente que llegaron diagnóstico de autismo por esa dificultad de a veces de grandes inhibiciones para el lenguaje, con mucha dificultad de poner en forma el uso del lenguaje. Entrar en el lenguaje es entrar también en una estructura simbólica que a veces a los niños se les dificulta, pero eso no significa que sean autistas.

Hay que saber que el autismo no es una enfermedad. Hay que repensar algunos juicios y algunos mitos. El autismo no es una enfermedad. El autismo es un funcionamiento subjetivo singular. Así como nosotros decimos que se entra en la estructura por un consentimiento de la insondable decisión del ser -¿qué significa eso?- que no es algo volitivo. Es como una aceptación en la inclusión del lenguaje o hay un rechazo por mecanismos forclusivos. Y hace que un sujeto pueda incluirse en la neurosis o en la psicosis, o que tenga un funcionamiento autista. Entonces, si partimos que no es una enfermedad, sino que es un funcionamiento singular, el siguiente prejuicio que hay que vencer de inmediato es que es por culpa de los padres. Hubo toda una orientación que surgió con Bettelheim diciendo que los padres eran culpables del autismo de sus hijos. Esto hizo estragos, los hizo sufrir. Se hablaban de madres refrigeradoras, heladeras, que los habían creado sin deseo, sin amor. Yo en lo personal testimonio que nunca vi algo así, no más que un niño neurótico o un niño psicótico. Hay mujeres que tienen dificultades con la maternidad, pero no porque sean madres de autistas. Al contrario, yo veo madres muy amorosas que se preocupan por sus hijos y que son finalmente las que los traen en tratamiento. Esa idea de armar causa-efecto -o sea tal madre, tal padre, tal hijo- no creo que funciona para ninguna estructura clínica ni tampoco para el autismo. Siempre hay las distintas modalidades de cómo ser madre, o ser padre; eso es en singular para cada sujeto hay una pregunta y una respuesta -cada uno lo va a armar a su manera- y también hay esa insondable decisión del ser por la cual un sujeto entra en un funcionamiento subjetivo singular o entra dentro de una estructura. Y eso no es por culpa de los padres, jamás. Es el primer prejuicio que hay que borrarlo.

Después está esta idea de la sameness y la aloneness, la idea de la soledad de la que hablaba Leo Kanner cuando trabajaba en Baltimore, es algo a examinar. Si uno se pone a ver en detalle esta llamada soledad del niño autista no es tal. La mayoría de los niños hacen un esfuerzo, un trabajo por entrar en contacto con el otro. Es un trabajo de invención del lado del terapeuta -o de quien lo reciba- de poder armar un lazo sutil para poder entrar en contacto con el niño. El niño rechaza porque el mundo le resulta intrusivo. Hay algo simbólico que no se armó para él, por eso Lacan dice que vive en lo real, y el mundo le resulta intrusivo y le produce una intensa angustia. Entonces, necesita armar algún tipo de defensa contra eso que le resulta intrusivo. Al mismo tiempo, tratan a su manera de ponerse en contacto. Se los ve en contacto con los padres. Algunos niños no quieren entrar si no van con los padres. Ese no es el paradigma del aislamiento. De todas maneras, hay que saber que no hay un autista tipo, sino que hay distintos grados de autismo. Entonces, cada niño es diferente. Un niño es un niño. El autismo no habla todo de un niño, sino que hay que poder respetar las diferencias subjetivas y ver el detalle -el gusto del detalle- y ver cómo para cada niño qué se desenvuelve, qué es lo que funciona para él. Entonces, el grado de aislamiento ha vuelto al autismo como significante amo de la época. Imagínense ustedes, todos nosotros estamos solos todo el día con la computadora al lado. ¡¿Qué más autista en cuanto al lazo?! O sea que vivimos en una época de un autismo generalizado: cada uno en su mundo con sus aparatos, su teléfono, la gran computadora, la laptop, el televisor en la habitación. Vivimos con nuestros aparatos. El individualismo o la dificultad del lazo contemporáneo no es el diagnóstico de autismo.

Entonces, eso por un lado. Por otro lado, el aspecto de la repetición los manuales psiquiátricos los llamaron obsesiones o conductas estereotipadas. Esto tiene algo ya de peyorativo. Es una idea de que está obsesionado con algo y que tienen conductas repetitivas llevaba consigo la idea de que el tratamiento era sacarlo de esas obsesiones, sacarlo de esas conductas estereotipadas para que se interese por otras cosas. O sea que sería destruirle la defensa, destruirle la manera que encontró para poder estar en el mundo para que pueda estar en el mundo. No creo que sea la mejor manera. Recuerdo un niño cuyo interés eran los legos y se la pasaba armando legos, entonces el tratamiento anterior a mí fue sacarle los legos. Cuando yo lo vi, el niño no hacía absolutamente nada. O sea que eso había sido su manera de estar en el mundo y sin eso no tenía ningún recurso. Estaba ahí tirado, desparramado en el piso. Tuve que ponerle los legos para que pueda de nuevo comenzar a armar y ahí tratar de ponerme en contacto con su punto de interés. No es lo mismo llamarlo repeticiones o conductas estereotipadas que hablar de la pasión del niño autista. ¿Cuál es su interés específico? En realidad, para entrar en contacto con un niño autista hay que interesarse por cuáles son sus intereses, por lo que lo apasiona. Y a partir de eso tratar de operar un desplazamiento en continuidad, un desplazamiento en lo que se llama una clínica del circuito, introduciendo personas y objetos.

Cuando se habla de autismo, se habla de esa muralla defensiva. En la historia del psicoanálisis se hablaba de que esa muralla era una muralla rígida, como el caparazón autista. Se tenía esa idea que había que franquearla, que había que quebrarla; la idea de la fortaleza vacía; había que quebrar eso para que pueda entrar en contacto con el mundo. La originalidad de Éric Laurent fue la de hablar de un caparazón autista elástica. Tenemos primero dentro del psicoanálisis lacaniano a Maleval quien habla del borde autista; primera forma de verlo, como un retorno de goce sobre el borde. Éste está constituido por tres elementos: 1. El objeto autista. 2. El doble 3. Los intereses específicos. Paso a explicarlos.

El objeto autista es un concepto creado por Francis Tustin, la kleiniana inglesa con unos trabajos muy interesantes donde ella hablaba de que -por ejemplo- si un niño se presenta con un reloj en la mano y que se mueve todo el tiempo, ese el objeto autista. Pero el énfasis no tiene que estar puesto en el objeto en sí mismo, sino en la propioceptividad, en la sensación que le producía la presencia del objeto. Entonces, esa es la idea de Francis Tustin, de que están tomados por la sensación que le producen los objetos que no pueden vincularse con las personas. Por ejemplo, si está en la silla, tiene la sensación de la silla. Si se caen y no lloran, no es porque no se conectan con el dolor de la caída, sino que se conectan con la sensibilidad, con propioceptividad. El asunto es poder crear que aparezcan objetos y personas que lo saquen de esa propioceptividad. Lo que pasa es que el tratamiento que traía aparejado esta concepción es que había que arrebatarle el objeto autista, o sea que había que sacárselo. Estamos en la idea de arrebatarle el objeto autista, sacarlo de sus llamadas obsesiones, mientras que, en realidad, hay que lograr ponerse en contacto con el niño a partir del objeto, no para arrancárselo, sino para encontrar una manera de poder hacer con eso desplazándolo de esa homeostasis inicial. Eso en relación con el objeto autista.

El doble es justamente ese doble que se lo llama doble real, que es la presencia de un objeto mediador. Eso explica por qué, supongamos, un niño autista que está con el hermano y siempre con el hermano y solo puede moverse con la presencia de un hermano -sería un ejemplo clínico que me viene a la mente-; es decir, la presencia de alguien que queda como algo simétrico, pero sin ser imaginario -porque no hay imaginario en el autismo, es todo real-.

Y los intereses específicos es eso que yo acabo de explicar, que ocupen el lugar de un borde. O sea que acá no están en la pura propioceptividad, sino que es un borde autista. Por ejemplo, en un momento hicimos una investigación del autismo en los medios audiovisuales y encontré en Internet uno que se llama Autismo: el musical. Con distintos chicos autistas elaboraron un musical. Había un niño que estaba interesado, su punto de interés eran los dinosaurios. Entonces, cada vez que se lo hablaba, hablaba solo de los dinosaurios. Estaban filmando y él hacía la imagen de los dinosaurios caminando de un lado al otro. O sea que él participa del musical a través de su interés específico con los dinosaurios. Solo hablaba de eso, pero estuvo con otros. Eso le posibilitó estar con otros. Entonces, a partir de sus intereses, van a ampliar su mundo, incluyendo personas y objetos.

Después, Éric Laurent, en vez de hablar de un caparazón rígido, habla de un caparazón elástico. Él dice que ese encapsulamiento autista es como los trajes de los astronautas. Él va a hablar de una iteración -significa repetición- sin cuerpo -porque no está constituido el cuerpo en el autismo-. Entonces dice que funciona como un neoborde, como el traje de los astronautas que se desplaza en el espacio, como una neobarrera, y lo que hay que lograr es que se desplace, así puede incluir objetos y personas.

Y uno ve en el consultorio que el niño llega dando un golpecito. Y un día, ese niño que hacía el golpecito, se le cae el palito y hace otra cosa, incluye otro objeto, se interesó por algo más y ya el mundo se desplazó; o estuvo atento a lo que decía el analista y algo se desplazó. Recuerdo un nene que llegaba y decía: “Tikitikitikitik”. Entonces yo quería armarle un ritmo. Entonces, yo hacía un golpecito y decía: “Uno, dos, tres, cuatro”. Y todo el tiempo que hacía “Tikitikitikitik”, yo hacía “Uno, dos, tres, cuatro”. No es una fórmula para interpretar. Se me ocurrió en ese momento. Y en ese momento que yo digo “Uno, dos, tres, cuatro”, él dice: “Cincos, seis, siete”. Ahí me entero que el niño contaba. No lo sabía. Me lo contó de esa manera. Y después comienza a haber intercambios donde aparecen números donde aparecen números dentro de ese “Tikitikitik uno, dos, tres”, “Tikitikitik cuatro, cinco, seis”. O sea, se dan cuenta de que entramos en contacto. Algo se había ampliado, algo me contó de él mismo. O sea que algo se expande.

Cuando se toma a los niños como puramente deficitarios no se los escucha. Y como dice Lacan, hay que escuchar al sujeto autista porque tiene algo para decirnos. Había un niño que siempre repetía frases de los dibujitos. Estaba en un momento muy interesado con Lilo & Stitch. Entonces repetía: “Nos invaden los marcianos, nos invaden los marcianos”. No era de la parte principal, sino de la parte secundaria, lo los sketchs que uno no se daba cuenta, pero era como un pequeño elemento lateral que repetía, no los elementos principales. O sea que a veces era muy difícil saber a qué dibujito correspondía. Entonces, un día llega: “Nos invaden los marcianos”, y dice: “Silvia, ¿estás viva?”. Y repite: “Nos invaden los marcianos. Silvia, ¿estás viva?”. Entonces, yo hablo con los padres y ahí me entero que efectivamente había habido una muerte en la familia. Él me lo contaba, pero si yo lo hubiera escuchado solo como un déficit y no como una producción de que algo estaba contándome a través de lo que me decía, no hubiera enterado de cómo lo afectó. Y lo estaba diciendo a su manera.

Una niña que repetía todo el tiempo un cierto dibujito me llamó la atención. Era un accidente de autos. Ella repetía: “Uy, se cayó. Uy, se cayó. Uy, se cayó”. Yo pregunto y efectivamente habían tenido un accidente. Entonces, me lo estaba contando a través de ese dibujito. Entonces, al poder entenderlo pude situarlo. Super interesante para mí. Y luego dejó de decirlo, produjo su elaboración personal a su manera, una manera iterativa porque repetía siempre lo mismo.

De ahí que Éric Laurent dice que anything goes, todo vale. Uno toma objetos, personas, hace ruiditos, le habla, en todo caso no le interpreta como una interpretación edípica -porque eso no llega a ningún puerto-, y eso produce un efecto porque tiene esta idea que esto es exactamente lo opuesto que las psicosis. En las psicosis partimos de un desencadenamiento y tenemos que trabajar para producir una compensación, para que el mundo vuelva a su lugar. En cambio, en el autismo partimos de una homeostasis donde el mundo es exactamente igual y tenemos que producir que se desplace. Hay que extraer al niño de esa homeostasis inicial. Y en las sesiones, los niños traen algunos elementos que repiten en sus propias casas -y es una manera de contarnos lo que hacen-, pero también hay algo de la contingencia del encuentro. Por contingencia arman un circuito y después lo repiten en cada sesión. Y ese circuito se va repitiendo hasta que en un momento logra desplazarse. Lo hacen 10, 20, 50 veces hasta que en un momento, el analista trata de producir algo nuevo en la repetición, variaciones, hasta que logra desplazarse.

Ahora, yo decía que cuando los nenes son muy pequeños, a veces el diagnóstico diferencial se dificulta. Hay que saber que no hay conductas heteroagresivas en el autismo, o sea que no va a lastimar al otro, no va a golpearlo; pero sí puede agredirse o lastimarse. Hay niños que se golpean contra el piso, se lastiman. Y si lastiman al otro es accidentalmente. Me ha pasado que un niño en una crisis de excitación, se enganchó su mano con mi pelo y fui al piso, pero no me quiso tirar. O sea que sí puede haber un pasaje al acto criminal en un psicótico, raramente en un autista porque no hay esa carga hacia el otro, sino que hay un exceso que retorna -o lo que se llama en psicoanálisis forclusión del agujero-, y que en esa crisis de excitación trata de liberarse de eso, pero no a través del otro.

Entonces, tenemos que las psicosis pueden desencadenarse a los 50 años como el caso de Schreber. El autismo no. En las psicosis tenemos delirios, alucinaciones, fenómenos elementales, lo que se llama el fenómeno de cadena rota, interpretaciones delirantes, significación personal. No hay nada de eso en el autismo. Los niños muy pequeños psicóticos se pueden presentar como muy desorganizados. No paran. Están en movimiento continuo. Un niño autista también puede estar en movimiento, pero repite siempre lo mismo. Un niño psicótico no; está siempre en movimiento con cosas distintas e inmediatamente aparece la trasferencia negativa. O sea, no hay trasferencia negativa dentro del autista. Puede rechazar o quizá no querer ver a alguien, pero porque le resulta intrusivo. Pero del niño psicótico puede haber la desconfianza: “¿Por qué me preguntas eso? ¿Qué quieres? No entiendo qué estás haciendo y para qué”, o sea lo que parecen fenómenos de odio. Por eso es importante un diagnóstico en transferencia. Inmediatamente, un niño psicótico entra en lazo; para odiarlo, para sentirse perseguido, para rechazarlo, para destruir el consultorio o para contarle lo que es su delirio. Para el niño autista es un trabajo lograr entrar en contacto. No es algo que vaya de suyo y sea tan sencillo frente a ese rechazo.

No es una cuestión simplemente nominativa. En realidad, mientras no sepamos el diagnóstico, nosotros trabajamos escuchando a los padres y escuchando al niño, pero este diagnóstico nos permite después orientar la dirección de la cura. Con un niño psicótico vamos a tratar de que se compense o se estabilice y que pueda incluirse de la buena manera en el mundo, se escolarice; si tiene alucinaciones y delirios, que no le hagan sufrir. O sea que pueda compensarse. Con el niño autista, se trata de expandirlo. Maleval dice que hay distintos tipos de borde. O sea que esto puede ir expandiéndose y los sujetos llamados Asperger en la actualidad pueden tener su pareja. No es una maldición el autismo. No es una condena ni un mal destino, sino que cuando son muy pequeños resulta muy inquietante por el corte del lazo, porque no hablan o porque tienen dificultades en sus adquisiciones. Esto puede variar, algunos sí, algunos no. Hay distintos tipos de autismo. Entonces, algunos logran armar su pareja, tienen sus inserciones laborales. Los autistas de alto nivel dan testimonio de lo que se ha llamado la narración autista donde explican cuál es su funcionamiento y cómo han llegado al punto en que están y cuáles fueron sus dificultades. O sea que existe una variedad. Hay distintos tipos de bordes autistas y estos se expanden.

Con esto concluyo. Así como nosotros para el autismo hablamos de una clínica del circuito por esas secuencias iterativas que el niño va armando y que después uno logra desplazarlo, del lado de las psicosis vamos a hablar de una clínica de la invención. Justamente por el retorno del goce sobre el cuerpo aparece como una mortificación del cuerpo, fenómenos hipocondríacos. Un niño tenía miedo de mover el brazo porque tenía miedo de que se le cayera. La clínica de la invención es cómo se inventa algo para sostener ese cuerpo que se le desarma, que se le desarticula. Dentro las psicosis infantiles tenemos las esquizofrenias -donde el fenómeno va a ser sobre todo corporal-; a diferencia de la paranoia donde va a haber un Otro malo que lo persigue -puede tener una idea de que lo están persiguiendo y quieren hacer cosas con él-. Nada de esto aparece en el autismo.

Yo recuerdo en uno de los coloquios al que yo fui en Rennes, estaba Maleval haciendo la presentación de un paciente de él que tenía un interés específico por las plantas carnívoras. Entonces, hablaba todo el tiempo de eso. Hizo una presentación y nos contó de las plantas carnívoras. Y la televisión francesa le había hecho un reportaje donde él explicaba bien cómo era el funcionamiento. O sea, fíjense ustedes que no es el niño solo hablando en la casa, sino hablando de su interés específico hasta en la televisión, un congreso. Ese interés le permitió hacerse un lazo con otros. O sea que es parte del trabajo que llevamos a cabo en el tratamiento con niños autistas.

Bueno, me detengo en este punto.


[1] Intervención vía Zoom para Commünitas realizada el 2021-05-27.

Los Modos del Sexo – por Marie-Hélène Brousse – 2021/05/23

LOS MODOS DEL SEXO[1]

Por Marie-Hélène Brousse

2021-05-23


Laurent Dupont: Querida Marie Hélène Brousse muchísimas gracias por haber aceptado la invitación de Lacan web Televisión. Quisiera plantear la pregunta de inmediato, en relación con la cuestión del género y más particularmente a la cuestión del niño transgénero como se dice hoy. Hubo dos documentales, particularmente, que han tenido gran éxito: Petite fille y Stella. Vemos que hay un tratamiento de la palabra del niño en una cierta literalidad, transformando una palabra, una reflexión, un sentimiento, una experiencia, en una demanda articulada a una certeza de parte del Otro. Es la respuesta del Otro sobre un fondo de certeza. Le hago la pregunta: ¿qué de lo íntimo en ese momento? ¿qué, finalmente, del inconsciente del sujeto?

Marie-Hélène Brousse: Es efectivamente una verdadera pregunta que plantea el problema del cambio de época. Hay la apertura de una palabra pública -es decir discurso común, en el discurso corriente- donde la dimensión de la metáfora se debilita. Dicho de otro modo, la palabra se convierte – dudo en decir literal, pero – ya no hay tanta diferencia entre la palabra y lo real. Estamos en un periodo de mutación de los semblantes, como si la dimensión de lo real se impusiera.

Ahora, ¿a qué le llamo lo real, allí? Llamo real a lo contrario de la realidad psicológica, la realidad psíquica, de la que sabemos, gracias al último Lacan, que “todo el mundo delira”. Y bien, hoy, esa dimensión de “todo el mundo delira», de alguna manera ha pasado a lo real. Hay una pérdida del lado de los semblantes.

Pienso que es fundamental, que se necesita captar este giro de la época porque el psicoanálisis tiene algo para decir. Lo ha dicho de entrada con Jacques-Alain Miller cuando él ha inventado la dimensión del inconsciente real y la del cuerpo hablante. Pero hay que estar bien conscientes de que del hecho del ascenso al poder de las ciencias y en particular de las ciencias biológicas que trabajan sobre el cuerpo, que pueden modificar el cuerpo sin temor a la muerte -que sigue siendo el amo absoluto- debido a este ascenso, progresivamente se ha hecho posible el hecho de que estamos ante un cuerpo biológico al que le damos, si puedo decir de manera “forzada”, la palabra.

Ahora sobre la anécdota que usted evocaba del niño que quería convertirse en trans, es decir, cambiar de sexo biológico – como lo recordaba François Regnault y como lo twitteó Jacques-Alain Miller: sí, hay sólo dos sexos orgánicos, pero hay géneros, por un lado, y hay también un real que tiende a liberarse de los semblantes.

En consecuencia, diría que estamos en un período en el que se necesita más bien referirse a la clínica borromea del nudo que a la clínica estrictamente estructural, que es de alguna forma, no superada si no integrada en la clínica borromea. Y en el fondo, el abordaje de este niño por una clínica borronea es interesante.

