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Conversación hacia el XII Congreso de la AMP – con Éric Laurent – 2020-05-20

CONVERSACIÓN HACIA EL XII CONGRESO

DE LA AMP SOBRE EL SUEÑO

Por Éric Laurent

París, 2020-05-20

………………

Éric Laurent dialoga con Deborah Gutterman-Jacquet, Anaëlle Lebovits-Quenehen y Luc García en lo que concierne a los 5 siguientes puntos: 1. Reescritura constante del inconsciente estructurado como un lenguaje. 2. Hacia quién se dirige Freud. 3. ¿Cuál es la especificidad del sueño? 4. El lugar del sueño 5. Seguir y separar.

Reescritura constante del inconsciente estructurado como un lenguaje

Digamos que la reescritura constante por Lacan de la proposición de partida “el inconsciente está estructurado como un lenguaje” no cesó de declinarla de manera extraordinaria con tipos de topología -que Jacques-Alain Miller mostró bien en sus cursos-, es la manera en que Lacan hizo deslizar la expresión por contigüidad, por una suerte de metonimia constante y en un momento dado él puede pasar al reverso de ella y no nos damos cuenta de nada y de pronto dice: “Es ‘el inconsciente estructurado como un lenguaje’ como siempre lo dije”. Simplemente ya no quiere decir la misma cosa que el lenguaje estructurado por la lingüística, -digamos- la de los primeros respaldos en Lévi-Strauss y Jakobson, en la que enseguida Lacan hizo jugar el rol del lenguaje a partir de los tropos: a partir de la metáfora y la metonimia, a partir de lo que permitía al menos varios efectos de sentido; y no simplemente del binario significante-significado. Si no, liberarse de ello, al contrario, para jugar al máximo esa inclusión del efecto de sentido en lo que será transformado en goce-sentido y que permitiera esa inscripción primeramente del goce -digamos- como letra.

Primera consecuencia efectivamente sobre el sueño es que esta inclusión, la manera en la que Lacan hace jugar la metáfora y la metonimia, en los comentarios del sueño de la inyección hecha a Irma, desde el inicio, ya no se trata en lo absoluto del binario texto aparente del sueño e interpretación del texto inconsciente que viene a ser una forma de metalenguaje sobre el sueño. Lo que Lacan, en el sueño de la inyección hecha a Irma despliega, es una estructura del sueño en el deseo que conlleva el sueño de cierta manera es consciente, como Freud sueña. Sueña, en efecto, y lo dice muy rápidamente: quiere desculpabilizar a Fliess. Esa es su intención consciente. Y el sueño es un sueño, en efecto, en el que se libera de su culpabilidad. Pero, en lo más profundo, Lacan restituye que más allá de liberar a Fliess, disculpar a Fliess, se trataba de disculparse a él mismo, a Freud, de haber quebrado el tabú del secreto y de haber encontrado que el sueño era un sueño en el que finalmente surge una fórmula, la trimetilamina, esa fórmula que es la clave de todo. Y Lacan dice que es delirante, que perfectamente podría ser delirante. Pero no es delirante porque Freud se dirige a nosotros y nos dice que quiso liberarse de la culpabilidad de haber levantado el velo acerca de lo que el sueño quería decir. Y que, en efecto, el inconsciente estructurado como un lenguaje, con una última palabra, dice que, si Freud se hubiera quedado solo en una esquina o hubiera comenzado una enseñanza esotérica, eso hubiera revelado una demencia.

Hacia quién se dirige Freud

Anaëlle Lebovitz-Quenehen: Finalmente, no es delirante porque Freud, en cierta manera, sueña para nosotros. No es solamente que nos expone su sueño, es que podemos suponer que el sueño fue hecho para que nos lo exponga, justamente. Hay esa dimensión de la inclusión del Otro en el hecho del sueño en sí.

Éric Laurent:

Es el tema de la reelaboración por Lacan de lo que fue el autoanálisis de Freud. Es que no se dirigía a Fliess, se dirigía a nosotros. Y el dirigirse a nosotros fue lo que lo llevó en su aventura, todo lo que iba a seguir después: “Tú eres aquel que me seguirás”, “Tú no lo sabes”, pero es así. Y en el fondo, efectivamente, es un tema de aquel que escoge el no quedarse solo, como para los matemáticos o como Cantor. Finalmente, no se quedó solo. Y evidentemente, la interpretación que Lacan hace del sueño de la inyección sobrepasa en mucho la oposición -digamos- entre lo latente y lo manifiesto como binario que fundaría la interpretación del sueño. Es decir, es una sublimación propiamente hablando que se devela; que el sueño en sí es una sublimación del deseo de Freud que está ahí indicado en esa moterialité[1] final. Y que finalmente, es toda la apuesta de saber dónde Freud se hubiera despertado en la Inyección, cuál es el punto exacto de despertar.

Anaëlle Lebovitz-Quenehen: En todo caso no es el punto de la primera angustia.

La especificidad del sueño

Anaëlle Lebovitz-Quenehen: ¿Y hay una especificidad del sueño más allá de su relación con las palabras en la cura?

Éric Laurent:

Pienso que sí hay una especificidad del sueño. Pero esta especificidad del sueño, si tomamos los últimos cursos del último Lacan, para así tener los dos polos, es lo que llamé con mi pequeña contribución en la jornada hacia del Congreso de la AMP en enero, El esp de un sue, que es la misma problemática que El esp de un laps. Es decir, el momento en el que, en el sueño, en el momento en el que estamos en el lapsus, ahí se está en el inconsciente, lo sabemos, y desde que intentamos ataparlo -a esta formación-, cuando intentamos darle un sentido, cuando le prestamos atención, ahí se sale del inconsciente. De ahí la idea que en efecto, captar las formaciones del inconsciente en su conjunto -lapsus, sueño, chiste, etc.-, captarlas cerca del esp -es decir en el momento en que se producen, en el momento en que ahí ya no hay nadie[plus personne]- es el lugar de ya nadie, es allí el lugar donde la práctica en efecto Lacan apuntó -digamos- el afirmar cada vez más como el lugar de nadie, el momento donde el sujeto no puede -digamos- intentar adormecerse de significación.

El lugar del sueño

El sueño viene de un lugar en el que aparentemente el locutor se ausentó, para soñar. Es toda la cuestión también, de que allí es todavía necesario que aquel que aporta un sueño, para él la frontera sueño-vigilia cuenta. Hay un efecto de sujeto que vive su vida en un sueño, en un delirio y para quien la frontera vigilia-sueño no es del todo pertinente.

Anaëlle Lebovitz-Quenehen: ¿Pero no es el estatuto mismo del sujeto cuando sabemos que finalmente uno nunca se despierta sino para seguir durmiendo?

Éric Laurent:

Sí. Hay todo tipo de formulaciones: “Uno nunca se despierta sino para continuar durmiendo”, “Uno nunca se despierta nunca porque el despertar absoluto es la muerte”, “Uno se despierta cuando hay un forzamiento del principio del placer”, etc. Son declinaciones. Sí, digamos que lo sólido de estas verdades se toman desde una faceta cada vez. Hay un gran sólido que es lo que Lacan llama “despertar” es el forzamiento del principio del placer. Lo que la práctica del análisis como forzamiento del principio del placer o del goce de la palabra liberada -digamos-, una palabra que va sobre ruedas puede efectivamente entrar en lo posible: siempre posible de adjuntar otro significante, otra significación, etc.; de acuerdo, pero en un momento dado, Jacques-Alain dice que la práctica del último Lacan es introducir lo imposible. Introducir lo imposible es también el horizonte del despertar. El despertar de esas significaciones posibles, centradas en el punto de goce al que el sujeto está enganchado, apuntar a eso por esa moterialité.

Seguir y separar

Éric Laurent: De entrada, eso es el sueño de Lacan, el de llegar en esa práctica tratar -dando todo ese peso a esa moterialité fuera de sentido- apuntar, tocar, dar en el clavo en el goce del sujeto.

Deborah Gutermann-Jacquet: Pero entonces, eso opone la perspectiva del sueño del “Aquí estás en tu casa” con la de “El lugar de ya nadie”. ¿Se podría considerar que en la especificidad del sueño hay una perspectiva de que en el sueño “Estás en tu casa” y cómo articular eso con “El lugar de ya nadie”?

Éric Laurent:

Muy cierto. Es verdad. Finalmente, para Lacan, en lugar de “Estás en tu casa”, ya no hay el “Estás en tu casa”.

Deborah Gutermann-Jacquet: Él lo desaloja de ahí, de hecho.

Éric Laurent: Es que el sujeto ya no tiene su Heim asegurada, ni su Heimlich tranquila, lo que lo llevaría del lado del principio del placer. “Estás en tu casa” es el principio del placer, y al contrario, en el momento en que está desalojado, lo que viene a hacer obstáculo al sentimiento de “estar en la casa propia”, en efecto el verdadero lugar del inconsciente como lugar fuera, como lugar en que vienen a encontrarse analista y analizante, y que es necesario que la interpretación de un psicoanalista responda a aquella del inconsciente y si está a la altura de la interpretación preliminar del inconsciente desde que la corrige separándola de su aspecto principio de placer. El inconsciente interpreta pero también interpreta también del lado del principio del placer y el analista está ahí para, precisamente, seguir ese litoral y separar lo que está del lado del principio del placer y lo que va contra él, y que es un lugar, en efecto, y en vez de decir que es el lugar de nadie -o más bien de “ya nadie” [plus personne] porque la idea es en relación con nadie, lo que está ya en el Seminario I, ese lugar de nadie. Ese retomar del juego de palabras en Homero que atravesó toda la Antigüedad y que es genial, de Ulises, la artimaña griega personificada, la inteligencia griega personificada. Es cuando ya nadie [plus personne], es un juego de palabras de Lacan, entre una persona en más [en plus] y precisamente la abolición de la persona. Algo que se adjunta en esa abolición dialéctica que se juega y ahí simboliza los diferentes lugares aparentemente en presencia del analizante y el analista. ¿Quién habla en la interpretación? Respuesta: Ya nadie [plus personne]. Y en ese momento, tenemos la producción pura del fenómeno que es inconsciente en tanto que es al mismo tiempo sentido y fuera-de-sentido y que tiene lugar en la sesión analítica del acto.

Perfecto.


[1] N.d.t.: moterialité como condensación entre mot (vocablo) y materialité (materialidad).

Lacan o una Historia Francesa del Psicoanálisis – Entrevista a Jacques-Alain Miller y Catherine Millot – 2022/05/21

LACAN O UNA HISTORIA FRANCESA DEL PSICOANÁLISIS

Entrevista a Jacques-Alain Miller, Catherine Millot, Boris Cyrulnik y Daniel Mesguich por Émile Malet

2022-05-21


Émile H. Malet:

Bienvenidos a “Ideas que gobiernan el mundo”. Vamos a hablarles de “Lacan o una historia francesa del psicoanálisis”. Sería necesario más de una emisión para evocar la personalidad del Dr. Lacan, psicoanalista e intelectual francés a quien debemos el mérito de haber prolongado la obra y la clínica de Freud en lo fecundo de su propio pensamiento. Si el genio vienés creó e psicoanálisis, hay un estilo con Lacan que permitió perennizar en Francia y el extranjero la ciencia de los sueños y del inconsciente dotándola de un discurso analítico completamente inédito y que suscitó la admiración de grandes mentes de su época: Michel Foucault, Claude Lévi-Strauss, Roman Jakobson, Louis Althusser; y varios artistas: Picasso, Dali, Fellini, Woody Allen y, más cerca de nosotros, Arnaud Desplechin.

Lacan no resume para sí la historia francesa del psicoanálisis, pero es sin argüir una figura capital -inigualada, como veremos-. En todo caso, es la mente más original incluso hasta parecer adelantado, barroco, extraterrestre incluso al mismo tiempo que suscitó admiración y controversia. Fallecido en 1981, Lacan transmitió su pensamiento con sus Escritos y oralmente a través de varios seminarios. Su herencia permanece viva en Francia y en el extranjero en el seno del psicoanálisis, así como en el campo de la cultura y de las artes. Pero más allá de sus fieles, así como a aquellos que lo critican, el mundo está lleno de ideas lacanianas que se han vuelto locas. Es el destino de los grandes innovadores.

Para hablar de ello les presento a mis invitados.

Jacques-Alain Miller. Usted es psicoanalista y fundador de la Escuela de la Causa Freudiana. Boris Cyrulnik, usted es neuropsiquiatra y escritor. Catherine Millot, usted es psicoanalista y escritora. Daniel Mesguich, usted director y exdirector del conservatorio

«Tengo horror del principio de autoridad. No es porque un hombre se llame Bossuet, Voltaire o Auguste Comte que tiene razón.»[1]

Comencemos con el Lacan, el Lacan íntimo, el Lacan in time, el hombre que era a la vez moderno y de su tiempo. Comencemos con el hombre de carne y hueso que fue Jacques Lacan, lo que predomina en el retrato familiar del futuro gran intelectual y clínico genial.  

Jacques-Alain Miller:

Escuche. En la intimidad era muy amable. Y tenemos el testimonio de ello en el volumen que publiqué este año. Tenemos el testimonio de dos españoles que se ocuparon su casa de campo donde iba todos los fines de semana, donde pasaba el mes de agosto. Y usted verá ahí al hombre tranquilo, encantador, calmado y respetuoso de los demás que era. En su práctica profesional era más técnico y su fiel secretaria Gloria explica que todas las puertas de la 5 Rue de Lille -donde ejerció- están agrietadas porque él las cerraba de golpe y luego ella también. Así que estaban un poco maltrechas.

Émile H. Malet:

¿Usted diría lo mismo, Catherine Millot? Usted que lo conoció bien.

Catherine Millot:

Claro, yo me codeaba con él, lo acompañe a partir del ’72, es decir hace 50 años. Es también en esa época donde conocí a Jacques-Alain Miller. Fue ya hace 50 años. Sí, el Dr. Lacan era alguien muy gentil. Estoy completamente de acuerdo con eso.

Émile H. Malet:

¿Tiene un recuerdo preciso del cual muestra lo amable que era? Porque tenemos una imagen de Lacan caprichoso, enervado, inesperado, etc…

Catherine Millot:

Sí, podía serlo también, un hombre con cierta cólera. Pero ese cólera no era contra las personas, era más bien contra los elementos, contra las cosas o que el taxi llegara tarde, o un semáforo en rojo. Pero no estaba dirigido contra la gente. Y era alguien también que tenía esta particularidad de no hacerte críticas, críticas o reproches. La única crítica que me hizo durante varios años de asistencia fue que a veces hacía lo que me placía. Así que hay que decir que pensé que era normal hacerlo. Además, creo que él también lo hacía.

Émile H. Malet:

En su opinión, Daniel Mesguich, un personaje como Lacan, del que sabemos que tenía un lado barroco en su estética, usted que es director en escena que sabe de ello, ¿quería él quería aparecer como artista también – una dimensión artística del personaje-?

Daniel Mesguisch:

Hemos investigado un poco a propósito de Benoît Jacquot, quien ha rodado…

Émile H. Malet:

El director de cine…

Daniel Mesguisch:

Benoît Jacquot habría dicho que Lacan era un gran actor. Creo que no. Creo que no por varias razones. Primero porque objetivamente la voz muy débil con las finales que se pierden, las pausas legendarias entre un punto y otra palabra que duran tres horas y media. Uno podía en escuchar crecer la hierba mientras guardaba silencio. El hecho de burlarse perdidamente sobre por saber si fue entendido o no todo. El asunto era su decir. Decía que le importaba poco si la gente lo hacía, etc., etc. Entonces, no creo que fuera un gran actor en absoluto, pero Benoît Jacquot dijo que era un contactor porque mezclaba dos cosas: el gran intelectual Jacques Lacan -innegablemente- y actor porque él lo había filmado. No hay que mezclar cosas. Así que en mi opinión no.

Émile H. Malet:

Boris Cyrulnik, un pequeño recuerdo. ¿Puedes acordarse solo de un recuerdo cuando conoció a Jacques Lacan? Un recuerdo de ese encuentro. Luego volveremos a otro punto…

Boris Cyrulnik:

Éramos amigos. Era un excelente jefe de clínica. Era amigo de Robert Messimy, quien era mi asistente cuando era pasante en neurología en París. Vino a hablar de neurología con Messi Bideau. Es un Lacan un poco atípico que conocí.

Émile H. Malet:

Bien, tendremos la oportunidad de hablar de ello. Jacques-Alain miller, quisiera escucharlo.

Jacques-Alain Miller:

Sí. Me gustaría explicar a Daniel Mesguich por qué Benoît Jacquot dijo eso. Benoît Jacquot dirigió el único programa de televisión que tiene Lacan aceptó porque simplemente al encontrarse una vez con Benoît Jacquot se ganó su simpatía de inmediato. Entonces, Lacan presentó en el estudio y se le planteó una pregunta que comenzó a responder en el estilo que usted describe. Lo que no estaba nada bien para filmar. Y entonces le dije: “Doctor, va a ser necesario que usted escriba su texto”. Y durante una semana -todas las noches- traía gentilmente lo que había escrito durante el día -eso para decir lo agradable que era-. Y luego tenía que interpretar ese texto. Lo interpretaba. Y pienso que es por eso por lo que Benoît Jacquot dijo que fue un gran actor.

Por otro lado, en su seminario, hay alguien que no perdió ni uno solo, que fue a todos estos seminarios y que me lo dijo. Él me reprochó no haber filmado ese seminario. Es Philippe Sollers.

Émile H. Malet:

Iré un poco más lejos con usted, Jacques-Alain Miller. Conocemos sus lazos de familia con Lacan…

Jacques-Alain Miller:

Soy su yerno. Las demás personas no los conocen necesariamente…

Émile H. Malet:

Usted se casó con su hija, una de sus hijas, Judith. Conocemos el famoso apóstrofo de la familia de Jean-Paul Sartre: “Familia, les odio.”

Jacques-Alain Miller:

No creo que es Jean-Paul Sartre, es Gide.

Émile H. Malet:

Es Gide. Fue una confusión. Pero Sartre estaba un poco en el mismo registro.

Jacques-Alain Miller:

No, para nada. Adoraba a su madre. Sartre vivía con su madre. Me encontré con Sartre cuando tenía 16 años y me abrió la puerta. Y tenía a su madre en el apartamento.

Émile H. Malet:

Bien, entonces la relación de Lacan con su propia familia. ¿Cómo era?

Jacques-Alain Miller:

Mi mujer me contó que vio a su padre llorar solo una vez por la muerte de su madre. Escribió muy amablemente a su padre -tenemos el testimonio de ello en el volumen que salió- cuando tenía 17 años: “Mi pequeño papá”, etc. Además, tenía un hermano sacerdote…

Émile H. Malet:

Del que vamos a hablar justamente…

Jacques-Alain Miller:

...y mantuvo con él una correspondencia. Tenía por el hermano o mostraba mucho afecto. Para su hija, Judith -mi mujer-, creo que se puede decir que ella era su preferida. Lo que no le impedía ir a ver a sus hijos del primer matrimonio.

Émile H. Malet:

¿Usted o Judith lo tuteaban o lo trataban de usted?

Jacques-Alain Miller:

Ambos utilizábamos el «usted», ella para dirigirse a su padre, yo a mi suegro.

Émile H. Malet:

Bueno. Sigamos un poco con este lienzo de Lacan para saber lo que pensaba. Jacques-Alain Miller acaba de hablar de su hermano, quien era dominicano -creo-. No había la sombra de una creencia religiosa en Lacan sin descuidar, no obstante, la lectura de textos religiosos. Decía: “El ateo no es el que niega a dios, sino el que no es siervo de ningún dios”. Es algo muy diferente. ¿Acaso esta sutileza más profana que anticristiana muestra su relación con el cristianismo, la religión y no era un ateo clásico? ¿Qué piensa usted, Catherine Millot?

Catherine Millot:

Creo que, sobre su ateísmo, había dicho de ser ateo algo un poco como Sartre -quien dijo la misma cosa-, que ser ateo es trabajo largo. Para Lacan, el ateísmo no podía ser alcanzado sino al final de una larga ascesis psicoanalítica. Eso es lo que recuerdo. Es decir que básicamente se puede llegar al ateísmo, pero al final de un largo trabajo y de una larga ascesis.

Émile H. Malet:

¿Qué es lo que piensa, Boris Cyrulnik?

Boris Cyrulnik:

Me codeé con René Girard, quien era un francés, profesor en los Estados Unidos y que amaba mucho Lacan y quien lo invitó a venir a los Estados Unidos. Lacan entró en América del Norte y del Sur más por René Girard que por su hermano dominicano.

Jacques-Alain Miller:

Lacan tuvo muchos problemas para entrar en Estados Unidos y aún no se ha hecho. Por mi parte, creé una Asociación Mundial de Psicoanálisis, que es la segunda red psicoanalítica mundial después de la IPA -creada por el propio Freud-. Nosotros somos solo 10% de esos miembros. Pero estamos muy presentes en Latinoamérica, en Europa, pero no en Alemania ni Austria -por razones de la legislación de estos países-. Y en los Estados Unidos muy poco presentes. Hay solo un grupo muy pequeño.

Básicamente allí, la persona que es heredera de algo de Lacan, pero en el sentido que usted mencionó como “ideas lacanianas que se volvieron locas” es Judith Butler, aquella que inventó “la teoría de género”, entre comillas.

Émile H. Malet:

Pero en el plano de la religión, ¿diría que era más agnóstico que ateo? Porque su cultura religiosa no era poca.

Jacques-Alain Miller:

En lo absoluto. Tenía mucha importancia para él. Fue criado en el Colegio Stanislas. Conocía muy bien a los padres de la iglesia, los evangelios. No se le puede reprochar nada en eso. Así, los jesuitas habían apostado por Lacan contra los otros grupos psicoanalíticos y en particular la Sociedad Parisina, aun si había 12 jesuitas en la Escuela de Lacan. A partir de cierto momento se decepcionaron cuando Lacan puso en primer plano la lógica matemática en el momento en que comenzó a enseñar en la Escuela Normal por invitación de Althusser. Entonces, los jesuitas estaban muy decepcionados y -mala suerte para mí- me atribuyeron ese cambio de Lacan, aunque realmente no tuve nada que ver con eso.

Émile H. Malet:

Pero en el nivel religioso, ¿es exacto que habría disuadido a su hermano de entrar en las órdenes -como se dice-?

Jacques-Alain Miller:

En cuanto a lo que sé, en efecto, pensaba que no era la mejor manera -¿cómo  decirlo?- de valorizar sus talentos. Dicho esto, una vez que se hizo la elección, la respetó plenamente.

En relación con la pregunta que me planteó, estoy completamente de acuerdo con Catherine. Me acuerdo de una frase dirigida a su seminario donde ponía a todos en el desafío de demostrar que él no creía en dios, puede ser en Santa Claus.

Émile H. Malet:

Sí, Daniel Mesguich.

Daniel Mesguich:

Se lo decía hace un momento a Boris Cyrulnik. Aquí tengo el rol de ingenuo ya que no soy analista, no soy clínico. Pero lo poco que sé de Lacan, lo poco que comprendo me hace pensar era ateo como sólo un católico lo puede ser. Es decir que su ateísmo era católico. No quiero embarcarme -¿cómo decirlo?- en atracaderos demasiado teóricos que yo no podría llevar a su final -sin duda-, pero lo real lacaniano es el paraíso, ¿no? Es una suerte de paraíso cristiano.

Jacques-Alain Miller:

Eso es verdaderamente original.

Daniel Mesguich:

No sabía que Lacan era ateo y siempre lo he leído como un católico -como René Girard- como un católico que es inteligente y que, por ende, no es ni beato ni idiota, por supuesto, pero católico sí finalmente.

Jacques-Alain Miller:

No sé si era ateo propiamente hablando. Dijo que Dios era inconsciente, una frase muy compleja para desarrollar.

Daniel Mesguich:

Era lo que quise decir.

Jacques-Alain Miller:

Pero si era ateo, no era como los demás ateos.

Émile H. Malet:

De la religión a la política hay una pasarela. Hoy en día se tiene la tendencia a decir que no se es ni de izquierda ni de derecha. Catherine Millot, no sabemos si Lacan era de izquierda o derecha, pero veamos si estaba del lado freudiano. Freud decía: “La política arruina el carácter”. ¿Diría que en ese sentido él era freudiano?

Catherine Millot:

Lo que podría de decir en todo caso es que leía Le figaro

Jacques-Alain Miller:

Pero durante la guerra de Argelia, leía L’express y L’observateur.

Catherine Millot:

Pienso que su costado de izquierda es el de haber apoyado el movimiento de liberación argelino y luego, más tarde, diría que…

Jacques-Alain Miller:

Pero allí, Catherine, creo que es decir demasiado. En la familia…

Catherine Millot:

Sí, apoyaba a su familia.

Jacques-Alain Miller:

…se pagó con años de prisión por parte del primo de Judith, Diego Masson -el director de orquesta- que pasó tres años en prisión por ser del OFLN. A los 17 años, Judith entró en ese baile. El Dr. Lacan sabía perfectamente lo que estaba pasando en casa. Nunca dijo una palabra en contra. Es demasiado decir que apoyaba el movimiento, pero no hizo nada en contra de los enrolamientos de su hija.

Émile H. Malet:

Entonces, era moderno antes de hoy ya que vamos desde L’Observateur a Le Figaro. Es eso.

Catherine Millot:

Pero pienso también que apoyó activamente a Laurence, que fue quien estuvo en prisión…

Émile H. Malet:

Laurence, ¿podríamos decir qué Laurence?

Jacques-Alain Miller:

Estuvo solo tres meses y él le dirigió la fotocopia de su seminario La ética del psicoanálisis. Vi el ejemplar de Laurence que era: “A mi Antígona”.

Émile H. Malet:

Boris Cyrulnik.

Boris Cyrulnik:

Creo que Lacan era maurrasiano no por amor a la lingüística porque eso le permitió descubrir la lengua tal como lo encontró más tarde con Jakobson. Entonces, no fue tanto por amor a la ideología, sino que fue por amor a la lengua.

Jacques-Alain Miller:

Sí. Eso me parece discutible. Tenemos una carta de Madame Daudelle dirigida a Maurras que dice que conoció a un joven lleno de fuego cuyo nombre es Jacques Lacan y que le gustaría ir a África para desarrollar y difundir la doctrina correcta. Entonces, no es exactamente un amante de la lengua tal como presentó en todo caso a Madame Daudelle.

Émile H. Malet:

Gracias. Una palabra más y pasamos a la pausa.

Daniel Mesguich:

Tenía solo una pregunta para Jacques-Alain Miller. Entonces, cómo explica que todos los maoístas de los años ’70 estaban enamorados de Lacan.

Émile H. Malet:

Como Jacques-Alain Miller…

Jacques-Alain Miller:

Fue en su juventud que era maurrasiano -como yo que era maoísta-. Uno no se detiene necesariamente en sus compromisos de juventud, tras lo cual siguió como hombre de derecha a su manera y yo, entre comillas, como “hombre de izquierda”, aunque como dije hace varios que el hombre de izquierda había muerto.

[Música]

“El hombre que habla, el sujeto desde que habla, está ya por esa palabra implicado en su cuerpo”

Émile H. Malet:

El psicoanálisis lacaniano es ante todo un discurso inédito con metáforas que se encadenan y que esclarecen la personalidad del sujeto. Se ha dicho que es un pensamiento que autoriza a pensar. ¿Le ha autorizado a pensar, Catherine Millot?

Catherine Millot:

Es Lacan como persona que era un hombre quien daba la idea de lo que sería ser libre y ser libre es -de cierta manera- hacer libre a los otros. En cualquier caso, es lo que encontré y experimenté a su lado. Era que su libertad me hacía.

Émile H. Malet:

Pero haciéndola libre, ¿eso le autorizaba pensar más libremente sobre las cosas?

Catherine Millot:

Sí. Yo me autorizaba a decir lo que pensaba, en todo caso.

Émile H. Malet:

Por ejemplo, cuando alguien no le caía, ¿usted le manda a volar? ¿Cómo era?

Catherine Millot:

Bueno, eso sí es un ejemplo cortés. [risas]

Émile H. Malet:

Era un ejemplo. Porque es interesante saber ese efecto sobre el pensamiento, de cómo autoriza pensar el psicoanálisis lacaniano y el personaje emblemático de Lacan.

Catherine Millot:

Bueno, hay que decir que era un analista. Y era alguien que nunca censuraba. Él le dejaba completamente libre, también.

Émile H. Malet:

Entonces, su ejercicio está en una dimensión privada.

Catherine Millot

Completamente.

Émile H. Malet:

¿Y usted qué piensa de esto, Boris Cyrulnik? Usted, que es médico, ¿no es la quintaesencia del médico que alguien autoriza a pensar escuchando?

Boris Cyrulnik:

Me vi obligado a descubrir a Lacan porque soy un arque-psiquiatra. Me gradué en el año del ‘68 años y era la época en que para convertirse en psiquiatra estábamos aprendiendo neurología. Así que me recibieron en el instituto de psicología. Había un concurso en ese momento y se me recibió porque el tema planteado era sobre la médula espinal. Así que los psicólogos y psicoanalistas no sabían mucho en el terreno de la médula espinal. Así que había una organización absurda y la única manera de tratar de entender a los otros, es decir para darles la palabra, era el psicoanálisis. Así que no pude escapar a Freud y a Lacan. No estoy descontento por ello, pero eso era parte de la formación. Yo estaba en un forzamiento porque o era neurología o el psicoanálisis.

Émile H. Malet:

¿Usted lo leyó a partir de qué época?

Boris Cyrulnik:

En el ‘64 me nombraron. Entonces, empecé a leer a Lacan en el ‘64.

Émile H. Malet:

¿En esa época era interno y desde esa época lo leyó?

Boris Cyrulnik:

Sí, eso es. Yo era interno en neurología y bien, se nos explicaba a la esquizofrenia por la neurología -lo que era bastante criticable- o bien tratábamos de encontrar una solución en el psicoanálisis y todos los pasantes iban a encontrar la solución mientras se formaban en psicoanálisis. Esto para poder crear precisamente nuestra palabra e poder intercambiarla con los otros.

Émile H. Malet:

Jacques-Alain Miller, sobre esta autorización a pensar. ¿Le aportó algo en esta área?

Jacques-Alain Miller:

No, yo me había autorizado a pensar antes de leer a Lacan. A propósito de lo que detenía o no, salvo excepción él no detenía a las personas en sus proyectos -los menos osados- con el fin de que ellos se choquen contra un real y que no se hubieran ellos mismos refugiado detrás de la prohibición les habría sido formulada por un amo. De ahí que este hombre al que Catherine y yo calificamos como muy gentil sea también el que dijo: “No tengo buenas intenciones”. Es algo que se ha tomado mal, pero simplemente significa que el infierno está pavimentado con buenas intenciones y que él no tenía la intención de pavimentar el infierno.

