Lalengua del encuentro
Por Solenne Leblanc
2026/04/05
«Pero ¿lalengua sirve primero para el diálogo? Como lo articulé en otros tiempos, nada es menos seguro.»
Lacan J., El Seminario, libro XX, Aun, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 166.
¿Sirve la palabra para la comprensión entre los seres? Esta creencia es tenaz, y aún más cuando dos personas se quieren. ¿No nos da el estado de amor la ilusión de hablar la misma lengua? Sin embargo, Lacan contradice esta evidencia. Era 1973 y criticaba el enfoque del lenguaje a través de la comunicación. Demuestra con lalengua que cada parlêtre construye una lengua privada, con efectos singulares de goce. Tener esto en cuenta se convierte en una condición de la práctica analítica en instituciones con niños psicóticos.
Sentido / Goce
El concepto de lalengua entra en disonancia con la primera enseñanza de Lacan. Por eso Jacques-Alain Miller, en su curso «La fuga del sentido»[1] elabora una tabla de orientación. En la parte izquierda, el lenguaje se concibe como una estructura compuesta por relaciones entre elementos tomados en un sistema donde el fenómeno del sentido es fundamental. En el lado derecho, estamos en la última enseñanza de Lacan. La apalabra es autista y se concibe como un monólogo, que no es ni llamado ni demanda. Lalengua no se usa para el diálogo, dice J.-A. Miller, sirve para gozar.
La apuesta del encuentro
¿Estamos condenados al aislamiento? No exactamente. De hecho, si el Otro no existe, se deduce de la última enseñanza de Lacan que la soledad está abierta a contingencias y encuentros. Por ello, ciertas locuciones marcan los cuerpos hablantes. ¿No es nuestra forma de abordar a los niños pequeños la prueba de esto? Jugamos con el sonido de los fonemas o la complejidad de ciertas sílabas con la esperanza de darles cierto júbilo. De manera similar, ciertas locuciones singulares acaban formando parte del tesoro de significantes, como lo demuestra el Dictionnaire des précieuses. Por supuesto, no hay Otro que nos dé una solución universal para soportar nuestro real, pero un encuentro es posible. Esto no es una comunicación que nos remita a una lengua universal. Está hecha del material que es lalengua. Y el analista apuesta por ella para hacerse un partenaire hecho a medida de un parlêtre. Incluso es una apuesta crucial al trabajar con ciertos niños aislados, como veremos con Benedicto.
Cosquillear lalengua
Voy a buscar a Benedicto, trece años, que acaba de llegar a nuestra institución. Es la tercera vez que lo recibo y el elemento «gato» cada vez está más presente. Hasta el punto de que suelta pequeños maullidos y habla cada vez menos. No hay indicios de que finja serlo, que juegue para llamar al ratón o para posarse. Benoît es «gato» y se tumba, aislado en su goce.
Entonces digo, tomando el tiempo para articular: ¡Gato-está-caliente-de-miedo-al-agua-fría! Benoît levanta la cabeza y escucha a este sin pies ni cabeza. Lo repite y le pido que se una a mí. Esta intervención le saca de su goce autista del momento. Coge la calculadora y pasa los números, mirándome atónito. Hablo a la letra π que permite escribir un número cuyo valor no puede detenerse de ninguna otra manera, y Benedicto responde con el significante «infinito». El comienzo de una posible trasferencia…
*Leblanc S., Lalangue de la rencontre – L’HEBDO-BLOG
[1] Miller J.-A., La fuga de sentido, Buenos Aires, Paidós, 2012.
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