Diría también que he leído dos artículos de periódicos en los cuales dos homosexuales tomaban la palabra diciendo que cuando eran niños se habían preguntado si no eran trans. Y, de hecho, explicaban que era porque no conocían el modo de gozar homosexual que estaba en gestación en ellos, que habían recurrido a esta perspectiva. Pero evidentemente, a partir del momento en el que, si puedo decir así, “su modo de gozar homosexual” se les apareció claramente, comprendieron que efectivamente no eran trans, sino que eran propiamente homosexuales.

Por lo tanto, creo que en última instancia podemos considerar a nivel político el hecho de que este pensamiento trans se impone como el signo de una cierta emancipación de lo real biológico en relación con lo real de la palabra, y creo que tenemos que escuchar estos sujetos como escuchamos todos los sujetos.

Alguien que haya realizado una operación biológica en su cuerpo, que haya transformado su cuerpo: ¿tendrá menos ganas de hablar? ¿Sufrirá menos por la relación que pasará o no pasará por su fantasma? ¿Sufrirá menos del lazo social? ¡No! Lo que lleva a la gente al análisis es un sufrimiento, sea el que sea. Creo que tenemos que conservar esta brújula.

L. D: Es formidable esta respuesta. Eso querrá decir que finalmente las cuestiones que afectan a los niños, los adolescentes -quizás desde siempre con los cambios del cuerpo, con los desafíos sobre lo sexual que no se reabsorben ni en lo biológico ni en lo simbólico ni en lo imaginario-, llevan finalmente hoy por la ciencia, a nuevas respuestas, a otras respuestas. En consecuencia, la pluralización de los modos de goce como Lacan…

M-H. B: Solo una palabra, cuando te escucho, me doy cuenta, para resumir mi idea, que básicamente lo que hace la subjetividad de la época es cortar entre el cuerpo y el hablante. Esta formidable expresión de Jacques-Alain Miller el cuerpo hablante, y bien, nos encontramos ante un movimiento que separa el cuerpo del hablante. Y la perspectiva del psicoanálisis es precisamente mantener ligado el cuerpo con el hablante.

Alguien que quiera ser operado para convertirse en un género que le convenga, esta persona elimina la noción de cuerpo hablante, se define a sí misma sólo por su corporeidad biológica. Pero toda la experiencia analítica va en la dirección del hecho de que este corte nunca marchará. Nunca marchará en el sentido de que jamás esta ruptura constitutiva, esta división, esta figura de división entre el cuerpo hablante, nadie podrá deshacerse de ella, aunque se haga operar de todas las maneras.

L. D: El lugar del psicoanálisis es, por lo tanto, restablecer la palabra allí donde ha sido cortada, ha sido cortada del cuerpo, esto es importante.

Entonces tenía otra pregunta Marie-Hélène. Hemos visto, en la manifestación del 8 de marzo por el Día de los Derechos de la Mujer, un enfrentamiento entre trans y feministas. Ahora, usted ha escrito un libro absolutamente formidable, Modo de goce en femenino, un libro muy importante. Me parece que allí, la disputa -fue más que una disputa, fue una confrontación- concernía precisamente a la pregunta: ¿qué es ser una mujer? Entonces, ¿tiene algo que decirnos, no sobre lo que es ser una mujer, sino sobre lo que el psicoanálisis puede esclarecer sobre este interrogante que desembocó en un enfrentamiento violento?

M-H. B: Hablábamos de la cuestión trans, en tanto que sitúa al sexo más del lado de lo real del cuerpo biológico. Sería bueno, no obstante, no olvidar tener todo el tiempo en mente -lo que será un tema de trabajo durante los próximos dos años- a saber, el tema de lo que fue el Congreso y que ahora será virtual.

L. D: La Gran Conversación Virtual Internacional de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

M-H. B: Así que ese es el tema futuro: «La mujer no existe». Esto ancla de cierta manera lo que el psicoanálisis concibe como lo femenino, el La tachada. No hay universal, hay individuos singulares, cuerpos hablantes singulares. Y que hoy en día algunos cuerpos hablantes se reivindican de un género o de una biología específica no cambia en nada el hecho de que incluso haciéndose operar, de una forma u otra, no se alcanzará una L (de La mujer) que fundamentalmente se sustrae porque está barrada. Podremos convertirnos en una mujer, pero no podremos convertirnos en La mujer.

La única forma de hacer existir a La mujer es ser histérico, es decir, creer en ella. Nunca he tenido dificultades -¿cómo decirlo?-a nivel de mi análisis personal -y esto ha sido relanzado en muchas ocasiones por el trabajo de analista- nunca tuve dificultades de ser una mujer, nunca encontré que fuera una maldición. Esto no me impidió ser feminista, en el sentido clásico del término, es decir, luchar por el aborto, la libertad, etc., -aunque considero que sigue siendo un drama, estuve por esa libertad de las mujeres y lo sigo estando-, pero nunca pensé que fuéramos toda-mujer.

Siempre he pensado que los hombres, los «dichos hombres» como dice Lacan en Aún y las «dichas mujeres», eran LOM como las demás, es decir, cuerpos hablantes. Por tanto, no encuentro que la diferencia biológica sea esencial en la práctica analítica en tanto que ella se refiere a los modos de gozar. Más aún cuando, siempre en Aún, Lacan es muy prudente. Primero es ofensivo, se cuida muy bien de decir que no hay complementariedad entre los «dichos hombres» y las «dichas mujeres», ya que lo que pone en la fórmula de sexuación es precisamente lo suplementario.

Entonces, si entendemos lo femenino, el goce femenino, como suplementario, no se ve por qué no podría suplementar a los «dichos hombres» y las «dichas mujeres». No se ve por qué los hombres no lo conocerían -y además, por eso trabajé sobre la cuestión del éxtasis este año con Laura Sokolowsky-por qué los hombres no conocerían el goce femenino. ¿Por qué su género se los impediría? El modo de gozar no es del registro de identificación.

El género femenino y el género masculino, además de ser principalmente de la gramática -y todavía, allí tenemos la ortografía inclusiva- entonces ¡viva la ortografía inclusiva, así que incluyamos!

¡Incluyamos hombres con mujeres! Los seres hablantes hablan y se incluyen. ¿Qué se puede pedir mejor? ¡Nada!

¿Por qué, entonces, esta experiencia de goce femenino suplementario no vendría del lado hombre? San Juan de la Cruz habla de ello: se pone en posición de ser la mujer del Señor. Apunta alto desde el punto de vista del partenaire, pero es parecido con Santa Teresa de Ávila. Ella fundó, creo que entre 16 y 20 conventos, fundó una orden, se dirigió al Papa: una empresaria decidida. Lo que no le impidió tener éxtasis donde ella conoció este goce femenino, al que además le dio un nombre, realmente lo conoció.

No creo que, en términos de goce suplementario podamos excluir los hombres en tanto que biológicamente definidos y en tanto que definidos por el género. Creo que no es posible.

Cuando el goce sexual está en juego…

Entonces, evidentemente, el goce femenino es inconsistente, es aleatorio, es todo lo que el goce fálico no es. Es todo lo que el goce del órgano no es. Pero cuando una mujer se masturba, ella conoce el goce fálico. La cuestión es que no todo se reduce al sentido fálico.

Esto es lo que me hace pensar que el psicoanálisis que, sin embargo, está más bien interesado en los diferentes modos de goce, ya sea el objeto a, ya sea el goce del sentido, ya sea el goce…

¿Por qué Lacan hace una diferencia entre -φ y ϕ mayúscula, lo imposible de negativizar? Esta es también una pregunta que también puede orientarnos sobre esta suplementariedad del goce femenino en relación con el goce del órgano o el goce del fantasma. Además, cuando se utiliza un fantasma para gozar fálicamente, se está en todos los lugares. Que no es el caso del acto en sí.

Por eso creo que hay suficientes recursos en el psicoanálisis para tratar las novedades que se presentan en el discurso actual. Pero es seguro que la especificidad del psicoanálisis es poner cuerpo hablante, el parlêtre, allí donde la primera clínica estructural puso esencialmente al sujeto. El sujeto no es el parlêtre, el sujeto no es el cuerpo hablante. El sujeto es un efecto, un efecto de representación, el sujeto está representado por un significante para otro significante. El sujeto no tiene ser, además se define por la falta en ser.

L. D: Muy bien. Le agradezco enormemente.

M-H. B: Gracias a usted, sobre todo.

L. D: Hasta muy pronto.

M-H. B: Hasta pronto.


[1] M.-H. Brousse. Les modes du sexe. [En línea] : Les modes du sexe // Marie-Hélène Brousse – YouTube. Último acceso: 2021-05-23.

El Transexualismo Objeta al Transgenerismo – por Jean-Claude Maleval – 2021/05/21

EL TRANSEXUALISMO OBJETA AL TRANSGENERISMO

Por Jean-Claude Maleval

2021-05-21


Cécile Favreau: Acogemos esta noche a Jean-Claude Maleval por tercera vez en los Seminarios de Intercambio en el cuadro del Ciclo de Conferencias. El hilo conductor de estos seminarios de intercambio es explorar los giros conceptuales a los cuales nos tenemos que vérnoslas hoy en día. Y el ciclo de conferencias de Jean-Claude Maleval apunta más específicamente en explorar esas reorganizaciones conceptuales en la clínica. Para recordar, en marzo del 2020 la primera conferencia nos introdujo en la clínica de la psicosis ordinaria; la segunda conferencia fue en febrero del 2021, acerca del abordaje psicoanalítico del borde autístico; y esta noche, con la tercera y última conferencia, Jean-Claude Maleval aborda el tema actual de la disforia de género, la cuestión trans. Y nos propone un título para este abordaje: Transexualismo binario no es disforia de género. Paso la palabra a André Soueix.

André Soueix: Gracias. Comienza siempre por un malentendido. Yo no tengo el mismo título. ¿Tú tampoco, Jean-Claude?

Jean-Claude Maleval: Tenía un premier título que modifiqué. Bueno, entonces, los dos están bien.

Cécile Favreau: Disculpas, me enredé con eso. Disculpas, Jean-Claude.

André Soueix: En febrero fue nuestro último encuentro. Desde entonces, en cuanto al tema que nos ocupa, el transexualismo, muchas cosas han pasado. Jacques-Alain Miller nos despertó con un poco de ironía señalando que la crisis trans está encima de nosotros. Luego, tuvimos una cadena de televisión donde muchas intervenciones pertinentes como la suya han dado lugar al debate. Entonces, esta noche en título El transexualismo objeta al transgenerismo hay una tesis. Vamos a escucharte y después con nuestros camaradas vamos a discutirlo. Adelante.

Jean-Claude Maleval: Gracias por esta tercera invitación. Entonces, el segundo título que di es El transexualismo objeta al transgenerismo.

Más que cualquier conducta humana, el transexualismo pone de relieve una desconexión entre la sexuación psíquica y el cuerpo biológico, de ahí la recepción inicialmente benévola dada a los transexuales por la teoría del género, cuyas bases fueron planteadas en 1990 por Judith Butler en Gender Trouble. Al promover el género como «una elección voluntaria y cotidiana»[1], Butler invita a una despatologización de la transidentidad de modo que el fenómeno transexual, que surgió con anterioridad a su libro, se integra fácilmente en la militancia crítica de los defensores de una deconstrucción social del género. Sin embargo, poco a poco se está haciendo evidente que la integración no está funcionando bien. Los transexuales siguen estando fuertemente apegados a una concepción binaria del sexo arraigada en la biología, mientras que las personas transgénero se esfuerzan por implementar la fluidez de los géneros socialmente construidos. Estos últimos denuncian que el concepto de sexo sirve de base naturalizada a las estrategias patriarcales de dominación. Su práctica de la variación de género, concebida como una empresa política de subversión, no puede estar limitada por una concepción esencialista del sexo.

Los debates pueden ser vehementes entre transexuales y transgénero. Estos últimos consideran que los transexuales no han asimilado lo que las intersexuales nos enseñan, a saber, que en última instancia el sexo en sí mismo es una construcción social. De ahí la observación de Paul B. Preciado de que la diferencia entre «cuerpos biogénero» y «cuerpos transgénero» parece por el momento «abisal y dramática». Sin embargo, según él, es «más político que somático», por lo que cree que puede predecir que esta diferencia «quedará obsoleto en los próximos siglos»[2], es decir, cuando la teoría del género hará consenso. Esta no es la opinión de una transexual reivindicada como Marie Édith Cypris. Ella objeta que la identidad multigénero no es sino una «binariedad caricaturizada»[3], las variaciones de género se reducen según ella a lo masculino-femenino sacudido en una coctelera.

Los activistas queer están en camino de hacer adoptar el punto de vista de P.B. Preciado que apunta a hacer del transexualismo una noción obsoleta. Ésta no sería sino una tecnología del género entre otras que no meritan ser aisladas. Este enfoque está respaldado por el DSM-5 que decide fusionar el transexualismo en la disforia de género. El DSM-5 todavía menciona rápidamente una vaga diferencia en los grados entre transgénero y transexual, pero se trata más un recordatorio histórico que de una tentativa de diferenciarlos. Los transgéneros en el manual se identifican transitoriamente o de manera persistente con un género diferente, reivindicando su género de nacimiento mientras que el transexual anhela o ya ha experimentado una transición social, la cual implica a menudo, aunque no necesariamente, una toma de hormonas y una cirugía genital. Entonces, en el DSM-5, el transexualismo aparece como la forma más lograda del proceso transgénero y de la disforia de género.  Todo el mundo está de acuerdo en que la desaparición de la transexualidad está programada.

La hipercrítica de la teoría de género no exceptúa al psicoanálisis, acusado de apoyar la concepción dominante de la binaridad sexual biológica. Sin embargo, no solo el psicoanálisis comparte el constructivismo de la teoría de género en lo que concierne a la diferencia masculino-femenino, sino que el psicoanálisis procedió mucho antes que él a una desnaturalización de la sexuación. En su conferencia de 1932 sobre «La feminidad», Freud invita a familiarizarse con » la idea de que la proporción en que lo masculino y lo femenino se mezclan en el individuo sufre oscilaciones muy notables»[4]. Sin embargo, Freud permanece parcialmente apegado a la noción, formulada previamente, según la cual «la anatomía es el destino»[5]. A esta frase célebre Lacan la recusa explícitamente: «esta anatomía», dice en el Seminario La angustia, «que Freud se equivoca cuando dice sin otra precisión que es el destino»[6]. Lacan señala que cuando Freud busca en el psiquismo mediante qué el sujeto puede situarse como macho o hembra, sólo discierne equivalentes: actividad y pasividad, «para metaforizar lo que sigue siendo insondable en la diferencia sexual»[7]. Lacan regresó a este punto muchas veces en su enseñanza. Se burla de «todos los que creen que el hombre y la mujer existen», especificando: «es imposible dar sentido, me refiero a un significado analítico, a los términos de masculino y femenino»[8]. Lacan insiste en que «lo que he denominado los hombres, las mujeres […], nada quiere decir como realidad prediscursiva. Los hombres, las mujeres y los niños no son más que significantes»[9]. Lacan no omite que «el ser del cuerpo, ciertamente, es sexuado»[10], pero cuando se trata de estudiar la sexuación del parlêtre considera que esto es «secundario» porque esta sexuación resulta en primer lugar de hechos de discurso, a los que los órganos deben (o no) ajustarse.

En resumen, el binarismo esencialista de lo transexual se basa sin duda en un señuelo. Sin embargo, no se puede desconocer que su discurso -del transexual- y sus sentimientos lo distinguen radicalmente de las personas transgénero. «El verdadero transexual», dice Jacques-Alain Miller, «no se hace burdamente. El fluid gender, muy poco para él. Es a la diferencia entre los sexos que él cree tan duro como el hierro, y a los estereotipos de género inmóviles que, a sus ojos, van con él. El verdadero transexual pide con todo su ser el pasar al otro lado, que se modifique sus características sexuales secundarias, incluso primarias, y no duda en movilizar con ese fin a Mister Bistouri y a Milady Hormone. De allí, Jacques-Alain Miller considera que el transexual es «un verdadero obstáculo epistemológico» para los defensores de la teoría de género «ya que nadie cree más en la diferencia sexual que un verdadero transexual.»[11]

La disforia de género un comodín sobrediagnosticado

La existencia de este «verdadero» transexual es fácilmente discutida por aquellos que quieren convertirlo en un precursor de la fluidez del género. A menudo se afirma que el transexual es sólo una forma extrema de la fluidez de género. Sin embargo, el propio enfoque conductual del DSM-5 discierne una dificultad en sí. El DSM-5 nos incita a no confundir la disforia de género con la «no conformidad con los roles ligados al género». Se requiere un «sufrimiento» psíquico para identificar a la disforia de género.

 «La disforia de género», precisa el DSM-5, «debe distinguirse de la mera no-conformidad con los estereotipos conductuales de género sino por la presencia de un fuerte deseo de ser de un sexo distinto del atribuido y por la amplitud y omnipresencia de las actividades e intereses relacionados con las diferencias de género. El diagnóstico [de disforia de género] no está destinado a describir simplemente la no-conformidad con los estereotipos de los comportamientos de los roles ligados al género (por ejemplo, «marimachas» en las niñas; comportamiento «afeminado» en los niños; travestismo ocasional en los hombres adultos). Dada la mayor apertura de las expresiones de género atípicas en toda la gama del espectro transgénero, es importante que el diagnóstico clínico se limite a las personas que presentan el sufrimiento y la discapacidad especificadas en los criterios de diagnóstico.»[12]

En resumen, la disforia de género del DSM-5 se caracteriza esencialmente por un sufrimiento clínico significativo y duradero causado por una no-congruencia entre el sexo expresado y el sexo asignado inicialmente. Conviene distinguir la disforia de género de la inconformidad ligada al género, la cual no sería un sufrimiento mental, sino una rareza, o incluso una elección política. Es de tan poco interés para el clínico que rápidamente olvida su existencia. Sin embargo, en la práctica, la mera demanda a la medicina es suficiente para ocupar el lugar de lo «clínicamente significativo», cuyo umbral de apreciación se deja al sentimiento de cada uno. La presión que experimentan con frecuencia los empleados de las Gender Identity Clinics los incita a no ser demasiado exigentes acerca de este umbral de lo clínicamente significativo. De hecho, la distinción pertinente hecha en el DSM-5 no tiene ninguna importancia práctica, es suficiente que la demanda de fluidez del tipo pase a través de la medicina, en primer lugar, a través de la prescripción de hormonas, para que se registre un sufrimiento duradero. En un campo donde el autodiagnóstico se ha convertido en regla, poner este autodiagnóstico en duda regularmente choca con fuertes reacciones. El trans afirma de buena gana el ser una identidad autoproclamada en el sentido de que uno es trans si se tiene el sentimiento íntimo de que se lo es. No hay necesidad de ir a buscar más lejos. Discutir matizando ese autodiagnóstico invocando el párrafo del DSM-5 sobre la inconformidad de género es exponerse, por supuesto, a la acusación final de «transfobia». Entonces, por esta asimilación, la disforia de género se convierte entonces en un comodín heterogéneo y sobrediagnosticado.

El intento del DSM-5 de limitar la disforia de género a aquellos que experimentan sufrimientos «significativos» está demostrando ser un fracaso. Sin embargo, es en esta dirección que un transexual se involucra cuando trata de diferenciar su vivencia de aquel de las personas transgénero. «Difícilmente puedo concebir», afirma ella [Marie-Édith Cypris], «que uno pueda desearse un proceso tan doloroso y antinatural, declarándose saludable a nivel psíquico». «En el transexualismo «, continúa, «hay una condición patológica que lleva a esta petición de cambiar de sexo que está claramente identificada: el sufrimiento». Según ella, nada que ver con el proceso «en principio puramente voluntario» de las personas transgénero que «no conocen ningún requerimiento mental comparable al de los transexuales». Por ello, Cypris propone seguir utilizando el término «transexuales» para las pacientes que se consideran a sí mismos con transexualidad y que experimentan este estado como una patología, y reservar el término «transgénero» para aquellas que no se consideran bajo los efectos de una psicopatología, y postulan en su mayor parte a la adquisición de un género híbrido -y no binario-.

Sería un error suponer a este respecto que la cirugía puede ser una línea divisoria. Es común que los transgénero que se masculinizan recurran a la mastectomía. Es ciertamente más raro que los transgénero vayan tan lejos como a intervenciones en los órganos genitales, pero esto no se excluye.

Especificidad clínica del transexualismo

¿Cómo distinguir por tanto el transexualismo y el transgenerismo? ¿Cómo aclarar la intuición expresada por Marie Édith Cypris según la cual «ciertas motivaciones que dan lugar a vocaciones voluntarias de identidad sexual híbrida ciertamente no están relacionadas con el estado de necesidad vital que sienten los transexuales»[13]?