Émile H. Malet:

¿Qué es lo que le aportó a usted, Daniel Desguich? Aunque no sea practicante, pero usted ha leído a Lacan.

Daniel Desguich:

No soy practicante. Escuchaba la expresión “hacer lo que me plazca” que Catherine mencionó hace un momento. “Usted no quiere sino hacer lo que le plazca”. Es una frase de psicoanalista. [risas] Creo que me trajo mucho finalmente, de nuevo indirectamente porque no estaba absolutamente conectado con los textos de Lacan, incluso si he leído mucho los seminarios que se ha transcrito -tengo muchos de ellos-. Traté de leer también los Escritos -es algo que va más allá de mis capacidades, pero creo que me ayudó mucho porque me ayudó -¿cómo decirlo? Ustedes dieron “libre”, no sería la palabra que yo usaría-, pero en cualquier caso me ayudó a escuchar, a tener un oído más ejercitado simplemente. En cuanto a Freud, él me hizo descubrir lo que en el teatro llamamos la interioridad, es decir el inconsciente sin duda. Y Lacan me hizo escuchar primeramente los significantes, las propias frases que se han pronunciado en los textos, etc., y por ende sí, eso me ayudó mucho.  

Émile H. Mlalet:

Voy a tomar una serie de expresiones lacanianas que por lo común de los mortales aparecen como abstrusas y ustedes nos dirán en algunas palabras lo que esto significa.  He tomado algunas. Jacques-Alain Miller, ¿el parlêtre qué quiere decir?

Jacques-Alain Miller:

Es simple. El ser hablante está contraído y en lugar de tener dos palabras tiene una sola, lo que es evidentemente un neologismo muy difícil de traducir a otros idiomas.

Émile H. Malet:

Muy bien. Entonces a usted, Boris Cyrulnik, el deser. ¿Qué le quiere decir eso a usted?

Boris Cyrulnik:

No me quiere decir porque es la primera vez que escucho esta expresión, pero del deser, diría que para nosotros en la etología la condición del ser viviente es de ser, pero para nosotros, los seres humanos, hay el ser biológicamente y además hay el ser por la palabra. Entonces, como se hablaba hace un instante, cuando hay seres humanos que porque viven sin palabras -son los afásicos, son los bebés, son los enfermos de Alzheimer- siguen siendo humanos, pero permanecen en un mundo humano sin palabras, lo que es bastante difícil de entender -y es absolutamente apasionante-. Creo que allí hay un deser.

Émile H. Malet:

¿Hubo un deser durante el período de la Covid, por ejemplo?

Boris Cyrulnik:

Diría que hubo un período de des-existencia durante el período de la Covid…

Jacques-Alain Miller:

Escuchen, no es tan complicado. El prefijo «de» expresa un cierto modo de negación. Tomen el título bien comprensible de Jean-Paul Sartre, El ser y la nada. Bueno, digamos que el deser está entre los dos.

Émile H. Malet:

Bien. Catherine Millot, con usted voy a tomar otra expresión: “Un deseo sin desvíos”.

Catherine Millot:

“Un deseo sin desvíos”. Me alegro de que utilice este término porque la relación de Lacan al deseo es algo que siempre, desde el comienzo, me ha dejado boquiabierta. Pienso que estaba tan asombrada -al igual que Jacques-Alain- por Lacan. Nos asombraba por su relación con el deseo. Dijo que la única falta moral es ceder sobre su deseo. Nosotros lo veíamos en marcha en relación con su deseo. Lo que era sorprendente en él era a la vez que sostenía su relación al deseo como fundamental, es decir a su relación a su oficio de analista, su relación a su enseñanza -la cual no cesaba de preocuparle, pero en la que estaba en marcha- y también estaba su relación con lo que yo llamaría «pequeños deseos». Eso fue algo grandioso ver cómo podían ser respetuoso del más mínimo deseo de las personas con las que se rodeaba, con las que estaba.

Jacques-Alain Miller:

También dijo que para que el psicoanálisis se cuide de no estar angustiado, era necesario que siempre hubiera un pequeño deseo al lado de él.

Catherine Millot:

Eso es.

Jacques-Alain Miller:

Por ejemplo, ese pequeño deseo podía ser ir a su librero de libros antiguos -que está en este volumen[2]– y luego comprar un libro antiguo y regresar muy rápidamente a su oficina. Más precisamente o más generalmente, dijo una vez que el deseo conlleva siempre una defensa contra el deseo.  Y bueno, si había al menos un sujeto que no tenía esa defensa contra el deseo era él mismo.

Émile H. Malet:

Bien. Ahora con usted Daniel Mesguich. Otra expresión, la cual tiene mucho sentido hoy en día. Él decía: “La verdad, no-toda”. En este período en el que todos creemos en una verdad toda, ¿qué quiere decir esta expresión: “La verdad no-toda”?

Daniel Mesguich:

No es esa expresión aislada. Está en un contexto. Lo que imagino es que cuando uno muestra algo, cuando uno señala un lugar que crees que es aquel de la verdad, nuestro dedo es demasiado grande y ocultamos algo, al mismo tiempo que mostramos algo escondemos algo.

Jacques-Alain Miller:

Eso me parece muy preciso. La única cosa que lamento aquí, Sr. Malet, es que no haya convocado algún antilacaniano.

Émile H. Malet:

Ya no hay antilacanianos.

Jacques-Alain Miller:

[risas] Pero claro que sí.

Daniel Mesguich:

Ya no los hay entre los psicoanalistas [risas]

Émile H. Malet:

Bueno, ¿para usted hay un vínculo entre el objeto a minúscula y la resiliencia?

Boris Cyrulnik:

No.

Émile H. Malet:

Dígale lo que es el objeto a minúscula, Jacques-Alain Miller.

Jacques-Alain Miller:

El objeto a minúscula es lo que hay de más resiliente en el parlêtre.

Émile H. Malet:

Entonces, esto le va perfectamente.

Boris Cyrulnik:

Pienso que la definición de resiliencia es simplona. Ella es fundamental porque es la reanudación de un nuevo desarrollo después de un traumatismo. Entonces, yo creo que un psicoanalista acepta necesariamente esta definición ya que trabaja con eso… El psicoanálisis es un factor, no es la resiliencia, sino que participa de ella, es un factor de resiliencia. Pero en la resiliencia hay varios factores. Hay el factor biológico del cual Lacan habló en su tesis, y además del factor biológico, por supuesto, está lo que estamos hablando, es decir lo del parlêtre. Y luego, también está una implicación, es que Lacan al entrar en la cultura permitió comunicar la idea de que podríamos trabajar para salir de ella. Cuando estaba en formación, cuando no conocía nada -ahora creo conocer un poco, entonces ha habido un gran progreso- se nos enseñaba que era algo fijado, es decir, que era la época fixista. Cuando alguien estaba traumatizado no podía salir de ello.

Émile H. Malet:

“¿Cuándo alguien estaba…?”. Perdón.

Boris Cyrulnik:

Traumatizado. De ahí no podía salir. Era un pensamiento fixista. Y el psicoanálisis, la etología animal, la neurología de hoy muestran que, al contrario, la plasticidad es tal….

Émile H. Malet:

Pero para usted, Boris Cyrulnik, ¿la resiliencia después de un traumatismo pasa por la palabra?

Boris Cyrulnik:

Pasa por el sostén afectivo y la palabra. Es decir que eso pasa por lo preverbal…

Émile H. Malet:

Una palabra que expresa de cierta manera un deseo del sujeto. Es decir que no se trata de que sea la palabra del otro la que venga a circunscribirla.

Boris Cyrulnik:

Hay primero una presencia que asegura. Mi maestro, John Bowlby, que fue presidente de la Sociedad Británica de Psicoanalistas, quien ha estado en problemas con el psicoanálisis, que fue rehabilitada al final de su carrera, John Bowlby decía que el psicoanalista es una base de seguridad. A partir de ahí, hablamos. Es decir que, primero, es necesario que tengan una presencia tranquilizadora y ahí tenemos el trabajo de la palabra. Y las neurociencias muestran hoy en día que el trabajo del habla modifica el funcionamiento del cerebro.

Émile H. Malet:

Catherine Millot, ya que hablábamos de expresiones. Voy a tomar una expresión lacaniana que ha sido a la vez poco comprendida, provocadora. Usted me dirá que piensa de ella. Cito a Lacan: “El diálogo de un sexo al otro está prohibido. No hay relación sexual”. ¿Es una provocación? Sobre todo, si se le hizo reproches, aun si es errado alentar el libertinaje sexual.

Catherine Millot:

Esa fórmula de “No hay relación sexual” ha sido para mí de una total evidencia desde que la escuché. Hay gente y otras personas -Judith, por ejemplo- que me decía que era una fórmula que la horrorizaba. [risas]

Émile H. Malet:

Y para usted, ¿qué quiere decir “No hay relación sexual”? Todo el mundo pensaba que, con Lacan, eso podría haber liberado…

Catherine Millot:

Que entre los hombres y las mujeres no hay relación. Es decir que hay algo inconmensurable, hay el hecho de que algo no encaja -a veces puede hacerlo-, que hay una disarmonía fundamental.

Jacques-Alain Miller:

Comparemos eso con lo que pasa en el reino animal. Ahí, en general, cuando no se trata de animales domésticos -los que ya están infectados por la palabra-, entre los animales hay relación sexual. Si queremos la armonía absolutamente, la igualdad de los sexos, entonces, creo que no hay otra solución sino la de ser una bacteria.

Émile H. Malet:

Sí. Boris Cyrulnik.

Boris Cyrulnik:

Diría casi lo que acaba de decir Jacques-Alain Miller, pero lo modificaría un poco. En los animales no hay relación, sino que hay actos sexuales que están perfectamente codificados por la molécula prestablecida, por el comportamiento prestablecido. En los seres humano, eso existe, pero para que haya una relación sexual también es necesario que haya representaciones de la sexualidad perfectamente análogas -lo que es imposible ya que tenemos una ontogénesis, un desarrollo diferente, y no hablo de los roles sociales que son diferentes y permanecen diferentes-. Comprendo muy bien que no hay relación sexual porque tenemos mundos mentales diferentes.

Jacques-Alain Miller:

¿Quisiera explicar qué es la ontogénesis?

Boris Cyrulnik:

La filogénesis es el desarrollo de los organismos vivos en el planeta y la ontogénesis es el desarrollo de un organismo en su medio.

Émile H. Malet:

He ahí la explicación. Daniel Mesguich, ¿usted quiere decir algo?

Daniel Mesguich:

Diría, citando a Lacan, hay que aproximar esa frase de “No hay relación sexual” a la de “El amor nunca es recíproco”. Son fórmulas relativamente vecinas, aun si el amor no es únicamente la relación sexual. No sé si Boris Cyrulnik estaría de acuerdo con usted al separar los animales de un lado y los hombres del otro. Pienso que es una única y misma cosa.

Jacques-Alain Miller:

¿Usted piensa que los animales son parlêtres?

Daniel Mesguich:

Sí, por supuesto, y pienso que los hombres son animales, como todo el mundo –si oso decir-. Bueno, no importa. Lo que quería decir es simplemente que en cualquier caso.

Jacques-Alain Miller:

¿Usted cree que un animal puede hacer un psicoanálisis?

Daniel Mesguich:

No.

Jacques-Alain Miller:

Eso hace una diferencia.

Daniel Mesguich:

Perdóneme, en ese caso hay muchas cosas que no deberían poder hacer un psicoanálisis. Hace un momento Émile Malet me preguntaba lo que Lacan aportaba…

Jacques-Alain Miller:

También hay personas que no pueden hacer un psicoanálisis. Lacan decía que los verdaderos católicos no pueden hacer un psicoanálisis. Supongo por la práctica de la confesión. Decía también que los japoneses no podían hacer un psicoanálisis en razón de la estructura de su lengua. Entonces, es muy común no poder hacerlo…

Émile H. Malet:

¿Y qué pensaba de los estadounidenses?

Jacques-Alain Miller:

Cuando éramos estudiantes en la Escuela Normal, cuando éramos althusserianos estábamos contentos por la crítica que hacía entonces Lacan de la american way of life. Luchó durante 10 años contra la interpretación estadounidense del psicoanálisis, la cual en ese entonces era hecha por exiliados judíos de la Europa central y de la Europa del este, entre ellos su propio analista, Rudolph Loewenstein.

Émile H. Malet:

Sí, ¿Daniel Mesguich?

Daniel Mesguich:

Tengo algo a propósito de lo que acaba de decir Jacques-Alain Miller. Hay muchas cosas que no pueden estar en el diván en una cura. Por ejemplo, ese seminario que se volvió célebre de Lacan sobre Hamlet –ya que eso concierne el teatro-, me parece que no es de lo mejor que ha hecho por una razón simple: ¡es que Hamlet no existe! Y de la misma manera en que me decía de que no se puede poner un perro o un caballo sobre el diván para hacer un psicoanálisis –no sé si sería la misma cosa-, pero hay algo que se acerca a eso.

Jacques-Alain Miller:

Es un desarrollo que usted debería dar al psicoanálisis…

Daniel Mesguich:

Poco importa. No bromee. Pero Hamlet no existe tampoco. En todo caso, no debería poder hacer un psicoanálisis. Usted podría decirme que Freud se metió con tal cuadro de Leonardo da Vinci y deduce de ello que Leonardo era homosexual por el buitre en el lugar del sexo, etc., etc. Y es un libro que personalmente encuentro genial. Dupin es un niño pequeño al lado de esto, el famoso Dupin de La carta robada ya que Freud fue un detective extraordinario. Pero acerca de Hamlet, me parece que es algo abusivo. ¿Qué es lo que ve Freud? El arte. Hace como si directamente fuera el inconsciente de nuestro camarada Leonardo da Vinci. No. No es así como funciona. Hay un artista entre los dos y ese artista impide que podamos decir: “He ahí lo que se le escapa. He ahí su inconsciente”, etc. En cuanto a Hamlet, pienso que es incluso peor –si oso decir- porque él no es Shakespeare, no es nadie en lo absoluto. Es un montaje de escritura. Dice que es un montaje de escritura histérica. Yo jamás vi eso.

Jacques-Alain Miller:

Escuche. Para ir en su dirección, Lacan –casi el último Lacan- dijo que el artista precede siempre al psicoanalista.

Daniel Mesguich:

Sí, pero lo dijo como todos los teóricos. Es decir, diciendo: “Yo soy tan fuerte que puedo dejar el lugar del líder a otro. De todas maneras, me inclinaré ante su obra”. Y si está encima, es difícil inclinarse.

Jacques-Alain Miller:

Una vez más, para ir en su dirección, es verdad que Marguerite Duras -a quien él consagró un artículo sobre Lol V. Stein- rechazó esa construcción de Lacan diciendo que ella no comprendía nada. Y eso lo escuché de la boca de Marguerite Duras.

Émile H. Malet:

¿Tiene unas palabras que decir a propósito de esta controversia, Boris Cyrulnik?

Boris Cyrulnik:

Pienso que cuando Freud interpretó la homosexualidad de Leonardo da Vinci con ese buitre que acaricia los labios con las plumas de la cola, pienso que es una interpretación un poco osada, un poco divertida, pero magnífica, por otra parte.

“Un pensamiento que esclarece no es un saber que se pueda emplear.”

Émile H: Malet:

Acabamos de ver una cita de Karl Jaspers: “Un pensamiento que esclarece no es un saber que se pueda emplear”. La formación de los psicoanalistas suscita la interrogación de los poderes públicos. No hay diploma de parte del Estado, ni reconocimiento universitario. Jacques Lacan instituyó el pase para permitir el ejercicio del psicoanálisis. ¿De qué se trata? Lo más simplemente posible, Jacques-Alain Miller.

Jacques-Alain Miller:

Escuche. Primeramente, tengo ganas de decirle que Lacan, en su tesis, era jaspersiano –quien era el último grito de la moda en esa época de la psicopatología-. Y luego, criticó maliciosamente a Jaspers diciendo que es un error, que la comprensión es el error que no hay que cometer. En todo caso, allí unas palabras sobre Jaspers.

Los psicoanalistas no han podido jamás precisar exactamente el final de un psicoanálisis, en qué momento debe terminarse legalmente o lógicamente.

Émile H. Malet:

Vamos a hablar de eso después. ¿Y el pase entonces?

Jacques-Alain Miller:

Freud mismo decía en uno de sus últimos artículos cuando uno y el otro, el psicoanalista y su paciente, están satisfechos de lo que ha ocurrido. Esa no es una respuesta extremadamente precisa. Lacan pensó que podía una fórmula totalmente precisa de ese final de análisis después de haber dado la fórmula del comienzo. Entre las dos, al igual que en el ajedrez, pueden pasar muchas cosas, pero hay el principio del ajedrez y el final del ajedrez. Entonces, los comparó así. Y pensó que se podía verificar escuchando a los pacientes que pensaban haber terminado si era verdad o no. Digamos que él fue más escéptico acerca de su propia construcción hacia el final de su vida.

Daniel Mesguich:

Hubiera sido mejor hablar del éxito en vez de compararlo con un juego de ajedrez…

Émile H. Malet:

Perdón, Daniel Mesguich. Para Boris Cyrulnik, sobre la cuestión del pase. ¿Qué es llo que usted piensa? Usted está alejado un poco de ello en tanto neuropsiquiatra, pero al mismo tiempo una idea de ello.

Boris Cyrulnik:

Yo hice un análisis.

Émile H. Malet:

Usted hizo un análisis. ¿Era lacaniano?

Boris Cyrulnik:

Sí, era lacaniano.

Émile H. Malet:

¡Usted no es heterodoxo en ese meollo!

Boris Cyrulnik:

¡Sí! Yo tengo otra lectura de Lacan.

Émile H. Malet:

Aprovechémosla al mismo tiempo que nos responde acerca de la pregunta del pase.

Boris Cyrulnik:

A través de la pregunta del pase, pienso que mis colegas que se formaron en el psilacanismo –que no es lo mismo que el psicoanálisis-, esos colegas abusaron un poco sobre el pase. Es decir, hay una formación, no hay enseñanza, uno se forma en el psicoanálisis; después de una experiencia vivida, se llega a otro modo de comprensión. No es la comprensión intelectual. Es la comprensión experimentada, es decir que, desde mi óptica, es la más importante. Pero hay mucha gente que ha utilizado esa noción del pase para ir un poco demasiado lejos y hacer pases un poco apresurados.

Émile H. Malet:

Pero sobre la noción de pase, ¿eso le dice algo?

Boris Cyrulnik:

Sí. Es una expresión de Lacan que no he apreciado mucho. Pero es la expresión del medio lacaniano. Yo preferiría encuentro. Bowlby hablaba de encuentro.

Émile H. Malet:

Ahora, me gustaría si pudiera precisar algo, Boris Cyrulnik. Hoy en día se habla mucho de neurociencias, se habla de psiquiatría cognitiva, la farmacopea, los medicamentos están muy en boga, etc., ¿piensa que esa tendencia va llevarse por encima al psicoanálisis? Se ve en los títulos de los periódicos: “El psicoanálisis va a desaparecer”, etc. ¿Piensa que las neurociencias están cosechando el capital intelectual del psicoanálisis?

Boris Cyrulnik:

Voy a sorprenderlo, pero pienso que, al contrario, las neurociencias confirman un gran número de hipótesis psicoanalíticas. Se refutan algunas y se confirman muchas. Por ejemplo, el efecto de la palabra en el cerebro, ahora, se lo fotografía. Es decir que, cuando se habla alrededor de un bebé, el lóbulo temporal izquierdo trata los sonidos, no las palabras. Si uno se dirige a un bebé, es una zona precisa del lóbulo temporal izquierdo, el plano temporal –un repliegue preciso- desprende energía. Es decir que dirigirse a un bebé es esculpir su cerebro. Entonces, algo bastante paradójico –no es 100%, jamás es 100% en las ciencias humanas-, pero las neurociencias no se oponen al psicoanálisis. Por ejemplo, la horda primitiva está completamente descalificada por la etología animal –la teoría freudiana de la horda primitiva-. Al contrario, un gran número de hipótesis de la práctica psicoanalítica son confirmadas e incluso ilustradas por las neurociencias.

Émile H. Malet:

La misma pregunta a usted, Jacques-Alain Miller. ¿Teme que las neurociencias se lleven por encima [al psicoanálisis]? ¿Está de acuerdo con Boris Cyrulnik sobre esta complementariedad casi biológica entre psicoanálisis y neurociencias?

Jacques-Alain Miller:

No voy a entrar en detalles. Estoy contento de escuchar a Boris Cyrulnik decir lo que dijo.

Quisiera precisar una cosa sobre el pase que en francés tiene ecos –puede ser- no todos de buen gusto. Pienso que Lacan hacía referencia a lo que Freud planteaba como aquello que impide la conclusión de un psicoanálisis, a saber, un impase que es diferente para los hombres y para las mujeres. Anuncio de: “No hay relación sexual”. Y Lacan pensaba que no, que no había impase, sino que un pase era posible –en el sentido marítimo-, lo que el Sr. Mélenchon llama “un agujero de ratón”.

Émile H. Malet:

Muy bien. Y sobre las neurociencias y el psicoanálisis, ¿piensa que son compatibles hoy en día?

Jacques-Alain Miller:

Es compatible con los neurocientíficos que son gentiles, no con los malvados. [risas]

Émile H. Malet:

¿Usted piensa que Boris Cyrulnik es un neuropsiquiatra gentil?

Jacques-Alain Miller:

¡Gentil e inteligente!

Émile H. Malet:

¿Usted acepta eso o desfonfía, Boris Cyrulnik? [risas]

Boris Cyrulnik:

Yo me planteo la pregunta de manera un poco diferente. Es decir, que no se trata de confirmar o refutar, sino que se trata de descubrir y de comprender. Entonces, confirmar o refutar el psicoanálisis por las neurociencias es un recorrido ideológico. Yo era practicante, es decir, en tanto que practicante estaba contento de ver que lo que había comprendido en psicoanálisis era confirmado –no siempre- por los neurociencias. Pero la apuesta de las neurociencias no es la de confirmar al psicoanálisis, al igual que la etología animal no es confirmar que los hombres son animales. Es decir que los hombres son animales hablantes. Es decir que estamos en el mundo, que somos seres vivientes, todos hemos sido mamíferos acuáticos durante nueve meses. Es decir, todos nos hemos bañado en el océano durante nueve meses.

Jacques-Alain Miller:

Es lo que dijo Ferenczi.

Boris Cyrulnik:

Sí, como Ferenczi dijo. Todos fuimos hembras durante 14 días. Los primeros 14 días de nuestro desarrollo, contrariamente a lo que dice Simone de Beauvoir, una pequeña mitad de entre nosotros se convirtió en machos y la otra mitad permaneció como hembra. Entonces, ese es el meollo. Somos seres de biología y, entre los animales vivientes, somos seres hablantes.

Émile H. Malet:

Estoy muy contento con esta discusión…

Jacques-Alain Miller:

Conocí a Changeux…

Émile H. Malet:

Jean-Pierre Changeux, el biólogo…

Jacques-Alain Miller:

Exacto. Incluso le encontré el título “El hombre neuronal” en una entrevista que tuve con él. Era un hombre muy inteligente, pero aun así veía al psicoanálisis como una disciplina para nada seria.

Émile H. Malet:

Escuchen. Bueno, en todo caso esta discusión es muy interesante, pero como el tiempo pasa y se acaba, les pido muy brevemente, puede ser en una sola palabra, como conclusión decirnos lo que piensan. Lacan compartía con Freud una ausencia de ilusión acerca del género humano. Asimismo, era desconfiado hacia las instituciones. Sus discípulos –los discípulos lacanianos son muchos-, pero en dos palabras, Jacques-Alain Miller, ¿buscaba él hacer Escuela?

Jacques-Alain Miller:

¡Sí! Cuando se empleaba la palabra asociación o sociedad en 1964, él escogió llamar a los que lo rodeaban como una Escuela. Pienso que el hecho de que Althusser lo haya invitado a hacer conferencias en la Escuela Normal Superior –por la cual él tenía a la vez respeto y mucha mofa- eso lo inspiró para dar a su grupo el nombre de Escuela.

Émile H. Malet:

Estamos de acuerdo. Catherine Millot, usted frecuentó a Lacan durante sus últimos años. ¿Usted confirma que quería hacer Escuela?

Catherine Millot:

Eso es una certeza. Es cierto que quería hacer Escuela y que estaba muy preocupado por la transmisión y por la transmisión de su enseñanza. Es por eso por lo que creo que estuvo muy aliviado, porque Jacques-Alain haya hecho la transcripción de sus Seminarios que pudieron ser publicados desde inicios de los años ’70. Para él era una preocupación constante.

Jacques-Alain Miller:

Al mismo tiempo, al final de su vida, dijo: “No hay transmisión del psicoanálisis”, para poner al revés a todos sus alumnos.

Émile H. Malet:

Nos vamos a quedar en esas últimas palabras. Quisiera ahora presentar una bibliografía. Acaba de salir Lacan redivivus. Es un poco aquello de lo cual hemos hablado en esta emisión. ¿Por qué lo hizo, Jacques-Alain Miller? Está publicado en Ediciones Navarin.

Jacques-Alain Miller:

Porque durante 40 años sus prójimos se mataron acerca de Lacan, al mismo tiempo que se expandía un retrato sesgado, detestable e inexacto de Lacan. Al cabo de 40 años, pienso que era tiempo, que era necesario que sus prójimos hablen de cambios de política y que hablen de él.

Émile H. Malet:

Muy bien. Jacques-Alain Miller, usted publica en la misma editora, en Ediciones Navarin, ¿Cómo terminan los análisis? Usted nos habló algo de ello en el curso de esta emisión.

Boris Cyrulnik, usted acaba de hacer publicar Los labradores y los comensales de viento en Odile Jacob. No son los buenos y los malos, sino aquellos que reflexionan y aquellos que no toman cualquier idea recibida en favor de la verdad. ¿Es eso?

Boris Cyrulnik:

Palabra por palabra.

Émile H. Malet:

¿Y por qué usted lo hizo? ¿Piensa que en esta época a través del Internet, de las redes sociales, no destilan más que fake news?

Boris Cyrulnik:

No porque pienso, desde mi niñez…Tengo un tema que ha tematizado mi vida. Es por lo que algunos se someten a una teoría delirante, cortada de la realidad, que puede ser lógica –el delirio lógico existe-. Es decir que, por ejemplo, la esclavitud es un delirio lógico: “Si suprimimos la esclavitud, va a aumentar el precio del azúcar”. Es verdad. Es lógico. Eso se basa en un postulado criminal, cortado de la realidad sensible. Así que, desde mi niñez estoy fascinado por este tipo de problemas y 85 años más tarde eso produce un libro.

Émile H. Malet:

Gracias, Sr. Labrador, Boris Cyrulnik.

Catherine Millot, La vida con Lacan, ¿es una parte de la vida que compartió con Lacan?

Catherine Millot:

Sí, pero La vida con Lacan no es mi vida con Lacan. Yo escribí La vida con Lacan porque quería testimoniar acerca lo que era la vida en el tiempo de Lacan, durante el período en que conocí a Lacan.

Émile H. Malet:

¿Eran años locos?

Catherine Millot:

Eran los años ’70. Eran bellos años y la presencia de Lacan, su enseñanza en ese momento, era algo extremadamente dinámico y que suscitaba el deseo de todo el mundo, justamente de todos aquellos que lo seguían.

Émile H. Malet:

¿Y los recuerdos de él están aún presentes en usted?

Catherine Millot:

¡Sí, por supuesto!

Émile H. Malet:

Daniel Mesguich, Estuarios. Es un poco enigmático, en ediciones Gallimard.

Daniel Mesguich:

¿Por qué enigmático? Sí, Estuarios. Es allí donde todos los ríos se juntan.

Émile H. Malet:

Entonces, ¿qué es lo que hace que se junten en su texto? ¿Su vida? ¿La vida con…?

Daniel Mesguich:

…la vida conmigo mismo. [risas]

Émile H. Malet:

¿Con usted mismo o con el teatro?

Daniel Mesguich:

Con el teatro en realidad, sí. Por supuesto.

Émile H. Malet:

¿Es la pasión de su vida?

Daniel Mesguich:

Es la columna vertebral. Pero no es necesariamente la pulpa. Eso puede ser ora cosa.

Émile H. Malet:

Muy bien. Estuarios en Ediciones Gallimard.

Bueno, me queda solo el agradecerles. Agradezco a Catherine Millot, Daniel Mesguich, Boris Cyrulnik y Jacques-Alain Miller. Y antes de irnos, les dejo con esta cita de Jacques Lacan, más exactamente una presentación de enfermos de Jacques Lacan:

La paciente: “Me quiere valorizar.”

Lacan: “No hay necesidad de valorizarla porque usted tiene su valor.”


* Traducción de la entrevista realizada en “Ces idées qui gouvernent le monde”. [En línea]: (23) Lacan ou une histoire française de la psychanalyse | Ces idées qui gouvernent le monde – YouTube. Último acceso: 2022-05-21.

[1] Lacan, J. “Carta a papito”, in Lacan Hispano – por Jacques-Alain Miller – 2021/12/17 – PSICOANÁLISIS LACANIANO (psicoanalisislacaniano.com). Último acceso: 2022-05-21.

[2]Cfr. Lacan, J. et al., Ornicar ? Lacan Redivivus, París, Navarin, 2021.

Todo el Mundo es Loco – por Jacques-Alain Miller – 2022/04/03

TODO EL MUNDO ES LOCO[1]

Por Jacques-Alain Miller

2022-04-03


Angelina Harari:

Llegamos casi al final de estos cuatro días intensos de trabajo, pero esto aún no se acaba. Tenemos el honor y el placer de tener a Jacques-Alain Miller en esta secuencia para su intervención. Luego, tengo un anuncio que hacer en cuanto al próximo congreso, pero eso será al final. Jacques-Alain Miller, con usted.

Jacques-Alain Miller:

Unas palabras para comenzar. Dedico esta conferencia a Angelina Harari, quien ha conducido la vida de la AMP durante cuatro años con una mano a veces dura, a veces dulce, siempre con pertinencia. Segundo comentario preliminar, admiro a los oradores precedentes que han leído textos tipeados a máquina. El mío no lo es. Les llega salido del horno y hace alusión a un cierto número de debates que han tenido lugar aquí. Constato que mi escritura es un poco de patas de mosca -letra ilegible-, que voy a tener dificultad en descifrar mi propio texto. Pido su indulgencia en razón de esto. Voy a leerlo.

Vuelvo a dar el título del congreso o conversación -como se ha dicho para éste-. ¿Por qué así? Se ha hecho costumbre y se ha convertido en una suerte de tradición. No va a ser siempre así, pero no hay creer que ese momento ha llegado aún. Entonces, continúo.

El título de nuestro próximo congreso será éste -un aforismo de Lacan-: «Todo el mundo es loco». Es un aforismo como éste que está escrito detrás de mí: «La mujer no existe». El aforismo de Lacan «Todo el mundo es loco» lo fui a pescar en un escrito minúsculo compuesto por Lacan a demanda mía. Se trataba entonces de defender el Departamento de Psicoanálisis de Vincennes, cuya existencia en el seno de la universidad estaba amenazada -como lo es aún y lo digo todos los años-, por razones coyunturales, pero también por razones de estructura. Es que, en verdad, es ahí que se expresa que la filosofía no es materia de enseñanza, como lo escribe Lacan. Esto se apoya en la oposición que llamo estructural entre el discurso analítico y el discurso universitario, entre el saber siempre supuesto en la práctica del psicoanálisis y el saber expuesto de la élite en el discurso universitario. Esta oposición es bien conocida por nosotros.

Entonces, fui a pescar ese aforismo en algunas líneas escritas por Lacan en un tiempo en el que podemos decir que era de ultratumba, en la medida que se sitúa después del Seminario titulado por él “El momento de concluir”. Todo lo que Lacan pudo escribir y proferir después de ese seminario, lo tengo como gozando de un estatuto especial de retroacción del conjunto logrado de su enseñanza -empleo esta palabra que él la empleaba también, antes de refutarla-, lo que da a esas palabras un valor testamentario. Lacan sostuvo que «Todo el mundo es loco» una y única vez, en un texto publicado en una revista entonces confidencial: Ornicar? De ahí fue que lo saqué, lo comenté, repetí. Este aforismo entró en nuestra lengua común, aquella de la AMP y en lo que podríamos llamar nuestra doxa. Incluso se volvió una suerte de eslogan.

En el contexto de la época, se lo escucha de una manera que asombra a los prejuicios contemporáneos, a saber, la reivindicación democrática de una igualdad fundamental de los ciudadanos que se impone -y por qué no decir- y que deconstruye la jerarquía tradicional que reinaba en la relación médico-paciente. Lo digo sin nostalgias en la medida en que Lacan había anticipado la ideología contemporánea de la igualdad universal de los seres hablantes subrayando desde mucho tiempo atrás la fraternidad delante -según él- del médico a su paciente. Decía él: “Al hombre emancipado de la sociedad moderna tenemos que acogerlo”, y cito: “Abrirle de nuevo la vía de su sentido en una fraternidad discreta en la medida de la cual siempre somos desiguales”. Si es de fraternidad de lo que se trata, ella ha dejado de ser discreta hace mucho tiempo, al contrario, para ser reclamada bajo la especie -lo digo- de una igualdad entera de los seres hablantes.

En estas condiciones, que no nos sorprenda que esta reivindicación igualitaria se traduzca por la desaparición programada de la clínica. Todos los tipos clínicos son sucesivamente sustraídos de los grandes catálogos clínicos -ya rebajados y deconstruidos- en las ediciones sucesivas del DSM. Es una época en la que con todos los individuos afectados de un trastorno mental, de un hándicap, de lo que era en antaño juzgado como anormalidad, se hace grupos, grupos jurídicamente fundados, jurídicamente inscritos, grupos a menudo de presión -desde los autistas a los escuchadores de voces-. Todo anuncia que la clínica será muy pronto cosa del pasado. Nos toca poner nuestra práctica en esta nueva era sin nostalgia -lo digo-, sin amargura y sin aires de revancha.

En tal contexto, el aforismo lacaniano no podría no ser interpretado sino como tomando a cargo y validando ese término que es de ahora en adelante corriente -y que hemos escuchado más de una vez resonar en esta sala-: la despatologización. No habría ya patología. Hay ya en su lugar “estilos de vida” libremente escogidos por esta libertad en tanto imprescriptible, ya que es aquella de los sujetos de derecho. Si puedo decir, el derecho lo lleva a lo retorcido[2]. Freud hablaba de la sustitución del principio de realidad al principio del placer. Nosotros asistimos a la sustitución de los principios jurídicos a los principios clínicos, lo cual es asimilado a un supremacismo y las consecuencias hay que sacarlas desde el presente.

No voy a tomar sino un ejemplo reciente, la reciente ley adoptada por el Parlamento francés este año. Ésta conlleva que como delito se deberá sancionar desde ahora en adelante toda reserva, toda reticencia, toda modulación aportada al pedido de un sujeto -sujeto de derecho, entiendo-, la demanda de una transición de género -como se dice-. Fue necesaria la intervención de las autoridades de la Escuela de la Causa Freudiana -a los que saludo aquí- para que sea aprobadas, por el Senado y después por la Asamblea Nacional, dos enmiendas que permiten fundar la excepción a los terapeutas a condición de que sus palabras testimonien una prudencia, que no infrinjan la bienvenida y el respeto que se impone delante de lo que yo llamo la “libre elección” de su estilo de vida.

Un hombre político francés a quien no nombraré -¿por qué no lo nombraría?-, Mélenchon, en sus declaraciones hoy propuso que el cambio de sexo sea introducido en la Constitución del Estado y reconocido como un derecho humano fundamental hasta ahora desatendido. En esas condiciones, el aforismo de Lacan formulado en 1978 se escucha como perfectamente en acuerdo con el Zeitgeist, el espíritu de los tiempos. Sin embargo, en ese derecho hubiera sido mejor decir “Todo el mundo es normal”. Decir “Todo es mundo es loco”, completado en el texto por un “es decir delirante” no es sin dejar resonar una suerte de chirrido.

En efecto, hablar de locura, de delirio compete aún de la clínica. Es validar, me parece, el fin de la clínica en términos que pertenecen a la clínica; paradoja que no es la única que introduce este aforismo ya que “Todo el mundo es loco”, ¿quién lo dice? Podría ser que un loco y sus palabras serían un delirio. Es el calcado exacto de una idea enunciada al singular de un Yo [Je], a saber, “Yo miento”. Esa doble paradoja empuja a sospechar que hay en el aforismo en cuestión otra cosa más que esa famosa despatologización. Admito que, respondiendo a este aforismo, cortándolo de su contexto escritural, elevándolo o rebajándolo a la calidad de un eslogan cuan eficaz, sin duda he favorecido un malentendido que importa corregir en el momento de hacer el tema del próximo congreso. Básicamente, nada más simple. Hay que volver a situarlo en el contexto de ese breve escrito del cual lo he extraído. Es a lo que voy a dedicarme desde este momento bajo la forma inevitablemente abreviada que la función a la que estoy obligado -la función de clausura- y que determina mi deber aquí.

Antes de entregarme a este trabajo de recontextualización, indico en un breve excursus cómo podríamos salvar la clínica pese a toda despatologización. Sería suficiente con tener el auxilio de la dialéctica del Monseñor de Panlaud, quien tenía como tarea el calmar los ardores de quienes en la Iglesia se insurgían contra la proscripción del progreso del liberalismo de la civilización moderna articulado en el famoso sílabo del Papa Pío IX. Procedió de la manera siguiente. Distinguía dos niveles, aquel que llamó “de la tesis” donde se afirma el principio como absoluto; y abajo inscribía la hipótesis en el sentido de lo que está encima de la tesis o el relativo triunfo. El principio, ciertamente, en este nivel deja abrir un espacio que está subordinado al primero, un espacio de modulación donde se tienen en cuenta las circunstancias de lo que es importante y lo que no lo es, de las necesidades de la operatividad, etc. Así, lo absoluto y lo relativo, lejos de contradecirse uno al otro, pueden coexistir como buenos vecinos a condición de establecer entre ellos los dos términos de una jerarquía.

La tesis como absoluta sería la desaparición de toda patología -para servirnos de esa dialéctica- y el igualitarismo post-clínico. Sin embargo, al nivel subordinado de la hipótesis, en el interés público, para remediar el desorden, incluso la destrucción que no faltaría al desembocar la aplicación ciega del principio absoluto, se conservaría el distingo de la clínica.

Me permito aquí decir que esto reconciliaría el punto de vista de mis colegas Dominique Laurent y François Leguil con el mío, tesis para mí e hipótesis para ellos.

Mi primera anotación, entonces -retomo después de este excursus el contexto del aforismo de Lacan-, o rectificación será más simple. Me contentaré con tomar en cuenta la frase que sigue inmediatamente a «Todo el mundo es loco», es decir delirante. Esa frase es la siguiente: “Es esto lo que se demuestra en el primer paso hacia la enseñanza”. Aquí no hay ninguna despatologización, sino una disminución, un deterioro y -¿por qué no?- una deconstrucción de lo que es la enseñanza. Esto puede ser sorprendente de parte de un sujeto que largamente ha celebrado la posición de enseñante y que en sí mismo hablaba de su enseñanza.

En efecto, ¿qué es lo que, según Lacan -el ultimísimo Lacan, el ultra-Lacan- se demuestra así, sino que enseñar es una locura, que la enseñanza es una locura? Es así que el aforismo en cuestión se inscribe en el marco de una crítica feroz de la función de la enseñanza; crítica feroz y -añadiría- propiamente clínica. Esta crítica enmarca el aforismo lacaniano. Si leemos lo que le precede en el texto, nos damos cuenta de que no se trata desde el principio únicamente de una crítica, y no solo de la clínica, sino de toda enseñanza. Escucharemos de ahora en adelante el eslogan como anunciando: “Hay que estar loco para enseñar. El que enseña delira” -una curiosa manera de defender el Departamento de Psicoanálisis, así como desvalorizar toda enseñanza y particularmente aquel del psicoanálisis al escribir que el discurso analítico no es materia de enseñanza-. Es necesario ver que Lacan alentó durante años y sostuvo la existencia de ese Departamento.

¿Cuáles son las razones que llevan a Lacan a atacar así a la función de la enseñanza? Primeramente, de este discurso, a diferencia de los 3 otros construidos por Lacan, se dice que no enseña nada -dice Lacan- porque -cita-: “excluye la dominación. No es del orden del discurso del amo que es por excelencia discurso de la dominación porque se establece sobre lo indiscutible de un significante-amo”. ¿Qué enseña este discurso? Enseña que lo que domina es un saber, el cual es siempre siervo de un significante-amo, lo que no demanda las condiciones de nacimiento de la Universidad -se puede situar aproximativamente a Carlos Magno; Blandine nos dirá si es exacto-. No es sino el discurso universitario el que instala en el lugar dominante un saber que permite e incluso exige la enseñanza. El discurso universitario es por excelencia discurso de la enseñanza. No lo desarrollaré.

El discurso de la histérica hace del sujeto el amo del amo. Domina al dominador poniéndolo al trabajo de producir un saber. Éste no es saber siervo del amo. Es el discurso que empuja a la invención del saber al punto que Lacan pudo subrayar la afinidad del discurso de la histérica con el de la ciencia.

En relación con el discurso analítico, éste conlleva también el lugar de la dominación. Para los que lo conocen, arriba a la izquierda en el esquema de Lacan, en el discurso analítico, ese lugar está ocupado por un elemento que no está hecho para dominar, ni comandar o someter, sino hecho para causar el deseo. Es lo que Lacan llamaba en su jerga, el objeto a minúscula, causa del deseo ya que el deseo no se deja dominar y es rebelde a todo mandato y se burla de él. ¿Dónde está el saber en este discurso? Está en posición de no ser sino supuesto y no explícito como en el discurso universitario. Y como supuesto es que sostiene la instancia de la causa del deseo del cual el analista se hace semblante. Aquí, en efecto, no hay enseñanza, lo que no impide que dado el caso sea posible de enseñarse y de un saber sin valor de enseñanza, sin orden de coherencia ni sistema, un saber que se base en encuentros aleatorios, sin ley. Entonces, el discurso analítico no domina. En particular, no domina a su sujeto -a escuchar como ustedes quieran-.

Segunda razón alegada por Lacan para refutar al discurso analítico la capacidad de ser materia de enseñanza: no tiene nada de universal. En efecto, no es en absoluto para todos. Es para uno solo, es para el Uno-completamente-solo. Es para él, solamente él, que la interpretación puede dar lugar a un saber que se desvanece desde el momento en que se pretende universalizarlo, hacerlo valer para todos. Traten de explicar a los demás el efecto sensacional de una interpretación y el exterior no la verá sino en su carácter banal o muy discutible.

Introduzco aquí una modulación ya que Lacan no dice que el psicoanálisis no sería materia de enseñanza. Dice que el discurso analítico no sería materia de enseñanza. El discurso analítico es la práctica del análisis y, por otro lado, está la teoría del psicoanálisis, la historia de ésta y el debate que ha suscitado y se ha sedimentado. Es una partición, una división entre práctica del psicoanálisis y teoría del psicoanálisis. No hay aquí -me corrijo- ninguna desaprobación del Departamento de Psicoanálisis, de la presencia del psicoanálisis en la universidad. Hay, al contrario, una restricción que tiene por efecto el de liberar y abrir un campo. La práctica del psicoanálisis no se enseña, a lo sumo se supervisa dado el caso, cada vez, de un caso singular, el cual no se deja llevar al universal, sino que se puede elevar -cuando éste se presta a ello- a la dignidad de un paradigma. Se trata entonces aquí de una puesta en guardia de Lacan frente a sus alumnos. Sepan bien y hagan saber que nada de lo que les será enseñado del psicoanálisis en la universidad les permitirá ahorrarse un psicoanálisis. Será necesario -como lo dice la apertura de los Escritos- “poner su parte”[1], como algo distinto a un alumno, a saber, como analizantes.

Llevo mi discurso de clausura -que más bien es de apertura- apegándome a un pequeño escrito de Lacan y, primeramente, a la frase que hice situar en la portada de esos pequeños escritos reunidos en una colección que llamé Paradojas. Y es mediante la tercera paradoja de ese texto que comienza el segundo párrafo: “¿Cómo hacer para enseñar lo que no se enseña?”. No era la primera vez que Lacan transmitió un imposible, un real. Digamos aquí que lo que hace es pasar de lo imposible al necesario. Lo que es imposible de enseñar es sin embargo enseñanza y no obstante un enseñar necesario.

Será necesario distinguir el enseñar. Es decir, para retomar el término de Bertrand Russell, estratificar los dos términos. Hay el enseñar tomado del lado de lo imposible y el enseñar del lado necesario. Del uno al otro es problemático ciertamente. Ese pasaje no es para todos, sino -Lacan también lo dice y lo hace escuchar- que solo concierne a uno, a saber, Freud. En efecto, la frase que sigue lo convoca:

“He ahí en lo que Freud se abrió camino. Hay aquí privilegio. Freud es hace mucho el primero en tomar a cargo el enseñar lo que no se enseña, a saber, la práctica del psicoanálisis. Y lo hizo pagando con su persona. Lo hizo librándose a analizar una cantidad de sus sueños y jamás retrocedió en extraer sus formaciones del inconsciente para hacer avanzar el psicoanálisis. Lo que vale para él, sin embargo, no vale para todos”.

Pero diría que también vale para Lacan. No se puede decir que no haya pensado en sí mismo. Sin embargo, él no lo dice. Puede ser el único caso en que da testimonio de modestia. Lacan también, puesto que era un reformador de la práctica del psicoanálisis, aunque se haya defendido de ello, digamos que el rasgo que marca el distingo de su práctica no valía sino para él mismo. Entonces, imitarlo o no es responsabilidad de cada uno.

Habría aquí mucho que decir, lo que no haré ahora ya que voy a hacer un salto a la frase que sigue a donde figura nuestro aforismo. Hela aquí: “Él, Freud, consideró que nada no es sino sueños y que todo el mundo…”, si se puede decir por esta expresión, en efecto, al universal -contrariamente a lo que había dicho anteriormente- “todo el mundo es loco, es decir delirante”. La tesis concentrada en esta frase concierne a la vez al sueño, la locura y al delirio, y es necesario que sean desplegadas. Hay que anotar cuáles son estas tesis atribuidas por Lacan a Freud. Primeramente, es en la obra de Freud donde podré esclarecer estas frases, donde están en juego toda la metapsicología y toda la clínica. Resaltemos que no es sino con Lacan que las sesiones son cortas, incluso ultracortas. Sus escritos están siempre bajo tensión, una tensión que es incesablemente emotiva, a veces se va por las ramas, en correrías, a veces su discurso se reserva bruscamente como aquí.

Tomemos primero la fórmula “Nada no es sino sueños”, frase que corta el aliento. En efecto, uno se pregunta si es Lacan quien pudo escribir eso, mientras que, por ejemplo, se refirió en su Seminario una vez al título famoso de la pieza de Calderón “La vida es sueño” para negar la tesis que conlleva e invalidarla en lo que concierne el discurso analítico. Si todo es sueño, ¿qué pasa con lo real? ¿Hay que llegar a enunciar “Nada es real”? -lo real en el sentido de Lacan-. ¿Lo real no sería sino una ilusión, ficción, delirio? Después de todo, ¿por qué no? Aquí se evoca palabras de Lacan que siempre han sido consideradas como enigmáticas. En la primera lección del Seminario El sinthome, página 18[2] de la edición francesa, Lacan subraya la homogeneidad de lo imaginario y de lo real. Pretende fundarla sobre la estructura binaria de los números. Luego, hace una referencia a Cantor que encuentro al final del breve texto del cual analizo su composición de cerca. Esto es ciertamente homogéneo a lo que se dice bajo la forma “Nada es sino sueños”. La homogeneidad imaginaria-real se completa con la notación de que el símbolo vuelve a poner sobre lo imaginario. Todo sucede como si desde la óptica de las matemáticas a las que evoca y precisamente en la teoría de los conjuntos, lo real, así como lo simbólico se reabsorberían en lo imaginario. ¿No es esto lo que es necesario para que sea fundada la afirmación de que “Nada no es sino sueños”? Esta supremacía de lo imaginario es la conditio sine qua non para que pueda ser dicho que “Nada no es sino sueño”.

Habiendo menoscabado lo que hay que llamar su enseñanza, acentuando la prevalencia de lo imaginario -por ejemplo, en el estadio del espejo-, ¿no sería también lo imaginario del cual Lacan aseguró la promoción en términos de la trayectoria de su discurso? Esto no dejaría de ser satisfactorio para los espíritus que gustan que los discursos se cierren sobre sí mismos. Sin embargo, dejo este tema en suspenso empleando un estilo interrogativo y el condicional.

La segunda declaración de Lacan que enunciaba se encuentra en el texto de la lección 9 del mismo seminario, página 132. Él mismo subraya aquí su brecha con Freud. Dice: “la instancia del saber que Freud renueva, quiero decir innova, con la forma del inconsciente, no supone en absoluto obligatoriamente lo real del que me sirvo”[3]. De esta declaración retengo que según Lacan la teoría freudiana de lo inconsciente no supone lo real y que podría sostenerse sin él, sin real. Lacan subraya que el término de real en función del discurso analítico es de su invención y que es su reacción a la articulación freudiana de lo inconsciente. Reacciona a ella inventando lo real. Lacan va hasta reducir lo real a no ser sino su respuesta sintomática al inconsciente freudiano. Ahí se trata de quitar a ese término toda pretensión a lo universal, reducirlo al síntoma del Uno-completamente-solo.

Hay allí mucho que decir, pero me abrevio. Y vuelvo sobre la idea -como lo anuncié- de que la teoría de Freud no supone lo real. Sí, sin duda, pero articula claramente que algo opera y que permite al sujeto discriminar entre sueño o alucinación de un lado, y realidad de otra. Este algo es, digamos -digo “digamos” porque Freud varió mucho sobre el estatuto de este aparato-, un dispositivo que Freud nombra Realitätsprüfung, la prueba de realidad como se la traduce. Decir, como Lacan, que “Nada es sino sueño” es hacer caso omiso de la prueba de realidad, es amputar la teoría freudiana de un término que parece, no obstante, esencial y que es tenido por tal por los psicoanalistas. ¡Qué imprudencia de hacer nada de la prueba de realidad y además, amputándola a Freud! Sin embargo, la teoría de Freud no es tan clara en este punto. A través de su obra, no se puede discriminar entre aquello que se conserva y lo que se descarta. Hay lugar para una elección en la obra de Freud, la cual no es el jardín a la francesa que Lacan plantó, sino al contrario, una jungla. Y Lacan escoge acentuar en Freud lo que relativiza, incluso, vuelve ilusoria la noción de prueba de realidad. El tema es apasionante para un analista. No hago sino abordarla en cortocircuito.

Es por lo que iría enseguida a un texto corto y magistral de Freud que se titula “Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico”[4], texto de 1911. Dejemos de lado los dos textos que le preceden y de los cuales encontramos sus huellas en él: el primer pasaje está en el Proyecto para una psicología científica de 1895 y el segundo en la Traumdeutung, en el famoso capítulo VII. Dejo también el texto escrito tres años más tarde acerca de la metapsicología de los sueños donde Freud enuncia -creo que por primera vez ya que Strachey lo dice, el traductor en inglés de toda la obra de Freud, admirable traductor- que es el yo quien es el asiento de la prueba de realidad -también lo escribe en el texto de la Verneinung[5]-. Es en “Formulaciones sobre los dos principios…” donde Freud introduce por primera vez el término de «prueba de realidad», pero es necesario notar de inmediato que el proceso inconsciente se mofa de la prueba de realidad, que es impermeable a su acción. Primer punto. En efecto, el texto está hecho para articular la relación entre el principio de placer al principio de realidad. Uno se detiene en la tesis de Freud según la cual el evento decisivo en el desarrollo psíquico es la Einrichtung, la instalación del principio de realidad que constituiría un progreso de la más alta importancia. Lo que era hasta entonces solo lo placentero siendo lo que se buscaba bajo el imperio del principio del placer se ve entonces sustituido por el principio de realidad. Y aquí tenemos la satisfacción de encontrar una cadena de las más tradicionales según la cual crecer, alcanzar la madurez implicaría renunciar al placer para confrontarse con la dura realidad. Sin embargo, como ya se resaltó, el inconsciente no conoce -si puedo decir- la prueba de realidad. A esto se adjunta una notación esencial de Freud que viene a matizar o contradecir la idea de una sustitución pura y simple del segundo principio al primero. Freud matiza él mismo su declaración. Nos equivocaríamos en pensar que la sustitución del principio de realidad al principio de placer implica la destitución, la revocación, el declive -son palabras que pueden traducir lo que en alemán se dice Absetzung– efectivo del principio del placer. Digo este “efectivo” para traducir el wirklich en la frase -que me parece que no tradujo Strachey-. Esta sustitución permite, al contrario, dice Freud, la preservación, del principio de placer. Se trata aquí de continuidad del principio del placer por el principio de realidad. Lo que se trata de obtener vía el principio del placer y luego vía el principio de realidad es siempre lo que Freud llama Lustgewinn y que lo traducimos con esta expresión de Lacan de «plus de goce» que se revela aquí -podemos decir esta vez para retomar una fórmula de Lacan- imposible de negativizar; y que el principio de realidad no negativiza. Hablaré allí en cortocircuito porque he tomado la palabra más tiempo de lo que estaba previsto.

Si escogemos privilegiar esta perspectiva y no aquella de la llamada prueba de realidad, es entonces demostrar en qué el estado del soñante es indestructible, que el despertar no es sino una ilusión. Despertarse es continuar soñando con los ojos abiertos. En este sentido, en efecto, “nada es sino sueño”. Y el delirio pertenece para Freud a la misma clase de fenómenos psíquicos que el sueño. Esto fue enunciado en el prefacio de la primera edición de la Traumdeutung: “El sueño es el primer evento de una clase de fenómenos psíquicos anormales de los cuales los otros son la fobia histérica, las obsesiones y los delirios”. Bueno, quisiera saber por qué pone las fobias histéricas y las obsesiones en el mismo capítulo. No he reflexionado aún en aquello.

Además, en el capítulo de la Traumdeutung titulado “Relaciones entre los sueños y las enfermedades mentales”, Freud trata en un pie de igualdad al sueño y a la locura. Lo vemos citar a filósofos en apoyo de su tesis. Y como saben, eso no es algo acostumbrado. Habría que hacer una lista de la aparición de filósofos en sus textos. Es algo en extremo raro. Y aquí cita a Kant y luego a Schopenhauer. A Kant en esta frase: “El loco es alguien quien sueña en estado de vigilia”. Es verdaderamente una tesis freudiana. Y Schopenhauer: “El sueño es una breve locura. La locura es un sueño prolongado”. ¿Hay que distinguir severamente al sueño como fenómeno universal de la locura la cual no atañe sino a algunos? El sentido común querría que no se los introduzca en la misma clase. Es, sin embargo, lo propio del psicoanálisis no ver entre los dos sino diferencias cualitativas y no diferencias de naturaleza para retomar aproximadamente los términos, la orientación de Clérambault evocada ayer par François Leguil. Es lo propio del psicoanálisis el poner a estos fenómenos en continuidad mientras que les pertenece a los guardianes de la realidad común discriminarlos y trazar una línea infranqueable entre lo normal y lo patológico.

A pesar del circuito al que me tuve que resolver para no prolongar largamente este discurso de clausura, creo haber propuesto una orientación clara para los trabajos que serán presentados en dos años en nuestro próximo congreso. Disculpas por las faltas del autor.


[1] Notas tomadas del discurso de clausura de la GCVI de la AMP 2022 “La mujer no existe”. Texto no oficial ni revisado por el autor.

[2] N.d.t.: emporte sur le tordu en el original.

[3] Lacan, J., “Obertura de esta recopilación”, in Escritos, tomo 1, México, Siglo XXI, 2009, p. 22.

[4] Lacan, J., El Seminario, libro XXIII, El Sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2017, p. 19.

[5] Ibíd., p. 130.

[6] Freud, S., “Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico”, in Obras completas, tomo XII, Buenos Aires, Amorrotu, 2003.

[7] Freud, S., “La negación”, in Obras completas, tomo XIX, Buenos Aires, Amorrortu, 2003.

¿Por Qué la Guerra? – por Éric Laurent – 2022/04/03

¿POR QUÉ LA GUERRA?

Por Éric Laurent

2022-04-03


¿Por qué la guerra? Freud y Lacan divergen en este punto. En el texto de 1932 que lleva ese título, coescrito por Freud y Einstein, el pacifismo es la posición razonable del hombre civilizado. Cito: “Es por lo que no podemos sino indignarnos contra la guerra. Es en nosotros, pacifistas, una intolerancia constitucional”[1]. Pero Freud concluye su texto con una pregunta, angustiado. Él es pacifista, pero no todos lo son. De ahí su pregunta: “¿Cuánto tiempo tendremos que esperar hasta que los otros también se vuelvan pacifistas?”[2]

Lacan tomaba su distancia con el abordaje científico de un fenómeno real. Lo cito:

“Es loco lo que rechaza la ciencia y que, no obstante, existe, a saber, la guerra. Están allí todos los sabios rompiéndose la cabeza, Warum Krieg? […] Se juntan entre dos, Freud y Einstein. No está a su favor”[3].

Lacan hablaba de la guerra como una dimensión ineliminable del poder. Lo cito: “El poder […] tiene necesidad de una guerra cada veinte años. Esta vez no se ha podido hacerla, pero finalmente va a llegar aun así”[4]. La necesidad de la guerra así reconocida como algo que no cesa da un límite a la biopolítica según Foucault. La paz de los señores políticos no es para todo el mundo. Regularmente un poder -sea capitalista, democrático o sea tiránico- se acuerda del buen recuerdo de sus administrados y desencadena una guerra.

Sobre la guerra y su porqué, Cioran está del mismo lado que Lacan. Guerra y poder son inseparables. En el increíble texto que leemos, Cioran fustiga a la democracia occidental que se deja hacer en Budapest, pero más allá, desarrolla un análisis del poder ruso a través de los siglos en una tonalidad de ciencia ficción. Presenta antes que nada a la Rusia soviética como un imperio eslavo con una forma de poder tiránico que permaneció prácticamente incambiable a través de las formas de la monarquía o de la democracia popular del pueblo. Y, sobre todo, este imperio está investido desde su nacimiento de una misión. Primeramente, católica, volviéndose la tercera Roma. La revolución rusa del ’17 renovó la misión convertida en parir al hombre nuevo, futuro de Europa. Lejos de la perspectiva de la historia y del triunfo anunciado de las democracias occidentales a la Fukuyama, Cioran anuncia lo irreductible de la tiranía y de la sombría fascinación que ejerce sobre los hombres. En una avalancha de oxímoron y de fórmulas sorprendentes, él extrae la oscura claridad del poder absoluto y cuánto está anclado en la subjetividad de cada uno. Como Freud, hace del tirano una posibilidad interna y no una aberración política. Lo cito:

“Iván el terrible, el más fascinante entre ellos, habiendo hecho de su reino y, hasta en cierto modo, de su país un modelo de pesadillo, un prototipo de alucinación viviente e indomable, mezcla de mongoles y de bizantinos, acumulando las cualidades y fallas de un kan y un Basileus, monstruo colérico demoníaco frente a la melancolía sórdida, compartido entre los gustos de los sentidos, tenía la pasión del crimen. Todos nosotros también la tenemos en tanto que somos. Atentado contra los otros o contra nosotros mismos.”[5]

Cioran lee la historia como la repetición de la dimisión del Occidente delante de las amenazas de diversas invasiones y es esa dimisión que nutrió el mesianismo ruso, único frente a las fronteras de la inmensidad de las estepas eurasiáticas. Lo cito:

“Las pretensiones de Rusia de pasar de la primacía vaga a la hegemonía caracterizada tienen un fundamento. ¿Qué hubiera ocurrido con el mundo occidental si Rusia no hubiese detenido y absorbido la invasión mongólica? Durante más de dos siglos de humillaciones y de esclavitud fue excluida de la historia, mientras que en el Oeste las naciones se daban el lujo de destrozarse mutuamente.”[6]

En efecto, mientras que los mongoles hacían estragos en las estepas, en China y el medio oriente, el cristianismo occidental atacó a Bizancio, la debilitó y luego la abandonó después de su caída. El mesianismo ruso retomó la ortodoxia. El marxismo renovó la misión, pero sin alterar la necesidad -cito a Cioran-: “Al divinizar la historia para desacreditar a Dios, el marxismo solo ha conseguido volver a Dios más extraño y obsesionante. Todo se puede sofocar en el hombre, salvo la necesidad de absoluto […]”[7]. La convicción en Cioran de la potencia de lo absoluto hace que anuncie que en la medida del ascenso de su poder política Rusia se desviará del marxismo para regresar a la religión. Ahí realmente hay un costado de ciencia ficción. Lo cito:

“Mientras más fuerte se haga, más conciencia adquirirá de sus raíces, de las que, en cierta forma, el marxismo la habrá alejado; después de una cura forzada de universalismo, se rusificará de nuevo en provecho de la ortodoxia. Además, habrá marcado de tal manera al marxismo, que éste se hallará eslavizado […] ¿Acaso no es revelador que la Revolución, salida en línea directa de las teorías occidentalistas, se haya orientado cada vez más hacia las ideas de los eslavófilos?”[8]

Subrayemos que la ideología eslavófila respondió al desprecio nazi por los eslavos y nutrió la fuerza de resistencia rusa en Stalingrado que terminó rompiendo la máquina de guerra enemiga.