Parece que se presta demasiada atención al proceso transidentitario como factor común. Más bien, es más conveniente discernir que el punto de partida del sufrimiento no es idéntico: el transexual rechaza una imagen que lo horroriza. Al no vivir en ella, expresa un déficit de identidad. Además, una certeza sobre el tratamiento posible de su dolor severo se le impone. Al contrario, el transgénero quiere mejorar una imagen que él asume, no se queja de su base de identidad, y tiene el sentimiento de dominar un proceso que lo conduce a variar voluntariamente su género.

Lacan consideraba que el psicótico tenía el objeto a en la bolsa[14]. Este no es el caso del transexual. Al contrario, éste parece tener el objeto a pegado a su imagen. Regularmente describe esta imagen como un horror: asqueroso, insalubre, bestial, inhumano, con un pedazo de farsante entre las piernas, etc. Sabemos que esta experiencia resulta ser si angustiante que puede causar automutilaciones. La serenidad con la que los transexuales entregan sus cuerpos a la cirugía es bastante notable e indicativa del alivio esperado. El intenso dolor psíquico que despierta su imagen evoca una especie de proceso melancólico ligado al horror de la misma. «El cuerpo de hombre», dice uno, «me repugna tanto que extrañamente está presente aún más odiosamente cuando lo ‘disfrazo’ como una mujer». A veces es sólo un cuerpo que «no encaja», que deja «perplejo», que enmascara «el ser en toda su pureza». Se le asocia regularmente con lo que Cypris llama «una descompensación persistente de la identidad de sexual»[15]. La imagen del transexual, desprovista de brillo fálica, no está investida, de manera que le da la sensación de falta de identidad. «No tenía una identidad sexual», afirma Sylviane Dullak, «y ninguna identidad en absoluto»[16], mientras que después de su reasignación, señala: «‘Yo soy’, mientras que antes mi definición era similar a lo impersonal»[17]. «En realidad estaba privada de identidad», dice Jan Morris, «atrofiada, mi hombría no tenía sentido»[18]. Tal posición subjetiva suele ir acompañada de una vida sexual bastante pobre. «Sentía que mi cuerpo no era realmente mío», dice Morris, «y eso me incitaba a buscar placeres que no dependían ni del pene ni de la vagina»[19]. La dinámica de la transfeminización en el transexual parece ser similar a la observación de Lacan según la cual «debido a no poder ser el falo del que carece la madre», sigue siendo para algunos sujetos «la solución de ser la mujer de la que falta a los hombres»[20]. La imagen del cuerpo no solo es inútil, incluso repugnante, sino que es una coraza que enmascara «la pureza del ser» o que dificulta el advenimiento de «su yo puro, verdaderamente íntimo». Después de la operación, después de la transición, muchos transexuales poseen -como Jeanne Nolais- el sentimiento de haberse dado a luz a sí mismos. Éste dice: “Me veo bella por primera vez en la vida. Y solo es ahora que me doy cuenta hasta qué punto detesté mi cuerpo antes.”

Por lo tanto, uno podría verse tentado a discernir en el rechazo de la imagen del cuerpo el principio inicial y principal del proceso transexual. Sin embargo, tal vez sería demasiado precipitado, ahora este proceso es inseparable de una intuición de la solución propia al malestar, por lo que parece vano favorecer a uno u otro. «Mi autodiagnóstico» dice Cypris con finura, «fue motivado en su mayor parte por lo que lleva al rojo vivo la necesidad imperiosa de cambiar de sexo: la detestación de ser un hombre y el deseo de ser una mujer, a la imagen del diseño simétrico pero indivisible del logotipo del yin y el yang. Estos dos sentimientos no sólo eran de profundo poder, sino que también parecían tenerlo por igual; sus efectos combinados establecen una fiebre ardiente, una náusea de sí mismo, generalizada y continua»[21]. Cypris -un francés contemporáneo- nació pocos años después de la metamorfosis de Christine Jorgensen, quien hizo saber al mundo que los avances en la medicina entonces hacían posible considerar el cambio de sexo. Pero para quien nació en 1915, como Jeanne Nolais, en su infancia la transexualización ni siquiera era concebible, y fue entonces solamente el odio a su sexo resultaba ser el tormento prevalente: «No podía saber: esta cosa enorme e inimaginable, querer otro sexo, ni siquiera conocía la posibilidad de ello, así que no podía imaginarlo. Me contentaba con rechazar mi sexo, con todas mis fuerzas y de todas las maneras posibles»[22]. Esto da una idea de lo que podía ser el transexualismo en el siglo anterior.

El transexual moderno ha integrado la existencia de una solución al rechazo de su imagen, de modo que el odio a ser hombre y el deseo de ser mujer se han convertido, en palabras de Cypris, como el logotipo indisociable del yin y el yang. Probablemente no siempre ha sido así. Hoy en día los dos sentimientos combinados dan lugar a un requerimiento mental, que se presenta como un imperativo anclado en la anatomía y que toma la forma de una certeza irreprimible de la que el sujeto no tiene la sensación de estar en la iniciativa. «Proclamo», dice J. Morris, «mi inocencia e irresponsabilidad en el error que se me impuso al nacer»[23]. Este error se impone tan dolorosamente que muchos pueden afirmar, junto con él, “si hubiera habido solo una sola esperanza de terminar mi vida como mujer, habría puesto ciertamente fin a mi vida de hombre”. Sabemos que no solo trata para ellos de palabras. La elección del transexual no está atravesada por la duda. «De todos nuestros compañeros de la desgracia», dice Morris -un transexual inglés-, «somos los más decididos. Nada nos detiene, ni el miedo al ridículo, ni el de la pobreza, ni la amenaza del aislamiento, ni siquiera la perspectiva de la muerte […] si me encarcelan de nuevo en esta jaula -o sea su cuerpo-, nada me distraería de mi objetivo, por aterradores que sean las perspectivas futuras, por muy desesperado que sea lo que esté en juego. Buscaría cirujanos en toda la tierra, compraría barberos o abortistas, tomaría un cuchillo y lo haría yo mismo, sin miedo, sin asco, sin segundas intenciones.»[24]

Diversidad de los transgénero

Centrémonos ahora en la experiencia de dos de las personas transgénero más características, ya que están tratando de impulsar el enfoque transgenérico hasta sus límites actuales. Uno de estos transgénero, P.B. Preciado, se abstiene de cualquier dirección a la medicina para asumir lógicamente su proyecto político voluntario; el otro, Thomas Beatie, por la llegada de «el hombre encinta» logra una androginia lograda. A pesar de su cambio de estado civil, ninguno de los dos es etiquetado como «transexual», no son defensores de la concepción binaria del sexo, sino que trabajan para hacerlo más fluido.

P.B. Preciado busca «hacer visible la belleza de la androginia»[25], de manera que no rechaza su imagen, todo lo contrario: la cultiva. «Ocupo alternativamente dos extremos del género», explica. «Por un lado, mis prácticas de masculinización intencional, gimnasia somatopolítica ejercida contra la educación recibida, contra los programas de género que dominan la representación, a veces incluso contra mi propio deseo; por otro, los cuidados femeninos del cuerpo: peluquería, manicura, peeling, masaje, pedicura, depilación»[26]. Su proyecto, afirma, no es transformarse en un hombre, ni transexualizarse. Si toma testosterona, sin pasar por un pedido a la medicina, es por «arrogancia política»[27] y «para traicionar lo que la sociedad ha querido hacer con él». P.B. Preciado nunca tuvo la sensación de que su identidad sexual estaba desprovista de brillo fálica: por el contrario, se refiere a una «carrera sexual de conquistador sin pija»[28], iniciada desde su más tierna infancia. La voluntad de variar su género, su reivindicación de un «virtuosismo de género»[29] no se basan en un mandato mental al que le hubiera resultado difícil resistirse. Afirma altamente que se trata de un enfoque político voluntario y no de una cuestión vital basada en un sufrimiento intenso. Su sexo de asignación no le convenía, debido a su fijeza, pero no lo horrorizaba: «Siempre he sido un cuerpo andrógino»[30], dice. Su imagen es asumida: no la siente inicialmente como extranjera, sino más bien como algo que necesita ser mejorada. Todas estas características propias de oponerse punto por punto al transexual y al transgénero se encuentran en Thomas Beatie.

Beatie es conocido por convertirse en 2008 en el primer hombre en dar legal y públicamente a luz a un niño. Se inscribe en una coyuntura histórica en la que tal acto deviene posible. Es por lo que conviene precisar ‘legalmente y públicamente’ porque no fue el primer transgénero en dar a luz. Por el año 2000, un hombre trans estadounidense, Khalifia, -autor de varias obras sobre la cuestión trans- hizo discretamente saber que su compañero -un hombre trans que guardó su útero como Beatie-, su compañero se llamaba Mike. Entonces, Mike dio a luz a su hijo Blake en el 2000 mientras él, Khalifia, había cumplido su transición durante el embarazo de su compañero. Esto hizo que este niño naciera de dos padres trans. Pero Beatie fue el primero en publicitar su acto y querer que se le reconociera legalmente, lo que no hizo Khalifia. Beatie recusa desde su punto de vista la existencia de un orden natural. Beatie considera que ha desafiado «la más inmutable de todas las obviedades sobre el género»[31], a saber, que es una mujer la que da a luz a un hijo y da vida al mundo. Según ella, «tener un hijo no es un deseo masculino ni femenino, es un deseo humano»[32]. Por supuesto, su proceso encontró numerosos obstáculos suscitados con vehementes acciones, tanto positivas como negativas. Las asociaciones transgéneros en sí buscaban hacerlo renunciar a su acto en esa época objetándole que la sociedad todavía no estaba lista para un hombre encinta. Las asociaciones le objetaban que su embarazo les hacía correr una amenaza para la seguridad y la aceptación social de los transgénero. Algunos le hicieron saber y otros comentaban que él ponía un fin a las palabras escritas en la Biblia mientras que otros saludaban su exploración social.

Beatie ha podido dar nacimiento a otros dos niños y se ha convertido en un conferencista internacional del movimiento transgénero. Trabaja como consejero de nutrición en un centro de salud. En 2018, con 48 años, tuvo un cuarto hijo con su nueva mujer, pero esta vez fue ella quien lo llevó, lo que no pudo hacer su esposa anterior quien sufrió una histerectomía. La publicidad dada al acto de Beatie condujo desde entonces a muchas personas a reiterarlo: Ival Topeur, en 2012, en Tel Aviv; Tristan Reese, en 2017, en Portland. No son los únicos. La lista sería mucho más larga en el presente. Pero Topeur y Reese fueron más lejos que Beatie en la conmoción de las coordenadas simbólicas. Los hijos de Beatie fueron criados en una pareja en la que Thomas se identificaba como el padre mientras que su primera mujer, Nancy [Gillespie], era la madre. De ahí que Nancy haya amamantado a sus hijos, lo que no podía hacer Thomas, quien había sufrido una ablación de los senos. Ahora, Topeur y Reese dieron a sus niños no una pareja casi tradicional, sino una pareja compuesta de dos padres. En Francia, 2019, Fanny y François dieron nacimiento también a Salomé en el caso de una pareja formada por dos hombres en su registro de estado civil.

Los pasos siguientes ya están anunciados. Algunos científicos afirman que la huelga de úteros podrá en el futuro ser efectuada en hombres mientras que también vendrá la procreación no-sexual por clonación, ya realizada en un mamífero. En resumen, como lo constaba ya Jacques-Alain Miller, la relación entre los sexos va a volverse cada vez más imposible. EL Uno-completamente-solo será el estándar póstumo.

No fue el rechazo de una imagen corporal angustiante lo que motivó el cambio de sexo de Beatie, sino la voluntad de hacerse «una vida mejor» y el «sentimiento de estar más cómoda en [su] piel como hombre que como mujer»[33]. Lo cito: “Era mejor”. Como P.B. Preciado, T. Beatie era una marimacha[34] para quien su imagen no era ni extraña ni horrible. La había adoptado y se sentía capaz de mejorarlo. Incluso antes de tomar hormonas, había trabajado para cultivarla convirtiéndose en un excelente karateka. «La verdad», dice, «es que tenía exactamente el cuerpo que necesitaba para vivir. Era un buen cuerpo, delgado y fornido, fuerte y duradero. No me molestaban las rodillas desolladas, los codos rascados, los dedos de los pies aplastados, incluso los brazos rotos»[35]. Después de su mastectomía, confía que no necesita ninguna otra operación quirúrgica para sentirse hombre porque ya tiene todo lo que necesita para «ser feliz con su cuerpo»[36]. T. Beatie no experimenta un déficit de identidad. Su imagen corporal no le impide sentirse como un hombre desde siempre. «Nunca pensé que nací en el cuerpo equivocado», afirma, «y nunca quise ser otra persona. Estaba feliz de ser yo, porque sabía quién era yo por dentro. Nunca me he confundido acerca de mi identidad de género – siempre supe, mucho antes de que pudiera expresarlo, que yo era realmente un hombre»[37]. Subrayemos que el cuerpo de T. Beatie no es «malo», en lo que difiere claramente de aquel del transexual. A pesar de sus imperfecciones de su cuerpo femenino, Beatie lo aprecia. No busca de ninguna manera destruir su imagen, al contrario, se esfuerza por perfeccionarla. Es frecuente que los transgénero marimachas se dediquen a masculinizar un cuerpo que asumen por la vía de las prácticas deportivas. Así, Aydian Dowling, transgénero militante se hace conocer mundialmente en 2015 por haber sido el primer hombre trans en la portada de la revista Men’s Health. «Comencé a hacer ejercicio inclusive antes de comenzar a tomar hormonas”, confiesa, «porque sabía que yendo al gimnasio podía intentar hacer mi cuerpo más masculino. Podría ganar más músculos, tener unos hombros más anchos y quitarme de encima mis caderas femeninas. Cuando uno está en un gimnasio, uno está una hora por día frente a un espejo y eso lo obliga a uno a reconocer su cuerpo, aun si no te gusta. Muchos no lo hacen porque el espejo los intimida. No quieren saber nada de ello. Era el momento de forzarme a estar frente al espejo y uno ve, literalmente, su cuerpo evolucionar. Comencé a crear un lazo con mi cuerpo que jamás había tenido antes. E inclusive si mi cuerpo no era bello ni perfecto, cuando se comenzó a transformar en un cuerpo más masculino. Me dije: ¡Ahí estás! No hay nada mejor que verse en el espejo y decir: “Soy yo”». Entonces, se constata así una apropiación del cuerpo y de su imagen que es de otro orden que el de un rechazo inicial de un cuerpo odiado.

Muchos transexuales afirman estar atrapados en el cuerpo equivocado debido a un error de la naturaleza. No es así como se sienten las personas transgénero: para Kate Bornstein, que aboga por un «Gender Outlaw» -es el título de su obra-, tal expresión sólo puede ser una «metáfora desafortunada»[38], dice, y no un reflejo auténtico de sus sentimientos transgénero. Porque ella es trasngénero exactamente. La causa de la transidentidad radica en la biología para los transexuales, mientras que para los transgénero es un fenómeno social.

T. Beatie no menciona ni un dolor intenso, ni un mandato irreprimible al principio de su proceso. «Hacer estos cambios», dice, «no significaba que estuviera infeliz o confundido antes de hacerlos. Más bien, eran formas prácticas de fortalecer la imagen de mí mismo y facilitar la adaptación en un mundo que define estrictamente el género»[39]. Algo relacionado estaba la confidencia, que seguía siendo memorable para mí, que un sujeto transgénero me dio, después de su transmasculinización, y dijo: “Para mí, era una voluntad de «ascender de rango»». No es políticamente muy correcto, pero era su concepción. Del mismo modo que Beatie y Preciado, este sujeto no tenía el sentimiento de rechazar su imagen corporal. “Yo soy un poco menos viril”, reconoce él después de un faloplastia. Él aceptó hace mucho tiempo ser una chica, inclusive linda; no le repugnaba maquillarse ni vestirse coquetamente. No fue una necesidad vital la que le motivó a su proceso, sino «el azar en la adolescencia de un encuentro en el medio lesbiana, en particular el encuentro con mujeres masculinas». Él no buscaba la progresión del mundo médico, él quería lo que quería yéndose al extranjero. Su transmasculinización no la satisfacía completamente. Él se veía a sí mismo más linda como chica y descubría que el rol de hombre le parecía más difícil de asumir que lo que había imaginado. Su transición fue menos lograda que la de Beatie.

El accionar de T. Beatie se ancla menos en el sufrimiento que en la voluntad de enfatizar que el embarazo puede disociarse de las identidades de género y del sexo. «No dejé que el embarazo definiera quién era», dice. No dije: «Estoy embarazada, así que soy una mujer». Tuve una sólida identidad de género masculino a lo largo de todo esto y eso demuestra simplemente que madre y padre son términos sociales. No es necesario tener un lazo biológico con un hijo para ser madre o padre»[40]. En resumen, Beatie ha logrado una puesta en acto lograda de las consecuencias de la teoría de género.

La identificación masculina «sólida» de T. Beatie y P.B. Preciado es oponible a la identificación afirmada ciertamente, pero obstaculizada, de la cual hacen referencia los transexuales. El robusto atuendo fálico de algunos se opone a la imagen inicialmente triste de los otros -con déficit de identidad-. Hay en el transexual una discrepancia entre su ser y su imagen, mientras que el transgénero asume su imagen imperfecta. El mandato a transexualizarse no tiene las mismas raíces que el deseo de variar su género. Tanto los transgénero como los transexuales sufren ambos el estigma social del cual son objeto, pero estos últimos también experimentan dolor, a menudo intenso, causado por su imagen corporal. «Los transexuales», dijo Harry Benjamin en 1964, «se encuentran entre las personas más desdichadas que jamás haya conocido»[41]. Esta observación se ha repetido muchas veces desde entonces, incluso si esta desdicha presenta grados, no siempre empujándolos a actos extremos.

En definitiva, un acercamiento cuidadoso al discurso de estos sujetos lleva a discernir diferencias en cuanto a la percepción de su identidad, en cuanto al origen de la iniciativa transidentitaria, y en cuanto a la intensidad del sufrimiento psíquico, mientras que la clínica conductual del DSM opera su amalgama confusa en la disforia de género.

«El sujeto, el sí mismo, el individuo son conceptos falaces» afirma Butler «ya que transforman en sustancia identidades ficticias que al principio no tienen sino una realidad lingüística». De ahí que la identidad, tal como la conciben las personas transgénero -que se apoyan en la teoría butleriana, una teoría que ha operado una deconstrucción radical de muchos conceptos-, tras la deconstrucción llevada a cabo por la crítica butleriana, es una identidad que hace tabula rasa del sí mismo, del sujeto, de la persona, del cogito, etc. ¿Qué queda? No queda nada más que un «Yo»[Je], que, según J. Butler, «es una práctica en perpetua construcción / deconstrucción». Se ve que la identidad en la teoría de género es casi imperceptible. Su «Yo»[Je] no designa nada que preexista a su significación, conoce poca permanencia, de manera que -en esa lógica- sus elecciones sexuales deben ser tan maleables como las de género. Además, T. Beatie apoya una posición poco ortodoxa al respecto, considerando que la sexualidad y el género no responden a la misma lógica.  A Beatie le gustaban las mujeres antes de su transición, y esto no se modificó después de ésta. Estando firmemente identificada desde la infancia con un hombre, siempre ha vivido como heterosexual, ya que desea a las mujeres, y no como lesbiana. Su constatación respecto a este punto de vista es la más frecuente: aquel que se siente atraído por los hombres sigue siéndolo en general después de su transición, así como los que se sienten atraídos por las mujeres. Sin embargo, P.B. Preciado es un defensor más ortodoxo de la teoría queer: se inclina a considerar que las variaciones del género deben ir acompañadas de un aumento de las posibilidades de elección sexual, de una desaparición de la heterosexualidad y de la aparición de un «cuerpo pansexual»[42]. Sin embargo, siendo él mismo bisexual, seductor de chicas en su infancia, luego teniendo como su amante a Víctor, antes de vivir una pasión con Virgine Despentes, etc., es difícil establecer con su ejemplo que las variaciones de género expanden las opciones sexuales. Porque incluso antes de su transición, él ya era bisexual. Según Butler, hay que rechazar las categorías fundamentales de los sexos, de los géneros, inclusive las del deseo porque son los efectos de una cierta formación de poder. De ahí, la teoría de género no puede evidentemente hacer lugar a una clínica, ya que no hay nada de permanente en un «Je»[Yo] concebido como una práctica tomada de significaciones que no cesan de construirlo/deconstruirlo. Preciado imagina un análisis queer que sería una terapia política fundada en la desidentificación de los estándares hetero u homonormativos que apuntaría a un pansexualismo. Ningún lugar posible, entonces, en este enfoque para el deseo y su ley de castración.