Cuando nosotros, los occidentales, vemos combatir a los ucranianos con una fuerza y una vitalidad ejemplar, el texto de Cioran nos aclara acerca del poder de los pueblos sometidos en el seno del imperio, de nuevo ahí de manera original. Lo cito: “Rusia está condenada a la ascensión. Sin embargo, ¿no se arriesga, a fuerza de subir, desbocada como está, a perder el equilibrio, a estallar y a arruinarse?”. Y allí discierne en el Este la vitalidad de las naciones sometidas que aún no han dicho su última palabra. Lo cito:

“[…] algunas, como Polonia o Hungría, tuvieron en la historia un papel nada deleznable; otras, como Yugoslavia, Bulgaria y Rumania, habiendo vivido en la sombra, no conocieron más que sobresaltos sin mañana […] Maltratadas, desheredadas, precipitadas a un martirio anónimo, descuartizadas entre el desamparo y la sedición, quizá conocerán en el futuro una compensación a tantos infortunios, humillaciones e incluso cobardías […] Los pueblos que podrían sublevarse -no tendría dudas- son aquellos que acabo de mencionar.”[9]

Y luego añade incluso a los Balcanes a pesar de la mala reputación del nacionalismo serbio y la aventura fascista rumana.

El acento puesto por Cioran acerca de la necesidad de los imperios y su examen del imperio eslavo completan lo que otro ruso, Kojève, había enseñado acerca de la necesidad de los imperios. Solicitado en 1945 por asuntos extranjeros, Kojève en un texto que permaneció inédito durante mucho tiempo describe el avenir supranacional de Europa de la posguerra bajo la forma política del imperio. La burocracia ordoliberal no había ganado aún la partida. Cito a Kojève:

“El Estado moderno, la realidad política actual exige bases mayores que aquellas que representan las naciones propiamente dichas. Para ser políticamente viable, el Estado moderno debe basarse en una vasta unión imperial de naciones semejantes. El Estado moderno no es verdaderamente un Estado sino si es un imperio.”

Kojève considera que al menos tres deben emerger: el imperio estadounidense o anglosajón, el imperio eslavo-soviético y propone que en Europa se haga un imperio latino. Los imperios están ligados por lo que llama un “parentesco entre naciones”. Entiende por ello a un lazo de civilización. Lo cito: “El parentesco de naciones es primero y antes que nada un parentesco de lenguaje, de civilización, de mentalidad general y ese parentesco entre ellos se traduce por el parentesco de la religión.”

Kojève dibuja entonces una línea de separación entre el mundo anglosajón, protestante, con inclusión rápida de Alemania en el conjunto, el mundo ortodoxo eslavo y el catolicismo latino. El catolicismo de Kojève no se define por el dogma. Es igual de extraño que la ortodoxia, según Cioran. De manera irónica, Kojève opone a los protestantes que trabajan a los católicos que saben desarrollar el encanto del ocio, en herencia de los romanos. Kojève se desvía aquí en beneficio de su perspectiva el lazo entre protestantismo y capitalismo establecido por Max Weber en su Ética protestante y el espíritu del capitalismo.

En su texto del ’45, Kojève dice pocas cosas sobre el imperio eslavo-soviético. Es sin duda su stalinismo soñado que le impidió decir más acerca del modo de gozar particular que el imperio de Gulag iba a actualizar. En este sentido, el texto mesiánico de Cioran añade un complemento indispensable a Kojève. La descripción del mesianismo ruso no fue posible para Cioran sino después de una maduración subjetiva extraordinaria. Él, quien fue admirador de Hitler, va a convertirse en el portador de otra revelación: “Las democracias no podrán afrontar al imperio sino únicamente levantándose para combatir. La libertad en sí misma no es suficiente, dejada a sí mismos es un virus debilitante”.

Philippe Sollers observó precisamente -lo cito-: “Cioran era mesiánico y va a permanecer así de manera invertida en la desesperanza. Y la mutación no fue posible sino por su conversión a la lengua francesa”. Sollers encuentra los oxímoros para nombrar esa mutación -lo cito-: “no queriendo ser ya los cómplices de sea quien fuere. Se vuelven un integrista del escepticismo, un terrorista del todo, un devoto de la amargura, fanático de la nada”. Y de esto, Cioran supo extraer una visión que nos habla hoy y nos quema.


*Intervención en la plenaria «Por Ucrania» durante la Gran Conversación Virtual de la AMP 2022 «La mujer no existe». 2022-04-03.

[1] Freud, S., “¿Por qué la guerra?”, in Obras completas, tomo XXII, Buenos Aires, Amorrortu, 2003, p. 198.

[2] Ídem.

[3] Lacan, J., El Seminario, libro XXI, Les Non-Dupes Errent. Clase del 1973-XI-02. Inédito.

[4] Lacan, J., El Seminario, libro XVI, De un Otro al otro, Buenos Aires, Paidós, 2017, p. 221.

[5] Cioran, E., Historia y utopía, 1960.

[6] Ídem.

[7] Ídem.

[8] Ídem.

[9] Ídem.

Lacan, el Amor de la Feminidad – por Éric Laurent – 2022/03/31

LACAN, EL AMOR DE LA FEMINIDAD

Por Éric Laurent

2022-03-31


Jorge Chamorro:

Muchas gracias, Marco. Muy claro. Una ubicación. El método es claro y el punto crucial, a mi entender, es el enigma. Pero el enigma no está al principio, estaba. Y la frase que ilumina esto es que el enigma aflora en el discurso freudiano. El enigma que exige respuestas se suma a la dificultad de la niña de dejar por cerrado el Edipo, de superarlo. En este punto vamos a encontrar la puerta abierta a Lⱥ mujer no existe: enigma, puerta, fin del Edipo que no se termina y allí encontraremos a Lⱥ mujer que no existe. En este punto, Éric Laurent va a desarrollar las exigencias del enigma -de tener una respuesta-.

Éric Laurent:

Sí. La feminidad tomada en el sentido de lo que compete del objeto femenino es lo que hace obstáculo a todo Zeitgeist, a todo espíritu de la época. Éste culmina en una descripción de la mujer. No puede sino decirla bajo una forma que siempre escapa, huye, siempre desbordada por su objeto, ella retorna en difamaciones -lo que Lacan escribe dit-femmer-. La feminidad objeta a los espíritus según las épocas, cada vez de una manera particular. La feminidad que tenía que ver con la época Freud era aquella de la Reina Victoria quien supo encarnarla definiendo su época y el final del largo siglo XIX como era victoriana. El régimen de goce que se establecía bajo ese estandarte era una mezcla de prohibiciones, de idealizaciones, de desconocimientos que iban a producir la insurrección freudiana fundada bajo un desciframiento radicalmente nuevo de la feminidad -que resaltó Marco Focchi-.

La época de Lacan viene en ruptura con la era victoriana. La emancipación de las mujeres que permitió la carnicería de la Gran Guerra abre una nueva era, da lugar a una figura nueva de la feminidad, un séquito denominado la marimacha, la sufragante, como tantas facetas del objeto que desquiciaban a los amores nuevos. Cuando Lacan llega a la edad de hombre, es contemporáneo a la vez de las provocaciones vitales de los dada, del amor loco de los surrealistas, de la experiencia anterior de Georges Bataille o de la locura magnífica de Zelda. La originalidad de Lacan era de no ceder a ninguna idealización. Es fiel a la actitud que define en su “Carta a mi padre” que Lacan redivivus aportó a nuestro conocimiento: “Mi personalidad consiste en esto, en que me rechazo el dejarme atiborrar el cráneo. Siguiendo el método científico, miro primero lo que son los fenómenos y luego veo a qué leyes obedecen y entonces puedo soñar con modificarlos si tal es mi interés”[1]. Lacan examina no las idealizaciones del amor loco, sino el funcionamiento preciso de la locura femenina en acto. Esa será su tesis de psiquiatría la que lo conducirá hacia el psicoanálisis, pero también hacia su propio psicoanálisis.

En el texto publicado en 1966 bajo el título “Nuestros antecedentes”, Lacan refiere su entrada al psicoanálisis en relación con la actualización -cita-: “de un método de exhaustividad clínica, del cual nuestra tesis de medicina constituye el ensayo”[2]. El mecanicismo psiquiátrico de Clérambault, asumido como fidelidad a la envoltura formal del síntoma, la lucha contra la supuesta estabilización del yo y el método de exhaustividad lógica constituyen los elementos de una configuración de entrada en el psicoanálisis. Es propicia para una confrontación contra los prejuicios postfreudianos y traza la vía de renovación que Lacan iba a abrir.

Con la tesis sobre Aimée, es de la pasión femenina de la cual Lacan quiere encontrar la clave. Aimée, ese misterio de la pulsión de muerte en las mujeres y su pasaje al acto. Decididamente, Lacan se adentró en la zona donde ella quería golpear al hombre y su objeto de enamoramiento loco. Aimée anuncia la lectura que Lacan hará del caso de las hermanas Papin, de Medea, de Antígona, de Madeleine Gide, de las tragedias de Claudel del Imperio de los sentidos y los místicos. En su valorización de los gestos de la verdadera mujer que cada vez transgrede los límites apuntando a lo que el hombre tiene de más precioso, Lacan hace valer el más-allá de la rivalidad fálica del Penisneid. Ella no golpea al hombre sino para alcanzar mejor y agujerear el horizonte de la época y de su discurso. Lacan no es un místico del goce femenino, sino un descifrador apasionado de la posición femenina de la sexuación de la cual terminará dando el matema, abriendo así el acceso de lo que era un problema crucial para el psicoanálisis.

En su “Cuestionamiento del psicoanalista” de 1963, texto capital al cual Lacan redivivus nos ha dado acceso, Lacan subraya a la vez la manera en que Freud cerró en su análisis el acceso al desciframiento del goce en su fantasma y el problema crucial para el psicoanálisis que dejó baldío. Cito a Lacan:

“En su Traumdeutung, vemos les pliegues que teje con los tules del vestido de su voluntad de potencia, dejando vacío el lugar donde se sostiene el deseo que rasga es sostén. Nosotros no sabemos nada, una existencia marcada por un amor conyugal impecable.”, antes que llamarlo serio -como Ernest Jones-. “Es mejor saber que ella conlleva un gesto magistral que Freud nos da a cambio[3], aquel del fantasma fundamental cuyo rol para nosotros es interrogado”. Reformulando esta interrogación sobre el deseo de Freud 6 meses más tarde en el Seminario XI, Lacan añade: “Diremos que Freud tenía madera para ser un magnífico idealista apasionado, si no se hubiese dedicado al otro, bajo la forma de la histérica”[4]. Idealista apasionado de la causa femenina -he ahí el adjetivo, ciertamente único- del cual Lacan desea separarse para interrogar el goce que aparece como partenaire del sujeto histérico, pero en tanto que se rehúsa a él.

Freud, cerrando la puerta al único acceso que permite al goce el fantasma, deja vacío el lugar del resultado de sus interrogaciones. Lacan lo subraya: “Habría que partir de un balance de lo que el psicoanálisis ha sostenido desde que Freud se dedicó. El resultado es manifiesto. El vacío enorme que se marca sobre el goce femenino, por ejemplo, lo mismo en el terreno de la descripción psicológica que permanece intacto”.

Para encontrar el camino hacia el goce femenino como tal, Lacan va primeramente la dialéctica de la castración deshaciendo la evidencia del lazo del goce fálico con el órgano peniano. Retoma todo el capítulo de las querellas que han atravesado el movimiento analítico después de Freud sobre la cuestión fálica, donde se han afrontado los feminismos diversos de Karen Horney, Helene Deutsch y el lugarteniente de la ortodoxia, Ernest Jones. Lacan reformula esa dialéctica en 1958 en “La significación del falo”. Se apoya dándole una dimensión desconocida para el autor sobre la equivalencia que Otto Fenichel había extraído: girl = phallus. Lacan lo dice de manera meritoria, aunque titubeante. La cuestión no es solamente de la falta de tener fálico del lado femenino, sino del juego así abierto entre tener y ser. “Quien lo es, no lo tiene”. Cita: “Es precisamente en tanto que ella no tiene el falo que la mujer puede tomar el valor de éste. Recuérdese en la juventud, la mujer es concebida como aquello del cual el hombre está privado”. Así se cava la distancia entre el goce y el órgano y se disipa la falsa evidencia de la libido. Aquella que está privada puede gozar de la privación en sí. El cuerpo de una mujer se vuelve entonces el lugar de la metáfora de mi goce o del goce como metáfora. Una vez deshecho el lazo entre el órgano peniano y el goce se puede establecer la categoría del goce como tal que va a englobar el goce de los objetos parciales -como testimonia el fantasma- y el goce fálico. Estos diversos objetos encuentran una formulación en el matema del objeto a. El falo no es un objeto parcial más, sino que es aquel que permite una metáfora del goce fantasmático en el objeto femenino del que se hace el depósito. Este goce que pasa del fantasma e incluyendo el objeto parcial a el objeto sexual, Lacan lo designará como goce absoluto, o goce como tal, que sobrepasan las diferentes calificaciones anteriores del goce. Lacan aísla el hilo rojo del goce entre las diferentes formulaciones de Freud, pero es para desentrañar mejor la particularidad del goce que no tiene localización orgánica. Mientras que, fiándose del órgano peniano, el hombre cree tener la clave de lo que piensa dar y de sus fantasmas oblativos. El goce como tal, distinto del goce fálico, fue descubierto por Freud del lado de la histérico que, hombre o mujer, hace del goce lo que se rehúsa a él o ella y lo deja insatisfecho o insatisfecha. Si el sujeto histérico permite plantear lógicamente la cuestión del goce, el ordenamiento no podrá desplegarse sino a partir del sujeto femenino y no del sujeto histérico. El goce femenino se vuelve el goce como tal, esa que hace acontecimiento de cuerpo y no acontecimiento de órgano -como lo dice Jacques-Alain Miller en su texto de Juliette de 2019-.

Para precisar la lógica del goce es necesario para Lacan crear una lógica formal, que vaya más allá de la lógica fálica. Está será fundada en el empleo de la letra, ésta que inscribe el goce como metáfora precisando su aspecto feminizante. Este aparto nuevo de letras permite a Lacan reformular 16 años después el lazo de la letra y de la posición femenina que encarnaba la reina en la ficción de Edgar Poe. La carta robada es dirigida a la reina en medio de la corte, es decir, en medio del orden del Estado -el que garantiza la relación sexual legítimo-. Esta Corte real es un contrapelo del mito de la horda primitiva de “Tótem y tabú” en la que el padre primitivo goza de todas las mujeres. En la Corte está el rey. El rey no tiene acceso a todas, sino a ciertas, en plural. Sin embargo, lo que viene a añadirse al goce distribuido según el orden patriarcal, el goce suplementario es aquel que es poseído por la reina. La irrupción de la letra, lo que ésta viene a anotar es un goce disimétrico en relación con el goce patriarcal. La letra roba viene a inscribir lo que no puede encontrar su lugar en la distribución significante. Ésta se convierte en la huella de lo que no puede escribirse, se convierte en el “signo” de la mujer como una posición de exclusión interna, de extimidad, -cita-: “en él hace ella valer su ser, fundándolo fuera de la ley, que la contiene siempre, debido al efecto de los orígenes, en posición de significante, e incluso de fetiche”[5]. Lacan pasa entonces de la Bedeutung des Phallus a La carta robada, de la dialéctica fálica al goce absoluto, aquel que no se puede inscribir en la relación sexual. El orden de la letra anota en lógica el lugar de lo que no se puede escribir y que, por lo tanto, connota lo imposible. La escritura permite situar la Bedeutung alrededor de un agujero central que permite todas las metáforas de los semblantes y los deslizamientos metonímicos del goce como aquello que permanece: el plus de goce. Lacan hace de la decepción fálica en el horizonte de la perspectiva freudiana -esa decepción que había bautizado como «roca de la castración»- un error de perspectiva donde el imposible de la inscripción de la relación sexual fue reducido a la impotencia del semblante fálico para inscribir lo que se le escapa.

Para llegar a dar forma al goce así planteado, es necesario, al igual de la ciencia, abandonar a todo recurso a la intuición para apoyarse en un cierto tipo de inscriptible. (Le digo al traductor que voy a saltarme el siguiente párrafo.)

Un nuevo amor por la feminidad

Amar la feminidad implica no abordarla por una definición, una descripción, sino suponerle un saber. El nuevo amor por la feminidad al que Lacan nos lleva consiste en convencernos en que, en cuanto escuchamos hablar de goce, es necesario deshacernos de la intuición de la forma de los cuerpos para retener únicamente la inscripción de la letra de goce sobre el cuerpo. Este nuevo amor por la feminidad que incita al amor por la letra se basa en un esfuerzo de lógica formal que se inscribe en la historia de los discursos que han marcado los lazos del amor y del saber, uno propiamente llevado al esfuerzo de sublimación.

Leyendo El banquete de Platón, Lacan definió una metáfora del amor que dio una forma nueva al camino que Platón trazó a partir del interés erótico por los bellos jóvenes a lo bello como tal y así al estudio de las matemáticas. Pero la metáfora del amor entre erastés y erómenos permanece del lado hombre. Éste se mantiene a distancia de la feminidad. Es el meollo del lugar de Diotima en El banquete. Lacan habla completamente de otra manera del esfuerzo de Aristóteles. Considera que la lógica formal inventada por Aristóteles estaba ligada a su deseo de nombrar el goce femenino identificado por él a aquel de la histérica en su relación al todo. El todo-hombre de los silogismos hace eco al todo-hombre que funda la lógica histérica. El todo -el pan -está en el centro de esta lógica que precede a los portaherramientas de la ciencia. Cito a Lacan: “Esa payasada [pan-talonnade] de la primera gran lógica formal está ligada esencialmente a la idea que Aristóteles se hacía de la mujer, lo que pone más bien a las mujeres de su época en un muy buen rango y al menos a ser estimulantes para los hombres”. De manera sorprendente, Lacan sitúa a Aristóteles en una perspectiva de un nuevo amor por la feminidad, la feminidad histérica. Éste precede a aquel de Freud, contemporáneo de la renovación de la lógica. Es la ocasión para recordar que Freud no solo siguió los cursos de física de Holtz. También siguió los cursos de lógica filosófica de Brentano. Estos son los que le permitieron poner en el corazón del inconsciente la diferencia entre juicio de existencia y juicio de atribución.

Las mujeres de nuestra época son tan estimulantes como las de Aristóteles, pero de otra manera. La conexión entre la feminidad y la aventura de la lógica de nuestro tiempo que interroga radicalmente la noción de existencia se hace por el esfuerzo del sistema formal de Lacan. La importancia de la existencia lógica, distinta de las evidencias fenomenológicas fue extraída por Jacques-Alain Miller en su curso El Uno completamente solo. Es en el centro de la existencia del goce femenino y de un nuevo amor por la feminidad. Solo la representación literal del goce da cuenta de la experiencia de nuestro Zeitgeist que desemboca en la renovación de todos los semblantes por donde viene a nombrarse La mujer que no existe. La mujer no puede reducirse tampoco en la civilización de la ciencia -como el hombre- a la mujer sin cualidades, aquellas que se pudiera reducir por la cuantificación. Hay entonces mujeres que existen sin poder reducirse a una comunidad feminista o a otra. Ellas se escabullen de los semblantes y provocan a la escritura. Es lo que hace la estimulación de las mujeres en la experiencia de la época. Ellas incitan a despertarnos a las manifestaciones nuevas del no-todo que marcan el adiós al patriarcado. Esto, sin reducirse al yugo de la inscripción en una igualdad de condición anhelada por la justicia distributiva -perspectiva woke-.

Es así como se aclara el problema que planteábamos en el inicio de este texto. La feminidad hace obstáculo a los dichos del Zeitgeist, pero gracias al aparato lógico de los matemas de Lacan, el problema se desplaza y encuentra su resolución. Por este aparato, el goce femenino logra escribirse a condición de renunciar a toda intuición para contentarse de señalar la manera en la cual encuentra el discurso de la época. Por este nuevo amor de la feminidad, somos convidados a un despertar de la letra y a la primavera del goce.


*Discurso presentado en la Gran Conversación Internacional Virtual de la AMP 2022 “La mujer no existe”. Texto no oficial ni revisado por su autor. 2022-03-31

[1] Cfr. Lacan Hispano – por Jacques-Alain Miller – 2021/12/17 – PSICOANÁLISIS LACANIANO (psicoanalisislacaniano.com)

[2] Lacan, J., “De nuestros antecedentes”, in Escritos, tomo 1, México, Siglo XXI Editores, 2009, p. 73.

[3] N.d.t.: Freud nous fait monnaie en el original.

[4] Lacan, J., El Seminario, libro XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 2017, p. 35.

[5] Lacan, J., “El seminario de la carta robada”, in Escritos, tomo 1, México, Siglo XXI Editores, 2009, p. 42.

La Diferencia Autística – por Jean-Claude Maleval – 2022/03/21

LA DIFERENCIA AUTÍSTICA[1]

Por Jean-Claude Maleval

2022-03-21


Hervé Castanet:

Buenas noches. Estoy contento de acogerlos para este encuentro organizado alrededor del libro, del gran libro, del libro muy importante de Jean-Claude Maleval que se llama “La diferencia autística” que todos conocen ya en la colección Arguments psychanalytiques que fue publicado en la Presse Universitaire de Vincennes. Esto recordará a la joven generación evidentemente que París VIII-Saint-Denis solo existe porque Vincennes fue destruida como dispositivo espacial.

Jean-Claude escribe desde hace varios años acerca del autismo una serie de obras publicadas que dan cuenta de su trabajo, de sus intervenciones, etc., y hoy La diferencia autística viene a agrupar sus investigaciones, sus trabajos y sus tesis que despliega en relación con esto. Tienen la particularidad de ser tesis fuertes, tesis construidas y argumentas, las que llamamos en epistemología «tesis duras», una epistemología dura y no términos aproximativos empleados en diferentes campos y que no sirven sino a alimentar a los peces. Entonces, van a escuchar las tesis que va a desplegar y que son operadores clínicos para orientarse en la clínica con los autistas. Y responde que lo esencial es cómo tratamos el autismo.

Este libro tiene un prefacio que es también importante de Jacques-Alain Miller. En este prefacio, en la página 11, encontramos esta fórmula que ha permanecido porque luego Éric Laurent la retomó en el encuentro del CERA que tuvo lugar hace poco, a saber, la expresión «magnum opus», una obra capital, una obra importante. Por otro lado, este prefacio de Miller que es la vez postfacio, comienza así: “Si leo a Maleval es para instruirme”. Encuentro que es una fórmula que puede hablar a cada uno ya que si Jean-Claude Maleval puede instruir a Jacques-Alain Miller acerca del autismo y los conceptos que utiliza en referencia a Lacan, etc., evidentemente lo va a hacer para todos aquellos que lo vayan a leer.

Entonces, en este encuentro se organizó que Jean-Claude va a hacer una presentación de su trabajo y las tesis que articulan su investigación y sobre el término que emplea, el de «diferencia», que es un término de nuestra época que hace referencia al sujeto de derecho y de la salida del autismo de una terminología despreciativa. Este término tiene un campo semántico mucho más fuerte que en referencia simplemente al sujeto de derecho ya que se introduce en la clasificación en términos de estructura. Luego, habrá una discusión con Nicole Guey y yo mismo quienes plantearemos preguntas a Jean-Claude y trataremos de que sea verdaderamente una discusión, una conversacion para poner en primer plano su trabajo. No estamos aquí para rivalizar o plantear preguntas contrarias, sino para tirar los hilos que serán útiles a todos los que han asistido. Luego habrá un tiempo para todos aquellos quienes quisieran plantear preguntas. Es una discusión abierta. Veo a personas de la Escuela quienes podrían intervenir si lo desean y que pueden aclarar el uso de los conceptos, pero la discusión puede ir más allá si es necesario.

Entonces, Jean-Claude, te agradezco vivamente por tu venida en cierta manera, aunque sea virtual, a Marseille. Te paso la palabra.

Jean-Claude Maleval:

Agradezco primeramente por esta invitación a hablar de mi trabajo. Cuando abordamos los abundantes datos clínicos que se disponen del autismo, uno se encuentra en presencia de elementos dispersos que nada parece organizar. De ahí la conclusión más expandida de que todo eso no tiene sentido ni lógica. La prueba de ello es que se trata de un disfuncionamiento de los genes y del cerebro.

La hipótesis psicoanalítica es más bien que la sintomatología tan diversa del autismo responde a un psiquismo en movimiento y que existe una lógica que permite esclarecer los datos clínicos. En cuanto a la causalidad, para hacer eco a la discusión inicial, no me pronuncio en lo absoluto acerca de la causalidad del autismo porque no hay nada sólidamente establecido en ese dominio, ni del lado de la genética, ni del lado de la psicogénesis. Lo más probable es que haya una intrincación de los dos.

En La diferencia autística, trato de dar una consistencia nueva a esta hipótesis de la existencia de una lógica en el psiquismo del autismo apoyándome en nociones tan esenciales que han sido extraídas por algunos autores capitales que han abordado la cuestión del autismo. La primera noción que me ha permitido poner en serie todas las otras -noción que no inventé y que es capital- es la de “retorno del goce sobre el borde” que introdujo Éric Laurent en los años ’90. Durante un largo tiempo me pregunté de dónde viene ese retorno. No se ha precisado tanto. De hecho, me parece que se puede decir que hace retorno sobre el borde porque es evacuado del cuerpo. Hay un congelamiento de los afectos y una contención de lo viviente[2]. El sujeto autista en formas severas se presenta sin volición, sin iniciativa, salvo ciertas excepciones cuando se atacan a sus defensas, pero en general tienen poca iniciativa. Las emociones, como en el caso de Joey -el niño máquina de Bettelheim-, no se ven. Entonces, hay pocas de esas emociones, pero se cortan de lo que experimentan en sus cuerpos -de ahí es que tienen dificultades en comprenderlas-. Se cortan proyectando lo que se trata de su goce en el borde.

El ejemplo más simple de esto, del hecho de que su “centro vital” -si podemos decir- está situado en su borde y no en su cuerpo es de los niños autistas que toman a un adulto -en el que confían- por la mano para hacerles hacer un gesto que ellos mismo podrían hacer solos. Pero ¿por qué no lo hacen? Porque tienen la idea sobre todo de que -Bettelheim comentó esto-, si no hace el gesto, no será responsable del gesto. Hay una defensa en marcha sobre el hecho de situar su centro vital sobre un borde. Algunos dicen que su manera es a través de una máquina. Muchos autistas se apoyan en un artefacto que les permite hablar. Entonces, su centro vital es su primera aproximación del borde.

Este borde no es un caparazón como se ha creído durante mucho tiempo, como lo creía Tustin. El autista no es tan solitario como eso. Muchos estudios muestran que ellos se interesan en los otros, pero con un sesgo indirecto. Aprenden mucho examinando a los otros, pero el contacto directo les es muy desagradable. Entonces, la imagen del borde -más que la imagen de un caparazón- es la imagen que utiliza Kanner. Decía que los autistas desarrollan pseudópodos. Un pseudópodo es algo que parte de sí, que va al mundo exterior permitiéndole al mismo tiempo protegerse detrás de este objeto. Entonces, el borde es un concepto que introduce Éric Laurent y que es absolutamente capital -a mi modo de ver- para abordar el autismo porque es allí donde se localiza el goce, no solamente se localiza el goce, también es el lugar donde se lo va a regular.

Entonces, es necesaria una extracción de goce. No todos los autistas tienen un borde. Una extracción de goce es necesaria. No estamos en la parte inferior del espectro. En el nivel de los autistas de Kanner para que haya esa extracción de goce que se localiza en un borde y el borde puede ser un objeto -objeto concreto o imaginario-. Diría que para mí ese objeto es el objeto a que se lo guarda en mano, es decir que hay una extracción, pero no hay una separación. La pérdida está esbozada, pero no está lograda. Entonces, en la medida que puede dominar su goce, eso es algo tranquilizador para el autista.

El segundo punto que quería desarrollar es uno -me parece- que es algo problemático. Es una indicación capital que nos dio Lacan y Lacan nos dio pocas indicaciones sobre la estructura del autismo: 2 o 3. Nos dice: “Hay algo que se congela en el autista”. Nos dice eso en la “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”. No precisa muy bien qué es lo que se congela, pero en el Seminario I -cuando comenta el caso Dick de Mélanie Klein, que es un caso de autismo- dice que algo está coagulado[3] y ahí es más preciso -congelamiento y coagulado están muy próximos-: lo que está coagulado es una simbolización anticipada. Cuando no se tenía la noción de S1 en el Seminario I, creo que era una buena manera de aprehender el S1. Eso anticipa la simbolización del S2. Es una primera simbolización, primera mortificación del goce -el S1-. Pienso que hay un congelamiento del S1 en tanto que significante-amo en el funcionamiento autístico. Lacan dice también que hay un sujeto allí y que no responde. Entonces, plantea la existencia de un sujeto. La existencia del S1 y del sujeto son indisociables ya que en Aún considera que el S1 es el signo del sujeto.

Entonces, ese S1 -a mi modo de ver- es proyectado en el borde. Es el borde que contiene[4] el goce del sujeto. El ejemplo más simple es Joey, el niño-máquina, que debe conectarse a su máquina para tener electricidad. Cuando se desconecta, él se deja caer. Vemos ahí bien que su energía, su dinámica le viene de su máquina. Es su ilusión, pero eso funciona para él.

En cuanto al hecho de que el borde puede interpretar el goce del sujeto, la mayoría de los autistas dicen que tienen emociones, pero que no las comprenden, que experimentan cosas en el cuerpo, pero que no logran interpretarlas. Y algunos piden que se las interpreten en su lugar. Un niño pide a su terapeuta: “Dime lo que siento”. Sobre todo, le dice: “Decide por mí. Que tú decidas me reconforta”. Es lo mismo de eso de tomar la mano del otro. Es el lugar en dónde el goce es contenido e interpretado. Eso va de la mano con lo que Donna Williams insistía mucho, que lo fundador en el autismo es un trabajo para cortarse de sus afectos y sus emociones. Ella dice que contrariamente a la esquizofrenia, el esquizofrénico lucha contra la disociación -es la idea de ella-, el autista hace un trabajo de corte del cuerpo en relación con los afectos y hay un intelecto separado de los afectos en el autista y el goce que es proyectado en el borde.

Entonces, primera noción: el retorno del goce sobre el borde; segunda: el congelamiento del S1 proyectado en un borde. Tercera noción, una que tomo de Asperger. Es una que no se toma a menudo. Es la noción de hipertrofia compensatoria. A menudo, la noción que va a venir más bien en el abordaje del autista es la inmovibilidad. Es un sujeto inmutable. Tiene conductas de inmovilidad. Tiene rutinas. Es verdad, pero no pienso que sea eso lo que permite comprender al autismo. Es una función de apaciguamiento porque el autista busca reglas. Lo encuentra en esas reglas inmutables, pero eso trata más bien su condición de goce -desde mi visión-. Entonces, el autista es un sujeto al trabajo. Asperger dice que tiene una hipertrofia compensatoria. Kanner nos dice que es un sujeto que hace progresos, que hace esfuerzos para reunirse con el mundo, pero Kanner los vio duramente menos tiempo que Asperger; los vio 3 o 4 años a esos primeros autistas -hablo de su primer artículo-. En el primer artículo de Asperger, éstos tenían unos 10 años. Eso le permitió darse cuenta de esta noción de hipertrofia compensatoria, de sujetos que están verdaderamente al trabajo para compensar sus dificultades.

Un ejemplo de hipertrofia compensatoria puede ser en el trabajo de borde. Una vez más, Joey -el niño-máquina de Bettelheim- construye primeramente una máquina en cartón que le sirve para proporcionarle electricidad. Después, esto evoluciona. Hay todo un trabajo. Luego construye un papoose[5] eléctrico -un niño indio- que imagina encerrado en una caja de cristal. Es un doble también de sí mismo. Luego abandona la máquina, abandona el papoose eléctrico y encuentra a un niño para construirse, Kenrad -un niño de la institución-, que toma como doble, que va a tomar como modelo para él -Kenrad, el maloso-. Luego, Kenrad se va y Joey se apoya en Mitchell quien es más bien la buena. Luego abandona a Mitchell e inventa a Valvus. Valvus es un compañero imaginario. Hay varios autistas que inventan compañeros imaginarios -otra forma de borde-. Luego, ha evolucionado mucho y parte de su estancia con Bettelheim. Se convierte en un electricista. Hace un oficio ligado a su interés específico que estaba relacionado con la máquina a la cual se interesaba mucho. Luego cuando regresa 3 años después con Bettelheim, ha construido una máquina pesada que es un alternador eléctrico. Así, se ve que hay toda una evolución con una creatividad alrededor del borde.

Entonces, una hipertrofia compensatoria es la tercera noción que me parece capital.

Cuarta noción es la que debemos a Lorna Wing, la noción de espectro del autismo que introduce en 2001, que fue adoptado por el DSM-5 en el 2015. Fue adoptado porque un cambio de perspectiva radical en los años ’90 en cuanto al abordaje del autismo; cambio de perspectiva en relación con la película Rain man -una película de 1988- que mostraba una imagen muy novedosa del autismo. El problema de Rain man es que su modelo no es un autista. Era un sujeto con dificultades neurológicas graves, pero era un modelo compuesto -bueno, poco importa-, pero se dijo que era un autista. En los años ’90, la aparición de la obra de Donna Williams y la de Temple Grandin modificaron nuestra óptica de lo que podía ser el autismo. Ya no era una patología gravísima, sino personas que son capaces de ser universitarias, como Grandin. Luego en los ’90 se tradujo la obra de Asperger. El artículo de Asperger antes era casi completamente desconocido. Estaba en alemán y fue necesario que se traduzca al inglés para que de golpe se interesaran por él y que Lorna Wing -quien tenía una niña autista- se dé cuenta de que es extremadamente frecuente que los autistas de Kanner se vuelvan autistas de Asperger. Está ahí el núcleo de la idea de espectro del autismo.

Lo que es interesante es que Lorna Wing no conocía en el 2001 el devenir de Donald Triplett. Donald Triplett es el primer caso de Kanner de su artículo del ’43. Se descubrió entre el 2005-2008 en lo que se había convertido. Pasó toda su vida como un cajero en un banco. Ahí también hizo un oficio de su interés específico porque los números eran su interés específico. Luego se jubiló. Era totalmente autónomo. Tenía su casa, su carro y dos pasiones: el golf y los viajes. Lo que es sorprendente es que se tiene la idea de que el autista es un sujeto inmutable, pero a él le apasiona viajar. Él organiza sus viajes por sí mismo, lo que no va en el sentido de la inmutabilidad.

Entonces, hay un espectro del autismo. A ese espectro lo sitúo rápidamente en cuatro etapas -que son una orientación simplemente-:

Los prekannerianos: los sujetos más severos quienes, en general no tienen borde. Por ende, el goce está más bien en el cuerpo. Es difícil diferenciarlos de los esquizofrénicos, en general.

Los kannerianos: los sujetos con una inteligencia y que tienen un borde autístico y a menudo un doble.

Los Asperger: cuyo borde está a menudo encarnado por el interés específico.

Los autistas de alto nivel: hay discusiones acerca de si hay que distinguirlos de los autistas Asperger. Digo esto netamente. Por un rasgo simple, los autistas de alto nivel son sujetos capaces de independencia, mientras que los Asperger son capaces de autonomía, pero no de independencia. La independencia es la capacidad de plantear un acto sin el sostén de quienquiera que sea. Daré ejemplos después.

Muchos psicoanalistas impugnan la existencia del espectro autista. Hay una razón válida para impugnarla: que es un comodín[6]; que es un comodín en el que se ha agrupado las psicosis infantiles. Por ende, es demasiado amplio, pero al mismo tiempo es una idea interesante que yo sostengo a condición de reservarla estrictamente a los autistas.

En la IPA se impugna al espectro y se considera que los autistas de alto nivel no son ya autistas, sino “personalidades post-autísticas”. Eso planteó problemas recientemente en una obra que se publicó con Patrick Landman que se llama Lo que los psicoanalistas aportan a las personas autistas. En esta obra había un artículo muy interesante sobre un autista y Landman con Ribas -miembro de la IPA- escribieron en la página de guarda que los autistas de alto nivel ya no eran autistas. Esa era la idea. Esto escandalizó mucho a ciertos autistas. Entonces, efectivamente ¿con qué derecho se va a decir a los autistas que ya no son autistas? ¿A partir de qué saber se les podría decir eso? Me parece que no es justificable. Más bien habría que escuchar lo que dicen y los autistas de alto nivel nos dicen: “Siempre seré autista”. Si se les pregunta por qué responden que porque saben de dónde vienen, cómo llegaron a eso -su recorrido autista- y luego porque permanecen rasgos: cierta inmutabilidad, dificultades a comprender el humor -aun si lo logran-, algunas dificultades en el contacto humano… Hay toda una serie de rasgos que permanecen. Entonces, creo que hay que escuchar cuando los autistas de alto dicen que son autistas siempre aun si lo son de manera muy diferente a las formas severas.

Entonces, la quinta noción a la que me refiero es la de los Lefort de la estructura autística. Habría una estructura subjetiva autística. Es una noción que se introduce en los años ’80-’90. Yo tengo una aproximación muy diferente a la estructura autística a la de los Lefort. Para ellos, el rasgo mayor es la división por el doble. El autista se apoya en un doble. Es verdad que es un punto importante. Estoy de acuerdo sobre eso, pero hay que ir mucho más allá. No hay únicamente el doble. Ellos hablan muy poco del interés específico, muy poco del objeto autista. Hay una estructura autística como lo muestra la evolución de Triplett. El autismo evoluciona hacia el autismo y no hacia la psicosis -como lo sostenía un tiempo los Lefort y después abandonaron esa idea cuando concluyeron en la estructura autística-. Voy a retomar a los Lefort después.

El último autor en el que no podía dejar de apoyarme, por supuesto, es Kanner. Lo que me parece más interesante en Kanner es que el fundamento del autismo es un trastorno del contacto afectivo. Decir que es un trastorno del contacto afectivo es decir otra cosa que lo que dice hoy en día acerca de que el autista tendría otra inteligencia. Es verdad que es otra inteligencia, pero ¿por qué? A mi modo de ver porque la afectividad es diferente y ellos la ven de manera diferente. Para los cognitivistas es al revés. Kanner al igual que Asperger ven bien que el punto capital es la dificultad -con la soledad de Kanner- de contacto con los otros, contacto afectivo. Cuando se dice esto a los cognitivistas, ellos dicen: “No, a los autistas les gusta el contacto. Muchos dicen que les gusta que se les haga cosquillas, por ejemplo, que se les haga juegos corporales”, es verdad, pero de eso no se trata la noción de «contacto afectivo». Hay que precisarlo: es la del deseo del Otro. El deseo del Otro les angustia. Es muy difícil de abordar. Es lo que pudo condensar Donna Williams diciendo: “Para mí es extremadamente difícil dar y recibir”. Es decir, introducir un objeto en el intercambio, confrontarse a la espectativa del Otro; eso es tan difícil que tienen tendencia a cortarse radicalmente de los afectos. Si el Otro se interesa en ellos, hay una coerción de reciprocidad y, por ende, hay sentimientos que se introducen en la relación. Ciertos autistas son muy claros en este punto. Joe, por ejemplo, puede decir en cierto momento: “Es necesario que esto cese. Es necesario ya no amarme.”, contrariamente a la idea que hay de que hay que amarlos. Los autistas no soportan que se los ame. Lo pueden soportar a veces de una persona que sea un doble, pero con la mayoría de las personas es muy difícil cuando éstas se interesan en los autistas. Williams explica muy bien que no se trata solamente de amor, sino también de la gentileza, la simpatía. Todo eso es muy difícil de soportar para ellos. Es angustiante para los sujetos autistas, salvo con algunas personas en particular con los que tienen una relación fusional. Eso es la excepción. Entonces, hay un trastorno del contacto afectivo como fundamento en el autismo.

Todas estas nociones se ordenan a partir de la primera: el retorno del goce sobre el borde. El congelamiento del significante-amo se opera de diferentes maneras, pero esencialmente en su proyección sobre el borde. El espectro del autismo se ordena por la evolución del borde: ausencia de borde en los autistas prekannerianos; borde encarnado en el objeto autistístico o el doble en los kannerianos; borde encarnado en el interés específico para los Asperger; y borde que se borra o que se vacía o que se abandona -a veces- en los autistas de alto nivel.

La evolución sobre el espectro se hace gracias a la hipertrofia compensatoria, pero esta hipertrofia compensatoria se aplica sobre todo al borde para que el sujeto se construya; borde que primeramente debe ser puesto en marcha -no está siempre ahí-; que luego se complejifica; y que finalmente se vacía. Es todo un trabajo complejo sobre ese borde.

La estructura autística se funda esencialmente en una defensa contra el deseo del Otro que es operado mediante la construcción del borde y que se añade al congelamiento del S1. El borde es el objeto con el cual el autista introduce una mitigación protectora frente al deseo del Otro. Pero no es solamente eso. También es un objeto con el cual puede regular su goce. Y también es un objeto mediador con el cual se puede abrir a los otros, a veces incluso para poner en marcha una actividad profesional, un lazo social. Y la angustia suscitada por el contacto afectivo, por el deseo del Otro, es fundamentalmente mediante el borde que el autista se protege.

Entonces, la tesis que propongo es aprehender al sujeto autista como un sujeto creativo. En esta perspectiva existe un debate importante en nuestro campo. ¿El S1 en tanto significante-amo está forcluido o congelado? No hay acuerdo en este punto. Les voy a explicar por qué sostengo más bien el congelamiento. Los Lefort y Jacques-Alain Miller se inclinan por la forclusión del S1. A mí me parece que las indicaciones de Lacan van más bien en el sentido de un congelamiento. Lacan no habló de forclusión del S1 en el autismo, sino que habló de algo que se congela. Entonces, las dos hipótesis -forclusión y congelamiento- concuerdan al menos en un punto: que hay disfuncionamiento del S1 en el autismo. Ciertamente es eso. Es algo afectado en la estructura borromea. La función del padre está afectada. Las divergencias recaen sobre el proceso del cambio que se observa en el espectro del autismo: ¿se produce por imitación? -esa sería la tesis de los Lefort-; ¿por iteración? -es la tesis de Jacques-Alain Miller-; ¿o por invención? -aquella sería la mía-.

Si hay forclusión del S1 en el autismo, hay que concluir lógicamente que como dicen los Lefort -en lo que concierne a un autismo de alto nivel como aquel de Temple Grandin-, cito: “Hay una exclusión de toda metáfora y de todo pensamiento creador”. Entonces, no habría pensamiento creador inclusive en los autistas de alto nivel -tesis que me parece bastante difícil de sostener-. Continúan los Lefort: “Cuando los autistas toman la palabra, es aquella del otro -del cual hacen su doble-.” Habría, según los Lefort, con esta forclusión del S1, esencialmente ecolalia. Imitarían a partir del doble. Es verdad. Hay esa dimensión en los autistas severos. La ecolalia es la manera en la cual muchos autistas entran en el discurso. Es una parte de la clínica del autismo, pero que me parece difícil de sostener para los autistas de alto nivel. Ya les voy a decir por qué. El doble en el autismo puede hacer función de suplencia para los Lefort y el cambio provendrá de la imitación del doble.

La tesis de la iteración en el autismo se apoya en la importancia de las conductas de inmutabilidad que ponen en primer plano la repetición de lo mismo. Escribe Jacques-Alain Miller: “¿No es la propiedad de amo[7] que hace retorno bajo la forma pluralizada de reglas absolutas y de ordenamientos rígidos frente a los cuales todo testimonio atestigua que todo autista aspira?”. Efectivamente, el autista sostiene a menudo reglas absolutas para tratar su cognición. Continúa Jacques-Alain Miller: “En esta óptica, la forclusión del S1 tendría como efecto su metamorfosis multiplicativa en un enjambre[8]”-que escribe en una sola palabra-, en una multiplicación de S1.

La iteración es como lo que indició Grandin, como cuando ella considera que ciertos autistas son incapaces de asimilar la menor distancia en relación con las imágenes que están acumuladas en su memoria. Efectivamente, habría una iteración de las imágenes -ella describe acerca de ello, el Pensar en imágenes-. Habría esa dimensión, pero no solamente es eso. Grandin subraya que “la inmensa capacidad de conservar una imagen fija contribuye al comportamiento rígido e inflexible de los autistas”. Su comportamiento y su modo de pensar -incluso- estaría anclado en una situación inicial de aprendizaje -es lo que a menudo se subraya- que estaría coercida[9] a iterar. Iterar quiere decir que hay repetición de un significante aislado, un S1 completamente solo[10], lo que testimoniaría de la forclusión del significante-amo. Si el significante-amo no funciona, hay por lo menos un enjambre -como dice Miller- de S1s completamente solos. En eso estamos de acuerdo, en que hay S1s completamente solos. Entonces, el S1-completamente-solo no podría sino repetirse sin ligarse a un S2 y entonces el cambio se produciría por iteración en el autista. Es verdad que también hay esa dimensión en el autismo. Indudablemente hay muchos de aspectos iterativos en el autista, pero a mi modo de ver hay mucho más que eso también.

Si el proceso de cambio en el autismo se reduciría a procesos de imitación y de iteración, estos deberían necesariamente ser pobres y no podrían permitir una apertura a una verdadera capacidad de invención. Al contrario, la hipótesis de congelamiento[11] del S1 se acompaña de una posibilidad de su descongelamiento que se observa en los autistas de alto nivel. En varias páginas de mi libro están las descripciones que hacen los autistas de una manera desconcertante para ellos y hay verdaderamente una modificación muy notable de su posición subjetiva.

Los autistas de alto nivel no solamente tienen acceso a la ambigüedad significante, a la comprensión de las palabras[12]. Dicen que tienen dificultades con esto, pero que sin embargo lo logran. Y su posicionamiento subjetivo se caracteriza por una adquisición de una capacidad para ser independiente. Es decir que es capaz de tomar decisiones importantes sin referirlas a alguien. Muchos autistas de Asperger logran una autonomía, pero la independencia da cuenta de un funcionamiento subjetivo mucho más complejo. El ejemplo más simple de un acto de independencia planteado sin garantías, sin imitación, sin iteración -si es verdaderamente un acto-, aporta algo nuevo.

Por ejemplo, la elección de la homosexualidad hecha por Tammet aun cuando nadie ni nada ni ningún personaje de la familia lo predispusiera a ello. Igualmente, su elección de ir a enseñar inglés en Lituania -aunque nunca había dejado su hogar antes-, decisión de la cual sus padres tenían muchas dudas de que sea capaz de hacerlo, pero él le fue muy bien y tuvo éxito. Él tenía la idea que era posible. También podemos hablar acerca del viaje de Williams dejando su Australia natal para venir a Europa e instalarse luego en los EE.UU.; o la elección de Grandin de abandonar sus estudios de psicología para orientarse hacia la biología animal.

La decisión de Julien Mark de dejar a los testigos de Jehová es muy interesante porque dice que es el autismo que lo condujo a aceptar a los testigos de Jehová -que eran parte del ambiente en que creció- ya que le daban a un marco a su pensamiento, pero también fue el autismo el que lo condujo a dejarlos porque su interés específico era García Lorca. García Lorca era homosexual y, por ende, los testigos de Jehová le prohibían leer a Lorca. Entonces hay hizo un acto: dejó a los testigos de Jehová para continuar a leer a Lorca ya que su modo específico de goce le permitió plantear un acto. Y a hí me parece que es difícil proponer una forclusión del S1 para estos sujetos cuando plantean estos actos.

Además, los ejemplos de creación original producidos por los autistas de alto nivel son múltiples. Aquí les doy algunos.

La creación tecnológica, por ejemplo. Grandin inventó instalaciones novedosas de tratamiento del ganado para guiarlos hacia el matadero. Ella es alguien extremadamente innovadora en su campo. Es una referencia.

Mary Robinson inventó las guitarras con efectos especiales para la banda de hardrock KISS e inventó sobre todo una guitarra que echaba humo -esa que lanzaba luces con humos, etc.-. Las personas de la banda estaban muy entusiasmadas por esto. Jamás había visto eso.

Creaciones pictóricas. ¡Cuántos autistas tienen creaciones pictóricas! Les aconsejo ver aquellas de Iris Grace. Es una obra magnífica. Las pinturas de este niño -que es un autista severo- tienen un estilo que es incomparable. Son muy bellas. No son copias, no son imitaciones, no son iteraciones. Por otra parte, hay muchas obras pictóricas de autistas.

Las creaciones gráficas. Carlos Casacas ha creado afiches panorámicos de las ciudades y de paisajes idílicos. Han sido objeto de pedidos por parte de organismos oficiales.

Las creaciones musicales. Antoine Ouellette es una compositora de música que nunca había sido escuchada antes.

Creaciones literarias. Las numerosas autobiografías de autistas son totalmente originales, son completamente diferentes entre sí. Por ejemplo, Tammet se convierte en una suerte de filósofo. Ha escrito varios libros que no son de autismo y que son libros bastante originales. Su obra Every word is a bird we teach to sing es un libro sobre una reflexión acerca del lenguaje que es muy interesante y original.

Creaciones de mundos imaginarios estructurados. Gil Tréhin ha creado una ciudad llamada Urville en la cual él ha hecho todos los cálculos, todos los dibujos. Es extremadamente rica y compleja. La lotterie es también un mundo creado por una familia de autistas, un mundo que tiene su bandera, su geografía, su producción, etc.

Donna Williams no solo se consideraba como escritora sino también como compositora, escenarista y escultora. Entonces, era muy creativa.

Bueno, no voy a insistir más en esto. A mi modo de ver, las capacidades de invención puestas en marcha por ciertos autistas de alto nivel no podrían reducirse a conductas imitativas o iterativas. Me parece necesario considerar que en ellos se opera un descongelamiento del S1.

Muchos tienen la tendencia inclusive de sostener que los autistas son genios creadores -idea que está muy expandida en Internet-. Esos autistas que cambian al mundo es un libro de Norm Ledgin, prefacio de Temple Grandin, publicado en el 2002. Este libro hizo expandirse la idea de que muchos genios son autistas. En este libro, Marie Curie, Einstein, Mozart, Farewells, Glen Wood y algunos otros son considerados autistas. En Internet -es una opinión que se impone hoy en día- se añade a la lista a Bill Gates, Steve Jobs, Wittgenstein, Satoshi Tajiri -el creador de Pokemón-, etc. E, incluso, según un informe del Pentágono redactado en 2008, Putin sería autista.

Ven que la lista sigue creciendo. Hay muchos falsos autistas entre la población infantil porque ya no se lo distingue de la psicosis infantil, pero también la psicosis ordinaria y el autismo son muy mal diferenciados en muchos. Yo pienso que Einstein no era ni psicótico ni autista. Bueno… En cuanto a Glen Wood hice un estudio para demostrar que era un psicótico y no autista, un psicótico ordinario -aunque tuvo momentos paranoicos-.

Son diagnósticos que son tomados de la metodología del DSM que se basan en rasgos de comportamiento cortados de su sentido. La emergencia de falsos autistas es un fenómeno contemporáneo. Lo atractivo de un diagnóstico de autismo como asimilado a una forma de genio y convertido en tal hace que muchos sujetos psicóticos se regodeen de ser autistas hoy en día.

Sea lo que fuere, la forclusión del S1 en tanto que significante-amo es difícil de sostener en vista de las capacidades creadoras de autistas alto nivel, aun si es preciso que las lenguas verbosas estén constituidas de S1 completamente solos [S1-touts-seuls] y que las lenguas fácticas tiendan a permanecer ancladas en las situaciones de aprendizaje. Hay que precisar que hay dos aproximaciones de la forclusión del S1 en el autista. Aquella de los Lefort -de la que hemos hablado-, quienes no retroceden en considerar que esta forclusión está presente en los autistas de alto nivel. La obra La distinción del autismo no deja duda acerca de este punto. Jacques-Alain Miller lleva la hipótesis de la forclusión del S1 hasta los autistas de alto nivel. Indica claramente en el prefacio de La diferencia autística que él estaría inclinado a recortar el espectro del autismo. Parece que opera una escisión en medio del espectro entre los autistas de Kanner y aquellos de Asperger. Hay un cierto número de clínicos -no solamente él- que sostienen que no hay un autismo, sino autismos. Yo sostengo más bien que es un autismo. Bueno, puede haber un debate en este punto.

Sin embargo, la tesis del congelamiento del S1 en el autismo parece poder sostenerse no solamente en su descongelamiento en los autistas de alto nivel, pero también en una clínica de su congelamiento en los autistas que presentan formas más severas sobre el espectro. El congelamiento del S1 toma varias modalidades. La principal consiste en su proyección en el borde. El sujeto habla a través del intermediario de su borde, del cual puede a veces decir que es el portador de su voz. Por ejemplo, cuando es una máquina que habla en su lugar o cuando es una caja de cartas que manipula para expresarse. A menudo sucede que el autista hace de su borde su portavoz. Por ejemplo, cuando es un doble quien se expresa en su lugar. Donna Williams estaba escondida detrás de sus dobles -de Alice, Carole y Willie- quienes hablan; o bien, hay autistas que se expresan por medio de títeres o marionetas, pero que no hablan en su nombre, sino que pueden hablar si hallan ese portavoz.

Varios autistas situados en la parte inferior del espectro -de los cuales uno de los más conocidos en Francia es Birger Sellin o Babouillec- se han mostrado capaces de producir obras completamente originales, testimoniando de una aptitud para poner en juego su modo específico de goce en producciones escritas capaces de desarrollarse usando significantes del Otro. Igualmente, creaciones pictóricas inventivas son a veces compatibles con formas severas de autismo.

El congelamiento del S1 -que puede traducirse por un bloqueo de la enunciación vocalizada- deja sugerir en ciertos autistas capacidades de expresar una enunciación original mediante lo escrito. Se dan cuenta de sus capacidades creativas hasta en autistas muy deficitarios.

El borde puede estar constituido por un objeto ya listo[13] elegido por el sujeto, pero en otras circunstancias el borde es una invención del autista. Un ejemplo. Bettelheim subraya un rasgo decisivo de Laurie -uno de sus tres grandes casos-. Laurie es un caso grave de autismo. Él la describe como una muñeca flácida y muda de 7 años. Resalta como decisivo en su progreso el momento en que comienza a rasgar papeles en largas tiras y hace fronteras con ellos. Bettelheim dice: “Es una de sus primeras actividades espontáneas deliberadas y sobre todo simbólicas”. Añade: “Eran realmente su invención, su creación a partir de materiales externos con el fin de dominar las tensiones internas”. Esta actividad comienza un día inmediatamente después que ella fue a defecar. Durante horas, a partir de papel higiénico, producía largas tiras al rasgar las bandas hasta llegar al centro. Ella iba perfeccionando su procedimiento comenzando por un recorte del centro seguido de su rechazo, acompañado de una expresión de disgusto -que Bettelheim liga a la analidad-. Y con esas bandas hace una frontera entre el mundo de ella y el resto del mundo generando así un borde protector.

Incluso en un objeto autístico tan pobre, tan rudimentario se dibuja una invención del sujeto que no tiene nada de iterativo. Un objeto fabricado por Roland quien se arrancaba cabellos bastante largos mientras que recogía de su ano un poco de materia fecal del tamaño de una lenteja, la cual podía trizar entre sus dedos con un poco de saliva. Unía así en una bola constituía de sus cabellos y heces que ponía entre su pulgar y su dedo índice y lo hacía oscilar muy rápidamente delante de sus ojos y durante horas se perdía en la contemplación de esa ilusión de movimiento perpetuo -totalmente indiferente al mundo exterior-. Me parece que ya hay allí un trabajo compensatorio de sus dificultades que recurren a modalidades específicas ancladas en un trabajo inventivo y no iterativo. Él nunca había visto eso antes.

Demostraciones que prueban la utilización espontánea del borde para protegerse, construirse y socializar son a menudo relatadas por padres que se sublevaron contra los métodos que los especialistas les habían recomendado, padres que testimonian haberse apoyado en las pasiones de sus hijos. Que esto pueda conducir a éxitos espectaculares ha sido constatado por estos padres y han hecho prueba de eso. La chispa De Kristine Barnett, Nos mondes entremêlés de Valérie Gay-Corajoud, Une vie animée de Ron Suskind y À côté de l’autisme de Annie Doux-Tibet son testimonios de los más conocidos y probatorios. Revelan cuán preciosos pueden ser los juguetes, los dibujos animados y los diversos objetos para la construcción del sujeto autista cuando ellos los invisten y cuando se los deja a su disposición -lo que no siempre no es el caso-. La gran mayoría de padres han tomado la misma difícil decisión como aquellos de Kristine Barnett: irse en contra de la opinión de los especialistas, dejando a su hijo su objeto autístico y alimentando sus pasiones. Esto no es para nada la apuesta terapéutica cognitivo-conductual -estos conciben que el objeto autístico es un objeto de autoestimulación y que es una traba a su desarrollo, de igual forma que no hay que estimular sus pasiones-.

El autista no busca ni un hermeneuta, ni un educador. No cree en lo absoluto en lo inconsciente. La cura psicodinámica del eventual malestar autístico no pasa por interpretaciones de las formaciones de lo inconsciente, ni por la búsqueda de un sentido histórico escondido de los síntomas -como hacía Bettelheim-, sino por un sostén a menudo indirecto de las funciones terapéuticas del borde. La investidura del borde puede ser fuertemente estimulada por la entrada del sujeto autista en una relación transferencial con un psicoanalista. Sin embargo, sucede también que el desarrollo del borde se da en otras formas de intervenciones dinámicas e incluso sucede que ese desarrollo terapéutico del borde se haga en el medio familiar -cuando los padres saben poner en marcha situaciones propicias-.

La cura psicoanalítica que se apoya en el borde no es el tratamiento privilegiado del malestar del autista. Muchos otros métodos psicodinámicos -a veces espontáneamente inventados por el propio sujeto- logran resultados significativos. Hay trabajos interesantes, así como métodos psicodinámicos sobre ello. Pero además existen fuertes convergencias entre la aproximación de un investigador cognitivista como Motron y aquellos que se orientan por la evolución del borde. No obstante, solo el psicoanálisis aporta un marco teórico para abordar las angustias y el funcionamiento específico del autismo. Motron va un poco en el mismo sentido con su preconización, pero él piensa que el autista no está angustiado -salvo por azar, pero es secundario-. Evidentemente, ahí hay una divergencia importante entre nosotros.

Entonces, el psicoanálisis da un marco teórico para abordar las angustias y la especificidad del funcionamiento afectivo del autismo. Por esto, el psicoanálisis es indispensable. La demanda de psicoanálisis comienza cuando el sujeto constata que hay actos que lo sobrepasan; a veces incluso lo dicen: “Es más fuerte que yo”, y no pueden impedir repetirlos.

La elección regular de los objetos autísticos, de los dobles y de los intereses específicos están comandados por el funcionamiento autístico y exceden la elección individual, incluso si cada uno los encarna a su manera. Igualmente, la mayor parte de los autistas tienen comportamientos de inmutabilidad. Son esfuerzos para crear carencias locales que son precursoras de los intereses específicos. Responden al mismo objetivo que éste último. Todos estos fenómenos competen de un funcionamiento inconsciente propio del funcionamiento del autista. Nadie les habrá enseñado acerca del objeto autístico, del interés específico, etc. Nadie les habrá enseñado y casi todos ponen en marcha estas conductas. Pero la dinámica viene de una fuente que no dominan, un saber insabido para ellos los determinan mucho más que lo suponen -porque piensan que no tienen inconsciente en general-. La manera compleja de tratar el borde para protegerse, se construirse y socializar se impone espontáneamente al autista con la condición de que no se pongan trabas a sus esfuerzos -lo que no siempre es el caso-.

El funcionamiento autístico se abre sobre un campo aún poco explorado del descubrimiento freudiano del inconsciente. Es un inconsciente, sin embargo, un poco diferente.

Es lo que quería decir como introducción de esta obra, sobre este trabajo de La diferencia autística. Hervé, me has planteado una pregunta sobre la diferencia hace un instante. ¿Quieres que la responda ahora?

Hervé Castanet:

Sí quisiera porque no es simplemente un término entre otros, sino que tiene un estatuto conceptual en tu trabajo.

Jean-Claude Maleval:

Sí. ¿Por qué he titulado esa obra La diferencia autística? Tuve algunas dudas. En un primer momento lo iba a llamar La estructura autística. Luego, pienso que primeramente la diferencia en referencia a Jacques-Alain Miller que lo dice a propósito del espíritu de la época. En parte es verdad que los autistas están más inclinados a interesarse en una obra que hable de su diferencia -ya que incluso a veces la revindican- que a una obra que hable de la estructura -ya que sabemos que el psicoanálisis no es ningún santo para ellos-. Pero lo más fundamental no es eso. Es que, en una obra anterior sobre la psicosis ordinaria, me di cuenta de que el término psicosis es muy molesto hoy en día, así como el término de autismo, o el de neurosis. Son términos que vienen a partir de la psiquiatría del siglo XIX y que han cambiado desde ahí en sus connotaciones patológicas. Entonces me dije que habría que inventar otra cosa. Antes que hablar de neurosis se podría hablar de estructura represora; en vez de hablar de perversión se podría hablar de estructura fetichista; hablar de estructura con suplencias para la psicosis. Pero al mismo tiempo me digo que eso no sucederá. Los términos de neurosis, psicosis, perversión, etc., están muy arraigados en el vocabulario corriente que no se puede decidir remplazarlos por otra cosa así de rápido.