El psicoanálisis incita a dar crédito a la observación de T. Beatie: toda la sexualidad no se rige por la elección del género. Los muchos fracasos del deseo, la frecuente disociación de éste y del amor, el apego a partenaires sexuales violentos, o desaprobados conscientemente, etc., todo esto atestigua que el modo de goce responde a una lógica inconsciente independiente de las elecciones voluntarias de género. El sujeto del inconsciente es remachado por su sinthome a un modo de goce que se impone sobre él y lo orienta. En esta perspectiva, el transexual está bien nombrado ya que su mayor goce consiste en cambiar el sexo concebido por él como una esencia arraigada en la biología. Esto tiene prioridad para él sobre el encuentro sexual. El transexual no siempre trata de evitarlo, pero es soso en vista del requisito imperativo de transición. Lo que es mucho menos evidente para los transgénero que tienen un apetito sexual mucho más desarrollado en general.

Entre los primeros transexuales, se constató un fuerte predominio de la transfeminización. Sin embargo, poco a poco, en los albores del siglo XXI, la transmasculinización se ha vuelto más frecuente. Hoy en día la ocurrencia de ambos parece más o menos equivalente. Estas progresiones disímiles sugieren una lógica diferente en marcha. Es probable que la aparición de la teoría del género haya contribuido al desarrollo de la transmasculinización incluso más que el de la transfeminización. Hay que saber que la teoría de género está anclada en los movimientos feministas. El proceso voluntario de los transgénero es particularmente sensible a los fenómenos culturales; el de los transexuales también lo es, pero su proceso impuesto está en una dependencia menos inmediata a las mutaciones culturales y sociales.

La mayoría de los que tienen experiencia en la demanda de transidentidad constatan una disimetría significativa entre los sujetos que son transfeminizan y los que transmasculinizan. Encontramos más a menudo entre estos últimos sujetos que se diferencian netamente de los transexuales al testimoniar que no se sienten del otro sexo, sino que aspiran a convertirse en uno. Además, su inserción social es mejor -todo el mundo está de acuerdo con eso- y los trastornos asociados son más raros. Muchos clínicos consideran que no son los mismos mecanismos psíquicos los que en el conjunto gobiernan estos dos modos de transidentidad. De manera preponderante, la transexualización toma la forma de un transfeminización que parece encontrar su partida en una deficiencia del vestimento fálico de la imagen corporal; al contrario, entre los que son transmasculinizan, los transgénero son más numerosos y su proceso a menudo parece encontrar su dinámica en lo que Lacan llamó «la incertidumbre con respecto al sexo propio»[43]. Él lo consideraba como una característica de la histeria. Los síndromes transexuales pueden insertarse en una perversión masoquista, pueden estar suscitados por un estado depresivo en un neurótico, pueden ser sugeridos como histéricos en el caso de los lazos. Se observa que ciertos homosexuales se transexualizan progresivamente. En resumen, estos síndromes transexuales, como la mayoría de los síndromes, no corresponden de manera unívoca a una estructura precisa. No obstante, en sus formas bien caracterizadas, en particular en aquellos que se transfeminizan está fuertemente correlacionada en un sentido a la psicosis ordinaria. Entre las mujeres transgénero que se masculinizan, la disparidad clínica resulta mayor. Allí, según Catherine Millot, «el abanico de este orden de manifestaciones netamente psicóticas tiene una sintomatología de tipo histérico. Los delirios de transformación corporales», dice¸ «frecuentes en los hombres no faltan del lado de las mujeres. Se encuentra a veces en ellas la convicción de poseer un pene interno, convicción que está en la base de su posición transexual. Otras veces, la demanda transexual esconde un delirio hipocondríaco. Por otro lado, por poco que el deseo de un tercero se preste para ello, la demanda de transformación de sexo puede tomar su fuente en la duda histérica en lo que concierne el sexo propio». Yo creo, en efecto, que el transgénero está fuertemente correlacionado a la histeria.

Si nos centramos solo en los comportamientos más manifiestos, el transexualismo aparece como la forma extrema de la disforia de género y del proceso transgénero. Tener en cuenta la palabra de los sujetos revela por el contrario al transexualismo como un tipo clínico bien caracterizado y no comparable a una de las variedades de transgenerismo. Da testimonio de una lógica de un orden diferente que se impone al sujeto. Evidencia el impasse que hace la teoría del género acerca del sujeto del inconsciente y sus modos de goce. Butler no se equivocó ahí: la gran figura clínica del «Gender trouble» no es Christine Jorgensen. El transexualismo casi no se menciona en su libro. Habló de él solo una vez en una nota. Al contrario, Herculine Barbin, intersexual, cuya trágica historia ha exhumado Michel Foucault, destaca la determinación social del género. Herculine Barbin es la gran figura clínica de la teoría de género. No es el transexual.

Mantener la confusión entre los diferentes modos de funcionamiento de los transgénero y los transexuales, englobados en el comodín de la disforia de género, confunde la recepción de sus demandas cuando se dirigen al médico, al psicólogo o al psicoanalista. Por supuesto, cada uno de ellos debe ser entendido sobre todo en su singularidad, pero, en favor de la psicoterapia, el transgénero puede cuestionar su proceso, a veces modificarlo, modularlo, incluso fortalecerlo; aquel del transexual es más radical, está establecido que la solución que él prevé es para tomarla en consideración, muchas veces para acompañarla. Recordemos que esto se hace a condición de que esté en edad para medir las consecuencias de ello. Sucede que un acompañamiento informado permite una mitigación del rigor de la solución. Por ejemplo, que se satisfaga del travestismo y que no vaya necesariamente hasta la intervención quirúrgica.

A esta perspectiva, los psicoanalistas se han mantenido muy reservados en cuanto al acompañamiento del cambio de sexo. Stoller no estaba en una posición para nada favorable a la intervención quirúrgica. «Casi todos los psicoanalistas que han hablado de esto», afirma en 1968, «casi todos piensan que los procedimientos de cambio de sexo son malos por principio porque el tratamiento no toma en cuenta la patología psicodinámica en el origen del transexualismo». Sus escritos describen a menudo al transexualismo como siendo en el mejor de los casos una fachada que enmascara una psicosis. El mismo Stoller, en 1985, recuerda que su posición no ha cambiado. «La mayoría de aquellos que piden un cambio de sexo”, escribe, «no sacan gran beneficio de ello. Una evaluación minuciosa, una psicoterapia y una terapia comportamental les convendría mejor».

En Francia, Colette Chiland, afirmó en el 2011 «haber logrado llegar a ser perfectamente neutro en cuanto al proyecto de reasignación de aquellos que lo consultan». Al contrario, algunos lacanianos como Henry Frignet, Marcel Czermak, Pierre-Henri Castel permanecen incluso hoy en día en reserva en cuanto al pedido de cambio de sexo, admitiendo que, a pesar de todo, es necesario a veces «colaborar con la psicosis» -según una expresión de Castel-. Al contrario, en 1983, la posición de Catherine Millot se muestra diferente. Ella no duda en considerar que la transexualización «puede constituir una suplencia y una defensa lograda». Me parece que su opinión hecha en ese entonces puede confirmarse. Si la reasignación sexual constituye para ciertos sujetos un trabajo que participa en la construcción de una suplencia, la mayoría de los transexuales que han hecho la transición debería testimoniar de un bienestar en su nueva identidad.

La casi totalidad de los testimonios de los que disponemos hoy en día da prueba de la satisfacción aportada por la transición. Una apreciación positiva del cambio de sexo es hoy en día ampliamente compartida. La investigación más sólida data de 1992. Fue efectuada por dos alemanes. Recae sobre más de una decena de estudios catamnésticos que permitió considerar del devenir de 2000 pacientes operados entre 1961 y 1991. Estableció que muy pocos transexuales se arrepintieron de la operación, entre 1-1,5%. Además, constataron que la satisfacción subjetiva es ampliamente predominante y concluye que existe suficiente correlación objetiva externa para mantener lo bien fundado de las operaciones. Obsérvese que la satisfacción es de 98,5% en este estudio, un estudio que precede la teoría de género. Entonces, son sujetos probablemente auténticos transexuales. Después, con la teoría de género que se mezcla un poco, los casos de satisfacción van a bajar ligeramente porque hay gente que se aun así se arrepienten de la transición, pero es un mínimo: es algo más o menos del orden de 5-7%. La investigación que data de 1992 fue confirmada por el seguimiento de 207 transexuales operados recientemente entre 1991 y 2009 en el Hospital Foch Suresnes sea por la transfeminización o la transmasculinización. Su vida social mejoró globalmente. Su tasa de morbilidad psiquiátrica postoperatoria es de 3% y utilización de tóxicos es de 2%. 60% de los pacientes están satisfechos de la cirugía, 25% están insatisfechos de la cirugía y 15% están mitigados. Efectivamente, muchos están satisfechos de la transición, pero la cirugía a veces es compleja, no es siempre lo que esperaban. 71% imputan su insatisfacción a la falta de estética y 46% a la falta de funcionalidad. 83,5% cambiaron su estado civil. Lo que hay que subrayar es que 95% de los pacientes no expresan ningún arrepentimiento después de la operación en este estudio. Los autores concluyen que la gran mayoría de los pacientes experimentan un bienestar psicológico y sexual después de la operación, y observan una mejor inserción social y familiar en los que se transmasculinizan; y una mejor satisfacción quirúrgica y sexual en los que se transfeminizan. Eso es sorprendente. No siempre es una constatación una mayor satisfacción sexual. En todo caso, no parece -concluye en este estudio sin precedentes- que haya razones empíricas para rechazar el pedido de cambio de sexo e incluso la operación. Hoy en día es la opinión dominante en el medio científico, opinión predominante de muchas asociaciones trans, etc.

La operación quirúrgica no constituye la culminación del trabajo de suplencia. Es necesario aún poner concertar la capacidad de hacer aceptar la condición social del nuevo rol y no todos los transexuales tienen la misma aptitud. Cuando se es un hombre en los años ’90, feminizarse era más difícil. Por algunos, la nueva imagen es difícilmente creíble. La aceptación o rechazo de los ambientes familiares y profesionales son de gran importancia. Pueden facilitar la creación de un nuevo lazo social o bien ser radicalmente un obstáculo. Entonces, hay una gran satisfacción en la transición, pero aun así hay una tasa elevada de suicidio en los transexuales incluso después de la operación. Después de la operación están muy satisfechos, pero un poco tiempo después hay una tasa más elevada de suicidio que la población general. Para algunos la aceptación del nuevo rol social va bien; para otros es más difícil. Y bueno, la transición no resuelve todos los problemas. A veces ocurren comorbilidades.

Entonces, si es pertinente vislumbrar a la feminización o la masculinización como tentativas de restauración o de falicización precarias -pudiendo eventualmente servir de soportes o suplencias-, hay que concebir que ciertos psicóticos elaboran tentativas de curación que pasan por la transexualización. Es precisamente lo que constaba Norman Fisk en 1978 con gran sorpresa. En general, se considera que si hay trastornos psicóticos hay que desaconsejarles la transexualización. Fisk constató con 5 sujetos -todos eran malos candidatos a la reasignación sexual en razón precisamente de sus trastornos psicóticos asociados- haber obtenido con ellos resultados positivos extraordinarios e inesperados. Para tres de entre ellos, la sintomatología psicótica había desaparecido después de la reasignación sexual, mientras que para los otros dos se atenuó notablemente. Concluyó que la transexualización, incluso sin operación para uno de ellos, puede a veces tener efectos benéficos para pacientes que se presentaban, sin embargo, como candidatos extremadamente pobres para la reorientación sexual. En la mayoría de las clínicas, no hubieran sido admitidos. Así, Fisk toma una selección menos severa de pacientes para la cirugía. Es menos la psicosis lo que es incapacitante que sus consecuencias sobre las capacidades de sociabilización del sujeto. Hay delirios compatibles con una vida social adaptada y transexualizaciones que pueden servir para tratarlas.

Desde este punto de vista, los psicoanalistas deben acompañar a cada uno en su singularidad sin a priori decirles sobre lo que les conviene. Constatará entonces que una cura puede tanto generar una solución transexual como conducirla a abandonarla, mientras que, a veces, permite a un sujeto satisfacerse con el travestismo. El transexualismo pone en evidencia que el género no podría reducirse ni a un determinismo biológico ni a un determinismo social. Una elección inconsciente del sujeto debe aun contribuir a ello: elección forzada para algunos, elección indeterminada para otros o, mejor, elección asumida.

Les agradezco por haber escuchado hasta el final.


*Intervención vía Zoom para la ACF Midi-Pyrénées el 21 de mayo de 2021.

[1] Butler J., Trouble dans le genre. Le féminisme et la subversion de l’identité, Paris, La découverte, 2019.

[2] Cfr. Preciado P. B., Testo-Junkie. Sexe, drogue et politique, Paris, Grasset, 2008, p. 105.

[3] Cypris M. É., Mémoires d’une transsexuelle. La belle au moi dormant, Paris, PUF, 2012, p. 311.

[4] Freud S., « 33a Conferencia : La feminidad» (1931), in Obras completas, tomo XXII. Buenos Aires : Amorrortu, 2003, p. 106.

[5] Freud S., «El sepultamiento del complejo de Edipo», in Obras completas, tomo XIX. Buenos Aires: Amorrortu, 2003, p. 185.

[6] Lacan J., El Seminario, libro X, La angustia. Buenos Aires: Paidós, 2017, p. 192.

[7] Lacan J., El Seminario, libro XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 2017, p. 199.

[8] Lacan J., El Seminario, libro XIV, «La lógica del fantasma», lección del 19 de abril de 1967, inédito.

[9] Lacan J., El Seminario, libro XX, Aún, Buenos Aires: Paidós, 2017, p. 44.

[10] Ibíd., p. 13.

[11] Marty É. et Miller J.-A. [En línea] : Entrevista sobre “El sexo de los Modernos” de Éric Marty – por Jacques-Alain Miller – 2021-03-21 – PSICOANÁLISIS LACANIANO (psicoanalisislacaniano.com)

[12] DSM-5. Manuel diagnostique et statistique des troubles mentaux, American Psychiatric Association, 2013, p. 602.

[13] Cypris M. É., op. cit., p. 20.

[14] Cf. Lacan J., « Petit discours aux psychiatres », conférence au Cercle d’études dirigé par Henry Ey, 1967, inédito.

[15] Cypris M. É., op. cit., p. 307.

[16] Dullak S., Je serai elle. Mon odyssée transsexuelle, Paris, Presses de la cité, 1983, p. 53.

[17] Ibíd., p. 148.

[18] Morris J., L’énigme, Paris, Gallimard, 1974. (Conundrum, London, Faber and Faber, 1974, p. 42-55-97.)

[19] Ibíd., p. 54.

[20] Lacan J., «De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis», in Escritos, tomo 2. México: Siglo XXI, 2009, p. 541.

[21] Cypris M. É., op. cit., p. 79.

[22] Rihoit C., Nolais J., Histoire de Jeanne transsexuelle, Paris, Opera Mundi, 1980.

[23] Morris J., op. cit.

[24] Ibíd., p. 155.

[25] Preciado P. B., op. cit., p. 302.

[26] Ibíd., p. 289.

[27] Ibíd., p. 58.

[28] Ibíd., p. 87.

[29] Ibíd., p. 369.

[30] Ibíd., p. 134.

[31] Beatie T., Labor of love. The story of one man’s extraordinary pregnancy, Berkeley, Seal Press, 2008, p. 250.

[32] Ibíd., p. 197.

[33] Ibíd., p. 153.

[34] Ibíd., p. 82.

[35] Ibíd., p. 82.

[36] Ibíd., p. 161.

[37] Ibíd., p. 6.

[38] Bornstein K., Gender Outlaw : on Men, Women and the Rest of Us, New York, Vintage book, 1994, p. 66.

[39] Beatie T., op. cit., p. 7.

[40] Ibíd.

[41] Benjamin H., The transsexual Phenomenon, New York, The Julian Press, 1966, p. 30.

[42] Preciado P. B., op. cit., p. 42.

[43] Lacan J., « De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis », op. cit., p. 522.

Borde y Neoborde – por Marcela Piaggi – 2021/05/19

Bueno, muchas gracias, Mauricio por la exposición. Muchas gracias, Nora, Silvia y todo el equipo por convocarnos una vez más. Para mí es un gusto compartir este espacio con Mauricio. Siempre agrego la presentación que hizo Nora, exconcurrente del Hospital del Día Álvarez. Para mí hay ahí un punto importante, volver una vez más.

Bueno, estoy pensando en un montón de cosas que trabajó Mauricio porque no sabíamos qué íbamos a decir cada uno. Estaría buenísimo a lo mejor tomarlas en la clase que vienes. Hay una definición que me pareció interesante para pensar las resonancias, Lacan en Radiofonía define al lenguaje como el efecto del cristal de la lengua. A mí siempre me pareció una definición hermosa porque además el corte del cristal es bastante poética y romántica. Me parece que el cristal denota esa resonancia sobre el cuerpo. Bueno, montón de cosas más para charlar cuando nos juntemos.

Hoy voy a retomar el tema del borde y el neoborde en el autismo. Es el título que hoy nos convoca. El problema del borde nos conduce a plantear en la clínica del autismo el pensarla en términos topológicos, tal como lo fue trabajando Mauricio. Es en esta orientación que toma Éric Laurent desde el inicio de sus investigaciones dado que el criterio de espacialidad es un criterio clínico. Es decir, la topología responde 100 por 100 a la clínica. Y el sujeto con autismo nos da a ver ese no-lugar. La forclusión del agujero es un no-lugar, es la imposibilidad misma de un no-lugar simbólico, imposibilidad misma de agujerear lo real por lo simbólico; este intento continuo, este no cesar de no producir un agujero. Hay una necesidad simbólica -dice Miller- de que eso se produzca, por eso está ese no cesa de no querer producirse y en cada agujerito que encuentran van a rellenarlo, o a perforarlo, etc.

La primera pregunta que surge es: ¿por qué sería necesario pensar en un borde, un neoborde en el autismo? Elijo dos respuestas para empezar. Una, es para construir un lugar donde el sujeto pueda ubicarse como un cuerpo hablante, es decir, entre el goce de la lengua y el borde del agujero que no se inscribe. Y otro motivo, es para poder considerar un tratamiento posible.

Éric Laurent va a proponer de esta manera una clínica que va a llamar clínica de los bordes. O sea que la cuestión de los bordes es esencial en el tema del autismo. Laurent ubican entonces para el caso del autismo una topología de lo real donde el espacio no está construido. Sabemos que el espacio que nosotros conocemos es un espacio euclidiano que se organiza en un sistema de oposiciones: cerca-lejos, adentro-afuera; pero en el caso del autismo no está constituido por estas coordenadas temporo-espaciales. Igualmente, construyen otro espacio, un espacio donde las medidas no responden a la lógica métrica común. Inventan cada uno a su modo una delimitación en la continuidad del espacio sirviéndose de una elasticidad que permita costuras más allá del espacio métrico común. Es interesante esta idea de las costuras. Yo siempre lo pienso, más bien, como un hilván a esas costuras, con esa fragilidad, no una costura que se le pasa la máquina, sino un hilván, esas costuras frágiles.

El espacio que habita es más bien -podemos pensarlo- el de la banda de Möbius que propone Lacan en el S. IX, donde exterior e interior no se diferencian, donde incluso los tres registros no se encuentran diferenciados entre sí o bien no los podemos diferenciar, no los podemos considerar como tales.

El autista entonces habita lo real de la lengua. Vive en lo real. Siempre me acuerdo de un niño que entraba a la institución adherido a las paredes o bien cuando cruzaba el patio iba con la cabeza hacia atrás, casi como cayéndose hacia atrás. Y cuando entraba a una sala con techo se adhería al piso. Quedaba adherido al espacio que transitaba. Daba a ver este no-espacio constituido. Entonces, ¿qué quiere decir que el sujeto autista habite lo real? En principio, que el lenguaje no ha operado por la vía de negativizar lo real. En consecuencia, lo que va a haber es un goce excesivo, es decir, un goce en más. Existe entonces una presencia en la sustancia corporal, en la palabra y en las imágenes de algo que no se borra ni se ausenta. Entonces, ¿cómo vérselas cada vez con un exceso que no fue extraído por estructura y que no cesa de buscar maneras de producirse? La imagen es la freudiana, una metáfora económica de algo que excede, de un goce que excede y no tiene donde tomar cauce. Sea que el exceso se presente en el otro masivo o sea que el exceso se presente en el propio cuerpo, hay un demasiado, un demasiado con el que el autista se las tiene que ver y esa masividad es del orden del acontecimiento. La respuesta que el sujeto encuentra entonces es la del trabajo incesante de la defensa para alcanzar a ordenar ese caos de sensaciones, imágenes, de ruidos, de pensamientos que no encuentran ninguna regulación por la vía de un ordenamiento lenguajero, por la vía de un ordenamiento simbólico. Esto sería el de producir cierto vaciamiento de ese exceso, cierto vaciamiento por la vía del sentido. En ese trabajo el rechazo ante cualquier tipo de alteridad o diferencia de una lengua a otra es el modo que tiene de funcionar en tanto mantiene un mundo controlado al costo de vivir desenlazado del Otro, solo -podríamos decir-.