Al contrario, para atenuar esa connotación patológica de estos términos, me parece que se podría decir diferencia neurótica, diferencia psicótica y diferencia autística. Esto porque escapando a uno de esos modos de funcionamiento, por una parte, -bueno, hay una discusión por la operación en sus 2, 3 o 4 modos de goce específicos- y luego porque no son patologías en sí. Hay la normalidad que es la estabilización no solo de la neurosis, también en las psicosis. Con los psicóticos ordinarios nos codeamos todos los días, trabajamos con ellos, hay analistas psicóticos, etc. En cuanto a los autistas, es igual. Los autistas de alto nivel son personas que podemos codearnos, a veces sin darnos cuenta de que son autistas. Entonces, la normalidad es la estabilización en cada una de esas diferencias. Es por esto por lo que me parece que sería mejor hablar de diferencia neurótica, psicótica, autística, incluso perversa. Es lo que quería decir como respuesta.

Hervé Castanet:

Te agradezco mucho. Quisiera comenzar planteando una pregunta casi de observación epistemológica y sobre todo del poder de los conceptos en el campo de investigación. Vemos que algunas investigaciones recusan el interés del psicoanálisis para abordar el autismo, empujándolo más bien del lado de la genética o de arquitectura neuronal. Enseguida, Nicole Gay intervendrá con preguntas de la clínica y vamos a hablar mucho de eso.

La primera observación que quisiera hacer y plantear una pregunta, incluso si ya la abordaste, es el interés de definir el autismo como una estructura, inclusive -como dices- “una auténtica estructura subjetiva”. En mi generación, es decir al final de los años ’70 y el debut de los años ’80, cuando comenzábamos a trabajar los textos de Lacan, etc., era evidente para nosotros -era el consenso- que el autismo era una psicosis. Seguro recuerdas esa época. Creo que aún permanece a veces en nuestras maneras de hablar y de pensar. De ahí, creo que uno de los intereses capitales de tu libro es definir es autismo como una estructura subjetiva. Sobre todo, consagras un capítulo absolutamente apasionante al principio del libro: “¿Por qué el autismo no es una psicosis?”. Esta observación la haces por el sesgo del concepto -ya que elaboras 4 elementos para permitir esa distinción-. Son distinciones teóricas, pero que son cruciales para la clínica. Si te planteo las preguntas es porque sé que aquellos que nos escuchan son clínicos, que tienen relación con instituciones, en hospitales donde trabajan, en sus prácticas privadas como psiquiatras, psicológicos y psicoanalistas. Así, ellos dan cuenta de ese tema. Entonces, el interés que una observación conceptual tiene para reordenar la posibilidad de una clínica.

Jean-Claude Maleval:

¿Es una pregunta?

Hervé Castanet:

¿Por qué tu interés en distinguir el autismo de la psicosis? ¿Por qué esto es crucial para la clínica? Si nos puedes decir algo para los clínicos que nos escuchan.

Jean-Claude Maleval:

Sí, por supuesto. Es el interés del diagnóstico estructural desde mi modo ver. Es que no conducimos la cura de un neurótico como la de un psicótico, ni la de un autista como la de un psicótico. Es todo el interés. Con un autista -intenté desarrollarlo antes-, hay que intentar construir un borde cuando no lo hay. Sucede en los casos más graves que el borde no está. Hay ciertos sujetos que describen que en el momento en que descubrieron un borde, sobre todo cuando eran autistas severos y que no hablaban ni tenían posibilidad de expresarse, y de repente se les da un objeto con letras -a veces sabían leer, pero no podían escribir- y pueden ponerse a escribir y a expresarse, lo que es una revelación para ellos.  Esta investidura del borde cambia enormemente su mundo.

Después, cuando el borde está ahí, se trata de ayudar al sujeto a expandirlo. No se trata de retirarle su objeto autístico como se hace en muchas instituciones. Al contrario, hay que tratar de hacer con eso; tampoco dejarle pasar todo su tiempo con él. Es necesario tener la posibilidad de limitar su goce desde este punto de vista. A veces va a hacerlo solo, va a abandonar un objeto autista para luego tomar otro y luego; así, hay fenómenos de pérdida que se producen en ese momento. En una palabra, la cura del autista se orienta en la construcción de un borde.

Aquella del psicótico es sobre la construcción de una suplencia -en la mayoría de los casos- o a veces en un apuntalamiento en un prójimo en algunos casos. Luego, también se trata de hacer con el goce irruptivo, los delirios, las alucinaciones; lo que no es el caso en el autista, salvo casos excepcionales. No hay delirios constituidos en el autista. Alucinaciones pueden darse, igualmente en un neurótico, pero son mínimas en el autista. Por ende, las alucinaciones -cuando las hay- son diferentes de las del psicótico.

Básicamente, la idea es que la localización de la estructura es esencial para la conducción de la cura.

Hervé Castanet:

Gracias. Te voy a plantear una segunda pregunta. Después que hayas respondido será Nicole Guey que intervendrá.

El trabajo que tú haces es inseparable del último Lacan y de los conceptos que él aísla. No es seguro que podrías haber construido tu investigación usando solamente como brújula el Seminario III, por ejemplo, con la presencia o ausencia del Nombre-del-Padre.

Jean-Claude Maleval:

Ciertamente. El Seminario III no hubiera sido suficiente. Lo que me permite de construir esta aproximación del autismo es la noción del retorno del goce en el borde. Y esto, efectivamente, no es del primer Lacan. Luego, también es que Lacan nos dice que hay un congelamiento de algo, pero no precisa qué. Congelamiento del S1 en tanto significante-amo -a distinguir del S1 completamente solo-, todo eso no es del primer Lacan tampoco. También puedo decir que la estructura del autismo no es probablemente borromea. El congelamiento del S1, a mi modo de ver, es compatible con la forclusión del Nombre-del-Nombre, que se traduce por la no-borromeidad de la estructura. Pero congelamiento no es forclusión. En el interior de la forclusión del Nombre-del-Padre, hay varias posibilidades y modalidades; y la psicosis y el autismo no son el mismo modo de defensa aun si hay forclusión del Nombre-del-Padre en los dos casos -a mi modo de ver-. Ahí también hay debates. Mucha gente habla de una forclusión nueva. Yo pienso que hablar de la forclusión del Nombre-del-Padre es suficiente para abordar el autismo, precisando que la defensa no es la misma que en la psicosis. No es el delirio el que está en primer plano, es el borde.

Hervé Castanet:

Te agradezco. Paso la palabra a Nicole Guey.

Nicole Guey:

Te agradezco enormemente por este trabajo y sobre todo por las aclaraciones. Es verdad que hemos traído mucho esta historia del borde, pero yo tenía muchas dificultades en aprehenderla. Con esto de los pseudópodos se ve que es para protegerse del otro. Creo que es bastante complejo.

A mí, lo que me parece interesante, es que nos permite abordar completamente la clínica del autismo de una forma diferente.

Jean-Claude Maleval:

Quisiera precisar lo que entiende por borde. Para Éric Laurent, el modelo del borde es el caparazón de Tustin. Creo que Éric Laurent está bastante de acuerdo con la evolución que he hecho al concepto de borde. Pero al principio no es el mismo. Al principio era el caparazón de Tustin, que era un objeto autístico como cualquier otro. Me parece que el borde no es solo el objeto autístico. Tiene tres formas. La más simple es el objeto autístico. Luego está el doble -tales como Carole o Willie, los compañeros imaginarios de Williams, que son los dobles más conocidos-; y luego está el interés específico. Estas las formas cada vez más complejas del borde. El interés específico es la pasión que puede tener el autista por un campo específico del saber. Durante años he visto a un autista que está apasionado por las plantas carnívoras y que se volvió florista. Entonces, hay tres encarnaciones del borde, cada vez más complejas: objeto, doble e interés específico. El punto en común es que localizan el goce del sujeto -es la pasión del sujeto-. Si uno se los retira, no soportan esto, en general.

Un ejemplo para mostrar que estas tres cosas pueden estar completamente intrincadas es la máquina eléctrica de Joey. Ésta es un objeto autista. Es también un doble porque él mismo se percibe como una máquina -porque las máquinas no sufren, no tienen emociones-. Y luego que es una máquina eléctrica y su interés específico es la electricidad, la cual va a convertir en su oficio. Vemos ahí que esos tres elementos están imbricados. Entonces, es un objeto que tiene esas 3 formas, que está fuertemente investido por el sujeto y es ahí donde localiza su goce. Tiene 3 funciones. La primera función es la de protección contra el deseo del Otro. Es decir que, si uno quiere dirigirse a él, hay que pasar por esa mediación. La segunda es la regulación de los afectos. Poco a poco, trabajando en su borde, va a acceder a sus afectos de los cuales está separado. Hay un descongelamiento progresivo. Y una función de mediación social ya que el interés específico, cuando es un desinvestido un poco, puede dar un oficio. Muy a menudo, los autistas encuentran un oficio que está ligado a su interés específico.

Eso para explicar lo que yo entiendo por borde.

Nicole Guey:

En la clínica, eso permite observar los avances del sujeto. Es un trabajo -como decías-, es un trabajo encarnizado. Permite situar al sujeto en su trabajo en relación con su evolución -digámoslo así-.

Jean-Claude Maleval:

Grosso modo. Decía que, acerca del espectro, los autistas más severos no tienen borde. Los autistas de Kanner tienen un borde autístico: sea un objeto autístico, un doble -pueden estar intricados-… Puede ser un animal. Hay muchos sujetos autistas que van a elegir a un animal y eso a veces funciona. Pero la forma más elaborada es el interés específico. El 80% de los autistas de Asperger tienen un interés específico. Y luego, en los autistas de alto nivel, los intereses específicos pueden ser utilizados como lazo social, en oficios. A veces son sujetos que se vuelven independientes y que pueden encontrar inclusive actividades independientes de su interés específico. Eso puede suceder, aunque es raro.

Nicole Guey:

¿Eso puede dar una idea del tratamiento del autista? A la vez de la manera en cómo acompañar al autista en su trabajo, en sus avances al mundo y a los otros.

Jean-Claude Maleval:

El tratamiento depende del nivel en que se esté en lo que concierne al espectro. En lo que concierne la especificidad que trato de introducir, no se trata de construir una imagen del cuerpo. Evidentemente, ella se va a construir, pero no es la orientación del trabajo. No se trata de buscar un traumatismo inicial como lo hace Bettelheim. Él buscaba un sentido histórico del problema. Tampoco se trata de apoyarse en la contratransferencia. No se trata de interpretar el desmantelamiento como lo hace Meltzer. Buscar un significante, un síntoma, etc., todo eso fue propuesto, pero no. Se trata sobre todo de tratar su goce y dejarse guiar por él. Hay una hipertrofia compensatoria, hay una intuición fuerte sobre lo que exige. Hay una intuición de cómo puede estabilizarse y, al mismo tiempo, algunos (autistas) dicen que hay que empujarlos, que no va a lograrlo solo, que hay una necesidad de ayudarlos y ayudarlos a veces -¿cómo decirlo?- con la expresión que ha utilizado Di Ciaccia: un dulce forzamiento. Es necesario un forzamiento a pesar de todo. Algunos, como Donna Williams, lo dicen muy bien: “Hay que empujarnos a ir hacia el mundo porque solos es muy difícil”. Birger Sellin le dice a su madre: “Tú no eres suficientemente exigente conmigo. ¿No quieres acaso que salga de mi autismo? Si quieres que salga de mi autismo, es necesario que me empujes”. Entonces, es necesario que haya un forzamiento, pero que sea dulce. «Dulce» quiere decir que esté advertido del funcionamiento del autista. «Dulce» quiere decir sobre todo que sea indirecto. A veces se tiene una actitud educativa clásica y eso es experimentado por ellos como una violencia. Eso es una derrota. Si es violento, ellos se van a oponer. Es su primera actitud. Si uno se cautiva con ellos, hay algunos que van a ceder, pero no todos. El método educativo clásico en 70% de los casos va a producir un rechazo del sujeto. En algunos casos van a aprender de manera un poco mecánica. No están muy contentos con esos métodos educativos. Hay trabajos que muestran que hay mucho estrés postraumático. Este puede ser una consecuencia del método ABA -uno de los métodos más violentos de la educación de los autistas-. Para nosotros se trata de un dulce forzamiento y acompañar al sujeto en su tratamiento del borde. Hay ciertas exigencias en este dejarse guiar. Si se les deja por sí mismos, no van a hacer nada diferente. Entonces, son necesarias algunas exigencias. Joey quería llevar su máquina de cartón con la que trataba la defecación, que trataba la nutrición, que trataba los objetos pulsionales al comedor. Se le decía: “No. No es posible. Es demasiado grande, pero puedes traer un pequeño sustituto”. Entonces hay que acomodar la cosa, hacer que algo diferente sea posible teniendo a la vez en cuenta su modo de goce y también tomar en cuenta las condiciones del ambiente, etc. Eso obviamente le va a disgustar un poco, pero poco a poco se lo acepta en general. Y luego eso responde a esa expectativa del dulce forzamiento de su parte que puede ser no solo de su modo de tratar el goce, sino también un poco educativo. Ciertamente son niños como los otros y a veces hay que insistir un poco para que aprendan. Pero no todos. Hay algunos que aprenden completamente solos de manera absolutamente remarcable. Hay autodidactas extraordinarios. Pero no son todos.

Nicole Guey:

Lo que me parecía bastante sobresaliente en lo que hablabas de Lacan y de Freud es que es hablas del trayecto de la pulsión. Y tú hablas de ese tema del trayecto de la pulsión que se cierra[14] en el campo del Otro para contornear el objeto y ¿qué es lo que pasa? Tú dices que el trayecto no se cierra. Esto me parece importante porque me sorprende que traigas: “Opera un bloqueo en el circuito pulsional y el borde no se hace. El autista lo guarda en su mano”. Esta expresión “El autista que guarda el objeto en su mano”.

Jean-Claude Maleval:

Efectivamente me parece que no es algo que he dicho antes. El objeto a es dominado[15] por el autista si contiene[16] el goce con eso. Es totalmente específico del funcionamiento autístico. Es la diferencia con el psicótico que tiene el objeto en su bolsillo, que es una imagen que hay que matizar. Es necesario decir que a veces se sale del bolsillo a veces en el psicótico: a veces se hace escuchar en las alucinaciones, o se imponen en sujetos persecutorios que encarnan ese significante del delirio. Entonces sale del bolsillo. Pero aun así no hay separación. La separación ha advenido mal en los dos casos. Con la diferencia, no obstante, que el psicótico no tiene el dominio de ese objeto -que a veces sale del bolsillo y se le impone desde el exterior-, mientras que el autista conserva el dominio del objeto.

Temple Grandin con su máquina de abrazar, por ejemplo, que es su objeto autístico dijo: “Lo que es importante es que yo mantenga el comando del aparato”. No es para nada una máquina de influencia. Es muy diferente. Es una máquina de la cual debe mantener su control y gracias a la cual regula sus afectos, gracias a la cual va a inventar cosas que pueden ser socialmente muy valorizadas -como los establos de ganado-. Su máquina es un objeto que ella guarda en la mano que va a permitirle reanudar con el sentimiento de amor. Dice: “Es por intermediario de esa máquina que me doy al amor”. Hay grados ahí. Incluso en los autistas de alto nivel, no todos tienen el mismo posicionamiento subjetivo. Grandin no es como Williams, tienen diferencias en la compensación del autismo. Y Williams llegó a algo a lo que no muchos autistas llegan. Es decir, ella tiene una vida sexual lograda. Mientras que Grandin dice: “La sexualidad para mí es horrible. No es posible.” Y de esta manera prescinde de ella. Williams, en cambio, tiene una vida sexual muy rica. Dice: “Al principio tenía una vida de prostituta doméstica”. Es decir que iba a dejarse explotar por tipos cuando era joven y ella se ausenta de sus cuerpos mediante las relaciones sexuales. Y más tarde va a encontrar gente con quien tiene sentimientos. Se va a casar con un autista. Eso no le funcionó muy bien sexualmente. Pero después de tener una relación homosexual, la cosa funcionó mucho mejor. Y sobre todo cuando después se casa con un no-autista y ahí dice que por primera vez sintió un orgasmo. Verdaderamente hay un descongelamiento de sus afectos en su cuerpo. Esto también lo describe también acerca de su mano, cuando cesa de percibir su cuerpo desde el exterior para percibirlo desde el interior. Ahí hay una modificación de su vida afectiva que es muy importante también. Grandin en cambio tiene siempre la impresión de que sus pensamientos están cortados de sus afectos. Lo que no es totalmente cierto ya que ella es capaz de tomar decisiones importantes. Pero, en gran medida, ella tiene la impresión de que tiene sus afectos por un lado y que reflexiona todos sus actos de manera perfectamente razonada.

Hervé Castanet:

Yo tenía una pregunta que plantearte a propósito de esta discusión con Nicole sobre el estatuto que no es el mismo en el autismo y la psicosis. Hablas de “dominio del objeto” para el autismo. ¿Sacarías consecuencias de la definición del S1 que está congelado?

Jean-Claude Maleval:

Efectivamente. Si hay forclusión del S1, es difícil pensar esa extracción de goce de la cual testimonia -me parece- el borde. Ya que el borde se acompaña de un retorno del goce. Es decir, que hay vaciamiento del goce del cuerpo cuando el borde se pone en marcha. Me parece ahí que hay un efecto del S1 porque es el S1 que mortifica el goce. Entonces, el borde está ligado a un S1 que está potencialmente situado, pero está congelado; potencialmente congelado, es decir, porque el sujeto tiene muchas dificultades a tomar una posición de enunciación. Lo hace por intermedio de su borde, pero lo cuida él mismo -salvo en los autistas de alto nivel-. Entonces, cuando la función del S1 -cuando está ahí- es que hay una mortificación del goce que se traduce por esa extracción del borde. Mientras que si planteamos la forclusión del S1 es más difícil pensar esa extracción de goce por el borde -me parece-.

Lo que también podríamos decir es que los Lefort plantean una forclusión del S1 y no le dan ninguna importancia al objeto autístico. Hablan muy poco de los intereses específicos. Para ellos, la forclusión del S1 es compensada únicamente por el doble. Entonces, todo vendría de procesos imitativos, ecolálicos, con poca capacidad de invención -según su modo de ver-.

Nicole Guey:

Estoy muy interesada en la clínica diferencial que estableces. Por ejemplo, con el niño lobo. La posición autística tendría una relación de signo a signo y no de signo a significante.

Jean-Claude Maleval:

Yo sostengo que primeramente hay una entrada en el significante, que hay S1-completamente-solos en el autista. Tienen una lengua verbosa, lo que Lacan dice. Efectivamente, los autistas kannerianos y prekannerianos son verbosos. Pueden ser mudos también, pero cuando hablan lo hacen de manera verbosa.  Es decir que son S1-completamente-solos. Es una lengua que sirve para el goce, pero un goce solitario porque no sirve para comunicar. A veces se comunican de manera un poco alusiva, pero sirve poco para comunicar. Incluso cuando inventan una lengua verbosa un poco estructurada, por ejemplo, hay neologismos para contar hasta 20 -como lo hace Théo, hijo de Valerie Gay-Corajoud-. Precisa muy bien cuando dice que es su propia lengua, no hay que comunicarse con él en esa lengua. Entonces, se lo puede comprender a veces, pero no hay que comunicar con eso. Es una lengua que sirve sobre todo a su goce. Esa es la lengua verbosa.

Pero los autistas -sobre todos los Asperger- cuando se ponen a comunicar, lo hacen mediante una lengua de signos. Es una idea que tengo dificultad en transmitir, no obstante, no soy el primero en decir que los autistas utilizan los signos. Una lengua de signos no es una lengua de significantes. Los signos no son significantes porque no están anclados en el goce del sujeto. Dicen que es totalmente intelectualmente. No están ligados a los afectos. “Yo pienso en imágenes”, dice Grandin. Está cortado del afecto. Esa es una de las diferencias con el significante y sobre todo, la especificidad del signo es que no borra a la cosa designada. Entonces, cuando dice “pensar en imágenes”, el signo permanece correlacionado a una imagen del referente que no es borrada -contrariamente al significante-. El significante tiene un valor diferencial con otros significantes, mientras que el signo permanece correlacionado a una imagen mental. Lo que es muy diferente es la distinción clásica entre signo y significante -que Lacan retoma de Peirce a veces-. Es un ícono, es un índice. Son signos que permanecen correlacionados al referente. Es lo que se ha indicado numerosas veces diciendo que hay en el autista una persistencia de la situación de aprendizaje. En el signo, efectivamente hay una persistencia de la primera imagen con la que el sujeto ha memorizado el signo.

Entonces, el autista cuando busca comunicar pienso con signos. Va a transmitir signos. Lo que todo el mundo acota es que habla de una manera muy poco afectiva y habla de una manera muy fáctica también. Permanece correlacionado a lo que ha constatado. No dice nada de sí mismo. Dice: “Bueno, vi esto. La maestra dijo esto a tal.”. Es muy fáctico. Creo que Williams dice “lengua fáctica” u otra expresión que es mejor, pero no recuerdo. Entonces, esta lengua de signos sirve para comunicar. Cuando se desarrolla puede volverse estructurada. Y lo que es muy interesante es que se describe su estructuración -que es muy diferente de la estructuración diacrónica y sincrónica de los significantes diferenciales-, es que se estructura esa lengua de manera visual. Eso puede ser clasificaciones en casilleros. Eso puede ser una carta geográfica. Eso puede ser la rememoración de imágenes como un video. A veces es necesario que vuelvan a ver esas imágenes para pensar en lengua de signos. Entonces, es una estructuración muy diferente del significante. Como algunos son muy puntillistas, necesitan una rememoración extrema. Eso desarrolla la memorización. Los autistas de alto nivel son genios mnémicos, mientras que se dice que los niños de 3 o 4 años son genios gramaticales -es decir que aprenden la gramática sin que se les enseñe-. Los autistas no son para nada genios gramaticales. Tienen dificultades con la gramática. Tienen dificultades con las palabras abstractas, con las palabras que no tienen imagen. A veces las aprenden, pero les es muy difícil. Entonces, hay una memorización extremadamente fuerte y generada por el hecho de que se aprende palabra por palabra, imagen por imagen. Así, algunos autistas dicen: “Puedo leer un libro entero en mi cabeza, un libro que memoricé”. Temple Grandin tenía enormes cassettes de videos en su cabeza. Entonces, es una manera muy diferente.

Y en los autistas de alto nivel hay una parte de los signos que se vuelven significantes. Los autistas de alto nivel llegan a pensar con significantes, a conectar su pensamiento con sus afectos y eso se traduce por el hecho de que comprenden las ambigüedades. La lengua de signos no tiene ambigüedad alguna; está ligada a la imagen, mientras que los autistas de alto nivel llegan a comprender la ambigüedad significante, llegan a comprender el humor, llegan a comprender los sobreentendido. Dicen que es difícil, pero lo logran poco a poco. Entonces, hay una evolución de su manera de hablar. También están las frases espontáneas…

Entonces, de entrada, una lengua verbosa; una lengua de signos para comunicar; después una intrincación de las dos en los autistas de alto nivel. No voy a ser más específico, pero grosso modo es eso.

Hervé Castanet:

Bueno, son las 22h30. Llegamos hacia el final. Entonces, no sé si hay preguntas. Pienso que se puede hacer la apertura a colegas de París, si quieren tomar la palabra, hacer una pregunta. Se los digo porque los conozco.

Cinzia Crosali:

Una pequeña pregunta. Gracias, Jean-Claude Maleval, por tu intervención. Una pequeña pregunta que concierne la clínica. Se habla a menudo de clínica entre varios o una clínica en consultorio. ¿Podría decir algo a partir de su práctica? ¿Algunas indicaciones de este tema?

Jean-Claude Maleval:

Efectivamente, la clínica entre varios es una invención lacaniana que se practica en algunas instituciones. En estas instituciones en las que se practica el psicoanálisis lacaniano, cada vez más se toma en cuenta el objeto hoy en día. Está presente la idea de que hay que apoyarse en los objetos y no quitárselos -como se hace en las instituciones orientadas por las TCC-; que hay que acompañar al sujeto en su modo de goce; que hay que favorizar sus invenciones -cualesquiera que fueran-.

En relación con la clínica individual del autismo, es poco frecuente que un autista haga una demanda a un psicoanalista. Además, cuando lo hacen, constato que al menos un 50% de los casos son psicóticos que se llaman autistas. Pero cuando viene un verdadero autista, en general, es por medio de sus padres. Es muy poco frecuente que sean ellos por sí que lo hagan.

¿Es posible hacer una cura psicoanalítica del autismo? Sí, sin duda. Ha sido hecha, pero es poco frecuente. Hay una especificidad de la transferencia -intenté desarrollar eso en un capítulo del libro, “La transferencia del autista”-, es una transferencia primeramente obstaculizada. No está de entrada. Es necesario llegar a hacerse aceptar como borde del autista. No está de entrada y a veces puede llegar a advenir. Y cuando adviene, puede ser fusional. Muchos constatan ese lado fusional durante un tiempo en la transferencia autística. Jacqueline Léger -una autista de alto nivel que hizo un largo análisis-, en un momento dado pasó la noche en la escalerilla de su analista. Ella quería quedarse en su casa, etc. Y muchos han subrayado ese lado fusional en un momento.

Y luego, cuando evoluciona, esto se apacigua. Se vuelve menos fusional. El analista es puesto entonces en el lugar de alguien que puede dar consejos. Hay un costado un poco educativo en ese momento. Mahler lo decía ya y yo también lo he constatado. Por ejemplo, dicen: “¿Cómo acercarse a las chicas?”, “Me dijeron esto, pero no comprendo. ¿Qué quiere decir?”, etc. Ahí, hay un lado con los autistas de Asperger en los que uno se pone a debatir acerca de diversas cosas. Ellos confían en uno en ese momento y toma un estilo muy diferente con la transferencia del neurótico. No se trata de interpretar. Se trata más bien de ayudarlos a construir su mundo, de ayudarles a hacer con su modo de goce, su interés específico.

Por ejemplo, con un niño que se interesaba en las plantas carnívoras, sucedía que durante la sesión iba a investigar en una enciclopedia acerca de las plantas carnívoras. Yo aprendía muchas cosas acerca de ese tema. Entonces, se trata de valorizar el interés específico, lo que es el aspecto de la cura en ese momento. Pero esto depende, por supuesto, del nivel en el que se encuentre el sujeto en el espectro. Esta tarde, cuando recibo a otro que no habla en lo absoluto, no podía trabajar en el interés específico -porque no lo había-. Introduzco objetos que no están muy investidos. La única cosa que logra investir -algo que sucede a menudo con los autistas severos- es la música. Entonces, usamos objetos musicales. Pero es un sujeto que no tiene borde y, por ende, es muy difícil trabajar con él. Esto es lo que más se ve en las instituciones.

Rose-Paule Vinciguerra:

Yo quisiera plantear una pequeña pregunta. Acabo de descubrir el libro de Jean-Claude Maleval con mucho interés. Tú evocaste a propósito del caso de Bettelheim -creo- las bandas que hacen frontera. ¿Harías tú una distinción entre frontera y litoral?

Jean-Claude Maleval:

Sí. No pienso que sean del mismo orden. No pienso que construyera una letra en ese momento. Era un borde lo que construía. Si construye un borde es más bien decir que hay algo del S1 que en efecto funciona, que hay una extracción de goce. Entonces, efectivamente, la cuestión del litoral ¿dónde está? ¿Cómo situarla? Joey tenía dificultades porque no utiliza el significante en ese momento, pero se debe suponer que está potencialmente ahí ya que logra construir un borde. Es una pregunta que yo mismo me planteo: ¿es que hay alienación significante en el autismo o no? Hay opiniones muy divergentes. Yo sostengo que sí hay alienación significante. En este punto, Jacques-Alain Miller y Laurent están de acuerdo también. Hay una entrada en el significante. Hay un S1. En eso todos estamos de acuerdo. La cuestión es que la forclusión recae sobre el significante-amo, no es sobre el S1 completamente solo. Hay S1 completamente solo. Entonces, hay algo del litoral que se pone en marcha. Sí. Ciertamente, podría ser la frontera después de todo. Puede que tengas razón, puede que haya un lazo entre frontera y litoral. Es posible haya algo que ver entre esas dos nociones, aun si no es la letra lo que se pone en primer plano. Allí es un objeto. Y ese objeto implica una extracción de goce.

Hervé Castanet:

Formidable. Gracias, Rose-Paule, por tu pregunta. Anne Ganivet-Poumellec.

Anne Ganivet-Poumellec:

Buenas noches. Muchas gracias. Estaba muy deseosa por escuchar de nuevo a Jean-Claude Maleval. Para mí, lo que intriga es que trato de captar lo que es esa operación de congelamiento y descongelamiento del S1. ¿En los fenómenos de descongelamiento se trata de una distancia que se reduce gracias al borde? ¿Cómo podemos intentar captar este asunto?

Jean-Claude Maleval:

Voy a tratar de hacerlo de la manera más simple, con un ejemplo clínico. Donna Williams dice que en un momento mata a Carole y a Willie. Ella mata a su borde. Los mata porque sufre. Dice que era una mutilación psíquica. Decía: “No soy yo quien hablo. Son mis dobles. Estoy escondida detrás de ellos”. Ella los mata y una vez que lo hace, se plantea la pregunta de qué se ha pasado con ellos. Y tiene esta hipótesis formidable: “Pienso que los he introyectado”. Pienso que es eso el descongelamiento. Es que el S1 estaba situado en el borde, ese doble que hablaba en su lugar, y en el momento en que introyecta a sus dobles -en el momento en que mata a su borde, que los hace desaparecer-, ella habla en su propio nombre. Y entonces va a poder escribir su libro. Al principio era muy angustiante para ella hablar, enunciar en su nombre propio. En la escritura también había algo del congelamiento, pero ella llega a hablar en su nombre propio en ese momento. Ese es el descongelamiento.

Bueno, describí en varias páginas acerca del descongelamiento. Por ejemplo, Williams percibía su cuerpo desde el exterior y de repente experimenta su cuerpo desde el interior. La mano la sentía como una cosa externa y luego experimenta lo que sucede con su mano desde el interior. Ahí hay una introyección. Hay una toma en cuenta de los afectos. Los afectos dejan de ser extraños, dejan de ser difíciles de comprender -como lo eran antes-. Llega a habitar sus afectos al igual que a habitar su cuerpo cuando se produce ese descongelamiento. No muchos autistas llegan a eso, pero muchos autistas de alto nivel describen ese fenómeno. Y llegan también a plantear actos.

Hervé Castantet:

Bueno, llegamos al final. Hay una pregunta de alguien a quien no conozco. Es poco frecuente que pase la palabra a alguien que no conozco, pero ha insistido. Le paso la palabra a Arthur Jennat.

Arthur Jennat:

Buenas noches. ¿Me escuchan? Mi pregunta sería cómo un psicoanalista ayuda a un autista a crearse un borde y si la pluralidad de bordes es deseable para el autista. Gracias.

Jean-Claude Maleval:

La pluralidad de bordes en el sentido de que son sucesivos es deseable ciertamente porque es el caso más frecuente. Un autista tiene varios bordes, pero de manera sucesiva. Puede tener algunos al mismo tiempo, pero en general hay una evolución del borde. Esto es completamente positivo porque cuando abandona uno de sus bordes, hay una pérdida de goce y hay algo de una inventiva que se catapulta en ese momento. Entonces, una pluralidad de bordes es algo positivo.

La primera pregunta era…

Arthur Jennat:

¿Cómo un psicoanalista ayuda a crear un borde al autista?

Jean-Claude Maleval:

No estoy seguro de que se deba ser analista absolutamente para eso. Muchos que están advertidos del funcionamiento del autista -bueno, para estar advertido, evidentemente, hay que tener una cultura psicoanalítica- pueden ayudar a un autista a crear un borde. Es efectivamente una buena pregunta. No estoy seguro de tener la respuesta. Los ejemplos que tengo son de sujetos que estaban parapetados en su mundo y que sufrían de no poder comunicarse y que hicieron el descubrimiento formidable de una máquina que les permitía comunicarse. Eso implicaba que muchas veces eran personas que aprendieron leer por ellas mismas. Pero no sabían cómo comunicar. Y cuando se les propuso varias máquinas, inventaron diversos sistemas de una comunicación asistida, facilitada u otras y que a veces dan resultados asombrosos. Entonces, ahí hay que darles esa posibilidad de comunicar con máquinas porque su tendencia es hablar por el intermediario de un objeto. Puede ser una máquina, puede ser un micrófono para algunos. Pero a menudo es un computador o una pizarra con letras -a las que en ocasiones hay que ayudarles a situarlas-. Ese es un ejemplo de puesta en marcha de un borde que es facilitado por lo que se le propone.

Puede ser que lo que dice Motron sobre esto sea algo cierto. Es necesario ver una actividad de proposición de cierto número de objetos, pero son ellos los que van a escoger.

También, es necesario actuar sobre el modo de goce para permitirles investir un borde. En esto yo no sabría verdaderamente. Mi estudio parte de los autistas de alto nivel antes que de los autistas de Asperger. En estos es más difícil, efectivamente; del lado de los autistas más severos. Partiendo de los autistas de alto nivel se esclarecen un cierto número de cosas. Del lado de los autistas más severos hay muchas sombras todavía. Pienso que de la primera pregunta suya no podría responder muy bien. Hay muchas cosas que aprender desde ese costado, de cómo favorizar la emergencia de un borde en los autistas que no lo tienen. Hay que hacerles proposiciones. Esto no es suficiente, sin duda, pero es ya una condición. Van a ser necesarias otras que aún están por descubrir.

Hervé Castanet:

Podríamos seguir discutiendo mucho, durante mucho tiempo, con decenas de preguntas, etc. Pero hay que tomar en cuenta el tiempo. Ahora ya nos hemos pasado por mucho de lo que estaba previsto. Son las 22:47. Entonces vamos a quedarnos aquí.

Agradezco mucho a Jean-Claude Maleval el haber aceptado a venir a trabajar con nosotros y haber debatido. Agradezco a Nicole Guey y los colegas que intervinieron. Estoy apenado con las personas que seguramente tenían preguntas y no las pudieron hacer. Encontraremos otro momento. Es un work in progress como Jean-Claude nos lo dijo. Entonces, te lo agradezco mucho y agradezco a aquellos que vinieron a esta intervención y que se interrogan acerca del autismo.

Hasta pronto.

Jean-Claude Maleval:

Muchas gracias a ustedes. Hasta luego.


[1] Presentación del libro “La diferencia autística” para la tercera conversación de la Sección Clínica de Aix-Marseille. Vía Zoom. 2022-03-21.

[2] N.d.t.: vivant en el original.

[3] N.d.t.: figé en el original.

[4] N.d.t.: commande en el original.

[5] Papoose es un figurín de un personaje de un niño indio americano.

[6] N.d.t.: fourre-tout en el original.

[7] N.d.t.: en el original “maîtrise” en relación con maître de signifiant maître, significante amo. Es decir, la cualidad de amo.

[8] N.d.t.: se trata de enjambre essaim. En el prefacio del libro La diferencia autística, J.-A. Miller ecribe: (S1)0 —> S1 S1 S1 S1….

[9] N.d.t.: contreinte en el original.

[10] N.d.t.: S1-tout-seul en el original

[11] N.d.t.: gel en el original.

[12] N.d.t.: mots en el original.

[13] N.d.t.: déjà-là en el original

[14] N.d.t.: boucle en el original.

[15] N.d.t.: maîtrisé en el original. 

[16] N.d.t.: commande en el original.

La Diferencia Autística – por Jean-Claude Maleval – 2022/03/16

LA DIFERENCIA AUTÍSTICA

Por Jean-Claude Maleval

2022-03-16


La diferencia autística[1] es una obra que propone una aproximación radicalmente diferente del autismo como una estructura subjetiva de otro orden que aquella de la neurosis o de la psicosis. Esta noción de estructura subjetiva es compatible con la diversidad sintomatológica del espectro del autismo a condición de reducir toda nosología a su prototipo puro anclado en el autismo de Kanner. La noción de estructura subjetiva da cuenta de que el autismo infantil puede evolucionar hacia un autismo socialmente invisible, pero implica que no se sale del autismo. El título de la obra hubiera podido ser “De la estructura autística”.

En los años 1990, una revolución se produce en la aproximación del autismo. Ella se debe a la publicación de algunos autistas de alto nivel tales como la australiana Donna Williams y la estadounidense Temple Grandin. La imagen del autismo dejó de ser representada como un trastorno mental gravísimo para asociarse más bien a una forma de genio atípico. Desconocido hasta entonces, el síndrome de Asperger se consideró como una forma atenuada del autismo de Kanner. Esta adhesión del síndrome de Asperger a aquel de Kanner sugería una existencia de un pasaje progresivo entre diversas formas de autismo, lo que fue ratificado más tarde cuando el DSM-5 introdujo la noción de espectro autista. Ahora bien, las formas clínicas de este espectro son tan variadas que la clínica cognitiva-conductual no logra cernirla, produciendo una expresión-comodín descriptiva que desborda al autismo en sí. De ahí mi tentativa de restaurar la tesis de Rosine y Robert Lefort de una estructura subjetiva específica diferente de la psicosis para dar cuenta de lo que existe de común y permanente en un sujeto que presenta una sintomatología evolutiva sobre el espectro del autismo.

La cura psicodinámica del eventual malestar autístico -del cual busco desprender las coordenadas- no pasa por una interpretación de las formaciones del inconsciente, ni por la búsqueda de un sentido escondido de los síntomas, sino por un sostenimiento -a menudo directo- de las funciones terapéuticas del borde. El borde -según la tesis de Éric Laurent, alrededor del goce sobre el borde- constituye la principal manera utilizada por el autista para defenderse contra aquello que Kanner nombraba como “el contacto afectivo”. El borde protector del autismo posee tres encarnaciones: el objeto autístico, el doble y el interés específico. La investidura del borde puede ser fuertemente estimulada por la inserción del sujeto autista en una relación transferencial con un psicoanalista. Sin embargo, ocurre que el desarrollo del borde se da en ocasión de otras formas de psicoterapia dinámica -sobre todo con terapias de juego- e incluso ocurre que ese desarrollo terapéutico del borde se produzca en el medio familiar -cuando los padres saben situar condiciones propicias-. El psicoanálisis está lejos de ser el único tratamiento posible del malestar autista. No obstante, parece ser indispensable hoy en día para comprender la vida afectiva del autista y la manera en la que esa vida afectiva comanda la especificidad de su cognición.

Hoy en día se difunden en Internet una supuesta aproximación psicoanalítica del autismo llevada por ciertas asociaciones de padres y retomada por ciertas autoridades de salud francesas, una supuesta aproximación psicoanalítica que es un verdadero espantajo. Los psicoanalistas culpabilizarían a los padres, afirmando que el autismo es una psicosis, no teniendo en cuenta la especificidad de la inteligencia autista y proponiendo tratamientos no validados.

Mi investigación se opone fuertemente a esas nociones. Los psicoanalistas ignoran la causa del autismo. No hay nada que justifique que se culpabilice a los padres. El psicoanálisis puede precisar hoy en día por qué el autismo no es una psicosis. Toma en cuenta ciertos aportes de las ciencias cognitivas y propone una terapia -no del autismo-, sino de un eventual malestar autístico -una terapia de la cual muchos testimonian su eficiencia-.

La alta autoridad de salud no escondía en el 2012 que los métodos que recomendaba para el tratamiento de los autistas no estaban validados científicamente. Los trabajos posteriores establecen hoy claramente que los resultados del método ABA -el más difundido en las redes sociales- no solamente son pobres, sino que se acompañan con frecuencia de efectos secundarios nefastos que generan numerosos estados de estrés postraumático. Muchos autistas de alto nivel manifiestan su oposición a los métodos conductistas en razón de la violencia que son inherentes a estos métodos.

A todos los que trabajan con autistas, intento transmitirles la idea de que no es suficiente con nutrir su inteligencia específica para que puedan evolucionar y volverse independientes. Para eso es necesario por sobre todas las cosas tomar en cuenta la especificidad de su vida afectiva. Ésta es desconocida para la mayoría de los abordajes contemporáneos. ¿Por qué muchos autistas testimonian -como Donna Williams- que la expresión de gentileza, de afección o de simpatía hacia ellos es lo que les provoca mayor aprensión? Ciertos llegan a decir que hay que cesar de amarlos ya que esto les es insoportable. ¿Por qué se afirma -como Donna Williams- que el acto de dar regañinas durante mucho tiempo les es totalmente extraño?

Trato de responder a estas preguntas esenciales, totalmente ignoradas por los abordajes cognitivos que desconocen la importancia de las defensas frente a estos fenómenos irracionales, como la angustia. Por supuesto, todos los autistas no están angustiados. Lo mismo sucede con los neuróticos o los psicóticos, ya que cada estructura subjetiva posee sus modos de estabilización. Sin embargo, en las formas severas de autismo, cuando el sujeto logra expresarse, todos testimonian que la angustia tiene un lugar mayor y que protegerse de ésta constituye su preocupación principal. ¿Cómo logran protegerse más o menos de ésta para construirse como sujetos? Tales son las preguntas que corren a lo largo de todo este trabajo sobre La diferencia autística.  


[1] Recuperado de: (5) Jean-Claude MALEVAL : présentation de son livre *La différence autistique* – préface de J.-A. MILLER – YouTube. Último acceso: 2022-03-16.

La Despatologización del Autismo por lo Neuronal y la Nuestra – por Éric Laurent – 2022/03/12

LA DESPATOLOGIZACIÓN DEL AUTISMO POR LO NEURONAL Y LA NUESTRA

Por Éric Laurent

2022-03-12


Yves Vanderveken:

Vamos a pasar a la exposición de clausura de esta 2da Jornada del CERA, por Éric Laurent. Nos anunció como título “La despatologización del autismo por lo neuronal y la nuestra”. Preciso para ustedes y para nosotros la importancia que le damos a esta presentación. Después de varios años, los numerosos trabajos de Éric Laurent nos orientan en la clínica en lo cotidiano con los autistas. Nos sirven de brújula. No tengo que mencionar que él ha dado mucho de su persona en esta jornada en las conversaciones con Jean-Claude Maleval para orientarnos.

Éric Laurent también interpreta para nosotros la dimensión política del autismo y la evolución que las políticas de tratamientos en general no dejan de traer. Pienso que Laurent Dupont ya evocó al libro de La batalla del autismo quees paradigmático desde este punto de vista por sus dos partes que dan cuenta del subtítulo del libro “De la clínica a la política”. Esto seguramente no escapa a nadie en su resonancia a nuestra jornada. La primera parte es un desarrollo, una formalización absolutamente sin igual e innovadora de observaciones clínicas sobre el autismo que orientan toda terapéutica posible a partir de la enseñanza de psicoanálisis en general y de Jacques Lacan en particular.

La segunda parte de su libro es política y constituye una lectura -diría una interpretación- de las coordenadas y de los acontecimientos del campo de la llamada salud mental -evidentemente política- que han desembocado y convergido en la creación del CERA -como Éric Zuliani nos lo recordaba en la apertura de esta jornada-. Supongo que la exposición de hoy de Éric Laurent continúa y profundiza su crítica a esta vena y a las coordenadas de hoy.

Éric Laurent es psicoanalista, miembro de la ECF y antiguo presidente de la AMP. Ha publicado notablemente además de La batalla del autismo, Lost in cognition y El reverso del biopolítica en francés; y sobre todo un número incalculable de publicaciones de enseñanza de psicoanálisis de orientación lacaniana que se encuentran en numerosas revistas y publicadas también en numerosas lenguas.

Le agradezco, Éric Laurent, por haber aceptado hacer una presentación en esta 2da Jornada del CERA y le doy inmediatamente la palabra.

Éric Laurent:

Gracias, Ives Vanderveken, por esa presentación.

Quisiera subrayar de entrada que la despatologización neuro, que ha sido evocada a lo largo de nuestra jornada, es la vía de la neurodiversidad. Es la vía que consiste, frente a un real de una diferencia que sitúa a través de la clínica, en hacer con ella una comunidad esencializada, indivisible, soporte de derechos y deberes, soporte de un sujeto de derecho. Este aspecto fue abordado de manera muy precisa.

Lo que es el contrargumento de la neurodiversidad es que este método de proceder así -al crear estas comunidades esencializadas de sujetos de derecho- es un método que recorre toda nuestra civilización, es aquel que es contemporáneo de la socialización, del modo de lazo social que acompaña la civilización de la ciencia. El hombre sin cualidades -decía Musil- se encuentra en un aislamiento que lo desola. Es captado por el discurso del amo a partir no solo de su aislamiento, sino que es necesario que sea reagrupado en categorías, categorías que van a formar esas comunidades esencializadas. Esto desemboca en esta pluralización de la especie humana -decía Primo Levi- en especies humanas -en plural- y que en sí puede ser sometida a procesos de segregación feroz. En efecto, la mesa anterior subrayaba que no es suficiente, frente a estas segregaciones feroces, con hacer llamados a universales vagos, crueles, fáciles y a inclusiones utópicas que corresponden al mismo tiempo y sobre todo -digamos- a muchos abandonos de los hechos.

Nuestra despatologización no es considerar la neurodiversidad. No es reducir al sujeto a su cerebro. Thomas Roïc desarrolló este aspecto de este tema y lo que esta tendencia puede tener de peligrosa. Pero lo que nosotros consideramos es que, a partir de lo real de la clínica, un funcionamiento subjetivo no se inscribe, no se puede reducir a un funcionamiento neuronal.

Nuestra vía no es desesencializada, sino que es singularizada; singularizada sin olvidar al mismo tiempo que, frente a lo real de la clínica, existen tipos clínicos. Esos tipos clínicos insisten, se repiten y forman el marco de un real que se opone a los universales fáciles -singularizada al mismo tiempo que se conserva el horizonte clínico, pero en toda su articulación-. Es la apuesta de nuestra propia despatologización.

Hoy, considero que esta 2da Jornada del CERA que recoge tantas presentaciones clínicas, teóricas y de abordaje práctico diversas está también situada en retroacción de la publicación del libro de Jean-Claude Maleval que es, en efecto -como lo dice Jacques-Alain Miller en su prefacio-, un magnum opus. Es un libro que es un esfuerzo precisamente de presentación de la manera en que abordamos ese real clínico totalmente distinguido. Este libro anuncia perspectivas, debates, proposiciones de las que quisiera prolongar su lectura mediante preguntas y proposiciones que haré a partir de ese corpus para interrogar desarrollos de nuestro abordaje de estos temas.

Grandin escribió un libro sobre el autismo: The autistic mind. Aborda el tema de la singularidad del sujeto autista en toda su variedad a partir de la idea anglosajona de la mind opuesta al body -el mind-body problem– que atraviesa toda la concepción anglosajona. La mind es la mente[1], pero al contrario del Geist alemán, se inscribe fácilmente en una representación neuronal. Yo hablaría más bien -como mi proposición- no de autistic mind sino de autistic body, del cuerpo del autista y de su topología propia.

Partiré de una primera pregunta: ¿hay en la mind -digamos en la mente- del sujeto autista inscripciones de lo que es fácilmente utilizado bajo el registro de huellas mnémicas[2]? Diría más bien que lo que los autistas nos enseñan acerca del lenguaje es que no funcionan a partir de huellas mnémicas. Es particularmente en el autismo que el lenguaje implica siempre una resonancia en el cuerpo, implica siempre una vibración particular, aquella que Lacan calificó a partir de la frase poética de Ponge: la resonancia -resonancia en el cuerpo en el sentido de reverberación- y que es del orden de la categoría del afecto. No hay, en efecto, toma del sujeto en lalengua sin que haya afecto. Es la generalización que Lacan hace en su última enseñanza extendiendo la categoría freudiana del afecto, generalizándola para todo aquello que en el cuerpo responde de ello y que no es del orden del significante, pero es un eco de esa toma en el significante. Como lo anota Jacques-Alain Miller, hay en la noción de afecto generalizada una voluntad de separar afecto y emoción. Usted, Jean-Claude Maleval, en su libro lo pone en primer plano especialmente. Lacan dice en Aún: “Lalengua nos afecta primero por todos los efectos que encierra y que son afectos”[3], con una iteración que hace en acto resonar la cuestión. El afecto es el producto de la toma del ser hablante en un discurso.

El afecto se distingue de la emoción -la que es más del registro animal, del registro vital como tal en tanto que reacción de lo que hay en el mundo-. El afecto es la reacción a lo que es la toma en lalengua. La diferencia entre el afecto y el sistema significante es que el afecto es el efecto de que desde que un cuerpo está tomado en el significante, está tomado en un ciclo donde el significante falta [manque], donde el significante hace falta [fait défaut]. En la neurosis falta de una cierta manera; en la psicosis tiene un cierto número de apoyos y falta de otra cierta manera; en el autismo hay también una falta, una desagregación particular, una erosión particular. Es entonces, un punto de estructura como tal. Entonces, es una confrontación a lo que hace agujero, a lo que hace falla, a lo que hace corte en el significante. La angustia en general -la angustia del neurótico, la angustia del Seminario X de Lacan- responde no a un significante particular delante del cual podemos tener miedo -es otra cosa-, sino que la angustia aparece ahí donde hay falla, donde hay corte, donde no hay ya significante.

Es ahí donde Lacan retoma en términos psicoanalíticos lo que Heidegger y los autores existencialistas -Sartre, Merleau-Ponty en su lectura a la francesa de la obra de Heidegger- habían subrayado: la angustia es el momento en el que el mundo falta [manque], donde hay una falla. Lo que para la fenomenología es la evidencia del mundo es de hecho el sistema de la lengua como tal, el que tiene una falla. En ese momento se revela que falta. Así, Birger Sellin -quien es tan particular y a la vez tan severo y al mismo tiempo con fulguraciones que son muy asombrosas en sus textos- dice que para él la angustia es un conocimiento total. En efecto, es un conocimiento total. Es el conocimiento del todo -el conocimiento del todo que es el mundo-, pero en tanto que falta [manque], en tanto que desfallece, en tanto que cae.

Entonces, en vez de hablar de inscripciones, de todo ese lenguaje llamado “de huellas” -de huellas, de inscripciones, etc.-, es necesario más bien darse cuenta desde nuestra perspectiva que desde que estamos tomados en el sistema de huellas [traces] es la falta de huellas que viene al mismo tiempo a marcar el cuerpo en sus efectos. Dicho de otra manera, no es en términos de huellas mnémicas[4] que viene a inscribirse la toma del cuerpo en lalengua. Es por el agujero, es por fuerza el famoso “agujero negro” que repite en su abordaje tan enseñante Francis Tustin cuando dice: “Entre yo y el mundo hay siempre un agujero”. Usted lo cita, Jean-Claude Maleval en su texto, p. 232. Y esta idea de que hay siempre una relación de ese cuerpo tomado en su relación con la falta [manque] y ese agujero al que tiene que enfrentarse da la idea de la manera en que puede declinarse la resonancia en el cuerpo.

Tomaré una idea contra la idea de que pueda haber una reducción a un sistema de huellas. En particular, la idea tan esclarecedora en Daniel Tammet, la idea de que para él la lengua siempre ha sido -cuando escogió como lengua privada la más rigurosa- las matemáticas al mismo tiempo que la resonancia estaba asociada a un color, que todo tenía un color. En la perspectiva neuro, el hecho de que Tammet asocie un nombre a un color es que se piensa que él tiene los cables neuronales cruzados; de que en alguna parte de la cabeza donde están los colores y las matemáticas se enchufarían de manera bizarra -dirían los sinestecistas- y, por ende, ven colores en el mundo. De acuerdo.

Hace 30 años, recuerdo, vi a un cognitivista eminente quien había actualizado un sistema en un servicio psiquiátrico para estudios muy sofisticados con máquinas, persuadido de que la alucinación estaba ligada a una sensibilidad particular del nervio auditivo y del sistema de recepción. Y montaron un protocolo de alta complejidad. Son investigaciones muy sofisticadas y caras para intentar encontrar eso. Trabajaron en ello durante 6 años. No se dieron resultados transmisibles. Y es volver a encontrarse en la famosa querella de las alucinaciones del siglo XIX entre psiquiatras: ¿es el sistema nervioso central que está desajustado o es el nervio auditivo? Entonces, eso dio lugar a discusiones clínicas que ahora pasan por máquinas y desemboca en el hecho de que no es una sinestesia particular que da la alucinación. Hay otra cosa. Igualmente, pienso que se podrían montar programas muy complicados y muchos autistas de alto nivel han propuesto que se los examine por todos lados para ver cuál es el desajuste neurológico que los afecta. Pero eso no ha dado hasta ahora resultados transmisibles, probatorios, sino solo estudios que se desarrollan, pero sin llegar a conclusiones. Pienso que, en efecto, las sinestesias son una manera de describir la resonancia en el cuerpo.

Al revés, la manera en la que Williams dice que ella misma -contrariamente al esquizofrénico- quiere trabajar para separar absolutamente la lengua y los afectos; que debe separarse de ellos absolutamente. Como dice: “Experimento primero las emociones asociadas con un vocablo y luego con una situación, y trabajo para aislar la emoción. La hago pasar por un ícono y enseguida suprimo la emoción”. Es lo que describe. Me parece ser una profesora por la negativa. Es decir que nos enseña que no hay toma del cuerpo en lalengua sin que haya una -dice ella- “emoción”; pero si con Lacan lo designamos como afectos en vez de emoción para separar lo que viene del mundo y lo que viene de lalengua, no hay toma en lalengua sin que haya afectos. Y luego, en efecto, como defensa, ella quiere fijar[5] el vocablo con la situación sin la corte de las emociones, sin la corte de los afectos. Básicamente, es que no hay -en diferentes testimonios que tenemos- inscripción y toma sin que haya esa resonancia en el cuerpo.

Se podría oponer lo que ocurre en la esquizofrenia o la psicosis infantil, el órgano haciendo problema al cuerpo. En “El atolondradicho”, Lacan en un párrafo que responde sin decirlo a las elucubraciones de Deleuze y Guattari acerca del cuerpo sin órganos, responde que él lo toma de otra manera y que es justamente porque el lenguaje no es un órgano y que para el esquizofrénico no puede ser uno, que todos los otros órganos comienzan a plantearle problemas.

Podríamos decir, parafraseando eso, que el afecto -en tanto resonancia en el cuerpo de la toma en lalengua- es lo que causa problemas al sujeto autista. Habitar una lengua -es una paráfrasis de “El atolondradicho”- es también aquello que para el cuerpo hace afecto, afecto que resuena. Y entonces, el autista experimenta esa resonancia y es de ahí que es inducido a percibir que su cuerpo no es sin otro afecto y que su función -a cada uno- le hace problema. El dicho autista se podría especificar plantearse sin la ayuda de ningún discurso ordenado por el S1. Tal es mi paráfrasis del párrafo de “El atolondradicho”. Lacan no evoca afectos, sino de órganos; no habla de autismo, sino de esquizofrenia. En efecto, para el autismo se trata del meollo crucial de la relación al S1, al significante-amo como tal.

Jean-Claude Maleval, usted prefiere no utilizar «forclusión» en relación con lo que compete del S1, mientras que los Lefort y Jacques-Alain propone un matema que sería forclusión -diciendo S0– del S1 dando así después cadenas de 1, 1, 1 que se repiten[6]. Decir cadenas es decir demasiado ya que es más bien esa yuxtaposición, esa iteración que no es iteración del S1, sino más bien iteración de la falta [manque] de S1 que deviene en ese momento real.

Entonces, esa lengua particular que en los tipos clínicos -en lo real de la clínica del autismo- es afrontarse a esa relación a la toma en lalengua da efectivamente que el sujeto se defienda por un borde. Hemos hablado de eso vastamente y Jean-Claude Maleval hace un esfuerzo de clarificación en su libro, muy importante, acerca de lo que es el borde, el borde como objeto, luego el borde como doble o como interés.

Yo quisiera volver a añadir al «circuito». De hecho, en mi libro es una perspectiva que desarrollo. Quisiera volver añadir el circuito porque en mi formación en los años ’60 y ’70 estaba en el medio de la psicoterapia institucional y fui a ver a Delini. Había acogido a un cierto número de niños autistas y había inventado una cosa completamente propia de él -él era un personaje muy fuera de la norma-. Y él tomaba la responsabilidad legal por la existencia de esos niños y los dejaba en una suerte de desierto coresiano. Su idea era que el mundo los volvía completamente chiflados y ese desierto donde primaba la nada podía darles abrigo. Tras lo cual, con sorpresa para él y todos los venían a visitarlos, es que los niños trazaban lo que llamó «líneas de aire» donde se situaban frente al desierto, al infinito, a todo lo posible, etc.; el niño se apoyaba en un circuito muy estricto que poco a poco se trazaba y sobre el cual, día tras día, el niño volvía a pasar. Para él, esto era una pregunta. ¿Cómo dar cuenta de ello? Lo hizo en sus escritos acerca de este tema. Pero digamos que me asombró en esta experiencia por el hecho de que justamente no es el encapsulamiento de tipo tustiniano que constaté. Lo que constaté es el pasaje no de la burbuja, sino del círculo pero que iba con rectas al infinito; que la topología en la que inscribía el sujeto no era simplemente la de un encierro. Ciertamente esas rectas al infinito eran más bien del orden en efecto de cápsula, de encierro, pero particulares, a lo largo de esas líneas.

Me parece que es necesario en el borde incluir un complemento topológico ya que el problema de estas líneas es: ¿qué es lo que separan? ¿Se trata de trazar el equivalente, por ejemplo, de los paisajes numéricos de Tammet? Sabemos que para Tammet la lengua no es sin topología ya que para él no solamente los números tenían color -tenían un lado perceptivo-, sino que veía cadenas de números como siendo organizaciones en los paisajes, encontrando así algo que era como los antiguos artes de la memoria -ars memoriae- de la retórica de los antiguos que podían hablar en espacios redondos para hacer sus discursos de 3 horas de manera admirable sin ningún papel. Precisamente, teniendo, inscribiendo como técnicas de los oradores -formados en esas exposiciones; hay que ver lo que era el arte oratorio de ese entonces-, disponían de todas las figuras de retórica en construcciones muy sofisticadas donde el orador desarrollaba su discurso visitando los lugares donde había dispuesto todos sus argumentos, etc. El arte oratorio es todavía algo que se sostiene en nuestro mundo, aunque ya no se deje hablar mucho ahora ya que hay exigencias de producción que dicen que uno tiene que hablar más rápido. Entonces para Tammet sucedía eso. No habría lengua sin topología con esos paisajes para él.

Me parece que lalengua no solamente tiene una resonancia sino una topología. Esa topología de lalengua está articulada -para los sujetos que tienen esa posibilidad-alrededor de un borde pulsional. Son necesarias las vueltas utilizadas alrededor de esa lengua que se desarrolla y que es bordeada por las zonas erógenas a través de las cuales los circuitos de la pulsión pueden ir a buscar un objeto con la ayuda de la articulación del efecto de sentido gozado, ir a buscar un objeto y hacer la vuelta alrededor de él.

Cuando eso no funciona, cuando no hay esa delimitación de las zonas erógenas que funcionan, cuando hay ese corte con el cuerpo, entonces es el cuerpo en sí que se vuelve articulado a una suerte de borde que no se cierra. Considero que el efecto de tipo de la línea al infinito, el hecho de seguir el circuito, es el efecto de que el cuerpo se engancha a esa frontera, a ese trazo que hace como un circuito pulsional que no llega a cerrarse. Y el cuerpo se engancha a él. En efecto, usted dice, Jean-Claude Maleval, muy bien que le es necesario al sujeto cortarse de los afectos del viviente y debe encontrar junto al borde ese condensado, esa carga, su sentimiento de la vida; yo diría que él se conecta a sí mismo sobre el circuito cuando se engancha al circuito que ha sido trazado y encuentra allí una forma de vida. Esto no plantea toda la cuestión de la articulación del circuito como frontera y el cuerpo.

Hay un problema fundamental. Es que este circuito puede estar perfectamente en dos dimensiones. Se inscribe en el suelo, se inscribe en la arena, en una hoja de papel -vimos ejemplos clínicos de ese franqueamiento-. No es para nada lo mismo tener las huellas que se inscriben en el suelo por todo lado en el mundo que inscritas en una hoja de papel o sobre un marco propiamente dicho. Ahí hay un esfuerzo subjetivo para que esa marca se inscriba en un marco que en sí mismo hace borde. El sujeto autista puede interesarse dado el caso en todo lo que en la percepción hace detención, borde, limitación antes de poder soportar eso puesto en un pizarrón, etc. Hay primero todo ese interés de lo que hace detención en las superficies, lo que hace corte en la superficie. El borde de una mesa es la detención del desarrollo de la superficie. Justamente hay que ver cómo el sujeto se siente interesado en ello. Y tenemos todos esos fenómenos muy importantes del pasaje de dos dimensiones a tres dimensiones y que están escandidos por efectos en el cuerpo del sujeto autista.