Ahora bien, este trabajo de dominar el goce nos interroga. ¿Con qué cuenta el sujeto para metabolizarlo? Es decir, para no tornarse todo él un objeto condensador de goce, de ese exceso. Y ahí es donde la conceptualización de lo que estamos llamando borde o como bien llamó Tustin también, caparazón autista o como prefiere nombrarlo Éric Laurent, neoborde. El borde es un operador con el que el sujeto se las arreglar para producir una distribución de ese goce en exceso. Es un operador. El borde es una creación -incluso- defensiva del sujeto para situarse, para alojarse y desde allí habitar un mundo. Se trata de un litoral ese borde. Podríamos decir que, a diferencia de una frontera, tomando el término de litoral de Lituraterre que trabaja Lacan: el litoral no tiene límites tan estrictos, la frontera paso de un lado o paso al otro, los límites son más estrictos. El litoral abre cierta posibilidad de un entre el sujeto y el Otro. Ya vamos a ver que cuando Maleval menciona los tipos de borde, es muy claro en el litoral. Es este borde al que él llama dinámico, este entre el sujeto y el Otro. Entonces, les decía que el borde se trata de un litoral conformado por objetos concretos, con maniobras del cuerpo, movimientos rítmicos, estereotipias, balanceos, rituales, imágenes incluso que toma del mundo, sonoridades reiteradas -así como nos hizo los ruiditos Mauricio-, verborrea, con la que también construyen una defensa y una diferenciación entre él y el mundo que lo rodea. El autista -decimos- es un sujeto sobrecargado. Y para aliviarse se le imponen ciertas soluciones que buscan una tramitación de lo que no operó por estructura. La construcción de un borde implica modos de regular esa carga y permite otra manera de distribución y ordenamiento del mundo menos penoso y menos solitario. Laurent lo dice así: “Se trata de sustraer el demasiado lleno.”[1] El sujeto intenta vaciarse de una excitación, producir un agujero que en lo simbólico no se ha originado porque en realidad todo el problema del agujero, todo el problema de la forclusión del agujero implica la no-construcción del borde. Es decir, no hay agujeros. Es una falacia decir un agujero sin borde. Entonces, cuando algo del orden de la sustracción aparece, opera como una pérdida mortífera para el sujeto porque no hay dónde escribirla. Es decir, no se puede escribir como borde ni como texto. Entonces aparece esta pérdida en lo real del cuerpo que a veces lleva a la mutilación, los golpes en la pared, o morderse la mano, etc. En cambio, en el caso de la neurosis, el Otro de lo simbólico sí arma un borde del agujero. El Otro es el tratamiento mismo del borde. Marca una ausencia sobre el fondo de una presencia. Este borde topológico en la neurosis se funda sobre un agujero en el lugar del Otro. Obviamente la extracción del objeto a es lo que permite armar ese agujero y ese borde topológico por donde la pulsión hace su recorrido -como recién hablábamos del Seminario XI-. Entonces, en el caso del autismo se trata de un sin-borde, se trata de un borde real que el sujeto inventa, construye para defenderse, situarse y que de alguna manera viene a taponar cualquier encuentro con la falta, con alguna sustracción. Esa invención de un borde es el modo en que un sujeto se goza sin el trayecto de la pulsión que podría articular su cuerpo por el Otro. En su lugar produce entonces este neoborde a modo de encapsulamiento, lugar donde el analista debe advenir para primero incorporarse a él, ser parte de ese borde, para luego tímidamente estorbarlo o perturbarlo, pero siempre con el consentimiento del sujeto. Es una especie de medida, de tira y afloja, pare ver hasta dónde ese borde puede acompañar a desplazarse en la medida en que se perturba. El analista puede incluirse en ese neoborde, a veces siendo él mismo, o propiciando una cadena singular que enlace objetos, acciones y formas de hacer, pero siempre aparejadas al cuerpo. Eso es lo fundamental del borde. El borde está siempre aparejado a una zona del cuerpo. Los objetos que van amalgamándose a ese borde están enlazados al cuerpo.

Cuando no hay construcción del borde, las mismas sustancias corporales refieren de borde. Se trata de un borde más débil donde el goce invasivo empuja a la automutilación, a los aullidos, a los gritos. Son especies de desprendimientos de pedazos del cuerpo.

Laurent se enriquece de Tustin y toma el concepto de caparazón autista, que es este de la burbuja protectora, pero propone hablar de neoborde porque él ubica que el borde es más flexible que el caparazón. El neoborde tiene esta flexibilidad que nos permite hacer costuras en el espacio más hilvanada, más elástica. Hace que el espacio sea más elástico.

Maleval en su texto El autista y su voz va a situar 3 características principales del borde.

Primero, va a decir que es una defensa ante la invasión que le produce al sujeto el mundo y este exceso del que hablábamos. Dice: “Es la construcción de un cauce real para el exceso”. Es bien freudiano, la metáfora económica que ubica para ese borde. Entonces, es un cauce real a partir del cual se puede separar el goce -y usamos la noción de corte- para construir un cuerpo vía las sensaciones corporales y el contacto con la alteridad.

Otra característica que da es que es un modo de distribución libidinal dada la ausencia del corte o del recorte del circuito pulsional y de los objetos pulsionales, aparece entonces una distribución a partir de cierta invención de este borde. En el caso del autismo sabemos que los objetos pulsionales permanecen reales. Están presentes. No están recortados del cuerpo y el sujeto debe arreglárselas con ellos. Así vemos, por ejemplo, cuando el niño autista se tapa los oídos o cuando esconde la mirada. Son objetos que están presentes como reales de los cuales tiene que defenderse. Esos objetos están reales, no están perdidos y su presencia es más bien angustiante porque despierta cierto riesgo de una pérdida mortal para el sujeto.

Y la tercera característica que sitúa del borde es que es una formación protectora contra el Otro real amenazante. Puede funcionar también como una barrera autosensual generada por estimulaciones corporales como movimientos rítmicos, balanceos, presión en los ojos, mordidas. Es decir, fíjense que siempre están sobre el propio cuerpo. Son lo que Tustin ubicaba como formaciones autoengendradas que separan su realidad perceptiva del exterior cuando se torna insistente.

Maleval además sitúa tres tipos de borde. Esto lo hace en un texto que se llama Clínica del espectro del autismo en donde él va a desplegar una pluralidad de bordes que van a ir desde la ausencia de borde, -al borde aislante-, el borde dinámico hasta llegar al borramiento del borde en algunos casos. Por supuesto que no son absolutamente aislables uno de otro. Uno encuentra una transición de la ausencia de borde a la construcción del borde o del borde aislante al borde dinámico. Son procesos que se van construyendo. No son estáticos. Cuando no hay un borde construido, Maleval va a hablar de estos casos que él llama prekannerianos. Son estos que Tustin ubicó en este fenómeno de sensaciones-formas autoengendradas, fluctuantes, inclasificables y artificialmente creadas a partir de estímulo; formas mágicas que dependen de los propios movimientos otorgándoles -y esto me parece fundamental- sensación de existir. Existen a partir de la sensación de estas formas, por ejemplo, el fluir de la orina en el exterior, del cuerpo, o una burbuja de saliva, del movimiento de sus manos. Muchas veces la retención y la expulsión de las heces. Este tipo de bordes siempre sostenidos en sustancias corporales se convierten en su iteración -que siempre es igual- terminan consolidando un borde aislante: una burbuja autística que contiene la retención del objeto pulsional.

Estoy trabajando con niño. Estoy haciendo un trayecto desde la retención al soplido. Estoy trabajando con globos, con rosas de viento, donde se sopla. Es apuntar a que salgan. Luego a que salgan las palabras. Y hay una imposibilidad de este niño para soplar. Me mira, pone la boca, así como para soplar y no le sale. Me copia el gesto, pero no sale el aire.

Este borde aislante son a veces cuadros muy difíciles de diferenciar de la esquizofrenia. Por el contrario, cuando el borde se borra también son difíciles de pensar con el Asperger. Esto también me parece fundamental, el pasaje de esta ausencia de borde a lo que Maleval va a llamar borde dinámico requiere de la asunción de pérdidas traumáticas, o de lo que podemos llamar con Laurent acontecimientos de cuerpo. Es decir que para llegar a un borde dinámico tiene que haber un pasaje necesario para que aparezca una pérdida, una sustracción en lo real, una pérdida mínima de este exceso, de este goce para que eso produzca un entre, para llegar a dominar un objeto mediador entre el sujeto y el Otro. Y ahí es donde aparece esta figura del litoral entre este sujeto y el Otro. Ya el borde en este caso no tiene que ver tanto con la auto-sensación, con lo provocado con lo auto, sino que está al servicio de este pasaje hacia el Otro, en ese entre. Esto puede ser a veces personas de la familia, objetos muy concretos o animales domésticos. El borde cuando se transforma en dinámico se hace captador del goce pulsional y permite protegerlo del deseo del Otro. Es decir que la función del borde es esta de captar el goce pulsional y protegerlo del deseo del Otro. Esto es lo que él llama borde dinámico. Y tiene esta doble acción porque permite localizar la pérdida mínima, eso que se cede, y dominarlo. Entonces, el borde dinámico pone en juego una pérdida o una pequeña sustracción y muchas veces -esto es un dato clínico muy importante- resulta ser contemporáneo de los juegos de ocultamiento tipo Fort-Da, de presencia/ausencia. Muchas veces esos juegos con estos niños producen de alguna manera este borde dinámico. Por supuesto no se simboliza esta ausencia, pero hay una pérdida en la repetición.

Entonces cuando el borde se concretiza y se hace más dinámico -dice Maleval- puede agregarse a eso un objeto autista, puede agregarse a eso la imagen de un doble e inclusive un interés específico. Estos elementos pueden volverse incluso independientes del borde o desligarse del borde.

Finalmente, Maleval analiza lo que llama el borramiento del borde. Eso también es muy interesante. Va a decir que el borde dinámico no desaparece, se borra. Y eso implica una operación del sujeto. Entonces implica un poquito más, un pasito más que el borde dinámico. El borde dinámico está entre el sujeto y el Otro; y el borramiento del borde implicaría una acción misma del sujeto sobre ese borramiento. Por ejemplo, Maleval cita a Donna Williams donde ella intentaba separarse en su adolescencia de su doble imaginario. Decía: “Decidí matar a Windy” -que era su doble imaginario, ella misma siempre enojada-, pero dice: “Este homicidio imaginario tardó varios años.” Suele ocurrir que este borde no se borre, sin embargo, el enganche sobre ese borde puede volverse menos permanente o a menudo utilizarse para iniciar otro tipo de nuevo circuito. Por eso pueden ser bordes temporarios, dice. Y finalmente, menciona ese borde temporario, o ese borde que no termina de borrarse, lo llama imaginario de caparazón, al que el sujeto seguir enlazado como un interés específico genuino. Ese imaginario de caparazón nos permite pensar en lo imaginario, para pensar los registros en el autismo.

Caso de J.-C. Maleval

Bueno les cuento un caso muy cortito que está en este libro Una clínica posible del autismo infantil que les mencionaba. Maleval presenta el caso el caso de George. Tiene 10 años y su mamá escribe el testimonio. Ella va a decir que Ben -que es un gatito al que él adopta- le cambió la vida a George. George presentaba un cuadro clínico clásico de autismo: indiferencia al Otro, conductas de inmutabilidad, dificultad de apropiarse de las reglas sociales, y un lenguaje muy particular utilizado solo en algunos momentos. Se veía muy claro cómo la retención del objeto vocal no estaba ausente del cuadro, aunque resultaba discreta. Su madre notaba dificultades a la hora de que George hable en voz alta, que diga lo que pensaba. De hecho, había un proceso inhibitorio bastante fuerte que intervenía cuando Ben hablaba. Utilizaba palabras muy cargadas de afecto y que no las podía terminar de pronunciar. Por ejemplo, George decía: “Quiero mirar, quiero hablar, pero no me sale hacerlo.” O dice una cosa, pero no era lo que él quería decir. Podríamos inferir en que tiene dificultades -siguiendo a Maleval- en soltar el objeto voz y soltar el objeto mirada.

La madre relata un episodio muy importante en su vida por el que él se vio poderosamente afectado. Se trató de la muerte del perro de su asistente escolar. George quedó perturbado con la muerte de este perro y hay algo de este gatito, Ben, que va a remediar esta pérdida. George -cuenta la mamá- vivía en Londres. Antes de sus 10 años pasó por muchos tratamientos, pero ella confirma que el mejor tratamiento fue su gato Ben. Ben fue un gato que encontraron, fue un gato abandonado y enfermo que George que recogió en ese estado penoso. Y este es un dato fundamental porque fue sin duda eso lo que fundó el encuentro entre ambos: este trazo singular de haberlo encontrado abandonado y en condiciones de enfermedad. Esto hizo que Ben pudiera incorporarlo en su mundo. Por eso digo que ahí hay algo de la falta que viene con Ben, viene fallado; trae la falta en sí mismo que podrá llegar a ser un doble. La mamá comenta que antes George había tenido un conejo, pero éste no había resultado igual que Ben. Ben viene a adherirse al borde que se ofrece en George mismo.

Según la madre, el mundo se dividía para George en dos. Por una parte, las personas que reaccionaban de manera extraña y le reclamaban a él haber causado problemas -es decir las personas que en realidad lo rodeaban- y los que realmente necesitaban ayuda, es decir “los fallados” -podríamos decir- entre los que se encontraba Ben y también George. A partir de la presencia de Ben, la mamá constató que George cambiaba su mirada, su atención, su habla e inclusive el registro de su voz.

Voy a destocar entonces de este caso, solo para recortarlo, cómo Ben viene a ocupar el lugar de doble como borde dinámico. Ben era la imagen de George -dice la madre-, lo que lo hizo apto para cumplir la función de doble. Desarrolló una relación perfectamente armoniosa. Ben seguía a George tanto como George seguía a Ben en sus juegos. El niño llegaba a imitar al gato a tal punto que a veces lo era -confiesa la mamá-. George se ponía en cuatro patas y maullaba como Ben o ronroneaba o imitaba su manera de caminar. La asimilación era aún mayor cuando George hacía hablar a Ben a través de su propia boca o de su propia voz, pero además prestándole sus ideas. Es decir que George podía ceder su voz y su mirada haciéndolo hablar a Ben. Por su boca salían, cedían palabras, pero en nombre de Ben. Es decir, él no se implicaba en esa enunciación. Hablaba a través de Ben. Esto es importantísimo para tenerlo en cuenta en la clínica. Nosotros en general trabajamos de dos terapeutas. Uno le habla a la otra terapeuta o al otro analista en vez de dirigirse directamente al niño. Es esta función de doble.

Entonces, el borde dinámico en este caso cumple la función de doble en el gato Ben. Y éste limita el goce -en el caso de George- que no está cifrado por el significante. Entonces, lo localiza. Todo el goce queda -en vez de localizarse sobre su propio cuerpo- sobre el del gato. El doble en el autismo no encarna la pérdida radical del objeto, sin embargo, la capacidad de localización del goce en el borde permite que el sujeto pueda controlar dicha falta y pone en funcionamiento el deseo. Claro que no se trata de un funcionamiento simbólico, sino de la superficie real que el doble le presta como intermediario. Finalmente, es interesante cierta distinción que Laurent realiza entre lo que él llama fenómenos de borde y acontecimientos de cuerpo. En el acontecimiento es donde aparece cierta cesión del goce que se produce a cambio de alguna incorporación de algo nuevo. Algo se pierde y algo nuevo se incorpora a cambio de esa pérdida. En cambio, muchas veces, los primeros tipos de borde que ubicábamos no implican una pérdida. No hay una extracción de goce. Simplemente implican un límite.

Bueno, hasta acá. Ahora podemos conversar lo que vaya surgiendo.


*Intervención en el Curso «Conceptos Fundamentales del Autismo y la Psicosis Infantil» organizado por Hospital del día Mafalda y el Equipo TGI.

[1] É. Laurent. La batalla del autismo, op. cit., p. 56.

El Borde y sus Resonancias – por Mauricio Beltrán – 2021/05/19

EL BORDE Y SUS RESONANCIAS

Por Marcelo Beltrán

2021-05-19


Dra. Nora Villa:

Buenas tardes a todos, un gusto estar acá con ustedes y compartir esta segunda clase anual para graduados, Puntuación en el autismo y en la psicosis. Hoy con Marcela Piaggi y Marcelo Beltrán. Voy a presentar a los dos y luego arrancamos. El título de la clase es Borde y neoborde.

Marcela Piaggi es psicoanalista, docente e investigadora de la Segunda Cátedra de Psicopatología de la UBA, docente integrante del Departamento de Autismo y Psicosis, responsable de la Antena CABA del Observatorio de Políticas de Autismo y supervisora de Mafalda.

Mauricio Beltrán es psicoanalistas, docente de la Cátedra Clínica del Autismo y de la Psicosis en la Infancia, colaborador docente en el Departamento de Autismo y Psicosis en la Infancia del ICdeBA y de la EOL.

Bueno, arrancamos.

Mauricio Beltrán:

Bueno, quedamos con Marcela que arrancaba yo. Bueno, antes que nada, quiero agradecer como siempre a Nora Villa y a su equipo por la invitación que nos hace. Con Marcela estuvimos en varios cursos de Mafalda, así que quiero agradecer de nuevo en la confianza para participar en este espacio de formación. Me interesó la propuesta del Borde y los neobordes, entonces, articularé mi trabajo en base a esos dos conceptos.

Lo titulé El borde y sus resonancias. Contiene tres apartados.

Resonancias

El diccionario etimológico de Guido Gómez de Silva nos dice que un borde es un extremo, un margen, una orilla que etimológicamente deriva del indoeuropeo tabla, que a su vez procede de cortar. Tengo las palabras en indoeuropeo, pero son impronunciables porque son solo consonantes. No utilizaban las vocales. Existe originalmente en el cristal de resonancias que nos ofrece la lengua una ligazón entre el borde y el corte de la que también podemos encontrar resonancias en la enseñanza de Lacan. Y eso es lo interesante, especialmente en el Seminario XI Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Allí Lacan establece que la estructura significante, la estructura del lenguaje se basa en la función del corte que se articula como función topológica del borde. Repito, la estructura significante se basa en la función del corte que se articula como función topológica del borde. Esto lo pueden encontrar en la página 224 del Seminario. Esto supone que el significante introduce un corte en el viviente, que ese corte deviene borde y que ese borde cumple una función.

Precisamente, en el autismo, constatamos las dificultades en la articulación del significante, lo problemático de su anclaje en el cuerpo, las paradojales soluciones en las que se introduce los cortes en el campo del autismo. Sin apoyadura significante, todo lo que se desprende del cuerpo es vivenciado como una castración en lo real. Hay muchos autores que utilizan esta terminología: Éric Laurent, Jean-Claude Maleval, Silvia Tendlarz. Para Jean-Claude Maleval, esto es consecuencia del rechazo de la alienación significante que supone, como un segundo movimiento, que el goce que no se localiza en la palabra retorna sobre un neoborde. Éric Laurent complejiza esta propuesta suponiendo que lo que subyace a este rechazo es la forclusión del agujero. Y Pierre Naveau, otro psicoanalista de orientación lacaniana introduce una idea original cuando plantea que lo esencial en el autismo es la forclusión del corte. Ahí tenemos nuevamente unido el borde y el corte, entendido como la operatoria de lo simbólico sobre lo real. Lo interesante de esta propuesta es lo que las aúna, tanto la alienación significante, como el agujero y el corte, suponen la articulación del sujeto al Otro del lenguaje. Más adelante veremos de qué manera. Por lo pronto anticipamos que cada una de estas concepciones, la de Maleval, la de Laurent y la de Pierre Naveau remiten a la idea de que en el autismo no hay borde que trabe la relación al Otro. Eso lo tomo de un comentario que lo hizo Fabián Schejtman que se publicó en el libro Estudios sobre el autismo. El artículo de Schejtman se llama ¿Qué es un agujero? Entonces, todas las concepciones que mencioné proponen que no hay borde que trabe la relación al Otro, yo agrego, al Otro como falo de orientación; esto replica en una erogenización muy singular de lo que hace de las veces de cuerpo, que en el autismo son sus neobordes.

Volvamos a la etiología. No introduzco de manear azarosa la referencia a la tabla, a lo plano de la raíz indoeuropea. Este es el estatuto inicial del sujeto del que habla Lacan en el Seminario mencionado, el Seminario XI, la de un sujeto aplanado, planificado -dice Lacan- y objetivado como una superficie que se articule a la pulsión entendida como una fuerza constante. De lo aplanado también deriva la palabra placer, cuya raíz plac, en griego, remite justamente a lo plano, a lo sosegado, como el mar en calma y otra vez la orilla y el borde. En latín, placare también significa lo que apacigua suavemente, lo que produce placer. Cuando Lacan aborda en ese seminario el factor económico, el factor pulsional, establece que la regulación de éste dependerá de las condiciones que sobre él ejerza el principio de placer, un sistema destinado a asegurar cierta homeostasis en relación con las tensiones internas. En esta regulación del factor pulsional que apoyada en el Otro -y esto es lo importante- toma forma de circuito, se delimitan los orificios que hacen de esa superficie aplanada una superficie agujereada, que hace de los orificios reales del cuerpo agujeros simbólicos.

En el autismo, en cambio, observamos la desregulación de estas tensiones que muchas veces derivan en crisis de excitación y autoagresiones, acciones impuestas para intentar poner en orden el apremio de lo pulsional y su empuje; para desembarazarse del exceso de goce e incluso producir un agujero en lo real, lo que nos remite -curiosamente o no- a la segunda raíz de la palabra placer. Paradójicamente o no, plac -que era la forma en griego de ubicar el placer- también significa pelear, golpear. Ambas raíces, la del golpe y de lo plano, representan la onomatopeya del golpe que aplana, que aplasta, que aplaca, plac. Una primera conclusión que se impone es que el borde, entendido como una función ligada al placer, trabaja en la reducción y el aplacamiento de la tensión. Es una zona de transición que establece un corte con el exceso, delimita una frontera, un límite que se presenta como intolerable, desordenado y caótico.

Una referencia temprana en Lacan sobre este punto es la que corresponde al estadio del espejo. Allí, el infans experimenta su imagen completa en el espejo y el desorden propioceptivo que lo invade es reprimido. Se asimila una imagen por anticipación a partir de la cual el niño asume el control de su cuerpo de forma prematura. En este punto, lo que funciona como borde regulador es el espejo, marco de una primera organización libidinal que redunda en ese gesto de reconocimiento y jolgorio frente a la imagen. Pero esta concepción sufrirá modificaciones a lo largo de la enseñanza de Lacan, principalmente a partir del Seminario X La angustia, donde el cuerpo deja de ser el cuerpo de la forma, el cuerpo de la imagen del estadio del espejo y pasa a ser un cuerpo ligado a las zonas erógenas, a lo informe, a lo no-especularizable, a lo que queda del otro lado del espejo.

Esta propuesta resulta más pertinente para pensar el autismo en tanto supone una topología del espacio y de la superficie del cuerpo -de esta superficie aplanada de la que habla Lacan- que escapa al registro de la forma y que establece una relación con los objetos pulsionales que trasciende la del cuerpo circunscrito, la del interior y del exterior. De esta manera, podemos validar cada arreglo subjetivo que invente el niño con autismo en lugar de atosigarlo con las buenas formas y las buenas maneras como hacen algunas terapias de corte correctivo; que le dicen cómo utilizar determinada cosa, cómo utilizar determinado, de qué manera sí, de qué manera no. Hay que ver que, en ese arreglo singular, el niño está ordenando algo de ese neoborde en relación con la superficie de su cuerpo. Las zonas erógenas cobran relevancia por a la vinculación que establecen entre los objetos que se desprenden del cuerpo y el campo del deseo y la demanda del Otro. Es decir, funcionan como borden que administran las pérdidas de objetos ligados a la presencia del Otro, y delimitan simbólicamente los agujeros a partir de los cuales se constituye un cuerpo.

Resonancia

Mi afán etimológico no era un esfuerzo de hacer gala de un carácter de erudición que no poseo. Intentaba mejor establecer esta ligazón originaria que existe entre la lengua y el cuerpo. Y mi planteo puntual para la clase de hoy es que la lengua es el primer borde que erogeniza un cuerpo, que delimita estas zonas de intercambio, estos bordes erógenos, estas zonas erógenas a partir de las cuales -como ya se dijo- se organiza una economía libidinal y un circuito pulsional. Pero la lengua -y esta es mi hipótesis, que comparten otros autores- antes de ser la lengua del Otro, en su más primitiva acepción, supone su carácter onomatopéyico, su carácter creativo, creacionista.

Según mi conocimiento, un trabajo de Sabina Spielrein dedicado al origen de las palabras -¿conocen a Spielrein? Spielrein era una gran psicoanalista, pero se la conoce más por el ménage-à-trois que decía que tenía entre Jung y Freud, pero ella también una gran psicoanalista- me resultó muy interesante para seguir pensando esta idea. Allí sugiere que las primeras expresiones verbales tienen su origen en el acto de succión, la primera actividad voluntaria del infans. La primera expresión verbal viene del acto de succionar. En ausencia de la madre, la tentativa de succión -dice Spielrein- produce los primeros sonidos al aire que se ligan al acto de chupar y proporcionan, por lo tanto, un cierto placer -placer por el sonido, señalamos-, por lo que podrá devenir palabra y posteriormente un llamado. En un segundo momento, continúa Spielrein, se da una especie de fase mágica y su principio reposa en la semejanza de la acción llevada a cabo con el evento cuya realización se desea ya que mediante la secuencia sonora que el infante repite -la succión y el sonido de la succión- se instaura la posibilidad de buscar el objeto ausente -porque el niño succiona y el objeto aparece-, de traer desde el sonido de la palabra aquello que aparece y desaparece, una especie de Fort-Da inicial del objeto oral que contornea su ausencia. Este circuito ya supone la respuesta del Otro, en tanto puede ya hacerse presente como eco de la acción de succionar que a partir de ese momento deviene llamado. De este modo define Lacan a la pulsión en el Seminario XXIII, como “el eco en el cuerpo del hecho que hay un decir”[1], como aquella palabra que replica en el cuerpo, que lo hace sonar como acontecimiento. Pero como constatan muchas investigaciones de observadores varios en el campo del autismo, en el niño autista no se efectúa la vuelta del circuito pulsional. El bebé autista, observan muchos, no busca hacerse escuchar ni hacerse mirar en ausencia de un período de ésta. Es decir, si la madre no pide, el niño no demanda ni ser mirado, ni ser hablado. En este punto -indica Laurent- “se goza sin el trayecto pulsional que podría articular su cuerpo con el Otro”[2], se queda en la pura iteración de lo mismo. La hipótesis que subyace a este rechazo y a este corte radical con el Otro es que el autista recusa del acontecimiento en el cuerpo que supone el traumatismo de la lengua que porta el Otro. No quiere saber de eso. Lacan juega con las palabras -como siempre- y habla de troumatisme. El vocablo francés trou es agujero, trauma del agujero, la palabra hace agujero en el cuerpo. Este trauma del agujero del que el autista no quiere saber nada introduce la dimensión de una pérdida en el espacio subjetivo que el sujeto autista no puede simbolizar a través del significante. De allí, los inventos que establezca para poder localizar ese exceso de goce que no se localiza en el significante. Y, de allí también, su esfuerzo por suturar, por obturar la pérdida de origen que introduce el lenguaje encapsulándose: el encapsulamiento como una respuesta al traumatismo de la lengua.

A partir de esto podemos entender mejor por qué la constitución del cuerpo en el autismo, o el armado de esos neobordes se apoya en la supresión de todos los órganos posibles de intercambio. Evitan mirar o dirigirse al Otro, presentan excentricidades al momento de comer o ir al baño, una relación muy particular y singular con el objeto oral, el objeto anal. Esta retención de los objetos pulsionales -señala Jean-Claude Maleval- está en el principio del autismo: la retención de los objetos pulsionales. De allí el esfuerzo por suturar, obturar la pérdida del origen -la pérdida que introduce esta lengua- encapsulándose. Entonces, en el principio del autismo -decíamos con Jean-Claude Maleval- está la retención de los objetos pulsionales: el objeto voz, el objeto mirada, el objeto oral y el objeto anal. Y de ahí todo el comportamiento tan singular que estos niños tienen en relación con esos objetos que también marcan algo de la presencia del Otro, en tanto que son objetos que el Otro desea o demanda. Todo aquello que suelta del cuerpo, o que cae del cuerpo, como decíamos al principio -que puede ser sustancias, palabras, objetos- es vivido como un arrancamiento real, a no ser que pueda ser localizado en un borde: invención que no se apoya en el Otro, pero que, oportunamente, puede incluirlo.

Sobre onomatopeyas, orificios y ataduras

De las entrevistas y anamnesis que realizamos con los padres, podríamos concluir que el autista parecería haberse quedado a las puertas de la lengua del Otro; y que el espectro de palabras y sonidos muy variados que articula y con los que constituye -según Laurent- una especie de diccionario topológico personal son del orden de la onomatopeya, de la ecolalia de lo que resuena en el literalidad de la superficie del cuerpo, primera forma de neoborde que le permite encapsularse y supone algún orden de abrochadura bastante rígida entre la palabra, sonido y el cuerpo. Son esas manifestaciones que se multiplican por cientos y que son muy particulares de cada niña o niño con autismo. Todos esos sonidos que las terapeutas ocupacionales dicen que lo hacen como un esfuerzo de autorregularse. Bueno, hay algo de cierto en eso, hay algo en donde ese sonido abrocha algo de la superficie del cuerpo.

Si forzamos un poco la lectura de Lacan -que no voy a ser el primero, es lo que se hace habitualmente- que no se refirió más que en un par de ocasiones al autismo, podemos asociar esta hipótesis a esta constante que se desprende de esas pocas intervenciones sobre el tema. Lacan dice que si en el autismo, en las diferentes intervenciones que tiene -que son poquitas- hay algo que se detiene, que se congela -Maleval después va a decir que se petrifica-, se queda fijado. Si además seguimos a Walter Benjamin que propone que el estatuto original de la lengua antes de ser una lengua para la comunicación es la de ser una lengua de onomatopeyas, una lengua que crea a partir de la experiencia del cuerpo, podemos proponer que es el estatuto al que accedió el niño autista al cual queda fascinado, fascinado por esa juntura con lo real del cuerpo, tan cautivante que deviene solipcista en la medida en que la repetición de lo mismo es el principal obstáculo para el despliegue del sujeto. Lacan dice en el Seminario I que el sujeto se desarrolla ejercitándose en el simbolismo. Bueno, este niño se retira, queda fascinado en esos sonidos. El despliegue o el desarrollo del sujeto no está del lado de la repetición de lo mismo, sino de lo diferente, sino de lo Otro. Utilizo el vocablo fascinado -y les prometo que es la última mención etimológica- porque deriva de hechizado, y ésta deriva de atado. De esta manera, me hago eco un poco de la constante señalada por Lacan de “estar en un punto detenido, congelado, atado”. El autista está atado a la lengua del cuerpo. Este es su referente, el detrimento de las ataduras y dependencias que genera el Otro. De la ahí la exigencia de mismidad, de la iteración de lo mismo que no remite a la estructura articulada del lenguaje. Es un modo particular de arreglárselas con el objeto voz, de objeto que no quiere ceder al campo del Otro, de establecer un ejercicio regulado del goce vocal, como señala Maleval. Este ejercicio, este control le evita producir una separación traumática del objeto voz. Habíamos dicho que estas separaciones traumático tenían el estatuto de castración real, pero el resguardo que impone sobre este objeto, le impide localizarlo fuera del cuerpo. De ahí, que quede atado a la lengua del cuerpo. La separación del objeto voz es la condición necesaria para que la enunciación se ancle en el lenguaje y para que la voz del Otro -necesaria para la identificación primordial- sea incorporada por el sujeto. Incorporar y consentir a la lengua del Otro supone atravesar la inquietante experiencia de hacer pasar las necesidades por el desfiladero del significante. Esto también lo dice Lacan, Seminario XXIII. Y por lo que de todo esto deriva, hacer pasar las necesidades por el desfiladero del significante significa consentir a los equívocos, a las resonancias del significante, a los rechazos y consentimientos, a los malentendidos de la lengua, finalmente. En este punto, la vuelta al circuito de la pulsión ya supondría un efecto de subjetivación muy particular. Si el niño consintiera a esa lengua del Otro, ya habría un efecto de subjetivación muy singular de la lengua del Otro. En primer lugar, señala Lacan, están todas las demandas que puedan hacerse, y luego una vez que se ha demandado todo, lo que resta, lo que queda es la presencia del sujeto como corte más allá de todo lo que pueda demandarse, la presencia del sujeto como corte -Seminario XI-. En este trayecto, el sujeto descubre también que no hay lo que precisa el Otro. Ese recorrido deviene borde, marca del significante de la falta en el Otro S(Ⱥ), a lo que el sujeto queda irremediablemente atado como lo demuestran las imperiosas preguntas que el sujeto dirige al Otro en el campo de la neurosis. Queda atado a esa dependencia del Otro y siempre va a la búsqueda de ¿Qué quiere el Otro para mí? ¿Cómo puedo hacer esto? ¿Qué va a decir mi mamá? ¿Qué va a decir mi papá? ¿Qué va a decir mi mujer? ¿Qué va a decir mis hijos?

¿Será por evitar esta inquietante experiencia que muchos niños diagnosticados con autismo dejan de hablar luego de haber adquirido muchas palabras sueltas? Como cuentan algunos padres. “Al año, año y medio decía tales palabritas y de golpe dejó de decirlas”. ¿Será por eso que se cortan prematuramente del Otro? Pero a pesar de la retracción masiva que genera este encapsulamiento inicialmente, éste constituye una defensa precaria -y esto hay que resaltarlo-, no puede recubrir en forma permanente el traumatismo inicial, el trauma del agujero, y no funciona como un lugar en el que el sujeto pueda alojar su falta. Necesariamente, ese encapsulamiento tiene que desplazarse. Debemos señalar enfáticamente que este encapsulamiento es una instancia inicial de tratamiento de las pérdidas, pero que tiene que desplazarse. Si bien es una forma de encapsulamiento, tiene que desplazarse. Este desplazamiento debe considerar, en primer lugar, el interés que muchos niños autistas suscitan los diferentes orificios -los del cuerpo o los del espacio-. Estos niños buscan mucho obstaculizarlos, taparlos con masa, con sustancias corporales, con objetos que encuentran en el consultorio. Laurent llega a hablar de intolerancia al agujero. Se trata también de un trabajo sobre los agujeros que, de alguna manera, remiten a los orificios del cuerpo. Para Maleval, este interés no es contingente -el interés por los orificios-. Y se debe a que los agujeros funcionan como una especie de prefiguración mental con la cual hacen la experiencia de la pérdida y de la falta. Fíjense qué interesante. El interés por los agujeros es una especie de anticipación, de puesta en trabajo de la experiencia de la pérdida y de la falta. Por eso tenemos niños metiendo y sacando por un tubito, por un agujerito, tiran un papelito por el ascensor, tiran por la ventana, tiran por el inodoro… Hay un intento allí de trabajar sobre esos agujeros. En este punto, el neoborde puede trabajar para enmarcar el agujero. Basta recordar solamente cómo el pequeño Robert, el paciente de Rosine Lefort gritaba: ¡El lobo! ¡El lobo! -que era la palabra que gritaba de manera iterativa-, frente al agujero del inodoro. Con esa palabra intentaba subjetivar la experiencia de horror que le generaba desprenderse del objeto anal en ese agujero.

Los neobordes que instituye el sujeto autista tiene una forma de ejercer una pérdida dominada de todo aquello que se separa del cuerpo. Laurent lo explica como una forma de indexación de las pérdidas[3]. Esto me parece súper interesante y no ha sido lo suficientemente desarrollado. Él habla más que de pérdida, de indexación de las pérdidas. ¿Qué sería el indexar las pérdidas? El indexar remite a ordenar una serie de datos o informaciones de acuerdo con un criterio común a todos ellos. Por ejemplo, la guía de teléfono establece su índice por el orden alfabético de los apellidos de los abonados. Del mismo modo, el autista pone en serie todo aquello que le permite cierto tratamiento de la pérdida que se apoya en su neoborde a través de series o catálogos de autitos, muñequitos, dibujos animados, materiales que poseen las mismas características físicas o dinámicas, etc. Cuando se cumple a partir de esta indexación, de esta puesta en serie, una separación del neoborde ligado al tratamiento de los orificios del cuerpo, se pasa al uso de ciertos objetos ya más distanciados del cuerpo, observamos cierto grado de apaciguamiento en las conductas y modificaciones sustanciales que devienen de la apoyatura en el objeto -lo que hablaremos en la clase dedicada al objeto autista, que es la próxima-.

Pero me interesa detenerme solo en aquella característica relacionada al tema propuesto para hoy. El objeto ya supone cierto terreno de interacción compartida de la que el otro puede hacerse depositario. Nos abre el camino a la lengua del objeto que ya no es tan refractaria al Otro, como lo es la lengua del cuerpo y funciona como un índica a partir del cual se puede continuar produciendo esas indexaciones del objeto voz a partir de la réplica de sonidos, de ritmos y de escansiones verbales. Siempre me resultó muy llamativo que más allá de la formación que se tenga, de la orientación que se tenga, de las lecturas y las teorías que se supongan sobre el autismo, en determinado momento de una cura, y casi espontáneamente, todos aquellos que trabajamos con niños autistas, nos encontramos inventando o replicando las onomatopeyas de los objetos que los niños portan. Más allá de la orientación, en determinado momento, todos nos encontramos haciendo “Brrrr, bmmmm, miau, miau”. Hacemos eso porque eso tiene efectos sobre la retracción autística y su encapsulamiento. En la repetición de esos efectos se producen afectos. Se afecta al cuerpo de una manera novedosa, se lo desata de su fascinación sonora y se lo ata momentáneamente al Otro y las particularidades de ese Otro que se vuelve el partener del niño autista sin que esto le resulte intolerable. Esa desatadura implica una extracción de goce que permite el desplazamiento del neoborde. Esta perspectiva abre una vía inédita con respecto a la relación del niño autista con el referente, que deja de ser la superficie de su cuerpo. No dice algo muy distinto Éric Laurent cuando invirtiendo la fórmula del título de John Austin, ¿Cómo hacer cosas con palabras?, señala que más bien en el autismo se trata de hacer palabras con cosas. Y a partir de esa torsión, otorgarles un sentido, inicialmente privado que oportunamente podrá tener o no, un sentido en el campo del Otro. La cuestión es cuál es el referente: ¿el cuerpo o el objeto, o incluso el Otro? Podemos suponer entonces que esa mismidad, que esa iteración que busca el niño autista no sería otra cosa que la voluntad irrefrenable de construir un mundo singular pegando los sonidos con el referente, librándose de los equívocos de la lengua del Otro.

Lo que quería dejar establecido en el encuentro de hoy, y con esto cierro, es que ese primer referente es la superficie del cuerpo y sus orificios que no fueron recortados por la instancia palabrera que viene del Otro, pero que, aun así, se encuentran abiertos a sus resonancias; eso siempre que haya alguien allí atento para escucharlas. Muchas gracias.


[1] J. Lacan. El Seminario, libro XXIII, El sinthome. Buenos Aires: Paidós, 2017, p. 18.

[2] É. Laurent. La batalla del autismo. Buenos Aires: Grama, 2013, p. 53.

[3] Ibíd., p. 17.

Presentación para la Revista de Psicoanálisis #9 en Rusia – por Jacques-Alain Miller – 2021/05/15

PRESENTACIÓN REVISTA DE PSICOANÁLISIS #9 EN RUSIA[1]

Por Jacques-Alain Miller

2021-05-15


Jacques-Alain Miller:

¿Me escuchan? Sí, aquí hablo. Aún no he aprendido el ruso. Yo los escucho. Hace mucho tiempo que no los veo, chicos. Me da gusto verlos. No escucho. Hay mucho eco.

Casi que podríamos hacer una sesión de análisis. Tendrían el diván en Moscú y el asiento estaría en París. ¡Sería formidable! ¿Ya va a comenzar?

Es solo la segunda videoconferencia por Zoom que he hecho. Debo decir que tenía una cierta fobia al Zoom. Para mí, hablar demanda la presencia física. Tenía necesidad de seguir los efectos de mi discurso en los rostros de mis interlocutores. Soy muy atento a los ojos. Se reconoce muy rápidamente la mirada de alguien que no comprende y también me da gran placer el ver los relámpagos de comprensión que puedo llegar a hacer surgir. Tenía la idea de que por Zoom no se podía ver eso. ¡Qué error! ¡Al contrario! Con el Zoom se ve perfectamente el rostro de algunos interlocutores. Y cuando me di cuenta de eso en mi primera experiencia de Zoom, no solamente mi fobia desapareció, sino que fue remplazada por una jubilación. ¡Adoro el Zoom! Estoy muy contento de esta oportunidad para retomarlo con ustedes.