Lacan, a propósito, justamente del cuerpo, habla de ese pasaje de 2 dimensiones a 3 dimensiones. Dado el caso, habla del cuerpo como caucho o como globo o como hinchazón, para hablar de ese pasaje a las 3 dimensiones de lo que está aplanado. Es un momento muy importante, en particular en todos los fenómenos que han sido abordados en el momento en que un sujeto extrae de la pantalla de televisión en la que son proyectados dibujos animados y extrae la cantinela, el ritornelo, o el diálogo del que se va a servir, ese momento -ustedes los han subrayado en las exposiciones- el sujeto pega su oreja a la pantalla. Igualmente, cuando en Affinity therapy, el joven Suskind se pone delante de la pantalla de la televisión donde están los dibujos animados de La sirenita y a los 3 años cuando comenzó a hablar cuando repetía los diálogos de los dibujos animados que veía, brutalmente dice -en el momento en que la lengua huía de él- y tiene declaración: “Jushvoice”, una frase así. Eso se detiene así, felizmente. Se podría haber interpretado eso como voice y juice, en inglés -justamente había problemas de oralidad-, se podría haber interpretado eso en términos de objeto oral. Justamente tuvo la intuición de que se trataba de una pérdida por parte de la voz de La sirenita y lo que decía era “Just your voice”, “Solo tu voz”, lo que le expele la bruja a la sirenita como sacrificio.

En ese pasaje de la pantalla al cuerpo, en ese caso articulado a una pérdida, él se pega a la pantalla en el momento en el que se enuncia que lo que se pierde es la voz. Esto nos reenvía a lo que hace pasaje de 2 dimensiones a 3 dimensiones. Si tenemos la idea que no estamos en un tipo de superficie ordinaria, que la topología subjetiva es una topología articulada alrededor de un agujero, es por la articulación de los diferentes agujeros que pasamos de las 2 a las 3 dimensiones, de las diferentes modalidades del agujero y de la pérdida. Por ejemplo, el agujero que surge en la pantalla, la voz que se hurta en la pantalla. Jean-Claude Maleval hablaba de otro resaltaba el momento en que un niño pegaba su oreja a la pantalla, ligado entre la pérdida y el pasaje de 2 a 3 dimensiones. Son momentos que siempre son de pérdida, de angustia, de jaculaciones en los cuales lo que nos hacen ver es que esos fenómenos de borde, esos fenómenos de circuito, esos fenómenos de aplanamiento o de hinchazón reenvían a un tipo de topología que no es ya una topología de fronteras. Es una topología de litoral. La topología de fronteras es pensar que hay barreras entre el cuerpo y el mundo. Eso es un error. Esas líneas, esos bordes, esos pasajes de 2 a 3, esas inscripciones no son barreras, son bordes entre el cuerpo y el goce, entre el sujeto articulado a lalengua y el goce que se inscribe en ese goce -ligados a esos momentos de pérdidas, ligados a esos momentos donde aquello se hurta, esos momentos de angustia máxima-. Es la diferencia que Lacan introduce en “Lituratierra” cuando resalta, en la página 14: “La frontera ciertamente, por separar dos territorios, simboliza que son iguales para quien la atraviesa, que tienen común medida. Es el principio del Umwelt, que hace reflejo del Innenwelt”[7]. Eso era de un gran biólogo alemán, von Uexküll, quien trató de plantear como algo general del organismo vivo, de la relación de los organismos al mundo diciendo que todo organismo en un sistema biológico dado, el mundo de ese organismo viviente es el reflejo de su interior; que tiene los aparatos perceptivos apropiados para apoderarse de ese mundo; que todo organismo viviente se hace su mundo y está organizado para percibir lo que construye como su mundo. Mientras que el ser hablante tiene que vérselas no con un fenómeno de frontera, sino un fenómeno de litoral. De ahí la idea del litoral, de lo que evocamos entre las cruces y las huellas, etc. Lacan resalta el entre centro y ausencia, entre saber y goce, hay litoral. Hay cosas que comentar, pero éste no es el lugar. Es suficiente con decir que hay un pasaje del litoral a la letra del goce que viene a inscribir el goce. Esos fenómenos que responden en lo absoluto a los fenómenos de frontera. Es por eso que los fenómenos de frontera resaltados en un primer momento por Bettelheim es que pensaba en términos de frontera entre el cuerpo y el mundo. Hay que partir de esto. Jean-Claude Maleval, cuando usted comentaba a Bettelheim, usted seleccionaba una cita de un sujeto autista -creo que era Donna Williams- que hablaba de “defecarse como modo de hacer de su medio ambiente una parte integrante de su propio cuerpo”. Eso no es Bettelheim. Eso no es un fenómeno de frontera. Es muy sorprendente. El sujeto que se defeca, en lugar de decir que expulsa una parte, ¡no! Defecarse como medio de hacer de su medio ambiente una parte integrante de su propio cuerpo. En el mismo momento donde hay deposiciones de defecación en el mundo, el mundo se vuelve una parte integrante para él. Entonces, es un fenómeno con una topología que no es una topología de exclusión. Más bien es un litoral donde se está siempre entre un viraje entre la expulsión y la relación de coexistencia con el mundo. En ese sentido, estos fenómenos -que encuentro ejemplares- son declaraciones que son también compartidas por otros sujetos autistas que dicen: “Cuando me encierro en mí mismo es a los otros a quienes encierro afuera”. Es algo más simple como declaración, pero es también topológicamente preciso. En el momento en el que el sujeto se encierra, es el mundo se encierra. Y allí no se trata de aquel que deambulando ebrio en la Plaza de la Concorde girando alrededor de las estatuas dice: “Los malditos me han encerrado”. Esa es otra percepción diferente. Aquí se trata de permitir situar todos esos fenómenos de articulación del cuerpo del sujeto con el mundo o con los otros a partir de una topología donde interior y exterior no se definen con barreras. Siempre son fenómenos en los que hay un movimiento constante de inclusión y de exclusión que no corresponde para nada a los fenómenos de barrera.

Bueno, el tiempo pasa. El último punto que quería abordar es la cuestión de los diferentes planos del sujeto autista: lengua de signos, lengua verbosa, lengua común, lengua de comunicación. Lo primero que me parece importante es frente a los esquemas demasiado psicológicos de adquisición de la lengua a partir de la ecolalia inmediata y después cualquier desarrollo posible. Creo que es necesario partir de estos fenómenos de pérdida de lalengua. No es solamente un fenómeno en que las neuronas se cruzan inexplicablemente a los 2 años, es que la adquisición de la lengua va a estar marcada por la pérdida de lalengua; y que la manera en que el sujeto recupera lalengua, recupera su voz. Lo que permite, en el caso más general, hacer resonar su grito en el vacío del otro, hay un momento en que el grito resuena en el vacío de lalengua que se retira. Y eso es lo patético de la declaración del joven chico de Affinity therapy. Es justamente en el momento en que anuncia su jaculación asombrosa, es el momento donde justamente lalengua se pierde y es a partir de ahí que en el mismo lugar donde la perdió que la va a recuperar; la va a recuperar apoyándose en la manera en que la voz se aloja en los dibujos animados de Disney, etc. Es una manera de situar su voz en el objeto y recuperarla hasta entonces allí donde hubo un agujero.

Cuando decimos “lengua de signos”, es que un signo en una palabra que reenvía a algo; en una lengua de significantes, un sujeto es representado por un significante por otro significante. Es lo que leemos todo el tiempo. En la última enseñanza de Lacan, la manera en que lo retoma es oponer el significante y el signo. Pero cuando dice que el signo representa a «algo» para alguien, para los lingüistas, ese «algo» que es representado es un objeto del mundo. Para Lacan, ese «algo» que está representado es un acontecimiento de goce. Ese «algo» tiene que ver con das Ding que lo precede.

Jean-Claude Maleval:

(Inaudible)[8]

Éric Laurent:

Tomo la última en efecto donde ese «algo» es un acontecimiento de goce que además es una desaparición de un objeto del mundo. La marca es el momento donde el sujeto autista logra hacer cruces, una barra, un signo sobre un objeto del mundo, las pone por todo lado. Es decir, poder habitar el sistema de la lengua en el mundo inscribiendo esas marcas que son un borramiento, que son un modo de borramiento. Digamos que esa lengua es una lengua de signos que viene a marcar el acontecimiento de goce que tuvo lugar en la primera vez. Digamos que los sujetos autistas nos enseñan mucho más que ese funcionamiento de una lengua, no a partir por un principio de lengua que se regla por una lógica a lo Russell -una lógica de descripción definida-, sino por los designadores rígidos de Kripke en su lógica. Es decir, el recuerdo de la primera vez en la cual el vocablo fue presentado. Puede ser que para Kripke su formación rabínica le dio esa poesía en la cual llega a demostrar los elementos de estructura de lógica mostrando que es el momento donde el vocablo fue un verdadero bautismo para quien lo recibió esa primera vez -donde el vocablo le fue presentado-. El sujeto autista conserva el recuerdo de eso, lo aísla. Eso forma parte del trabajo autista, pero, no obstante, el sistema de lalengua en tanto que desplazamiento en los acontecimientos de goce no permanece menos presente. No es en términos de íconos que funciona. En los diferentes casos clínicos en los que vemos que el sujeto logra complejificar esa -aún no he encontrado una buena palabra- “cadena especial”, esa “cadena autística” -que no son metonímicas, que no son psicóticas, son otra cosa-. Son cadenas que logran complejificar el acontecimiento de goce y articularlo cada vez más hasta llegar a unírsele al funcionamiento del Otro como tal, hasta llegar un funcionamiento que parece unirse -usted hablaba de autismo invisible- a la manera en que todo el mundo llega a compaginar su lugar en lalengua. Finalmente, las lenguas autísticas, los diferentes bordes, los diferentes circuitos terminan pudiéndose alargar en la escala de lo que es la toma común en la lengua llamada común. Pero para el sujeto autista no puede olvidar que, en efecto, eso representa algo para alguien que no es tan fácilmente asignable en términos de yo [moi]. Cuando decimos “representa algo para alguien [quelqu’un]”, ese “un” (de quelqu’un) no es tan fácilmente asignable a un yo [moi] que podría tomar a cargo eso. Además, con ese “un” sería necesario enseguida que el sujeto pueda reconocerse en ese “quelqu’un”. En el caso que fue presentado, hablamos de cómo el sujeto estaba coagulado. Usamos todas las precauciones que hay que tomar en el saber-hacer, saber borrarse, saber desaparecer, saber hablar para que los significantes no invadan, etc., todo eso hace parte de la manera de amansar para que alguien [quelqu’un] pueda reconocerse en el efecto de sentido real que tiene lugar. En ese caso, es muy sorprendente. Hay un autista inglés que se ha beneficiado mucho del psicoanálisis lacaniano y que ahora es un filósofo. Dice que el psicoanálisis le ha permitido encontrarse en la lengua, etc., pero que no le enseñó los buenos usos de ésta. No sabía cómo dirigirse a los otros y para eso le fue necesario una terapia cognitivo-conductual. Le fue muy útil porque aprendió a dirigirse de tal manera, y luego podía encontrarse en lo que decía. Finalmente, eso ejemplifica muy bien la idea de que habitar la lengua, saber encontrarse y poderse reconciliar con los afectos, saber que algunos Unos pueden tener relación con el cuerpo hablante que está ahí, no es forzosamente una reconciliación con los usos de modales, los hábitos de la tribu de cual uno hace parte. Después de todo, las más grandes mentes tuvieron dificultad con eso. Wittgenstein no era alguien que era especialmente sociable ni amable. Pero bueno, podemos conjugar estas aproximaciones para llegar encontrar una manera de habitar lalengua y luego como lengua común.

Para concluir quisiera decir que Jean-Claude Maleval afirmaba que tenía una dificultad para encontrar un matema para inscribir la estructura autística; yo tengo una dificultad para inscribir de la buena manera la topología de la que hablo, la topología del borde. Es necesario que encuentre una manera. Aún no la encuentro. Estoy buscando. Pero aparte de eso, no veo por qué no adoptaríamos el matema de Jacques-Alain acerca de la forclusión del significante-amo que caracteriza en efecto la estructura autística -con la parte de lógica del significante que tiene ese mecanismo de forclusión-, pero conservando la idea de que como consecuencia hay el congelamiento de lo vivo; el congelamiento de lo vivo, la petrificación en masa -de la cual vemos cómo el sujeto puede llegar a articularla en todos los casos clínicos nos han mostrado cómo se puede pasar de un impase de congelamiento a, al contrario, un descongelamiento y una articulación-. Me parece muy posible conservar esta idea: a la vez el congelamiento de lo vivo y la forclusión. Al contrario, permanecemos en espera -yo mismo permanezco en espera- de la posibilidad de encontrar una manera clara y que resuelva las diferentes paradojas de mostrar la topología de los bordes y más exactamente de la topología del litoral tal como funciona en la topología autística.

Voilà.

Yves Vanderveken:

Abrimos esta jornada insistiendo, marcando e indicando por qué el libro de Jean-Claude Maleval marcaba un momento importante en lo que concierne el abordaje y la aproximación al autismo. Jacques-Alain Miller hizo un prefacio a ese libro y completó ese prefacio con él mismo llamó un postfacio como una invitación a partir de este evento para seguir a partir de ahí el debate y la elaboración. He ahí de dónde comenzamos la discusión. Y agradezco a Éric Laurent que en su exposición -diríá- ha tomado eso a la letra y nos invita -de cierta manera- en acto a inscribirnos en él en tanto que CERA, inspirándonos con esa vena para continuar con los estudios y la investigación que funda su existencia.

Quisiera terminar con algunos agradecimientos. Somos más de 600 inscritos a esta jornada. Agradezco a todos los intervinientes de hoy por su aporte. Añado a mis agradecimientos Olena Samoilova -miembro de la NLS, secretaria del grupo del Campo Freudiano de Ucrania-Iniciativa NLS- quienes siguen -como lo decía Éric Laurent- con algunos colegas la jornada del CERA desde Kiev “intensamente” -nos dice ella- “atentamente y siendo obligados a veces a salir a causa de las alertas aéreas” y dice con el humor que la caracteriza “que no han sido muy numerosas hoy”. Pueden ver a Olena en la difusión de Studio Lacan que tendrá lugar luego de esta jornada a las 18h30. Les deseamos a ella y a sus colegas que todo les vaya bien. También pienso que en San Petersburgo hay colegas que nos siguen en directo desde Moscú con la valentía que también los caracteriza.

Rápidamente quería agradecer a Thomas Roïc y Céline Aulit, quienes forman la oficina del CERA, quienes tratan siempre de seguir como se debe esta iniciativa de la ECF y de Jacques-Alain Miller. Les invitamos a la próxima matiné de las enseñanzas del CERA que tendrán lugar el 7 de mayo. Agradezco también particularmente por haber pensado en organizar esta jornada a Jacques-Alain Miller y su orientación; el cartel del CERA que está compuesto por Éric Laurent, Jean-Claude Maleval, Ligia Gorini y Ève Miller-Rose; pero sobre todo al directorio de la ECF: Anaëlle Lebovits, Angèle Terrier, particularmente a Alice Delarue y a Éric Zuliani, con quien la colaboración ha sido continua. Agradecemos también como Éric lo mencionó al principio, al equipo del local bajo Romain Rénou, quien nos ha acogido en este momento en que las medidas sanitarias se levantan poco a poco -podemos asegurarles la presencia al menos de los interlocutores-; y al equipo técnico de Lacan Web Television bajo la dirección de Mathieu Siriot y de Tanos por habernos permitido sostener esta videodifusión en directo en condiciones óptimas.

Nos veremos en dos años para la próxima jornada del CERA y el 21 de mayo para nuestra próxima matiné de enseñanza.


*Presentación en la 2da Jornada del CERA “Autismo: Clínica y Política”. Transmisión vía Zoom. 2022-03-12.

[1] N.d.t.: esprit en el original.

[2] N.d.t.: traces mnésiques en el original.

[3] J. Lacan. El Seminario, libro XX, Aún. Buenos Aires: Paidós, 2017, pp. 167-168.

[4] N.d.t.: traces mnémoniques en el original.

[5] N.d.t.: fixer en el original.

[6] J.-A. Miller ecribe en el prefacio: (S1)0 —> S1 S1 S1 S1….

[7] Lacan, J., “Lituratierra”, in Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 22.

[8] En un mail dirigido a Jean-Claude Maleval sobre su intervención en este punto, dice:

Intervine para decir que hay dos acepciones del signo en Lacan.

Yo me refiero a la primera, “lo que representa algo para alguien”; mientras que Laurent evocaba la segunda, que hace equivaler el signo al significante (pero no se habla ya del mismo signo).

Yo desarrollo largamente la prevalencia de una lengua de signos en el autista en La diferencia autística. Ésta aparece cuando comienzan a buscar comunicar. Ellos insisten en este punto: se trata de una lengua factual, cortada de los afectos. Además, el signo permanece enganchado a la imagen del referente, lo que describe Grandin, por ejemplo, cuando ella habla de “Pensar en imágenes”. Al contrario, el significante capta el goce y borra la representación.


Lo Real del Autista – por Katty Langelez-Stevens – 2022/03/07

LO REAL DEL AUTISTA

Por Katty Langelez-Stevens

2022-03-07


Lo real de la ciencia no es lo real del psicoanálisis. La realidad de la ciencia es común, es para todos.  Hay ya un saber escrito en sí mismo, un saber expuesto, un saber ya allí, listo para ser leído. Jacques-Alain Miller señala que «en el pasado la realidad se llamaba naturaleza»[1].  Se podría decir que lo real era lo que siempre volvía al mismo lugar: «[en] esa época, lo real […] tenía la función de Otro del Otro, es decir, era la garantía misma del orden simbólico»[2].  Pero hoy la naturaleza está desordenada y lo real ya no vuelve al mismo lugar y por lo tanto el sujeto se angustia.

En cuanto al real del psicoanálisis, radica en el hecho de que los humanos son seres hablantes – todos, incluso cuando son mudos, están sometidos a él –pero lo real es para cada uno diferente. En El Triunfo de la religión, Lacan afirma que «si hay una noción de real, es extremadamente compleja y, como tal, no es atrapable, no se puede captar de una manera que haría todo […] que es mejor no decir que lo real es de ninguna manera un todo»[3].

El inconsciente real es singular.  Es ese pedacito de guijarro en el zapato, «[que] no cesa de no escribirse en la experiencia del sujeto que habla y goza de un cuerpo»[4]. Podemos tratar de describir sus constantes, las emergencias, las expresiones para acercarnos lo más posible a ella. Pero, «en el psicoanálisis, no hay saber en lo real. El saber es una elucubración sobre un real desprovisto de todo supuesto saber. […] Lo real, así entendido, no es un cosmos, ni un mundo, ni un orden; es un pedazo, un fragmento de sistema, separado del saber ficcional. […] Es un agujero en el saber.»[5]

¿Qué sucede con lo real del autista? ¿Qué puede enseñarnos sobre el inconsciente real, de la percusión del S1 sobre el cuerpo del ser hablante?  ¿Es el autismo una respuesta   subjetiva a lo real sin ley, a lo real sin Otro del Otro, al cual hemos regresado como resultado de los efectos de la ciencia que, desordenando la naturaleza, no ha cesado de hacerlo crecer?

Lo real del autista es aquel de un ser hablante que tiene que vérselas con lo real del siglo XXI, es decir, a lo real sin garantía. ¿Es por eso por lo que el autista siempre debe repetir las cosas incansablemente? ¿Porque no hay ninguna garantía en el Otro y, por lo tanto, es necesario todo el tiempo asegurarse de la respuesta? El autista tiene una lucidez aterradora sobre el mundo: nada le garantiza su estabilidad y, por lo tanto, debe tranquilizarse constantemente, porque está habitado por una angustia espantosa. Pero ¿es éste un real?  Ciertamente no es múltiple como lo son nuestras realidades. No hay reales.  Él es Uno, pero Él es cada Uno. Lo real del ser hablante es fractal[6] según la proposición de Antoine Ouellette, autista Asperger y músico genio. Está constituido de S1 sin S2, no hay enlaces.

Si lo real del psicoanálisis es lo real del cuerpo hablante afectado por el impacto de los significantes, está constituido del mismo material para todo ser hablante y tiene las mismas características. Para todos, hay el impacto de las palabras sobre el cuerpo y la perturbación que esto implica en el instinto, la necesidad, lo vivo. Y luego, para cada uno, estos impactos difieren según la historia del sujeto, de sus encuentros, del azar y las elecciones subjetivas. A partir de entonces, lo real del sujeto neurótico se cubre con una serie de capas defensivas que parten de la constitución del yo en el espejo y se desarrollan con las identificaciones y el fantasma. Todo esto reviste al sujeto, lo convierte en un hystoria.

Lo real del autista es crudo, no-estructurado, difractada en múltiples elementos dispersos.  Es la entidad de las pulsiones sin el jarrón que viene a darles forma y reunirlos en un cuerpo unificado.  Es caótico como la física del caos y las matemáticas fractales, lo que no impide que evolucione, todo lo contrario. Pero éste es una evolución impredecible, totalmente sometido a lo contingente. Esto no impide que se encamine hacia el equilibrio a partir de los mecanismos de repetición y reiteración presentes en las matemáticas fractales. La afinidad del autista tiene por función el organizar un equilibrio en el caos del mundo del Otro.[7]


[1] Miller J.-A., « Le réel au XXIe siècle. Présentation du thème du IXe Congrès de l’AMP », La Cause du désir, n°82, octubre 2012, p. 89.

[2] Ídem.

[3] Lacan J., Le triomphe de la religion précédé de Discours aux catholiques, París, Seuil, p. 97.

[4] Bassols M., « Il n’y a pas de science du Réel », Universidad Popular Jacques-Lacan, 29 septiembre 2010, [en línea]: http://psicoanalisisyciencia.wordpress.com/2010/09/29

[5] Miller J.-A., « Le réel au XXIe siècle… », op. cit., p. 92-93.

[6] Cf. Ouellette A., Musique autiste. Vivre et composer avec le syndrome d’Asperger, Montreal, Varia, 2018, p. 296.

[7] Cf. Orrado I. & Vivès J.-M., Autisme et médiation. Bricoler une solution pour chacun, París, Arkhe, 2020.

La Atención Clínica de Virginio Baio y su Translación Ética – por Éric Laurent – 2022/03/07

LA ATENCIÓN CLÍNICA DE VIRGINIO BAIO Y SU TRANSLACIÓN ÉTICA

Por Éric Laurent

2022-03-07


La atención clínica de Virginio Baio es inseparable de una ética rigurosa sobre la cual se apoyó y la cual transmitió. Así como no hay en psicoanálisis clínica sin transferencia, hay, en la apertura por la cual Virginio nos guio hacia la clínica que produjo, la necesidad de una ética rigurosa que supo formular en una lengua poética de una fuerza particular.

Una translación ética y el pase

Virginio logró una verdadera translación ética -un pase entre el discurso de la religión que había lo había formado, que lo había apasionado, y el discurso del psicoanálisis.

Así pudo formular una ética destinada a aquellos que quieren ocupar el lugar de operadores junto a niños autistas y psicóticos. Las virtudes que él pedía a aquel que quería ocupar ese lugar de operador, las hemos escuchado hoy en día enumeradas: la humildad, la voluntad de ser del montón, el pedido de destitución. He ahí virtudes que son virtudes eminentemente religiosas, que son una suerte de horizonte de una experiencia ética. Al mismo tiempo, esta reanudación por Virginio permite constatar que sus virtudes se relacionan con una parte de la enseñanza de Lacan quien designaba a esos términos como horizonte de la experiencia psicoanalítica.

Antes de hablar de atravesamiento del fantasma, Lacan hablaba de la abolición del yo como experiencia del psicoanálisis. El psicoanalista, antes de ser el lugar de la separación entre el sujeto y el objeto causa de su fantasma, era aquel que se libraba de su yo. La consecución del análisis era una experiencia de abolición del narcisismo, una medida de ilusión del yo ante la fuerza y la presencia del goce. Así, esta palabra de destitución figura en la proposición del pase de Lacan[1], así como la de del montón. La humildad es tal vez menos frecuente en Lacan, pero no obstante está presente en esa voluntad, esa ironía que Lacan tiene para deshacerse y hacer a aquel que quiere ser psicoanalista por los prestigios de su yo. La paradoja de la ética de Virginio es que pide al operador del montón virtudes que son aquellas que se obtienen al fin de la larga experiencia psicoanalítica. Y ahí, para poder pedir eso, no como ideal, sino como brújula ética, tal vez sea necesario el pase de Virginio que extrae, en una especie de cortocircuito, lo que es la culminación de la experiencia analítica y una experiencia ética ofrecida a cualquiera que se quiera prestar a ello.

Del discurso religioso a la institución

El pase ético del discurso religioso al discurso institucional es un pase que interesó a nuestros colegas y amigos que fueron formados primeramente en el discurso religioso. Cuando ellos fueron hacia el psicoanálisis, llevaron con ellos una preocupación original sobre lo que puede ser la institución. Antonio Di Ciaccia, Virginio Baio, Alfredo Zenoni llevaron con ellos una interrogación tomada del discurso religioso acerca de lo que puede ser la institución. Las utopías institucionales religiosas están marcadas por una paradoja. A partir del momento cuando está situado el lugar de la trascendencia, el lazo social no es piensa en términos de poder y del miedo que esparce. Es el meollo de la tradición formada alrededor del temor de Dios, como lo hizo ver Lacan en su Seminario Las psicosis. El temor de Dios permite afrontar el poder humano y ahuecar el semblante.

“Ese famoso temor de Dios lleva a cabo el pase de prestidigitación de transformar, de un minuto a otro, todos los temores en un perfecto coraje. Todos los temores […] son intercambiados contra lo que se llama el temor de Dios, que, por obligatorio que sea es lo contrario a un temor.”[2]

Virginio hizo escuchar lo que era separarse del fantasma o de todo lo que puede estar contaminado, tocado por el narcisismo, para no soltar en nada un deseo, ese deseo de deshacerse del viejo hombre, ese deseo de alcanzar una cierta santidad. En efecto, “el amor de lo real”, tal que Virginio supo formularlo, era esa vía hacia una santidad, pero una santidad transformada por el psicoanálisis -Lacan así no retrocedió delante la calificación del psicoanálisis como un santo. Se trata de una cuestión que va más allá la cuestión de la creencia. Por ejemplo, en el momento en el que fundó su Escuela, Lacan había aconsejado la lectura no de especialistas de grupos en sociología, sino más bien de un historiador del derecho canónico. Había pedido a Pierre Legendre -que había hecho una reflexión acerca del discurso de la institución religiosa y que había sacado un gran libro de ella, El amor del censor– que comente acerca de lo que era ese nuevo amor. También, en otra religión, pero siempre inspirada por Lacan, la manera en la cual Jean-Claude Milner leyó lo que Benny Lévy llamó “la experiencia del Sinaí”. Comentó el lazo entre Moisés y el pueblo como un lazo social que pasa de la dominación del todo y del líder para ir hacia el no-todo de la relación que instaura la palabra divina.

Con el pase ética que realizó Virginio Baio en sí mismo, nos abrió toda una nueva clínica por la atención extrema que podía portar a este humilde entre los humildes, el niño en desamparo.


*Laurent, É., «L’attention clinique de Virginio Baio et sa translation éthique», in L’Hebdo Blog, nº 263, 2022-03-07, [en línea]: https://www.hebdo-blog.fr/lattention-clinique-de-virginio-baio-et-sa-translation-ethique/. Extractos de la intervención de Éric Laurent en la jornada de homenaje a Virginio Baio organizada por la Antenne 110. 2022-01-29.

[1] J. Lacan. “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, in Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 270

[2] J. Lacan. El Seminario, libro 3, Las psicosis. Buenos Aires: Paidós, 2017, pp. 381-382.

¿Por Qué la Guerra? – por Daniel Roy – 2022/02/26

Quiero decir unas palabras. No sé si lo diré bien, tan bien como Olena [Samoilova] las ha podido decir, con la distancia necesaria y al mismo tiempo con una presencia con la que nos ha tocado a todos. Básicamente, quisiera medir la proposición que Yuri y Mikael nos han querido hacer, todo lo que hemos escuchado en esas intervenciones. Habría que releer el texto de Einstein, la correspondencia entre Einstein y Freud.

¿Por qué la guerra? En el fondo, me dirijo directamente al final del texto de Freud donde me apoyo para hacer una pregunta un poco diferente: ¿por qué la paz? Antes de la guerra está la paz y esperamos muy rápidamente que vuelva la paz. Ciertamente, no es la misma paz la una y la otra. ¿Cómo querer la paz hoy? Me parece que hoy en día como ayer -así como Freud lo escribía-, querer la paz es consentir a un gasto loco porque no tiene ninguna garantía. Ahí también Olena lo dijo mejor de lo que yo podría decirlo evocando la ética de la elección como una ética que reposa sobre una falla en cada uno de nosotros. Querer la paz es, hoy en día, es querer ir contra un real que no tiene límites. «Contrariar lo real» es una expresión de Lacan en su texto “La tercera”, un real que no se atiene a ningún pacto, a ningún contrato, a ninguna palabra dada. Freud lo nombró pulsión de muerte o pulsión de destrucción. Lacan la hizo más explícito para nosotros con el nombre de goce, como lo recordó para nosotros Alexandre Stevens. Desencadenar hoy ese real no es si consecuencias, consecuencias que no medimos todavía. De ahí la angustia presente en nosotros. Además, no sería un gasto tan loco el encontrar otras vías al goce que la vía de la destrucción: destrucción del otro, destrucción del hermano, destrucción del prójimo, destrucción de los bienes, pero sobre todo, hoy en día, destrucción de la palabra por la palabra.

¿Qué hacer frente a esta destrucción? Me parece que Freud nos da una indicación al final de su texto cuando evoca que el proceso de la cultura -de la civilización- modifica corporalmente. Creo que es lo que evocaba también Mikael [Strakhov] con la cuestión del gusto, algo cambió en nuestros modos de goce. Estos se desplazaron. Esto no compete del bien ni del mal; otros usos de estos están en curso, otros objetos y otras redes que difunden en todo lugar y en todo momento imágenes y palabras. Hemos escuchado muchas quejas de ese cambio, de la invasión en las redes por esos objetos. Son el signo de esa modificación de los modos de goce que hace que tengamos otros medios contra ese real. De hecho, hace muchos años he tenido la costumbre de reunirme con colegas ucranianos y rusos -algunas veces en Moscú, otras en Kiev-. Ahora es en una pantalla que lo hacemos.

Creo en la posibilidad para el psicoanálisis y los psicoanalistas de ir contra la destrucción de la palabra por la palabra -que es un disfraz muy actual de lo real- mediante la acogida o el amparo -como dicen nuestros colegas- de los síntomas o las diferentes angustias que se producen, pero también por la voz. Este acompañamiento produce una elaboración de un saber nuevo en común. Estas palabras de hoy no pueden esconder justamente la inquietud que tenemos por nuestros colegas y amigos y les hago escuchar de nuevo nuestros pensamientos amistosos.

Muchas gracias. Hasta pronto.