Mi primer Zoom fue en lengua española. Yo mismo hablo español y entonces me dirigí a colegas de España y había miles de personas hispanófonas que estaban conectadas a la conversación, especialmente de Argentina. En Argentina todo el mundo se analiza. El chofer de taxi se analiza. Cuando sabe que transporta una analista, le habla de su análisis. Cuando Judith fue conmigo a Argentina, y cuando el taxista vio que era familiar de Lacan, le preguntó si era la hija del famoso analista. En Argentina, uno se baña en psicoanálisis. No es aún el caso en Rusia. Pero también es precioso hablar a los rusos como lo hago hoy porque tienen la suerte de ser pioneros. El psicoanálisis comienza a expandirse en Rusia. Se va a expandir gracias a ustedes y un poco también gracias a nosotros que estamos comprometidos con ustedes en este asunto. Entonces, premier Zoom España, Argentina, Brasil y todo la América Latina; y para el segundo Zoom, Rusia, tierra de promesas para el psicoanálisis. También el psicoanálisis comienza a ser buscado en China, pero con más problemas que para nosotros porque toda una parte de Rusia es europea. Compartimos largamente la misma estructura mental, nuestras lenguas tienen estructuras comparables, pero es muy diferente con China. El chino espera con paciencia a un Lacan o a un Freud chino. Aún no lo han encontrado.

Quedémonos en Rusia y diré que la elección de textos hecha para la revista es una elección excelente, especialmente la elección de mis textos. Porque son textos donde reexamino de la manera más simple los fundamentos del psicoanálisis. En uno de esos textos presento la sesión analítica vista desde el exterior, de cierta manera de un modo behaviorista, comportamentalista. En un segundo texto, me ocupo de la interpretación e identifico inconsciente e interpretación. Explico que la interpretación no es un metalenguaje del inconsciente, pero que están al mismo nivel, en el mismo registro del lenguaje. Y, en un tercer texto, describo al doctor Lacan haciendo sus presentaciones de enfermos, es decir, interrogando a pacientes psicóticos en el hospital. Muestro cómo utiliza el lenguaje, su manera de no comprender y cómo hace percibir cosas que si no permanecerían invisibles e inaudibles.

El punto común de esos textos es el siguiente: el psicoanálisis antes que nada es una práctica. Es decir, no es primeramente una teoría. La teoría es un esfuerzo de reflexión sobre la práctica analítica. La práctica es un hecho desde Freud. Para Freud, evidentemente, era diferente. Para Freud, el psicoanálisis procedía de una teoría o de un esfuerzo teórico que lo llevó a intentar, a construir su dispositivo analítico. Se dio cuenta de que debía dejar hablar a sus pacientes libremente. No debía tener un cuestionario preparado anticipadamente. En un momento intentó la hipnosis, luego la abandonó. En un momento, les tocaba a los pacientes la frente pensando que eso iba a ayudarles a liberar su palabra. ¿Y por qué introdujo el diván? Lo dijo con mucha honestidad y simplicidad. Era muy fatigante para él tener la mirada de los pacientes sobre él durante toda una jornada cuando los recibía. Resolvió el problema haciendo que el paciente ya no lo viese.

Nosotros, en nuestra generación -mi generación es más vieja que la suya, obviamente- encontramos el psicoanálisis como un hecho. Se practica y practicamos el psicoanálisis en nuestra de sociedad. Por eso no me molesta decir que el psicoanálisis es un hecho de sociedad que puede ser examinado por sociólogos como un hecho de sociedad. Es un poco menos un hecho de sociedad en Rusia que en Francia. Es eso lo que hace de ustedes pioneros. ¡Es una oportunidad! Yo quisiera ser un pionero. Logré ser un pionero expandiendo el psicoanálisis lacaniano en el mundo porque cuando Lacan murió había esencialmente una Escuela en Francia. En Bélgica, por ejemplo, que está muy cerca, no había una Escuela puramente lacaniana. Había belgas que se analizaban en París. En Bélgica, habían construido una Escuela ecléctica donde se referían también a los grandes anglosajones como Bion o como Winnicott o también a Szondi. Y Lacan era uno entre otros. Lacan fue también a Suiza, pero no logró crear un grupo lacaniano. Viajó mucho a Italia, que era un país que le gustaba mucho, tenía analizantes italianos que viajaban a París, pero estaban separados en varias tendencias. Había una tendencia católica, evidentemente, lacano-católica; había una tendencia lacano-socialista; había un alumno estadounidense que se casó con una italiana y que era una especie de diva, etc. Pero no hubo Escuela allí a pesar de sus esfuerzos. Hubo solamente dos o tres argentinos que se mostraron tímidamente hacia el final de la vida de Lacan.

Hoy en día la situación es muy diferente. Hay siete grandes Escuelas lacanianas en el mundo, de la cual escribí un estatuto de cada una. Hay una Asociación Mundial de Psicoanálisis que es lacaniana y que representa un número de 10% de la International Psychoanalytic Association. La IPA fue fundada por Freud en 1926. Él tenía algunas ventajas más que nosotros entonces. Somos un challenger, es decir, todos nosotros somos pioneros de cierta manera y como lo decía un gran político chino: “Lo que cuenta no es lo que es grande y empequeñece, sino lo que es pequeño y crece”. Espero que un día habrá una Escuela lacaniana rusa. En ese momento, ustedes serán más viejos, serán los viejos de esa Escuela y espero que sean acogedores con los más jóvenes, que no olviden que ustedes también fueron jóvenes que comenzaron.

Ahí presenté un poco un panorama general. Di el contexto en el cual yo hablo. Añadiré que hablo por ustedes porque considero que ustedes son gente muy seria. Tomaré el ejemplo de alguien que conozco bien, que es nuestra amiga Inga. Puedo decir que es una analizante muy seria, que hace muchos esfuerzos para poder ir a París y que tiene realmente un gusto por el psicoanálisis. Ella se inscribió también en el Departamento de Psicoanálisis de París VIII. Hizo una tesis excelente de investigación clínica y tengo esperanza de que podamos publicar esa tesis en francés. Yo estimo que los rusos están en el psicoanálisis y que, a pesar de grandes dificultades, son grandes guerreros aplicados, para tomar la expresión de Lacan. Es una expresión que Lacan tomó de Jean-Paulhan.

Entonces, pasemos al fundamento del psicoanálisis, del psicoanálisis como práctica. Voy a quedarme al nivel de los hechos porque comencé así. El primer hecho es la escucha. Es ahora admitido, creo que en todos los países del mundo -hay que ser prudente, no los conozco todos; hoy con los mass media, uno aprende de todos los países del mundo de una manera más o menos exacta- escuchar a alguien decir su malestar, decir lo doloroso que pasa en su vida y escuchar sin castigarlo, sin sancionarlo, sin desaprobarlo, es admitido por todo el mundo que eso hace bien, el de ser escuchado así; que eso produce una satisfacción. En la civilización universal de hoy en día, la escucha así es valorizada. Podemos decir que eso se conocía desde siempre, por ejemplo, por la práctica de la confesión en la religión católica o en la religión ortodoxa. Por ejemplo, es la tesis que Michel Foucault sostuvo cuando quiso borrar el corte freudiano. Él quería decir que el psicoanálisis solo era una pequeña variación sobre la práctica de la confesión. Es una tesis polémica muy divertida, pero es un juego. No es algo serio. El dispositivo religioso es totalmente diferente del dispositivo freudiano. La confesión es un sacramento, uno de los siete sacramentos cuya finalidad es perdonar los pecados del penitente. Es decir que, de entrada, cuando alguien se presenta a la confesión entran en la esfera de un gran juez, un gran juez que es Dios, a los ojos de quien las personas se consideran culpables. Y, por intermedio del cura, van a recibir la punición de los pecados y la absolución. Es muy diferente, no tiene que ver con el dispositivo freudiano. En el dispositivo freudiano no hay el gran juez, no hay el pecado, no hay el interrogatorio de los pecados como definidos de antemano, no hay la punición -salvo que quizá podamos considerar que pagar la sesión es una punición-, y tampoco hay la absolución de los pecados.

Ahora, quisiera ir en dirección de mi viejo maestro, Foucault -porque me gusta mucho Foucault, trabajaba con Foucault, acompañé a Foucault a los archivos de Charcot-. Y Foucault me decía: “No entiendo nada de Lacan. Tendrás que explicármelo un día”. Nunca encontramos ese tiempo. Así que, de cierta manera, nunca entendió a Lacan, pero no lo impidió que, en el día en que Lacan murió, le diera un muy bello homenaje. Creo que comprendía al primer Lacan. Dijo que, en su formación de filósofo, leyó los primeros grandes artículos de Lacan, particularmente su gran texto sobre la psicosis y eso, evidentemente, tuvo mucha influencia en él. Y no hay que olvidar que en su gran libro que se llama Las palabras y las cosas que es una arqueología de las ciencias humanas, considera que el punto culminante de las ciencias humantes es la lingüística estructural de De Saussure y Jakobson, la antropología estructural de Lévi-Strauss y el psicoanálisis de Lacan. Relean la conclusión de Las palabras y las cosas. Es lo que dice con todas sus letras. Es el ulterior Lacan que no comprendía.

Quisiera ir en ese sentido diciendo que hay algo en el psicoanálisis de la absolución. Por el solo hecho de que uno reciba a alguien para escucharlo, ustedes no lo rechazan, lo aceptan. Así, de cierta manera, ya es aceptado, ya está acogido. Es decir: “Sea lo que sea que hayas hecho, te voy a admitir en mi compañía y te voy a escuchar”. Y eso produce un alivio en el sujeto. Lo vemos muy claramente en los casos de homosexuales que no osan declararse como tales a la sociedad o a sus familias y que están llenos de culpa. El hecho de venir a un psicoanalista y ver que éste no los rechaza, que no se les dice “Te voy a curar de tu homosexualidad”, no les dice: “Voy a hacer que se quite tu tipo de goce”, es para el joven gay como ser reinscrito en la humanidad; es como decirle que hay en el mundo más cosas que las normas tradicionales. Y la entrada en análisis para él es una liberación. Y diría que eso funcionaba así incluso antes de que el psicoanalista se dé cuenta de eso porque durante mucho tiempo muchos analistas creían que había que curar la homosexualidad, pero el dispositivo en sí decía otra cosa. Y es por eso que el psicoanálisis siempre ha estado adelantado a los psicoanalistas. Es aún así ahora. Yo corro como un alma que la lleva el diablo -no sé si conocen la expresión-, corro muy rápido para tratar de atrapar los efectos del psicoanálisis que van más rápido que mí. Cuando el transexual dice que es perfectamente normal querer cambiar de cuerpo, es evidentemente una consecuencia del psicoanálisis. El psicoanálisis está comprometido ahí dentro. Eso no quiere decir que va a decir exactamente lo que dicen los trans. Pero debe reconocer que el movimiento trans son sus hijos. Porque estamos frente a un efecto general que es la reivindicación de la despatologización, la reivindicación que todos los enfermos mentales sean despatologizados, que lo que llamábamos los enfermos mentales no son enfermos, sino formas de ser, y eso es un punto de vista consecuencia del psicoanálisis. Ustedes saben que Freud en su clínica distinguía neurosis, perversión y psicosis, por supuesto que hay una categoría clínica de la perversión, pero Lacan fue llevado también a desarrollar que todo deseo es perverso. La causa de todo deseo está marcado por un rasgo de perversión. No hay deseo duro. El deseo pasa siempre por lo que se llama objeto a y que es un elemento contingente que venía a suscitar el goce de un sujeto.

Voy a tomar un ejemplo. No quiero tomarlo de mi práctica, sino mi propio caso. Voy a hacer un testimonio. Soy heterosexual. De esta manera soy normal, pero hay algo que me atrae especialmente en las mujeres es la forma del cuerpo. Y hay una cosa muy precisa que encontré en la literatura y que fue señalada por Lacan, que se encuentra en el artista inglés del siglo XVIII llamado Hogarth, William Hogarth. Él dibujó una línea sinuosa que llamó la línea de la belleza, the line of beauty, una ondulación así. Y bien, cuando una mujer presenta algo de esa ondulación, eso despierta mi deseo. Es un elemento y puedo decir de dónde eso viene, porque yo hice un análisis: encontré que a la edad de 6 años estaba fascinado por una imagen de mujer en una tira cómica en un periódico que representaba a una femme fatale en un medio de gánsteres y de detectives. Era una tira cómica sacada de una novela de Peter Cheyney, que luego dio lugar a películas francesas. A la edad de 6 años estaba fascinado por la línea del cuerpo dibujada en esa femme fatale. Quiero decir 7 años. Y ahora que tengo 77 años, aún soy sensible a esa línea de belleza. Era Jean Cocteau que decía: “Lo que es terrible en la vejez es que uno permanece joven”. Verdaderamente es un elemento mío en relación con las mujeres, no es solo la línea de belleza. No puedo exponer todo mi análisis delante de ustedes, aunque entre los lacanianos cuando uno acaba el análisis, uno lo cuenta. Eso se llama el pase. Yo no tuve la oportunidad de hacer el pase porque la institución de la Escuela Freudiana se desfragmentó en ese momento, era la disolución de la Escuela Freudiana en 1980. Si hubiera podido presentar mi testimonio en forma, hubiera hablado de la línea de belleza, la línea de Hogarth descubierta en una tira cómica por un pequeño niño de 7 años. Eso es en relación con el hecho de la escucha. Lo abordé por el hecho de la escucha.

Ahora, segundo hecho, la interpretación. No hay que creer que la interpretación es decir: “Tu papá, tu mamá”, etc. Eso todo el mundo lo hace hoy en día en las sociedades desarrolladas. Ese tipo de interpretaciones se hacen incluso antes de que uno entre en análisis. Ayer noche estaba en una cena donde había un consejero de estado y dijo en lugar de “Mi mujer”, “Mi mamá”; y hablaba con un periodista, y el periodista subrayó el hecho como lo habría un hecho un psicoanalista de antaño. Y después se volvió hacía mí diciendo: “¿No es así, Sr. Psicoanalista?”. Le dije: “Hace mucho tiempo que no interpretamos así”. Son interpretaciones de periodistas hoy en día.

La interpretación se basa fundamentalmente en esto: “Yo te digo que tú has dicho otra cosa que lo que quisiste decir”. Es muy claro en el ejemplo de decir “Mi mamá” en lugar de “Mi mujer”. Dijo “Mi mamá” en lugar de “Mi mujer”, y eso es lo que encontramos cada vez que hay un lapsus. Tengo una cierta intención de significación y mi intención de significación es cortada por otra intención. Quiero decir “Mi mujer” y alguien viene a cortar mi ruta y dice en su lugar “Mi madre”. Uno de los primeros esquemas de Lacan, ese Lacan tan difícil de leer, está construido así, con un cruce: de un lado la intención del yo y, en contra, la intención del Otro que dice otra cosa que lo que yo quería decir, y que es entonces más fuerte que yo. Es por lo que Lacan escribe a ese Otro con una mayúscula, para mostrar que ese Otro es más fuerte que el yo. Así, en el lapsus, es muy simple. Hay que reflexionar eso a fondo. Hay que plantearse verdaderamente la pregunta de cómo es que eso puede ser así. Vale la pena romperse la cabeza en eso. El secreto es tomarse eso en serio, no decir: “Eso no tiene ninguna importancia”. Son todas esas pequeñas verdaderas que eran desatendidas que Freud genialmente subrayó y de donde sacó el psicoanálisis. Si ustedes toman en serio el lapsus, incluso el más simple, eso quiere decir que, al interior de ustedes, en su cabeza, hay un Otro más fuerte. Y no es un tumor. No se puede soñar con quitárselo con una cirugía. Y, a veces, ese Otro, en las psicosis, hace escuchar voces en el interior de vuestras cabezas. Ese Otro no actúa de la misma manera en la cabeza de un neurótico que en la cabeza de un psicótico, pero está ahí, está con su A mayúscula, de supremacía. Yo diré que, en el lapsus, ya que eso pasa por un escollo, que enseguida uno dice: “Ah no, eso no es lo que quería decir”, es evidente.

Pero hay un fenómeno más complejo que el lapsus. Es el fenómeno de la homofonía. Ustedes dicen una cosa y eso puede ser escuchada de maneras diferentes según la manera en que se escriba o de cómo se corte el sonido. Tienen dos frases que se pronuncian de la misma manera, pero, sin embargo, tienen dos sentidos completamente diferentes. Eso existe en todas nuestras lenguas. Y ahí la interpretación puede consistir en hacer escuchar, en lo que el sujeto ha dicho, la otra frase. El sujeto emitió ese sentido en una intención de significar tal vocablo o tal frase y el análisis puede hacer salir la otra construcción gramatical o lexical que tiene el mismo sonido. No puedo darles ejemplos porque no conozco el ruso, pero supongo que ustedes lo podrán inventar. Esa es una dificultad cuando se analiza a alguien en otra lengua. Es que no se puede jugar con las homofonías de su lengua materna. No puedo, con Inga como analizante, jugar con las homofonías del ruso. Pero como habla muy bien francés, puedo jugar con las homofonías en francés.

Hay otras formas de interpretar todavía. Por ejemplo, el sujeto dice algo, pero no lo toma seriamente, no toma lo serio. Por ejemplo, en un momento dice: “No logro hacer eso. Soy un imbécil”. Entonces, como analista, se le puede decir: “Sí”. Eso provoca una sorpresa. Se da cuenta que él ha dicho la palabra. Pero eso puede tomar otra forma. Por ejemplo, yo hablaba fuera de una sesión de análisis, con alguien que fue mi analizante y le reprochaba el haberse alejado de mí ahora que es un analista confirmado. Entonces me respondió que ella tenía mucho que hacer, que ella era muy solicitada y que se ocupaba también de sus hijos. Y dijo: “No soy Wonderwoman”. Eso quería decir solo una cosa, que ella piensa que es Wonderwoman. Es decir que tiene una relación con Wonderwoman en lo que habla y si aleja es porque ella piensa que es Wonderwoman. En todo caso, es una interpretación salvaje que hice, ya que no estaba en análisis. Ahora nos podemos plantear la pregunta: ¿tiene razón de no estar ya en análisis? Evidentemente, Wonderwoman no está en análisis.

Hay otra manera más de interpretar. Es cuando el sujeto no extrae las consecuencias de lo que dice. En tanto que analista uno ve todo su discurso convergir en un punto, pero que él no logra formular. Entonces, develar ese punto de llegada puede tener valor de interpretación. Lo que también tiene valor de interpretación es subrayar al sujeto las repeticiones de un cierto número de significantes, o de comportamientos significantes; son repeticiones que hacen sistema. Es así que en los primeros esquemas de Lacan encontramos grafos que muestran líneas que pasan varias veces por el mismo punto.

Bueno, no voy a desarrollar más y voy a tomar el tercer punto. El tercer hecho es un hecho que no es un trazo del psicoanálisis, sino que es un trazo -¿cómo decirlo?- de la oposición al psicoanálisis. Es, sin embargo, una consecuencia del psicoanálisis. Eso consiste exactamente el privilegio que se le da a la escucha encima de la interpretación. Es decir, el tercer hecho es la escucha sin la interpretación. Hay gente, cada vez más numerosa, en todo caso en Francia, pero está más desarrollado en Estados Unidos, que le inculcan la escucha. “Hay que escuchar lo que dice el otro”, “Hay que respetar lo que dice el otro”, “Hay que tomar en serio cuando habla”. Eso conduce insensiblemente a la idea de que lo que el sujeto dice es verdadero, es exacto, que es así. Y el sujeto dice eso: “Es así”.

Entonces, nos damos cuenta de ello con el problema dramático del niño trans. El niño trans que tiene 4 años dice: “No es mi cuerpo. Quiero otro cuerpo que el que tengo”. Y muy tempranamente, una enorme presión se ejerce sobre la familia para darle esa satisfacción. El aparato escolar se moviliza, se va a cambiar su nombre -informalmente, pero efectivamente- y se va a preparar para que reciba tratamientos hormonales, incluso quirúrgicos, en cierto tiempo. Y si uno pone cierta reserva diciendo: “Es un chicuelo de 4 años. Puede cambiar de opinión”. Después de todo, es la manera en que interpreta el malestar que tiene, pero la verdad de ese malestar puede ser diferente. Si uno dice eso, uno va a pasar por un horrible dominador que rechaza escuchar la palabra del otro. Entonces, es una consecuencia de la popularidad del psicoanálisis que ha hecho de la escucha un dispositivo universalmente apreciado, y es al mismo lo contrario del psicoanálisis porque eso rechaza toda interpretación del sujeto. Si ustedes dicen: “El niño dice eso, pero se lo puede interpretar de otra manera”, son monstruos que rechazan escuchar la palabra inocente y verdadera del pequeño niño. Ustedes ven que es complejo. De un lado, esta ideología repercute al psicoanálisis en la importancia dada a la escucha y, al mismo tiempo, borra toda posibilidad de interpretación. Y hoy en día en Francia hay un combate sobre esto. Hay practicantes que han firmado una petición para el sostenimiento incondicional de la autodeterminación del niño, y entre ellos, hay psicoanalistas que han firmado, pero también hay practicantes que se oponen radicalmente a esa posición. Digo “radicalmente”, aunque me parece que no somos tan radicales. Considero que la posición de los otros es una monstruosidad al nivel incluso de lo que quiere decir ser un ciudadano, que si se borra toda diferencia entre el niño y el adulto, es el fundamento mismo de la democracia que se pone en cuestionamiento. Y yo estoy a favor de la redacción de una petición mucho más radical que la que se hacho hasta el momento. El punto de vista opuesto, el punto de vista protrans, domina en los Estados Unidos, ¡pero no dominará en Francia! Y por un cierto número de razones tampoco dominará en Rusia.

Bueno, escuchen, he hablado desde hace largo rato. Podría continuar porque es tan agradable el Zoom. Hablo por Trakov a quien miro y a su lado a Inga que patalea y se divierte, así que podría continuar por largo rato. Pero me gustaría ahora escuchar sus preguntas y dialogar un poco.

Gracias.

La Escuela lacaniana que reside en Rusia, gracias a la tesis de “no retroceder frente a la psicosis”, tiene una atracción por el psicoanálisis de orientación lacaniana -se sabe que el psicoanálisis se ocupa de la psicosis-. Desde esa idea de Lacan, su experiencia -que es mucho mayor que la vida de Lacan-, ¿esa experiencia sostiene esa idea?

No comprendí mucho eso de mucho mayor que la vida de Lacan. ¿Qué quiso decir?

Es por la experiencia que continúa desde Lacan, ¿esa experiencia es probatoria de  esa idea de que se puede ser eficaz, de que se puede trabajar con la psicosis?

Muchos psicoanalistas abandonaron la psicosis únicamente dejándola para el medicamento. Eso no es nuestro caso. No recusamos en lo absoluto el uso de los antipsicóticos, por supuesto. Gracias a los antipsicóticos tenemos acceso a sujetos que antes estaban totalmente cerrados a el intercambio de palabra. Entonces, eso ha sido evidentemente muy positivo, pero pensamos que, gracias a una cura psicoanalítica de psicóticos, logramos obtener efectos que el medicamento en sí no da. No es una experiencia únicamente personal. Hay corrientes en nuestra Escuela para ocuparse de los psicóticos tanto en institución como en el consultorio y pienso incluso que hay un saber-hacer que ha sido adquirido después de la muerte de Lacan que es superior a aquel de los alumnos de Lacan de esa época.

Usted habló de que hay que tomar con precaución la palabra concreta en el caso de los niños. ¿Tomándola así tan concretamente no se borraría el acto de la palabra? En Rusia, en nuestra realidad, tenemos que vérnosla con otra cosa un poco diferente. Esa otra cosa puede ser una relación un poco demasiado directa con la palabra. En ese sentido, quería hablar de unas leyes que hace algunos meses, leyes algo conservadoras…

¿Introducidas en Rusia?

Sí. Estamos hablando de Rusia. Por ejemplo, la ley que defiende el sentimiento religioso. O, por ejemplo, la ley que prohíbe la propaganda de los homosexuales entre los menores. Se puede pensar que este campo de leyes son lo contrario del liberalismo que se expresa en su ejemplo cuando habló de los niños trans. Hay algo común entre esos dos fenómenos que se manifiestan de manera muy diferente porque en los dos casos se trata de una aproximación que toma la palabra demasiado concretamente. ¿Qué piensa de ello? Es decir, queremos comparar el enfoque conservador -que es propia de nuestra sociedad- y por otra parte ese liberalismo, ese ultraliberalismo americano. ¿Puede ser que sea el mismo síntoma común que contamina nuestra sociedad?

Escuche, es muy interesante. Es cierto que en lo que concierne a los franceses, o tal como anhelo que la Francia se oriente, estamos muy en oposición a la ideología woke estadounidense. ¿Han entendido hablar del woke? Pero evidentemente no podemos compartir el punto de vista de Moscú Tercera Roma ni las leyes que fueron citadas, que defienden el estatuto religioso y prohíben la propaganda de los homosexuales. Dicho esto, encontramos en Francia este tipo de problemas. Hay, por ejemplo, hay toda una parte de la intelligentsia que quisiera restablecer una suerte de interdicción de lo blasfemo. La minoridad musulmana está muy impactada en su conjunto por el derecho a lo blasfemo que hace parte de la tradición francesa después de la Revolución francesa. Hay un pequeño número de musulmanes que pasan al acto, que han masacrado a los editores del periódico Charlie Hebdo, que recientemente decapitaron a un profesor porque él mostraba caricaturas de Mahoma en clase. En eso, todo el mundo está de acuerdo en reprobarlo, pero la common decency -para tomar la expresión de Orwell-, la decencia común de la comunidad musulmán reprueba lo blasfemo. No se sienten a gusto con lo blasfemo. Es imposible de soportarlo para ellos. Atentar contra la representación del profeta es insoportable -podemos decir- para todo musulmán, incluso si hay únicamente un pequeño número que pasa al acto.

Hay toda una opinión de la izquierda que se sitúa en el diapasón de la common decency musulmán y que milita para que lo blasfemo no sea promovido. Y ese movimiento islamo-izquierdista toma apoyo del lado católico. Es incluso un golpe de suerte para los católicos igual que esa vitalidad religiosa musulmana. Es una suerte. Entonces, hay todo un movimiento que hace pensar a lo que ha llevado en Rusia el pasaje de la ley que sostiene el estatuto religioso. Hay un movimiento que hace pensar en lo que sucede en Rusia, sosteniendo mediante la ley las interdicciones.

Segundo, bajo el registro que usted subrayó contra la propaganda homosexual, cuando estábamos bajo la presidencia socialista de François Hollande, estaba como ministro de la educación nacional la Sra. Najat Vallaud-Belkacem y ella favorizaba, en efecto, la propaganda del medio homosexual LGBT, es decir que se enseñaba en las escuelas los números de teléfono para llamar si se sentía que uno se interesaba en el mismo sexo y no al sexo opuesto. Se burlaban de los chicos que mostraban interés por los juguetes de pistolas y de las chicas que se interesaban por las muñecas; y había una propaganda para que los niños se interesen en las muñecas y las niñas en los juguetes de pistolas y fusiles. Eso pasaba en contra de los estereotipos de género, como se dice hoy en día. Es la locura de los pedagogos de siempre, la de cambiar la orientación del sujeto, de dominarla. Hacen como si se pudiese reeducar el deseo. Es como si a mí se me pudiera reeducar para que ya no me guste la línea de belleza, sino solamente la línea recta. Eso se detuvo con la presidencia de Macron. Ustedes ven que la problemática rusa no está completamente ausente en Francia tampoco.

Muchas gracias por su exposición. Pude decir dos o tres palabras en francés y pudo tener la impresión de que hablo francés, pero no hablo francés. Mi pregunta es acerca del principio de su exposición. Usted dijo que los chinos esperan que un día el psicoanálisis va a hablar chino. Mi pregunta es sobre la teoría y no la gramática. Se trata del lugar donde la práctica psicoanalítica no es paisana. ¿Las fronteras culturales para el psicoanálisis existen? Si no, podemos plantear la pregunta de otra manera. ¿Cada sujeto hablante, independientemente de la lengua de su cultura, puede ser analizado o no?

No entendí bien la última frase.

¿Se puede decir que las fronteras culturales existen para el psicoanálisis?

Escuchen. Hay fronteras nacionales. Hay, por otra parte, lenguas diferentes. El ser humano no está programado para hablar la misma lengua. El ser humano está programado para caminar con dos piernas, está programado para hacer ciertos ejercicios con su cuerpo, lo que permite que haya Juegos Olímpicos mundiales: todo el mundo corre, todo el mundo salta, todo el mundo lanza los pesos, todos pueden hacer gimnástica. También todo el mundo habla, cuando eso ocurre bien, pero no hablan la misma lengua. Esa diversidad en sí plantea una pregunta. Vuelve difícil la tesis de Chomsky, que el lenguaje es como un órgano. Si fuera un órgano, ¿por qué no estaría tan determinada como los otros órganos? ¿Por qué hay un margen de incertidumbre que hace que unos hablan chino y otros hablen ruso? Hay respuestas en Chomsky, respuestas que son totalmente inventadas porque no es biologista. Yo pienso que la diversidad de lenguas humanas milita contra la idea de que el lenguaje sea un órgano. El psicoanálisis vino a desarrollarse en lenguas que son están estructuradas de otra manera que el chino o el japonés. La tesis de Lacan es que el japonés no permite la interpretación en el sentido que nosotros la entendemos. Es una cuestión muy difícil que estudié en cartel todo el año pasado con japoneses; japoneses que intentaron enseñarme algo de la estructura de la lengua japonesa y que no se resignaron a la idea de Lacan de que los japoneses son inanalizables. Los japoneses que hacen viajes a París para analizarse no pueden creer eso. Pero hay que subrayar que no hay analistas de la Escuela de la Causa Freudiana que hablen japonés, entonces se analizan en francés y entonces tienen la experiencia del análisis en lengua francesa. No puede decir nada acerca de la experiencia del inconsciente en la lengua japonesa entre un analizante y un analizado que hablen japonés. Habrá que esperar sus testimonios.

Quisiera retomar la revista. Yo traduje su artículo “La interpretación al revés” y me pareció bastante clara y simple de traducir. Usted plantea la tesis de la equivalencia entre el inconsciente y la interpretación. Se tiene la impresión, no obstante, de estar en un momento de concluir algo revolucionaria -me imagino- sobre todo en esa época. Entonces, mi pregunta es ¿qué es el instante de ver para usted? Usted encontró esa equivalencia inconsciente-interpretación. ¿Se trata de clínica o de la edición de textos?

Muy buena pregunta. Creo que ese instante de ver lo tuve en la práctica a partir del texto de un sueño de un paciente en el que de golpe sentí que no era un sueño que tenía que interpretar, sino que era el sueño en sí que interpretaba al paciente. Y que todo lo que tenía que decir era: “Como su sueño lo ha dicho tan bien”. Partió de esa experiencia. No es el caso de todos los sueños. Como dice Freud, el sueño es una vía a lo inconsciente, pero no es en sí lo inconsciente. Hay sueños que mienten. El gran ejemplo es el sueño de la joven homosexual que sueña para Freud sueños heterosexuales para complacer a Freud en la transferencia, en un movimiento transferencial. Pero ahí se trataba de un sueño del cual tenía un sentimiento que no mentía, un sueño que decía la verdad. En todo caso, mi reflexión partió de eso.

Bueno, les propongo que nos detengamos. Ya vamos dos horas y media.

Muchas gracias y ¡bravo! Muchas gracias, Jacques-Alain. Y hasta pronto.

Fue un gran placer para mí. Hasta pronto.


[1] J.-A. Miller. Презентация журнала «Что в психоанализе работает» в ММУ с Жаком-Аленом Миллером. [En línea]: Презентация журнала «Что в психоанализе работает» в ММУ с Жаком-Аленом Миллером – YouTube. Último acceso: 2021-05-15.

Rebond del 4 de mayo – por Jacques-Alain Miller – 2021-05-06

REBOND DEL 4 DE MAYO

Por Jacques-Alain Miller

2021-05-06


Evocaba en mi nota del 4 de abril a los defensores estadounidenses de R. Diallo. Sabemos ahora quiénes son. En efecto, en la fecha del 3 de mayo, la Universidad de Georgetown se regocijó en acogerlos en su seno: «Rokhaya Diallo joins Georgetown University Gender + Justice Initiative as Researcher in Residence«. ¿Nadie en Francia no conoce esta gran institución? Pregúntenle a Wikipedia. Primera frase: «La Universidad de Georgetown es una institución católica de enseñanza superior dirigida por jesuitas.»

Tenemos que anotar, los jesuitas siguen siendo los mejores educadores del mundo. Y los más sensibles al aire de los tiempos. Su «Gender + Justice Initiative» tiene tres años de existencia. Es visiblemente la máquina montada por estos ingenieros de almas sin igual para recuperar ad majorem gloriam la ola del gender.

¡Y bien! No tendré escrúpulos en copiarlos, y abrir yo también, en el Campo Freudiano, una Unidad de investigaciones «Sex, Gender and Justice», o algo que se le parezca. Queda por situar para encarnarlo una Rokhaya republicana. Escribir a la redacción, quien la transmitirá.


J.-A. Miller. «Rebond du 4 mai», in Lacan Quotidien, #929. 2021-05-06.

Joven y Bonita – por Jacques-Alain Miller – 2021-05-06

JOVEN Y BONITA

Por Jacques-Alain Miller

2021-05-06


Aquí doy una nota que redacté en la relectura de «Dócil al trans». La expresión «joven y bonita» aparece en la página 3, cuarto párrafo.

No me escapa que escribiendo «joven y bonita», epítetos acoplados que hacen eco del título cliché de la película de François Ozon, me refiero a mí mismo como lo que se llama un «machista». Este será el caso. No es a un viejo mono al que se le enseñará a hacer caras nuevas. Aunque…

No, no está bien- ya que de eso estoy hablando, las nuevas muecas que los viejos monos tienen que aprender lo más rápido posible para no hacer manchas en el paisaje, y hacer empalme con el Mitsein contemporáneo, nuestro «vivir juntos», como se traduce el término Heidegger. Así que, dicho esto, borro «joven y bonita».

Y luego, después de todo, no. ¿Eugenie B. también estaría tan presente en la televisión si no tuviera una carita fresca? Esto no es menos cierto para una Rokhaya Diallo, por ejemplo, debatidora sin igual que nadie hasta donde yo sé ha derrotado, sino también eye candy, como dicen los estadounidenses. Algunos de ellos, cazatalentos, la habían visto durante mucho tiempo, y la formaron, muy bien formada, bajo la égida de los Young Leaders.

Ciertamente, en Francia, un viejo país que una vez promovió «un ideal de mesura y equilibrio», como decían los manuales de mi tiempo como colegial – ya era el «Nada demasiado» de Montaigne-, no caemos en los excesos de Fox News. De lo contrario, E. L. no sería el favorito de C News, que es la versión Bolloré del canal de la familia Murdoch. Fox News no pone en la pantalla sino mujeres jóvenes bombones, hot, obligadas a mostrar a los espectadores sus piernas y su escote – y, en los días del difunto Roger Ailes, había además las felaciones para hacer al boss, cfr. la película lanzada hace dos años, Bombshell, protagonizada por Charlize Theron, Nicole Kidman y Margot Robbie. En Francia somos más púdicos. Sin embargo, ¿quién no constata a simple vista que el físico de los presentadores/ras de los canales franceses son más atractivos que el de la población media?

Esto se llama pretty privlege. Aunque todavía no tiene la notoriedad del «privilegio blanco», ha sido perfectamente aislado y cuantificado en muchos estudios estadounidenses. Basta con preguntar en Wikipedia escribiendo «privilegio de la belleza» y «pretty privilege» para recopilar datos muy entretenidos que parecen convincentes. Otra palabra a conocer es el lookism, que se refiere al conjunto de estereotipos, prejuicios y preferencias de las cuales son objeto las personas que gozan del pretty privilege.

A partir de ahí, se abre un mundo de preguntas. Porque, en definitiva, ¿cuáles son los criterios de esta «belleza» o «lindura» cuyos efectos se cuantifican? ¿Es una realidad objetiva? ¡Que no! Las famosas y nefastas «estructuras de dominación» aquí también, como en todas partes, están en marcha. Detrás del efecto belleza se encuentra su causa infecciosa: el imperialismo de las normas blancas occidentales. Bellas y de buen vivir como debe ser en su handsome bubble, sólo pueden ignorar lo que su éxito debe a su privilegio. Así que tendremos que atestar un buen golpe a la burbuja donde cada uno/a, está encerrado/a, para enseñarles a vivir.

De hecho, voy muy lejos aquí, porque, a pesar de la abundante literatura dedicada a las fechorías del p.p., no sé si todavía hay, incluso en los Estados Unidos, activistas de los feos que se dedican a irritar a las personas cuyo carácter hot y sexy los ofende y humilla. Pero no lo sé todo. En cualquier caso, si aún no se hace, lo será. Está en la lógica del woke.

Hay tanto que decir sobre el tema que lo reservo para una entrega futura. Mientras tanto, podría haber leído, de Gretchen E. Henderson, Ugliness: a cultural history, y de Mona Chollet, Beauté fatale. Mientras tanto, creo que se demuestra que no es de ninguna manera trivial y no pertinente escribir que Eugenie es «joven y bonita». Así que lo dejo como se me ocurrió. ¿Sigue siendo machista? Tal vez, no lo descarto.

Pero, ¿qué es el machismo, por cierto? Es en vano que uno buscaría la palabra en Littré. Le Robert en línea dice «ideología de supremacía del macho», y posteriormente evoca «comportamiento de macho», y las palabras «falocracia», «falocentrismo» – neologismo debido a Lacan (Écrits, p. 554[1], a mediados de la década de 1950) y no a Derrida, como se cree (a él le debemos «falogocentrismo», a mediados de la década de 1960 – y «sexismo». Un macho se define como un «hombre que pretende hacer sentir a las mujeres su superioridad de hombre». Uno debe ir al periódico Robert para encontrar mencionado el origen «particularmente» mexicano de la palabra, y una fecha, 1971: «hombre de la cultura latinoamericana que considera que el hombre, el macho, tiene todos los valores positivos en las relaciones psicológicas y sociales, y que actúa en consecuencia». Deberíamos tener el testimonio de nuestros colegas en Sudamérica, que ciertamente están analizando modelos machistas. ¿Y por qué 1971? ¿A qué responde esta cita? Por otro lado, ejemplo del uso de la palabra como adjetivo: «No es demasiado macho: ¡cocinaba un poco durante las vacaciones!«.

Allí, me descubren: nunca cocino, ni durante las vacaciones ni en los días laborables. Solo, me hago como mucho té, café, sándwiches, y aprendí a usar el microondas. Desde el confinamiento, me he acostumbrado a utilizar los servicios de entrega a domicilio, a través de Internet, los fines de semana. Mi arte no va más allá. No veo ninguna «supremacía» en ello, al contrario. Algunos de mis amigos analistas, el difunto Michel Silvestre en antaño, ahora Philippe La Sagna, bordelés entre los bordeleses, fácilmente merecería una estrella Michelin, y siempre me he sentido que es muy superior a mí. Un día, cuando mi esposa Judith, hija de Lacan, llevaba a los niños a la isla de Ré a casa de su madre mientras yo me quedaba solo en París, mi hijo, que debía tener cuatro o cinco años, le preguntó, con su pequeña cara llena de angustia: «Papá, ¿cómo va a hacer para comer?». No me parece que pensara que yo era superior a su madre, podía ver que yo era como él, muy dependiente de su buena voluntad de alimentarme. Está el Nombre-del-Padre, sin duda, se ha dicho lo suficiente, pero el No-De-la-Madre no es algo sin importancia

Ahora recuerdo la siguiente anécdota. 1963. Mientras me jactaba ante Lacan del trozo de carne de res del que Althusser acababa de invitarnos a comer en la calle Ulm, a nosotros sus estudiantes, «los althusserianos», más Barthes, cuya conferencia a la habíamos ido en manada para escuchar, titulada «La aventura estructuralista» en la calle Victor-Cousin, una conferencia que fue publicada enseguida por Nadeau en Les Lettres nouvelles, y luego, al año siguiente, recogida en los Ensayos críticos, Lacan me confió -él era muy poco pródigo en confidencias- que no cocinaba en absoluto , pero curiosamente todos los que más admiraba -memoricé bien los cuatro nombres -Koyré, Kojève, Levi-Strauss y Jakobson, ellos sí cocinaban muy bien.

Me detengo aquí esta nota que me llevó muy lejos de mi punto de partida, y renuncio a releerme y a corregirme, de lo contrario no terminaría. Quien quiera glosarme me glosará. – 4 de abril de 2021


*J.-A. Miller. «Jeune et jolie», in Lacan Qutodien, #929, 2021-05-06.

[1] J. Lacan. “Acerca de todo tratamiento posible de la psicosis”, in Escritos, tomo 2. México: Siglo XXI, 2009, p. 531.